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El papel revolucionario de Freud en la psicología científica - Prof. Quintero Sánchez, Resúmenes de Psicología

Una profunda exploración de la contribución de sigmund freud a la psicología científica, especialmente en relación con su teoría del inconsciente y la histeria. El texto aborda la rechazo inicial de la existencia del inconsciente por parte de los psicólogos de la conciencia, la importancia de charcot en la formación de freud y su concepción de la histeria, y la evolución de sus teorías sobre la sexualidad infantil y la masturbación. Además, se discute la influencia de fliess en el trabajo de freud y las consecuencias de sus errores en el tratamiento de pacientes como emma eckstein y dora.

Tipo: Resúmenes

2015/2016

Subido el 26/05/2016

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Tema 2- La psicología del
inconsciente
1. Introducción
La psicología de Freud se centraba sobre las mentes con patologías y pretendía
desenmascarar la conciencia, incluso la conciencia normal, mostrándola como una
marioneta a merced de una serie de impulsos primarios y repulsivos que no nos
atreveríamos a reconocer. Estudió la mente mediante la exploración clínica, buscando los
orígenes ocultos de la conducta humana en el inconsciente, en los residuos primitivos de la
infancia y de la evolución que él aseguraba encontrar en los síntomas de sus pacientes, en
sus sueños y en las conversaciones terapéuticas que mantenía con ellos.
Rechazaba el enfoque mandarín y “desdeñaba la distinción entre cultura y civilización”.
2. Freud y la psicología científica
El psicoanálisis representa el 3º gran golpe a la autoestima del género humano: su propia
demostración de que el yo humano no es el amo y señor de su propia casa.
2.1. Freud y la psicología académica
Los psicólogos de la conciencia rechazaban la existencia del inconsciente, una
hipótesis para Freud indispensable. Los conductistas negaban la existencia de la mente
en su totalidad.
2.2. Freud y el método experimental
Quería crear una psicología que fuera una ciencia como todas las demás. Freud negaba
que el psicoanálisis no ofreciera más que una visión científica del mundo. Aun así, no
pretendió construir una psicología experimental del inconsciente y tampoco acogió con
agrado los intentos de verificar experimentalmente sus ideas.
Quería llegar a ser un psicólogo académico a imagen de Helmholtz, si bien finalmente,
y para poder casarse, recurrió a la práctica de la medicina privada y desarrolló el
psicoanálisis en el contexto de la psicoterapia. Siempre consideró que el psicoanálisis
era una ciencia, y que los éxitos terapéuticos eran la marca distintiva de la verdad
científica. Una terapia es eficaz si y sólo si la teoría científica de la que deriva es
verdadera. Consideraba las conversaciones con sus pacientes como datos científicos, y
la sesión analítica como un método válido de investigación. El éxito terapéutico no era
un fin como tal, sino que constituía la prueba de que la teoría del psicoanálisis era
cierta.
Este rechazo de la metodología experimental contribuyó a aislar el psicoanálisis,
distanciándolo aún más de la corriente principal de la psicología. Los psicoanalistas
defendían que sólo alguien que se hubiera psicoanalizado estaría capacitado para
criticarlo, impulsando así a los psicólogos académicos a catalogarlo como un culto con
su rito de iniciación, en vez de como una ciencia abierta a todos. El psicoanálisis
pretendía reemplazar la introspección de sillón por la “introspección de diván”. Los
observadores introspectivos del psicoanálisis son los pacientes, personas enfermas que
desean la cura de su neurosis, no observadores entrenados comprometidos con el
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¡Descarga El papel revolucionario de Freud en la psicología científica - Prof. Quintero Sánchez y más Resúmenes en PDF de Psicología solo en Docsity!

Tema 2- La psicología del

inconsciente

1. Introducción

La psicología de Freud se centraba sobre las mentes con patologías y pretendía desenmascarar la conciencia, incluso la conciencia normal, mostrándola como una marioneta a merced de una serie de impulsos primarios y repulsivos que no nos atreveríamos a reconocer. Estudió la mente mediante la exploración clínica, buscando los orígenes ocultos de la conducta humana en el inconsciente, en los residuos primitivos de la infancia y de la evolución que él aseguraba encontrar en los síntomas de sus pacientes, en sus sueños y en las conversaciones terapéuticas que mantenía con ellos.

Rechazaba el enfoque mandarín y “desdeñaba la distinción entre cultura y civilización”.

2. Freud y la psicología científica

El psicoanálisis representa el 3º gran golpe a la autoestima del género humano: su propia demostración de que el yo humano no es el amo y señor de su propia casa.

2.1. Freud y la psicología académica

Los psicólogos de la conciencia rechazaban la existencia del inconsciente, una hipótesis para Freud indispensable. Los conductistas negaban la existencia de la mente en su totalidad.

2.2. Freud y el método experimental

Quería crear una psicología que fuera una ciencia como todas las demás. Freud negaba que el psicoanálisis no ofreciera más que una visión científica del mundo. Aun así, no pretendió construir una psicología experimental del inconsciente y tampoco acogió con agrado los intentos de verificar experimentalmente sus ideas.

Quería llegar a ser un psicólogo académico a imagen de Helmholtz, si bien finalmente, y para poder casarse, recurrió a la práctica de la medicina privada y desarrolló el psicoanálisis en el contexto de la psicoterapia. Siempre consideró que el psicoanálisis era una ciencia, y que los éxitos terapéuticos eran la marca distintiva de la verdad científica. Una terapia es eficaz si y sólo si la teoría científica de la que deriva es verdadera. Consideraba las conversaciones con sus pacientes como datos científicos, y la sesión analítica como un método válido de investigación. El éxito terapéutico no era un fin como tal, sino que constituía la prueba de que la teoría del psicoanálisis era cierta.

Este rechazo de la metodología experimental contribuyó a aislar el psicoanálisis, distanciándolo aún más de la corriente principal de la psicología. Los psicoanalistas defendían que sólo alguien que se hubiera psicoanalizado estaría capacitado para criticarlo, impulsando así a los psicólogos académicos a catalogarlo como un culto con su rito de iniciación, en vez de como una ciencia abierta a todos. El psicoanálisis pretendía reemplazar la introspección de sillón por la “introspección de diván”. Los observadores introspectivos del psicoanálisis son los pacientes, personas enfermas que desean la cura de su neurosis, no observadores entrenados comprometidos con el

avance de la ciencia. El mayor desafío al que tuvo que enfrentarse Freud fue al del error de la teoría de la seducción.

3. El origen del psicoanálisis: 1884-

2.3. Freud y la biología

A Freud le atrajo en un principio la idea de abordar la psicología desde la fisiología. Había estudiado medicina y llevó a cabo importantes trabajos de anatomía y fisiología. Ernst Brücke, uno de los discípulos de Helmholtz que habían realizado el juramento reduccionista, fue maestro de Freud y ejerció una gran influencia sobre él. La psicología de Freud era probablemente una psicología fisiológica por las mismas razones que lo era la de Wundt, pero una vez que Freud inició su práctica clínica y comenzó a desarrollar el psicoanálisis como ciencia y como terapia, el camino a través de la fisiología le atrajo también por otros 2 motivos:

  • Si los resultados terapéuticos se utilizaban para elaborar una teoría fisiológica de la mente y la conducta, se podrían eludir las acusaciones de localismo cultural.
  • Debido a su condición de neurólogo clínico. En época de Freud las neurosis se concebían como un trastorno principalmente nervioso. La neurosis más común era la histeria. En el mundo posfreudiano, la histeria se denomina trastorno disociativo, y se define como una serie de síntomas físicos con una causa psicológica; pero en tiempos de Freud, se creía que los síntomas físicos de la histeria, como la parálisis o las dificultades en la percepción sensorial, provenían de un trastorno desconocido del SN.

3.1. El “proyecto para una psicología científica”

A Freud le atormentaba:

  • Estudiar qué forma toma la teoría del funcionamiento de la mente si se tienen en cuenta consideraciones cuantitativas.
  • Descubrir en la psicopatía algún beneficio oculto para la psicología normal.

Freud definía su newtoniana “intención de desarrollar una psicología que llegue a representar los procesos psíquicos como estados cuantitativamente determinados de partículas materiales específicas”. Desarrollaba una teoría general sobre la mente y la conducta en términos exclusivamente fisiológicos y cuantitativos. Freud describía la motivación como el resultado del aumento de la presión en las “barreras”, actualmente denominadas sinapsis, entre las neuronas. Este aumento de tensión se siente como algo desagradable y su eventual descarga a través de la barrera se experimenta como placer. La memoria se explicaba, al igual que en la mayoría de los modelos nerviosos actuales, como cambios de la permeabilidad de las barreras neuronales o cambios de fuerza sináptica, que resultan de las descargas repetidas de las neuronas conectadas. De una manera igualmente cuantitativa y neurológica, Freud explicó todas las diferentes funciones “mentales”, desde las alucinaciones hasta la cognición.

En su trabajo clínico, terminó estableciendo diferencias entre “neurosis reales” y “psiconeurosis”. Las neurosis reales eran verdaderas enfermedades físicas causadas por “exceso o deficiencia de determinadas toxinas nerviosas”, originadas habitualmente por la masturbación. Las psiconeurosis, entre ellas la histeria,

aceptables o a la neurosis. Sólo Freud convirtió la sublimación en una parte de una teoría general de la mente y la conducta humanas.

El sexo desempeñaba el papel esencial en la formación de neurosis. Las “toxinas nerviosas” que provocaban este tipo de trastornos se generan a causa de prácticas sexuales inapropiadas, como la masturbación o la abstinencia sexual en los adultos. En el caso de las psiconeurosis, la sexualidad desempeña una función más psicológica. El factor más puramente biológico (en cuanto al desarrollo) de las psiconeurosis era el estado previo del SN. La seducción sexual experimentada por un niño o una niña daba lugar al trauma que generaría más tarde la neurosis.

“Sólo la técnica terapéutica es psicológica; la teoría no deja de indicar que las neurosis tienen una base orgánica (…), nadie se inclinará a negar a la función sexual su carácter de factor orgánico” (Freud, 1905).

2.4. Freud como reformador sexual

El sexo proporcionaba una base orgánica a las neurosis y una base biológica universal para su psicología teórica.

Se les presentaron problemas que tenían su origen en los conflictos con la sexualidad que se vivía en el siglo XIX. A medida que las sociedades se desarrollan económicamente, experimentan una importante transición demográfica.

Las clases medias de la Europa victoriana notaron más acusadamente el problema del control de la natalidad por carecer de los sistemas anticonceptivos.

Los victorianos no aceptaban la parte animal de su naturaleza, ni el aspecto sexual, ni el simplemente sensual. La cultura y la religión victorianas tronaban contra el placer, especialmente contra el placer sexual, y sobre los victorianos pesaba la opresión de un gran sentimiento de culpabilidad.

Describió la causa más habitual de la impotencia como la incapacidad de los hombres de amar a quien desean y de desear a quien aman, y no sólo porque las relaciones sexuales con la propia esposa pudieran dar lugar a tener descendencia. Los médicos solían pensar, y los hombres terminaron creyéndolo así, que las mujeres, al menos las de clase media, no tenían sentimientos sexuales, por lo que los maridos se sentían culpables al imponer su sexualidad brutal a sus esposas. La consecuencia de ello era una gran inhibición sexual o la impotencia. Los hombres podían desear a las prostitutas, pero estas mujeres quedaban degradadas pos su propia sexualidad, que las hacía indignas del amor. Las mujeres de clase media se veían atrapadas e inhibidas por ser idealizadas e idolatradas.

Freud tomó partido a favor del movimiento de reforma sexual liderado, entre otros, por Havelock Ellis: “legalización de las relaciones sexuales fuera del matrimonio, acordando un mayor grado de libertad sexual y reduciendo las restricciones impuestas a esa libertad”. En “La moral sexual cultural y el nerviosismo moderno”, Freud dibujó un retrato devastador de los efectos del matrimonio civilizado. Los hombres terminan siendo impotentes o “indeseablemente inmorales” al buscar sexo fuera del matrimonio y las mujeres son víctimas de un doble rasero y terminan enfermando.

2.5. Freud como médico: el estudio de la histeria

3.3. El rompecabezas de la histeria

El trastorno “neurótico” más frecuente en tiempo de Freud era la histeria. Sólo las mujeres podían padecer histeria puesto que sólo ellas tienen útero.

En el siglo XIX, la medicina, incluidas la psiquiatría y la neurología, estaba empezando a asentarse sobre unas bases científicas, a medida que empezaban a vincularse las enfermedades a las patologías subyacentes. Sin embargo, aún eran muchos los síntomas y signos de enfermedades que no podían relacionarse con ninguna patología orgánica. Algunos de los casos que se diagnosticaron como histeria eran producto de enfermedades aún no identificadas por la medicina del siglo XIX:

  • Epilepsia focal: sólo determinadas regiones del cerebro se ven afectadas por los ataques, lo cual da lugar a patologías pasajeras del control perceptivo y motor que son precisamente el tipo de síntomas que se asocian a la “histeria”.
  • (^) Neurosífilis: una persona enferma de sífilis presenta algunos síntomas inmediatos en los genitales, pero, si no recibe el tratamiento adecuado, la espiroqueta permanecerá en el cuerpo en estado latente y es posible que, años después, ataque al cerebro y al SN produciendo trastornos psicológicos graves.

Los médicos del siglo XIX empezaron a clasificar la histeria como una enfermedad física de origen desconocido. Antes de la llegada de la medicina científica, la histeria se había considerado como una deficiencia moral, bien por una debilidad de la voluntad o por una posesión de espíritus malignos. En 1896, Freud presenta un trabajo en el que expresaba por primera vez su idea de que la histeria tenía una etiología psicológica; concretamente, sexual.

La etiología física de la histeria prescribía tratamientos físicos a menudo extremadamente “heroicos”, como la “electroterapia” y la “faradización”. Parte del atractivo del psicoanálisis residía en que ofrecía una alternativa a las terapias médicas.

3.4. (^) Charcot y Freud

Charcot incidió un cambio importante en la concepción de la histeria y Freud importó sus ideas a Viena tras estudiar con él entre 1885 y 1886. Aunque Charcot creía que había un factor hereditario y orgánico en la histeria, también afirmaba la importancia de una causa psicológica (“Columna de ferrocarril” o “enfermedad de Erichsen”) “Son consecuencia de la conmoción psíquica (…) no se manifiestan inmediatamente después del accidente” (Charcot).

La formulación de Charcot amplía por primera vez el diagnóstico de la histeria a los varones.

Planteó una nueva dimensión de la histeria al considerarla como trastorno construido históricamente. Charcot creía que la histeria era una enfermedad unitaria con una única patología subyacente, consistente en la conmoción traumática de un SN hereditariamente débil.

Charcot creía que el trance hipnótico era un genuino estado alterado de la conciencia, fundamentado en los cambios que la inducción del trance produce en el SN. Esta concepción quedaría finalmente descartada por la escuela de hipnosis de Nancy, que consideraba el hipnotismo simplemente como una intensa susceptibilidad a la sugestión. Los síntomas de la histeria eran lo que los médicos aseguraban que eran en sus manuales diagnósticos y lo que las pacientes esperaban que fueran una vez que habían aceptado el diagnóstico de histeria. Ni

y la psicopatología, aún presente en el Proyecto, a la denominada “psicología pura” del psicoanálisis.

Ese mismo año comenzó el rechazo a Breuer por parte de Freud.

2.6. El error de la teoría de la seducción y la creación del psicoanálisis

La sexualidad infantil era a la que Freud atribuía la raíz de las neurosis. Afirmar la existencia de sentimientos sexuales en la infancia era esencial en la estrategia psicoanalítica para explicar la conducta humana. Sin impulsos sexuales infantiles no habría complejo de Edipo, cuya feliz o desdichada resolución era determinante de la posterior normalidad o neurosis. Desempeñaba también una función esencial en la idea misma de la psicología profunda. Freud localizaba las causas de la neurosis y de la felicidad íntegramente en la mente de sus pacientes. La causa última de los problemas de sus pacientes no se encontraba en su situación personal, sino en los sentimientos que habían experimentado durante la infancia. La terapia consistía en adaptar la vida interior de los pacientes, no en cambiar las circunstancias en que vivían. La buena salud de los pacientes dependía de que resolvieran las dificultades que habían experimentado a la edad de 5 años.

El abandono por parte de Freud de su teoría de la seducción sobre la histeria eran las seducciones sexuales sufridas durante la infancia y su sustitución por el complejo de Edipo. Freud afirmó haberse dado cuenta de que esas historias no eran ciertas. En realidad, las seducciones no habían tenido lugar, pero reflejaban la phantasie (fantasías mentales que tienen lugar de forma inconsciente; mientras que con el término Fantasie aludía al tipo corriente de fantasía o imaginación consciente. Por eso, cuando Freud afirmaba que los niños tenían Phantasien sexuales con sus progenitores durante la fase edípica, quería decir que no experimentaban nunca de forma consciente tales deseos o pensamientos). De tener relaciones sexuales con el progenitor del sexo opuesto.

“Conservar la teoría de la seducción significaría abandonar el complejo de Edipo y con él toda la importancia de las fantasías, conscientes o inconscientes. De hecho, creo que después ya no habría psicoanálisis”.

3.6. El curioso episodio del error de la teoría de la seducción

La histeria es consecuencia de un shock sexual presexual. Posteriormente, ese shock se transforma en un auto-reproche oculto en el inconsciente que sólo actúa en forma de recuerdos.

Freud aseguraba que había un único suceso traumático en el fondo de la histeria: la seducción de hijos e hijas sexualmente inocentes por parte de sus padres.

En 1897 le confesó a Fliess que tal vez la teoría de la seducción no fuese más que un cuento de hadas y la sustituyó por la teoría del complejo de Edipo. Las historias de seducción relatadas por sus pacientes no eran ciertas, ya que en realidad no habían sido seducidas. Propuso 4 razones para abandonar la teoría de la seducción:

  1. Fracaso terapéutico: “la decepción tras mis esfuerzos por llevar un único análisis a una verdadera conclusión; la huida de mis pacientes con quienes antes sí funcionaba el tratamiento, la ausencia del éxito completo que esperaba”. Freud creía que sólo una teoría verdadera de la mente podría curar las psicopatologías y estaba dispuesto a abandonar la teoría de la seducción porque no curaba a sus pacientes.
  1. Este tipo de abusos no proliferaba entre la población. La histeria era un trastorno común. Si los abusos sexuales a menores era su única causa, debería deducirse que este tipo de abusos proliferaba entre la población, algo que Freud consideraba muy poco probable. Freud conocía casos de niños y niñas que habían sufrido estos abusos y no habían derivado en histeria.
  2. (^) El inconsciente simplemente toma las fantasías (Phantasien) sexuales de la infancia por hechos reales y hace que los pacientes los narren a sus terapeutas como si se tratara de seducciones que realmente hubieran tenido lugar.
  3. Tales historias no aparecen en un estado de delirio, con todas las defensas mentales destruidas. En la demencia, las defensas represivas contra los deseos y recuerdos desagradables desaparecen. Si la seducción infantil fuese habitual, los pacientes psicóticos, que no tienen miedo a esos recuerdos, los revelarían.

Decidió abandonar la resolución completa de la neurosis y el conocimiento cierto de su etiología en la infancia.

El autoanálisis de Freud desempeñó un papel fundamental en la historia del psicoanálisis. Freud pone al tanto a Fliess del descubrimiento de su propia sexualidad infantil. “En su propio caso”, Freud había descubierto “estar enamorado de mi madre y celoso de mi padre, y ahora considero que éste es un suceso universal de la infancia temprana”.

Freud consideraba ahora las historias de seducción de sus pacientes como fantasías edípicas de la infancia evocadas falsamente como recuerdos. Esta solución le permitió conservar la idea que tanto apreciaba de que las neurosis son consecuencia del despertar inconsciente de sucesos infantiles. Esos acontecimientos eran seducciones sexuales sufridas durante la infancia.

3.7. Lo que ocurrió en realidad

O bien Freud indujo a sus pacientes a contar aquellas historias de seducción infantil, o bien se las atribuyó y mintió luego acerca de todo el episodio de la seducción.

Los seductores no son nunca los progenitores. Habitualmente son otros niños, en algunas ocasiones adultos tales como tutores o institutrices y en otras, un pariente adulto no especificado, pero nunca uno de los progenitores. O Freud falseó los datos que describió a sus colegas psiquiatras o no había ninguna historia de fantasías edípicas.

Los críticos de Freud han demostrado que Freud creyó en el origen sexual de los trastornos neuróticos y, como ya hemos visto, también en la teoría traumática de la histeria de Charcot. El error de la seducción fue el fruto de combinar estas creencias con las técnicas terapéuticas agresivas de Freud. En sus primeros casos Freud se mostraba extremadamente directivo e interpretativo, apabullando a los pacientes con interpretaciones sexuales de su estada y agotándoles hasta que terminaban por aceptar la interpretación que el psicoanalista hacía de su conducta.

Freud disfrutaba obligando a sus pacientes a aceptar lo que él consideraba la verdad, e interpretaba cada resistencia como un indicio de que estaba acercándose cada vez más a un gran secreto. Los pacientes de Freud se inventaban las historias

incompetentes manos de Fliess. Pero pasado un tiempo, Freud volvió a la interpretación psicológica de las hemorragias de Emma. Freud escribió que se debían a “sus deseos”. La causa de sus padecimientos estaba en la mente, no en la nariz.

Un caso más revelador es el “Fragmento de un análisis de un caso de histeria”. Trata sobre el caso de Dora (Ida Bauer). El padre de Dora la llevó a la consulta para que recibiera tratamiento. Dora sufría síntomas que Freud consideraba neuróticos (dificultades respiratorias y tos). La verdadera razón que animó al padre de Dora a someter a su hija a terapia era conseguir que aceptara las relaciones que él tenía con la señora K. Los K eran amigos íntimos de los Bauer y las 2 familias se veían con frecuencia e iban juntas de vacaciones. La madre de Dora sufría la denominada “psicosis del ama de casa”, caracterizada por la obsesión por la limpieza y el orden, y hacía mucho tiempo que había dejado de tener relaciones sexuales con su esposo. Dora rechazaba las insinuaciones del señor K. El señor K había intentado violarla 2 veces, la primera cuando tenía 13 años.

La reacción de Freud fue que ya era histérica. De acuerdo con Freud, en vez de las sensaciones genitales que tendría que haber experimentado una joven psicológicamente sana en esas circunstancias, a Dora le embargó un “sentimiento desagradable” de repugnancia.

Freud atribuyó su fracaso terapéutico a una transferencia no analizada. Dora habría transferido sus deseos sexuales por el señor K – a quien Freud estaba seguro de que la joven deseaba en secreto – al propio Freud, pero él no se había dado cuenta de ello en aquel momento. Freud no mencionaba nada de la posible contra-transferencia hacia Dora, una atractiva adolescente, por parte de un hombre de mediana edad que ya no se acostaba con su mujer.

En el caso de Dora, vemos a Freud atribuyendo toda la responsabilidad de la histeria a la paciente. Dora tendría que haberse excitado sexualmente con las atenciones del señor K; la repugnancia que sentía era un síntoma de su histeria, no la causa de su rechazo del atractivo señor K. La psicología profunda atribuyó al inconsciente la soberanía absoluta sobre el estado de salud y de enfermedad mental, haciendo de los pacientes los únicos responsables de su salud.

4. El psicoanálisis se hace público

A partir de 1900, Freud publicó los libros y documentos que rápidamente hicieron del psicoanálisis un movimiento internacional mucho más influyente que la psicología científica.

5. El psicoanálisis clásico: 1900-

2.7. La obra fundacional: “La interpretación de los sueños” (1900)

Los sueños no son una serie de experiencias sin sentido, sino que constituyen “la vía regia hacia el inconsciente”, son un indicio de los más recónditos recovecos de la personalidad. La idea de que los sueños tenían sentido no era nueva, pero no se acomodaba a la opinión académica aceptada de la época. La mayoría de los pensadores concedían poca importancia a los sueños, ya que los consideraban sólo confusas versiones nocturnas de los procesos mentales presentes en estado de vigilia. Freud consideraba a los sueños como afirmaciones simbólicas de una realidad inalcanzable de la experiencia durante la vigilia.

Todos llevamos en nuestro interior deseos reprimidos que intentan constantemente lograr el acceso al control de la conducta. Cuando estamos despiertos, nuestro Ego o Yo consciente reprime tales deseos; pero cuando dormimos, la conciencia enmudece y la represión se debilita. SI nuestros deseos reprimidos consiguieran escapar completamente a la represión, nos despertaríamos y recuperaríamos el control. Los sueños son un compromiso que nos permite dormir, ya que son expresiones alucinatorias y disfrazadas de las ideas reprimidas.

Freud afirmaba que todos los sueños son realizaciones de deseos, es decir, una expresión disfrazada de deseos inconscientes. Si podemos descifrar un sueño, habremos recuperado parte del material reprimido que nos conduce a la neurosis. Los sueños y la histeria tienen el mismo origen, porque ambos son representaciones simbólicas de deseos reprimidos y ambos pueden entenderse descubriendo sus fuentes. No se puede establecer una línea divisoria nítida entre la vida mental neurótica y la normal porque todas las personas reprimen deseos que les resultan desagradables.

La teoría de los sueños de Freud proporcionó un modelo general de la mente como un sistema de diversas capas en el que el inconsciente da forma al pensamiento y a la conducta de acuerdo con un peculiar conjunto de reglas. Sentó las bases de la función desenmascaradora del psicoanálisis que tan importante iba a ser para su empleo hermenéutico (reglas). Los sueños y por extensión los síntomas neuróticos, los lapsus linguae y toda la conducta civilizada, nunca son lo que parecen porque están motivados por deseos agresivos y sexuales. En manos de los críticos literarios, el psicoanálisis podía utilizarse para defender que las obras de arte no son nunca lo que parecen, que expresan y al mismo tiempo ocultan las necesidades y conflictos más profundos de público y artistas.

2.8. La teoría clásica de la motivación: “Tres ensayos sobre la teoría sexual” (1905)

No las hizo públicas hasta 1905, en un grupo de 3 breves conferencias que se publicaron con el título “Tres ensayos sobre la teoría sexual”. Se observa que la concepción de la motivación humana de Freud era muy limitada. Aseguraba que los seres humanos no tenían motivos que no compartieran con los animales: sexo, hambre, sed y defensa propia. Posteriormente añadió la agresión.

En su primer ensayo, Freud sostiene 2 tesis sobre las aberraciones sexuales:

  1. (^) Hay algo innato en las perversiones. Lo que la sociedad denomina perverso es sólo el desarrollo de uno de los componentes del instinto sexual, una actividad centrada en una zona erógena distinta a los genitales.
  2. Todas las neurosis tienen una base sexual y surgen de la incapacidad del paciente para manejar algún aspecto de su sexualidad.

En el segundo ensayo, Freud exponía por fin al mundo sus ideas sobre la sexualidad infantil y el concepto de Edipo.

En el último ensayo, Freud pasaba a ocuparse de la sexualidad adulta, que comienza en la pubertad. En una persona psicológicamente sana, el deseo sexual se dirigirá a una persona del sexo opuesto teniendo como meta la relación genital y reproductora. A través de los besos y las caricias del juego preparatorio amoroso, los instintos de la sexualidad infantil sirven ahora a los impulsos genitales que generan la excitación necesaria para el coito. En las personas perversas, el placer asociado a algún instinto infantil es tan intenso que sustituye a la actividad genital. Las personas neuróticas se ven desbordadas por las exigencias sexuales adultas y concierten sus necesidades sexuales en síntomas. Criar niños psicológicamente sanos, sin neurosis ni perversión,

Freud en “Lo inconsciente”, ofrecía 2 argumentos principales para postular la existencia del inconsciente:

  1. “Prueba incontrovertible”: afirmación de Freud del éxito terapéutico del psicoanálisis. Una terapia funcionaba si se basaba en una teoría verdadera de la mente.
  2. Se basaba en la cuestión filosófica de las otras mentes planteada por Descartes. Igual que inferimos la presencia de la mente en las demás personas, deberíamos hacer lo mismo con lo que respecta a nuestra propia mente.

Freud pasó a distinguir varios significados del término. Un uso descriptivo sobre el cual coincidían Freud y los psicólogos de la conciencia, que hace referencia a que no siempre somos plenamente conscientes de las causas de nuestra conducta. Y la concepción topográfica, un espacio mental inconsciente donde residen las ideas y los deseos cuando no están presentes en la conciencia. En la descripción de la mente que hacía Freud, todas las percepciones y pensamientos se registran inicialmente en el inconsciente, donde se comprueba si son o no aceptables para la conciencia. Los pensamientos y percepciones que pasan esa censura pueden llegar a ser conscientes, mientras que a los que no la pasan no se les permite acceder a la conciencia. Pero pasar la prueba de la censura no lleva directamente a la conciencia, sólo permite que la idea en cuestión “pueda convertirse en consciente”. Las ideas así disponibles para la conciencia residen en el preconsciente, que para Freud no se diferenciaba significativamente de la conciencia. Más importante era el destino de las ideas o deseos que no superaban el examen del censor mental. Estas ideas y deseos suelen ser muy intensos y están constantemente procurando manifestarse. Deben ser obligados a permanecer en el inconsciente dinámico producido por la represión, que consiste en el acto de impedir activa y enérgicamente el acceso a la conciencia de los pensamientos inaceptables.

6. Revisión y ampliación del psicoanálisis: 1920-

2.10. Ampliaciones: nuevas teorías sobre la motivación y la personalidad

La represión era un acto continuo de negación del acceso a la conciencia de los deseos sexuales inaceptables, quedaba pendiente de resolver el problema de explicar el origen de la energía mental utilizada para llevar a cabo esa represión de la libido. Freud propuso la existencia de 2 grupos de “instintos primarios”: “los instintos de conservación del Yo y los instintos sexuales”. Los instintos del Yo utilizan su energía para defenderse de los deseos impulsados por los instintos sexuales y cuyos resultados contemporizadores eran los pensamientos conscientes y la conducta.

En 1920 escribió “Más allá del principio del placer” donde propuso que “el objetivo de toda vida es la muerte”.

El argumento de Freud se basa en su concepción de los instintos como impulsos y de la motivación de la conducta en la reducción de los impulsos. Los instintos insatisfechos dan origen a estados de excitación que el organismo intenta reducir mediante una conducta que los satisfaga. La satisfacción es sólo temporal y, tras un periodo de tiempo, el instinto debe satisfacerse de nuevo, lo cual genera un proceso cíclico de excitación y satisfacción que Freud denominó compulsión repetitiva. El ciclo de la compulsión repetitiva se interrumpe con la muerte, momento en que el objetivo de la vida, reducir la tensión, se alcanza de forma permanente. Reside en nosotros, concluyó Freud, un impulso hacia la muerte (Thánatos) que convive con los impulsos hacia la vida (Eros). Eros y Tánatos se reprimen mutuamente. Tánatos aporta la energía con la que el Yo, a instancias del moralizador Superyó, reprime los deseos sexuales; Eros

aporta la energía necesaria para reprimir el instinto de muerte e impedir que cumpla de inmediato su deseo letal.

Postular el deseo de muerte ofrecía una solución al problema de la agresión. Según la primera teoría de Freud, los actos agresivos se producían a causa de la frustración del Yo o de las necesidades sexuales. De acuerdo con la nueva teoría, la agresividad era un impulso autónomo. Al igual que los instintos sexuales pueden ser reorientados y apartados de su objetivo biológico propio, el instinto de muerte también puede ser desviado. Existen 2 concepciones sobre la agresión:

  1. La primera concepción se pone de manifiesto en la hipótesis de que la frustración conduce a la agresión de la teoría del aprendizaje social.
  2. La segunda, como parte necesaria de la naturaleza, ha sido resucitada por los etólogos, que insistieron en el valor adaptativos del impulso agresivo, aunque no lo consideran un impulso suicida.

Freud había desarrollado los usos descriptivo, topográfico y dinámico del inconsciente. Pero en su tratamiento del inconsciente estaba implícito un significado estructural adicional que Freud elaboró hasta dar lugar a una nueva concepción de la personalidad como un conjunto de estructuras que interactúan entre sí. El inconsciente no era simplemente un lugar (uso topográfico) que contiene pensamientos fácilmente accesibles (preconsciente) y pensamientos reprimidos (inconsciente dinámico). Se trataba también de un sistema mental distinto de la conciencia que sigue sus propios principios de fantasía. En contraste con la conciencia, no rige él la lógica, es emocionalmente inestable, vive tanto en el pasado como en el presente y no tiene ningún contacto con la realidad exterior.

La concepción sistemática o estructural del inconsciente fue ganando importancia para Freud. El modelo topográfico de la mente como conjunto de espacios (consciente, preconsciente e inconsciente) fue sustituido por un modelo estructural:

  1. (^) Id o Ello innato, irracional y orientado hacia la satisfacción, coincidía con la antigua concepción del inconsciente.
  2. Ego o Yo aprendido, racional y orientado a la realidad, coincide con el consciente más preconsciente.
  3. Superego o Superyó irracional y moralista (censura) compuesto de imperativos morales.

2.11. Ampliaciones: respuestas de Freud a la cuestión moral de la Ilustración

“La ciencia sustituirá a la religión, o la religión es tan fundamental en la vida social humana que nunca desaparecerá”. Adoptó posiciones que combinaban las formas más extremas de innatismo. Afirmó que la religión es una ilusión opresiva, a la vez que la civilización es el enemigo de la felicidad humana.

En “El porvenir de una ilusión”, Freud tomó partido por la primera línea de pensamiento, al defender que la religión es una ilusión, un intento colectivo de realización de deseos. La religión no se basa más que en nuestros sentimientos de indefensión y en el consiguiente deseo de ser protegidos por un padre todopoderoso que se convierte en Dios. Era una ilusión peligrosa, porque sus enseñanzas dogmáticas atrofian el intelecto y mantienen a la humanidad en un estado infantil. Es algo que la humanidad debe superar desarrollando recursos científicos. Quienes en secreto dudan de la religión son personas que han superado estas creencias, pero aún no lo saben. En “El malestar de una cultura” escribió que “el sentimiento de culpabilidad constituye el

exclusivo. El éxito exclusivo es esencial para el argumento de la concordancia, ya que, si otros sistemas terapéuticos funcionaran al menos igual de bien, no habría razón alguna para preferir la complejidad del psicoanálisis frente a otras teorías más sencillas.

Tanto el informe del Hombre de las Ratas (morbosos temores y fantasías sobre ratas) como el del Hombre de los Lobos (repetidos sueños de lobos trepando árboles), se caracterizan por contener numerosas distorsiones de la verdad y ninguno de los 2 pacientes parece haberse curado.

Algunos partidarios del psicoanálisis afirman que el psicoanálisis no es en absoluto una ciencia, sino un medio de interpretación. Esta versión hermenéutica sostiene que su actividad se asemeja más a la crítica literaria que a la ciencia. El objetivo de la terapia es llegar a una interpretación con la cual estén de acuerdo los pacientes y que pueda constituir la base de una vida más plena.

2.13. El psicoanálisis después de Freud

Los disidentes rechazaban el énfasis de Freud sobre la sexualidad. Alfred Adler subrayó los sentimientos de inferioridad y la “voluntad de poder” compensatoria. Carl Gustav Jung fue su heredero, pero las ideas de Jung diferían notablemente de las de Freud, ya que eran más favorables a los intereses religiosos y morales. Para Jung, Freud era excesivamente materialista, olvidando sus anhelos espirituales.

El psicoanálisis continuó dividiéndose en multitud de sectas enfrentadas, aunque se observan 2 tendencias generales:

  1. (^) Desarrollo de versiones del psicoanálisis que restaban poder a los instintos y se concentraban más en la importancia del Yo o Ego. Freud había considerado que el desarrollo psicológico se producía debido al impulso sexual, a través de una serie de fases determinadas genéticamente. Los psicoanalistas del Yo proponen que la clave del desarrollo de la personalidad reside en diferenciar el Yo del no-Yo. Las personas psicológicamente sanas pasan de un estado de dependencia de los demás a una autosuficiencia madura (narcisismo sano). La patología se produce cuando el Yo y el mundo no se diferencian adecuadamente.
  2. Proliferación de sistemas de análisis. El psicoanálisis compartía tensiones importantes con la psicología experimental. Freud insistía en que el psicoanálisis es una ciencia natural, pero su práctica se asemejaba más a la interpretación literaria que a la investigación científica. La “psicología analítica” rival propuesta por Jung adoptó abiertamente ese enfoque interpretativo de la mente, ya que Jung buscaba patrones universales de simbolismo en la historia y las culturas. Freud creyó que podía pasar de experiencias particulares y únicas a generalizaciones científicas sobre la naturaleza humana válidas para todo tiempo y lugar.