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resumenes de lecturas de interpretacion
Tipo: Apuntes
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GENERACIÓN (2017-2021) Director (a):
Las Margaritas, Chiapas, México 26 de marzo del 2019
En ocasiones, como estudiantes de turismo nos planteamos la interrogante ¿podemos ser intérprete ambiental? Después de todo, la interpretación es provocación. Pero, además, tengo la convicción de que para ser un buen guía, sin aplicar técnica interpretativa alguna, se debe reunir una multitud de virtudes raras de hallar. Lo más sencillo que podemos hacer es desafiar al lector a rescatar de su memoria de las guías que conoce y que es lo más destacado de esa misma. Después se le dirá que analice que actividades planeo a las que puede realizar. En el ámbito del turismo, las técnicas interpretativas todavía son desconocidas o, bien, vistas como las veía yo (casi ridiculizantes). Pareciera que lo peor que podrían hacer los guías es innovar. Incluso, no son pocos los docentes que inhiben (o castigan) actos interpretativos, como si fueran faltas de respeto al pasajero. Pero, lo peor, justamente, es seguir como hasta ahora. Es que los guías de turismo ejercen una profesión que ha demostrado tener raíces débiles. Y si una persona que estudió una carrera puede hacer el mismo trabajo que otra que nunca estudió para ello, hay algo que no funciona. Cuando el empirismo se equipara funcionalmente con el profesionalismo el que queda mal parado es éste último. “para muestra, basta un botón”. Toda ciudad que recibe turistas, ofrece “city tours”, es decir, un paseo por los puntos sobresalientes de un ámbito urbano que encierra atractivos turísticos. Ignoro si el lector tuvo la oportunidad de asistir a uno de ellos. Pero, cuidado: ¡no es que se lo esté recomendando! Espere a leer esto y después tome su decisión. Mientras tanto, le cuento. Se detiene un ómnibus. Acompaña al
por el guía, que entiende que su misión es exponer todo su “saber” frente a cada sitio turístico. Pareciera que la eficiencia de su trabajo fuera a medirse por el volumen de la información que ofrece (de hecho, la mayoría así fueron evaluados en sus días de estudiantes cuando realizaban los ensayos prácticos de guiada). Es que no hay tiempo, ni apoyo logístico desde la oficina o la empresa. Por eso, no deja de tener su coherencia: la programación no ha sido pensada para aplicar una guiada interpretativa. La oficina turística oferta una multitud de sitios para “conocer” y no le importa si se pasa frente a él a sesenta kilómetros por hora. Total, el guía dirá algo. Se tilda la lista de lugares que se deseaban visitar y... ¡misión cumplida! Aquí es donde reside el problema de fondo. ¿Quién maneja estas empresas u oficinas? ¿Especialistas en turismo o en negocios? Al menos en la Argentina, el turismo suele ser operado por empresarios con perfil más ligado al ejercicio del comercio, con escasa capacitación formal en turismo y con un desconocimiento total sobre la interpretación. ¿Qué podemos esperar, entonces? Yo le respondo: ¡¡¡cambios!!! El guía tiene que obrar de otro modo, pensando que deberá montar una obra casi teatral y aleccionadora. Lo veo sintéticamente así: Se arriba al punto de encuentro con menos de quince turistas. Ascienden al ómnibus. Se presentan brevemente todos (guía, conductor y guiados). Hay muchos tipos de presentaciones, expeditivas y de largo aliento (si el viaje es corto, optaremos por la más breve). De ahí en más, se debería correr un telón imaginario y desplegar una suerte de obra teatral. El guía relatará un guion (con introducción, desarrollo y final) en torno a un tópico, con no más de cinco ideas principales y, desde luego, un tema. Nutrirá su desarrollo con historias que deben guardar relación con algo de lo que escuchó en las presentaciones o con el perfil del público del momento.
Concluirá con un mensaje recordable (por ende: atractivo, breve y claro), emotivo y especialmente dirigido al tipo de pasajeros que tiene en frente (considerando edades, formaciones, nacionalidades, etcétera). Realizará una evaluación de la guiada (por ejemplo, mediante una encuesta oral o escrita, formal o informal). Se despedirá amable y cálidamente. Si hizo bien su trabajo, el resultado será que los turistas quedarán emocionados y agradecidos, querrán regresar y recomendarán la experiencia Podemos convenir que entre una guiada interpretativa y una convencional hay formas intermedias. Y, honestamente, creo difícil desarrollar una buena guiada sin, al menos, un “acto interpretativo”. Las herramientas para llevar éstos a la práctica son infinitas, pero algunas de las más fáciles para echar mano son: Presentar sonidos o grabaciones con canciones, recitados o testimonios, para crear un “clima” especial en un lugar específico donde enfatizar el guión (animación). Usar cajas didácticas, en las que reunirá elementos u objetos que le servirán de apoyo para realizar demostraciones o participaciones (interactivas) que apuntarán a clarificar aspectos de su relato. En sus explicaciones, la aplicación de equivalencias, analogías, comparaciones, metáforas, historias imaginarias, personificaciones, datos vinculantes, autoreferencias, dramatizaciones, etcétera. Es tan importante tener un tópico y un tema como un mensaje. Hay que saber a dónde se quiere llegar, qué se espera como resultado final. Inevitablemente deberá conocer la teoría y recordar esa expresión de uno de los premios Nobel de física: “No hay nada más práctico que una buena teoría.” Desde luego, siempre pueden presentarse situaciones imprevistas, pero –justamente- la interpretación ofrece oportunidades. Desde el escenario ideal para explicar el ciclo del agua en la naturaleza, como un telón de fondo para contar historias o anécdotas vinculadas al tema del día o bien para explicar qué sucede –cuando llueve– en la naturaleza. En
La segunda, es la que tiene mayor vinculación con el profesional en la materia: estos bienes o lugares sostienen la actividad turística, con todo lo que ello implica. Entre otros aspectos, trabajo. Entre “nada” y “algo”, “algo” –si bueno– puede ser mucho para cualquiera de estos lugares o personas. Por ejemplo, la financiación de un folleto específico para el lugar, la donación de un nuevo cartel, de un libro para alimentar o crear una biblioteca; ofrecer una visita guiada gratuita para la comunidad local o para una escuela pública vecina; el pago de la reparación de un bien dañado... En fin... hay tantas cosas por hacer... Pero, como suelo decir en clase, “ustedes no tienen por qué creer en lo que digo. Miren, vean, pregunten, comparen y construyan su respuesta.” Luego, actúen. Comparto con ustedes una tabla donde comparo dos formas básicas de ver el turismo y el perfil de sus protagonistas principales. El visitante En un turismo sustentable: Toma conciencia de la importancia del patrimonio, por medio de actividades o planes de educación ambiental. Modifica actitudes para cuidar el patrimonio natural o cultural. En un turismo peligroso: No toma conciencia y se lleva una experiencia degradada. Viaja, disfruta y regresa indiferente a su lugar de origen. El patrimonio En un turismo sustentable: Es estudiado y cuidado por medio de proyectos de educación, conservación, restauración o protección. Se reinvierte en él y en su “puesta en valor” En un turismo peligroso: No es objeto de reinversiones para valorizarlo, estudiarlo, conservarlo ni favorecer su interés recreativo. “Resiste”, se degrada o desaparece por impactos negativos. La comunidad local En un turismo sustentable: Participa del proceso de planificación del desarrollo turístico. Recibe beneficios (capacitación, empleo, ingresos, intercambio cultural). Consolida su identidad cultural.
En un turismo peligroso: Actúa y recibe beneficios desde la marginalidad. Es contaminada culturalmente y se erosiona su identidad. La industria y las empresas En un turismo sustentable: Crece ordenadamente, con pautas de control y empresas que asumen responsabilidades sociales y ambientales. Destinan fondos para mejorar los servicios y conservar el patrimonio. En un turismo peligroso: Se desarrolla –creciendo o disminuyendo– compulsivamente, con empresas guiadas sólo por el afán de lucro. La motivación para invertir es sólo potenciar el margen de utilidades. Loa guías y técnicos En un turismo sustentable: Se capacitan o forman académicamente, con criterios estandarizados. Impulsan mecanismos de responsabilidad social y ambiental En un turismo peligroso: Son autodidactas y operan según su criterio personal o los lineamientos comerciales de la empresa. El estado En un turismo sustentable: Planifica, legisla, controla, supervisa, orienta y lidera el desarrollo del turismo. Premia y castiga, buscando la excelencia. En un turismo peligroso: No planifica, ni legisla ni condena los malos ejemplos. “Delega” el control en los operadores turísticos. No lidera el desarrollo de la actividad. Está ausente o actúa compulsivamente. Las ONGS En un turismo sustentable: Forman parte del proceso de planificación y desarrollo turístico, potenciándolo. Complementan la labor del Estado (nunca lo sustituyen) e interactúan con las empresas. Generan proyectos basados en las necesidades del turismo sustentable.
Con este artículo queremos contribuir de forma muy sintética a que se entienda el proceso y la esencia de la interpretación del patrimonio natural y cultural, como herramienta de comunicación con los visitantes. En la primera parte esbozamos tres momentos del proceso de interpretación: la necesidad del conocimiento científico (la materia prima), la comunicación al público (la “traducción”) y el resultado esperado en la mente del público (el pensamiento). Y en la segunda sugerimos una pauta para ilustrar a qué nos referimos los intérpretes con el adjetivo “interpretativo”. Y es también una comunicación estratégica porque persigue unos propósitos muy concretos: lograr un mayor aprecio y disfrute por parte de los visitantes, por una parte, y, por otra, la conservación del patrimonio merced a las actitudes de esos mismos visitantes (Ham, 2003). Con respecto al patrimonio (natural o cultural), hay una interpretación inicial, representada por el análisis científico, propio de las disciplinas que estudian el patrimonio (arqueología, ecología, antropología, etc.). Esta interpretación inicial forma parte de la metodología de diversos campos del saber, cuyos resultados y conclusiones suelen publicarse como trabajos científicos en revistas especializadas o tesis doctorales. Esta es la materia prima para los que trabajamos con el visitante, pues de aquí obtenemos el conocimiento preciso y riguroso que después convertiremos en nuestros contenidos, aquello que consideraremos como el mensaje interpretativo. La segunda interpretación tiene que ver con el origen de la denominación de esta disciplina: traducción. Aquí comienza nuestra tarea de comunicar el significado de ese patrimonio, y aquí radica el cuerpo disciplinar de la interpretación del patrimonio: traducir a un lenguaje ameno y comprensible lo que quizá sólo conozcan los especialistas y expertos acerca de determinados aspectos del patrimonio natural o cultural.
Por lo anterior, cuando decimos que le vamos a interpretar algo al público, en realidad estamos planteándonos tres aspectos:
científico” (la materia prima).
Tilden (2006) en su cuarto principio: La interpretación no es instrucción, sino provocación (provocación del pensamiento, en Ham, 2007). La misión de "esta" interpretación es producir significados en la mente de los visitantes (Ham, 1983, 2002). No consiste solamente en “explicar unos hechos”, sino en dar sentido al lugar que visitan, llegando a conectar incluso emocionalmente al público con los significados profundos de ese patrimonio, para que le encuentren un valor personal y su experiencia (la visita) sea más enriquecedora y gratificante (Morales, 2008). El mensaje se considera interpretativo ―y es efectivo― porque: