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Orientación Universidad
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siglo xviii, Apuntes de Literatura del Siglo XVIII

Asignatura: Literatura Española del Siglo XVIII, Profesor: , Carrera: Español: Lengua y Literatura, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 13/04/2016

LorenaPuf3
LorenaPuf3 🇪🇸

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Vicente García de la Huerta
Raquel
2003 - Reservados todos los derechos
Permitido el uso sin fines comerciales
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Vicente García de la Huerta

Raquel

2003 - Reservados todos los derechos

Permitido el uso sin fines comerciales

Vicente García de la Huerta

Raquel

Loa para la Tragedia de Raquel

(Orán, 1772)

Ilustre Mauritania cesariense, de heroicos hechos bélico teatro, donde ha representado la fortuna al mundo los sucesos más extraños, y más ilustre ya desde que goza por Numen Tutelar al grande Carlos, aquel cuyos cruzados estandartes asombro son del bárbaro Africano; (Cuántas aclamaciones este día, por ser vuestro natal, oh, Rey amado, os previniera, si de vuestro elogio pudiese contemplar digno mi labio Mas tiempo llegará que convertido en sonante Epopeya el triste canto el Mundo os reverencie por mis versos y por vuestra virtud, de Héroes dechado). Hermosas Damas, Auditorio noble, y vos, generosísimo Alvarado, si digno Nieto, imitador heroico de tanto Campeón Americano; Pues si aquellos con ánimo invencible en aquel nuevo Mundo sujetaron Reyes e Imperios, vos aquí igualmente domáis Montes, rendís altos peñascos, Padrón que erige eterno a vuestro nombre el celo vuestro contra quien en vano combatirán los tiros de la envidia y el poderoso impulso de los años, Pues nada bastará para que deje

si bien llenos de obsequio y rendimiento y de un constante empeño de serviros. Prestad oído grato a sus quebrantos. ¿Mas qué teme? ¿qué duda el conseguirlo, siendo hermosa, y vosotros Españoles, infeliz, y vosotros compasivos?

Argumento Pues el Rey don Alonso ovo passados todos estos trabajos en el comienzo quando reynó, e fue casado, fuese para Toledo con su muger Doña Leonor; e estando y, pagóse mucho de una Judía que avie nombre Fermosa, e olvidó la muger, e encerróse con ella gran tiempo en guisa que non se podie partir de ella por ninguna manera, nin se pagaba tanto de cosa ninguna; e estubo encerrado con ella poco menos de siete años, que non se menbraba de sí nin de su Reyno nin de otra cosa ninguna. Estonce ovieron su acuerdo los omes buenos del Reyno cómo pusiesen algún recaudo en aquel fecho tan malo, e tan desaguisado; e acordaron que la matasen, e que así cobrarién a su Señor, que teníen por perdido: e con este acuerdo fuéronse para allá, e entraron al Rey diciendo que querían fabrar con él; e mientras los unos fabraron con el Rey, entraron otros donde estaba aquella Judía en muy nobles estrados e degolláronla.

(Chrónica General, part. 4., fol. 387., col.2.)

PERSONAS

ALFONSO OCTAVO, Rey de Castilla. RAQUEL, Judía. RUBÉN, Confidente de Raquel. HERNÁN GARCÍA DE CASTRO. Ricos hombres. ALVAR FÁÑEZ. GARCERÁN MANRIQUE DE LARA. CASTELLANOS. GUARDIA DEL REY. Acompañamiento de judíos y judías.

Plebs ferro me saeva petit, pereoque libenter Carnificis docta sic mage pulcra manu.

«... Tu amor es mi delito;

La plebe quien le juzga y le condena.»

Jornada primera

En el antiguo Alcázar de Toledo, salón común de audiencia, con silla y dosel real en su fondo.

(Salen GARCERÁN MANRIQUE y HERNÁN GARCÍA.)

GARCERÁN MANRIQUE Toda júbilo es hoy la gran Toledo: el popular aplauso y alegría unidos al magnífico aparato las victorias de Alfonso solemnizan. Hoy se cumplen diez años que triunfante 5 le vio volver el Tajo a sus orillas, después de haber las del Jordán bañado con la Persiana sangre y con la Egipcia, segundo Godofredo, cuya espada de celestial impulso dirigida, 10 al cuello amenazó del Saladino, tirano pertinaz de Palestina, cuando el poder, y esfuerzo Castellano cobró en Jerusalén la joya rica del Sepulcro de Cristo, con desdoro 15 del Francés Lusiñán antes perdida; y hoy también hace siete, que postrado el orgullo feroz de la Morisma, le aclamaron las Navas de Tolosa por sus proezas Marte de Castilla, 20 y ofreciendo los bárbaros pendones por tapetes del Templo de María, perpetuó de la hazaña la memoria con la celebridad hoy repetida. En confuso tropel el Pueblo corre 25 por volver a su Monarca, que este día dejándose gozar de sus Vasallos, hacer mayor la fiesta determina. La Corte toda al Templo le ha seguido; y pues que nuestra falta conocida 30 no podrá ser en tanta concurrencia, esperemos en estas galerías a que vuelva; si quiere honrar el lado de Garcerán Manrique Hernán García.

usurpa de los cielos, y aun vendría a ser audacia atroz... GARCÍA Cuando se aparta de lo que es justo el Rey, cuando declina del decoro que debe a su persona, 85 lealtad será advertirle, no osadía. En el excelso Trono es donde debe resplandecer más tersa la justicia, y un Rey con sus acciones mayor cuenta debe tener; que el vicio que sería 90 apenas conocido en las Cabañas, si en los Palacios reina, escandaliza. MANRIQUE El que profiera quejas... GARCÍA No me quejo de Alfonso yo; lamento la desdicha de este Reino infeliz, presa y despojo 95 de una infame mujer prostituida; del Rey el ciego encanto, las prisiones con que esta torpe Hebrea le esclaviza; la soberbia, el orgullo, el despotismo, con que triunfa del Reino cada día. 100 La primera persona de la Corte es Raquel; a su obsequio se dedican los grandes y pequeños, que presumen ser las bajezas puertas de la dicha. ¿Quién, Garcerán, no teme, aunque su ilustre 105 nacimiento y conducta le distingan, caer en su desgracia? De su arbitrio penden honor, hacienda, fama y vida; agotados del Reino los tesoros tiene su profusión; su altanería, 110 por sumisión, adoración pretende; besarla el pie, doblarla la rodilla, el medio de medrar es en la Corte. ¿Y esto los Ricos Hombres de Castilla deben sufrir? ¿Es esto ser leales? 115 Esto no es lealtad, es villanía. MANRIQUE Conozco tu razón; veo que Alfonso hacia su perdición se precipita; de Raquel la injusticia considero; pero Alfonso es mi Rey; Raquel me obliga 120 con beneficios; fiel y agradecido debo ser a los dos; que ofendería, si obrara de otro modo, mi nobleza. Mas Raquel sale. GARCÍA ¡Qué desvanecida la tiene su privanza y su fortuna! 125

MANRIQUE ¡Qué belleza tan grave y peregrina! GARCÍA ¡Y qué bien entre Godos capacetes parecen, Garcerán, tocas Judías!

(Salen RAQUEL, RUBÉN y acompañamiento de JUDÍOS y JUDÍAS.)

RAQUEL ¡Oh Garcerán! MANRIQUE En hora buena salga a dar esmalte nuevo al claro día 130 la aurora de Toledo. Tantos siglos goces esa beldad, Raquel divina, cuantas arenas de oro el rico Tajo revuelve en sus corrientes cristalinas. GARCÍA ¡Qué torpe adulación! RAQUEL Tanto agradezco, 135 Manrique, tu atención, cuanto me admira ver que los Ricos Hombres desamparen de Alfonso el lado en tan notable día, y ociosos en las cuadras de Palacio asistan, cuando fuera más bien vista 140 la asistencia a su Rey, en los que tanto se precian de leales. GARCÍA ¡Qué osadía! MANRIQUE Yo... Raquel... Mi respeto... GARCÍA (A MANRIQUE.) Su respeto los Nobles a su Rey sólo dedican. (A RAQUEL.) Cuando Alfonso en las Navas de Tolosa 145 esgrimió contra Alarbes la cuchilla; o cuando los Persianos escuadrones en los campos domó de Palestina, entonces le seguí, sin que a su lado faltase mi persona noche y día. 150 Mas ahora, que en fiestas se entretiene, que no hay fieros contrarios que le embistan, y que guerras de amor sólo sustenta, no ha menester, Raquel, mi compañía. Tropas de aduladores le acompañen 155 de tantos que alimenta la codicia, mientras viva en su Corte; que en campaña siempre el primero fue Fernán García. RAQUEL ¡Qué presunción tan fiera! Tus razones bien la aspereza bárbara acreditan 160 de tu rústica cuna, y tu crianza. Lo inculto de los Montes de Castilla no llevan fruto menos desabrido

impaciente me tiene. Tú, Manrique, advierte luego a Alfonso. MANRIQUE Si te obliga con esto mi obediencia, ya te sirvo. (Vase.) RAQUEL Rubén, ¿soy yo Raquel? ¿Soy quien solía en el alma de Alfonso y en su Corte 215 ser adorada en vez de obedecida? ¿Soy quien las riendas del gobierno tiene en sus manos?, ¿quien premia y quien castiga? Sácame ya, Rubén, de tanta duda; que al verme así ultrajada y ofendida, 220 mi poder y mi suerte desconozco, y pienso que no soy la que solía. RUBÉN No al enojo la rienda, Raquel bella, sueltes así. De Hernando la osadía honras con tu pesar. Yo te he criado; 225 por mi astucia, Raquel, y mi doctrina te has dirigido en toda tu privanza, desde el día feliz en que rendida al imperio quedó de tu hermosura de Alfonso Octavo la soberanía. 230 Que acertados han sido mis consejos, sus felices efectos acreditan. Esta verdad supuesta, ¿la venganza no está en tu mano? ¿Pues por qué fatigas tu corazón con tales sentimientos? 235 Muera Fernando, muera quien irrita a Raquel; y si el Reino se le atreve, libre de su rigor no quede vida. Pero sea, Raquel, con disimulo: no armes con la amenaza la malicia; 240 sientan el golpe los que te ofendieren, primero que el amago de tus iras. Alfonso cuanto pides te concede: su corazón, su Cetro y Monarquía riges a tu albedrío. Pues si tanto 245 te puedes prometer, ¿en qué vacilas? Muera Fernando, el Pueblo, la Nobleza, y si te ofende, abrásese Castilla. RAQUEL Abrásese Castilla y muera Hernando; sí, Rubén: ¿Mas tan graves demasías 250 no deberán sentirse? RUBÉN No lo niego, mas deberán hallarte prevenida. Siempre al favor persiguen enemigos, que es la privanza madre de la envidia. Los Ricos Hombres tienes agraviados; 255

pues los honores que a ellos se debían, por tu mano se dan a los Hebreos. Si los ofendes tú, ¿qué maravilla es que se quejen ellos? Mas ya el ruido manifiesta que Alfonso se avecina. 260 Ya llega. RAQUEL Ahora de mi justo enojo tendré satisfacción: verá García si se ofende a Raquel impunemente, y si es bien temerario quien la irrita.

(Salen ALFONSO, MANRIQUE, ALVAR FÁÑEZ y acompañamiento.)

ALFONSO Aplíquese al desorden el remedio, 265 Alvar Fáñez, si da lugar la ira al discurso. RAQUEL (De rodillas.) Admitid, amado Alfonso, un alma... ALFONSO (Apartándola.) Raquel, calla; no prosigas; no cuando el corazón en iras arde ahogues las venganzas que fulmina. 270 Segunda Troya al fuego de mi enojo ha de ser hoy Toledo. ¿Quién creería tan audaz desacato? ¿Se ha olvidado Castilla de que Alfonso la domina? ¿Sabe que aquesta espada, aqueste brazo 275 es segur de la Parca contra vidas de traidores? y que... Pero, ¿qué dudo? Lugar no quede, puesto no se omita sin examen; procúrese el aleve autor de aquella voz tan atrevida, 280 tan indigna de pechos Castellanos; los cómplices se busquen que la animan; que a mi poder protesto, y a los Cielos, que el grave desacato escandaliza, que ha de ser mi venganza y su castigo 285 asombro de Toledo y de Castilla. Parte tú, Garcerán; los sediciosos asegura si puedes o averigua, que ha de ver hoy España y todo el orbe si Alfonso Octavo de quien es se olvida. 290 MANRIQUE No quedará lugar que no se inquiera en busca del traidor. (Vase.) ALVAR FÁÑEZ Tan conmovida está Toledo, que será difícil poderla sosegar.

para tanto desvío? ¿Mis caricias en qué te han ofendido, que por premio sólo odio y desagrado se concilian? Mas ¡ay de mí!, que en vano me desvelo 335 en buscar la ocasión de mis fatigas; pues la suerte que empieza a perseguirme, por doblarme el dolor, querrá encubrirla. RUBÉN ¿Así, Raquel, tu corazón desmaya en tan fuerte ocasión, donde es precisa 340 la constancia mayor? En los principios si un mal, aunque sea leve, se descuida, fuerzas del abandono va cobrando, que el remedio después inutilizan. Reciente es este mal; aún se está a tiempo 345 de poderle acudir; quien averigua la causa de un dolor, con más acierto aplicarle podrá la medicina. Inquiérase, Raquel, de esta desgracia la ocasión; que después de conocida, 350 si no cede a remedios ordinarios, buscará los extremos mi malicia. RAQUEL Bien, Rubén, me aconsejas; ¿en qué dudas?, al yugo vuelva la cerviz altiva segunda vez Alfonso; el fin se logre, 335 y el medio sea cualquiera, que tú elijas. Lícito es cuanto sea conveniente: propia moral de la venganza mía. (Ruido dentro.) Mas ¡ay de mí! ¿Qué estrépito confuso oírse deja? Al alma pronostica 360 el corazón, latiendo apresurado, algún cercano mal. RUBÉN Ya más distintas se perciben las voces: nunca pruebas mayores dio de sí la cobardía, que al escuchar rumor tan temeroso. 365 (Voz dentro.) ¡Muera Raquel, para que Alfonso viva! RAQUEL No es delirio: verdad es la que toco; ¿y esto sufre mi enojo?, ¿esto mis iras? Espera, vulgo bárbaro, atrevido, que si mi sangre a derramar conspiras, 370 verás que a costa de la tuya sabe defender y guardar Raquel su vida. Mas ¡ay de mí, infeliz!, ¿a dónde corro sin consejo, oh Rubén? ¿Ya se averiguan las causas del enojo y del desvío 375

de Alfonso? ¿Quién lo duda? Hernán García el pueblo ha sublevado. ¿Qué consejo me das, Rubén? RUBÉN Ceder a la desdicha. (Vase.) RAQUEL ¿Tú también me abandonas?

(Sale MANRIQUE.)

MANRIQUE Si procuras la vida conservar, que aquí peligra, 380 huye, Raquel; en la vecina torre de este Alcázar te salva; conmovida está toda Toledo en daño tuyo; huye del riesgo, el mal presente evita. RAQUEL ¡Ay de mí!, ¿que es posible lo que escucho? 385 ¿Que hicieses mutación tan repentina, engañosa deidad, que la que un tiempo tanto elevaste, así la precipitas? Mas si es fuerza ceder a la fortuna, huyamos ya, Raquel; de asilo sirvan 390 hoy a tus desventuras esas torres que fueron el teatro de tus dichas. (Vase.) MANRIQUE Ya se fue. El alboroto va creciendo; pero ya el Rey...

(Salen ALFONSO, ALVAR FÁÑEZ y acompañamiento.)

ALFONSO (Apresurado.) ¿Manrique...? MANRIQUE ¿Quién podría persuadirse, Señor, tal desacato? 395 El Pueblo, como el ruido lo publica, el Alcázar rodea: en grave riesgo está vuestra persona; la atrevida voz que se oyó en el Templo esta mañana, el vulgo alborotado abanderiza; 400 y cuando yo pensaba contenerle, como mandaste, vi de Hernán García, el intento feroz acaudillando, la acción acalorada, y en la grita era el primero a quien se le escuchaba: 405 «Muera Raquel, para que Alfonso viva». ALFONSO ¿Qué es esto? ¿Pudo Hernando (es increíble) cometer tan infame bastardía? ¿Hernando, aquel que ha dado tantas pruebas de su fidelidad, ahora conspira 410

el viento puebla, oh noble Alfonso Octavo, Monarca de Castilla, quien por siglos cuente el tiempo feliz de tu Reinado; 450 esa voz, que en el Templo originada profanó del lugar los fueros santos, y de la Majestad los privilegios tan injuriosamente ha vulnerado si el fin, si los intentos se examinan, 455 y el celo que la anima contemplamos, aliento es del amor más encendido, voz del afecto más acrisolado. Voz es de tus Vasallos, que de serlo testimonio jamás dieron más claro 460 que cuando más traidores te parecen, que cuando los estás más infamando. Estos, porque tu error se desvanezca, los mismos son que en tus primeros años, cuando para el recobro de tus Reinos 465 Marte armó de valor tu tierno brazo, por tu amor derramaron de sus venas la hidalga sangre; los que acompañando el cruzado pendón en Palestina, Rey de Jerusalén te coronaron. 470 Estos los mismos son que al Luso altivo, el bravo Aragonés con el Navarro, fieros usurpadores de tus tierras, echaron con baldón de tus estados; los que postrando el Leonés orgullo 475 en Palencia y Simancas, desterraron de Fernando el dominio o tiranía, que vínculos de sangre pretextando, se arrogó tu tutela, cuando fuiste pupilo en nombre, en realidad esclavo. 480 Aquellos son, cuyas gloriosas armas de Tolosa en las Navas, y en Alarcos, terror y afrenta tantas veces fueron de inmensos escuadrones de Africanos. Estos, Alfonso, son los que te hablan 485 por mi boca: los mismos que postrados a tus pies el remedio solicitan de extremos males, de insufribles daños. Cuán grandes éstos sean, bien parece que no hay necesidad de recordarlo, 490 cuando para notarlos y advertirlos, cada rostro te muestra su retrato. Repara en tus Vasallos: sus semblantes te pintarán con infelices rasgos

la triste situación en que se hallan 495 sus altivos espíritus gallardos. ¿Pero cómo han de estar sino marchitos campos a quienes niega el Sol sus rayos, jardines que descuida el jardinero, flor que no riega diligente mano? 500 Los campos del imperio de Castilla, del valeroso Alfonso abandonados, sólo espinas producen y venenos, que ofenden y atosigan sus vasallos. Raquel... Permite, Alfonso, que la nombre, 505 y si te pareciere desacato que quejas de Raquel se te repitan, pague mi cuello culpas de mi labio. Raquel (vuelvo a decir) no solamente el Reino tiraniza Castellano, 510 no sólo de los Ricos Hombres triunfa, no sólo el Pueblo tiene esclavizado, no sólo ensalza viles Idumeos, no sólo menoscaba tus erarios, no sólo con tributos nos aqueja, 515 sino que (lo que es más), de Alfonso Octavo el alma y los sentidos de tal suerte domina y avasalla, que postrado obscuramente yace en su ignominia, siendo mofa de propios y de extraños. 520 Ya no conquista Alfonso; ya no vence; ya no es Alfonso Rey: aprisionado le tiene entre sus brazos una Hebrea; ¿pues cómo ha de ser Rey el que es esclavo? ¿Estos los timbres son de tus victorias? 525 ¿Este el fin de tus triunfos y tus lauros? ¿De este modo coronas tus hazañas? ¿Para esto de la fama al metal claro diste gloriosa voz con tus proezas? ¿Para esto al noble esfuerzo de tu brazo 530 venciste Reyes, conquistaste Imperios? Sí: para que Raquel atropellando tus glorias, tus hazañas, tus conquistas, tus timbres adquiridos y heredados, obscureciese, Alfonso, tu memoria, 535 deshonrase tu nombre y tu reinado. Si sólo el fin los hechos califica, ¿qué sirven los principios acertados, cuando son desaciertos los extremos? ¿Que importa, Alfonso, que en tus tiernos años 540 llenases con tu nombre todo el orbe,

y ya, oh divina luz, con tus reflejos todo el horror descubro de este encanto. Ya el letargo detesto en que he vivido; ya, nobles y leales Castellanos, 590 sobre sí vuelve Alfonso a los avisos que a sus errores vuestro amor ha dado. Hoy veréis que, si el escándalo del Reino ha sido su abandono tantos años, la enmienda que medita, a borrar basta 595 del yerro la memoria y el retrato. Salga Raquel del Reino; los Hebreos salgan también con ella desterrados; que ni quiero delicias, ni riquezas, si en perjuicio han de ser de mis vasallos. 600 Tú, Fernando, del pueblo conmovido sosiega el alboroto; y tú, entre tanto, Alvar Fáñez, dispón que del destierro se formalicen el Decreto y Bando. Triunfe esta vez de sí, quien tantas veces 605 supo triunfar de ejércitos contrarios, y añada a sus vasallos esta prueba del amor que les tiene Alfonso Octavo. GARCÍA (Arrodillándose.) Permíteme, que el labio humilde imprima en tu planta real. ALVAR FÁÑEZ (Arrodillándose.) Deja que dando 610 muestras de gratitud, mi gozo explique. ALFONSO No os detengáis, que el pecho atormentado está en la dilación. ALVAR FÁÑEZ Ya te obedezco. (Vase.) GARCÍA A ejecutar, Alfonso, tus mandatos parto veloz. A tu benigno imperio 615 erigirá Castilla simulacros. (Vase.) ALFONSO ¿Qué es esto, Garcerán, que por mí pasa? Pero, ¿qué dudo? Parte apresurado; busca al punto a Raquel; di que la espero. MANRIQUE Lo haré como mandáis. (Vase.) ALFONSO Tiranos astros, 620 ¿dónde llega el rigor de vuestro influjo? ¿Esta pena, este golpe reservado me teníais? ¿Alfonso de sus fieles Castellanos con tanto desacato requerido? ¿No es éste atrevimiento? 625 No: que la pretensión es justa, y cuando con razón pide el súbdito, no ofende; que de culpa le absuelve y atentado

lo justo de la instancia. ¡Qué congojas, qué pasiones y afectos tan contrarios 630 atormentan al alma! ¿Que es posible que a su Reino motivo Alfonso ha dado para que a su decoro se le atreva? Mas ¡oh cuán neciamente que lo extraño! ¿No se ha olvidado Alfonso de sí mismo? 635 Pues ¿qué mucho es le olviden sus vasallos? ¿Pero Raquel no sirve a mi locura de disculpa? ¿El dulcísimo milagro de su beldad...? ¡Oh suerte rigurosa!, ¡con cuánta confusión lidio y batallo! 640 ¿Pero no soy Alfonso? ¿De Castilla el Monarca no soy? Ceda al sagrado ser de la Majestad un vil afecto. Las débiles pasiones de lo humano a la vista del solio desaparezcan. 645 Deshaga de mi juicio los nublados la luz de la razón, que va despierta del letargo mortal de tantos años. Pero aquí Raquel sale.

(Sale RAQUEL.)

RAQUEL En tu presencia a Raquel tienes ya; del vulgo airado 650 entrégala al furor y la venganza; redime tu peligro con su daño. ¿No me llamas para esto? ¿Esta fineza no es el premio que tienes preparado a mi amor? ¿En qué dudas? Raquel muera; 655 muera, pues en amarte te hace agravio. ALFONSO ¡Cuánto, hermosa Raquel, mi amor ofendes! No añadas al dolor que sufro y paso, de tu insulto el rigor y tiranía. ¡Yo darte a ti la muerte!, ¡yo te amo!, 660 ¡que sólo a influjo de tus ojos vivo!, ¡que apetezco la vida sólo en cuanto ofrenda puede ser de tu belleza! ¿Tal presumes de mí? ¡Oh cuán contrario es mi intento, Raquel! Salvar tu vida 665 a costa de la mía, es lo que trato. El pueblo (ya lo ves) que Raquel muera o salga de Toledo está clamando. ¡Oh qué extremos, Raquel, tan rigurosos! ¿Quién el medio hallará de conciliarlos? 670 Mi valor y poder no son bastantes