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La Mente Humana: Funciones y Estructura del Cerebro según Ignacio Morgado, Ejercicios de Psicobiología

Resumen del libro 'como percibimos el mundo' de ignacio morgado sobre la estructura y funciones de la mente humana, el cerebro y sus procesos mentales, incluyendo la comunicación con el resto del cuerpo y la generación de la consciencia.

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 29/04/2018

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PSICOLOGIA BIOLOGICA (UPSA)
RESUMEN DEL LIBRO, ¿CÓMO PERCIBIMOS EL
MUNDO?
SALGADO RUIZ, ALFONSO 17-18
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PSICOLOGIA BIOLOGICA (UPSA)

RESUMEN DEL LIBRO, ¿CÓMO PERCIBIMOS EL MUNDO?

SALGADO RUIZ, ALFONSO 17-

Resumen del libro como percibimos el mundo de Ignacio Morgado

Qué es la mente:

La mente es un conjunto de funciones o procesos del cerebro, como sentir y percibir el propio cuerpo y el mundo en que vivimos, incluidas todas las formas posibles de pensamiento y entendiendo éste como la actividad mental que tiene lugar en ausencia de la propia cosa sobre la que se piensa.

La mayor parte de los procesos mentales puede ocurrir tanto de forma consciente como de forma inconsciente, pero LOS PROCESOS CONSCIENTES SE BASAN SIEMPRE EN COMPONENTES INCONSCIENTES.

La estructura y la dinámica funcional del cerebro humano hacen que todos los procesos mentales estén acoplados y se influyan mutuamente.

El cerebro es un órgano que no tiene sentido aisladamente. Necesita de un medio externo para poder desarrollarse y funcionar (la mente extrae buena parte de sus contenidos del medio ambiente).

El cerebro, mediante la actividad electroquímica de sus neuronas, crea la mente y nos hace percibir lo que ocurre fuera y dentro de nuestro cuerpo.

La mente no es un producto separable y, por lo tanto, localizable en alguna parte, sino una función. LA MENTE ES UNA FUNCIÓN DEL CEREBRO EN INTERACCIÓN CON SU ENTORNO.

Una idea relativamente nueva :

La idea de que el cerebro es quien genera los procesos mentales es relativamente nueva. Por ejemplo: los antiguos egipcios, lo consideraban un órgano superfluo y los extraían por la nariz de los cadáveres que embalsamaban, Aristóteles ubicaba los procesos mentales erróneamente en el corazón.

Hoy no albergamos dudas de que el cerebro humano es quien genera y controla los procesos mentales y el comportamiento.

Las entrañas del cerebro humano:

El cerebro humano está compuesto aproximadamente por cien mil millones de neuronas.

Cada neurona recibe información de otras neuronas o células a través de las dendritas (pequeñas ramificaciones). Todas las neuronas tienen además una prolongación más larga llamada axón o fibra nerviosa y es por donde envían su información a otras neuronas o partes diferentes del cuerpo, como los músculos y las vísceras.

Dicha información se transmite a lo largo de sus axones en forma de pequeñas descargas eléctricas llamadas potenciales de acción (es el modo que tiene de codificar y procesar la información que recibe).

Las neuronas se comunican entre ellas mediante conexiones funcionales

¿Es lo mismo consciencia que atención?

Atención y consciencia no son la misma cosa, pues podemos ser conscientes sin prestar atención a nada particular, como cuando descansamos relajados con los ojos cerrados, o estar pendientes de cosas sin necesidad de ser conscientes de ellas, como cuando conducimos atendiendo automáticamente a la carretera mientras pensamos en que haremos al llegar. También puede ocurrir que, incluso sin prestarle atención, el observador sea capaz de percibir lo más esencial de una escena y recordar con precisión su categoría.

Como hemos dicho antes, atención y consciencia tienen papeles diferentes, ya que la atención selecciona información mientras que la consciencia más bien integra o resume información del estado del organismo y el entorno. ATENCIÓN: ANALIZADOR DE INFORMACIÓN; CONSCIENCIA: INTEGRADOR DE LA MISMA.

La consciencia no nos proporciona información directa sobre el procesamiento de la información, sino que aporta el producto final de ese procesamiento. Por ejemplo: la pantalla de un televisor es una forma de presentar el producto final.

¿Cuál es el valor de la consciencia, para qué sirve?

La consciencia nos permite controlar nuestros pensamientos y nuestra conducta, nos sirve como soporte de las acciones racionales y/o voluntarias y nos permite respuestas flexibles e integradas en los entornos complejos. Gracias a ella adquirimos nuevas habilidades, corregimos errores perceptivos, tomamos decisiones…

Cada experiencia consciente, sea simple o compleja, tiene un modo particular de ser sentida o percibida, diferente a cualquier otra. Por ejemplo: no es lo mismo percibir la rojez del rojo que el picante del picor.

Pues bien, esas maneras especiales de sentir o percibir cada una de las experiencias conscientes que tenemos los humanos es a lo que los filósofos llaman qualia (resumen o integran una gran cantidad de información en una percepción única instantánea). Por ejemplo: la percepción particular que nos produce la imagen de una determinada persona nos informa de una forma inmediata de todo lo que sabemos sobre ella (quien es, donde vive…).

La integración de la información que proporcionan los qualia es muy útil, ya que nos permite tomar decisiones o actuar en consecuencia sin tener que perder apenas tiempo en analizar en detalle.

¿Dos consciencias en un mismo cerebro?

Para dividir el cerebro en sus dos mitades los neurocientíficos han utilizados dos procedimientos:

o Uno consiste en desactivar uno de los dos hemisferios inyectándole un anestésico a través de la arteria carótida. Los neuropsicólogos pasan pruebas para explorar el funcionamiento de su hemisferio no anestesiado.

o El otro consiste en seccionar quirúrgicamente el cuerpo calloso (fibras nerviosas que conectan entre sí los hemisferios

cerebrales). Se corta el cuerpo calloso para tratar de reducir la intensidad y violencia de los ataques epilépticos impidiendo que la actividad cerebral que los produce se extienda a las dos mitades del cerebro.

¿Cómo es la mente de las personas con su cerebro dividido en dos mitades? El neuropsicólogo Michael Gazzaniga observó que una mujer con su cerebro dividido reía y sabía por qué lo hacía al ver una foto presentada brevemente por su ojo derecho, el cual, envía su información al hemisferio izquierdo del mismo. Pero la mujer sólo reía sin saber por qué cuando se le presentaba esa foto en su ojo izquierdo, que, envía la información al hemisferio derecho. Ambos hemisferios cerebrales parecen capaces de percibir estímulos visuales cuando están desconectados, pero solo el izquierdo, que es el que procesa el lenguaje, parece tener consciencia de ello.

¿Hay alguna parte del cerebro, sea en un hemisferio o en otro, necesaria para generar la consciencia? Sorprendentemente, la corteza prefrontal, necesaria para pensar, razonar y tomar decisiones, no parece necesaria para la consciencia, pues los individuos que han sufridos traumas o accidentes que han dañado esa parte de sus cerebros pueden seguir siendo conscientes, aunque tengan alterada su capacidad de razonamiento.

¿Quién genera la consciencia en el cerebro?

La única parte del cerebro humano que cuando se daña gravemente puede hacer desaparecer la consciencia es el tálamo (es la parte del cerebro que recibe la información de los diferentes órganos de los sentidos y los distribuye por diferentes áreas de la corteza cerebral).

También sabemos que cuando se anestesia a un individuo, la corteza cerebral se desactiva antes que el propio tálamo, el cual puede seguir activo hasta 10 minutos después de que el sujeto ya esté totalmente inconsciente. Más que en el tálamo, la clave del estado consciente parece radicar en la corteza cerebral, pues cuando ésta se desactiva la consciencia desaparece. Esto es así, ya que el tálamo sería equivalente a un proyector de cine y la corteza cerebral a la pantalla sobre la que proyecta. Por ejemplo: un paciente en estado vegetativo de mínima consciencia pudo recuperar parte de ella cuando se estimuló eléctricamente su tálamo, ya que activó de esta manera su corteza cerebral.

¡Ya veo la imagen, ya la tengo!

Una determinada percepción no se hace consciente hasta que el resultado de su procesamiento en áreas corticales superiores del cerebro no produce una actividad retroactiva, es decir, de vuelta hacia las estructuras o áreas inferiores de donde procede, cerrando así el bucle funcional.

En definitiva, esta primera hipótesis viene a decirnos que la consciencia surge de una especia de conversación recurrente y repetitiva entre diferentes áreas de la corteza cerebral y el tálamo.

¿Cómo se unifica la experiencia consciente?

cerebro. Esa metarrepresentación del estado físico del cuerpo es la que utiliza el cerebro para generar el sentimiento consciente que tenemos de nosotros mismos y de nuestra existencia (yo subjetivo).

Nuestras capacidades lingüísticas dan lugar a una consciencia de alto nivel en la que puede basarse también la autoconsciencia.

¿Hay animales autoconscientes?

Algunos científicos creen haber hallado la forma de saber si un animal tiene o no autoconsciencia. Se trata de comprobar si ese animal se reconoce a sí mismo en un espejo. Si así fuera, sería autoconsciente y no lo sería en caso contrario.

Hay al menos tres especies animales que parecen reconocerse en un espejo: los chimpancés, los delfines y también los elefantes.

Pero el propio reconocimiento en el espejo tampoco es una prueba convincente de autoconsciencia, ya que, si pintamos un punto en la frente de un animal y éste se lo toca mirándose en el espejo, tal reacción podría ser un mero acto reflejo.

La autoconsciencia podría comenzar por facultades como saber que “este cuerpo es mío”, “yo soy algo diferente a otros” hasta llegar progresivamente a la capacidad de atribuir esas mismas facultades a otros congéneres y sentir que uno mismo es el sujeto de esos pensamientos.

El cuerpo, prisión de la mente

Un aspecto crítico de la autoconsciencia es el sentido que tenemos de estar ubicados en los límites físicos de nuestro propio cuerpo. La percepción que tenemos de nuestro propio cuerpo es extraordinariamente coherente (como lo vemos, lo que sentimos al tocarlo…).

Ahora sabemos que esta integración multisensorial es necesaria para que tengamos un sentido general y unitario de nuestro cuerpo y para que sintamos que cada uno de sus partes nos pertenece.

Combinando adecuadamente nuestra perspectiva visual y los estímulos táctiles, el cerebro crea la ILUSIÓN de que estamos ubicados en el mismo. Por ejemplo: a través de un experimento se demostró que al utilizar unos visores que permiten que el sujeto experimental visualice imágenes distantes de él mismo tomadas con cámaras de video, cuando el experimentador hacía el simulacro de golpear con un martillo el cuerpo virtual, el sujeto siente el mismo miedo que cuando la amenaza se cierne sobre su cuerpo real. El sujeto creía que su cuerpo era el virtual, sintiéndolo como real.

Los experimentos realizados por Ehrsson sobre percepción extracorporal, han hecho posible que algunas personas lleguen a sentir que su cuerpo se traslada al de otra persona, se reduce al tamaño de una muñeca o se agranda como el de un gigante.

Ehrsson cree que puede haber lugares y neuronas en el cerebro humano que controlen la integración multisensorial necesaria para establecer la percepción del propio cuerpo como, por ejemplo, la corteza insular, pues

se ha demostrado que su estimulación eléctrica puede producir la sensación de estar ubicadas fuera de su propio cuerpo. También podrían estar implicados los lóbulos frontales y parietales.

Los experimentos de Ehrsson incluyen también la pretensión de desarrollar procedimientos o técnicas para facilitar la asimilación de prótesis en personas que hayan sufrido amputaciones.

¿Es mía esta pierna?

El sentido de la propia existencia puede ser también parcial, como ocurre con los individuos que, debido a una apoplejía o accidente vascular, tienen una lesión en el lóbulo parietal derecho de su cerebro que les impide prestar atención a las cosas que ocurren en la parte izquierda de su cuerpo. Es lo que se conoce como heminegligencia sensorial contralateral.

En un caso sorprendente la persona llegó a saltar de su cama creyendo que alguien había puesto allí una pierna falsa, que no era otra que la suya propia. La persona es incapaz de prestar atención a esa parte del mismo, de centrar en ella su consciencia. Algunos de estos pacientes tampoco se reconocen a sí mismos en un espejo.

La enfermedad que acabamos de describir nos muestra cómo la percepción del propio cuerpo depende de mecanismos cerebrales.

Los sentidos del cuerpo

Ahora nos disponemos a valorar los sentidos somáticos : son los que nos informan de lo que pasa en la superficie y en el interior del cuerpo. Son, por así decirlo, los sentidos de la condición o estado físico del cuerpo.

Los poderes de la piel

Gracias a los sentidos cutáneos sabemos si algo contacta con nuestra piel, en qué parte del cuerpo lo hace y si ese algo es suave o intenso. Es decir, podemos saber si lo que tocamos o nos toca es una mano, un libro u otro objeto y conocer con bastante detalle sus características particulares.

Los poderes del tacto son muchos:

o Se ha demostrado que los masajes táctiles afectan positivamente a la salud. Los sujetos que los reciben afirman sentirse más enérgicos, tener mejor humor y menos cansancio, menos sensaciones de cansancio y más movilidad.

o En los roedores, los masajes a los recién nacidos, reducen su futura reactividad fisiológica al estrés, protegiéndolos de los efectos negativos del mismo.

o En los roedores también, se muestra que los masajes táctiles de cachorros fomentan el crecimiento de los tejidos originando un acelerado desarrollo y maduración de las funciones visuales.

o Los contactos físicos táctiles en bebés humanos aceleran del mismo modo la maduración y mejoran las funciones somáticas y mentales de esos bebés.

SENTIDO INTEROCEPTIVO = DETERMINANTE CRÍTICO DEL

COMPORTAMIENTO HUMANO.

Sentimos en el cuerpo, no en el cerebro

Aunque las sensaciones y percepciones se generan en el cerebro, no las sentimos en el mismo cerebro, sino en la parte del cuerpo que es estimulada.

Una prueba de ello es el síndrome clínico conocido como “el miembro fantasma”, que ocurre en pacientes a los que se ha amputado un brazo o una pierna y durante algún tiempo siguen manifestando tener sensaciones de tacto o dolor en el miembro que ya no tienen.

¿Cómo explicar el fenómeno del miembro fantasma y todas esas sorprendentes percepciones? Una posibilidad es que los restos de los nervios procedentes del miembro amputado que todavía persistan estén irritados y sigan enviando información a la corteza cerebral correspondiente, la cual no tiene por qué “saber” que el miembro ya no existe. Otra posibilidad es que la corteza cerebral se altere por sí misma cuando deja de recibir información sensorial y produzca una actividad espontánea capaz de seguir originando percepciones.

El sentido del equilibrio corporal

Cualquier persona tiene una sensación muy precisa de su grado de inclinación. Esa sensación es independiente de la visión. Lo podemos comprobar cuando viajamos en un avión, pues incluso con los ojos cerrados sentimos si el avión sube o baja, a qué velocidad y en qué medida se inclina hacia un lado u otro.

Ello es posible gracias al sentido vestibular del equilibrio que gracias a él no caemos cuando caminamos o realizamos algún ejercicio motor complejo. Es también el sentido que nos permite mantener la cabeza erguida con respecto a las fuerzas de la gravedad y ajustar los movimientos oculares como compensación de los movimientos de la cabeza.

La sensación consciente del sentido del equilibrio no es una sensación plenamente independiente, sino una sensación compleja compuesta de señales sensoriales diversas.

Sin el sentido vestibular, el deporte, tal como lo entendemos ahora, no existiría.

Los sentidos del mundo exterior

Por qué olemos

En los primeros organismos surgieron progresivamente miles de nuevos receptores especializados en la detección de las miles de diferentes moléculas informativas de la naturaleza y condiciones de dicho cambio. Se produjo un frenético desarrollo de nuevos circuitos neuronales.

Fue así, muy probablemente, como empezó a desarrollarse la primitiva corteza cerebral (para procesar información variada de naturaleza química). Esa información fue muy útil para mejorar las respuestas reflejas y la capacidad adaptativa de los animales a su entorno.

La evolución originaría también el consecutivo desarrollo cerebral que hizo posible las sensaciones conscientes que caracterizan el olfato (gran utilidad adaptativa, de supervivencia).

Nuestra increíble sensibilidad olfatoria

Los humanos tenemos un extraordinario y desconocido sentido del olfato: somos capaces de detectar la misérrima concentración y podemos distinguir dos olores que difieren solo un 7 % en su concentración y, por el olor, podemos saber si una camiseta es la que hemos llevado nosotros u otra persona hasta 24 horas después de ser usada.

La nariz humana puede llegar a detectar la esencia del miedo en el sudor de otra persona y, por su específico olor corporal, la pareja que mejor se acopla genéticamente a nosotros.

Moviendo la cabeza o el cuerpo localizamos el objeto que huele, y podemos aprender a seguir un rastro oloroso en un campo, como muchos animales. Sin embargo, nuestra habilidad olfatoria es muy mala, ya que, con la nariz inmóvil, tenemos mucha dificultad para distinguir de dónde viene un olor.

Prestamos poca atención a las situaciones u olores de baja concentración. La razón de esa falta de atención olfativa podría ser porque la atención selectiva es algo generalmente dirigido al espacio y los humanos carecemos de una representación cerebral del espacio olfatorio.

Además, el estímulo olfatorio no es un estímulo continuo, es discreto, pues se produce a esnifadas, dando lugar a la incapacidad para detectar espontáneamente pequeños cambios en el espacio olfatorio.

A pesar de todo lo dicho, confiamos poco en nuestra propia sensibilidad olfativa, ya que comparativamente, entre la vista y el olfato, confiamos más en la vista. Si se le asigna color a algo que no huele prácticamente a nada, aumenta la probabilidad de que digamos que huele a algo. Por ejemplo: 54 estudiantes de enología cambiaron su criterio al olerlo y consideraron que el vino blanco era tinto cuando fue coloreada con una sustancia roja inodora.

El olfato mejora también en situaciones especiales, como cuando tenemos hambre. En ese caso, las células de las paredes del estómago segregan una hormona especial que aumenta la sensibilidad olfatoria y la exploración mediante esnifado, todo lo cual ayuda a localizar, identificar y seleccionar comidas.

Qué es lo que en realidad olemos

La mayor parte de lo que percibimos con el olfato no son simples aromas, sino mezclas complejas de docenas o cientos de moléculas. Por ejemplo, en un caldo de almejas cocidas puede haber hasta 49 diferentes odorantes.

El valor hedónico o placentero de un odorante puede aumentar si lo percibimos al mismo tiempo que degustamos una sabrosa comida, y ser menos placentero si lo asociamos a un sabor agrio o amargo.

La percepción olorosa está muy influenciada por la experiencia previa y el

¿Tienen más sensibilidad olfatoria las mujeres embarazadas?

Las mujeres de todas las edades suelen identificar los olores mejor que los hombres. Pero no es cierto, que las mujeres embarazadas tengan más sensibilidad olfatoria de lo normal. Lo que ocurre es que en el tiempo de gestación cambia el valor hedónico de muchos olores, haciendo, por ejemplo, que las embarazadas generen aversión a los olores familiares de ciertas comidas.

Se ha comprobado también que los olores y sabores de la dieta de la madre durante la gestación, y el propio olor distintivo de la madre, influyen en las preferencias y percepción de olores de sus bebés una vez que nazcan.

¿Nos influyen los olores inconscientemente?

Uno de los aspectos más sorprendentes del sentido del olfato es la capacidad que tiene para influir en la fisiología y la conducta de un modo subliminal.

Se ha demostrado que, aunque no nos demos cuenta, algunos estímulos olfatorios subliminales pueden llegar a afectar al estado de ánimo, los juicios sociales, las valoraciones que hacemos sobre las cosas o el consumo comercial de las personas.

En concreto, los olores desagradables, aunque sean inconsciente percibidos, empeoran el humor e inducen ansiedad en las personas. Por ejemplo: los niños de cinco años empeoran su ejecución al resolver rompecabezas complejos si cuando lo hacen reciben olores desagradables.

En un caso especial se trataba de juzgar a los candidatos a un trabajo. Los jueces llevaban caretas que estaban impregnadas de diferentes olores. Cuando esos jueces eran mujeres, sus juicios positivos sobre los candidatos aumentaron si las caretas estaban impregnadas de una feromona con propiedades afrodisiacas, y reducidos si el olor era desagradable.

Otro caso curioso es el experimento en el que unas personas tenían que juzgar la belleza de las caras de otras. Cuando los odorantes no fueron conscientemente percibidos tuvieron un mayor efecto sobre la percepción del atractivo facial.

En la industria del consumo también se ha constatado la influencia de los olores. Se ha comprobado que la dispersión de un odorante en un centro comercial incrementa positivamente la percepción de los consumidores y el dinero gastado.

El olfato y las feromonas

Las feromonas son sustancias químicas producidas por diversas glándulas del cuerpo y expelidas al exterior a través del sudor o la orina. Cuando estas sustancias son captadas por otro individuo de la misma especie, influencian su fisiología y su comportamiento (especialmente conductas relacionadas con la reproducción y cuidado parental de las crías) mediante el sentido del olfato.

Las mujeres que conviven en un mismo lugar durante un tiempo

suficiente, mutuamente influidas por sus respectivas feromonas, pueden llegar a sincronizar sus ciclos menstruales.

Actualmente se diseñan dispositivos electrónicos capaces de aprender el valor de diferentes olores y de discriminar entre ellos. RELACIÓN ENTRE ESTRUCTURA QUÍMICA DEL ESTÍMULO OLFATORIO Y EL PLACER QUE PRODUCE.

Por qué cada comida sabe diferente

El sentido del gusto nos permite: reconocer los alimentos, conocer su valor nutritivo y evitar todo aquello no comestible que pudiera hacernos daños.

Además de los cuatro conocidos gustos básicos, el dulce, el amargo, el salado y el ácido, existe un quinto que se llama umami. Podemos asociarlo al gusto del caldo de carne o al que añaden ciertas pastillas de productos concentrados para dar saber a la comida.

Cada uno de los cinco gustos tienen una misión biológica especial:

o Dulce: nos sirve para detectar comestibles ricos en energía.

o Salado: sirve para detectar las sales que regulan el equilibrio hídrico del organismo.

o Ácido y amargo: sirven para detectar alimentos en mal estado y venenosos.

o Umami: sirve para detectar aminoácidos para sintetizar proteínas.

El sentido del gusto tiene una capacidad especial para producir emociones primarias. El sabor dulce puede evocar instantáneamente placer y el sabor amargo, asco. Ambas son emociones innatas, no necesitan de experiencias previas.

Además, las personas somos muy diferentes unas de otras en la percepción del gusto, hay muchas diferencias individuales y también entre grupos étnicos. Esto es debido a razones genéticas.

El gusto de cada persona depende de muchos factores. Es muy difícil de evaluar.

Las personas bien entrenadas pueden llegar a discriminar gustos diferentes en menos de 400 milisegundos.

¿Es lo mismo gusto que sabor?

El sabor consiste en un proceso activo que implica ver, masticar, respirar y tragar para poder testar y reconocer la comida en la boca y la lengua.

El olfato contribuye críticamente a la sensación de sabor. Una prueba es que el 60 % de las personas que pierden el sentido del olfato pierden también parte de su capacidad para apreciar el valor de los alimentos.

El sabor es además una percepción dinámica, especialmente si se consume cierto tipo de comida, como, por ejemplo, el tomate natural cuyo sabor evoluciona cuando al masticarlo y romperlo se activan ciertas enzimas de la saliva que modifican su percepción.

Los sonidos también pueden formar parte de la experiencia del sabor. De

siente.