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Orientación Universidad
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Seminario Mindfulness, Apuntes de Psicología Experimental

REDUCCIÓN DEL ESTRÉS BASADO EN LA ATENCIÓN PLENA

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 10/10/2024

usuario desconocido
usuario desconocido 🇪🇸

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¡No te pierdas las partes importantes!

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MINDFULNESS
Diversas Aplicaciones
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Apuntes para un Seminario
Ps Jaime E Vargas M
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MINDFULNESS

Diversas Aplicaciones

_________________________________________________________________________

Apuntes para un Seminario

Ps Jaime E Vargas M

C O N T E N I D O :

1.- SUSTRATOS NEUROFISIOLÓGICOS Y BIOMARCADORES

I. MINDFULNESS FUNCIONA: Cómo desconectar y reducir el estrés

Beatriz Muñoz

II. MINDFULNESS Y NEUROBIOLOGÍA

Vicente M. Simón

III. PRACTICAR MINDFULNESS HACE QUE AUMENTE LA DENSIDAD DE LA MATERIA GRIS CEREBRAL

Hölzel, Carmody, Vangel, Congleton, Yerramsetti, Gard & Lazar

IV. LA NEUROCIENCIA DE LA MEDITACIÓN MINDFULNESS

Yi-Yuan Tang, Britta k. Hölzel & Michael I. Posner

V. ALTERACIONES EN EL CEREBRO Y EN LA FUNCIÓN INMUNE PRODUCIDAS POR LA MEDITACIÓN MINDFULNESS

Davidson, Kabat-Zinn, et al

VI. LA MEDITACIÓN MINDFULNESS Y EL SISTEMA INMUNE: UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA DE ENSAYOS CONTROLADOS AL AZAR

Black & Slavich

VII. MECANISMOS NEUROCOGNITIVOS DE LA TERAPIA BASADA EN MINDFULNESS

M. S. Moscoso y C. A. Lengacher

2.- APLICACIONES CLÍNICAS

VIII.MINDFULNESS (ATENCIÓN PLENA): LA MEDITACIÓN EN PSICOLOGÍA CLÍNICA

Israel Mañas Mañas

IX. AUTOCOMPASIÓN EN PSICOTERAPIA Y EL PROGRAMA MINFUL SELF COMPASSION: ¿HACIA LAS TERAPIAS DE CUARTA GENERACIÓN?

Marta Alonso Maynar y Christopher K. Germer

X. LA PRÁCTICA DEL “ESTAR ATENTO” (mindfulness) EN MEDICINA. IMPACTO EN PACIENTES Y PROFESIONALES

Javier García Campayo

MINDFULNESS FUNCIONA: Cómo desconectar y reducir el estrés

Beatriz Muñoz

Empezar a practicar mindfulness (atención plena) es comenzar un camino que te puede

llevar a librarte del sufrimiento. Dejar de sufrir es posible.

Practicando la atención plena: conociendo tu mente, observando tus pensamientos y

emociones sin identificarte con ellos, entrando en contacto directo con la realidad, sin filtros ni

adornos, eligiendo qué quieres hacer con lo que sientes, tratándote con cariño y respeto,

ofreciendo espacio y apertura a la experiencia de cada momento.

Practicando la atención plena, aprendemos a entrar suavemente en nuestro dolor, en

nuestros miedos, en nuestras inseguridades y en todo lo que nos asusta. Aprendemos a

conocerlos y a relacionarnos de un modo diferente con ellos, sin evitarlos ni negarlos.

EL LUGAR: Es importante que el lugar sea tranquilo

LA ROPA: Viste ropa holgada, que no te apriete, para que puedas respirar con facilidad.

LA POSTURA: Elige una postura en la que te sientas cómodo. Esto es importante. Mantén la

espalda erguida, sin tensión, de modo natural. Pon las manos en tu regazo, sobre los muslos, con

las palmas hacia arriba o hacia abajo, como prefieras.

CUÁNTO TIEMPO: Tú decides cuánto va a durar tu sesión de meditación. Es importante también

que pongas una alarma (con el volumen bajito) y que respetes el tiempo que has decidido

practicar.

1.- Atención a la respiración: Instrucciones

Encuentra un lugar en tu cuerpo donde puedas notar con claridad las sensaciones que

produce el aire al entrar y salir. Puede ser la nariz, el vientre, el pecho o cualquier otra parte que

elijas. Centra tu atención ahí, siente los efectos que produce el aire cuando entra y sale del cuerpo.

Cómo roza la piel al pasar por las fosas nasales o cambia el volumen del pecho o el abdomen, por

ejemplo. No modifiques la respiración, solo observa y respeta cómo es en cada momento. Si de

pronto algo te distrae (un ruido, una sensación, un pensamiento…), en cuanto te des cuenta de

que te has distraído, vuelve a dirigir amablemente tu atención al lugar donde estaba y continúa

sintiendo tu respiración.

2.- Atención al cuerpo: Instrucciones

Encuentra un lugar en tu cuerpo donde puedas notar las sensaciones que produce el aire

al entrar y salir. Centra tu atención ahí, siente tu respiración. Si en algún momento algo te distrae,

en cuanto te des cuenta, vuelve a llevar tu atención, con suavidad y determinación, al lugar donde

estaba y continúa sintiendo tu respiración.

Poco a poco, ve abriendo tu atención hasta abarcar todo tu cuerpo. Date cuenta de cuál

es tu postura, del lugar que ocupas. Siente las partes de tu cuerpo que están en contacto con el

suelo o la silla. Nota cómo está tu cuerpo en este momento, si está tenso, relajado, si pesa o lo

sientes ligero. Toma nota de otras sensaciones, como picores, tensiones, hormigueos, etc.

Permanece ahí, en contacto con tu cuerpo y tu respiración hasta que termine la sesión.

3.- Atención a los sonidos: Instrucciones

Encuentra un lugar en tu cuerpo donde puedas notar las sensaciones que produce el aire

al entrar y salir. Pon tu atención ahí, siente tu respiración. Si en algún momento algo te distrae, en

cuanto te des cuenta, vuelve a llevar tu atención, con suavidad y determinación, al lugar donde

estaba y continúa sintiendo tu respiración.

Ve abriendo el foco de tu atención para darte cuenta de lo que puedes oír en este

momento. ¿Qué sonidos llegan a tus oídos? Mira si puedes percibir el sonido de tu respiración o

algún otro procedente del interior de tu cuerpo. Observa también si oyes algún sonido en el lugar

donde estás meditando, en la habitación o en la casa. Toma conciencia de los estímulos auditivos

que llegan del exterior como el ruido del tráfico, de la gente, de la lluvia, etc. Pon la atención en

los sonidos y deja todo lo demás en un segundo plano.

Date cuenta de si los sonidos vienen de un lugar cercano o lejano, si son continuos o

intermitentes. Observa cómo surgen, se desarrollan y desaparecen. Percibe su intensidad, sus

cambios, sus matices.

No importa si te gustan o te molestan, no hay que ponerles ninguna etiqueta, solo permitir

que lleguen a tus oídos y observarlos mientras están ahí, en el campo de tu conciencia.

Puedes prestar atención también al silencio, a los espacios en blanco entre unos sonidos y

otros.

4.- Atención a los pensamientos y emociones: Instrucciones

Encuentra un lugar en tu cuerpo donde puedas notar las sensaciones que produce el aire

al entrar y salir. Pon tu atención ahí, siente tu respiración. Si en algún momento algo te distrae, en

cuanto te des cuenta, vuelve a llevar tu atención, con suavidad y determinación, al lugar donde

estaba y continúa sintiendo tu respiración.

Lleva ahora tu atención a lo que está pasando en tu cabeza. ¿Puedes darte cuenta de

cómo está tu mente en este momento? ¿Está relajada, acelerada? ¿Tienes muchos pensamientos

o pocos, van deprisa o despacio? Toma conciencia de todo esto. Intenta captar en qué estás

pensando en concreto. Puede que eso en lo que estás pensando aparezca en forma de imágenes o

de palabras. Podría tratarse de algún pensamiento acerca de algo que te preocupa especialmente

Explora, siente cada zona que recorras por la superficie y por el interior, donde están los

músculos, los huesos y todos los órganos.

Cuando acabes el recorrido presta atención a la sensación global de tu cuerpo y

permanece así unos instantes, sintiendo tu cuerpo como un todo.

7.- Meditación caminando: Instrucciones

Antes de comenzar, observa tu postura de pie y ajústala de modo que resulte una posición

estable y que tu espalda esté bien erguida y sin tensión. Los pies han de estar paralelos, bien

plantados en el suelo y separados a la misma distancia que la anchura de las caderas. Coloca la

pelvis en posición neutra, como si te hubieran llenado de arena los bolsillos traseros del pantalón.

Relaja el abdomen, los hombros y la cara; mantén el pecho bien abierto. Deja los brazos estirados

y relajados a lo largo del cuerpo. Dirige tu atención a la respiración y permanece así unos minutos,

en contacto con tu cuerpo y con el aire que entra y sale de él. Mantén los ojos abiertos y mira al

frente.

Lleva el peso de tu cuerpo al lado izquierdo y comienza a levantar tu pie derecho muy

despacio, siempre atento a las sensaciones que se van produciendo al ir despegándolo del suelo.

Sin alzar aún el pie izquierdo, ve posando el pie derecho en el suelo, comenzando por el talón y

dejando caer poco a poco la planta del pie. Cuando el pie derecho haya bajado por completo, echa

el peso de tu cuerpo en ese lado, siéntelo y comienza ahora a desplazar el pie izquierdo, igual que

lo hiciste con el derecho. Ve avanzando así, con la atención puesta en las plantas de los pies.

Cuando hayas recorrido unos metros, date la vuelta.

Si quieres, puedes acompasar tu respiración con el movimiento, inspirando al levantar el

pie y exhalando al bajarlo.

Programa de entrenamiento en ocho semanas:

  • Semana 1: Práctica básica, atención a la respiración. 5 minutos al día.
  • Semana 2: Práctica básica, atención a la respiración. 10 minutos al día.
  • Semana 3: Práctica básica + Práctica 1 (atención al cuerpo y sensaciones). 10 minutos al día.
  • Semana 4: Práctica básica + Práctica 1 (atención al cuerpo y sensaciones). 15 minutos al día.
  • Semana 5: Práctica básica + Práctica 2 (atención a los sonidos). 15 minutos al día.
  • Semana 6: Práctica básica + Práctica 3 (atención a los pensamientos y emociones).

15 minutos al día.

  • Semana 7: Práctica básica + Práctica 4 (atención abierta). 15 minutos al día.
  • Semana 8: Práctica básica + la práctica que tu elijas. 20 minutos al día.

MINDFULNESS Y NEUROBIOLOGÍA

Vicente M. Simón

El momento histórico de mindfulness

En esta encrucijada histórica de principios del siglo XXI, estamos siendo testigos de la irrupción de las prácticas meditativas orientales en la teoría y en la práctica de la psicología, de la psicoterapia y, en general, de la ciencia occidental. Este fenómeno, de carácter probablemente excepcional, se está produciendo como consecuencia de, al menos, tres factores. En primer lugar, nos encontramos con la divulgación en occidente de las filosofías y prácticas orientales de meditación que comenzó en la segunda mitad del siglo XX con la marcha de numerosos jóvenes occidentales a países asiáticos, en busca de la novedad y libertad que prometían las filosofías y religiones del lejano Oriente. Este fenómeno se vio sorprendentemente completado por otro de muy diferente naturaleza; la huida de numerosos monjes tibetanos de su país, como consecuencia de la invasión china del Tibet, en 1951, y la implantación de la Región Autónoma del Tibet. Esta huida fue el origen de una diáspora que acabó con la creación de numerosos centros budistas de origen tibetano en todas las grandes ciudades occidentales. En segundo lugar, en la psicología occidental se está produciendo una maduración de la psicología cognitiva y, sobre todo, de las terapias cognitivas, dentro de lo que se llaman las terapias de tercera generación. Las terapias cognitivas constituyen un terreno fecundo en el que las técnicas relacionadas con la atención plena, pueden implantarse y fructificar. En la actualidad existen ya diversas técnicas terapéuticas surgidas en la psicología occidental, en las que mindfulness juega un papel destacado. Las más conocidas son: La reducción del estrés basada en mindfulness (MBSR: Kabat-Zinn, 2003); la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT: Segal, Williams, Teasdale, 2002); la terapia de aceptación y compromiso (ACT: Hayes, Strosahl y Houts, 2005) y la terapia conductual dialéctica (DBT: Linehan, 1993; García Palacios, 2006), utilizada en el tratamiento del trastorno límite de personalidad.

En tercer lugar, existe otro aspecto de la ciencia occidental que ha alcanzado un grado de maduración que lo hace confluir con la práctica de la meditación. Me refiero a la neurociencia, y en particular a lo que se llama neurociencia cognitiva y neurociencia afectiva.

Estas técnicas nos están permitiendo conocer la interacción mente-cerebro por primera vez en la historia de la humanidad y ellas han comenzado a hacer posible saber lo que sucede en el cerebro cuando se practica mindfulness.

Esta comprensión recientemente adquirida está dando paso, no sólo a una nueva forma de pensar por parte del terapeuta, sino también a que el paciente piense de forma diferente sobre sus propias funciones mentales e incluso sobre su propia psicopatología.

¿De qué hablamos, cuando decimos mindfulness?

Mindfulness no es un descubrimiento moderno, aunque vivamos ahora su redescubrimiento (y un cierto reencuentro) en el marco de la cultura occidental. Mindfulness pudo existir desde el momento mismo en que los primeros cerebros humanos comenzaron a

procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto. Es lo que expresa el viejo refrán castellano de que todo es según el color del cristal con que se mira. Y la dificultad consiste en “quitar” ese cristal para poder ver las cosas sin la deformación que su presencia comporta.

En términos neurofisiológicos, esa influencia que nos filtra la percepción de la realidad ha sido bautizada por Engel, Fries y Singer (2001) como procesamiento de arriba abajo , en oposición al procesamiento de abajo arriba , que describe la entrada de información “fresca” desde los órganos sensoriales. Hay amplia evidencia – escriben Engel, Fries y Singer (2001)-, de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo-corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes. Estas influencias descendentes ejercen una suerte de esclavización de los procesos de elaboración de la información más locales y emergentes. Los procesos de arriba abajo existen, sin duda, porque poseen un alto valor para la supervivencia, ya que permiten procesar y clasificar rápidamente la información que llega, facilitando así una toma rápida de decisiones, necesarias para sobrevivir. Ahora bien, en ese proceso de clasificación de la información, que trata de hacer encajar todo lo nuevo en categorías y moldes viejos, es inevitable que se pierda una gran parte del material entrante, precisamente la más novedosa, la que no se deja asimilar fácilmente a las categorías previamente establecidas. El sistema actúa imponiendo una serie de filtros automáticos que resaltan los aspectos ya conocidos de la realidad y atenúan, o eliminan del todo, los aspectos novedosos de la misma. Es ese color del cristal con que miramos, que hace que todo lo veamos de una tonalidad preestablecida.

Los procesos de arriba abajo son muy poderosos a la hora de esclavizar a la información viva que accede momento a momento, ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente – mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora. La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, clasificación muy útil, sobre todo a la hora de representarnos mentalmente la información que manejamos al practicar la atención plena. Estos ocho sentidos son: los cinco órganos de los sentidos clásicos, la interocepción (incluyendo las sensaciones viscerales y propioceptivas), la comprensión de la mente (de la propia y de la ajena; mindsight , teoría de la mente) y, por último, el octavo sentido, nuestro sentido relacional, que nos informa sobre la existencia de resonancia o disonancia en nuestras relaciones interpersonales y nos permite sentirnos sentidos por los otros.

¿Qué puede hacer mindfulness para cambiar esa situación? ¿Qué significa que entre en acción la mente de principiante? Al prestar una atención especial y detallada a la información entrante, comenzamos a dificultar el funcionamiento de los procesos de arriba abajo y favorecemos la llegada de más riqueza informativa a las instancias prefrontales. El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (DLPFC; dorsolateral prefrontal cortex ), se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento.

Una vez se ha dirigido la atención a una de las corrientes sensoriales (con la participación de la DLPFC), si implicamos a la vez nuestra capacidad de autoobservación, es decir la metacognición que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha (y que implica la intervención de las zonas más mediales del cortex prefrontal, incluyendo la corteza órbitofrontal) tendremos la oportunidad de flexibilizar la respuesta, desconectando, por decirlo así, la automaticidad que, en ausencia de esta intervención consciente, se hubiera producido. Podríamos decir, SODA; Si Observas, Desconectas la Automaticidad (traduciendo libremente las siglas que propone Siegel, YODA; You Observe and Decouple Automaticity ).

Es interesante señalar que si la auto-observación se mantiene durante bastante tiempo (como la práctica cotidiana y constante de mindfulness permite), llega un momento en que realmente podemos ver o apreciar las características de los procesos de arriba abajo. Antes el cristal era invisible, creíamos que lo que veíamos era directamente la realidad. Ahora nos damos cuenta de que sólo estábamos percibiendo la versión que de ella habíamos construido. Mindfulness nos permite llegar a captar la realidad por una parte y la forma en que nuestra mente la deforma, por otra. Un caso particular de este proceso de descubrimiento lo podemos contemplar en el proceso de conocimiento del propio self.

La práctica paciente y repetida de mindfulness crea las condiciones necesarias para que podamos ir descubriendo ese núcleo, relativamente desconocido, de nuestra propia ipseidad. La concentración y la calma que se desarrollan practicando la atención plena permiten el descubrimiento del funcionamiento mental, de los trucos y de los hábitos, de los subterfugios y de las mentiras con las que la mente trata de engañarse a sí misma.

Mindfulness, asimetría prefontal y disposición afectiva

Una de las razones por las que el uso de la atención plena está teniendo éxito en clínica es porque contribuye al restablecimiento del equilibrio emocional (como sucede en la ansiedad o en el trastorno límite de personalidad), y porque favorece los estados de ánimo positivos y las actitudes de aproximación frente a las de evitación, razón por la que se ha utilizado en el tratamiento de los cuadros depresivos (Segal, Williams, Teasdal, 2002; Simón, 2002). Existe al menos un trabajo que ha estudiado los efectos directos de mindfulness sobre la actividad cerebral en relación con el estado de ánimo y con lo que se ha llamado la disposición afectiva. Richard Davidson y colaboradores (2003) estudiaron la actividad cerebral de 25 sujetos experimentales normales (empleados de una empresa de biotecnología) que fueron sometidos a un programa de MBSR ( Mindfulness Based Stress Reduction) durante un periodo de 8 semanas. El programa, llevado a cabo por el propio J. Kabat- Zinn, constaba de reuniones semanales de unas 3 horas para practicar meditación, un retiro en silencio durante la sexta semana y un deber para casa que incluía prácticas de meditación para realizar durante una hora al día, 6 días a la semana. El EEG de los sujetos fue registrado en tres ocasiones; antes de las 8 semanas de tratamiento, inmediatamente después del tratamiento y cuatro meses tras finalizar el tratamiento. Los datos electroencefalográficos fueron elaborados matemáticamente hasta obtener una medida de la activación cerebral de cada hemisferio, derecho e izquierdo, que a su vez se utiliza para calcular el grado de asimetría existente entre ambos lados. Hay que aclarar que, en este contexto, la activación de la zona que se estudia está inversamente relacionada con la potencia de la banda alfa (8-13 Hz). Es decir, que a menor potencia de la banda alfa, mayor activación cerebral y viceversa (Sutton y Davidson, 1999). También podemos expresar lo mismo

las células asesinas, la relación existe y constituye una prueba más de la existencia de mecanismos psiconeuroinmunitarios.

Si recordamos que, en el apartado dedicado a la asimetría cerebral, hemos descrito que la práctica de mindfulness era capaz de provocar una lateralización a la izquierda en la activación cerebral, es lógico preguntarnos ahora si esta práctica también puede afectar al sistema inmunitario. Esto es lo que hicieron Richard Davidson y colaboradores en el trabajo ya comentado anteriormente (Davidson y cols. 2003). Se midieron los niveles plasmáticos de anticuerpos de los sujetos y se encontró que, aunque todos ellos experimentaron incrementos en dichos niveles, los sujetos pertenecientes al grupo de los meditadores tuvieron incrementos significativamente mayores que los sujetos del grupo control. La meditación potenciaba por tanto la producción de anticuerpos. La magnitud del incremento de la lateralidad izquierda predecía la magnitud del aumento de anticuerpos, subrayando así la relación entre ambas variables.

Empatía y mindfulness

La relación entre empatía y mindfulness es muy antigua, aunque sus implicaciones neurobiológicas sean mucho más recientes. Una de las clásicas meditaciones budistas es la meditación sobre “metta” , palabra pali que se traduce por amor que junto con la compasión, la alegría y la ecuanimidad forma parte de los cuatro inconmensurables estados de la mente, palabra que en inglés se está traduciendo habitualmente como “loving-kindness” y en español, como amor compasivo o bondad amorosa. En ella el meditador fomenta en sí mismo, con ayuda de diversas técnicas, los sentimientos de compasión y amor hacia otras personas y hacia sí mismo (Salzberg, 1995; Brahm, 2006).

En 2004, Lutz y cols. estudiaron la actividad electroencefalográfica en sujetos experimentales que recibían la instrucción de generar en sí mismos un estado de compasión pura o compasión no referencial (es decir, sin objeto), definiendo esta actitud como una voluntad y disponibilidad sin restricciones para ayudar a los seres vivientes. Como sujetos experimentales utilizaron practicantes de las tradiciones tibetanas Kagyu y Nyingma que poseían una amplia experiencia meditadora a lo largo de su vida (entre 10.000 y 50.000 horas). Como grupo control, se utilizaron voluntarios sin experiencia en meditación, a los que se les entrenó en la producción de este estado por un periodo de tan solo una semana. El resultado más llamativo fue que el grupo de sujetos con experiencia meditadora desarrollaban oscilaciones de gran amplitud en la banda de frecuencias gamma (25-42 Hz), sobre todo en los electrodos laterales fronto-parietales y que la generación de oscilaciones gamma era mucho mayor en los practicantes que en los controles. El aumento encontrado en la sincronización neuronal puede interpretarse como un incremento, tanto en el número de neuronas reclutadas durante la actividad, como en la precisión temporal de las descargas tálamo-corticales y córtico-corticales de esas neuronas. Además, ambos grupos, no sólo se diferenciaban claramente durante la meditación, sino también en los periodos pre y postmeditativos, sugiriendo que la actividad meditadora induce cambios a largo plazo en el funcionamiento cerebral. La conclusión más importante a la que llegan los autores de este trabajo es que los procesos atencionales y afectivos son habilidades que pueden entrenarse, aunque todavía no comprendamos exactamente el papel funcional que desempeñan en el cerebro estas modificaciones en la banda de frecuencia gamma.

Sin embargo, han sido una serie de descubrimientos neurobiológicos realizados en un área aparentemente poco relacionada con la compasión, los que han contribuido a cambiar

notablemente nuestra visión del tema de la empatía. En 1996, un grupo de investigadores italianos (Rizzolati, Fadiga, Gallese y Fogassi, 1996; Gallese, Fadiga, Fogassi y Rizzolati, 1996) describieron en la corteza premotora del macaco un tipo de neuronas que descargaba, no sólo cuando el mono ejecutaba acciones motoras dirigidas hacia una meta, sino también cuando el animal observaba a otros individuos ejecutando dichas acciones. Estas neuronas fueron denominadas neuronas en espejo por sus descubridores. Estudios posteriores han encontrado neuronas en espejo en otras zonas cerebrales y su existencia también ha sido demostrada en seres humanos, aunque en éstos, por razones obvias, hay que recurrir a otro tipo de técnicas más indirectas que las empleadas en monos; Rizzolatti y Craighero (2004), Rizzolatti (2005).

Una personalidad tan relevante en neurociencia como es Vilayanur Ramachandran, no ha dudado en calificar el descubrimiento de las neuronas en espejo como el acontecimiento más importante de la década y predice que las neuronas en espejo harán en psicología lo que el DNA hizo en la biología: aportarán un marco unificador y ayudarán a explicar una infinidad de habilidades mentales que hasta ahora han permanecido como misterios inaccesibles para los experimentadores (Ramachandran, 2000). Las redes de neuronas en espejo son el sustrato neural que hace posible el entendimiento de la mente de los otros (la teoría de la mente o la visión de la mente) y la simulación, dos actividades en las que los seres humanos somos extraordinariamente eficientes. De tal manera que, en cierta forma, percibimos el movimiento de otros a través de nosotros mismos. Hay una resonancia de nuestro sistema nervioso con el sistema nervioso del sujeto a quien observamos.

Es lógico preguntarse si al percibir las emociones de otros, también se ponen en marcha mecanismos similares a los que suceden con los actos motores y con las intenciones. Todo apunta a que esto es así. Es decir, que la empatía, la comprensión e incluso la vivencia de la misma emoción que la otra persona experimenta, se desencadena por mecanismos de imitación que hacen aparecer en el observador emociones similares a las del sujeto observado.

Resulta evidente, por tanto, que el cerebro humano viene preparado para interrelacionarse socialmente con los demás, para comprender sus actos, las intenciones que los orientan y las motivaciones que los impulsan. Y también para sentir sus emociones. Como afirma Siegel (2001), el cerebro está estructurado con una capacidad innata para trascender las fronteras de la piel de su propio cuerpo e integrarse con el mundo, especialmente con el mundo de los otros cerebros.

Una persona se siente sentida por la otra y viceversa. Pues bien, lo que Siegel sugiere es que estos sistemas neurales que normalmente sustentan las experiencias de sincronización y resonancia con otras personas, en la práctica de mindfulness , se volverían reflexivamente sobre uno mismo para desarrollar así una auto-implicación (en lugar de la implicación social antes mencionada), una relación de amor sin temor con la propia experiencia. Es decir, que en mindfulness estamos desarrollando empatía, comprensión, amor, compasión, con nuestra propia experiencia y con nuestro propio self.

Mindfulness: la transición del estado al rasgo

Existe suficiente consenso como para afirmar que mindfulness , en cualquiera de sus formas de expresión, es un estado mental. Siegel (1999) define el estado mental como el patrón total de activaciones del cerebro en un momento concreto en el tiempo y señala que un estado

plasticidad neural que les permite alcanzar estados similares de concentración que los practicantes intermedios, pero sin necesidad de realizar tanto esfuerzo atencional. Cuanto más experto se es, menos esfuerzo cuesta alcanzar el estado de concentración, ya que las redes neurales necesarias son anatómicamente más robustas. Otro de los hallazgos interesantes de este trabajo es que en los sujetos con más horas de meditación, se encontró una activación pasajera del córtex prefrontal dorsolateral (DLPFC), región con capacidad ejecutiva, relacionada con la producción de estados de alerta y monitorización de la activación atencional (Raz y Buhle, 2006). La activación de esta zona duraba unos 10-20 segundos al principio de la meditación y luego volvía a la línea basal. En cambio, los meditadores con menos horas de práctica mostraban una activación de esta zona más larga y sostenida, indicando que requerían de un esfuerzo más prolongado para mantener la atención en el presente.

Mindfulness e integración: La corteza prefrontal

En todos los trabajos en los que se estudia la actividad cerebral relacionada con la meditación utilizando la neuroimgen (véase por ejemplo la revisión de Cahn y Polich, 2006), hay una zona que suele destacar por su importante participación. Me refiero a la corteza prefrontal. La corteza prefrontal, especialmente sus zonas más anteriores (áreas 10 y 32 de Brodman), han experimentado un fuerte aumento de tamaño en la especie humana en comparación con el tamaño de la corteza prefrontal de los monos. Sin embargo, no está tan claro que ese aumento de los humanos sea tan espectacular cuando se compara con la corteza prefrontal de los grandes simios (Frith y Frith, 2006). Comentaré brevemente esta estructura cerebral y su relación con la práctica de mindfulness.

Otra manera de sistematizar el papel funcional que desempeña la corteza prefrontal es destacar una serie de funciones que correlacionan con la actividad de esta parte del cerebro. Esto es lo que hace Siegel en su libro The Mindful Brain (2007), en el que enumera nueve funciones de la corteza prefrontal medial. Estas funciones son las siguientes: Regulación corporal, comunicación sincronizada con otras mentes a través de procesos de resonancia, equilibrio emocional, flexibilidad de respuesta, empatía, auto-conocimiento (insight), modulación del miedo, intuición y moralidad. Siegel considera que todas estas funciones están relacionadas con mindfulness (en este artículo he hecho referencia a la mayoría de ellas) y que, además, las siete primeras también tienen que ver con las relaciones parento-filiales del apego seguro. Esta confluencia no hace sino corroborar lo que he descrito en el apartado sobre la empatía; si en el apego seguro (entre padres e hijos, entre paciente y terapeuta o entre profesor y alumno) se produce una sincronización interpersonal, en el caso de mindfulness existe una sincronización interna con uno mismo, en la que se facilita la integración de todos los sistemas neurales para que el sistema nervioso en su conjunto funcione de una manera coherente. Como afirma Siegel, mindfulness puede favorecer las relaciones sanas entre individuos a través de una serie de mecanismos, como la empatía incrementada, el equilibrio emocional, la flexibilidad de respuestas y una predisposición mental a la aproximación.

Una conclusión tentativa y esperanzadora

Mi hipótesis, a la vista de los conocimientos neurobiológicos que he expuesto en este trabajo, es que con la práctica prolongada de mindfulness , se producen cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de

comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales, debido precisamente a la gran repercusión que poseen, por su propia naturaleza, los procesos integradores cerebrales. Un símil deportivo, creo que apropiado aunque algo burdo, sería el de comparar la meditación con la práctica de la gimnasia. La musculatura adquirida dentro del recinto de un gimnasio, puede tener notables repercusiones en el rendimiento del individuo en diversas actividades deportivas (fútbol, natación, atletismo, etc.), aparentemente muy alejadas de los ejercicios que originalmente promovieron el desarrollo muscular. Así se comprendería la importancia potencial de la meditación para muchas actividades humanas en las que el desarrollo óptimo del sistema nervioso desempeña un papel crucial. No sólo es interesante en psicoterapia, sino que también se está abriendo paso en el mundo de la educación (Langer, 1997). Recordemos que William James, hace más de cien años, ya afirmó que el cultivo de la atención sería l’education par excellence. Mindfulness ya está comenzando a aplicarse en los niños en edad escolar, aunque de momento, su repercusión cuantitativa sea aún bastante limitada. Es obvio que muchas de estas suposiciones razonables requieren de una confirmación experimental más fundamentada de la que ahora disponemos. Pero creo que ya podemos afirmar que nos encontramos ante la eclosión de un fenómeno que va a modificar sustancialmente la manera de enfocar muchas actividades humanas, entre ellas la psicoterapia, que es la que más nos interesa en este contexto.

Una creciente cantidad de literatura ha demostrado que los sistemas nerviosos son redes

modificables y los cambios en las estructuras nerviosas pueden ocurrir en adultos como resultado

del entrenamiento. Por ejemplo, estudios longitudinales han mostrado tareas específicas que

aumentan la materia gris cerebral como un efecto de la adquisición de información abstracta

(Draganski et al, 2006), de habilidades motoras (Draganski et al, 2004), entrenamiento aeróbico

(Colcombe et al, 2006), y habilidades cognitivas (Ilg et al, 2008). Estudios cross-seccionales han

establecido que las diferencias en la materia gris regional se asocian con la ejecución de

habilidades (Mechelli et al, 2004; Milad et al, 2005), sugiriendo que el aumento en la materia gris

corresponde al mejoramiento de funciones en las áreas relevantes. Estudios con meditadores

experimentados también sugieren la posibilidad de una plasticidad estructural, pero sus diseños

cross-seccionales no excluyen la posibilidad de diferencias grupales pre-existentes, impidiendo

conclusiones causales. Aquí, nosotros reportamos un estudio longitudinal sobre cambios en la

materia gris asociados con una intervención basada en mindfulness. El propósito del estudio fue el

de identificar regiones cerebrales que cambiaran en asociación con la participación en un curso de

8 semanas sobre reducción del estrés basado en mindfulness (MBSR; Kabat-Zinn, 1990).

Este programa grupal perseguía el mejoramiento de sus participantes en las habilidades

mindfulness y en su bienestar, así como disminuir sus niveles de estrés percibido. El estudio fue

un intento para encontrar cambios neurológicos objetivamente medibles que pudieran subyacer a

los cambios asociados con la práctica del mindfulness. Se investigaron los cambios en la

concentración de la materia gris, empleando morfometría basada en voxel. El análisis se enfocó

en el hipocampo y la ínsula como regiones predefinidas de interés. Luego se ejecutó un análisis

exploratorio en todo el cerebro y se comparó con un grupo control.

  1. Método

2.1. Participantes

Los participantes sometidos a MBSR (reducción del estrés basado en mindfulness) fueron

reclutados entre las personas enroladas en estos cursos impartidos en La escuela de medicina de

la universidad de Massachusetts. Se les aceptaba si ellos reportaban que estaban físicamente y

psicológicamente sanos y no tomaban medicamentos. Otros criterios de inclusión eran: no haber

tomado clases de meditación en los últimos 6 meses, no más de 4 clases en los últimos 5 años o un

máximo de 10 clases durante toda su vida; si tenían entre 25 y 55 años de edad y no tenían

ninguna contraindicación para someterse al escaneo MRI (implantes metálicos, claustrofobia) y se

comprometían a asistir a las 8 clases y llevar a cabo las tareas programadas para el hogar.

Los participantes fueron 6 varones y 10 mujeres con una edad promedio de 38 años.

El grupo control consistió de 17 participantes (11 varones y 6 mujeres) con una edad promedio

de 39 años y con una escolaridad promedio de 17.3 años.

2.2. Intervención

El programa MBSR ha sido descrito extensamente en otros lugares (Kabat-Zinn, 1990).

Brevemente, consiste de 8 reuniones grupales, una por semana de 2.5 horas cada una, más un día

completo (6.5 horas) durante la sexta semana del curso. El entrenamiento formal de mindfulness

busca desarrollar la capacidad de estar consciente del las experiencias del momento presente con

una actitud compasiva libre de juicios e incluye el escaneo de todo el cuerpo, un poco de yoga y

sentarse a meditar.

Durante el escaneo del cuerpo, la atención se guía secuencialmente a todo el cuerpo,

observando sin juzgar las sensaciones de cada región y finalizando teniendo consciencia del

cuerpo como ‘un todo’. El yoga consistía de ejercicios de estiramiento gentiles y movimientos

lentos que se coordinan con la respiración, el énfasis se ponía en estar completamente atentos a la

experiencia momento a momento, con una actitud no exigente. Sentarse a meditar típicamente

iniciaba teniendo consciente las sensaciones de la respiración, para luego incluir la atención en

diferentes modalidades (como al sonido, los sabores, otras sensaciones corporales, pensamientos

y emociones). Los participantes recibían grabaciones de audio de 45 minutos conteniendo guías de

ejercicios mindfulness que tenían que practicar diariamente en casa. También se les pidió practicar

mindfulness en actividades como comer, caminar, lavarse los dientes o tomar una ducha.

2.3. Cuestionario de 5 facetas de mindfulness

El Cuestionario de 5 facetas de Mindfulness (FFMQ; Baer et al, 2006) es una escala de 39

reactivos que mide cinco factores de mindfulness: Observar (atender o notar estímulos internos y

externos, como sensaciones, emociones, cogniciones, imágenes, sonidos y olores), Describir (notar

o mentalmente nombrar estos estímulos con palabras), Actuar conscientemente (atender a

nuestras acciones en oposición a comportarse automáticamente o sin darse cuenta), No Juzgar la

experiencia (abstenerse de evaluar nuestras sensaciones, cogniciones y emociones), y No

Reaccionar a la experiencia interna (permitir que los pensamientos y emociones vayan y vengan,

sin que nuestra atención sea capturada por ellos). Se obtuvieron datos útiles de 14 participantes

MBSR y de 14 del grupo control.

2.4. Obtención y análisis de datos MRI

Los participantes MBSR fueron escaneados 2 semanas antes de su entrenamiento (Pre) y dos

semanas después (Post). Los participantes del grupo control también fueron escaneados dos

veces, con una separación aproximada de dos meses.

  1. Resultados

Este estudio demostró cambios longitudinales en la concentración de la materia gris cerebral

luego de 8 semanas de entrenamiento para reducir el estrés basado en mindfulness, comparado

con un grupo control. Se confirmaron los incrementos hipotetizados en la concentración de la

materia gris en el hipocampo izquierdo. El análisis exploratorio de todo el cerebro identificó

incrementos significativos en la concentración de la materia gris en la corteza posterior cingulada y

en la unión temporo-parietal, así como en el cerebelo (verlas Figuras 1, 2, 3).