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En estos dos capítulos se tratan temas tales como: la nueva economía Europea, la feudalizacion de Europa del este, etc
Tipo: Resúmenes
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El moderno sistema mundial
A finales del siglo XV y principios del XVI, nació lo que podríamos llamar una economía- mundo europea. Era espaciosa como un gran imperio y compartía con el, algunas características pero era algo diferente y nuevo. Es una entidad económica pero no política, al contrario de los imperios. De hecho, precisamente comprende dentro de sus límites imperios, ciudades-estado. Es un sistema “mundial” porque es mayor que cualquier unidad política jurídicamente definida. Y es una “economía-mundo” debido a que el vinculo básico entre las partes del sistema es económico.
Por el contrario, un imperio es una unidad política. La centralización política de un imperio constituía al mismo tiempo su fuerza y su mayor debilidad. Su fuerza se basaba en el hecho que garantizaba flujos económicos desde la periferia hacia el centro por medio de la fuerza (tributos e impuestos) y de ventajas monopolísticas en el comercio. Su debilidad yacía en el hecho de que la burocracia necesaria para su estructura política tendía a absorber un exceso de los beneficios. Los imperios políticos son un medio primitivo de dominación económica.
Existieron economías mundo anteriormente. Pero siempre acabaron transformándose en imperios: China, Persia, Roma. La economía-mundo moderna podría haber ido en la misma dirección, pero las técnicas del capitalismo moderno y la tecnología de la ciencia moderna, permitieron que esta economía-mundo creciera, produjera y se expandiera sin la emergencia de una estructura política unificada.
Lo que hace el capitalismo es ofrecer una fuente alternativa y más lucrativa de apropiación del excedente. Un imperio es un mecanismo para recaudar tributos, “pagos recibidos a cambio de protección, pero pagos que superan el costo necesario para producir tal protección”. En una economía-mundo capitalista, la energía política se utiliza para asegurarse derechos monopolísticos. De esta forma, el funcionamiento del mercado crea incentivos para incrementar la productividad, y todo el conjunto de rasgos consiguiente que acompaña al desarrollo económico moderno. La economía-mundo es la arena en la cual transcurren estos procesos.
Europa no era la única economía-mundo en aquellos tiempos. Pero solo Europa se embarco en el camino del desarrollo capitalista que la capacito para desbancar a las otras. En el siglo XII el hemisferio oriental contenía una serie de imperios y pequeños mundos, muchos de los cuales estaban mutuamente entrelazados en sus límites. El Mediterráneo era un foco comercial donde se encontraban Bizancio, las ciudades-estado italianas, y en cierta medida partes del norte de África. El complejo océano Indico-mar Rojo formaban otro foco semejante. La región de China era un tercer foco. La masa de tierra del Asia central, desde Mongolia hasta Rusia, un cuarto.
El feudalismo de Europa occidental surgió de la desintegración de un imperio, desintegración que en realidad jamás fue total, ni siquiera de jure. La Europa feudal eran una civilización, pero no un sistema mundial.
Los feudalismos en Europa occidental es una serie de minúsculos nódulos económicos cuyas poblaciones y productividad estaban en lento crecimiento, y en los que los mecanismos legales garantizaban que el grueso del excedente fuera a parar a los terratenientes que tenían estatus de nobleza y poseían el control de la maquinaria jurídica. Aparecieron ciudades y con ellas artesanos que compraban el excedente y lo cambiaban por sus productos. Por supuesto, al crecer las ciudades ofrecieron un refugio y un lugar de empleo potencial a los campesinos, con lo cual empezaron a cambiar algunos términos de las relaciones en los señoríos.
El feudalismo como un sistema no debe ser considerado como algo antitético del comercio. Por el contrario, hasta cierto punto, el feudalismo y la expansión del comercio van unidos. No obstante, un sistema feudal solo podía mantener un cierto volumen de comercio a larga distancia en oposición al comercio local. Esto era debido a que el comercio a larga distancia era un comercio de bienes de lujo, no de bienes masivos. Solo con la expansión de la producción en el marco de una economía-mundo moderna podría convertirse el comercia a la larga distancia, en parte, en un comercio masivo que, a su vez, alimentaria un proceso de producción ampliado.
Así el nivel de actividad comercial era limitado. La actividad económica principal siguió siendo la producción de alimentos y la artesanía, intercambiados en el seno de regiones económicas pequeñas. A lo largo del siglo XIV, esta expansión se detuvo. Las áreas
infantería, y en la que, por lo tanto, se precisaban mayor disciplina y un mayor grado de entretenimiento. Todo esto significaba que el costo de la guerra iba en aumento, al igual que el número de hombres necesarios.
El siglo XV fue testigo del advenimiento de los grandes restauradores de la faz interna de la Europa Occidental: Luis XI en Francia, Enrique VII de Inglaterra y Fernando de Aragón e Isabel de Castilla en España. Por medio de la ardua creación de una burocracia (civil y armada) suficientemente fuerte para imponer impuestos y por lo tanto para financiar una estructura burocrática aun más fuerte.
En Europa, a finales de la Edad Media, existía una “civilización cristiana, pero no un imperio-mundo, ni una economía-mundo. La mayor parte de Europa era feudal, es decir, consistía en nódulos económicos relativamente pequeños y relativamente autosuficientes, basados en una forma de explotación que suponía la apropiación relativamente directa del pequeño excedente agrícola producido en el seno de una economía señorial por una pequeña clase de nobles.
Aproximadamente del año 1150 al 1300, se vio una expansión en Europa en el marco del modo de producción feudal, una expansión simultáneamente geográfica, comercial y demográfica. Desde aproximadamente el 1300 hasta el 1450, lo que se había expandido se contrajo de nuevo en los tres niveles de la geografía, el comercio y la demografía.
Existen tres explicaciones fundamentales de la crisis. Una es que fue esencialmente el producto de tendencias económicas cíclicas. Habiendo sido alcanzado el punto optimo de expansión, dada la tecnología existente, vino seguido de una contracción. La segunda es que fue esencialmente el producto de una tendencia secular. Después de mil años de apropiación de excedentes bajo el modo feudal, se había llegado a un punto de disminución de las ganancias. Mientras que la productividad permanecía estable debido a la ausencia de motivaciones estructuradas para el avance tecnológico, la carga que caía sobre los productos del excedente había ido aumentando constantemente, por el creciente volumen de los gastos de la clase dominante. La tercera explicación es climatológica. El cambio en las condiciones meteorológicas europeas fue tal que redujo la productividad del suelo, incrementando simultáneamente las epidemias.
Fueron precisamente las inmensas presiones de esta coyuntura lo que hizo posible la enormidad del cambio social. Porque lo que Europa iba a desarrollar y sostener a partir de entonces era una nueva forma de apropiación del excedente, una economía-mundo capitalista. No iba a estar basada en la apropiación directa del excedente agrícola, en forma de tributo o de rentas feudales. En su lugar, lo que iba a desarrollarse ahora era la apropiación de un excedente basado en una productividad más eficiente y ampliada.
Para el establecimiento de tal economía-mundo capitalista fueron esenciales tres cosas: una expansión del volumen geográfico del mundo en cuestión, el desarrollo de variados métodos de control del trabajo para diferentes productos y zonas de la economía-mundo, y la creación de aparatos de Estado relativamente fuertes en lo que posteriormente se convertirían en Estados del centro de esta economía-mundo capitalista.
La expansión territorial de Europa era teóricamente un prerrequisito clave para una solución de la “crisis del feudalismo”. La respuesta es que no fue Europa la que lo hizo, sino Portugal, o al menos fue Portugal el que estuvo en cabeza.
Los metales preciosos se perseguían en busca de una base monetaria para la circulación en el seno de Europa, pero aun más para exportarlos al Oriente. ¿a cambio de qué? A cambio de especies y joyas. ¿Para quién? Para los ricos, que las utilizaban como símbolo de consumo ostentosos. En esta época las relaciones entre Europa y Asia podían resumirse en un intercambio de objetos preciosos.
Los artículos de primera necesidad justifican a largo plazo los empujes del hombre en mucha mayor medida que los lujos. Lo que necesitaba Europa Occidental en los siglos XV y XVI era comida y combustible.
El trigo era un foco central de la nueva producción y el nuevo comercio en los siglos XV y XVI. El nuevo trigo cultivado empezó a fluir a través del continente europeo, desde el área báltica a los Países Bajos, a partir del siglo XIV, y hasta Portugal en el XV, del Mediterráneo a Inglaterra y los Países Bajos en los siglos XIV y XV.
El azúcar fue también una motivación principal para la expansión a las islas. Y, debido a su modo de producción, junto con el azúcar surgió la esclavitud. La expansión atlántica no fue más que su continuación lógica. El azúcar era un producto muy lucrativo y exigente, que
portugués. En la medida en que les faltaba el capital lo encontraron disponible en los genoveses.
Fue en el siglo XVI cuando apareció una economía-mundo europea en el modo de producción capitalista. En la medida en que parecía prevalecer una ideología, esta era la del estatismo ¿Por qué el capitalismo, un fenómeno que no conocía fronteras, habría sido sustentado por el desarrollo de Estados fuertes? La característica distintiva de una economía-mundo capitalista es que las decisiones económicas están orientadas primariamente hacia la arena de la economía-mundo, mientras que las decisiones políticas están orientadas principalmente hacia las estructuras menores que tienen control legal, los Estados. No obstante, las decisiones económicas y políticas no pueden ser disociadas significativamente ni discutidas por separado, esto plantea agudos problemas analíticos. Los Estados no se desarrollan y no pueden ser comprendidos excepto en el contexto del desarrollo del sistema mundial.
Lo mismo se aplica tanto a las clases sociales como a los agrupamientos étnicos. Ellos también adquirieron la existencia social en el seno de los Estados y del sistema mundial. El moderno sistema de clases empezó a tomar forma en el siglo XVI.
Para la economía-mundo europea en su totalidad consideramos a 1450-1640- la unidad de tiempo significativa, durante la cual se crea una economía-mundo capitalista.
A finales del siglo XVI la economía-mundo europea incluía no solo el noroeste de Europa y el Mediterráneo cristiano sino también Europa central y la región báltica. Incluía también ciertas regiones de las Américas, aquellas partes de estas regiones que estaban sometidas a un control administrativo efectivo por parte de los españoles o de los portugueses.
En cuestión de espacio, esto constituyo una notable expansión. No obstante, la expansión del espacio no significaba expansión de la población (“movimiento tijera de la población”). La relación tierra/mano de obra en la economía-mundo europea se vio inmensamente incrementada. Pero la expansión suponía algo más que una mejor relación tierra/trabajo. Hizo posible la acumulación a gran escala de capital básico, que fue utilizado para financiar la racionalización de la producción agrícola. Una de las características más obvias de esta
economía-mundo europea del siglo XVI fue una inflación secular, la llamada revolución de los precios.
Lo que esto parece indicar es que el factor crítico fue la emergencia de un sistema capitalista. La variable clave fue la emergencia del capitalismo como modo dominante de organización social de la economía. “No había un solo capitalismo, sino varios capitalismos europeos, cada uno con su zona y sus circuitos”.
La caída durante el siglo XVI fue inmensa. Esta dramática disminución de los salarios era en si misma consecuencia de tres factores estructurales, restos de los rasgos de una economía precapitalista no eliminados aun en el siglo XVI. Los tres factores son: ilusiones monetarias, y discontinuidad de las demandas salariales; fijación de los salarios por costumbre, contrato o estatuto; y retraso en su pago. Al hablar de ilusiones monetarias Ciocca se refiere a la incapacidad para percibir con precisión los aumentos inflacionarios graduales. Incluso si eran percibidos tales aumentos, los salarios solo podían ser negociados con ciertos intervalos. Más aun, en el siglo XVI a menudo intervenía el Estado, allá donde la costumbre o los contratos se rompían para prohibir los aumentos salariales. Finalmente, en aquellos tiempos muchos trabajadores cobraban solo una vez al año, lo que en una era inflacionaria significaba dinero despreciado.
La inflación creó una redistribución de ingresos, una redistribución complicada, debido a las múltiples capas de la economía-mundo europea. Fue, no obstante un método de cargar a los sectores políticamente más débiles para proveer un fondo de acumulación de capital que pudiera entonces ser invertido por alguien. Los terratenientes, en particular siguieron hallando nuevas formas de sacar dinero a los campesinos.
En el seno de la economía-mundo como un todo se dio una aguda reducción en la distribución de ingresos producidos a los trabajadores. Las tasas variaban con arreglo a los países. La situación optima para una clase inversora local sería la de tener acceso a los beneficios procedentes de salarios bajos en la periferia y a beneficios adicionales procedentes de salarios medios en su propia área. Un nivel de salarios medio era óptimo. Los que más se acercaban a esta situación óptima en el sistema europeo eran Inglaterra y Holanda.
¿Por qué diferentes modos de organizar el trabajo en el mismo punto temporal en el seno de la economía-mundo? Porque cada modo de control del trabajo es el más adecuado para tipos particulares de producción. ¿Y por que estaban concentrados estos modos en diferentes zonas de la economía-mundo- la esclavitud y el feudalismo en la periferia, el trabajo asalariado y el autoempleo en el centro y, como veremos, la aparcería en la semiperiferia-? Porque los modos de control del trabajo afectan grandemente al sistema político y a las posibilidades de florecimiento de una burguesía indígena.
Existe una diferencia fundamental entre el feudalismo de la Europa Medieval y los “feudalismos” de la Europa Oriental y la América española del siglo XVI. En aquel, el terrateniente producía primariamente para una economía local, y derivaba su poder de la debilidad de la autoridad central. En estos el terrateniente producía para una economía- mundo capitalista. Los límites económicos de su presión explotadora venían determinados por la curva de oferta/demanda de un mercado. Se mantenía en el poder por la fuerza más que por la debilidad de la autoridad central, al menos por su fuerza frente al trabajador agrícola.
Es una nueva forma de organización social; no existieron, no podrían nunca haber existido, dos formas de organización social, capitalista y feudal, una junto a la otra. La economía- mundo tiene una u otra forma. Una vez que es capitalista, las relaciones que muestren deben ser necesariamente redefinidas en términos de los principios que gobiernan un sistema capitalista.
La recesión de los siglos XIV y XV, no obstante, tuvo consecuencias opuestas en Europa Occidental y Oriental. En el oeste, como ya hemos visto, llevo a una crisis del sistema feudal. En el este condujo a una reacción señorial, que culmino en el siglo XVI con la segunda servidumbre y una nueva clase terrateniente. La razón para que se diera estas reacciones opuestas ante el mismo fenómeno es que, por las razones que explicamos previamente, las dos áreas se convirtieron en partes complementarias de un único sistema más complejo, la economía-mundo europea, en la cual Europa Oriental tenía el papel de productor de materias primas para el Occidente en plena industrialización (del este al oeste fluían cereales, madera y más tarde lana; del oeste al este fluían textiles, sal, vino, sedas)
¿Por qué entonces la divergencia? Se puede responder en términos de los factores – geográficos y sociales – que justifican el despegue de Europa Occidental. Solo se puede contestar parcialmente en términos de las características específicas de la Europa Oriental. Por una parte, la debilidad de las ciudades fue un factor importante. O se puede subrayar el hecho de que existía ya un cultivo de la tierra relativamente más extendido en la Europa Occidental a finales del siglo XIII, mientras que quedaba mucho más espacio libre en Europa Oriental.
Tal vez exista tan solo una única explicación geopolítica: las invasiones de los turcos y de los tártaros y mongoles, a finales de la Edad Media, que destruyeron mucho, causaron emigraciones y diversas decadencias, y sobre todo debilitaron la autoridad relativa de los reyes y de los grandes príncipes.
En la Europa Orienta del siglo XVI, u en ciertas partes de la economía de la América española, se hizo, por tanto, deseable (rentable), necesario (en términos del propio interés del terrateniente) y posible (en términos del tipo de trabajo requerido) el trabajo obligado en cultivos para el mercado. La esclavitud resultaba impracticable debido a la escasez de mano de obra. La mano de obra indígena es siempre escasa para su utilización como esclavos, dado que excesivamente difícil de controlar, y la importación a la larga distancia de esclavos no resultaba rentable para productos que requerían tanta supervisión como el trigo.
Mientras que presumiblemente el campesino prefiriese un sistema de trabajo obligado en cultivos para el mercado antes que la esclavitud, dados la dignidad y los privilegios mínimos que implica la libertad formal, no es seguro que las condiciones materiales de este tipo de trabajador fueran mejores que las del esclavo.
Así, en las áreas agroeconómicamente periféricas de la economía-mundo había dos actividades primarias: minería, principalmente de metales preciosos, y de agricultura. En el siglo XVI la América española proporcionaba principalmente lo primero, mientras que Europa Oriental proporcionaba fundamentalmente lo segundo. En términos generales, el excedente iba destinado, de forma desproporcionada, a satisfacer las necesidades de la población de las áreas del centro.