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Asignatura: historia economica, Profesor: , Carrera: Finanzas y Contabilidad, Universidad: UMA
Tipo: Ejercicios
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El Antiguo Régimen se basa en una economía de base agraria, por lo que el comercio es menor y la industria es casi inexistente, lo que conlleva a que la población activa ocupaba un gran porcentaje en el sector de la agricultura.
Esta economía era autosuficiente, es decir, cerrada, por ejemplo, cualquier ciudad o pueblo siempre se situaba en zonas cercanas a un río, también donde pudieran cazar animales, etc.
Tenían un sistema de cultivo tradicional, es decir, rudimentario, lo que quiere decir que era poco productivo, además de que dependían de factores muy importantes como el clima, por lo que una mala cosecha podía dar lugar a hambrunas y más situaciones desfavorables.
La demografía es otra pieza clave, en este caso insuficiente y desordenada, es decir, una alta tasa de natalidad, pero también una mortalidad alta, lo que lleva a un crecimiento vegetativo de la población muy lento y una baja esperanza de vida, donde además la muerte infantil desde el nacimiento hasta los cinco años aproximadamente, era notable.
Desde el siglo XVI, en la Europa húmeda se concretan los primeros rasgos diferenciadores en Holanda e Inglaterra. Aparece el gran propietario con fincas cerradas, que produce preferentemente para el mercado. Cada vez fueron mayores las diferencias entre los modelos más ligados a la actividad intensiva y los que centraron sus esfuerzos en incrementar la producción por la extensión de cultivos.
En el siglo XVIII las diferencias entre el norte y el sur de Europa son ya muy notables, debido fundamentalmente a dos factores:
Hubo un desarrollo comercial en la zona de Mar del Norte, Mar Mediterráneo y Área conexión interior con Francia, sin olvidar el descubrimiento de América, lo que fue una auténtica revolución, industrial y comercial, es decir, aumentó muy considerablemente los intercambios comerciales.
Los principales motivos por los que esta dinámica se rompió con la Revolución Industrial en Europa son:
Se conoce como Revolución Industrial al proceso de crecimiento que, entre las últimas décadas del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, experimentaron Gran Bretaña primero, luego Francia, Bélgica y Alemania.
La Revolución Industrial no fue un mero acontecimiento económico, sino un importante fenómeno social que afectó a todas las facetas de la actividad humana.
Los países citados elevaron su productividad como consecuencia de varias causas:
1.a. Nuevas máquinas movidas primero con energía hidráulica y después con vapor sustituyeron a otras accionadas por personas, animales, agua o viento, lo que conllevó la sustitución del trabajo por el capital.
Este nuevo sistema político estimuló el crecimiento que, para que todos esos grupos pudieran prosperar, dio libre movilidad a los factores productivos y estableció leyes favorables a las iniciativas empresariales. Algunas de estas medidas fueron:
La agricultura era más productiva que la europea por la aparición de explotaciones de tipo capitalista. La entrada de tierra en el mercado produce la concentración de ésta en manos de los landlord y la gentry, ambos desde el siglo XVI comienzan a arrendar extensos lotes de tierras a farmers (granjeros) que a su vez contrataban mano de obra asalariada y que podían decidir la elección de cultivos. Este sistema se difundió porque beneficiaba a los arrendadores que podían ajustar las rentas a la subida de precios y a los arrendatarios que podían innovar al disponer libremente de las tierras sin colonos. Gran parte de la tierra pasó a explotarse en forma de hacienda de mediana o gran superficie con mano de obra jornalera.
Este movimiento de cercado de tierras se llevó al extremo cuando se solicitó al Parlamento que obligara a cercar todas las tierras, cosa que se hizo con las 83 leyes de cercamientos entre 1660 y 1750.
En cuanto a las manufacturas, la economía británica a mediados del siglo XVIII se había convertida en una “economía capitalista semiindustrial”. Gran Bretaña era el país más industrializado a mediados del XVIII junto a Holanda. El 24 % de población activa trabajaba en el sector secundario mientras que en Europa lo hacía el 15 %. Casi todas las industrias estaban organizadas de modo que se conoce como protoindustrial (sistema de trabajo a domicilio) existiendo también las manufacturas o protofábrica. El sistema de trabajo a domicilio consistía en comerciantes que podemos llamar “mercaderes manufactureros” que distribuían las materias primas entre campesinos y/o artesanos. Esto permitía a los empresarios ajustar la producción a la variabilidad de la demanda con total flexibilidad, haciendo cuantiosas inversiones en capital
variable (materias primas y salarios) pero apenas en capital fijo (fábricas o máquinas). De esta manera, en tiempos de crisis, los empresarios compraban menos materias primas y contrataban menos mano de obra con lo que no sufrían pérdidas.
En cambio, las manufacturas reunían en un solo edificio a trabajadores asalariados con herramientas manuales. Ambos sistemas podían ser complementarios en algunas industrias.
En cuanto al mercado de productos manufacturados la mayoría iban al mercado interno que era más importante en volumen y valor que el mercado exterior. Se puede estimar que el porcentaje de manufacturas exportadas estaría en torno al 15-20 %, cifra muy elevada en comparación con Europa.
Así pues, en 1750 Inglaterra era ya el país líder en exportación de bienes industriales. Dos terceras partes de las exportaciones eran manufacturadas: tejidos de lana y tejidos de algodón. La mayoría se dirigía a Europa, pero desde principios del XVIII aumentaron las exportaciones hacia las colonias norteamericanas y las de las Indias Orientales, sobre todo los tejidos de algodón.
De todo esto se desprende que la economía inglesa estaba preparada para iniciar la revolución industrial al disponer de: demanda (amplio mercado nacional y exterior); capital (ahorro para invertir en tecnología y empresas); y factor humano (artesanos cualificados y empresarios dispuestos a financiar el cambio tecnológico).
La Revolución Industrial conllevó un aumento de la demanda del factor trabajo que creó una situación de pleno empleo. Ello hizo que se adelantara la edad nupcial y aumentaran los matrimonios. Los dos hechos desembocaron en mayores tasas de natalidad.
Se han utilizado tres hipótesis para explicar el descenso de la mortalidad: progreso de la medicina, mejor alimentación y mayor salubridad. La primera es hoy insostenible. Los pequeños avances que se dieron no pueden explicar la caída de la mortalidad. En cuanto a la alimentación, el aumento de producción agraria y de consumo de alimentos fue la razón por la que disminuyó la morbilidad debida a la desnutrición. Lo mismo ocurrió con la insalubridad gracias al suministro de agua más pura, hogares más cálidos, secos y limpios al abaratarse el carbón y el jabón. A pesar de producirse un aumento de la esperanza de vida, existieron diferencias dependiendo de las zonas. En contraposición a los barrios burgueses, los suburbios obreros de las grandes ciudades experimentaron una mortalidad más elevada debido a tres razones: el hacinamiento, peores hábitos higiénicos y sobre todo unas pésimas condiciones de salubridad agravadas por una mala red de agua, alcantarillado y recogida de basuras.
El crecimiento de la población fue acompañado de un cambio de la estructura por edades y sectores productivos. Esto último desembocó en un intenso proceso de urbanización especialmente en la primera mitad del siglo XIX.
Desde finales del siglo XVII se comenzaron a introducir nuevos sistemas de rotación de cultivos que suprimían el barbecho y exigían cercar los campos para evitar el paso del ganado. Estos sistemas se generalizaron a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX. El más extendido y avanzado fue el de rotación cuatrienal.
que la del agua: la máquina de vapor. Fue ideada en 1769 por un técnico de laboratorio en la Universidad de Glasgow, llamado James Watt. El consecuente aumento de la productividad creó otro desafío, ahora en los procesos químicos que sustituyeron a los orgánicos para lavar y suavizar, blanquear y tintar con sustancias animales o vegetales. La respuesta consistió en transferir innovaciones de la industria química a la del algodón.