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sintáxis histórica, Apuntes de Filología hispánica

Asignatura: Sintaxis histórica del español, Profesor: Jose Luis Giron Alconchel, Carrera: Derecho + Administración y Dirección de Empresas, Universidad: UC3M

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 24/02/2016

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TEMA I : El artículo. Teorías sobre su creación y etimología
El latín clásico, al contrario que el griego, no tenía artículo. Sin embargo, todas las lengua románicas crearon
esa categoría de artículo a partir del demostratrivo IPSEAUM (sardo y parte de las hablas gasconas y
catalanas) y ILLEAUD (resto de la Romania).
Paul Lloyd opina que, debido a la creciente frecuencia de uso, illeaud se pudo haber reducido en su forma,
de manera que existieron, junto a las formas originarias, las formas reducidas ileaud.
A pesar de que parece claro que en latín no existió el artículo, ha habido lingüistas en el último cuarto del
siglo XIX y primeros decenios del XX que sostuvieron que en el latín vulgar de la época clásica sí existió una
forma de artículo o comienzo de variación en el empleo del demostrativo.
Muller en 1929 llegó a la conclusión de que ya en Plauto, las cartas de Cicerón, Petronio y otros escritores
más populares se encuentran construcciones en las que el valor del demostrativo estaba ya muy atenuado
cuando iba acompañando a un sustantivo.
No podemos dejar de recordar la diferencia que hay entre lengua hablada y escrita. Muller opina que algunos
escritores ponían el demostrativo con valor de artículo cuando hablaban, pero no lo llevaban a la práctica en
sus escritos porque en ellos seguían la forma latina culta.
Esta idea de Muller ha llevado a muchos investigadores a proponer diferentes fechas, que oscilan entre el
período de los siglos II5VIII, para datar la aparición del artículo. Esta imposición parece lógica si advertimos
que lo que va ocurriendo es un paulatino debilitamiento del demostrativo, que va perdiendo su carga
semántica hasta convertirse en un mero acompañante.
En muchas ocasiones es difícil establecer en construcciones anafóricas cuándo en realidad el demostrativo
actúa como tal y cuándo con ese valor atenuado y más próximo al artículo. Hay lingüistas que sostienen que la
aparición del artículo en latín se debió a la influencia del griego, fundamentalmente a través de las
traducciones. Estos lingüistas establecen que cuando los autores griegos traducían, cada vez que se
encontraban la forma del artículo griego, lo pasaban al latín usando un demostrativo.
Esta propuesta fue bastante aceptada pero también tuvo sus detractores posteriormente. Algunos lingüistas
creyeron que se trataba de una justificación forzada porque entonces estableceríamos que esas traducciones
que significaban un hecho de limitación cultural (no todos tenían acceso a ellas ni sabía leer todo el mundo)
pueden llegarse a convertir en un fenómeno general de la lengua hablada. Además, posteriormente se han
hecho estudios estadísticos sobre estas traducciones, donde ha quedado reflejado el uso del demostrativo
como artículo y sólo el tres por ciento de las apariciones del artículo griego se traducían como un artículo
propiamente dicho. Por tanto, se trata de datos certeros que nos llevan a desechar la teoría anterior.
E. Löfstedt dice que el latín no tuvo un verdadero artículo, pero se plantea que si precisamente las lenguas
románicas poseen en la actualidad un artículo se debe a que en sus comienzos (a partir del siglo VI) se empleó
ille con un valor próximo al del artículo románico. Estudia una serie de construcciones para demostrar su
teoría:
Ejemplo: GAIUS ILLE BARBARUS
A partir del siglo VI se registran construcciones de este tipo, donde el artículo va entre el adjetivo y el verbo.
Ello pudo ser el punto de partida del desarrollo y transformación del demostrativo con valor de artículo.
Además añade que la construcción del artículo hay que situarla en la época en que cada lengua románica
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TEMA I : El artículo. Teorías sobre su creación y etimología

El latín clásico, al contrario que el griego, no tenía artículo. Sin embargo, todas las lengua románicas crearon esa categoría de artículo a partir del demostratrivo IPSE⌃A⌃UM (sardo y parte de las hablas gasconas y catalanas) y ILLE⌃A⌃UD (resto de la Romania).

Paul Lloyd opina que, debido a la creciente frecuencia de uso, ille⇧a⇧ud se pudo haber reducido en su forma, de manera que existieron, junto a las formas originarias, las formas reducidas ile⇧a⇧ud.

A pesar de que parece claro que en latín no existió el artículo, ha habido lingüistas en el último cuarto del siglo XIX y primeros decenios del XX que sostuvieron que en el latín vulgar de la época clásica sí existió una forma de artículo o comienzo de variación en el empleo del demostrativo.

Muller en 1929 llegó a la conclusión de que ya en Plauto, las cartas de Cicerón, Petronio y otros escritores más populares se encuentran construcciones en las que el valor del demostrativo estaba ya muy atenuado cuando iba acompañando a un sustantivo.

No podemos dejar de recordar la diferencia que hay entre lengua hablada y escrita. Muller opina que algunos escritores ponían el demostrativo con valor de artículo cuando hablaban, pero no lo llevaban a la práctica en sus escritos porque en ellos seguían la forma latina culta.

Esta idea de Muller ha llevado a muchos investigadores a proponer diferentes fechas, que oscilan entre el período de los siglos II 5 VIII, para datar la aparición del artículo. Esta imposición parece lógica si advertimos que lo que va ocurriendo es un paulatino debilitamiento del demostrativo, que va perdiendo su carga semántica hasta convertirse en un mero acompañante.

En muchas ocasiones es difícil establecer en construcciones anafóricas cuándo en realidad el demostrativo actúa como tal y cuándo con ese valor atenuado y más próximo al artículo. Hay lingüistas que sostienen que la aparición del artículo en latín se debió a la influencia del griego, fundamentalmente a través de las traducciones. Estos lingüistas establecen que cuando los autores griegos traducían, cada vez que se encontraban la forma del artículo griego, lo pasaban al latín usando un demostrativo.

Esta propuesta fue bastante aceptada pero también tuvo sus detractores posteriormente. Algunos lingüistas creyeron que se trataba de una justificación forzada porque entonces estableceríamos que esas traducciones que significaban un hecho de limitación cultural (no todos tenían acceso a ellas ni sabía leer todo el mundo) pueden llegarse a convertir en un fenómeno general de la lengua hablada. Además, posteriormente se han hecho estudios estadísticos sobre estas traducciones, donde ha quedado reflejado el uso del demostrativo como artículo y sólo el tres por ciento de las apariciones del artículo griego se traducían como un artículo propiamente dicho. Por tanto, se trata de datos certeros que nos llevan a desechar la teoría anterior.

E. Löfstedt dice que el latín no tuvo un verdadero artículo, pero se plantea que si precisamente las lenguas románicas poseen en la actualidad un artículo se debe a que en sus comienzos (a partir del siglo VI) se empleó ille con un valor próximo al del artículo románico. Estudia una serie de construcciones para demostrar su teoría:

Ejemplo: GAIUS ILLE BARBARUS

A partir del siglo VI se registran construcciones de este tipo, donde el artículo va entre el adjetivo y el verbo. Ello pudo ser el punto de partida del desarrollo y transformación del demostrativo con valor de artículo. Además añade que la construcción del artículo hay que situarla en la época en que cada lengua románica

seguía su rumbo particular.

Lo que está claro es que en el latín tardío aumentará, en gran manera, el uso de los demostrativos y ello indudablemente deberá significar algo. Ante esta observación, G. L. Trager (realizó un estudio en 1932 sobre el uso de los demostrativos latinos hasta finales del siglo VI) establece que desde los últimos años del siglo IV se registra en la literatura un gran aumento en el número total de demostrativos, llegando incluso a duplicarse. También es significativo el hecho de que también en el transcurso del tiempo se observa un incremento del demostrativo junto a un sustantivo. Ello puede hacer pensar que se empieza a producir una transformación funcional, que se pudo empezar a dar un pérdida de su valor originario puramente mostrativo.

Este autor afirma que a medida que avanza el tiempo, el demostrativo, aunque empezó a utilizarse para poner de relieve las realidades vistas o vividas por el hablante (utilizando cualquiera de ellos), a partir de los siglos IV, V y VI empezó a usarse para estas cuestiones o usos los demostrativos ille e ipse.

A medida que va aumentando la frecuencia de uso y especialización de ipse e ille, tendrá como consecuencia que esos dos demostrativos puedan capacitarse cada vez más para otras funciones. Así, ille e ipse se empieza a aplicar a todo sustantivo que indique seres u objetos consabidos sin mención previa. Trager piensa que este fue el punto de partida de la formación del artículo.

Menéndez Pidal cree que el artículo es "sólo un demostrativo que determina un objeto de una manera más vaga que otro demostrativo" (por tanto, este demostrativo ya perdería su significación de cercanía o alejamiento y quedaría con una vaga significación). Cuando hace un estudio de una serie de obras del español medieval se da cuenta de que casi todos los demostrativos que aparecen en la lengua antigua podían estarse utilizando con el valor de artículo.

Ejemplo: *vayamos en AQUEL dia / *ES dia es salido e la noch entrada es

En ambos ejemplos podíamos poner sin problemas el artículo. En ningún caso alteraría la significación de la frase.

Como conclusión, podríamos establecer que todos los demostrativos a los que se les atribuye el valor de artículo siguen conservando su valor o significación deíctica, por lo que no pueden ser considerados totalmente como artículos puramente dichos.

Menéndez Pidal propuso una etimología del artículo partiendo de las formas del nominativo para el singular y del acusativo para el plural.

  • Masculino singular : partimos de ILLE >el (cantidad breve la primera vocal)

En la evolución hay que diferenciar entre dos situaciones. Por un lado, el demostrativo se consideró una partícula átona y sufrirá un desgaste expresivo, que ocasionará la pérdida de la sílaba inicial que, en este caso, es una vocal. Por otro lado, esta forma concreta propicia otro tipo de resultado. Se ha producido el fenómeno de la apócope (la "e" final cae) y ello tendrá dos repercusiones: que no se pierda la vocal inicial y que la geminada, al quedar en final de palabra, no palatalice y se quede como lateral simple.

En documentos antiguos aparece documentada la variante ell y, según Menéndez Pidal, esa doble /l/ era considerada como si estuviera en posición media de palabra cuando el sustantivo que le seguía empezaba por vocal.

Ejemplo: ELL ESAIDO (todo forma una sola unidad, es una secuencia única)

La forma el actual quedará fijada gráficamente a partir de Alfonso X

Esta propuesta explicaría las diferentes variantes que podemos tener de los artículos masculinos según los dialectos.

El artículo femenino singular parte del acusativo ILLAM (la primera vocal breve) > el.la >ela, el cual dará "la" si va seguido de consonante, "el" si va seguido de vocal y "el" si va seguido de /a/ tónica (esta tercera circunstancia fue también especificada puesto que es la única que se va a mantener para la variante femenina).

  • El artículo neutro parte del acusativo ILLUD (la primera vocal es breve) >elo>lo

Las formas del plural serían iguales a lo propuesto por Menéndez Pidal.

Según Pottier, en la época preliteraria, el artículo tendría la siguiente alternancia:

MASCULINO FEMENINO NEUTRO

SINGULAR EL/LO LA/EL LO

PLURAL LOS LAS 55555555555555

Esas alternancias acabarían posteriormente reduciéndose. El hecho de que se mantenga la alternancia en el artículo femenino es debido a que esa alternancia no supuso un inconveniente en el sistema, ya que el masculino era el término no marcado de la oposición.

Sin embargo, la alternancia en el masculino sí provocó problemas porque una de las variantes coincidía con la forma neutra (género de lo inanimado). Además el neutro tenía una única forma y ello hará que definitivamente se vaya perdiendo la variante "lo" del masculino para que la diferencia quedara totalmente establecida.

Si acudimos al Diccionario Etimológico de José Corominas, puede comprobarse que se muestra dubitativo y escribe que el artículo el proviene del latín ILLE o de ILLUM en un primer momento. Si avanzamos en la lectura, veremos que se establece que la forma arcaica elo, que aparece desde las Glosas emilianenses, parece indicar que el punto de partida es ILLUM (la primera vocal es breve).

Otro grupo de investigadores, entre los que destacó Lapesa, creen que pudo existir una declinación bicasual (mantenimiento de formas del acusativo y el nominativo) en el sistema del artículo, semejante a la que se dio en los nombres. Esta declinación se produce en el latín vulgar.

Plantean la posibilidad de que pudiera existir ILLE>el(e)>el y la forma ILLUM>elo>lo para el masculino. Sin embargo, ILLUD>elo>el / ILLUD>elo>lo existirían para el neutro.

La forma que provenía del nominativo era la que se usaba cuando cumplía la función de sujeto, mientras que la forma del acusativo se usaba cuando el sustantivo funcionaba como complemento del verbo.

Volvemos a encontrarnos con el problema de las alternancias de variantes que no tenemos en la actualidad. La variante el como artículo neutro va a quedar con los sustantivos neutros que transforman su género a masculino. Esa variante del artículo neutro fue considerada por los hablantes como artículo masculino porque el género neutro desapareció y sus sustantivos se integraron en otro género.

La pérdida de las vocales finales también propiciará que se pierda la variante neutra. En muchos casos, cuando esa variante de artículo el(o) funcionaba como complemento podía perderse tanto la /e/ como la /o/. Se darán una serie de interferencias de artículos por la pérdida de la "o" final (se usa una variante el(o)>el

(acusativo) y otra el (nominativo)) independientemente de la función sintáctica.

Todo ello unido al hecho del cambio de género anteriormente explicado, pudo haber provocado que al final se tomara definitivamente "lo" para el neutro y "el" para el masculino.

Otra causa que provocó la pérdida de esa alternancia de variantes, tanto para el masculino como para el neutro, fue que en el femenino no se diera esa dualidad puesto que tanto el acusativo (cuando pierde la "m") como el nominativo quedaría iguales y daría lo mismo la función que desempeñaran porque serían iguales. Ello desequilibrará el sistema, ya que la dualidad sólo se dará en el masculino y en el neutro. Ello irá en detrimento de variantes en el masculino y en el neutro según qué funciones. Por tanto, la declinación bicasual acabará eliminándose.

Todo lo anterior unido propicia que nosotros no tengamos distintas variantes para el masculino y para el neutro.

Debido a esas pérdidas de vocales podía llegar a reducirse la forma del artículo a una consonante sola, uniéndose entonces a la palabra que le precedía. Ello dará lugar a una serie de contracciones como: del (de+el); al (a+el). En la lengua también podemos encontrarnos contracciones con otras preposiciones, siempre y cuando esa preposición terminara por vocal: fazal (faza (variante de la prep. "hacia") +artículo "el" variante femenina); contral (contra+el); sol (so+el).

También podía suceder que con alguna preposición terminada en consonante se produjera una contracción pero de manera diferente. En Castilla, se producía una fusión y una asimilación de consonantes sobre todo en los casos de CON y EN. La consonante de la forma del artículo se adaptará a la consonantes final de la forma de la preposición: conna (con+la); ennos (en+los).

Este tipo de formaciones fonéticas se irá abandonando en el siglo aproximadamente. En la época de Alfonso X por una influencia normativa desaparecerá por completo. Estas asimilaciones y fusiones podemos encontrarlas en textos de otros dialectos como el leonés y el aragonés.

TEMA II: EL SUSTANTIVO

En primer lugar, establecer que lo que se dirá en este tema podrá aplicarse tanto al sustantivo como al adjetivo.

El sistema nominal en latín tenía una declinación SINTÉTICA, podían aparecer diferentes terminaciones y de ahí que esos morfemas que se añadían a los nombres aportaran tres valores diferentes:

  • Caso (indica la función que el sustantivo o adjetivo desempeña)
  • Oposición número (singular/plural)
  • Género (masculino, femenino y neutro)

LOS CASOS

En latín había seis casos que podían agruparse en cinco declinaciones. Ninguna declinación tenía morfemas diferentes para todos los casos. En cada una de las declinaciones del latín clásico existen sincretismos característicos:

Mismo morfema para el nominativo y el vocativo plural /ae/, que además tenían también el genitivo y el dativo singular.

  • El dativo y el ablativo plural en /is/
  • Nominativo, vocativo y acusativo plural en /es/

en principio eran sólo de ablativo, empiezan a utilizarse con acusativos. En definitiva, llegó un momento en que no se respetó la combinación entre preposición y caso determinado.

Todo ello tendrá como consecuencia que la función de ablativo trasmitida sólo con el morfema de caso se pierda definitivamente.

Ejemplo: CUM MATRE MEA. "CUM" preposición exclusiva de ablativo, empieza a combinarse con acusativo y podemos tener CUM MATREM MEAM.

El que se sustituya el ablativo por PREPOSICIÓN + acusativo está documentado en el Appendix Probi, donde aparece: "NOBISCUM non NOSCUM". Se corrige aquí que la preposición CUM se está utilizando con el acusativo y no con el ablativo, caso del cual es exclusiva.

Este cambio también puede encontrarse en inscripciones como: "SATURNINUS CUM SUOS DISCENTES", donde tendría que haber aparecido el sustantivo en ablativo.

En la última etapa del latín hablado el sistema casual presentaba dos casos solamente:

  • Caso sujeto o recto (nominativo)
  • Caso objeto o oblicuo (acusativo)

Llegados a este punto, hay que pensar que a partir de esa época se producirán reajustes analógicos que van a producir una nueva reducción. Ello hará que el sistema nominal quede con dos formas, una para el singular y otra para el plural (ambas procedentes del caso acusativo).

Esos reajustes serán los siguientes:

/⌃S/ : en posición final aparecía en casi todas las formas del plural y sólo en algunos casos del singular. Llegó a considerarse exclusivamente como una marca de número y no de caso. Esta generalización tiene como consecuencia la eliminación de este fonema en todos aquellos casos en singular que lo tuvieran. Con este cambio, se volverán a igualar el nominativo singular y el acusativo. Ejemplo: ANNUS (nominativo singular) que se queda ANNU(S) para separar mejor lo que es singular de lo que es plural. Como consecuencia, coincidencia con el acusativo que, en este caso, es ANNU(M).

Los sustantivos imparisílabos (menor número de sílabas en el nominativo que en el resto de los casos) de la tercera declinación van a ampliar la forma del nominativo.

Ejemplo: LEO 5 LEONIS. La forma del nominativo adquiere una sílaba más y se convierte en LEONIS en el latín vulgar. Este cambio analógico dará lugar a la igualación en los sustantivos de esa declinación del nominativo y el acusativo (recordemos que esa / 5 s/ se perdía en el singular):

LEONI(S) pasará a /leone/ y se iguala al acusativo LEONE(M)

Una vez realizados esos dos cambios analógicos solamente seguía dándose la oposición entre caso recto y caso oblicuo en el plural de los sustantivos de la primera y segunda declinaciones: ROSAE/ROSAS ⌃ ANNI/ANNOS.

Si en el latín vulgar de la Romania Occidental se consideró la / 5 s/ como marca de plural, entre esas dos formas del plural los hablantes prefieren la forma acabada en / 5 s/. Cada vez más utilizaban el acusativo para referirse al plural y ello llegó a generalizarse y a desbancar a las formas del nominativo plural.

El resultado de todos esos reajustes ha tenido como consecuencia la desaparición de toda distinción entre casos.

En la evolución del latín vulgar en Hispania al romance antiguo sólo se mantuvieron las formas del acusativo pero se perdieron las del nominativo. Siempre tuvo mayor uso el acusativo, si lo comparamos con el nominativo, por la variada gama de funciones que este caso había ido adquiriendo en el latín vulgar.

La mayor parte de los sustantivos de la lengua nuestra derivan del acusativo, pero existen restos fosilizados que provienen de esos otros casos que se fueron perdiendo en el latín vulgar.

Del caso genitivo : se conservan algunos restos como algunos días de la semana. La construcción completa en el latín clásico era: DIES MARTIS, DIES LUNAE, etc. En el latín vulgar se irá eliminando el sustantivo DIES porque se va sobreentendiendo y se quedan con la forma del genitivo. De ahí proceden nuestros formas del día de la semana: MARTIS>martes, JOVIS>jueves, VENERIS>viernes. Al "lunes" se le añadió / 5 s/ por analogía con otros días de la semana.

También tenemos algunos sintagmas lexicalizados en los que se produce la fusión del sustantivo en genitivo con el otro sustantivo del que dependía:

COMITÉ STABULI (conde del establo). En esta secuencia se funden ambos términos y de ahí se origina nuestra palabra "condestable".

El término "pezuña" se origina por la fusión entre PEDIS NGLA. En los textos antiguos encontrábamos "pesuña" con / 5 s/ por fidelidad a PEDIS.

Del caso vocativo : no se utilizaba para funciones sintácticas concretas y no solía tener forma especial. De este caso sólo tenemos un resto que es Santiago. Proviene de SANCTE JACOBE. Era una expresión que se utilizaba en la guerra para invocar al santo a la hora de empezar el ataque y por ello se utilizaba en vocativo.

Del caso dativo : no tenemos ningún resto en nuestra lengua y parece que sólo existen en el rumano.

Del caso ablativo : lo que podríamos destacar es que los restos que tenemos, a pesar de proceder de sustantivos en caso ablativo, han tomado en las lenguas romances un valor adverbial.

Ejemplos: "Ahora" proviene de la combinación de HAC HORA

"Luego" proviene del sustantivo LCO en caso ablativo

"Essora" , con el significado de entonces proviene de IPSA HORA

Del caso nominativo : tenemos restos que sobre todo pueden observarse en el caso de los nombres propios. En las formas en las que más se aprecia es en la que tienen origen eclesiástico: DUS, JESÚS, MARCUS, CAROLAS.

También hay algunos casos referidos a profesiones u ocupaciones que también provienen del nominativo. Se piensa que esto es así porque seguramente se utilizaban como sujeto del verbo al que acompañaban: maestre<MAGSTER.

Hay que tener en cuenta un número de casos relativamente importantes de sustantivos cultos que provienen de su forma en nominativo como por ejemplo crisis, tórax, carácter, virus, etc.

Finalmente hay una serie de casos que, aunque se sabe que provienen del nominativo, no se han podido

  • veremos vuestra mugier (estamos aquí ante otro caso de CD representado por nombre común referido a persona, pero no se ha utilizado la preposición porque la mujer aquí no era la figura principal y no se le quería dar relevancia).

No podremos hablar de generalización de la preposición "A" con CD de persona hasta el siglo XVII, aunque es verdad que ya Valdés en su Diálogo de la lengua (1635) censuraba la ausencia de la preposición en esas situaciones.

También es verdad que autores como Quevedo o Lope tiene ejemplos de CD de personas sin la preposición.

La generalización del uso de "A" hay que relacionarlo con el deseo de distinción gramatical entre la función de sujeto de la de complemento directo.

Por otra parte, la primera, segunda y tercera declinaciones tenían más número de sustantivos que la cuarta y la quinta. Este hecho explicaría el que en latín vulgar se empezara desde muy pronto a reducir el número de declinaciones a tres. Esas tres declinaciones que eran más ricas en cuanto a sustantivos, atraerán para sí a los sustantivos que pertenecían a la cuarta y quinta declinaciones.

Los sustantivos de la cuarta declinación ( 5 US) se integrarán en la segunda declinación por semejanza formal. Este hecho está verificado desde época arcaica del latín, puesto que en autores como Plauto donde aparece quaesti en lugar de quaestius. En Petronio aparece fructi en vez de fructus. Esta tendencia se acentuará más en el latín tardío y desaparece la cuarta declinación del sistema.

La primera declinación absorbe a la mayoría de los sustantivos de la quinta declinación. En este caso, son semejanzas de tipo genérico, es decir, esos sustantivos de la quinta declinación pasaron a la primera por tener el género femenino tan elevado como el de la primera declinación. Este hecho puede verificarse desde la época clásica, donde algunos sustantivos de la quinta declinación se usan con morfemas característicos de la primera: materia en lugar de materias; luxuria en lugar de lujuries.

El resto de sustantivos de la quinta declinación se integrarán en la tercera por semejanza formal. Ello dará lugar a la desaparición definitiva de la quinta declinación como tal.

En conclusión, el latín vulgar partirá de tres modelos (declinaciones para algunos autores): Recordemos que en el latín vulgar se parte del caso acusativo.

  • Sustantivos a 5 / 5 as
  • Sustantivos o 5 / 5 os
  • Sustantivos 5 e, consonante/ 5 es

En estos tres modelos está el origen de nuestra oposición de número y diferencia de género.

NÚMERO EN LOS SUSTANTIVOS DEL LATÍN CLÁSICO

En el latín clásico esa oposición de número aparecía expresada por medio de unos morfemas que alternaban con el mismo lexema. Esa oposición formal de número en el sustantivo, va ser variada porque dependía no sólo de la declinación sino de los morfemas de género y caso.

Teníamos por tanto distintos morfemas según caso y declinación para marcar la pluralidad:

  • Si se trataba de la primera declinación teníamos : ROSAE (nominativo) y ROSAS (acusativo).
  • Si se trataba de la segunda declinación teníamos: MURI (nominativo) y MUROS (acusativo).

Además, dentro de la misma declinación se diferencian los morfemas de pluralidad según el género del sustantivo (neutro, masculino o femenino).

La reducción del sistema casual conlleva a la escasez de morfemas de número y de ahí que surja la tendencia a acentuar las diferencias fonemáticas entre el singular y el plural. Así, esto provocará una división de lenguas románicas en dos grupos:

  • Grupo oriental (rumano, italiano y dalmático). Aquí se formará el plural a partir del nominativo plural. Grupo occidental (español, portugués, francés, etc.). Aquí se formará el plural a partir del caso acusativo plural.

Para entender esa reorganización hay que tener en cuenta la reducción de declinaciones y también el hecho de que, si bien la distinción entre los morfemas de caso de un mismo número podían llegar a desaparecer sin grandes problemas porque se especificaba esa función por medio de una preposición, sin embargo la oposición de número no contaba con otro mecanismo que no fueran los morfemas. De ahí la necesidad de marcar con claridad la oposición entre singular y plural.

La tendencia y necesidad de seguir marcando esa diferencia, favoreció la posibilidad de escoger el caso acusativo como elemento base para esa diferenciación.

Proceso ordenado

  • Se produce la reducción de seis casos a dos en una primera etapa:

SINGULAR

NOMINATIVO 5 A 5 US 5 IS 5 US 5 ES

ACUSATIVO 5 AM 5 UM 5 EM 5 UM 5 EM

PLURAL

NOMINATIVO 5 AE 5 I 5 ES 5 US 5 ES

ACUSATIVO 5 AS 5 OS 5 ES 5 US 5 ES

  • La reducción será mayor porque, de los dos casos anteriores, nos quedamos sólo con el acusativo.

ACUSATIVO

ACUSATIVO 5 AM 5 UM 5 EM 5 UM 5 EM

ACUSATIVO 5 AS 5 OS 5 ES 5 US 5 ES

Lo más probable es que aquí ya haya desaparecido la 5 M. Además, también hay que pensar en la evolución de las vocales , por lo que la verdadera oposición sería:

ACUSATIVO 5 A 5 O 5 E 5 O 5 E

ACUSATIVO 5 AS 5 OS 5 ES 5 OS 5 ES

La reducción tendrá una nueva consecuencia que es la confluencia entre los morfemas de algunas declinaciones. Ello dará lugar a la reducción de cinco a tres declinaciones, insertando los sustantivos de las dos que se pierden en las otras que quedan vigentes (explicado en páginas anteriores).

Las interferencias son sobre todo entre masculinos y neutros. Cada vez la distinción de género será menos sentida por parte de los hablantes. Las diferencias semánticas de un primer momento no se cumplieron y ello dará lugar a las confusiones, contando además que muchas veces los elementos adyacentes tampoco aclaraban el género.

Todos estos hechos van a provocar que las terminaciones del neutro se vayan perdiendo porque además la oposición de género sólo tenía rendimiento en los sustantivos de seres sexuados.

Todo esto va a tener como consecuencia que se elimine el neutro. Eso no quiere decir que los sustantivos neutros desaparecieran, sino que se adaptaron a un género u otro.

Además, para los hablantes latinos conservar el género neutro no tenía sentido. Por eso, la historia del género románico es en gran medida la desaparición del neutro.

Cuando se pierde el género neutro ya sólo queda el género masculino y el femenino, además, debemos pensar que, excepto los sustantivos que designan seres sexuados, el género romance se va a extender como un nuevo indicador de una categoría gramatical que no tiene una designación real.

Los sustantivos neutros latinos pasan al masculino o al femenino de acuerdo con su estructura morfológica:

  • Sustantivos neutros acabados en 5 O se integran en el género masculino
  • Sustantivos neutros acabados en 5 A se integran en el género femenino
  • Sustantivos neutros acabados en consonante o en 5 E podrán adaptarse a un género u otro.

En esto hay mucha arbitrariedad, puesto que la semejanza con otros sustantivos puede hacer que se iguale el género.

Por lo tanto, para entender la oposición de género tenemos que recurrir al modelo de la última fase del latín vulgar.

  • ROSAM ⇧ ROSAS oposición de número: sin marca / s ; 5 a (género femenino)
  • MURUM ⇧ MUROS oposición de número: sin marca / s ; 5 o (género masculino)
  • LEONIM ⇧ LEONES oposición de número: sin marca / s ; indiferente en el género.

Excepciones

El caso de "día" es una excepción. A pesar de ser de la quinta declinación y de pasar a la primera (era femenina), sigue con el género masculino.

Los sustantivos de la cuarta declinación se integraron en la segunda, pero hay una excepción "mano", que no adoptó el género masculino. Todos los demás casos de excepciones son debidos a cultismos o a la influencia extranjera.

A partir de estos tres modelos, la organización de la oposición de género se hace por dos tendencias :

  1. Adaptar la forma de la palabra al género, es decir, si un sustantivo no terminaba en 5 A, pero tenía el género femenino se le añadía esa terminación.

  2. Adaptación del género a la forma de la palabra, es decir, si la palabra es femenina y termina en 5 US, se considera que la palabra es masculina.

A partir de aquí podemos llegar a configurar los sustantivos que forman las tres declinaciones del latín vulgar.

Primer modelo o declinación

La primera declinación va a estar formada por los sustantivos de la primera, pero también por los de la quinta declinación.

Esto estaba favorecido por el hecho de que muchos sustantivos estaban siendo usados con doble flexión, es decir, presentaban las terminaciones de la quinta y primera declinaciones.

Ejemplo

MATERIAS ⇧ MATERIA

LUXURIES ⇧ LUXURIA

Quinta y primera declinaciones. Estos dobletes van a aumentar en número, ya que cada vez son más los sustantivos de la quinta declinación que permiten la doble flexión.

Los sustantivos de la quinta declinación que no permiten la flexión se integraron en la tercera declinación.

Hay que añadir aquí los sustantivos que por su etimología presentaban una 5 A en posición final. Se trata de los sustantivos neutros de la segunda declinación, que se usaban en plural. Por ello, se integran en la primera declinación y con género femenino.

Ejemplo

FESTUM ⇧ fiesta (era un sustantivo que se usaba con frecuencia en plural. Pasa a la primera declinación con género femenino y está en singular porque no termina en 5 S).

En estos casos el plural es analógico, se forma una vez ya integrado en el romance y por ello se le añade la 5 S.

Debemos añadir en este primer modelo los sustantivos que, aunque no tuvieran una 5 A etimológica al final la tomarán, puesto que es la vocal característica del género femenino. Tenemos casos producidos en el propio latín vulgar :

PUPPIS, en el latín clásico era de la tercera declinación y su acusativo es PUPPEM. Por tanto, hoy deberíamos tener pope pero se ha producido el cambio y tenemos popa. Esto se ha producido por analogía con el término extremo PRORA, que influirá sobre el otro y ello hará que PUPPEM cambie a POPPA.

NEPTIS, en el latín clásico era de la tercera declinación y su acusativo era NEPTEM, pero dado que era un sustantivo referido al femenino se le adaptó la forma del género y de ahí que pase a *NEPTA y hoy tengamos nieta.

Estos cambios no sólo se producen en el latín vulgar, puesto que también se han producido dentro de la evolución del español medieval.

COCHLEAREM > cuchara. En principio se utilizó cuchar para el singular y cuchares para el plural. Posteriormente se le añadirá una 5 A por considerarla marca del género femenino.

Un caso que estaría relacionado con este último sería el de algunos sustantivos de la tercera declinación (incluía tanto sustantivos masculinos como femeninos) a los que desde muy pronto el español añade una 5 A analógica cuando hacen referencia al femenino.

masculino).

Hay que tener en cuenta que los neutros de la segunda y cuarta declinaciones no tendrán un plural etimológico, sino que serán plurales analógicos que se forman añadiendo la 5 S marca de plural. No se toma por tanto como referencia su acusativo plural, que estaría terminado en 5 A.

Se agregan a este segundo modelo los sustantivos que por su etimología terminan en 5 O, pero también otros que aunque no tenían una 5 O en posición final etimológica, se les va añadir porque se consideraba característica del masculino.

Algunos sustantivos pertenecientes a la tercera declinación, que tenían una terminación no marcada con respecto al género, tomarán esa 5 O como marca de masculino.

PALUMBES cuyo acusativo es PALUMBEM no se utilizó y se pasó a PALUMBUM, que después dará palomo.

PULVIS tenía género masculino y en lugar de PULVEM empezó a utilizarse PULVUM, con la terminación característica de género masculino.

Los sustantivos neutros de la tercera declinación que acababan en 5 US hay que añadirlos a este segundo modelo. Por semejanza formal entrarán a este segundo modelo y no al tercero como les correspondería.

PECTUS como su acusativo singular termina en 5 US y la 5 S se mantiene, dará como resultado un sustantivo que tiene la terminación de 5 S para designar el singular (pechos). Este hecho, todavía podemos encontrarlo en obras del Siglo de Oro, donde en muchas palabras el singular acaba en 5 S.

A lo largo de la evolución, por el hecho de considerarse anómalo la utilización de ese sustantivo terminado en 5 S que sólo podía sonar al pluralidad, se eliminará ese fonema y se creará un singular antietimológico.

Tercer modelo o declinación

Este tercer modelo comprende los sustantivos de la tercera declinación del latín clásico. Además, debemos añadir aquellos sustantivos de la quinta declinación que no se integraron en la primera.

FACIEM se integró en la tercera declinación por semejanza formal >faz

Estos sustantivos (tanto de la tercera como de la quinta) van a dar lugar a sustantivos que terminan en consonante o en 5 E. Pueden presentar tanto el género masculino como el femenino porque no tienen una marca etimológica de género, como sí lo hacían los de la primera y segunda declinaciones.

Hay que agregar los sustantivos neutros de la tercera declinación que podían pasar a ser masculinos o femeninos de una manera arbitraria en el latín vulgar. Ello lo vemos testimoniado en los distintos resultados que tienen estos sustantivos en las diferentes lenguas románicas.

SAL es un sustantivo neutro de la tercera declinación. En el latín vulgar, el acusativo lo empiezan a formar como el de cualquier sustantivo masculino o femenino> SALEM, y de ahí tenemos diferentes resultados:

  • (la) sal : latín vulgar de Hispania adquirió el género femenino

  • (le) sel : francés adquirió el género masculino

  • (o) sal : portugués tomó el género masculino

Esto podemos seguirlo observando en la actualidad, puesto que en nuestra propia lengua seguimos teniendo esos casos de variabilidad (ejemplo: el / la mar).

A este tercer modelo también tenemos que añadir más casos más:

Casos de apócope de la vocal final de palabras que terminaban en 5 O, por lo que esos sustantivos terminarán en consonantes.

Ejemplos: APOSTLUM debía haber dado apóstolo pero nosotros tenemos apóstol

ANGELUS debía haber dado ángelo pero nosotros tenemos ángel

Los casos de galicismos, que terminan en 5 E porque ya la tenían o la añaden para adaptar la fonética francesa a la nuestra.

Ejemplos: bagaje, banquete, billetes, etc.

Los casos en los que lo que ha sucedido es que la 5 O que tenían en posición final se cambia por una 5 E. Ello también tendrá que ver con la apócope.

Ejemplos: CPRUM era un sustantivo de la segunda declinación, pero al sufrir la apócope dio lugar a una palabra terminada en grupo consonántico. Al reponerle la vocal final se hace una falsa ecuación y se le pone, por error, una 5 E y no lo que debía ser que era una 5 O. De ahí que tengamos cobre. Al terminar en 5 E no se puede ver integrado en el modelo que le correspondía y tiene que introducirse en el tercer modelo.

Hay que tener en cuenta los sustantivos neutros acabados en 5 R o 5 N como ROBUR, NOMEN. Volvemos a estar ante un caso de nominativo singular y acusativo con las mismas formas. Al perderse el género neutro, en el latín vulgar se le añade la terminación propia de cualquier acusativo masculino o femenino perteneciente a la tercera declinación. Por tanto, en latín vulgar se usarán ROBREM y NOMNEM.

Por otro lado, tenemos los sustantivos abstractos terminados en 5 OR, pertenecientes a esta tercera declinación como calor, color, labor, etc. En el latín clásico tenían género masculino pero al parecer en el latín vulgar de la Galia e Hispania se desarrolló una fuerte tendencia a convertirlos en femenino, quizás para diferenciarlos de los sustantivos concretos acabados en 5 OR y que también tenían género masculino.

AUCTOR (sustantivo masculino concreto)

Esta tendencia explicaría la gran vacilación que presentan todos esos sustantivos abstractos en el español antiguo y clásico a la hora de utilizar con un género u otro el sustantivo abstracto. Esto puede verse incluso en un propio autor. Estos casos se van a dar sobre todo con color y calor. Con ellos se ha seguido manteniendo la vacilación a la hora de otorgarle un género u otro, aunque esa variación ha quedado relegada a una variedad no culta.

La lengua culta impuso el masculino en todos los sustantivos abstractos en 5 OR, a excepción de labor. Se piensa que este cambio se debe al deseo de establecer una distinción entre los dos tipos de abstractos, unos terminados en 5 OR y otros terminados en 5 URA. Ejemplos: blancor / blancura; dulzor / dulzura.

Además, también puede haber contribuido a esa tendencia diferenciadora que el resto de los sustantivos acabados en 5 OR tuvieran exclusivamente el género masculino.

TEMA III : EL ADJETIVO

"Triste" era un adjetivo declinado, en latín, por la tercera declinación. Aunque existió esa tendencia, no debió aplicarse en todas las zonas geográficas porque por ejemplo en el latín hispánico sigue presentando una sola forma para ambos géneros , a diferencia del italiano (tristo/trista) y el rumano (trist/trista).

"DULCES⇧E" es un adjetivo que en español ha dado dulce, pero por ejemplo en catalán se hace la distinción entre dos formas.

En este sentido, se ha dicho que el español con respecto a los adjetivos de la tercera declinación presenta en general un carácter más conservador que otros romances.

Por otra parte, al ser el adjetivo un elemento adyacente al sustantivo, su evolución se desarrollará siguiendo las pautas marcadas por el sustantivo.

  • La oposición de número seguirá basándose en la presencia o ausencia de /s/
  • En el aspecto de las declinaciones no se verá afectado

En cuanto a los casos, nuestros adjetivos derivarán de las formas del ACUSATIVO y no tendremos ningún rastro de otros casos como sí los veíamos en los sustantivos.

En el tema del género, frente a lo que ocurría con el sustantivo (apenas presentaba diferencia de género), lo normal en los adjetivos era que presentaran diferente terminación según el género al que se refería.

La desaparición del neutro en los sustantivos hace que en los adjetivos se deje de utilizar la terminación que presentaban para este género neutro. Aunque se pierde la forma neutra del adjetivo, sí se conserva el sentido neutro mediante la sustantivación de ese adjetivo con el artículo lo.

La consecuencia de todo lo anterior es que los adjetivos latinos que presentaban tres terminaciones se convertirán en adjetivos de dos terminaciones, y los que tenían dos terminaciones se quedarán con una sola.

Los adjetivos que se quedan con dos terminaciones darán lugar a los adjetivos que, en nuestra lengua, presentan distinto género para el masculino y para el femenino.

Dentro de los adjetivos de tres terminaciones hay casos excepcionales en que nos encontramos con que esos adjetivos que presentaban la de US 5 A 5 UM, pasan a convertirse en adjetivos terminados en 5 E, pasando a ser invariantes en cuanto al género.

Ejemplos: SIMPLUS⇧A⇧UM era de tres terminaciones, por lo que deberíamos tener en la actualidad el término simplo/a, pero sin embargo tenemos SIMPLE

FIRMUS⇧A⇧UM>firme

Lo general es establecer la distinción de género incluso en los adjetivos, aunque originariamente no la tuvieran.

Los adjetivos de dos terminaciones se convertirán en invariables con respecto al género: FORTIS ⇧ E pasa al acusativo FORTEM>fuerte, invariable en cuanto al género.

Si bien esto es lo general, se observa la tendencia de darle a algunos adjetivos, que originariamente no tenían diferencia de género, la posibilidad de presentar variación. Ello ocurrió con los adjetivos terminados en 5 OR, que a partir del siglo XIV generalizaron las terminaciones femeninas (hasta entonces se mantuvieron

invariables).

TRADITOREM>traidor tanto para el masculino como para el femenino. A partir del siglo XIV se le empieza a añadir la terminación 5 A para el femenino y tenemos también traidora.

Los adjetivos que presentaron en el latín clásico una sola terminación se seguirán manteniendo como invariables: PAUPEREM>pobre; PRUDENTEM>prudente.

Apócope del adjetivo

Cuando el adjetivo precede al sustantivo, puede llegar a apocoparse, incluyendo la forma femenina, que podía apocoparse cuando el sustantivo al que precedía empezaba por vocal: En buen(a) ora. Este hecho solamente se producirá en el castellano antiguo.

En el caso de los adjetivos apocopados, lo único que se generalizó y se mantiene hasta la actualidad es la apócope del adjetivo GRANDIS 5 E. Al perderse el neutro, se queda con una sola terminación, de la cual se sacará el acusativo GRANDEM. Grande podía sufrir el fenómeno de la apócope y podemos encontrarnos distintas variantes:

*grand

*grant (analogía con otras formas)

*gran (para evitar el caso de apócope extrema)

Las tres variantes se utilizaron simultáneamente y además, en el español antiguo no sólo las vamos a encontrar en posición prenominal sino que también la forma apocopada podrá aparecer tras el sustantivo (este caso no llega hasta el momento actual): el de la barba grant

Gradación del adjetivo

Pueden observarse, con respecto a la gradación, cambios en las estructuras utilizadas para la formación de los comparativos y superlativos.

En el latín clásico se utilizaban una serie de morfemas que se añadían al adjetivo en grado positivo, y así expresaban el comparativo o superlativo de esa palabra.

COMPARATIVO

Podía tener tres formas: igualdad, inferioridad y superioridad. Para los comparativos de inferioridad e igualdad, el latín clásico usaba una serie de partículas que se unían al adjetivo en grado positivo.

  • Igualdad: TAM + adjetivo grado positivo + QUAM

En el latín vulgar, la forma QUAM será sustituida por QUOMO.

  • Inferioridad: MINUS + adjetivo grado positivo + QUAM

En el latín vulgar, esta estructura se seguirá respetando

  • Superioridad : el latín clásico presentaba dos mecanismos diferentes para formarlo.
  • Añadir los morfemas ⌃IOR/⌃IUS al adjetivo en grado positivo. Estos morfemas se declinaban según