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participacion academica calificada
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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a irrupción y el acelerado crecimiento de las plata- formas digitales han ge- nerado un intenso debate acerca de su naturaleza colaborativa o de compe- tencia monopolística. En este artículo se pasa re- vista a este debate y se propone su superación. La tesis defendida subra- ya la importancia disrup- tiva de los nuevos inter- cambios de plataforma, que determinan nuevos patrones de comportamiento, nuevos factores productivos, nuevas estructu- ras de mercado, nuevas funciones de resultado de la economía y, por ende, nuevos modelos de negocio. Además, se señala la necesidad de centrar el fo- co en la que muy posiblemente se con- vertirá en la forma de intercambio típi- ca de la cuarta revolución industrial y en sus principales modalidades de ne- gocio. Para finalizar, se presentan re- comendaciones estratégicas para la transición hacia esta nueva forma dis- ruptiva de organización de la actividad económica.
Nuevos iNtercambios, viejas coNtroversias Durante los últimos años, los econo- mistas hemos vertido ríos de esfuer- zos, análisis y tinta en dilucidar si las nuevas formas de intercambio que se realizan en las plataformas digitales de igual a igual ( peer-to-peer , o P2P), y que han sido organizadas bajo el de- nominador común de la economía de la compartición ( sharing economy ), tie- nen naturaleza colaborativa ( collabo- rative economy ) o de plataforma ( plat- form economy ). Por un lado, se han enfatizado sus características alternativas en la me- dida en que los mercados P2P se basan en la colaboración, la descen- tralización y la libre distribución de factores, bienes, servicios y usos. Esta es la tesis defendida por, entre otros autores, Yochai Benkler, profesor y co- director del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard^1. En su análisis argumen- ta la novedad histórica que supone la producción social: distribuida, des- centralizada y masiva, y que se realiza en las redes y plataformas de colabo-
ración. Estas nuevas formas disrupti- vas de producción común (“proco- mún”) han sido contrastadas especial- mente en el ámbito tecnológico o de los contenidos digitales, como en la Wikipedia, el “software libre” o las li- cencias abiertas de los bienes comu- nes creativos ( creative commons ). En el mismo contexto, economistas proce- dentes de la ortodoxia de la disciplina como Jean Tirole, premio Nobel de Economía en 2014 y profesor y presi- dente de la Tolouse School of Econo- mics, han destacado la relevancia de volver a conectar la economía de mer- cado con el interés general a través de la economía del bien común. En esta consecución del bien común, las pla- taformas digitales jugarían un papel fundamental, en el sentido de que po- drían configurar nuevas formas más distribuidas de producción y organiza- ción de mercados^2. Por otra parte, también se ha cons- tatado que los mercados P2P determi- narán una nueva etapa del capitalis- mo, con nuevas iniciativas y estruc- turas empresariales y de consumo, pero con sus típicos objetivos, espe- cialmente la búsqueda de la maximi- zación del beneficio por parte de las iniciativas privadas de negocio. Esta interpretación, que se fundamenta en las potencialidades que generan las plataformas para realizar intercam- bios masivos ( crowd ), se centra en los cambios en la naturaleza del inter- cambio y la estructura de los merca- dos, sin presuponer necesariamente la renuncia explícita al interés indivi- dual, la propiedad de los medios de provisión o la maximización del prove- cho. Esta aproximación es la defendi- da, entre otros, por economistas como Arun Sundararajan^3 , de la New York University, y por los investigadores de la teoría del consumidor, como Russell W. Belk^4 , de la York University, en Ca- nadá. Precisamente, este último ha señalado que iniciativas de negocio co- mo Uber o Airbnb serían iniciativas de pseudo-sharing , en el sentido de que se habrían aprovechado de la moda de la economía colaborativa para desa- rrollar típicas iniciativas de negocio privado, eso sí, utilizando todo el enor- me potencial tecnológico que ofrecen las plataformas digitales para minimi- zar los costes de transacción, generar economías a través del ahorro de cos-
tes económicos, pero también efectos sociales y ambientales^5 , e involucrar a los consumidores o usuarios en las actividades de las plataformas^6. Por supuesto, este debate no es ba- ladí. A través de la investigación sobre las revoluciones industriales –es decir, del conjunto de cambios disruptivos en la tecnología y la estructura econó- mica que se interconectan con cam- bios sociales y culturales de primer or- den, el análisis social y, cómo no, la economía–, se observa que, en cada una de las revoluciones, se ha consoli- dado un factor o un conjunto de facto- res productivos como fuente del creci- miento económico, del cambio com- petencial en el empleo y de la estruc- turación social. Así, en la primera revolución indus- trial, la irrupción de la máquina de va- por consolidó el proceso de sustitu-
ción de los instrumentos por máqui- nas, la aparición del trabajo fabril y de los trabajadores industriales urbanos. En la segunda revolución industrial, la electricidad y el motor de combus- tión interna afianzaron la incorpora- ción del conocimiento científico en la industria, la organización científica, la atomización y la alineación del traba- jo, así como los métodos de produc- ción en masa. En la tercera revolución industrial, los avances en las tecnolo- gías de la información y la comunica- ción (TIC), el Internet no interactivo y el comercio electrónico forjaron la era de la información y el conocimiento. Y la pregunta que nos hacemos en la ac- tualidad es la siguiente: ¿consolidarán las tecnologías de la segunda oleada digital, entre ellas, las tecnologías de plataforma, nuevas fuentes y nuevos factores de productividad y crecimien-
to económico? Y, más particularmen- te, ¿estos nuevos factores se vincula- rán de forma más directa con los modelos de producción de plataforma o con los modelos de producción cola- borativos? Sin duda, los cambios en el empleo, la sociedad y la cultura serán muy distintos en función de si se con- solidan factores productivos asociados a las plataformas o factores asociados a la colaboración. Pero, del mismo modo que sucedió a principios de la primera, la segunda y la tercera revolución industrial, en los inicios de la cuarta revolución indus- trial, muchas de las nuevas alternati- vas de producción van siendo com- prendidas y adoptadas por el sistema económico, que está en constante evo- lución. Todavía es muy pronto para comprobar si caminamos hacia una estructura económica de competencia monopolística de plataforma o hacia configuraciones más descentralizadas y distribuidas, o incluso, lo más pro- bable, hacia una configuración mixta de ambas expresiones. Sin embargo, lo que sí parece empezar a estar muy claro es que el comportamiento de agentes y mercados, la naturaleza del intercambio y las principales funcio- nes de resultado de la economía se es- tán transformando profundamente. Precisamente, por el momento actual del ciclo histórico de transformación, creo que nuestra principal función co- mo economistas es analizar e interpre- tar este proceso de cambio. Estudiar y adaptar los nuevos comportamientos, intercambios y funciones de la econo- mía. Y, además, hacerlo sin prejuicios ni condicionantes previos.
¿ecoNomía colaborativa o de plataforma? Recientemente, se ha ido imponiendo una clasificación de las plataformas a través de su afán de lucro, su capaci- dad de autoorganización y sus relacio- nes internas de poder. Las plataformas que, a través de su actividad, persiguen un afán de lucro y no permiten el desarrollo de gober- nanzas participativas, como Uber o Airbnb, se situarían en el terreno de la economía de plataforma, mientras que las plataformas sin afán de lucro, más abiertas, sostenibles y transparentes, se situarían en el terreno de la econo- mía colaborativa. No obstante, no creo
la prEgunta quE nos hacEmos
En la actualidad Es la
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olEada digital, EntrE Ellas, las
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crEcimiEnto Económico?
—>
La primera oleada digital, la de las TIC e Internet no interactivo, consoli- dada a finales del siglo XX, ya generó nuevos mercados (los mercados digita- les) que alteraron significativamente las formas de consumo y producción. Los bienes y servicios de información, es decir, todos los bienes y servicios que pueden digitalizarse, desempeñan un papel de liderazgo en estos nuevos mercados^8. Estos bienes tienen carac- terísticas económicas particulares, co- mo la no rivalidad (bienes públicos), que son bienes de experiencia (cuya utilidad solo puede determinarse una vez que se han consumido), y una es- tructura de costes particular, con cos- tes fijos altos (producción) y costes marginales (reproducción) decrecien- tes y tendientes a cero. La combina-
ción de estas propiedades significa que la regla de fijación de precios revelada por toda la información, que es igual al coste marginal en los mercados tradi- cionales, no funciona en los mercados digitales. Al establecer el valor de los bienes y servicios de información, el precio es diferente del coste marginal, y las economías externas de red jue- gan un papel muy importante. De he- cho, la vital importancia de los efectos de red, establecidos a partir de la Ley de Metcalfe (que determina que el valor de una red crece exponencialmente con su número de usuarios), permitió el desarrollo de las economías de red ( network economy )^9. Según esta apro- ximación, el factor productivo clave de la economía digital, así como de sus modelos de negocio, es la interacción —>
TABLA 1. Del intercambio Digital al intercambio De plataforma
intercambio digital (1.ª oleada) intercambio compartido de plataforma tecnología y productos
mercados
fuentes de eficiencia, complementariedad y factores básicos
interpretación económica
los intErcambios
rEalizados En plataformas
sE puEdEn consolidar
como la forma típica dE
intErcambio En la cuarta
rEvolución industrial
—> en red entre todos los agentes del sis- tema económico. Además, se empieza a desacoplar la relación tradicional en- tre propiedad y uso a través de la des- materialización que representan los bienes de información y los mercados digitales. Sin embargo, los modelos in- terpretativos del intercambio digital to- davía se basan en la toma racional e intangible de decisiones, y los indivi- duos maximizan su utilidad o la utili- dad de su red únicamente teniendo en cuenta los intereses individuales o co- lectivos, de manera que estos intereses todavía no son compartidos. A principios del siglo XXI, una se- gunda oleada de las tecnologías digita- les ha proporcionado un nuevo impul- so a la transformación del intercambio económico. Los intercambios en la economía de plataforma, generalmen- te, suponen la compartición de usos de cualquier tipo de bien o servicio tangible o intangible, a menudo tem- poral, donde el acceso prevalece sobre la propiedad. Además, estos intercam- bios colaborativos incorporan y reve- lan mucha información y conocimien- to, a menudo antes de que se lleve a cabo la transacción. Los agentes bási- cos de la compartición de plataforma son consumidores/usuarios, trabaja- dores/proveedores y negocios/plata- formas que coordinan, pero no contro- lan, los intercambios realizados. Las propiedades económicas del intercam- bio compartido de plataforma son, por lo tanto, las de usos compartidos (divi- sibilidad, usos de experiencia y econo- mías de plataforma). Muchas de esas propiedades aún necesitan ser estudiadas con mayor profundidad. Y esto es especialmente así por la forma de la función de de- manda (precio o tarifa igual al uso marginal), por su proceso de creación de valor a través de redes compartidas y por la estructura específica de los mercados P2P. Además, el aparato in- terpretativo que la economía deberá desarrollar para abordar una teoría del intercambio de plataforma debe tomar en consideración un conjunto de prin- cipios relativamente inusuales. En efecto, se requieren modelos interpre- tativos que consideren una combina- ción de toma racional y emocional de decisiones, motivaciones basadas en intereses individuales y prosociales, compensación del intercambio a través
de una tarifa monetaria o no moneta- ria y el conjunto de economías de pla- taforma, más colaborativas o menos, que se pueden generar. En la tabla 1, en la página anterior, se presentan al- gunas de las principales característi- cas y manifestaciones de estas nuevas formas de intercambio que generan las economías de plataforma, en compara- ción con los intercambios digitales de primera generación. De hecho, y como no podría ser de otra manera, la consolidación de los nuevos intercambios de plataforma supone un conjunto de cambios dis- ruptivos para la mayoría de funciones, agentes y resultados de la economía. Entre otros, la evolución desde la fun- ción de producción a la función de provisión, de la función de consumo a la de uso coordinado, del precio a la motivación, de la propiedad al acceso, de la contraprestación monetaria a la
los intErcambios En la
Economía dE plataforma,
gEnEralmEntE, suponEn la
compartición dE usos dE
cualquiEr tipo dE biEn o
sErvicio tangiblE o intangiblE,
a mEnudo tEmporal, dondE
El accEso prEvalEcE sobrE
la propiEdad
—> del mercado (por ejemplo, los usos de bienes y servicios en la misma plata- forma), y viceversa. Atendiendo a la importancia crecien- te de las provisiones de bienes y servi- cios basadas en tareas y la de los mer- cados de doble cara, ¿cómo deberían evolucionar los modelos de negocio pa- ra afrontar los retos del intercambio de plataforma? A continuación, algunas reflexiones estratégicas importantes.
Nuevos iNtercambios, Nuevos modelos de Negocio Para poder determinar de qué modo deberían evolucionar los modelos de negocio para adaptarse con éxito a los cambios que supone el intercambio de plataforma, en primer lugar, es muy importante entender bien qué son los mercados de plataforma y cuáles son sus principales denomina- ciones, así como sus características más relevantes. En función de los tipos de intercam- bio de plataforma realizados, más o menos colaborativos, se han consoli- dado todo un conjunto de denomina- ciones. Las instituciones europeas di- viden el fenómeno en dos categorías y cuatro dimensiones^10.
crotareas, que implican mayor flexibilidad, aunque se aumentan los riesgos de precarización laboral.
Todas estas nuevas tipologías de in- tercambio, más o menos colaborativo o participativo, tienen algunas carac-
terísticas comunes que cabe mencio- nar. En primer lugar, es destacable que incentivan un fuerte proceso de desintermediación de la actividad eco- nómica. Ya sea a través del ahorro de costes de transacción o de la valoriza- ción de activos infrautilizados, la “pla- taformización” de la economía impulsa claramente la posibilidad de realizar intercambios de igual a igual entre los agentes económicos sin la necesidad de un agente intermedio. En este con- texto, la idea tradicional de empresa como institución alternativa al merca- do, en el sentido de una estructura or- ganizativa intermedia que permite mi- nimizar los costes de transacción, queda claramente en crisis. Las plata- formas orientadas a negocio realizan
algunas funciones de empresa; por ejemplo, el diseño del modelo de nego- cio o, en otros casos, la coordinación de la actividad. Ahora bien, es caracte- rística común de las plataformas no controlar exhaustivamente la organi- zación de todas las tareas a realizar, así como dotar de importantes márge- nes de autonomía y flexibilidad al em- pleo involucrado. De hecho, las funciones no empre- sariales de las plataformas nos llevan a su segunda característica más des- tacable: la transferencia de riesgos desde la empresa hacia el trabajador o proveedor de la plataforma. Esta transferencia de riesgos modifica la naturaleza del empleo, así como el conjunto de riesgos psicosociales que debe afrontar el trabajador. En los mercados de plataforma, los deman- dantes de empleo llaman a una multi- tud de proveedores, más o menos pro- fesionales, y adquieren sus servicios, de manera que ya no tienen que utili- zar, en el caso de empresas existentes, los recursos humanos o físicos inter-
nos para organizar la producción. Al- gunos proveedores de estos servicios están satisfechos con este tipo de tra- bajo y, especialmente, con la oportu- nidad de obtener ingresos, la mayoría de ellos ocasionalmente. Otros pro- veedores están integrados en estos mercados porque no tienen otras op- ciones (trabajo contingente involunta- rio). En cualquier caso, el aumento de la demanda de servicios de empleo a los trabajadores de plataforma signifi- ca desarrollar mayores dosis de flexi- bilidad, autonomía y control de la ca- rrera profesional, aunque también tienen que asumir una transferencia de riesgos. Los trabajadores de plata- forma dejan de ser empleados clásicos por cuenta ajena y asemejan sus ca-
ya sEa a través dEl ahorro dE costEs dE transacción o dE
la valorización dE activos infrautilizados, la "plataformización"
dE la Economía impulsa claramEntE la posibilidad dE rEalizar
intErcambios dE igual a igual EntrE los agEntEs Económicos
sin la nEcEsidad dE un agEntE intErmEdio
racterísticas a las del trabajo autóno- mo, con todos los riesgos asociados, como la intensidad de tareas, la incer- tidumbre del empleo y la seguridad y calidad del empleo, entre otras. Sin embargo, su dependencia no está vin- culada con un único contratante de empleo, como en el caso del trabaja- dor autónomo dependiente, sino con su actividad en las plataformas. De hecho, en algunos países se ha pro- puesto la creación de una categoría intermedia entre el trabajador por cuenta ajena y el autónomo que acoja a empleados por cuenta ajena con de- pendencia de sus clientes bajo de- manda o de las plataformas ( non-em- ployee workers )^11. Otra consideración estratégica im- portante es la necesidad de compren- der los distintos modelos de negocio que se pueden desarrollar utilizando las tecnologías de plataforma. Pero antes es importante una breve re- flexión acerca del espíritu, la cultura, con el que las compañías deben afron- tar el reto^12. Luchar ( fight ) o volar ( flight ) son las dos primeras reacciones intuitivas que las empresas o las acti- vidades existentes tienen cuando la
economía de plataforma irrumpe en sus zonas de confort relativo: la lucha está relacionada con todo el conjunto de acciones para evitar o restringir el desarrollo de negocios de plataforma en sus ámbitos de interés. En cambio, el vuelo está relacionado con las accio- nes de cambio estratégico y diversifi- cación del negocio para adaptarse al nuevo contexto. Los ejemplos de la re- acción de lucha, realizados por los ne- gocios tradicionales de la música (ante la irrupción de Napster o Spotify), el cine (ante Netflix) o las publicaciones (ante Wikipedia), invocando los dere- chos de propiedad intelectual para de- bilitar, o incluso prohibir, estas inicia- tivas, no han conseguido los objetivos deseados. Es más, como demuestra la crisis del taxi en Barcelona y Madrid, la organización de los mercados de plataforma a través de limitaciones tecnológicas propuestas por las Admi- nistraciones, y defendidas por la acti- vidad tradicional, no parece del todo acertada. A pesar de que Uber y Cabi- fy abandonaron Barcelona como re- sultado del decreto de la Generalitat que limitaba a 15 minutos la espera
previa para obtener un servicio de taxi a través de una plataforma, en pocos días, estas iniciativas encontraron una “brecha” legal: los 15 minutos de espera únicamente se circunscriben al primer servicio, y han vuelto a Bar- celona. Resultado: el primer día de la vuelta de Cabify a Barcelona, más de cincuenta mil usuarios se registraron nuevamente en la plataforma. Ante la acelerada demanda de servicios de transporte de viajeros realizados a través de plataformas, no parece que restringir la actividad sea lo más ade- cuado, especialmente si tomamos en consideración la relación entre el ex- cedente del productor y el excedente del consumidor. Todo parece indicar que habrá que evolucionar hacia la reconversión y adaptación de los mo- delos tradicionales de negocio. Si- guiendo con el ejemplo, Green Taxi Cooperative es una cooperativa de ta- xistas de Denver que ha evolucionado y se ha organizado a través de servi- cios de plataforma, aunque esta es propiedad de los taxistas y no se re- producen problemas de relación labo- ral, como en las grandes plataformas de transporte de viajeros. —>
ra el uso y la provisión de bienes, servicios o usos en las plataformas son muy amplias, y a veces contra- dictorias. Motivos económicos, prác- ticos o de utilidad se combinan con motivos de uso alternativo, anticon- sumista e inclusive anti - establish- ment. En este contexto, es importan- te que la transición hacia el inter- cambio de plataforma construya un relato de interés prosocial o ambien- tal, o alternativamente un relato de valor utilitario (que puede incluir las eficiencias de los activos infrautiliza- dos o reutilizados), en función de las motivaciones de los sharers/peers sobre los que quiere sustentar su modelo de actividad.
transacción debilita la idea de la em- presa como alternativa al mercado. En cierto modo asistimos a la vuelta a modelos previos a la primera revo- lución industrial. La plataformiza- ción pone nuevamente de relieve la importancia del mercado en el senti- do de la posibilidad de intercambios masivos entre iguales. Ahora bien, los mercados de plataforma son muy distintos de los mercados tradiciona- les e, inclusive, de los mercados digitales de primera generación. La transición hacia el intercambio de plataforma debe considerar estas di- ferencias entre las estructuras de mercado y atender a la “desorganiza- ción” que suponen las plataformas como alternativas al modelo de nego- cio organizado de la empresa. Mez- clar o asimilar ambas orientaciones puede conllevar graves disfunciones.
mercados digitales de primera gene- ración ya observamos que la equiva- lencia clásica entre precio y coste marginal no funcionaba. En los in- tercambios de plataforma asistimos a una nueva evolución de este trun- camiento. La evolución de las redes de generación de valor hacia redes de doble cara, donde lo importante ya no son los agentes que realizan la transacción, sino las tareas o micro- tareas necesarias para llevar a cabo
la transacción, determinan nuevas asunciones con relación a la fijación del precio y del valor generados a través de los bienes, servicios y usos intercambiados. Sin confianza y re- putación entre iguales no existe po- sibilidad de intercambio de platafor- ma. Por consiguiente, el papel del coste marginal se asimila al coste de la reputación y la confianza de la plataforma. A partir de este primer valor “de confianza” generado, se pueden establecer precios o cuotas derivados, aunque siempre en fun- ción de las motivaciones de los sha- rers / peers y del modelo de negocio establecido.
corolario: del beNeficio al provecho Durante su ya dilatada historia, el análisis económico ha puesto de relie- ve, en infinidad de ocasiones, que el interés individual y el afán de lucro
per se no son negativos, sino todo lo contrario. Ahora bien, el lucro en el in- tercambio de plataforma es muy dife- rente del lucro tradicional. De hecho, deberíamos empezar a abandonar la idea de beneficio y pensar más en la idea de provecho, entendido como el conjunto de retornos (dinerarios y no dinerarios, tangibles e intangibles, di- rectos e indirectos) de los activos (pro- pietarios o no propietarios, utilizados o reutilizados, privados o comunes) como resultado de la interacción de plataforma. Otra cosa es qué hacemos con estos provechos. Si los consegui- mos redistribuir más igualitariamente, avanzaremos hacia la importancia del capital de colaboración. Si no lo con- seguimos, el poder continuará en ma- nos del nuevo capital monopolista, el capital de plataforma. Ciudadanos, gobiernos, empresas y plataformas de provecho tienen la palabra.
“¿Economía colaborativa o economía de plataforma? Más allá de un debate inacabable”. © Planeta DeAgostini Formación, S.L.
referencias
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