Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Capitalismo Neoliberal, Apuntes de Sociología

Apuntes sobre el capitalismo neoliberal de la asignatura de sociología de las organizaciones de ADE - UCM

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 06/05/2020

malualves
malualves 🇪🇸

4.5

(4)

9 documentos

1 / 15

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
1
SOCIOLOGIA INDUSTRIAL Y DE LA EMPRESA
GRADO en ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS"
Año académico 2018-2019"
Facultad de CIENCIAS ECONOMICAS Y EMPRESARIALES (UCM)"
Profesora: Graciana Dithurbide Yanguas"
CAPITALISMO NEOLIBERAL
Desde hace cuatro décadas vivimos bajo la sombra del capitalismo neoliberal. Ese
período comenzó con el thatcherismo, se reforzó con el desplome de la Unión Soviética y
persiste en la actualidad. Modificó el funcionamiento de la economía con atropellos a las
conquistas sociales, que facilitaron la gran ampliación de actividades y territorios
sometidos a la lógica de la ganancia. Desde el colapso económico hasta el desastre
ambiental, pasando por el ascenso de Donald Trump: el neoliberalismo ha desempeñado
un papel en todos ellos.
¿Qué es el neoliberalismo?
Ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y
2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales (los "papeles de
Panamá" son solo la punta del iceberg), la lenta destrucción de la educación y la sanidad
públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los
ecosistemas y hasta el ascenso de Donald Trump. Sin embargo, esas crisis nos parecen
elementos aislados, que no guardan relación. No somos conscientes de que todas ellas
son producto directo o indirecto del mismo factor: una filosofía que tiene un nombre.
El neoliberalismo es tan ubicuo que ni siquiera lo reconocemos como ideología.
Aparentemente, hemos asumido el ideal de su fe milenaria como si fuera una fuerza
natural; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero nació
con la intención deliberada de remodelar la vida humana y cambiar el centro del poder.
Para el neoliberalismo, la competencia es la característica fundamental de las
relaciones sociales. Afirma que "el mercado" produce beneficios que no se podrían
conseguir mediante la planificación, y convierte a los ciudadanos en consumidores cuyas
opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender, proceso que
supuestamente premia el mérito y castiga la ineficacia. Todo lo que limite la competencia
es, desde su punto de vista, contrario a la libertad. Hay que bajar los impuestos, reducir
los controles y privatizar los servicios públicos.
Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones
del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y
perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe
pff

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Capitalismo Neoliberal y más Apuntes en PDF de Sociología solo en Docsity!

SOCIOLOGIA INDUSTRIAL Y DE LA EMPRESA

GRADO en ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS Año académico 2018- Facultad de CIENCIAS ECONOMICAS Y EMPRESARIALES (UCM) Profesora: Graciana Dithurbide Yanguas CAPITALISMO NEOLIBERAL Desde hace cuatro décadas vivimos bajo la sombra del capitalismo neoliberal. Ese período comenzó con el thatcherismo, se reforzó con el desplome de la Unión Soviética y persiste en la actualidad. Modificó el funcionamiento de la economía con atropellos a las conquistas sociales, que facilitaron la gran ampliación de actividades y territorios sometidos a la lógica de la ganancia. Desde el colapso económico hasta el desastre ambiental, pasando por el ascenso de Donald Trump: el neoliberalismo ha desempeñado un papel en todos ellos. ¿ Qué es el neoliberalismo? Ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y 2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales (los "papeles de Panamá" son solo la punta del iceberg), la lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas y hasta el ascenso de Donald Trump. Sin embargo, esas crisis nos parecen elementos aislados, que no guardan relación. No somos conscientes de que todas ellas son producto directo o indirecto del mismo factor: una filosofía que tiene un nombre. El neoliberalismo es tan ubicuo que ni siquiera lo reconocemos como ideología. Aparentemente, hemos asumido el ideal de su fe milenaria como si fuera una fuerza natural; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero nació con la intención deliberada de remodelar la vida humana y cambiar el centro del poder. Para el neoliberalismo, la competencia es la característica fundamental de las relaciones sociales. Afirma que "el mercado" produce beneficios que no se podrían conseguir mediante la planificación, y convierte a los ciudadanos en consumidores cuyas opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender, proceso que supuestamente premia el mérito y castiga la ineficacia. Todo lo que limite la competencia es, desde su punto de vista, contrario a la libertad. Hay que bajar los impuestos, reducir los controles y privatizar los servicios públicos. Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de

riqueza que beneficia a todos. La pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen. Asumimos y reproducimos su credo. Los ricos se convencen de que son ricos por méritos propios, sin que sus privilegios (educativos, patrimoniales, de clase) hayan tenido nada que ver. Los pobres se culpan de su fracaso, aunque no puedan hacer gran cosa por cambiar las circunstancias que determinan su existencia. ¿Desempleo estructural? Si usted no tiene empleo, es porque carece de iniciativa. ¿Viviendas de precios desorbitados? Si su cuenta está en números rojos, es por su incompetencia y falta de previsión. ¿Qué es eso de que el colegio de sus hijos ya no tiene instalaciones de educación física? Si engordan, es culpa suya. En un mundo gobernado por la competencia, los que caen pasan a ser perdedores ante la sociedad y ante sí mismos. La epidemia de autolesiones, desórdenes alimentarios, depresión, incomunicación, ansiedad y fobia social es una de las consecuencias de ese proceso, que Paul Verhaeghe (2014) documenta en su libro What About Me? No es sorprendente que Gran Bretaña, el país donde la ideología neoliberal se ha aplicado con más rigor, sea la capital europea de la soledad. Ahora, todos somos neoliberales. El término neoliberalismo se acuñó en París, en una reunión celebrada en 1938. Su definición ideológica es de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, dos economistas exiliados austríacos que rechazaban la democracia social (representada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el desarrollo gradual del Estado del bienestar británico) porque la consideraban una expresión colectivista a la altura del comunismo y del movimiento nazi. En Camino de servidumbre (1944), Hayek afirma que la planificación estatal aplasta el individualismo y conduce inevitablemente al totalitarismo. Su libro, que tuvo tanto éxito como La burocracia de Mises, llegó a ojos de determinados ricos que vieron en su ideología una oportunidad de librarse de los impuestos y las regulaciones. En 1947, cuando Hayek fundó la primera organización encargada de extender su doctrina ( Mont Perelin Society ), obtuvo apoyo económico de muchos millonarios y de sus fundaciones. Ideología en la sombra A pesar de su dadivosa financiación, el neoliberalismo permaneció al principio en la sombra. El consenso de posguerra era prácticamente universal: las recetas económicas de John Maynard Keynes se aplicaban en muchos lugares del planeta; el pleno empleo y la reducción de la pobreza eran objetivos comunes de los Estados Unidos y de casi toda Europa occidental; los impuestos al capital eran altos y los Gobiernos no se avergonzaban

en peligro por culpa de explotaciones mineras o de restringir la venta de tabaco, las corporaciones lo denuncian y, con frecuencia, ganan. Así, la democracia queda reducida a teatro. La afirmación de que la competencia universal depende de un proceso de cuantificación y comparación universales es otra de las paradojas del neoliberalismo. Provoca que los trabajadores, las personas que buscan empleo y los propios servicios públicos se vean sometidos a un régimen opresivo de evaluación y seguimiento , pensado para identificar a los triunfadores y castigar a los perdedores. Según Von Mises, su doctrina nos iba a liberar de la pesadilla burocrática de la planificación central; y, en lugar de liberarnos de una pesadilla, creó otra.^3 1) “La fábrica del hombre neoliberal”^4 El capitalismo es algo más que un simple modo de producción de bienes, es un proceso de subjetivación tanto como un proceso de producción y esto es lo que hoy vemos mejor. No podemos entender qué le sucede al sujeto sin tener consciencia de la economía en la cual vive. En La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal , Pierre Dardot y Christian Laval (2013), comenzaron a partir de los trastornos patológicos tal como están descritos por una literatura abundante. Se describe, en esta literatura, un ser conminado a responder lo más rápidamente posible como consumidor a los cambios en los mercados y a las modas, sometido en tanto que trabajador al ritmo de la mercancía y las finanzas. Se presenta allí un individuo reenviado sin interrupción a una exigencia de rendimiento y de placer extremo. Este individuo que algunos llaman ‘el individuo hípermoderno’ es un ser híperactivo y ultrareactivo, que está sometido a la orden terminante de ‘darse sin restricción’ al trabajo y, por otro lado, de hacerse bien, darse placer y desbordarse tanto como pueda. Esta presión permanente de resultado maximizado tendría, de alguna manera, su recompensa y su complemento en una orden de gozar lo más que pueda, pasarlo genial y exhibirlo como espectáculo de un éxito total. Y si no lograra responder a esta presión, sería considerado por él mismo y los demás como un fracasado, o peor, como un desecho eyectable, expulsable. Conocemos todas esas descripciones y exposiciones que pretenden darnos a ver el estado del sujeto contemporáneo, del nuevo sujeto, ‘cansado de ser sí-mismo’, agotado por esta (^3) “Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas”, por George Monbiot, - The Guardian - 01/05/ (^4) “Antropología del sujeto neoliberal” Presentación de Christian Laval en el seminario “Pensar con la Antropología”, Laboratorio Sophiapol, lunes, 30 de marzo de 2015, Universidad Paris Oeste, Nanterre La Défense.

carrera hacia el siempre más. En ellas se analiza, retomando términos que vuelven con frecuencia: el sufrimiento en el trabajo, la depresión generalizada, la erosión de la personalidad, la perversión (depravación, vicios), la cultura de la desconfianza e incluso la de-simbolización y los fenómenos psicóticos de masa. Lo interesante fue despejar cómo el sujeto contemporáneo era producido de alguna manera por los dispositivos 5 propios de la racionalidad neoliberal de la competencia generalizada, aprehendiendo así, cómo ésta debía pasar por un cierto número de técnicas para funcionar. En otras palabras, usan el concepto foucaultiano de subjetivación para comenzar a entender cómo el sujeto no estaba ‘alienado’, ni ‘convertido en un extraño para sí mismo’, sino cómo él era llevado a participar en su propia constitución y construcción. Cómo el sujeto respondía a la demanda de implicación y performance 6 total que le era dirigida, como si viniera de él mismo. Esto es para los autores el concepto de subjetivación. ¿Qué relación hay en las múltiples descripciones, procedentes de fuentes diferentes, entre los ‘desórdenes patológicos’ y la gubernamentalidad neoliberal? Muchas descripciones clínicas (llamada la clínica del neo-sujeto), hechas por psicoanalistas o por sociólogos, parece que pueden ser relacionadas a un conjunto de dispositivos de dirección de las conductas, que han nombrado dispositivo de performance/goce. Si hay un nuevo sujeto, debe ser aprehendido en las prácticas discursivas e institucionales que, a fines del siglo XX, por razones a menudo contingentes, han engendrado la figura del hombre-empresa o ‘sujeto empresarial’ y han favorecido la puesta en marcha de un enmadejado de sanciones, incentivos e implicaciones que tienen el efecto de producir operaciones psíquicas de un nuevo tipo. El neoliberalismo es inseparable de las técnicas propias de la neo-administración, las cuales no han quedado confinadas a las empresas, sino que se han extendido por todas partes y hoy estructuran el discurso de las altas esferas políticas de los países occidentales. Si bien se trata de reestructurar la sociedad, las empresas y las instituciones introduciendo por todas partes mecanismos, relaciones y comportamientos de mercado, eso supone que los sujetos se vuelvan otros de lo que son, que se vuelvan sujetos emprendedores, ‘empresarios de sí mismos ’. (^5) Foucault en Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión (1975) define el concepto de dispositivo como una red de discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas (escuela, hospital, prisión, convento, etc.), leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, premisas filosóficas y morales. Los discursos se hacen prácticas produciendo formas de subjetividad. Los dispositivos constituirán a los sujetos inscribiendo en sus cuerpos un modo y una forma de ser. Pero no cualquier forma de ser, lo que inscriben en el cuerpo son un conjunto de praxis, saberes, instituciones (roles, valores y normas orientadas a la satisfacción de deseos y necesidades) cuyo objetivo consisten en administrar, gobernar, controlar, orientar, dar un sentido que se supone útil a los comportamientos, gestos y pensamientos de los individuos. Para Foucault, las formas de poder son modos de producción, son maneras de hacer, formas de “conducir conductas”. (^6) Performance significa actuación, realización, representación, interpretación, hecho, logro o rendimiento. Viene del verbo inglés "to perform" que significa realizar, completar, ejecutar o efectuar.

2) Antropología normativa del utilitarismo El sujeto productivo fue la gran obra de la sociedad industrial. No se trataba solo de aumentar la producción material, también era necesario que el poder se redefiniera como esencialmente productivo, como un estimulante de la producción cuyos límites estarían determinados únicamente por los efectos de su acción sobre la producción. Ese poder esencialmente productivo tenía como correlato al sujeto productivo, no solo el trabajador, sino al sujeto que, en todos los dominios de su existencia, produce bienestar, placer, felicidad. Muy temprano, la economía política tuvo como respuesta una psicología científica que describía una economía psíquica, que le era homogénea. Ya en el siglo XVIII, esta articulación decisiva dibujará la nueva economía del hombre, gobernada por placeres y penas. Gobernado y gobernable por las sensaciones : si el individuo debe ser considerado en su libertad, él es también un bribón irreductible, un ‘delincuente potencial’, un ser impulsado por su propio interés. La nueva política^8 se inaugura con el monumento panóptico 9 erigido para la vigilancia de cada uno por todos y de todos por cada uno. Vigilar a los sujetos y maximizar el poder, ¿para qué hacerlo? Para la producción de la mayor felicidad. La intensificación de esfuerzos y resultados, la minimización de gastos innecesarios, tal es la ley de la eficacia. Fabricar hombres útiles, dóciles para el trabajo, rápidos para consumir, fabricar el hombre eficaz , esto ya se dibuja, y de qué manera, en el trabajo de Bentham. Pero el utilitarismo clásico, a pesar de su formidable trabajo de aplastamiento sistemático de las antiguas categorías, no pudo poner fin a la pluralidad del sujeto, ni a la separación de las esferas. El principio de utilidad, cuya vocación homogeneizadora fue explícita, no ha (^8) La filosofía utilitarista de Jeremy Bentham (1748-1832), según la cual la utilidad común -como base racional del orden social- supone la “mayor felicidad para el mayor número posible de individuos”, siendo, a su vez, definida la felicidad en tanto sensación placentera y ausencia de dolor, en el contexto de un “álgebra moral” calculable. Ingenua representación, a la vez, individualista y cuantitativista del bien común que lo reduce al resultado de agregar las sensaciones individuales de placer y de dolor… gobernadas por el principio de interés propio. Pero casi un siglo más tarde estos alucinados presupuestos ideológicos van a constituir el fundamento teórico de las “formalizaciones más refinadas de la economía neoclásica” para construir sobre el cálculo del placer y del dolor una ciencia económica que fuera una verdadera mecánica de la utilidad y del interés propio. Stanley Jevons (1871), se empeñó en el cálculo de la utilidad como magnitud medible, a partir del “ cálculo felicífico ” del utilitarismo moral: ya que “si la felicidad no podía medirse directamente, sí que podía medirse lo que la gente paga en las transacciones que le proporcionan esta felicidad”, constituyendo el precio precisamente “la forma de medición… de la última unidad adquirida”. (^9) Según Foucault, los principios anteriores se materializan en el panóptico que Jeremy Bentham diseñó como edificio perfecto para ejercer la vigilancia. El efecto más importante del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder, sin que ese poder se esté ejerciendo de manera efectiva en cada momento, puesto que el prisionero no puede saber cuándo se le vigila y cuándo no. El panóptico sirve también como laboratorio de técnicas para modificar la conducta o reeducar a los individuos, por lo que no sólo es un aparato de poder, sino también de saber. Además, permite actuar incluso antes de que las faltas se cometan, previniéndolas. Sin otro instrumento que la arquitectura, actúa directamente sobre los individuos.De esta manera aparece una “sociedad disciplinaria” debido a la extensión de las instituciones disciplinarias: Anteriormente se pedía a la disciplinas sobre todo que ejercieran un papel de neutralización del peligro para la sociedad o para el soberano. Ahora, en cambio, lo que se pide de ellas es aumentar la utilidad de los individuos. Por eso tienden a implantarse en los sectores más centrales y productivos de la sociedad.

absorbido todos los discursos e instituciones. La concepción del hombre económico, como la encontramos en Smith o en Bentham, se presentaba en realidad como el descubrimiento de una ‘naturaleza’ del hombre y como un útil de reforma, política, moral, legisladora, e incluso lingüística. Se trataba de poner el edificio institucional, acorde y en conformidad con este elemento que era el hombre del interés, el hombre calculador y el hombre de la maximización. Les recuerdo que, para Lacan, un fino y gran conocedor, tanto de la sociología francesa como de la filosofía británica, el utilitarismo de Bentham marca una ruptura en la historia occidental en relación con la tradición aristotélica 10 y tomista. Es el equivalente y la continuación de la revolución científica del siglo XVII en lo social, lo político y lo antropológico. En una palabra, el individuo occidental se ha descubierto como un hombre movido por intereses en un espacio homogéneo de composición de fuerzas, el mundo de la utilidad, el espacio de la utilidad. Se encontró movido por fuerzas que lo empujan al placer y lo hacen huir del dolor. Se encontró animado por deseos, frente a otros seres animados por otros deseos. Es la emergencia histórica de algo muy nuevo, el sujeto clásico del deseo y del interés, convertido en principio del liberalismo. El paso inaugural, dijimos, ha consistido en inventar el hombre del cálculo que ejerce sobre sí mismo un esfuerzo de maximización de placeres y castigos, requeridos para la existencia entre los individuos de intereses relacionados. Las instituciones fueron hechas para formar y enmarcar los sujetos más bien reacios a esta existencia y para hacer converger intereses diversos. Pero el discurso de las instituciones, comenzando por el discurso político, está lejos de ser unívoco. El utilitarismo no se impuso como la única doctrina legítima, ni mucho menos. Los principios se mantuvieron mezclados, e incluso vimos, a fines del siglo XIX, aparecer en las relaciones económicas, consideraciones ‘sociales’, derechos ‘sociales’, políticas ‘sociales’ que vinieron seriamente a limitar la lógica acumuladora del capital y la concepción estrictamente contractual de los intercambios sociales. La nueva racionalidad del hombre económico se mantuvo enmascarada y borrosa, por el entrelazamiento y la superposición de teorías y de imágenes del hombre, el ‘hombre económico’ dado por naturaleza que comenzó en el siglo XVIII es más bien artificial. Porque nos dimos cuenta que los intereses eran manejables, orientables, maleables, en una palabra, gobernables. E incluso, que, para gobernar, había que gobernar por los intereses. Que no podíamos gobernar al hombre del interés, sino por su interés, al hombre del deseo, por su deseo. Pero esto va más allá con el neoliberalismo. Se trata de fabricar el sujeto no solo del interés y del deseo, sino el sujeto de la performance y del goce (satisfacción), a través de (^10) Aristóteles ( Etica a Nicomano , siglo IV a.C.) plantea que ‘actividad y placer parecen encontrarse unidas y no admiten separación, ya que sin actividad no hay placer y el placer perfecciona toda actividad’. Se sigue de esto que importa mucho el tipo de actividad del que se obtiene placer; de hecho, Aristóteles cree que no cualquier tipo de actividad puede conllevar placer, y que la vida feliz es, en gran parte, una vida en la que se aprende a discernir cuáles son las actividades que conllevan contento real, estable, y cuáles no.

Este es el papel del Estado en la actualidad: introducir la competencia dentro del funcionamiento institucional para que los profesionales del lazo social se vean afectados e implanten a su turno esta lógica en el cerebro de los usuarios o participen en la gestión de un mundo completamente competitivo. Pero, expandir en la sociedad un funcionamiento gerencial requiere, para que la empresa sea competitiva, que en su seno se desarrolle un cierto tipo de funcionamiento propio a un espacio de competición. La performance de la empresa es la suma del rendimiento de cada uno. Cada asalariado debe responder a esta competitividad y debe desarrollar una conducta orientada hacia el aumento de sus propias performances, debe estar completamente implicado en su trabajo, ser responsable de sus resultados individuales, estar motivado por los sistemas de incentivos, en una palabra, dar prueba de una disposición interna, de un ethos que es el resultado no de una obediencia pasiva y exterior a las reglas, sino de un verdadero ‘trabajo ético’ sobre sí mismo, que podemos llamarlo la nueva ética empresarial. Se trata de trabajar, en todo momento, en su propio perfeccionamiento para mejorar su rendimiento en un espacio de competencia, lo que obliga a una lucha permanente para sobrevivir. La exposición al riesgo es aquí decisiva. ¿Cuál es la novedad de esta ética? En las empresas solo hay pequeñas empresas, cada empleado es una empresa de sí mismo, debe gestionarse como un ‘centro individual de ganancia’ en abierta rivalidad con los demás. Obviamente, la relación salarial no desaparece, pero el cambio es notable y conduce, de aquí en adelante, a formas muy sensibles de contratación y precarización. Cada trabajador es considerado como un productor de valor, perfectamente evaluable en el mercado interno de la empresa que lo emplea. Su propio valor depende del valor individual que produce y puede medirse mediante sistemas de evaluación cuantitativos, los mismos que se generalizan en el sector público y en las asociaciones. Este punto debe ser claramente entendido: El proceso de subjetivación neoliberal es un proceso de valorización de una empresa de sí mismo, o en un vocabulario más económico, de un ‘capital humano’ individual. Este proceso de valorización tiene una gran relación con las modalidades de evaluación financiera de las propias empresas, como la importancia del good-will (buena voluntad), de lo impalpable, de lo inmaterial, de lo no cuantificable, que se debe, sin embargo, cuantificar absolutamente. Este proceso de valorización de la empresa de sí mismo tiene varios aspectos: no tiene límites temporales ni sociales. En un universo fluctuante, las estimaciones de valor cambian constantemente. Nada está fijo, dado; todo debe hacerse y rehacerse, en un universo de riesgo. El valor social no depende de los derechos que uno habría recibido al nacer, él depende por completo de los intercambios que la empresa de sí mismo tiene con los

demás, esa capacidad para responder con una oferta suficiente a la demanda, para hacer proyectos que sean fuentes de ingresos, etcétera. La vida personal, casi entera, está tomada por esta racionalidad verdaderamente global. Bob Aubrey, un consultante que hemos plagiado, explica que la vida no es más que una ‘cartera de actividades’ a valorizar. Pero lo que también nos parece nuevo es que en esta empresa de sí mismo no habría lugar para la menor pérdida. La plusvalía se recupera inmediatamente para sí mismo; con la frase me ‘rompo trabajando’ por supuesto aumenta mi valor en el mercado. El ascetismo laborioso, más que nunca exaltado, es inseparable de la recuperación, sin pérdida, del goce. Se supone que el nuevo sujeto goza de sí mismo, del valor social que tiene y que él es. El proceso de valorización de sí mismo es ilimitado, es una especie de goce imaginario de plenitud. Cuando algunos comparan la técnica gerencial de sí mismo, con el antiguo cuidado de sí mismo, una puesta a distancia. Era necesario retirarse del juego social para alcanzar un orden de cosas más universal, más auténtico. Con las técnicas gerenciales, por el contrario, tenemos una identificación y una implicación total en la gesta competitiva y en la función social. La ultra-subjetivación Esto implica también y, sobre todo, y es allí donde encontramos verdaderamente, una nueva subjetividad de la ilimitación o de la ultra-subjetivación. Ir más allá de uno mismo, sobrepasarse constantemente como norma de comportamiento, es lo que se impone al sujeto, pero también lo que el sujeto debe hacer de sí, la forma en que debe producirse él mismo. Ir más allá, incluso para transgredir los límites; ir más allá de uno mismo es la norma. Todo límite está hecho para ser sobrepasado, ya está potencialmente sobrepasado, no solo se prohíbe todo, sino que cualquier límite alcanzado solo tiene sentido si se trata potencialmente de superarlo. La lógica de la performance se impone en todas las instituciones, en particular bajo la forma oficial de la ‘cultura de resultados’, promovida por la nueva gestión pública no solo para hacer economías, sino también, para convertirla en la norma aplicable al personal y también a los usuarios. Esta ultra-subjetivación no es un logro, ni es tampoco un movimiento de trascendencia de sí; es un exceso indefinido del valor que uno es, de sí mismo como valor. Es la añadidura indefinida del valor de sí. Debe entenderse aquí que la vida, que el hecho de vivir, que las esferas de la existencia se han reducido a un valor. La ultra-subjetivación se confunde con una auto-valoración de sí mismo como capital. Es, si se quiere, la subjetividad más contemporánea del capitalismo financiero. El sujeto neoliberal es el sujeto capitalista. Este sujeto está sujeto a la ley del plus extra, como decía Marx, es decir al siempre más, a la performance maximizada. En el capitalismo neoliberal, el sujeto está convocado a no resistirse a la intensificación de un trabajo, tiene que conformarse, transformarse, mejor reformarse para estar consigo

cuantificados para medir el valor de la producción y del productor. Son todos estos sistemas burocráticos de evaluación, contratación y comparación los que sirven como reguladores de estos cuasi-mercados internos en las empresas y las administraciones, puesto que son allí técnicas esenciales. Con la evaluación cuantitativa, tenemos la demostración práctica magistral de lo que M. Thatcher decía sobre la economía^13 , como una forma de cambiar el alma y el corazón. Lo importante es comprometer allí a las personas, hacerlas participar para que cambien al aceptar ser evaluadas, comparadas y recompensadas. El punto esencial es la accountability , el hecho de ser responsable, de ‘rendir cuentas’, pero sobre todo de entrar en la contabilidad, que su actividad sea medida objetivamente, comparada con la de los demás, etcétera. La eficacia de la que se trata consiste en reformar los individuos, plegarlos a una lógica de empresa y mercado. Una vez que se ha aceptado ingresar en la contabilidad, ser evaluado, entonces es conveniente someterse a todo tipo de técnicas, a métodos de tratamiento del individuo. Aquí es donde los ‘administradores del alma’, como decía Lacan, los nuevos psi de la performance intervienen en la empresa, con todo un saber y el léxico psi, con el objetivo de que cada uno pueda ‘optimizar su potencial’ controlando mejor la comunicación con los colegas, la jerarquía, los clientes, etcétera. Estas son todas las técnicas de la PNL, del análisis transaccional, los profesionales del coaching , que privilegian este lazo entre el trabajo sobre sí mismo, la performance individual y la performance empresarial. Esto tiene por objetivo una especie de auto-objetivación, una auto-evaluación de las performances y del auto-control de la conducta. Un dispositivo más general El ‘dispositivo performance/goce’ es para designar algo más amplio y más heterogéneo que las técnicas vigentes en las empresas. Esto se refiere a los saberes, las instituciones, las técnicas, los discursos que tienen un poder de normalización sobre la conducta y la subjetividad. Este es el nombre dado a la sociedad de mercado en su fase neoliberal. Fabricar el sujeto de la ilimitación quiere decir trabajar sobre sus inhibiciones en relación a los demás, sus escrúpulos, su vergüenza y su timidez, todos los límites que nos fueron impuestos en nuestra infancia por las instituciones represivas que son la familia y la escuela tradicional. Es decir ‘sobrepasarse’, explotarse, matar a otros, en un mundo violento, hecho a la imagen de los video-juegos que se les dan a los niños para excitarlos. Es toda una línea de cultura que tiene como punto en el horizonte ideal, un ser cuya única norma de conducta es la búsqueda indefinida de la performance y del goce. Es el hilo que corre entre todas las formas de culto al exceso, a la velocidad, al puntaje, que viene a sobrepasar todo límite y cuya lógica es superar cualquier límite. La química ofrece sin duda posibilidades de acción sobre el cerebro que van en este sentido, como los video-juegos, las finanzas -hasta el crach -, como la sexualidad, los deportes de competición, los juegos (^13) “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma y el corazón”.

televisados, los modos festivos híper-alcoholizados. Esto es también la valorización del riesgo y la denigración de todas las formas de protección social y de solidaridad, es la denuncia de las reglas ‘restrictivas’, del inmovilismo, del statu quo. Se podría demostrar que el carácter ilimitado del goce está marcado por una libertad de elección indefinida, a priori sin límite. La relación con las instituciones, las normas, las leyes, son relaciones de elección. El consumidor es soberano y entre todas las cosas, el sujeto es un consumidor que tiene derecho a todo. Y viceversa, todo está a su disposición, al menos en el derecho. Simplemente, porque aquí también, todo está potencialmente ofrecido al goce, que es un objeto del que se puede disponer. Pero el punto importante es el trazo de unión que hay que poner entre performance/goce, como lo demuestran bien estos productos que maximizan el poder sexual masculino. Consumir es producir satisfacción, es trabajar en la satisfacción (Becker) de acuerdo con la teoría del capital humano. Y, además, gozar es una performance. Hoy, la tensión extrema debe estar en todas partes. Todo sucede como si para poner la presión en el sistema, para que avance lo más rápido posible, se debe poner la presión en cada uno para que se sobrepase a sí mismo, siempre en todos los campos. Implicaciones políticas Existe un malentendido en cuanto a los límites o ‘sin límites’. El gran error es de los conservadores que confunden esta ultra-subjetivación neoliberal con el legado del ‘68, y que ven allí la consecuencia un poco radicalizada de la afirmación de los derechos individuales, en suma, una forma avanzada de individualismo que lleva a cuestionar la autoridad y en última instancia la democracia misma. Ellos reeditan allí el error de los conservadores que ya en el siglo XIX imputaron a la ‘revolución de los derechos del hombre’ la crisis de la autoridad, el declive de la nación y de las instituciones. En realidad, es una forma de poder y de gobierno y no un principio anárquico, es un modo particularmente heterónomo que supone, a semejanza de los deportistas de alto nivel, entrenamiento, control, disciplina, ascetismo y, como compensación, la perspectiva totalmente imaginaria del goce total, el éxito completo y la felicidad lograda, particularmente puesta en escena por el consumo de imágenes de las estrellas de cine y de ciertos hombres políticos, de los cuales Berlusconi es, sin ninguna duda, la figura más obscena. Es decir, el espectáculo del consumidor absoluto, aquel que puede pagarse todo. El que hace la mejor performance es aquel que más goza, que puede pagarse todo ya que trabajó para eso. Foucault ha entendido mejor la positividad de las formas de poder cuando él las ve como modos de producción, cuando comprende que son maneras de hacer, formas de ‘conducir las conductas’. No debemos entender el sujeto neoliberal como un sujeto que habría perdido sus puntos de referencia, su moral o sus límites. O más bien, si es un ‘sin límites’,