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Segunda república, Apuntes de Periodismo

Asignatura: (primer año) Historia del mundo, Profesor: , Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 14/06/2015

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LA II REPÚBLICA: EL BIENIO AZAÑISTA
Las elecciones municipales de abril de 1931 dieron un claro vuelco a la situación política
española. Las fuerzas políticas y la opinión pública eran conscientes de que las elecciones se
convertirían en un plebiscito sobre la continuidad de la monarquía. El 14 de abril de este mismo
año se proclama la Segunda República española. En este nuevo período se distinguen tres
etapas: bienio azañista, bienio negro y Frente Popular y sublevación del 18 de julio.
1.-BIENIO AZAÑISTA (1931-1933)
Entre diciembre de 1931 y septiembre de 1933, el gobierno presidido por Manuel Azaña e
integrado mayoritariamente por republicanos de izquierdas y socialistas impulsó un programa
de reformas, ya iniciadas en el período constituyente, con el objetivo de modernizar y
democratizar la sociedad española.
La cuestión religiosa
Uno de los principales objetivos de la República fue limitar la influencia de la iglesia y
secularizar la sociedad española. Estas intenciones se plasmaron en la Constitución, que estipuló
la no confesionalidad del Estado, la libertad de cultos y la supresión del presupuesto de culto y
clero. También se permitieron el divorcio y el matrimonio civil y se secularizaron los
cementerios.
Además, el temor a la influencia que las órdenes religiosas ejercían en la educación llevó al
gobierno a prohibirles dedicarse a la enseñanza. El proceso se completó con la Ley de
Congregaciones (mayo de 1933) que limitó la posesión de bienes a las órdenes religiosas y
previó la posibilidad de su disolución en caso de peligro para el Estado.
La jerarquía eclesiástica no dudó en manifestar su antagonismo hacia la República y en
movilizar a los católicos en su contra.
La modernización del ejército
Manuel Azaña impulsó una reforma que pretendía crear un ejército profesional y democrático.
Para ello se creyó necesario reducir los efectivos militares, acabar con la macrocefalia, poner fin
al fuero especial de los militares, asegurar su obediencia al poder civil y terminar con la
tradicional intervención del ejército en la vida política.
Con esta finalidad se promulgó la Ley de Retiro de la Oficialidad, que establecía que todos los
oficiales en activo debían prometer su adhesión a la República, pero se les daba la posibilidad
de retirarse con el sueldo íntegro si así lo deseaban.
Posteriormente se creó la Guardia de Asalto, una fuerza de orden público fiel a la República.
La reforma tuvo resultados limitados. Se consiguió la disminución de los gastos del ejército,
pero la reducción del presupuesto dificultó la modernización del material, del armamento y de
los equipamientos. Además la reforma fue recibida por algunos sectores como una agresión a la
tradición militar y al poder del ejército.
La reforma agraria
La reforma agraria fue el proyecto de mayor envergadura iniciado por la República. Se
pretendía poner fin al predominio del latifundismo y mejorar las condiciones de vida de los
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LA II REPÚBLICA: EL BIENIO AZAÑISTA

Las elecciones municipales de abril de 1931 dieron un claro vuelco a la situación política española. Las fuerzas políticas y la opinión pública eran conscientes de que las elecciones se convertirían en un plebiscito sobre la continuidad de la monarquía. El 14 de abril de este mismo año se proclama la Segunda República española. En este nuevo período se distinguen tres etapas: bienio azañista, bienio negro y Frente Popular y sublevación del 18 de julio.

1.-BIENIO AZAÑISTA (1931-1933)

Entre diciembre de 1931 y septiembre de 1933, el gobierno presidido por Manuel Azaña e integrado mayoritariamente por republicanos de izquierdas y socialistas impulsó un programa de reformas, ya iniciadas en el período constituyente, con el objetivo de modernizar y democratizar la sociedad española.

La cuestión religiosa

Uno de los principales objetivos de la República fue limitar la influencia de la iglesia y secularizar la sociedad española. Estas intenciones se plasmaron en la Constitución, que estipuló la no confesionalidad del Estado, la libertad de cultos y la supresión del presupuesto de culto y clero. También se permitieron el divorcio y el matrimonio civil y se secularizaron los cementerios.

Además, el temor a la influencia que las órdenes religiosas ejercían en la educación llevó al gobierno a prohibirles dedicarse a la enseñanza. El proceso se completó con la Ley de Congregaciones (mayo de 1933) que limitó la posesión de bienes a las órdenes religiosas y previó la posibilidad de su disolución en caso de peligro para el Estado.

La jerarquía eclesiástica no dudó en manifestar su antagonismo hacia la República y en movilizar a los católicos en su contra.

La modernización del ejército

Manuel Azaña impulsó una reforma que pretendía crear un ejército profesional y democrático. Para ello se creyó necesario reducir los efectivos militares, acabar con la macrocefalia, poner fin al fuero especial de los militares, asegurar su obediencia al poder civil y terminar con la tradicional intervención del ejército en la vida política.

Con esta finalidad se promulgó la Ley de Retiro de la Oficialidad, que establecía que todos los oficiales en activo debían prometer su adhesión a la República, pero se les daba la posibilidad de retirarse con el sueldo íntegro si así lo deseaban.

Posteriormente se creó la Guardia de Asalto, una fuerza de orden público fiel a la República.

La reforma tuvo resultados limitados. Se consiguió la disminución de los gastos del ejército, pero la reducción del presupuesto dificultó la modernización del material, del armamento y de los equipamientos. Además la reforma fue recibida por algunos sectores como una agresión a la tradición militar y al poder del ejército.

La reforma agraria

La reforma agraria fue el proyecto de mayor envergadura iniciado por la República. Se pretendía poner fin al predominio del latifundismo y mejorar las condiciones de vida de los

campesinos pobres. Esta reforma era esencial teniendo en cuenta el papel que desempeñaba la agricultura en la economía española.

Una serie de primeros decretos que pretendían proteger a los campesinos sin tierra y a los arrendatarios, establecieron la prohibición de rescindir los contratos de arrendamiento, fijaron la jornada laboral de 8 horas y determinaron salarios mínimos.

La verdadera reforma fue la Ley de Reforma Agraria aprobada en septiembre de 1932. La ley permitía la expropiación sin indemnización de las tierras de una parte de la nobleza. La aplicación de esta ley se encomendó al Instituto de la Reforma Agraria. La aplicación de esta reforma originó un considerable aumento de la tensión social. Por un lado de los grandes propietarios y, por otro, de los campesinos (por los malos resultados).

La reforma del Estado centralista

En Cataluña la negociación entre el gobierno provisional de la República y los dirigentes políticos catalanes permitió la anulación de la creación de la República Catalana a cambio de la formación de una Generalitat.

El régimen catalán contaba con un gobierno y un parlamento propios con competencias en materia económica, social, educativa y cultural. Las primeras elecciones legislativas al Parlamento catalán dieron la victoria a Esquerra Republicana de Catalunya y Francesc Macià fue elegido presidente de la Generalitat.

La obra educativa y cultural

Otra reforma importante fue la de la enseñanza. Por un lado, el objetivo primordial era promover una educación liberal y laica para toda la población. El centro de su actividad fue, sobre todo, la enseñanza primaria; así crearon 10.000 escuelas y el presupuesto de educación se incrementó en un 50%. Se adoptó un modelo de escuela mixta, laica, obligatoria y gratuita.

Por otro lado, los dirigentes republicanos estaban convencidos de la necesidad de mejorar el nivel cultural de la población y hacer de la cultura un derecho para la mayoría.

2.- EL BIENIO NEGRO (1933-1935)

En el otoño de 1933 ya eran evidentes la crisis de la coalición republicano-socialista y el desgaste del gobierno. El jefe del gobierno, Azaña, dimitió y el presidente de la República, Alcalá Zamora, disolvió las Cortes y convocó elecciones para noviembre.

movimiento fracasó y la contundente respuesta del gobierno, que decretó estado de guerra, pero los acontecimientos fueron especialmente graves en Asturias y Cataluña.

En Asturias, los mineros protagonizaron una revolución social. Ante esto, el gobierno envió desde áfrica a la Legión, al mando del general Franco, para reprimir el levantamiento. La resistencia se prolongó durante 10 días, pero finalmente fue derrotado.

En Cataluña, Lluís Companys pretendía evitar la entrada de la CEDA en el gobierno. Por ello, proclamó el 6 de octubre la República catalana dentro de la República Federal española. Se declaró el estado de guerra y el ejército ocupó el palacio de la Generalitat. Hubo más de 3. detenidos.

La crisis del segundo bienio

La CEDA aumentó su influencia en el gobierno y se mostró partidaria de aplicar las condenas con rigor y de proceder a una reorientación más dura de la política del gobierno. Se suspendió en Estatuto de Autonomía de Cataluña, se anuló definitivamente la Ley de Contratos de Cultivo y los campesinos fueron obligados a pagar la totalidad de las rentas. Se devolvieron las propiedades a los jesuitas y se nombró a Gil Robles ministro de la Guerra y a Franco, jefe del Estado Mayor.

Una fuerte crisis de gobierno estalló en el otoño de 1935. El Partido Radical se vio afectado por una serie de escándalos de corrupción, como el caso del estraperlo y los casos de malversación de fondos. Los radicales de Lerroux estaban completamente deslegitimado para gobernar y se hacía imprescindible un relevo en el poder. Gil Robles intentó que le nombraran presidente del gobierno pero Alcalá Zamora se negó y decidió, a finales de diciembre, convocar nuevas elecciones para febrero de 1936.

3.-EL FRENTE POPULAR Y LA SUBLEVACIÓN DEL 18 DE JULIO

La dura represión contra las izquierdas durante el Bienio Negro, propició la unión de sus fuerzas contra el gobierno conservador y que en las elecciones del 16 de febrero de 1936 se formasen dos bloques claramente antagónicos: las derechas y las izquierdas.

Las elecciones de febrero de 1936

Para presentarse a las elecciones, los partidos de izquierda se agruparon en el Frente Popular, una coalición basada en un programa común que defendía la concesión de una amnistía para los encarcelados por la revolución de octubre de 1934, la reintegración en cargos y puestos de trabajo para los represaliados por razones políticas y la aplicación de la legislación reformista suspendida por la coalición radical-cedista. Los partidos de derecha formaron distintas coaliciones, constituidas por la CEDA, los monárquicos y los tradicionalistas. Pero las derechas

no lograron confeccionar una candidatura única para toda España ni redactar un programa electoral consensuado.

En las elecciones, el Frente Popular se convirtió en la fuerza ganadora. La derecha tuvo buenos resultados y aumentó su fuerza en las dos Castillas, León, Navarra y parte de Aragón, mientras que la izquierda obtuvo la mayoría en las grandes ciudades, en las zonas industriales y el litoral.

De acuerdo con lo firmado en el programa del Frente Popular, el nuevo gobierno quedó formado exclusivamente por republicanos. Manuel Azaña fue nombrado presidente de la República y Casares Quiroga, jefe de gobierno.

El triunfo del Frente Popular

El nuevo gobierno puso rápidamente en marcha el programa pactado en la coalición electoral. Se decretó una amnistía y se obligó a las empresas a readmitir a los obreros despedidos a raíz de las huelgas de octubre de 1934. El gobierno de la Generalitat volvió de nuevo al poder y se restableció el Estatuto de Autonomía de Cataluña, y en el País Vasco y Galicia se iniciaron las negociaciones para la aprobación de sus respectivos estatutos.

La nueva situación fue recibida por las derechas con absoluto rechazo. Utilizando la "dialéctica de los puños y las pistolas", en palabras de José Antonio, grupos de falangistas formaron patrullas armadas que iniciaron acciones violentas contra los líderes izquierdistas. A excepción de Cataluña y de las zonas del Norte, los enfrentamientos se propagaron, entre febrero y julio de 1936, por todo el país.

Hacia el golpe de Estado

La creación de un clima de violencia era una estrategia que favorecía a los sectores decididos a organizar un golpe de Estado militar contra la República. La misma noche de las elecciones de febrero, el general Franco intentó declarar el estado de guerra.

En los primeros momentos la conspiración militar tuvo escasa fuerza y mala organización hasta que se puso al frente el general Emilio Mola, verdadero jefe del golpe de Estado. Su plan consistía en organizar un pronunciamiento militar simultáneo en todas las guarniciones posibles, siendo claves las de Madrid y Barcelona. Para frenar los rumores golpistas, el gobierno trasladó de destino a los generales (Franco a Canarias y Mola a Navarra) pero no se atrevió a destituirlos.

La conspiración militar contaba con el apoyo de las fuerza políticas de la derecha y también se establecieron contactos con la Italia fascista y la Alemania nazi. El 14 de julio se produjo en Madrid el asesinato a manos de un grupo de izquierdistas de José Calvo Sotelo. Su muerte aceleró los planes golpistas y la sublevación se inició en Marruecos el 17 de julio dando origen a una guerra civil que se prolongaría durante tres años.