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David lópez barceló analiza la contrarreforma neoliberal del capitalismo y sus consecuencias en el desarrollo desigual, la vinculación entre estado, bancos y economía, y la monarquía empresarial absolutista. El autor propone cambios para restablecer el bienestar social y evitar los errores del pasado.
Tipo: Apuntes
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David López Barceló Grupo: ADE F NIU UB: 16211311
El capitalismo contrarreformado actual recuerda al capitalismo liberal (1871-1914). En esa etapa hubo un desarrollo desigual, se formaron grandes potencias industriales en algunos estados y otros tuvieron producción primaria (periféricos). La vinculación entre Estado, Bancos y economía se volvió más estrecha. Quedaron pocas empresas de grandes dimensiones en cada rama de producción. Se alteró la libre competencia. Actualmente vivimos en una época de mercados capitales, liberalizados, desregulados y políticamente descontrolados. Los grandes imperios económicos desafían el derecho de determinar el bien público. La reforma del capitalismo que vino después del contrarreformado hizo que se vieran tasas de crecimiento económico y beneficio empresarial. Se dieron políticas sociales redistributivas y se produjo una democratización del acceso a las altas instancias de la vida política. La reforma finalmente se vio ilusoria, no se despotenció el Estado moderno ni hizo mella en la economía tiránica del capitalismo. La contrarreforma neoliberal del capitalismo de finales de los 70 no ha sido eficaz ya que nos encontramos en la misma situación. Esto se puede ver en el inicio del siglo XXI, con la no creación de empleo, el estancamiento del paro y el débil crecimiento económico.
Del socialismo reformista de la segunda mitad del siglo XX queda un Estado social o de bienestar en evidente retroceso. Con el capitalismo reformado de nuestros días se ha roto la médula del consenso político-social. Se ha roto la “ecuación humana” predicada por Ford III en la que los trabajadores renunciaban a la libertad republicana en el puesto de trabajo a cambio de seguridad en el empleo y bienestar material. Y la patronal aceptó salarios crecientes y derechos constitucionales mínimos a cambio de productividad. Hoy en día hay una monarquía empresarial absolutista. Los mercados de hoy en día son más segmentados, los productos más baratos se importan de países con mano de obra prácticamente esclavizada. Los núcleos de las clases rectoras se
han convertido en elites financieras rentistas muy alejadas del “consenso social”. Se ha producido una disminución del tamaño de las empresas, se ha dado una gran política empresarial de subcontrataciones a empresas pequeñas desindicalizadas y a microempresas hiperexplotadoras de personal asalariado y la deslocalización a países de mano de obra barata y poca regulación laboral.
El autor piensa que es éticamente deseable un mundo donde cambie esta economía tiránica que vivimos, donde unos pocos organizan con su criterio irracional la producción, movilizando a su antojo a miles de millones de personas, quienes encima de no estar satisfechos con la situación del Sistema son manipulados mediante normas y pautas de consumo saqueadoras de la Tierra y enemigas de la felicidad. Según él hay que contribuir en la pequeñísima medida de nuestras posibilidades a empezar un nuevo camino, una nueva forma para cambiar este sistema tan tiránico, sin cometer los errores del pasado, pasando a la ofensiva.
Creo que es necesario cambiar la situación actual ya que hay una gran desigualdad en el sistema económico actual. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Esta situación no tiene pinta de que vaya a cambiar en un futuro próximo. Estoy de acuerdo con el autor de que hay que seguir un camino diferente para cambiar todo esto, sin caer en los errores del pasado. Hay que volver a buscar el bienestar social, tan dañado por el sistema actual. La deslocalización de la producción hacia países en vías de desarrollo debería verse frenada, habría que aumentar la producción nacional. También pienso que habría que aumentar los servicios públicos, erradicando su privatización y la imposición de impuestos más progresivos sobre las clases altas.