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resumen tema 8-12, Resúmenes de Derecho

Asignatura: derecho, Profesor: , Carrera: Administración y Dirección de Empresas, Universidad: UCM

Tipo: Resúmenes

2015/2016

Subido el 26/10/2016

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TEMA 8
LAS BASES DE LA CIVILIZACIÓN LATINA
1. IMAGEN DE ROMA: MÉTODOS Y CRITERIOS DE ACERCAMIENTO AL MUNDO CLÁSICO LATINO.
Se producen dos reacciones distintas:
reconocemos Roma como pasado, idealizado unas veces, denostado otras, pero siempre ajeno a nosotros y lejano
o reconocemos Roma en nuestra civilización, en los elementos que provienen de ella y que son parte de una tradición que se
gestó en Roma y de la que somos continuadores.
Así pues, Roma forma parte a la vez de nuestro pasado y de nuestro presente.
1.. Transmisión de la cultura latina hasta el Renacimiento.
El Mundo Antiguo ha llegado hasta nosotros a través de restos arqueológicos o históricos y escritos. En la mayoría de los casos, la
cantidad conservada es muy reducida. Según el trabajo de H. Bardon (1952), sólo conservamos un 20% del total de la literatura latina.
Por tanto, nuestra idea de Roma se ha ido forjando sobre datos parciales.
La configuración histórica de Roma presenta diversas etapas:
En el Mundo Antiguo se empezó a crear conciencia de su propia identidad, hecho que influyó decisivamente en su evolución y
condicionó la imagen transmitida, ya que la primera selección partió de ella misma. Tenemos dos ejemplos:
La poca literatura latina primitiva conservada, se debe al esfuerzo de los autores de los siglos II y I a. C. Cicerón, trató de
recuperar los escritos del primer gran escritor romano en prosa, Catón.
En época imperial, algunos emperadores ejercieron represión sobre las obras contrarias al régimen, a su persona o a la
religión del estado, forzando su desaparición y alentando la literatura a favor del Imperio.
Durante la Antigüedad Tardía (s. II-VI d. C.), las bases de la civilización clásica siguen vigentes, pero su transmisión se vio muy
mermada:
Pérdida material de fuentes textuales y arqueológicas, bien por razones externas (caída del Imperio) o internas (cambio
soporte escrituario del papiro al pergamino).
Falta de conciencia histórica del pasado y de la necesidad de conservarlo.
Nuevas tradiciones que desplazaron a la cultura clásica. A partir del s. III d. C., el cristianismo conformó un nuevo
modelo cultural basado en los textos bíblicos y la doctrina de la iglesia, adaptando elementos clásicos.
En la Edad Media la actividad intelectual se concentra en los centros monásticos, que cuentan con dependencias para el estudio,
la copia de códices, bibliotecas y escuelas. Entre el 550 y el 750, se conservan multitud de escritos bíblicos, pero apenas clásicos.
Los palimpsestos, manuscritos cuyo texto original ha sido borrado para escribir encima otro, reflejan el desinterés por la lectura
de los autores clásicos.
El interés por el mundo clásico, se manifiesta en diversos movimientos intelectuales:
El resurgimiento latino en Irlanda e Inglaterra durante los s. VII y VIII d. C., movimiento que combina el interés por los textos
clásicos con la expansión del cristianismo y del que surgirán escritores como Aldhelm y Beda, bibliotecas como las de
Canterbury y York y se propagará por el continente con la creación de nuevos centros episcopales y monasterios.
El renacimiento carolingio, que arranca a finales del s. VIII y perdura hasta el s. X, naciendo un proyecto educativo que se
expandió a las escuelas monásticas y catedralicias. Se constituyeron bibliotecas y se promueve la creación literaria y también la
copia de clásicos. Se adopta una nueva escritura, la minúscula carolina, que facilita la lectura y que se impondrá en toda Europa.
Durante el s. X se produjo la decadencia de este empeño cultural y del interés por los clásicos, salvo excepciones como la abadía
de Monte Cassino, que conoce un gran florecimiento cultural en el s. XI. A partir del XII, tiene lugar un nuevo renacimiento con
el desplazamiento de la actividad intelectual a las escuelas seculares y catedrales, favoreciendo el acceso a la lectura a un público
más amplio e introduciendo en la educación autores como Virgilio, Horacio, Ovidio,..
En los s. XII y XIII, la escolástica desarrolla la relación entre filosofía y teología, dejando un papel secundario a la tradición
clásica pagana, válida como fuente de ejemplos, pero sin interés por si misma.
2.. La imagen de Roma del Renacimiento al Mundo Moderno.
El movimiento humanístico, que abarca desde el s. XIV hasta finales del XVI, provoca un cambio de actitud respecto al mundo
clásico grecolatino, pues lo concibe como un ideal clásico que impulsa la evolución cultural de la época moderna.
Se buscan autores y códices de obras antiguas que se editan y se dan a conocer; se intenta imitar la manera de escribir de Tácito,
Cicerón o Apuleyo frente al latín medieval de los ambientes académicos; se estudian a fondo Platón y Aristóteles, poco conocidos en
el Medievo, salvo a través de traducciones árabes. En el mismo Aristóteles y otros autores se encuentran los fundamentos para el
desarrollo de un empirismo epistemológico que impulsará la ciencia del Renacimiento.
Pero la actitud humanista de buscar en “lo clásico” un referente propio, provocó a la larga, dos concepciones enfrentadas:
Visión involutiva: adopta el modelo clásico como ideal de perfección, atendiendo exclusivamente a la recuperación del
patrimonio antiguo y considerando cualquier desviación como decadencia.
Visión evolutiva, la historia como proceso de cambio y progresión cultural, que desde el mundo clásico, evoluciona.
La propia lengua termina inmersa en la controversia, ya que el latín chocó con la expansión de las lenguas romances, que se imponen
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TEMA 8

LAS BASES DE LA CIVILIZACIÓN LATINA

1. IMAGEN DE ROMA: MÉTODOS Y CRITERIOS DE ACERCAMIENTO AL MUNDO CLÁSICO LATINO.

Se producen dos reacciones distintas:

• reconocemos Roma como pasado, idealizado unas veces, denostado otras, pero siempre ajeno a nosotros y lejano

• o reconocemos Roma en nuestra civilización, en los elementos que provienen de ella y que son parte de una tradición que se

gestó en Roma y de la que somos continuadores. Así pues, Roma forma parte a la vez de nuestro pasado y de nuestro presente.

1.. Transmisión de la cultura latina hasta el Renacimiento.

El Mundo Antiguo ha llegado hasta nosotros a través de restos arqueológicos o históricos y escritos. En la mayoría de los casos, la cantidad conservada es muy reducida. Según el trabajo de H. Bardon (1952), sólo conservamos un 20% del total de la literatura latina. Por tanto, nuestra idea de Roma se ha ido forjando sobre datos parciales.

La configuración histórica de Roma presenta diversas etapas:

• En el Mundo Antiguo se empezó a crear conciencia de su propia identidad, hecho que influyó decisivamente en su evolución y

condicionó la imagen transmitida, ya que la primera selección partió de ella misma. Tenemos dos ejemplos:

• La poca literatura latina primitiva conservada, se debe al esfuerzo de los autores de los siglos II y I a. C. Cicerón, trató de

recuperar los escritos del primer gran escritor romano en prosa, Catón.

• En época imperial, algunos emperadores ejercieron represión sobre las obras contrarias al régimen, a su persona o a la

religión del estado, forzando su desaparición y alentando la literatura a favor del Imperio.

• Durante la Antigüedad Tardía (s. II-VI d. C.), las bases de la civilización clásica siguen vigentes, pero su transmisión se vio muy

mermada:

• Pérdida material de fuentes textuales y arqueológicas, bien por razones externas (caída del Imperio) o internas (cambio

soporte escrituario del papiro al pergamino).

• Falta de conciencia histórica del pasado y de la necesidad de conservarlo.

• Nuevas tradiciones que desplazaron a la cultura clásica. A partir del s. III d. C., el cristianismo conformó un nuevo

modelo cultural basado en los textos bíblicos y la doctrina de la iglesia, adaptando elementos clásicos.

• En la Edad Media la actividad intelectual se concentra en los centros monásticos, que cuentan con dependencias para el estudio,

la copia de códices, bibliotecas y escuelas. Entre el 550 y el 750, se conservan multitud de escritos bíblicos, pero apenas clásicos. Los palimpsestos, manuscritos cuyo texto original ha sido borrado para escribir encima otro, reflejan el desinterés por la lectura de los autores clásicos.

El interés por el mundo clásico, se manifiesta en diversos movimientos intelectuales:

• El resurgimiento latino en Irlanda e Inglaterra durante los s. VII y VIII d. C., movimiento que combina el interés por los textos

clásicos con la expansión del cristianismo y del que surgirán escritores como Aldhelm y Beda, bibliotecas como las de Canterbury y York y se propagará por el continente con la creación de nuevos centros episcopales y monasterios.

• El renacimiento carolingio, que arranca a finales del s. VIII y perdura hasta el s. X, naciendo un proyecto educativo que se

expandió a las escuelas monásticas y catedralicias. Se constituyeron bibliotecas y se promueve la creación literaria y también la copia de clásicos. Se adopta una nueva escritura, la minúscula carolina, que facilita la lectura y que se impondrá en toda Europa.

• Durante el s. X se produjo la decadencia de este empeño cultural y del interés por los clásicos, salvo excepciones como la abadía

de Monte Cassino, que conoce un gran florecimiento cultural en el s. XI. A partir del XII, tiene lugar un nuevo renacimiento con el desplazamiento de la actividad intelectual a las escuelas seculares y catedrales, favoreciendo el acceso a la lectura a un público más amplio e introduciendo en la educación autores como Virgilio, Horacio, Ovidio,..

• En los s. XII y XIII, la escolástica desarrolla la relación entre filosofía y teología, dejando un papel secundario a la tradición

clásica pagana, válida como fuente de ejemplos, pero sin interés por si misma.

2.. La imagen de Roma del Renacimiento al Mundo Moderno.

El movimiento humanístico, que abarca desde el s. XIV hasta finales del XVI, provoca un cambio de actitud respecto al mundo clásico grecolatino, pues lo concibe como un ideal clásico que impulsa la evolución cultural de la época moderna.

Se buscan autores y códices de obras antiguas que se editan y se dan a conocer; se intenta imitar la manera de escribir de Tácito, Cicerón o Apuleyo frente al latín medieval de los ambientes académicos; se estudian a fondo Platón y Aristóteles, poco conocidos en el Medievo, salvo a través de traducciones árabes. En el mismo Aristóteles y otros autores se encuentran los fundamentos para el desarrollo de un empirismo epistemológico que impulsará la ciencia del Renacimiento.

Pero la actitud humanista de buscar en “lo clásico” un referente propio, provocó a la larga, dos concepciones enfrentadas:

• Visión involutiva: adopta el modelo clásico como ideal de perfección, atendiendo exclusivamente a la recuperación del

patrimonio antiguo y considerando cualquier desviación como decadencia.

• Visión evolutiva, la historia como proceso de cambio y progresión cultural, que desde el mundo clásico, evoluciona.

La propia lengua termina inmersa en la controversia, ya que el latín chocó con la expansión de las lenguas romances, que se imponen PAGE

como vehículo de comunicación en todos los niveles, excepto en los lenguajes técnicos, donde el latín tenía consolidada una terminología en muchos campos.

En los siglos XVII y XVIII, la concepción del mundo clásico como paradigma de referencia, deja paso a una actitud historicista, fruto de las corrientes racionalistas e ilustradas. La necesidad de autentificar los documentos antiguos a través de criterios objetivos, dará lugar al nacimiento de nuevas disciplinas, como la diplomacia y la paleografía.

El Romanticismo, acotado entre 1780 y 1830, pero que impregna realmente la primera mitad del XIX, vuelve a conceder a la historia gran interés como expresión del espíritu humano. Se desarrolló el sentido histórico y se inicia el rastreo de las fuentes. Su visión de Roma, de profunda influencia posterior, es la de una cultura influida por la griega hasta el punto de carecer de originalidad.

Por tanto, los presupuestos románticos, reducen el papel original de la Roma Clásica, depreciándola en relación a Grecia. Así pues, muchos estudios posteriores cifraron el interés de muchas obras latinas en su condición de instrumentos para la reconstrucción de piezas griegas perdidas.

Durante el s. XIX se asienta la conciencia del sentido histórico, algo fundamental para las ciencias de la Antigüedad, pero también la admisión de la distancia respecto del objeto estudiado. Según Ortega y Gasset:” El sentido histórico comienza cuando se sospecha que la vida humana en otros tiempos y pueblos es diferente de lo que es en nuestra edad y en nuestro ámbito cultural”.

El contrapunto del XIX es una visión científica de la Antigüedad, con el establecimiento de pautas objetivas y críticas y el desarrollo de diversas disciplinas (filología, crítica textual, arqueología,...) que progresan a lo largo del s. XX y que permiten una profunda revisión de la imagen del mundo antiguo:

• Primero, el conocimiento depurado de Roma, nos permite un acercamiento más profundo y crítico a la gran variedad y riqueza de

sus manifestaciones, desprendiéndose del idealismo que envolvía a su concepción como prototipo de perfección

• Segundo, la imagen de Roma como réplica de Grecia ha sido revisada. Es indudable el peso de la helenización en la cultura

romana, como por ejemplo en la literatura (adaptación de géneros literarios), el arte o el pensamiento. Roma asimila el modelo griego dentro de un nuevo contexto donde prima la adaptación sobre la copia o la emulación como voluntad de superar a sus modelos sin la cual no es posible entender la obra de Horacio, Virgilio, Salustio,...

La cultura latina, no es ni absolutamente original ni una mera copia, sino que ocupa una posición intermedia. Algunas investigaciones matizaron la dependencia de la creación griega, situando a Roma en el contexto helenístico : “El papel histórico de Roma no fue crear una civilización nueva, sino implantar y arraigar sólidamente en el mundo mediterráneo aquella civilización helenística que la había conquistado a ella misma” (Marrou).

1. EL PUEBLO ROMANO Y SU LENGUA

La lengua es uno de los elementos definitorios de la identidad del pueblo romano, a través de la cual conforma su cultura.

1.1.. Caracterización lingüística del latín.

Principales rasgos del latín:

• Es una lengua flexiva indoeuropea, cuyo origen es un dialecto occidental que se introdujo en la península itálica en el segundo

milenio a.C., evolucionando en la región del Lacio hasta configurar una lengua independiente, incorporando elementos del etrusco y de los dialectos itálicos.

• Se mantuvo como lengua viva durante más de un milenio: tras la primera etapa de oralidad, los testimonios escritos aparecen

desde los s. V-IV a.C. hasta comienzos de la Edad Media (principios s. VII d.C.), considerando a Isidoro de Sevilla el último gran escritor latino.

• Durante la Edad Media, el Renacimiento y hasta fines del s. XVIII se mantuvo como lengua de cultura, sufriendo una intensa

evolución en todos lo niveles. Distinguimos diversas etapas:

•..1 Latín preliterario (s. V-III a.C.)

•..2 Latín Literario, que se puede subdividir en:

• Latín Arcaico, principios s.III a. C. hasta el primer cuarto del s. I a. C.

• Latín Clásico, segundo cuarto del s. I a. C. hasta el 14 d. C., con la muerte de Augusto.

• Latín Postclásico, entre el 14 d. C. hasta finales del s. II d. C. y Latín tardío, comienzos del s. III d. C. hasta el fin de la

Antigüedad Tardía (finales del s. VI d. C.)

• Latín Medieval, desde el s. VII hasta los ss. XIII-XIV.

• Latín Renacentista, ss. XV-XVI, que siguió utilizándose en los siglos posteriores en ámbitos académicos, científicos y

filosóficos (neolatín).

• Desarrollo de variedades identificadas por el lugar de habla (diatópicas), estrato sociocultural (diástraticas). Se distingue una

lengua rural (sermo rusticus) y una lengua de la urbe (sermo urbanus), el latín vulgar (clases populares), el latín culto, el latín coloquial o las lenguas de grupo, como la jerga militar o el latín de los cristianos.

• Las relaciones entre el latín hablado y el escrito son difíciles de establecer, aunque determinadas influencias tanto en uno como

en otro, hablan de una osmosis constante.

2.2. La lengua como factor de identidad de los romanos. La implantación de la latinidad desde el punto de vista lingüístico, tiene tres componentes muy relacionados entre sí:

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en sus formas de vida y en la mentalidad romana que reconocía sus señas de identidad en los rasgos idealizados del origen de la ciudad. El ideal de vida campesino conformará un modelo ideológico y político muy presente en la literatura y la sociedad de fines de la República (Salustio) y será la base del programa de restauración de Octavio Augusto.

La ciudad de Roma experimentó un gran crecimiento de población: si en 294-293 a. C. tenía 260.000 habitantes, a la muerte de Augusto (14 d.C.) alcanza los 4,5 millones. Se produce tanto un incremento interno, como afluencia de extranjeros (esclavos o atraídos por el dinamismo comercial de la urbe). Roma demostró su capacidad para integrar emigración de diverso origen: itálicos, griegos, africanos (principios de la República), cuenca mediterránea, Hispania, Galia, (desarrollo de la conquista).

La cultura latina se consolida, asimilando los elementos importados que aportan dinamismo al clima cultural (cultura griega y cultos orientales). En la ciudad es posible el intercambio fomentándose la evolución, cosa difícil en el medio agrario, más conservador y tradicional.

La cultura latina es el resultado de la tensión entre dos elementos:

• Reforzamiento de unas señas de identidad tradicionales, basadas en el mundo rural.

• Asimilación de influencias foráneas que dinamizan la mentalidad tradicional.

El carácter populoso de la gran urbe, es retratado por escritores como Juvenal (ANTOLOGÍA, pasajes 295, 296, 297)

3.. La génesis de Roma como” ciuitas” romana

• Asentamientos primitivos en el Palatino y extensión a los montes vecinos

• Configuración de la ciudad en torno al Foro (VIII a. C.)

• Presencia etrusca, elementos protourbanos que conducen a la urbs y después a la ciuitas, centro estructurado del poder.

• Conciencia defensiva, aseguramiento de la supremacía gracias a sus estructuras organizadas y a un ejército disciplinado.

• Ciudad como núcleo de la vida romana:

• identificación de la organización política y administrativa (res publica) = ciuitas, espacio físico

• habitantes (populus romanus) = ciues (ciudadanos libres), implicación moral y política con la ciudad.

La ciudad se identifica con la organización del estado, expresión de la identidad romana, sagrada e intangible. Desde el s. VI a. C., se distinguen dos planos:

• Oppidum , espacio defensivo englobado dentro de la muralla. La construcción originaria, el muro serviano, data del s. VI a.C.

e incluía ya las siete colinas (Palatino, Aventino, Capitolio, Celio, Esquilino, Viminal y Quirinal). En el s. I d.C., resulta pequeño y las viviendas empiezan a esparcirse fuera de él.

• Urbs , delimitada por el pomerium, recinto donde se concentraba el poder político, judicial y religioso. Su trazado primitivo

incluía, el Foro, el Capitolio, el Palatino y las demás colinas, excepto el Aventino.

La urbs centralizaba los tres órganos esenciales de la ciudad:

• La Curia , al pie del Capitolio, sede del Senado romano. El primer edificio fue la Curia Hostilia (s. VII a. C.) destruida por un

incendio en 52 a. C., Julio César construye la Curia Iulia que perdurará todo el Imperio.

• El Comitium , asambleas del pueblo en época republicana, desplazado en el 145 a. C. al Foro y donde se instalaron también

actividades comerciales y recintos religiosos.

• El espacio sagrado, con santuarios o templa , dedicados a los augures. Los templos arcaicos siguen el modelo etrusco,

inspirado en el griego: contaba con una cámara (cella) con una estatua del dios, un pequeño altar y un frente de columnas.

• El Foro , plaza pública que concentra la actividad política y religiosa, donde se encuentran las tiendas (tabernae) y las basílicas

(imitación pórticos helenísticos) donde se celebraban fiestas asociadas a las divinidades, juegos fúnebres y combates de gladiadores.

• El Campo de Marte, centro de entrenamiento militar y atlético.

3.3. La proyección de la ciudad en el Imperio La ciudad es la herramienta más eficaz para el asentamiento en los nuevos territorios, promoviendo la urbanización de las zonas conquistadas.

Dentro del modelo de expansión romano, hay dos fuerzas:

• Centrífuga, proyectando los esquemas propios de Roma a los territorios conquistados: en la creación de las colonias se

implantan los tres órganos esenciales y paralelamente, se coloniza el territorio con la llegada de una comunidad de ciudadanos romanos, transplantados con su cultura, su idioma y sus instituciones, propulsores de la romanización.

• Centrípeta, Roma se afianza como el gran núcleo de población, recibiendo constante afluencia de extranjeros y concentrando

la creación cultural de la latinidad: allí acuden escritores, intelectuales y artistas, muchos venidos de los territorios conquistados.

La expansión de Roma culmina con la concesión de la ciudadanía romana a todos los ciudadanos libres del Imperio, decisión del emperador Caracalla en el 212 d. C., en un intento de reforzar la cohesión y evitar la disgregación de un territorio demasiado extenso.

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La crisis del s. III d. C. hizo que Diocleciano y Constantino abandonaran Roma como capital y fundaran Constantinopla el 11 de mayo de 330. Con la conversión al cristianismo y la división del Imperio a fines del s. IV d. C. por Teodosio, se inicia el declive progresivo de Roma.

4. LA EVOLUCIÓN INTELECTUAL Y LA HELENIZACIÓN DE ROMA

4.1. La mentalidad romana en época arcaica. La mentalidad romana arcaica se caracteriza por rasgos resaltados por la tradición latina posterior (República e Imperio):

• Comportamiento pragmático

• Voluntad de servicio a la comunidad

• Conservadurismo, rudeza y simplicidad

• Fuerte componente religioso

• Conciencia de frontera y sentimiento defensivo

Esta mentalidad está muy ligada a un saber práctico derivado de las tareas del campo, sin mucho margen para las actividades especulativas o teóricas.

El paso de la vida rural a la urbana, el desarrollo de la escritura y el contacto con otros pueblos, conducen a la creación de una vida intelectual dinámica.

Algunos de los elementos que se funden en la creación de Roma, son:

• Etruscos, fines del s. VII a. C., dotarán a los romanos de ciertos elementos:

• Organización social y política

• Regulación aspectos públicos y privados de la vida (Etrusca disciplina)

• Alfabeto etrusco (derivado del griego) como origen del latino

• Augurios basados en la observación de las entrañas de los animales

• Desarrollo de las artes, la arquitectura y la ingeniería

• Indirectamente, primeras influencias griegas.

• Sabinos, pueblo del nordeste de Roma, fue absorbido pero dejo ciertos influjos, como narraciones tradicionales de instituciones

religiosas. El desarrollo de la escritura (s. V-III a. C.) hará de ella una herramienta esencial para la expansión de la cultura latina, transformando la lengua campesina en una lengua de cultura:

• Textos antiguos mágico-religiosos y jurídicos, funciones pragmáticas de aseguramiento de la palabra

• Orígenes literatura latina (III a. C.), función estética y reflexiva del lenguaje; origen itálico con gran influencia griega. La poesía

épica más antigua son las epopeyas de Ennio y Nevio; la prosa aparece en el II a. C., con Catón.

• Traducción Livio Andronico de Homero, 240 a. C. que sustituye el hexámetro griego por un verso autóctono, el saturnio, y los

nombres de las divinidades se cambian con los de las itálicas.

4.2. La recepción de la cultura griega en Roma. La relación mundo griego-latino es un doble proceso:

• Presencia antigua de la civilización griega en la península itálica en diferentes planos:

• Magna Grecia (colonias griegas) de economía y cultura floreciente en el s. V a.C., decaen después y pasan a la órbita

romana.

• Influjo de la cultura griega sobre los etruscos y la Campania

• Afluencia de elementos griegos en la plebe romana (s. IV a.C.)

• Expansión romana por territorios de cultura helenística: Magna Grecia (s. III), Mediterráneo oriental, Macedonia, Grecia y

Pérgamo en el s. II a. C.

• En los siglos III al I a. C. se produce la helenización de Roma, pero la cultura griega que entra en contacto con Roma, no es la

clásica de las polis (ss. V-IV a. C.), sino la helenística (conquista de Alejandro 331-323 a. C. hasta la dominación romana 31 a. C.), siendo sus rasgos principales:

• Área de influencia muy extensa, con el desarrollo de monarquías en litigio (Seléucidas en Siria y Asia Menor; Lácidas en

Egipto, Atálidas en Pérgamo y Antigónidas en Macedonia)

• Se habla griego común (koine) que favorece la circulación de ciudadanos

• Gran actividad intelectual, recopilación del legado griego antiguo

• Mecenazgo de reyes y creación de centros culturales (museo de Alejandría y biblioteca de Pérgamo)

• Cultivo artes del lenguaje (gramática y retórica) y doctrinas filosóficas postaristotélicas (estoicismo, epicureísmo,

escepticismo,...)

En el s. III el mundo romano entra en el entorno de la civilización helenística, estrechándose la relación durante las Guerras Púnicas, pues las ciudades de la Magna Grecia fueron sus aliadas frente a los cartagineses. La presencia griega en la cultura romana, dio lugar a dos tendencias: PAGE

insistiendo en que la armonía del hombre con el mundo debe incidir en la relación con los demás hombres a través de la sociedad. La ética se vincula a la política en la etapa final de la República (ANTOLOGÍA pasaje 76). A pesar del gran influjo en época imperial, la pérdida de las libertades políticas, limitó la conformidad del hombre con la naturaleza a la esfera privada. Esa es la línea de Séneca, el perfeccionamiento interior del individuo, por encima del bien común (ANTOLOGÍA pasaje 243) El estoicismo se convertirá en el máximo exponente de la vida moral romana: Octavio Augusto lo incorpora a su ideal de restauración del espíritu nacional e influyó decisivamente en la política del s. I d.C.

5. LA IMAGEN DE ROMA ENTRE LOS ROMANOS: ENTRE LA TRADICIÓN Y EL CAMBIO.

La vida urbana fue una de las condiciones que propiciaron el desarrollo cultural de la civilización latina, convirtiendo a Roma en la manifestación máxima de su cultura. La necesidad de cobrar conciencia de su pasado y reforzar sus señas de identidad conduce a la exaltación de la ciudad como el núcleo de su memoria viva.

5.1. La concepción antigua del progreso y la decadencia de Roma La progresión de Roma en el tiempo tiene diversas formulaciones:

• El progreso de la humanidad: las edades del hombre.

Heredando antiguas doctrinas griegas recogidas por Hesíodo, la tradición latina cultiva una doctrina evolutiva que arranca en un tiempo primigenio, “La Edad de Oro”, donde se vivía una plácida existencia.

• Varrón (ANTOLOGÍA, pasaje 61): tras la etapa originaria, en la que el hombre lo recibe todo de la naturaleza, llega la vida

pastoril (2ª etapa) y después, el cultivo del campo (3ª etapa).

• Retorno a la Edad de Oro: exaltación del movimiento de restauración de Augusto. La Sibila de Cumas predijo que tras el

paso de diez edades, volvería la Edad de Oro .Virgilio, (ANTOLOGÍA, pasaje 98), anuncia que Roma se encuentra en la Edad de Apolo, la décima y última. Exaltación del mundo rústico frente al urbano (Virgilio y Horacio).

• El progreso de la historia en la filosofía helenística.

La concepción evolutiva de la civilización se desarrolla en algunas doctrinas filosóficas, como el epicureísmo, que explica como a partir de los átomos primigenios se han desarrollado las diversas instancias de la realidad (Lucrecio, ANTOLOGÍA, pasaje 39)

• Concepción organicista de la historia de Roma: Durante el Imperio la historiografía oficial se centra en la propia Roma, cuya

evolución marca la pauta de la historia universal. Lucio Floro en el s. II d. C.(ANTOLOGÍA, pasaje 330) lo interpreta como:

• Niñez: monarquía antigua

• Madurez: Augusto

• Vejez: doscientos años de Imperio (decadencia)

• Trajano: resurgimiento

Augusto marcará la pauta de la ideología imperial: el futuro de Roma se basa en la recuperación de la esencia de su pasado. Propercio en sus Elegías (ANTOLOGÍA, pasaje 159), exalta ante un forastero la ciudad de Roma, recuperando su memoria histórica y legendaria.

A pesar de esta idealización de la grandeza de Roma, también nos han llegado otros puntos de vista que se acercan a la realidad histórica de la ciudad. Plauto en el s. III a.C. (ANTOLOGÍA, pasaje 15) retrata los diversos tipos humanos que se mueven por la bulliciosa urbe, permitiéndose críticas al poder; mientras Ovidio describe los lugares propicios para el amor (ANTOLOGÍA, pasaje

  1. y Juvenal satiriza la época de los Antoninos (ANTOLOGÍA, pasajes 296, 297, 299)

5.2. La evolución ideológica de Roma de la República al Imperio. En la segunda mitad del s. I a. C. (finales de la República y comienzos de la época augústea) la convulsión social y política hace reflexionar a muchos sobre la decadencia de Roma y triunfa la idea del pasado esplendoroso, basado en la tradición, degradada tras la pujanza económica tras las guerras púnicas. La decadencia no es atribuible a motivos exteriores sino a la quiebra de la mentalidad tradicional, vencida por la desidia (inertia) y la ociosidad (otium). (Salutio y Tito Livio ANTOLOGÍA, pasajes 89;185)

Octavio Augusto inicia la regeneración nacional sobre la base de la vuelta a la moral tradicional:

• Muchos escritores se involucran en el ideal augústeo (Virgilio, Horacio) y en época se potencia la literatura que ensalza al

régimen, cayendo a veces en la adulación (Veleyo Patérculo y el emperador Tiberio ANTOLOGÍA, pasaje 229)

• Otros se ven obligados a secundar a los emperadores para no ser víctimas de la censura, destierro o asesinato: Ovidio

(ANTOLOGÍA pasajes 178-179), Séneca (incitado al suicidio por Nerón), Tácito, que señala la destrucción de la libertad a causa del silencio de los escritores (ANTOLOGÍA pasajes 305,308).

5.3. La ciudad como espacio monumental. La concentración del poder político, judicial y religioso en una zona delimitada de la urbs, influyó decisivamente en la fisonomía de Roma.

En la época republicana: la población se expande por los valles y la actividad pública se concentra en dos espacios, el Campo de Marte (entrenamiento militar y atlético) y el Foro (instituciones cívicas). Se construyen acueductos (s. VII a. C.) y casas de pisos (ss. III-II a. C.). Durante el s. I a.C. el crecimiento de la ciudad trajo consigo grandes proyectos urbanísticos como el de Julio César: ensanchar la ciudad y cambiar el curso del río, pero la oposición de las divinidades hizo que abandonara el proyecto.

La construcción de Foros es quizás el mejor exponente de la monumentalidad:

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• Julio César, creación de un nuevo Foro, un recinto rectangular, inspirado en el ágora de la ciudad griega, rodeado de pórticos

por tres lados y en el cuarto, un templo dedicado a Venus (madre de Eneas y patrona de la gens Iulia). La estirpe Julia legitima así su poder

• Augusto, sucesor de César, quiso construir otro Foro, prolongándolo hacia el norte, para honrar a Marte, padre de Rómulo

además de llenar la plaza de estatuas de los grandes hombres, desde Eneas hasta los reyes Albanos, como ideal de concordia entre los romanos.

• Foro de Nerva, en época imperial, iniciado por Vespasiano y Dominiciano, con un templo dedicado a Minerva.

• Foro de Trajano, de gran extensión y que reunía varias funciones urbanas: centro comercial, judicial e intelectual. Destacaban

el arco de entrada, una gran plaza rectangular rodeada por dos hemiciclos, donde se reunían los intelectuales, y en los dos lados cortos del rectángulo la Basilica Ulpia y las bibliotecas.

• Tras el incendio de 64. d. C., Nerón trató de cambiar la fisonomía de la ciudad, abriendo grandes avenidas, pero la opinión

pública se opuso. Consiguió limitar la altura de las casas particulares y el uso de ciertos combustibles.

• El Circo Máximo, fue el lugar de distracción más famoso y la tradición lo hacía remontar a los tiempos del rey Tarquinio

Prisco (s. VI a. C.). Se amplió durante la República y Julio César y Trajano lo reconstruyeron.

• Circo Flaminio (221 a. C.)

• Circo de Nerón (40 d. C.)

• Circo de Majencio, el mejor conservado (309 d. C.)

• Coliseo (anfiteatro Flavio) iniciado por Vespasiano y terminado por Tito y Dominiciano (80 d. C.) Albergó combates de

gladiadores, espectáculos de fieras salvajes, naumaquias y posiblemente, martirios de cristianos. Sobre su magnificencia , escribe Marcial (ANTOLOGÍA, pasaje 277)

Plinio el Viejo, en el s. I d. C., deja constancia de la monumentalidad de Roma (ANTOLOGÍA pasaje 285)

TEMA 9

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA

1. INTRODUCCIÓN: LAS FUENTES PARA EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE ROMA. LOS TEXTOS CLÁSICOS Y

LA CIENCIA HISTÓRICA MODERNA.

Nos basamos en dos fuentes:

• textos historiográficos de autores romanos o griegos que hablan sobre períodos de la historia de Roma y,

• estudios científicos, de arqueología y de historia, de la ciencia moderna.

La historiografía antigua no era considerada una ciencia, sino un género literario, porque los autores antiguos no seguían un método científico y muchas veces los datos deben analizarse desde el punto de vista literario. Los autores antiguos conjugan el mito, la leyenda y la realidad.

No obstante, los textos antiguos son uno de los pilares fundamentales para estudiar la evolución histórica del pueblo romano y para comprender el porqué de esta evolución. En ocasiones, los estudios históricos y arqueológicos han refrendado los datos de los autores antiguos.

Los testimonios históricos se remontan al s. III a.C., cuando el pueblo romano comienza a ser consciente de su entidad como potencia y cuando los griegos les dirigen su mirada.

La historiografía griega estaba ya asentada; sin embargo, la romana era incipiente. Los primeros en escribir historia, lo hicieron en una forma literaria rígida que narraba los acontecimientos año a año (analistas) redactaron sus obras en lengua griega. Se discute si utilizaban la lengua griega por estar ésta muy elaborada, o si su intención era el de dirigir sus obras a una élite romana, impregnada del modelo cultural y literario griego, o si iban dirigidas a los griegos. La historiografía romana fue casi siempre escrita por y para la aristocracia. En los historiadores romanos subsistió el afán de educar con la propia historia a los futuros responsables del Estado, ver la historia como magistra uitae (maestra de la vida), para imitar los buenos ejemplos del pasado y corregir sus errores.

El primero en escribir su obra histórica en latín, Los orígenes , fue Catón (234- 149 a.C.), y en presentar la conquista romana como una gesta colectiva, obra de un pueblo más que de individuos, enfrentándose con ello a la historiografía helenística, de carácter predominantemente individualista. A partir del s. I a.C. comienzan a aparecer otros autores. El primero de ellos fue Salustio, que escribió dos monografías, una sobre una de las conjuraciones más importantes de esta época (la de Catilina), y otra sobre la guerra contra el caudillo africano Yugurta. A él se le sumó en importancia Tito Livio, que escribe una historia de Roma desde su fundación ( Ab urbe condita ). A él le debemos la mayor parte de nuestro conocimiento acerca de los primeros tiempos.

Otros autores antiguos, griegos o latinos, como Polibio, Plutarco, César, Tácito…, transmitieron datos históricos que nos facilitan la labor de investigación sobre la evolución histórica de Roma y sobre su declive. No es la mera información sobre los

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una incipiente expansión y al segundo se le atribuye un período de paz en el que se fomentaron los valores económicos y de infraestructura de la ciudad, como la construcción del primer puente sobre el Tíber y también su primer puerto.

2.2.. La monarquía etrusca

A mediados del s.VI a.C. llegan los etruscos. Se asientan en Italia, en la actual Toscana. Su economía y su estado de desarrollo estaban muy avanzados. Sus técnicas de explotación de la tierra, el descubrimiento de minas de hierro y cobre en la costa y su relación económica y cultural con Grecia lo convirtieron en uno de los pueblos dominantes de Italia en el aspecto económico.

La civilización y la cultura etruscas van filtrándose en el Lacio hasta el punto de que el etrusco Tarquinio Prisco es elegido rey tras Anco Marcio. Comienza aquí la segunda etapa de la monarquía romana denominada "etrusca". Los romanos asimilan elementos de su cultura que se funden con la propia y hace surgir un nuevo pueblo romano enriquecido cultural, social y económicamente.

La economía, la forma de vida, pasa de ser agraria y ganadera a una economía urbana que potencia la artesanía y el comercio. Crecerán sus relaciones con otros pueblos, fomentándose la riqueza y el desarrollo urbanístico de la ciudad que traslada definitivamente la vida pública al Foro. Se planifican calles, se realizan importantes obras públicas, como el pavimentado y la canalización subterránea de aguas ( Cloaca Maxima ), o la construcción de edificios públicos y templos.

También la sociedad y el ejército cambiaron. Se atribuye al primer Tarquinio la reforma del ejército, fortalecido al duplicarse el número de reclutas, y la del senado, que también aumentó en número al incluir a los patres minorum gentium que apoyaban a este monarca. A Servio Tulio se debe la reorganización de la sociedad ciudadana según distritos territoriales ( tribus ), que sustituyen a las familias, la organización del ejército que sustituye el combate cuerpo a cuerpo por el enfrentamiento de grandes unidades divididas por armamentos. La reforma de Servio enfrenta el concepto gens (familia) con el nuevo ciues (ciudadano): nace la ciudad-estado.

El último rey de Roma fue Tarquinio el Soberbio. Con él concluyó la etapa de la monarquía y llegó la crisis que finalizó con el establecimiento de la República. La tradición reserva a este rey el papel de tirano palaciego y le atribuye una leyenda que enfrenta los antiguos valores romanos con el florecimiento de la economía y su producto, las clases aristocráticas. Se trata de la leyenda de Lucrecia (ANTOLOGÍA, nº 186).

3. LA ÉPOCA REPUBLICANA

El sistema monárquico fue sustituido por dos magistraturas, que después se llamaron consulados, que se renovaban anualmente. La transición se caracteriza por dos factores:

**- el declive del predominio del pueblo etrusco en toda Italia

  • la progresiva concentración del poder en la clase aristocrática (los patricios) que controlan política y economía.**

El descenso de las relaciones comerciales de Roma dio lugar a una grave crisis económica. La economía vuelve a centrarse en el cultivo de la tierra y en la ganadería, por lo que la posesión de tierras se convierte en el objetivo primordial de la aristocracia dominante que instaura una política de conquista y expansión por Italia. Los nuevos territorios conquistados son adjudicados a los patricios para su explotación.

La vida rural se potencia, e incluso se idealiza, como una de las formas de vida más honradas y aconsejables para el ciudadano. Se potencia la figura del antiguo y auténtico hombre romano, como hombre de bien que se afana en las tareas del campo. (ANTOLOGÍA, nº 30 y nº 102).

Los plebeyos que se habían dedicado a la industria y el comercio se ven obligados a trabajar en los campos de la aristocracia, muchas veces en condiciones laborales ínfimas. Este desequilibrio social dió lugar al enfrentamiento político y social entre las dos clases principales que entonces existían: los patricios y los plebeyos.

1.. La conquista de Italia

La política expansionista promovida por el patriciado lleva a una serie de enfrentamientos con los pueblos vecinos. Roma se enfrentó en distintas ocasiones a los pueblos latinos colindantes que se habían unido en una liga, la Liga Latina, hasta que en el 493 a.C. llegan a firmar una alianza según la cual la Liga se comprometía a prestar ayuda militar a Roma frente a otros pueblos del entorno. Esta alianza afianzó la hegemonía de Roma entre las ciudades del Lacio y sirvió de punto de partida para el siguiente paso de su expansión por Italia: la guerra contra el pueblo etrusco. Esta guerra fue larga pero finalmente Roma triunfó sobre la ciudad de Veyes y se apoderó de sus tierras.

A finales del s. V a.C., las tribus célticas comenzaron a abrirse paso hacia Roma. El ejército romano fue derrotado dejando abiertas las puertas de Roma; los galos saquearon la ciudad e incendiaron casas y templos. Sólo unos pocos ciudadanos consiguieron refugiarse en el Capitolio y lograron llegar a un acuerdo para que los galos abandonasen la ciudad. (ANTOLOGÍA, nº 188)

Roma se ve abocada a socorrer a la región de Campania que estaba siendo amenazada por los pueblos sabélicos. Se obtuvo como resultado la ampliación de la conquista a toda la costa latina.

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Entre 343 y 295 a.C. hubo tres guerras contra los samnitas. Samniun que era paso obligado para la expansión hacia la zona meridional de Italia. Los samnitas aceptaron finalmente, en 304, firmar un pacto según el cual aceptaban convertirse en aliados ( socii ) de Roma, la cual, continúa su expansión hacia el sur enfrentándose a las ciudades griegas que estaban allí establecidas.

Este nuevo conflicto bélico comenzó en Tarento, cuyos habitantes pidieron ayuda al rey del Epiro, Pirro. Tras sucesivas batallas, Pirro logró llegar hasta Preneste, muy cerca de Roma, pero el ejército romano consiguió que se retirase a Campania, desde donde intentó negociar un acuerdo de paz que Roma no admitió. Durante este tiempo Roma se había recuperado y había firmado una alianza con Cartago. Pirro fue finalmente derrotado en Benevento (275 a.C.) y abandonó Italia al año siguiente dejando a Roma la hegemonía de toda la zona.

2.. Roma y Cartago: el dominio del Mediterráneo

Hacia el 260 a.C. la totalidad de Italia formaba una federación bajo la dirección de Roma. Vuelve a florecer el comercio propiciado por la expansión y el contacto entre distintos pueblos ya no sólo por tierra sino también por vía marítima. Roma se consolidaba como potencia en el Mediterráneo.

Roma se encuentra entonces con un potente rival en la zona mediterránea: Cartago. Entre Roma y Cartago hubo tres guerras conocidas como “Guerras Púnicas” (264-241; 218-201; 151- 148).

El conflicto comienza cuando Roma decide ayudar a los habitantes de Mesina (Sicilia) frente al ataque de Cartago. Cartago contaba con una flota de barcos muy superior, por lo que Roma decidió avanzar por tierra. Hasta el 250 las victorias fueron para Cartago, hasta que el Senado decide construir una nueva lota que consigue vencer a Cartago.

En el período entre la primera y la segunda guerra púnica Roma continúa con su política expansionista conquistando la Galia Cisalpina y entablando una guerra contra los ilirios que amenazan a los aliados griegos del Adriático.

Asdrúbal continuó la política de su antecesor y fundó Carthago Nova (Cartagena) en la costa de Levante. Los romanos firmaron con ellos un pacto, llamado Tratado del Ebro, según el cual los cartagineses no podían atravesar este río, dividiéndose así las áreas de influencia. En el año 219 a.C. Aníbal, sucesor de Asdrúbal, viola el tratado cuando atraviesa el Ebro y ocupa Sagunto (ANTOLOGÍA, nº 190). Los romanos exigen la restitución de la ciudad, pero los cartagineses comienzan a avanzar hacia Italia. Era el inicio de la segunda guerra púnica. Hubo dos escenarios bélicos en esta guerra. Por una parte Aníbal invadía Italia y obtenía numerosas victorias, aunque nunca llegó a entrar en Roma; y por otra, los romanos, al mando de Escipión, luchaban en el sur de la península Ibérica donde llegaron a tomar Carthago Nova (209 a.C.), que decantó el conflicto a favor de los romanos.

Cartago intentó sublevarse 50 años después pero la revuelta fue sometida a tiempo y la ciudad de Cartago fue definitivamente destruida.

La historiografía moderna atribuye la victoria romana a la gran distancia entre las tropas de Aníbal que luchaban en Italia y tenían su base en la península; los romanos luchaban en su propia tierra y por defenderla y no como mercenarios, como los cartagineses. Roma se convierte en primera potencia del Mediterráneo. Pero este último conflicto dará lugar a una severa crisis económica y social. La guerra y una fuerte crisis en el sector agrario debilitan la economía de Roma. También se resiente la organización social por la pérdida de hombres.

La última fase de la expansión romana en la época de la República se centró en el Mediterráneo oriental, sobre todo a causa de las tensiones políticas con las monarquías helenísticas: los antigónidas de Macedonia, los seleúcidas de Siria y los lágidas de Egipto.

Ante el temor de una posible invasión de Italia, Roma declaró la guerra a Macedonia. Tras la victoria liberó a las ciudades griegas, a las que concedería la independencia al año siguiente. Después declaró la guerra a Siria a quien también venció. Macedonia volvió a sublevarse y volvió a ser derrotada. Fue dividida en cuatro repúblicas independientes y se anexionó como provincia en 146 a.C.

Las ciudades romanas no tenían un sometimiento absoluto a Roma. En primer lugar les concedía la independencia y esta independencia estaría asegurada si se mantenían a perpetuidad bajo la tutela de Roma. (ANTOLOGÍA, nº 195). Es decir, intervenían también factores políticos y económicos.

Egipto mantuvo su independencia durante más tiempo gracias a sus buenas relaciones con Roma, hasta que Cleopatra VII y Marco Antonio se enfrentaron a Roma en el año 31 a.C.

Las causas de la expansión de Roma son complejas, hay móviles económicos, políticos y sociales. En un principio la supervivencia de la ciudad y su crecimiento económico: los territorios conquistados traerían beneficios claros. También la necesidad de hombres para nutrir el ejército y de mano de obra para cultivar las tierras. Se produjo un desplazamiento demográfico hacia las ciudades, especialmente hacia Roma. Esta mano de obra se suplió con los contingentes de prisioneros de guerra que se convertían en esclavos y que eran quienes trabajaban los campos.

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4. EL IMPERIO

2.3.. La transición al imperio: la figura de Augusto (27 a.C. – 14 d.C.)

Tras la muerte de César, Antonio, su lugarteniente, intentó continuar su política. Tenía el apoyo del pueblo y del ejército, pero apareció en escena de Octavio. Un año antes de su muerte, César había adoptado a su sobrino Octavio con el que pretendía iniciar una campaña militar en Oriente. Octavio vuelve a Roma cuando se entera del asesinato de César. Se inicia pues un segundo Triunvirato entre Octavio, Antonio y Lépido, jefe de caballería de César, para restablecer el orden en Roma.

Una vez restablecido en cierta manera el orden, comenzó la carrera de los triunviros por la obtención del poder absoluto. En primer lugar se dividieron todo el mundo conquistado. A Lépido le correspondió África, a Antonio el Oriente y a Octavio todo el Occidente. Desde Roma, Octavio comenzó a fomentar hostilidades contra la política de Antonio en Oriente, haciéndose ver él mismo como el protector de Roma frente a Antonio que desatendía los intereses del Imperio y se aliaba con el enemigo. El enfrentamiento culminó en el año 31 a.C. con la batalla de Accio en la que fueron derrotados Antonio y su esposa Cleopatra (ANTOLOGÍA, nº 117). Octavio regresa vencedor a Roma, y una vez allí comienza a urdir la estrategia que lo convertiría en amo del mundo. Octavio rechaza a su vuelta todos los poderes y títulos que le ofrecían, a excepción del de Augustus (del que procede el nombre por el que es conocido), porque sabía que el pueblo romano no aceptaría una monarquía. Su estrategia política y su éxito consistieron en mantener siempre la estructura y las formas republicanas. Pero acepta dos poderes que sí podían enmarcarse dentro del sistema republicano: el poder tribunicio (que le da derecho a convocar comicios y proponer leyes y, aunque vitalicio, se renueva anualmente) y el imperium (que es tanto consular como proconsular, es decir, que le otorga el poder sobre Italia y las provincias). Las instituciones típicamente republicanas (asambleas populares, magistraturas y senado) seguían funcionando, pero indirectamente todas dependían de Augusto.

Durante la época de Augusto el orden y la paz quedan restablecidos; Augusto consigue realizar, apoyándose en las antiguas formas de la República, toda una renovación militar, administrativa y financiera del Imperio que le dio estabilidad durante casi el medio siglo de su mandato. Pero dejó sin resolver un problema básico: el de la sucesión. El que Augusto se hubiera convertido en un emperador de facto , aunque en apariencia todos sus poderes le fueran concedidos y renovados por el Senado, se contradecía con el hecho de la sucesión. Augusto, consciente de esta situación, dejó sin resolver el problema a su muerte en 14 d.C.

2.4.. El Alto Imperio

La historiografía moderna suele dividir la época imperial de Roma en dos períodos: el Alto y el Bajo Imperio. El Alto Imperio abarca desde la muerte de Augusto (14 d.C.) hasta el año de la muerte de Alejandro Severo (235 d.C.). Durante este período fueron cuatro las dinastías que ostentaron el poder en Roma:

**- La dinastía julio-claudia (14-68)

  • La dinastía flavia (69-96)
  • Los Antoninos (96-192)
  • Los Severos (192-235)**

El problema de la sucesión subsistió siempre, aunque a lo largo de estos doscientos años fueron cambiando los criterios. La dinastía julio-claudia mantuvo el criterio hereditario debido al prestigio que la figura de Augusto concediera a sus descendientes. Esto dio lugar a asesinatos dentro de la propia familia para la obtención del poder. Los flavios adoptaron el sistema de herencia en línea directa asociando al poder al correspondiente sucesor en vida del emperador. Esta tendencia se confirma con los Antoninos cuyo régimen sucesorio consiste en la adopción y entrega del Imperio a la persona designada por el emperador, que se ocupará de elegir al más digno para desempeñar la tarea. Los Severos, por fin, continuaron con el criterio hereditario compaginándolo con el indispensable apoyo del ejército. El Imperio se convierte en una especie de monarquía militar en la que desaparece ya por completo la necesidad de una proclamación del Senado.

Tres factores fundamentales caracterizan esta época altoimperial:

**- el aumento progresivo y constante de la concentración de poder en la figura del emperador,

  • la creación de nuevas instituciones burocráticas que van restando poco a poco las competencias a las antiguas** **instituciones republicanas, como el Senado y las magistraturas, aunque éstas no dejen de existir
  • el proceso de integración y romanización de las provincias que trae consigo el desbancamiento de la posición hegemónica** de Italia dentro del Imperio.

A la muerte de Augusto, le sucede su yerno Tiberio (14 – 37) que era un convencido de las ideas republicanas, no fue un buen continuador de la política de Augusto. Decepcionado por la política, Tiberio se retiró a Capri y dejó al frente de Roma a Sejano, su prefecto pretoriano, que sembró el terror en Roma y fue finalmente asesinado por orden de Tiberio.

En el periodo julio-claudio aparecen revueltas en territorios poco romanizados que se sofocan con facilidad. El comercio se incrementa con Oriente, y la cultura oriental influye en la vida romana, como la religión o la filosofía. En el 68, se produce una revolución en el ejército cuya consecuencia es la imposición de tres emperadores en Roma: los generales Glaba, Otón y Vitelio. Finalmente, fue otro general, Vespasiano, el que hizo concluir el año de revueltas, gracias al apoyo de sus tropas, y marcó el inicio de otra dinastía de emperadores, la de los Flavios.

Vespasiano se gana rápidamente a la burguesía. Introduce cambios en la administración y en el Senado, permitiendo la entrada a miembros de todo el Imperio. Persigue a los estoicos por considerarlos sospechosos de restablecer la República y llega a expulsarlos de Roma, aún con la oposición del Senado.

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Adoptó el criterio hereditario para la sucesión y, así, transmitió el poder a sus hijos. Primero a Tito, que murió sólo dos años más tarde, y después a Domiciano. A lo largo de la historia, se ha visto a este emperados como a un tirano déspota y asesino, en parte gracias a la Vida que sobre él escribió Suetonio. Pero la historiografía moderna ha querido rehabilitar su figura política como buen administrador a favor de la integración de todas las provincias en el Imperio.

Tras la muerte de Domiciano (96) a manos de unos conjurados, la línea sucesoria quedó rota y por primera vez en mucho tiempo fue el Senado el que proclamó al nuevo emperador. Nerva (96-98) era un senador respetado, bajo cuyo mandato el Senado quiso creer que recuperaría el poder y la autoridad que le había sido negada desde tiempos de Augusto. Pero Nerva, ya anciano, se concentró en el problema de la sucesión. Nerva adoptó a Trajano, un militar hispano que parecía reunir todas las condiciones: gozaba de prestigio, procedía de una provincia y había tenido al mando legiones en Germania. Con él comenzó en el 96 la dinastía de los Antoninos, que rigieron el imperio hasta 192. Un período que se ha llamado “edad de oro” del Imperio, caracterizado por la consolidación de la cultura romana, del comercio y de la industria, que se difundieron por todo el Mediterráneo.

Trajano (98-117) continuó la línea política de Nerva. Mantuvo las apariencias formales frente al Senado, aunque en realidad, el poder e Trajano era absoluto. Conjugó con eficacia el respeto por la tradicional libertas republicana con la realidad de un gobierno absoluto. Se enfrentó con habilidad la crisis financiera del Imperio sin recurrir al aumento de la presión fiscal y desarrolló una política exterior de conquista en el Bajo Danubio y en la frontera oriental.

Poco antes de su muerte, Trajano adoptó a Adriano, que era legado en Siria. Adriano destacó como profundo renovador de la organización administrativa y judicial del Imperio y se esforzó en mantener la paz en las fronteras sin iniciar ninguna nueva campaña. Fue un hombre dedicado a la literatura y la filosofía. Atraído por la cultura y la ciencia griegas, bajo su mandato se produjo un auge del helenismo que se extendió, sobre todo, entre las clases cultas.

Adriano (117-138), que no tenía hijos, asoció en el poder antes de su muerte, como lo hiciera Trajano, a Arrio Antonino (del que toma su nombre esta dinastía) y a su vez hizo que éste adoptara a Marco Aurelio, sobrino de Antonino.

El gobierno de estos dos emperadores (138 a 161 y 161 a 180) estuvo marcado por el equilibrio y la paz. Cómodo, hijo de Marco Aurelio y prototipo de tirano cruel, desarrolló un gobierno presidido por las conjuras, las intrigas y las influencias cortesanas que no fue sino un coadyuvante más de la crisis que ya hacía años estaba alimentándose y que estalló definitivamente en el s. III con la dinastía de los Severos.

La muerte de Cómodo a manos de unos conjurados desencadenó en Roma cuatro años de guerra civil a los que puso fin un legado de Panonia superior, de origen africano, llamado Septimio Severo. Severo entró con sus legiones en Roma en Junio de 193 y fue reconocido como emperador por el Senado. Bajo los Severos (193-235) el papel del ejército en la historia de Roma fue fundamental. Por una parte, era el apoyo del emperador y por otra, las invasiones eran cada vez más importantes y se necesitaba un gran ejército para contenerlas. El periodo de paz y equilibrio había mermado la experiencia del ejército que, formado ahora completamente por profesionales, se había convertido en una clase social sin cuyo apoyo el gobierno era imposible.

3.. El Bajo Imperio

Desde la muerte del último de los Severos (Alejandro Severo) en el 235 hasta la llegada al poder de Diocleciano (284), el Imperio romano se vió sumido en una de las crisis más profundas de su historia. En el interior del Imperio el ejército sigue ejerciendo el control e imponiendo emperadores que no consiguen dar la estabilidad necesaria al gobierno mientras la crisis socioeconómica se agudiza. En el exterior se suceden guerras fronterizas contra diferentes pueblos bárbaros del norte y contra los persas en el Eúfrates. Durante este período, que es conocido con el nombre de “Anarquía militar”, llegan al poder hasta veinte emperadores diferentes designados al antojo del ejército. Este periodo se recupera un poco con la llegada al poder de emperadores ilirios, a los que sucederá Diocleciano que llevará a cabo una profunda reorganización.

Diocleciano inicia el camino que llevaría a la división del Imperio, implantando el sistema de la Tetrarquía. Los límites del Imperio cada vez eran más extensos y Diocleciano reconoció la imposibilidad de que una sola persona realizara una buena gestión de un territorio tan vasto y diverso. De esta manera concibió un sistema según el cual existirían dos Augustos (él mismo y Maximiano) acompañados cada uno de ellos por un César (Constancio y Galerio), un hombre más joven que sucedería al Augusto a su muerte. La unidad del Imperio no quedaría en peligro puesto que los cuatro emperadores formaban un colegio, presidido por Diocleciano, en nombre del cual se tomarían todas las decisiones. Aún así, cada uno de ellos estaba asignado a la defensa y administración de una región.

En el resto de los aspectos del gobierno también hubo reformas y en todas ellas se observa el factor común de la división y jerarquización de las instituciones. El ejército se dividió en dos tipos: los limitanei (defendían fronteras) y los comitatus (realizaban maniobras). También llegó la reforma a la administración provincial, que se multiplicaron al dividirse en 12 nuevas diócesis, aumentando así el número de gobernadores y de funcionarios.

En la economía, Diocleciano realiza tres reformas: la moneda (se reemplaza la existente, sin valor, por tres distintas: oro, plata y bronce); los precios (se prohíben las subidas abusivas); incorpora un nuevo impuesto que procuraría la unidad fiscal.

Tras la muerte de Diocleciano y de su sucesor Constancio, se abrió un nuevo período de inseguridades y revueltas, provocadas por aquéllos que se oponían a la tetrarquía. Fue Constantino, hijo de Constancio, el que obtuvo la victoria en el 323 y el que,

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A medida que fue produciéndose una diferencia de status económico entre las gentes (incluso dentro de la misma gens se desarrollaron diferencias entre familias), fueron naciendo dos clases sociales diferenciadas:

• una aristocracia gentilicia ( gentes maiores ), que cada vez se atribuía más privilegios políticos y sociales,

• una clase de gentes ( gentes minores ), que perdían sus prerrogativas políticas y sociales.

La leyenda atribuye también a Rómulo el origen de esta distinción entre patricios y plebeyos, ya que él habría elegido, de entre los patres familiarum, a

• cien ciudadanos que recibieron el título de patres , y que sus descendientes heredarían como patricios ( patricii ). De entre

ellos,

• los más ancianos ( senes ) fueron nombrados senadores ( senator ), condición también hereditaria. Más tarde se

aumentó el número de senadores, produciéndose una nueva distinción social: la nobleza senatorial de los antiguos, y los nuevos senadores ( patres conscripti ), más abajo en la pirámide política y social.

Con todos estos elementos, la organización política primitiva era la siguiente: El Rey : - jefe elegido por el pueblo

• funciones también religiosas

• vínculo entre él y la divinidad

El Senado : - formado por los patres familiarum más ancianos

• funciones, asesorar al rey en problemas de seguridad y de culto.

• investía al nuevo rey mediante la concesión de los auspicia.

Los Patricios : - heredaban su condición de los anteriores. Las Curias : - función militar y política.

• la comitia curi ata (asamblea) proclamaba la investidura del rey y confirmaba la elección de magistrados que

éste hacía.

1.. La monarquía etrusca: cambios sociales y evolución del sistema político.

La influencia del pueblo etrusco (desde mediados del s. VI hasta el 509 a.C.) cambió a Roma en cuanto a economía, cultura, sociedad y política, introduciendo la actividad comercial y artesana en una sociedad eminentemente agrícola y ganadera, y cambiando la estructura de la ciudad, con la construcción sobre todo de edificios públicos. Todo ello trajo consigo una tendencia a centrar la atención en el ciudadano de Roma, apareciendo nuevas clases urbanas de comerciantes y artesanos cuya riqueza no consistía en la posesión de tierras. También se produjo una cierta expansión territorial que conllevó un aumento de poder del ejército y que la figura del rey se apoyara más en el poder que en la sacralidad. En línea con esta tendencia, Tarquinio Prisco, primer rey etrusco, aumentó el número de senadores concediendo esta condición a personas que no pertenecían al patriciado tradicional (los patres minorum gentium ), con lo que se ganó su incondicionalidad, y la oposición de los patricios. A su sucesor, Servio Tulio, se atribuye la división de los ciudadanos romanos en cinco clases, según criterios económicos. Para ello se creó un census (censo, lista con el nombre y riqueza de cada ciudadano), que se actualizaba cada cinco años en una ceremonia religiosa ( suouetaurilia ). Estas clases se dividieron en centurias, por motivos militares, cada una de ellas especializada en un sector del ejército. Todas las clases proporcionaban soldados (caballeros o de infantería, según las posibilidades económicas de cada cual), excepto la más pobre, exenta.

Esta división dio lugar a una nueva asamblea popular ( comitia centuriata –comicios de las centurias-) que elegían magistrados y votaban leyes, aunque el voto no era individual y libre, sino que cada centuria tenía un solo voto que seguía criterios de jerarquía económica. El sistema político en la Roma arcaica se desarrolló en función del social. El sistema basado en las gentes fue relegándose y la importancia de la posesión de tierras cedió ante la nueva riqueza producida por el auge del comercio. La organización pasó de ser sanguínea a territorial, pues Servio dividió la zona urbana y las rurales en distritos (tribus) a los que se adscribían los ciudadanos. El esquema de clases sociales anterior basado en la distinción entre propietarios de tierras ( adsidui ) y los ciudadanos que no poseían ningún bien inmueble ( proletarii ) pasó a un sistema basado en la fortuna personal. Como clase más alta (y más rica) - supra classem - estaban los caballeros. Después seguían los propietarios, divididos en dos clases ( classis e infra classem ) y por último los proletarios. Sólo las dos primeras de ellas participaban en la asamblea política de las centurias.

2. EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA

1.2.. El conflicto patricio-plebeyo.

Tarquinio el Soberbio fue el último rey de Roma. A su muerte, el pueblo romano mostró una fuerte resistencia ante la imposición de un nuevo rey, pero la implantación de la República no fue inmediata, por lo que durante un tiempo hubo falta de un gobierno estable acompañado de la crisis del sistema económico, lo que originó la desaparición de los etruscos y se reflejó en Roma. Tradicionalmente se unen la caída de la monarquía con el nacimiento de la República en una fecha simbólica, el 509 a.C.

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A partir de entonces, el Senado creó dos magistraturas de renovación anual como máxima autoridad de la República: el consulado. El acceso a ellas era exclusivo de los patricios, lo que reforzó su posición convirtiéndola en una oligarquía que recuperó el terreno perdido en la época de la monarquía. Esto también fue posible gracias a que la crisis económica empobreció a los comerciantes plebeyos, mientras que benefició a los propietarios de las tierras. Pero el conflicto patricio-plebeyo, fenómeno sociopolítico clave en la formación de la República, y que duró desde la secessio del 494 hasta la implantación de la Lex Hortensia en el 287 a.C, era mucho más complejo que un conflicto entre ricos y pobres. El esquema de clases de la sociedad romana era cada vez más complejo y diverso. El antiguo sistema gentilicio basado en los lazos de sangre, convivía con el territorial. Los grupos cada vez eran menos homogéneos y se crearon escisiones dentro de las mismas clases. Por ejemplo a los patricios descendientes de los 100 patres se habían sumado las gentes minorum , de origen plebeyo. En el grupo plebeyo había una fuerte distinción entre los más ricos (comerciantes, por ejemplo), con reivindicaciones políticas, y los que no tenían recursos, cuyos intereses eran mejoras económicas. En el terreno jurídico, sólo los patricios tenían el privilegio de los auspicia , que consistían en el derecho a interpretar la voluntad de los dioses, mientras que los plebeyos estaban excluidos de estas funciones. Otro conflicto se producía entre clases rurales y urbanas. Los patricios se habían repartido el terreno público ( ager publicus ) para su disfrute, aunque siguiera perteneciendo al Estado. Los plebeyos exigían que se repartieran las tierras igualitariamente. Además la crisis agraria había endeudado a los plebeyos más pobres, que se convertían en esclavos del acreedor mientras no satisficieran su deuda. Otro factor importante en este conflicto era la crisis de la política exterior, que mantenía a Roma en constante litigio con las comunidades vecinas, lo que requería el mantenimiento del ejército. Los plebeyos con recursos, al ser requeridos para ayudar a este sostenimiento, trataban de ejercer presión a favor de sus intereses. Finalmente estalló la revolución en forma de secesión ( secessio ) y los plebeyos se retiraron al monte Aventino e intentaron, como medida de presión, crear allí un estado paralelo, condicionando su regreso a la concesión de sus reivindicaciones. Hubo cinco secesiones a lo largo de todo el conflicto tras cada una de las cuales los plebeyos iban consiguiendo objetivos y la aristocracia patricia perdiendo posiciones.

• primera secesión

La presión mayor la ejercieron los plebeyos que formaban parte del ejército ( classis ). Ante la amenaza de quedar sin infantería, el patriciado reconoció a la plebe como comunidad con representantes electos (tribunos de la plebe), que tenían dos funciones esenciales en la vida pública: el auxilium (defensa de los plebeyos en las causas jurídicas) y la intercessio (derecho a veto de las decisiones de la magistratura patricia). Tenían además cierto carácter religioso concedido espontáneamente por la plebe. La presión de estos tribunos consiguió que en 451 se confiara a una comisión de 10 patricios ( decemuiri ) la misión de establecer por escrito una ley que reuniera todo el derecho consuetudinario. El resultado fue la ley de “las doce tablas”, un avance en el reconocimiento de los derechos de la plebe. Aun así, hasta varios años después no se consiguió que los jefes del ejército ( tribuni militares ), que podían ser elegidos entre la plebe, ostentaran poderes consulares, y la posibilidad de matrimonios entre patricios y plebeyos. Seguían pendientes las reivindicaciones económicas. En el 376 dos tribunos de la plebe se enfrentaron durante diez años a los patricios para conseguir:

• un reparto más igualitario de las tierras del Estado ( ager publicus )

• la solución al problema de las deudas y su impago

• el acceso de los plebeyos al consulado.

reivindicaciones que se vieron materializadas, en parte, en la leyes Licinianas, que suavizaron el problema económico y consiguieron la aspiración de la plebe de acceder a la magistratura más alta, y culminaron el año 287 con la Ley Hortensia, que suponía la definitiva equiparación jurídica entre patricios y plebeyos.

2.. Las instituciones políticas.

Con la creación de este nuevo estado patricio-plebeyo, se complican en Roma los estamentos sociales, aunque el poder oligárquico siguen detentándolo unos pocos, ahora una nueva clase mixta llamada nobilitas (nobleza). El poder republicano está agrupado en tres instituciones políticas con distintas competencias: las magistraturas, el Senado y las asambleas populares.

A) Las magistraturas

No eran cargos retribuidos, por lo que el acceso real (que no jurídico) a ellos estaba reservado a personas con recursos económicos ( nobilitas ). Eran cargos electos, temporales y colegiados. En 180 a.C, la Lex Villia annalis estableció las funciones y condiciones de ascenso de una magistratura de menor responsabilidad a otra más alta. Los escalones de esta carrera política, de menor a mayor importancia, eran:

MAGISTRATURAS “INFERIORES”

• La Cuestura ( questura ) con obligación de administrar el tesoro público y proteger el archivo del Estado. La edad mínima

para acceder eran 28 años, y de los dos cuestores que fueron al principio, llegaron a ser hasta cuarenta.

• La Edilidad. Los ediles eran cuatro, dos patricios y dos plebeyos. Mantenían el orden en la ciudad, controlaban su

abastecimiento de víveres y organizaban los juegos públicos.

• El tribunado de la plebe , al mismo nivel que la edilidad, se componía de diez miembros. Fue aumentando en poder con el

tiempo, y tenían derecho a veto sobre las disposiciones de los magistrados y a convocar asambleas.

MAGISTRATURAS “SUPERIORES”

• La pretura , encargada de la administración de la justicia en Roma y los territorios conquistados.

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El aumento progresivo de comunidades conquistadas exigió nuevas leyes para regular sus relaciones con Roma. Uno de los problemas jurídicos básicos fue el de la concesión de la ciuitas (ciudadanía romana), pues los ciudadanos de Roma disfrutaban de una serie de derechos (a contraer matrimonio, a comprar y vender, a votar, etc) sólo por serlo. Finalmente se optó por conceder ciudadanía restringida a las provincias latinas en distintos niveles de gradación según crecía la heterogeneidad de las comunidades conquistadas. La política romana fue la de fundación de colonias de ciudadanos romanos, o una solución intermedia: la concesión del estatuto de municipium (la comunidad conservaba sus instituciones, pero con ciudadanía romana). El período de las guerras contra Cartago supuso también la anexión de nuevos territorios fuera de la península itálica, como Sicilia, cuyos habitantes recibieron un nuevo tipo de ciudadanía ( ciuitas libera ), o Hispania. La isla abasteció de trigo a Roma, la península, de plata, y se sometió a los vencidos a una indemnización económica. Pese a todo ello, la situación financiera de la República quedó muy afectada por las guerras. En el s. II a. C, Roma dirige su expansión al Mediterráneo oriental, asumiendo el papel de liberadora y tutora, pero conservando las ciudades conquistadas su independencia durante un tiempo.

1.4.. Transformaciones políticas y sociales.

Durante la expansión, los cambios políticos y sociales se debieron a la inadecuación de las instituciones republicanas para regir un Imperio, lo que concluyó con la sustitución del sistema republicano por el imperialista.

• Las instituciones: en el período de expansión se produjo un gran aumento del poder del Senado , auténtico director de la

política expansionista regida por intereses privados, dada la riqueza que generaban los nuevos territorios. Dentro de la clase senatorial, se establecieron diferencias entre un grupo reducido de familias que controlaban el poder, por lo que la actuación política estaba guiada por intereses familiares. Ante esta situación, parte del Senado trató de crear mecanismos de control interno. El más efectivo fue la Lex Villia annalis, que regulaba el acceso y la temporalidad de las magistraturas. Las asambleas perdieron poder convirtiéndose en instrumento de la voluntad del senado. Muchos de sus miembros se encontraban fuera de Roma, en el ejército. Y el proletariado urbano dependía de la clase senatorial por su relación de clientela.

• El gobierno de las provincias se convirtió en la meta política más ambicionada, ya que se ejercía un control ilimitado

sobre poblaciones enteras sin someterse a la autoridad senatorial y era una fuente inmensa de enriquecimiento. Las provincias eran gobernadas por un pretor (normalmente de clase senatorial), que escogía una serie de ayudantes ( legati ), y por un cuestor. Algunas provincias tenían carácter de aliadas ( foederatae ), pero la mayoría eran stipendiariae (debían satisfacer un impuesto anual a Roma). Los impuestos eran recaudados por los publicani , normalmente de clase ecuestre. Los súbditos de las provincias no podían defenderse de las injusticias de los gobernadores, y el control de Roma era ineficaz dadas las largas distancias. En el año 149 se creó un tribunal para resolver estas cuestiones, pero sus miembros pertenecían a la clase senatorial y solían favorecer los intereses comunes.

• Consecuencias de la expansión en Roma: El aumento de extensiones para el cultivo concentradas en grandes monopolios

produjo una crisis del pequeño propietario que acentuó las desigualdades sociales. La mayoría de éstos emigraron a Roma en busca de nuevos medios de subsistencia, lo que hizo crecer enormemente el proletariado urbano. En cuanto al proletariado campesino, dado que los prisioneros de guerra eran una fuente de mano de obra barata que los dejó sin trabajo, también emigraron a Roma. La ciudad, pese al auge económico, fue incapaz de cubrir toda la demanda.

4. LA TRANSICIÓN DEL SISTEMA REPUBLICANO AL IMPERIO

1.5.. El nuevo concepto de poder: cambios en la estructura sociopolítica.

Durante el último siglo de la República se hizo patente la necesidad de adecuación de las instituciones públicas a la nueva realidad del imperio, ya que la administración de los territorios conquistados necesitaba un sistema de control eficaz para su explotación apropiada y el mantenimiento de la paz. Se establece una lucha por el poder, pero no entre grupos políticos, sino entre individuos concretos, que demostraban su valía ( uirtus ) en las campañas militares. Los problemas de la expansión se agravan con el aumento de diferencias entre clases y el gran crecimiento tanto del proletariado urbano como de los esclavos, tanto rústicos como urbanos. Entre estos últimos existía una especie de élite instruida, al servicio de familias ricas, muchos de los cuales ejercían de profesores de lengua griega, ya que las clases altas se abrieron a la cultura helenista, que arraigó en la sociedad a distintos niveles, con doctrinas como el estoicismo, o modelos políticos como la monarquía. Este nuevo concepto se vio reforzado por la costumbre de conceder a los generales victoriosos el título de imperator que les daba derecho a celebrar su trimphus y ser aclamados por el pueblo. Así, el supuesto conflicto político que enfrentó al grupo de los optimates (la aristocracia) y al de los populares (que defendían los intereses del pueblo), en realidad camuflaba enfrentamientos personalistas. En esta situación el papel del ejército fue decisivo, por el aumento de su número de componentes y el apoyo a sus generales, gracias a lo cual los líderes políticos del último siglo de la República fueron jefes militares como Mario, Sila, César o Antonio. La tendencia a la personalización comenzó a tomar forma cuando empezaron a violarse los sistemas de control establecidos por la República, como la colegialidad y temporalidad de las magistraturas, o continuas transgresiones a la Lex Villia que culminaron, en la década de los 40 a. C, con la imposición por la fuerza de César como dictador en defensa de los intereses proletarios urbanos: realizó un reparto del ager publicus y concedió distribuciones gratuitas de trigo para los habitantes más pobres de Roma. El proceso de personalización del poder fue repetidamente obstaculizado por los defensores del sistema republicano, pero la necesidad de una eficaz administración del imperio lo hizo imparable.

5. EL IMPERIO: ORGANIZACIÓN Y EVOLUCIÓN

5.1.. Augusto: la organización sociopolítica del Estado.

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Pero el cómo conseguir un cambio de régimen político sin que diera lugar a más guerras civiles era una cuetión compleja. Entre los grupos de poder, unos defendían el sistema republicano y un sistema de características monárquicas, éste último problemático por la tradicional aversión del pueblo romano a la monarquía. Por otra parte, la imagen pública de Antonio estaba degradada, pues la sociedad lo veía como un monarca al estilo oriental. Augusto aprovechó esto para sentar las bases de un nuevo régimen político, cuidando que su poder personalista no afectara, al menos en la forma, a las instituciones democráticas y a la autoridad de la nobleza. Así, en el año 27 a.C., Augusto restituyó la República. Pero el Senado solicitó a Augusto la protección del Estado y le renovó sus poderes militares extraordinarios para la defensa de aquellas provincias cuya situación era todavía delicada. En el año 23 a.C., Augusto dejó el consulado que hasta entonces había renovado ininterrumpidamente. Pero el Senado le concedió las competencias de los tribunos de la plebe a título vitalicio y un imperium proconsular que suponía el control sobre las provincias y el ejército. Es decir, perdía los poderes consulares, pero seguía manteniendo el control militar y político. A partir de entonces el Senado se convirtió en una plataforma política para acceder a los puestos de confianza de Augusto. Su ámbito de actuación había quedado reducido a las cuestiones ciudadanas mientras que las necesidades del Imperio habían rebasado ya ese nivel. Augusto también tuvo en cuenta al estamento de los caballeros , dedicados principalmente a la actividad económica, y quiso asimilarlos a la tarea política, para lo que les asignó ciertas competencias, convirtiéndose con el tiempo en funcionarios que gestionaban los bienes públicos. A la vez, Augusto descargaba de autoridad a las magistraturas, que terminaron funcionando sólo como acceso al funcionariado imperial o al gobierno de las provincias. En definitiva, la gestión de los territorios conquistados conllevó la creación de un aparato administrativo, sobre el cual estaba siempre la autoridad del emperador. Esta administración se dividió en central y provincial. La administración de Roma, en la práctica, pasó a ser de los funcionarios que el emperador designaba, al mando de los cuales estaba el prefecto de la ciudad ( praefectus Vrbis ) que tenía a su mando a tres cohortes urbanae (ejército ciudadano). Augusto creó también un cuerpo militar de élite como su guardia personal ( guardia pretoriana ), al frente del cual estaba el prefecto del pretorio, uno de los cargos de mayor poder dentro del Imperio. Otros cargos que completaban las funciones administrativas:

• el cuerpo de uigiles (especie de policía ciudadana)

• la prefectura de la annona (para el aprovisionamiento de trigo)

• las curatellae (abastecimiento de agua, mantenimiento de vías públicas y edificios, etc.).

En cuanto a la administración de las provincias, fueron divididas dos tipos:

• las pacificadas y sin disturbios, a cargo del Senado

• las que encerraban peligros de rebelión, a cargo del emperador.

La administración financiera de ambas estaba en manos de los procuratores , del orden ecuestre. En algunos casos ellos se ocuparon también del gobierno de provincias de reciente conquista o las que a Augusto le interesaba gestionar sin la intervención de la clase senatorial. La necesidad de recursos para gestionar todo este aparato administrativo llevó a Augusto a acabar con el monopolio de los publican, quienes siguieron gestionando los impuestos indirectos, mientras que los directos pasaron a ser responsabilidad de los procuradores ecuestres. El ejército había aumentado mucho tras tantas guerras y Augusto quiso darle sentido promulgando la pax Augusta (paz en todo el Imperio), para cuya defensa se les necesitaba. En política social Augusto dedicó su atención principalmente a tres ámbitos:

.1 Los derechos de familia. Para subsanar el descenso de la natalidad promulgó leyes que concedían privilegios económicos

a los matrimonios con más de tres hijos y se castigó el divorcio y el estupro.

.2 Las manumisiones de esclavos. el problema de las manumisiones masivas fue la aparición desmedida de libertos y su

introducción en la sociedad. Mediante ley se les concedió un grado de ciudadanía intermedio.

.3 La asistencia social. Los repartos gratuitos de trigo aumentaron en cantidad pero disminuyeron en frecuencia, para

obligar a la plebe a buscar sustento. Pero para evitar la posibilidad de revueltas, se les ofreció la asistencia a los juegos a cargo del emperador (el famoso “pan y circo”).

4.. El Alto Imperio.

La base de la economía romana había seguido siendo la actividad agrícola, y su estabilidad fue la causa de que el orden social no sufriera grandes cambios. Pero a lo largo del Alto Imperio (entre Augusto y Marco Aurelio), lentos cambios determinaron la crisis del s.III. Durante este período (14 d.C. – 235), la sociedad estaba dividida en dos estratos: los honestiores (clases altas) y los humiliores (clases bajas).

Los estratos honestiores La pertenencia a ellos dependía de la condición económica, el prestigio y el poder. Existían tres ordines :

I. El orden senatorial:

El estamento más alto, constituido por una minoría selecta de 600 miembros de gran poder económico. En el reinado de Marco Aurelio el número de los senadores provinciales ya superaba al de los itálicos, pero seguían existiendo diferencias entre los miembros de la antigua nobilitas y los que accedieron al Senado procedentes de la aristocracia provincial o del orden ecuestre, los homines novi.

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