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Asignatura: Historia de la Edad Moderna, Profesor: Ana MARTINEZ RUS, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Ejercicios
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Igualmente se enfrentaron tanto a nobleza como a clero. La nobleza castellana se reguló mediante las leyes de Córdoba en 1492 que regulan el acceso a la hidalguía estableciendo límites; y las leyes de Toro de 1505 que prohibían enajenar los bienes patrimoniales, reforzando el mayorazgo. Así, aunque algunas casas señoriales son objeto de represalias regias, no se confiscan sus tierras. En la Corona de Aragón se dio cierta libertad a los payeses de remensa -campesinos vinculados a las tierras- a través de la Sentencia de Guadalupe de 1486. Al clero le plantaron frente de manera conjunta, y promovieron una reforma de la Iglesia secular y regular a través del Derecho de Patronato -o Patronato Regio o Real-, y al hacerse con los dominios de órdenes militares. Con respecto al tercer estado, hay que decir que los Reyes Católicos apoyaron las profesiones liberales y burguesía para el crecimiento y desarrollo de la burocracia, aunque marginaron a las minorías. Los judíos se expulsaron, con moriscos y morerías se plantearon la integración, veían a los gitanos como una amenaza, esclavizaron a los indígenas, etc.
El primer problema que les surgió fue, sin duda, el conflicto sucesorio, que se logró a través de una guerra civil y que llevaría a una monarquía dual y a un “reparto del mundo”. También se encontraron con el final de la Reconquista, la toma de Granada -de 1480 a 1492-, que vivió varias fases y tuvo como resultado una victoria, además de la expulsión de los judíos. Al interior se esforzaron por reorganizar el estado, modernizarlo mediante una política sinodal -de consejos- Audiencias y Chancillerías, la Santa Hermandad y las rentas de las órdenes Militares. Por su parte, al exterior establecieron una política matrimonial de sus hijas que hablaba de diplomacia, a la vez que guerreaban en Italia, el norte de África y “tomaban” Navarra.
Se suele dividir su gobierno en tres etapas: la previa a que consiguiesen el poder -de su matrimonio en 1469 a 1479-; de 1479 a 1504 cuando Isabel y Fernando reinan conjuntamente en Castilla como Isabel I y Fernando V, mientras que en Aragón sólo Fernando II es rey fáctico, lo cual no se detendrá con la muerte de Isabel; y de 1504 a 1516, el tiempo que se pasa en Castilla con el gobierno de Fernando V como regente, mientras que en Aragón nada cambia.
Los conflictos sucesorios -de 1465 a 1479- Como ya se ha mencionado, el heredero al trono castellano era Enrique IV Trastámara, también conocido como Enrique el Impotente, seguido de su supuesta hija Juana la Beltraneja. Pero rápidamente salieron otras pretensiones al título de monarca: Juan Pacheco -marqués de Villena- y el infante Alfonso -el Inocente-, hermano del rey. Los nobles se posicionaron en torno a los dos herederos directos de la familia real, y fue así como sucedió la farsa de Ávila: en un lugar en los alrededores de Ávila, un grupo de grandes nobles castellanos depuso en efigie al rey Enrique IV de Castilla y proclamó rey en su lugar a su hermanastro el infante Alfonso. Así éste con el nombre de Alfonso XII de Castilla gobernó, pero no durante mucho tiempo, pues su muerte prematura dejó a su hermano de nuevo como único rey de Castilla. En septiembre de 1468, y para que la hermanastra restante no se alzase en dirección al trono, Enrique IV pactó con Isabel el llamado Tratado, Concordia o Acuerdo de los Toros de Guisando en el que reconocían a la joven como princesa de Asturias, viviendo en la corte de manera acorde a este título. A cambio, se casaría con quien el monarca decidiese, promesa que como sabemos incumplirá. Mediante el Acuerdo de Cervera en 1469 se jura el matrimonio de Isabel y Fernando, que sucedería ese mismo año en secreto, y a la muerte en 1474 de Enrique IV, con indefinición de testamento, no queda claro quien le sucederá. En 1475 Fernando e Isabel firman la Concordia de Segovia, que promete a Castilla una monarquía dual, es decir, dos monarcas con el mismo poder: donde estén juntos reinarán por igual y cuando no estén juntos, cada uno
encarnará el poder de los dos -monedas y efigies de los dos-. A pesar de ello, Isabel no podía reinar de manera efectiva en Aragón, sino sólo como consorte. En cualquier caso, al morir uno de los dos, la situación se disuelve.
La guerra de sucesión propiamente dicha sucedió entre 1475 y 1479, y fue una guerra de bandos nobiliarios en la que hubo un uso de una hábil propaganda, deserciones, intrigas y apoyos. Sucedió, desde luego, entre Juana la Beltraneja e Isabel: mientras que la primera era apoyada por Francia -Luis XI-, y por tanto por el Rosellón y la Cerdaña, la otra recibió el apoyo de Portugal -a cambio de los esponsales de Juana, la hija de 12 años de los Católicos, con Alfonso V el africano-. De poco vale esto, puesto que al final, Francia y Portugal se alían contra Castilla por varias razones -el rey Alfonso de Portugal se casa con la Beltraneja y empieza la época de los grandes descubrimientos portugueses-. Al final, la guerra se resuelve en varios golpes: en 1476 la batalla de Toro -Zamora-, una victoria confusa de los Reyes Católicos frente a portugueses y franceses; y en 1479 la batalla de Albuera -Badajoz- en la que la derrota se hace más definitiva. Así, en 1479 se firma el Tratado de Alcaçovas en la villa portuguesa homónima entre los Reyes Católicos y Alfonso de Portugal y Juan II -su sucesor-, renunciando así al trono y dividiendo el Atlántico como veremos en el tema siguiente. Esto se ratificará a lo largo de los años -en Lisboa el mismo 1479, en Trujillo ese mismo año, en Toledo en 1480, etc.-. El propio Sixto IV refrenda el tratado mediante la bula Aeterni regis en 1481.
Las cláusulas más importantes de los acuerdos así vendrían a ser varias. La primera, sin duda, el reparto del Atlántico: Portugal se queda con Guinea, las Azores, Cabo Verde, el reino de Fez; mientras que a Castilla le corresponde la soberanía de las islas de Canaria, ya que Lanzarote, Fuerteventura e Hierro habían sido conquistadas por caballeros normandos al servicio de Castilla entre 1402 y 1405, además de lo que se conquistase a partir de aquel momento. A la Beltraneja se le impone que renuncie a Portugal y a sus títulos castellanos, ofreciéndole dos alternativas: la reclusión en un convento portugués o la boda con el príncipe heredero Juan de Aragón y Castilla. Igualmente se concertó un matrimonio entre Alfonso -heredero portugués, hijo de Juan II- e Isabel -primogénita de los Reyes Católicos-: ambos niños serían guardados “en régimen de tercerías” -custodiados por un tercero- en el castillo portugués de los Braganza en Moura. Además se fijó una enorme dote para la novia, considerada una indemnización de guerra pagada por Isabel y Fernando a Portugal. Por último, se perdonó a os castellanos favorables a la Berltraneja.
El final de la Reconquista y 1492 -1480 a 1492-
Suele dividirse la guerra en dos etapas, una medieval, de 1480 a 1487, que culmina con la conquista de Málaga, y una
moderna, hasta 1492, fecha en la que se conquista definitivamente Granada.
Todo empieza con la pérdida de Zahara -de población cristiana- a manos musulmanas en 1480.La respuesta cristiana es contundente: se recupera la ciudad, y se lanza una ofensiva que culmina en 1482 con la toma de la Alhama de Granada. En 1483 hay un intento de tomar Loja que fracasa con Fernando al frente, lo cual lleva a olvidar la idea de situar al rey a la cabeza del ataque. Se conquista Ronda en 1845, Marbella y finalmente Loja en 1486, y Montefrío un año más tarde. Destacamos en cada frente personajes relevantes: junto con los castellanos estaba Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, magnífico estratega. La defensa de Loja corrió a cargo de Aliatar, yerno de Boabdil -rey de Granada-, que con su tenacidad hace ganar prestigio a la causa islámica; al final acabará siendo hecho prisionero, devuelto a su rey mediante el Pacto de Códoba, que decía que si caía Baza, se entregaría Granda, algo que nuca se cumplió. En cualquier caso, la conquista más importante es sin duda en 1487 de Málaga, el primer gran cerco de la guerra: participaron personajes de la talla de Pedro Navarro -conquistador del Peñón de Vélez en 1508- y Pedro Ramírez -con su sistema subterráneo de minas-. Será en esta conquista la primera vez que aparezca Isabel y sus damas al exterior de la ciudad. En cualquier caso, la ciudad es finalmente tomada, lo que tiene varias consecuencias: se crean los primeros “campos de concentración” para los defensores de Málaga, además de los primeros “repartimientos”; igualmente aparecen, claro, los problemas de convivencia, debidos principalmente a la comida, el empleo del aceite y las costumbres. La siguiente etapa se inicia con la toma de Vélez Blanco y Vélez Rubio en 1488. Baza por fin se conquista en 1489, y nunca se cumple el trato con Boabdil: se entra en una situación tensa, Isabel empeña sus joyas a un comerciante valenciano, y sucede la deserción y muerte de “El Zagal”, hermano de Muley Hacén. Al fin, en abril de 1491 se inicia el sitio de Granada, que durará hasta enero de 1492. Los cristianos establecen el campamento de Santa Fe, donde nacerá un pueblo homónimo, a unos once kilómetros de Granda: será allí donde se firmen las Capitulaciones de Sata Fe en enero en las que se tratarán los términos de la rendición de Granada, junto con otras cuestiones -Colón sin ir más lejos-. Los acuerdos con los vencidos les son favorables: supone una entrada a la ciudad, pero también la prohibición de entrada de cristianos en las mezquitas, la admisión del libre comercio entre ellos, ninguna obligación de conversión y demás, que poco a poco se irán revirtiendo.
A los pocos meses de la conquista de Granada, en el propio 1492, se planeta la expulsión de los judíos, que queda formalizada en un edicto de expulsión el 31 de marzo en el que se especificaba que los judíos originaban un gran daño a la fe cristiana. Ya habían sido expulsados de
La administración local se daba de mano principalmente de dos funcionarios: los regidores y los corregidores. Igualmente había otras figuras de funcionarios, como mayordomos, escribanos, pregoneros, alcaldes de Corte y demás.
En la Edad Media, la legislación nace de la potestad real: no hay una ley homogénea para todo el territorio. Fue con
Alfonso X el Sabio con quien hubo un primer intento de legislación unificada para el territorio castellano en el
llamado Código de las 7 partidas. Los Reyes Católicos hicieron un intento de ordenar el conjunto de leyes existente,
pero no funcionó. Carlos I -que claramente se preocupa sobre esta cuestión- ordena la recopilación de leyes para su
unificación. Finalmente será con Felipe II y su Nueva recopilación de 1567 cuando se realice un auténtico corpus
legislativo castellano que algo arregló el “caos” existente. En 1805 se haría una Novísima recopilación , en época de
Carlos IV: una puesta al día desde el trabajo de Felipe II hasta la llegada de la revolución liberal.
Hasta el siglo XVIII no habrá división de poderes, como nos explica Montesquieu, por lo que la justicia depende directamente de la monarquía, que la divide en Chancillerías y Audiencias, además de otros tribunales. Las Chancillerías eran esos altos tribunales de justicia, localizados en dos ciudades distintas: Valladolid desde 1371 y Granada desde 1505. Las audiencias por su parte juzgaban cuestiones menores. También había otros tribunales de jurisdicción especial: una Nunciatura para los cargos eclesiásticos, una Inquisición para los delitos de herejía y religión, etc. Los castigos eran variados, y se aplicaban en función del delito cometido.
La política exterior La política exterior es obra prácticamente de Fernando el Católico, que sigue dos líneas, una de guerra y la ora de diplomacia. Con la guerra persigue tres objetivos fundamentales: contrarrestar expansionismo francés -en las guerras de Italia-, perseguir la unidad peninsular -con la conquista de Navarra- y acabar con el peligro de la piratería berberisca a modo de “ideal de cruzada” -con su política africana-. Por medio de la diplomacia, se busca enlace matrimonial de hijos de los Reyes Católicos con hijos de casas reinantes en Europa: con Inglaterra -Arturo y Enrique con Catalina-, con el Imperio - Juan con Margarita y Juana con Felipe- y con Portugal -Isabel con Alfonso, Isabel con Manuel y María con Manuel-. Tenemos que destacar en este punto la figura del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, de la Orden de Santiago, una personalidad muy relevante de nuestra historia militar que hizo grandes aportaciones a la renovación del ejército. Tuvo una experiencia previa en la guerra de Granada, que le prepararon, y sería nombrado virrey de Nápoles. Hubo numerosos rumores de que mantenía relaciones con la reina Isabel; y no se llevaba demasiado bien con Fernando, a quien debía constantemente darle explicaciones y atender a sus exigencias: un ejemplo de esto son las famosas “cuentas del Gran Capitán”, en las que el Gran Capitán ridiculizó al rey al explicar uno por uno cada gasto que había habido durante la campaña de Nápoles. El Gran Capitán acabó en el olvido muriendo en 1515 en Granada.
Las llamadas Guerras de Italia fueron los diversos enfrentamientos o luchas entre España y Francia en territorio italiano, especialmente en Milán y Nápoles. El origen de la rivalidad se encontraba en la indefinición fronteriza de Francia. Además, se encontraba ahí el Ducado de Borgoña -parte segregada de la monarquía francesa- y existía un cierto deseo de resucitar la antigua Lotaringia para constituir un estado independiente entre Francia y el Sacro Imperio. Así, en 1477, el último duque de Borgoña -Carlos el Temerario- deja a su hija María la herencia familiar. Y es justo a la vez cuando llega al poder en Francia Luis XI, que desea recuperar Borgoña como parte del fortalecimiento de su autoridad real. Así pues, los participantes por la rama española serán los Reyes Católicos y tras estos los Habsburgo -Carlos I y Felipe II-; mientras que en Francia intervendrán Carlos VIII -Valois-, Luis XII -Orleans-, Francisco I, Enrique II, Enrique III -Valois-Angulema- y Enrique IV -Borbón-. También acaba interviniendo el Imperio, que buscaba mantener una buena relación con los reinos peninsulares, como veremos en su política
matrimonial. Se establece así una política de cerco contra Francia. Se suelen dividir estas guerras en tres etapas. La primera contiene se 1494 a 1512, y está protagonizada por los Reyes Católicos y Carlos VIII y Luis XII. La segunda sería de 1521 a 1547, y estaría comandada por Carlos I y Francisco I. Y la tercera y última, de 1558 a 1598, sería un enfrentamiento Felipe II y Enrique II, Enrique III y Enrique IV. La situación de la península itálica era curiosa: al norte estaban Saboya y Milán, aliadas de Francia, y un poco más allá se encontraba Venecia, una potencia rica e independiente; en el centro se encontraban Florencia y los Estados Pontificios; y por último al sur quedaba Nápoles, donde gobernaba Ferrante I, pariente bastardo de Fernando. Es en esta situación cuando Carlos VIII decide apoderarse de Nápoles, y para ello empieza a prepararse, firmando tratados de neutralidad con los estados más próximos. Entre ellos podemos contar el Tratado de Senlis de 1493 con Maximiliano, que supone la entrega del Franco Condado, Artois y Charolais al Imperio; el Tratado de Etaples -de 1492- con Enrique VIII de Inglaterra; e incluso el propio Tratado de Barcelona de 1493 con Fernando, que recobra Rosellón y Cerdaña, territorios cedidos en 1462 por Juan II de Aragón a Luis XI de Francia por su ayuda en la guerra civil catalana. Así, Carlos VIII entra fácilmente en Nápoles e invade la ciudad con un ejército de 22.000 hombres. Muere Ferrante, y ni su hijo ni su nieto son capaces de luchar contra los franceses. El papa Alejandro VI se ve obligado a aceptar condiciones de Francia. Para combatirlo, se formó la Liga Santa: Venecia, Maximiliano, Fernando, Estados Pontificios y Milán, además de los reinos ibéricos, que se enfrentaba a Francia. Finalmente se le derrotó en la batalla de Fornovo, en julio de 1495, y el monarca se retira de Nápoles, muriendo en 1498. Con la llegada de Luis XII de Francia -que gobierna entre 1498 y 1515, aparece un interés por Milán, argumentando antiguos derechos familiares. Así, se conquista en 1499, quedando como siguiente objetivo Nápoles de nuevo. No llega a haber enfrentamiento gracias al tratado secreto de Granada -en el 1500- entre Fernando y Luis, repartiéndose los territorios: el sur para España y el norte para Francia. La cuestión es que queda libre el centro, y Francia se lanza a ocuparlo, haciendo que entre de nuevo en actuación la Liga Santa en el 1500: Fernando, Venecia y Papado se oponen a Francia y luchan por el centro de Nápoles. Es aquí cuando vemos los éxitos de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán: sus victorias más notorias se darán entre 1503 y 1503 en Seminara, Ceriñola y Garellano, triunfando así los tercios españoles. Tras las victorias españolas, se organizó nueva liga, la Liga de Cambrai, contra Venecia en 1508 al apoderarse de algunas ciudades pontificias, y tenemos que ver en este contexto al recién nombrado Julio II, que logrará la victoria aliada. En el año 1510 se establece una nueva liga contra Francia, que sigue teniendo Milán, logrando que se retire en 1512. Pero la muerte del papa provoca la disolución de las ligas y que el nuevo rey francés -Francisco I- toma Milán de nuevo en
La política africana consistía en acabar con peligro de los piratas berberiscos en el Mediterráneo, pero las pretensiones de Fernando parecían ir más allá: ¿quería crear un Imperio? ¿Introducir a España en el contexto europeo? ¿Luchar contra los infieles? No se tiene claro aún a día de hoy. Tiene, desde luego, una política de conquista como “buen mediterráneo”: toma de Melilla -de mano de Diego de Estopiñán en 1497-, en 1505 hace lo propio con Mazalquivir, conquistará el Peñón de Vélez de la Gomera -gracias a Pedro Navarro en 1508-, en 1509 tomará Orán, un año más tarde Bugía y Trípoli, etc. Su política africana continúa con Carlos I y Felipe II y culminará en la batalla de Lepanto de 1571. No podemos olvidar en este contexto la conquista de las Islas Canarias, que se logra mediante los tratados de Alcaçovas, Toledo y Trujillo, dejando claro que las Canarias “no son negociables”, son para Castilla. Estas islas eran ya conocidas desde la Antigüedad, olvidadas en el medioevo y redescubiertas en siglo XIV gracias a navegantes mediterráneos. En1402 el rey castellano Enrique III concedió el señorío de las islas a un noble normando, Juan de Bethencourt, que conquistó Lanzarote, Fuerteventura y parte de la isla del Hierro; y en 1477 los Reyes Católicos reclamaron las islas no conquistadas comprando sus derechos -Tenerife, La Palma y Gran Canaria-. Tuvieron, sin duda, gran importancia por ser zona de aguada en viajes a América. La conquista de América, como ya se explicará más calmadamente en el tema próximo, se logra gracias a varios tratados. Con ellos se repartirá el Atlántico, al que Portugal renuncia por sus pretensiones en África. Aparecerá un sistema mixto de colonización entre lo público y lo privado.
El reino de Navarra fue siempre una zona estratégica entre Francia y España, los territorios que se extendían por ambos lados de los Pirineos. Siempre buscó una neutralidad que no le fue posible por su posición fronteriza. Se encontraba en el poder la casa de Albrecht, de ascendencia francesa, con una guerra civil entre los del norte y sur del territorio. En el bando sur estaban los agromonteses, apoyados por Francia -con Juan de Albrecht-, mientras que al norte estaban los beamonteses, apoyados desde Castilla -con el Señor de Beaumont-. Estos últimos querían vincularse a Castilla, pero la división existente les lleva a una imposibilidad. En el 1500 se firma la Liga Santa en 1500: que
esto válido. En el segundo testamento, firmado en Guadalupe, la herencia recae sobre Carlos, su nieto, y sucede así una nueva regencia de Cisneros hasta la llegada de éste desde el Imperio.
El mundo social, en sus clases más altas, queda ya explicado: la actuación de la monarquía, seguida por las de la alta y baja nobleza. Por su parte la burguesía va creciendo, adquiriendo cada vez más importancia. El tercer estado se compone del campesinado, en situación de subsistencia, arruinado, muy sufridor; y algunas profesiones liberales establecidas en las ciudades, que siguen una política muy rigurosa del tipo gremial.
La Iglesia, que se convertirá en ese elemento de cohesión del estado, y que había sido muy importante en la Edad Media, se ve muy mermada porque sus derechos sobre las rentas van disminuyendo. Los reyes se quedan con los derechos de patronazgo, nombran a los obispos, etc.: todo funciona mediante sobornos, corrupción, simonía, nepotismo y demás. Hay una particular desfachatez por parte de los cargos altos, que no sólo gobiernan parte de la Iglesia, sino que además se enriquecen a su costa. Los papas opusieron cierta resistencia a la situación, pero acabaron sucumbiendo porque necesitaban el apoyo de los estados para la evangelización de nuevas tierras, para luchar contra reformistas o para no perder importancia entre otros. Aunque no vayamos a verlo en este tema, sino en los siguientes, tienen gran importancia Reforma y Contrarreforma, que darán un buen dolor de cabeza a muchos gobernantes como los franceses -que se ven invadidos de calvinistas y luteranos, de los que acabarán asimilando cosas-. Tiene principalmente una importancia económica: por ejemplo, en los territorios del Imperio los reyes se quedan con los bienes eclesiásticos, igual que hacen los anglicanos en las islas británicas, teniendo en cuenta que el rey se convierte en la cabeza de la Iglesia.
La economía está marcada presión fiscal: los estados han quedado dañados por la Guerra de los Cien Años, y tienen que recurrir a todo tipo de políticas económicas para rellenar sus arcas. La que más triunfó fueron los impuestos indirectos, que recaían en los más desfavorecidos. También se estableció una política regalista con la Iglesia, toda esa simonía ya mencionada. En España por ejemplo la Inquisición también ayuda la economía a través de la incautación de los bienes del condenado, que se dividía en tres partes, una para el denunciante, otra para la Inquisición y una última para la corona. Lamentablemente será precisamente esa monarquía tan personalista la que lleve a nuevos y constantes endeudamientos, que se “recuperan” gracias a los préstamos constates por parte de italianos -Medici-, alemanes, etc.: este será un primitivo mercado de capitales que ayudará a las ideas del liberalismo económico en el futuro.
Se le hace un lavado de cara a la manera de mantener relaciones con el exterior, especialmente en la diplomacia y con el ejército. Con el reforzamiento de la autoridad, todos se hacen muy dueños de su territorio y empiezan a llenar todo de embajadores, incluso comprando los cargos. Se sitúan consulados en zonas con colegas comerciales -las repúblicas italianas, los Países Bajos, etc.- y en los lugares dedicados al comercio.
El ejército se convierte en la manera de que los reyes ganen respeto, por lo que empieza a profesionalizarse, proceso que ocupará toda la Edad Moderna. Primero aparece el modelo de ejército compuesto por mercenarios, contratados, cuyo ejemplo más importante son los tercios españoles; e igualmente aparecen comandantes de campos y el almirantazgo. Se trata de reformar las armadas, se realizan nuevos barcos de guerra -como se hizo en su momento para hacer nuevos descubrimientos- más ligeros, con mayor capacidad de armamento y soldados, etc. Es en este momento cuando aparece la figura del corsario, un personaje a cargo del rey que roba y se reparte el botín con la corona; frente al pirata, un fuera de la ley. Por último, cabe mencionar que aparecen las academias militares, y Prusia, que empezará a adelantarse con sus innovaciones, se convertirá en el ejército modelo.
En definitiva, que lo que vemos en Europa es el nacimiento de diversas monarquías autoritarias que luchan por sus fronteras: Portugal con España, ésta a su vez con Francia, Gran Bretaña queda desgajada y empieza a evolucionar de manera paralela, Rusia se aísla, Polonia se ve incapaz de funcionar por la electividad de su monarquía, el castigado Imperio intenta florecer con los Habsburgo, los Estados Pontificios cuyos papas siguen el modelo de príncipe renacentista, las fuertes e independientes repúblicas del norte de la península itálica, el sur de ésta misma viviendo las ya mencionadas Guerras de Italia, etc. Concluyendo, que la autoridad real sale tan reforzada que se dirige hacia un absolutismo que aparece en el XVII, y que más adelante, mezclándose con las ideas de la Ilustración y, generarán el llamado Despotismo Ilustrado de todo por el pueblo pero sin el pueblo.
Francia (1423-1494) Aprovecha el sentimiento nacional para conseguir la unidad entre los gobiernos de Luis XI a Francisco I, cuando se desarrolló todo el entramado institucional. El Consejo Real Medieval se desgaja en el Consejo Secreto, leal al monarca, y el Consejo de Estado, más similar al castellano. Tenían un cargo destacado el canciller, lugarteniente del rey, también con su propio aparato burocrático. También había cuatro secretarios de financias que le aconsejan. En las provincias había gobernadores de provincia, grandes señores o militares. También estaban los oficiales del rey, senescales, que formaban un Gran Consejo antes del rey al que accedía la gente para quejarse de sus injusticias. Los Estados Generales se reunían como en Argón, por estamentos, y eran la base de representación del reino: cada vez van teniendo menos importancia y son más ignorados, se convocaban cada cien años aproximadamente. El clero se tenía permitido nombrar ciertos cargos de la nobleza, y no fue hasta Francisco I, que el rey logró obtener el derecho a proveer todos los cargos eclesiásticos. De las finanzas se encargaban los tesoreros, reunidos en la Corte del Tesoro: allí se decretaban impuestos indirectos que se iban a recabar, se elaboraban presupuestos del estado que presentaban al rey para su aprobación, etc.
Luis XI Valois vivió una expansión hacia varios espacios: el Imperio, Italia, Navarra, etc. Configuró así una monarquía grande y cohesionada. Carlos VIII accedió al trono siendo niño y acabó teniendo problemas con todo el mundo. Su objetivo fue ampliar territorios, mediante las vías matrimoniales sobre todo: se casó con Ana de Bretaña, realizó un acuerdo con los Reyes Católicos para no entrometerse en Italia, etc. Al final, murió sin descendencia, y el gobierno pasó a la familia Orleans. Luis XII de Orleans consolidó mucho el poder regio: coincidió con una época sin guerras eso le permitió avanzar. En el plano exterior, firmó una paz con Fernando el Católico en la que renunciaba a Italia. De nuevo, muere si descendencia, y el trono pasa a los Valois-Angulema. Francisco I, un primo de la casa de los Valois-Angulema, hereda una Francia próspera. La cuestión es que él guerrea tanto con España que la destroza, lo cual a su vez heredará su sucesor, Enrique II. Es el primer rey que se considera moderno.
Inglaterra (1377-1491) Con el final de la Guerra de los Cien Años, Inglaterra queda desvitalizada, y a ésta le sigue la Guerra de las Dos Rosas, que enfrenta a los York -la rosa blanca- con los Lancaster -la rosa roja- por el trono. Lo que vemos por tanto es un período de mucha convulsión, tras sucesivas guerras, en el que los nobles se ven mediatizados al tomar bandos, siendo cada vez más mermados económicamente y demás. Una situación agotadora catastrófica. Todo empezó con Ricardo Plantagenet, duque de York que se revuelve contra los Lancaster y alega la locura de Enrique VI. Tras varias batallas, en las que juega un papel importante el duque de Warwick, sucede una derrota inminente de los Lancaster, y Enrique VI es asesinado en la torre de Londres, y llega al trono Eduardo IV de York. El bando perdedor se exilia en su mayoría e Francia, y va perdiendo poco a poco su poder sobre las islas.
En cualquier caso no se consigue que la dinastía cale lo suficientemente hondo, y llega al poder Ricardo II, último rey de la casa York, que para asegurarse su trono asesinó incluso a sus sobrinos, imposibilitando situar a más Yorks allí a su muerte. Es en este momento cuando llega al trono Enrique VII, el primer tudor, que pone fin a todo el conflicto y para eliminar a sus enemigos crea un órgano de gobierno legislativo, la Cámara Estrellada, en 1489, reprimiendo a todo aquel que se oponga a la voluntad del rey -como las Audiencias en Castilla-. La justicia también se sitúa en varios tribunales de distintos sitios, que tienen incluso salas diferenciadas: civil, penal, delitos financieros, etc. Sucederían