Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


sociologia, Apuntes de Sociología del Crímen y Castigo

Asignatura: Sociología General, Profesor: , Carrera: Criminología, Universidad: UDIMA

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 26/01/2018

mariagrand-1
mariagrand-1 🇪🇸

5

(1)

5 documentos

1 / 14

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe

Vista previa parcial del texto

¡Descarga sociologia y más Apuntes en PDF de Sociología del Crímen y Castigo solo en Docsity!

ulturaecononme La imaginación soclológica constituye una crítica cultural Ue don pie clas sociales, especlalmente de las “escuelas” de sodioloida Imperantes en los Estados Unidos. Al misrao tiempo es una nueva formulación y una defensa del análisis sociológico clásico que de “orleitación cub tural a nuestros estudios humanas”, J . Mills crefa que el trabajo intelectual y político de los sociólogos debía relacionar los problemas Individuales con log Cambios estruc turales de nuestra sociedad: examinar, por ejemplo, las dificultades personales del matrimonio a la luz de la orists Institucional de la fimi- lla y descubrir las causas para sugerir opciones razonables de acción. Las escuelas de soclología perdieran de vista esta tarea, de ahí que el autor alaque particularmente a los “grandes teóricos”, representados por Talcott Parsons y sus seguidores, a los “empiristas abstractos” conducidos por Paul Lazarsfeld, Samuel Stoufíer y otrús, ya la “nueva casta de burócratas”: los expertos en relaciones humanas y los inves- Hgadores de mercados. Libro polérnlco, como tas! todos los de Mills; éste fue quizá el que mayor prestiglo Intelectual trajo a su autor: La presente edición Incluye un epílogo de Todd Gltlin, soc! 080, politólogo y novelista, quien subraya las múltiples contribuciones de este trabajo plonero y analiza la relación entre Mills y la sociedad norteamericana actual. e WEIGHT MILLS ación sociológica La ima, C. WRIGHT MILLS Traducción de FLorenTINO M. TORNER C. WRIGHT MILLS LA IMAGINACIÓN SOCIOLÓGICA Prólogo de GINO GERMANI Epílogo de Top GrrLIN ES FONDO DE CULTURA ECONÓMICA E LA PROMESA Hor En vía los hombres advierten con frecuencia que sus vidas privadas son una serie de añagazas. Se dan cuenta de que en sus mundos cotidianos no pueden vencer sus dificultades, y en eso mu- chas veces tienen toda la razón: lo que los hombres corrientes saben directamente y lo que tratan de hacer está limitado por las órbitas privadas en que viven; sus visiones y sus facultades se limitan al ha- bitnal escenario del trabajo, de la familia, de la vecindad; en otros medios, se mueven por sustitución y san espectadores. Y cuanto más cuenta se dan, aunque sea vagamente, de las ambiciones y de las amenazas que trascienden de su ambiente inmediato, más atra- pados parecen sentirse. Por debajo de esa sensación de estar atrapados se encuentran cambios aparentemente impersonales de la estructura misma de so- ciedades de dimensiones continentales. Los hechos de la historia contemporánea son también hechos relativos al triunfo y al fracaso de hombres y mujeres individuales. Cuando una sociedad se indus- trializa, el campesino se convierte en un trabajados, y el señor feu- dal es liquidado o se convierte en un hombre de negocios, Cuando las clases suben o bajan, un hombre tiene trabajo o no lo tiene; cuando la proporción de las inversiones aumenta o disminuye, un hombre toma nuevos alientos o se arruina. Cuando sobrevienen guerras, un agente de seguros se convierte en un lanzador de cohe- tes, un oficinista en un experto en radar, las mnjeres viven solas y los niños crecen sin padre. Ni la vida de un individuo ni la his- toria de una sociedad pueden entenderse sin entender ambas cosas, Pero los hombres, habitualmente, no definen las inquietudes que sufren en relación con los cambios históricos y las contradio- ciones institucionales. Por lo común, no imputan el bienestar de que gozan a los grandes vaivenes de la sociedad en que viven. Rara vez conscientes de la intrincada conexión entre el tipo de sus pro- pias vidas y el curso de la historia del mundo, los hombres cornen- tes suelen ignorar lo que esa conexión significa para el tipo de hombres en que se van convirtiendo y para la clase de actividad histórica en que pueden tener parte. No poscen la cualidad men- tal esencial para percibir la interrclación del hombre y la sociedad, de la biografía y de la historia, del yo y del mundo. No pueden hacer frente a sus problemas personales en formas que les permi- tan controlar las transformaciones estructurales que suclon estar detrás de ellas. 23 24 LA PROMESA No es de extrañar, desde Juego. ¿En qué época se han visto tantos hombres expuestos a Paso tan rápido a las sacudidas de tan- tos cambios? Que los norteamericanos no hayan conocido cam- bios tan catastróficos como los hombres y las mujeres de otras sociedades, se debe a hechos históricos que ahora se van conyit- tiendo velozmente en “mera historia”. La historia que ahora afecta a todos los hombres es la historia de] mundo. En este escenario y en esta época, en el curso de una sola generación, la sexta parte de la humanidad de feudal y atrasada ha pasado a ser modema, avanzada y temible, Las colonias politicas se han liberado, y han surgido nuevas y menos visibles formas de imperialismo. lay re- voluciones, y los hombres sienten la opresión interna de nuevos tipos de autoridad. Nacen sociedades totalitarias y son reducidas a pedazos... o triunfan fabulosamente. Después de dos siglos de dominio, al capitalismo se le señala sólo como uno de los medios de convertir la socicdad en un aparato industrial. Después de dos siglos de esperanza, aun la democracia formal está limitada a una porción muy pequeña de la humanidad. Por todas Partes, en el mundo subdesarrollado, se abandonan antiguos estilos de vida y vagas expectativas se convierten en demandas urgentes. Por todas partes, en el mundo superdesarrollado, los medios de ejercer la Autoridad y la violencia se hacen totales en su alcance y burocrá- ticos en su forma, Yace ahora ante nosotros la humanidad misma, mientras las supernaciones que constituyen sus polos concentran sus esfuerzos más coordinados e ingentes en preparar la tercera guerra mundial. La plasmación misma de la historia rebasa actualmente la ha- bilidad de los hombres para orientarse de acuerdo con valores pre fcridos. ¿Y qué valores? Aun cuando no se sientan constermados, los hombres advierten con frecuencia que los viejos modos de sentir y de pensar se han ido abajo y que los comienzos más recientes son ambiguos hasta el punto de producir parálisis moral, ¿Es de extraítar que los hombres corrientes sientan que no pueden hacer frente a los mundos más dilatados ante los cuales se encuentran de un modo tan súbito? ¿Que no puedan comprender el sentido de su época en relación con sus Propias vidas? ¿Que, en defensa de su yo, se insensibilicen moralmente, esforzándose por seguir siendo hombres totalmente privados o particulares? ¿Es de extrañar que estén poseídos por la sensación de haber sido atrapados? No es sólo información lo que ellos necesitan. En esta Edad del Dato la infomación domina con frecuencia su atención y re basa su capacidad para asimilarla. No son sólo destrezas intelec- LA PROMESA 25 tuales lo que necesitan, aunque pacto veces la lucha para conse- irlas agota su limitada energía moral, Ñ ao que necesitan, y lo que ellos sienten que necesitan, es una cualidad mental que les ayude a usar la información y a desarrollar la razón para conseguir recapitulaciones lúcidas de lo que pe en el mundo y de lo que quizás está lc e 0 me dispongo a sostener es que lo que los periodista 10 des artistas y Él público, los científicos Y los editores esperan de lo que puede llamarse imaginación sociológica, es precisamente esa cualidad. 1 La imaginación sociológica permite a su ia E escenario histórico más amplio en cuanto a io pora la vida interior y para la trayectoria exterior de diversi Sa e 5 nd viduos. Ella le permite tener en cuenta cómo los in ivi HE bal tumulto de su experiencia cotidiana, son con Hrecuencia al a te conscientes de sus posiciones sociales. En aquel tumulto a us a la trama de la sociedad moderna, y dentro de esa trama se o lan las psicologías de una diversidad de hombres y ra da tales medios, el malestar personal de los individuos se enfoca E ne inquictudes explícitas y la na de los públicos se convi rós por las cuestiones públicas. . . 2 res fruto de esa imaginación —y la primera ad ea ciencia social que la encarna— es la idea de que el individuo E ES puede comprender su propia experiencia y evaluar su propio 2 tino localizándose a sí mismo en su época; de que pre e conocer sus propias posibilidades en la vida si conoce las de E los los da li viduos que se hallan en sus circunstancias. Es, en mue elasnes Y , una lección terrible, y en otros muchos una lección mar E o conocemos los límites de la capacidad humana para el esfuerzo supremo o para la degradación voluntaria, para la angustia o para la alegría, para la brutalidad placentera o para la dul a E a razón. Pero cn nuestro tiempo hemos ¡legado a saber que los pio tes de la "naturaleza humana” son espantosamente dilatados. e- mos llegado a saber que todo individuo vive, de una a " a otra, en uma sociedad, que vive una biografía, y que la HE entro de una sucesión histórica. Por cl hecho de vivir contrae, pa que sea en pequeñísima medida, a dar forma a esa socieda 1 ya curso de su historia, aun cuando él está formado por la socicda impulso histórico. o o y Pa maguuación sociólogica nos permite captar la historia y la 28 LA PROMESA distinción es un instrumento esencial de la imaginación socioló- gica y una característica de toda obra clásica en ciencia social, Se presentan inquietudes en el carácter de un individuo y enel ámbito de sus relaciones inmediatas con otras; tienen relación con su yo y con las áreas limitadas de vida social que conoce directa y Personalmente. En consecuencia, el enunciado y la resolución de esas inquietudes corresponde propiamente al individuo como entidad biográfica y dentro del ámbito de su ambiente inmediato: el ámbito social directamente abierto a su experiencia personal y, en cierto grado, a su actividad deliberada. Una inquietud cs un asunto privado: los valores amados por un individuo le parecen a éste que están amenazados, Los problemas se relacionan con materias que trascienden del ambiente local del individuo y del ámbito de su vida interior. Tie- nen que ver con la organización de muchos ambientes dentro de las instituciones de una sociedad histórica en su conjunto, con las ima- neras en que diferentes medios sc imbrican e interpenetran para formar la estructura más amplia de la vida social e histórica. Un problema es un asunto público: se advierte que está amenazado un valor amado por la gente, Este debate carece con frecuencia de enfoque, porque está en la naturaleza misma de un problema, a diferencia de lo que ocurre con la inquietud aun más gencrali- zada, el que no se le pueda definir bien de acuerdo con los ambien tes inmediatos y cotidianos de los hombres corrientes. Ln realidad, un problema implica muchas veces una crisis en los dispositivos institucionales, y con frecuencia implica también lo que los mar- xistas llaman “contradicciones” o “antagonismos”, Consideremos a esa luz el desempleo. Cuando en una ciudad de 100 000 habitantes sólo carece de trabajo un hombre, eso cons- tituye su inquietud personal, y para aliviarla atendemos Propia- mente al carácter de aquel hombre, a sus capacidades y a sus opor- tunidades inmediatas. Pero cuando en una nación de 50 millones de trabajadores 15 millones carecen de trabajo, eso constituye un problema, y no podemos esperar encontrarle solución dentro del margen de oportunidades abiertas a un solo individuo. Se ha veni- do abajo la estructura misma de oportunidades. Tanto el enun- ciado correcto del problema como el margen de soluciones posibles nos obliga a considerar las instituciones económicas y políticas de la sociedad, y no meramente la situación y el carácter personales de individuos sueltos. Veamos la guerra. El problema personal de la guerra, cuando sc presenta, puede estar en cómo sobrevivir o cómo morir con ho. LA PROMESA 29 nor, cómo curiquecerse con ella, cómo trepar a lo más alto del aparato militar de seguridad, o cómo contribuir a ponerle térmi- no. En suma, encontrar, de acuerdo con los valores que uno reconoce, una serie de armbientes, y dentro de ella sobrevivir a la guerra o hacer significativa la muerte de uno en ella. Pero los pro- blemas estructurales de la guerra se refieren a 5us causas, a los tipos de hombres que lleva al mando, a sus efectos sobre la economía y la política, sobre la familia y las instituciones religiosas, a la irres- ponsabilidad desorganizada de un mundo de Estados-naciones. Veamos el matrimonio, En el matrimonio el hombre y la mu- jer pueden experimentar inquietudes personales, pero cuando la proporción de divorcios durante los cuatro primeros años de ma- trimonío es de 250 por cada 1 000, esto es prueba de un problema estructural que tiene que ver con las instituciones del matrimonio y de la familia y con otras relacionadas con ellas, O veamos las metrópolis: el horrible, hermoso, repuguante y magnifico desparramamiento de la gran ciudad. Para muchas per- sonas de las clases altas, la solución personal del “problema de la ciudad” es tener un departamento con garage privado en el cora- zón de la ciudad, y a cuarenta millas de ella una casa proyectada por Henry Hill con un jardín diseñado por Garrett Eckbo, en un terreno de cuarenta hectáreas de propiedad personal, En esos dos ambientes controlados —con un pequeño cuerpo de servicio en cada extremo y una comunicación por helicóptero entre ellos—, la mayor parte de las personas resolvería muchos de los problemas de ambiente personal causados por los hechos de la ciudad. Pero tado eso, aunque espléndido, no resnelve los problemas públicos que el hecho estructural de la ciudad plantea. ¿Qué habría que hacer con ese maravilloso monstruo? ¿Fragmentarlo en unidades diseminadas que reuniesen la residencia y el lugar de trabajo? ¿Dejarla como es, con algunos retoques? ¿O evacuarla y volarla con dinamita, y construir ciudades nuevas de acuerdo con planos y lugares nuevos? ¿Cómo serían esos planos? ¿Y quién va a deci- dir y a realizar lo que se clija? lisos son problemas estructurales; hacerles frente y resolverlos nos obliga a examinar los problemas políticos y económicos que afectan a innumerables medios. Mientras una economía esté organizada de manera que haya crisis, el problema del desempleo no admite una solución personal, Mientras la guerra sea inherente al sistema de Estadosaciones y a la desigual industrialización del mundo, el individuo corriente en su medio restringido será impotente —con ayuda psiquiátrica o sín clla— para resolver las inquictudes que este sistema o falta de sistema le impone. Mientras que la familia como institución 30 LA PROMESA pe prod, ES Sa a queridas y a los hombres en sus Y sus dependientes aún no dest: blema de un matrimonio sat; Í a a isfactorio no puede ten Puramente privada. Mientras la megaló li PE ente a egalópalis superdesarrollada y 1 lado sean rasgos constituti ad superdesarrollada, los problemas de la vida eS e zán resolverlos ni el ingenio personal ni la riqueza privada Po a EEE en medios diversos y específicos es, € servado, efecto de cambios estrucé 1 E Secuencia, para comprender lo: i Ga s cambios de muchos medi; P A OS PErso- A obligados a mirar más allá de ellos. Y e] mica e tales cambios estructurales Í a Aumentan a medida que entro de las cuales vivi Í rd 'vimos se extienden y se cadamente entre sí. D: Í a - Larse cuenta de la idea tal y usarla con sensat brir esos vínculos e A A ntre una gran diversidad dí i entre una, le medios; de eso es poseer Imaginación sociológica. AE 3 ¿Cuáles son en nuestro tiempo los mayores problemas para los Ps y ES inquietudes clave de los individuos particularos? esa formular problemas € inquietudes, d ; 1 E n > debemos pregmnt; qué valores son preferidos, E Ercforidos E » PEro amenazados, y cuáles preferi y apoyados por las tendencias e: Ísticas a as características «l tro ti Tanto en el caso de a. Poyo, debemos 'menaza como en el de apoyo, deb guntamos qué contradicciones notori as cried otorias de la estructura pueden _ Cuando la gente estima una hinguna amenaza contra ellos, e, estima unos valores y advi á, a ¡erte que están amena: Í una crisis, ya como inquictud perso: old imenta l, ya com: bl úbli Y si ello afecta a todos y E Eee us valores, Experimenta la amenaza total E o que la gente no sienta estimación Por ningún valo, 'ciba ninguna amenaza, Ésta es la ienci indiferencia, la tual, si t a n , Sí parece afectar a todos los valores, a Y se con- E, not Ea Supongamos, E fín, que no sienta estimación » PErO que, no obstante, perciba agud. amcnaza. Ésta es la experienci. a Sa ansiedad. da ; ja del imalesta;, de 1, ji cual, si es suficientemente + i É dE , otal, se ex indisposició a onvierte en una indisposición tabla de valores y no advierte *permenta bienestar. Cuando LA PROMESA 31 El nuestro es un tiempo de malestar e indiferencia, pero aún no formulados de manera que permitan el trabajo de la razón y el jucga de la sensibilidad. En lugar de inquietudes —definidas en relación con valores y amenazas—, hay con frecuencia la calami- dad de un malestar vago; en vez de problemas explícitos, muchas veces hay sólo el desalentado sentimiento de que nada marcha bien. No se ha dicho cuáles son los valores amenazados ni qué es lo que los amenaza; en suma, no han sido llevados a punio de decisión. Mucho menos han sido formulados como proble- mas de la ciencia social, En los años treinta apenas se dudaba —salwo en ciertos círcn- los de negocios alucinados— que había un problema económico que era también un haz de inquietudes personales. En los argu- mentos acerca de “la crisis del capitalismo”, las formulaciones de Marx y las numerosas re-fonmulaciones de su obra probablemente asientan los principales términos del problema, y algunos indivi- duos llegan a comprender sus inquietudes personales en relación con tales términos. Los valores amenazados eran fáciles de ver y estimados por todas; las contradicciones estructurales que los amenazaban también parecían fáciles. Ambas cosas eran amplia y profundamente experimentadas. Fue una edad política. Pero los valores amenazados en la era posterior a la segunda Guerra Mundial, muchas veces no son ni ampliamente reconocidos como valores ni se advierte de un modo general que estén amena- zados. Muchas inquietudes privadas no son formuladas; mucho malestar público y muchas decisiones de enorme importancia es- tructural no llegan nunca a ser problemas públicos. Para quienes aceptan valores hereditarios, como la razón y la libertad, es el malestar mismo lo que consiituye la inquietud, es la indiferencia misma lo que constituye el problema. Y esta situación de malestar € indiferencia es lo que constituye el signo distintivo de nuestra tiempo, Todo esto es tan sorprendente, que muchas veces es interpre- tado por los observadores como un cambio en la clase misma de los problemas que ahora reclaman ser formulados. Se nos dice con frecuencia que los problemes de nuestra década, o aun las crisis de nuestro tiempo, han salido del campo externo de la eco- nomía y se relacionan ahora con la calidad de la vida individual, en realidad con el problema de si tardará mucho en dejar de haber algo que pueda llamarse propiamente vida individual. No el tra- bajo de los niños, sino los libros de historietas, no la pobreza, sino el ocio cn masa, son los centros de interés. Muchos grandes problemas públicos, lo mismo que muchas inquictudes privadas, 34 LA PROMESA por completo, Parecen ignorar que el uso de esta imapinaci cual para mejorar el trabajo que pueden hacer, 8 eS esarrollarla y emplearla dejan de responder a las esperanzas cul. turales que se tienen en ellos y que las tradiciones clásicas de sus pera ia pones a disposición de ellos. ., ¿ero las cualidades de esta imaginación son re; - gidas en materias de hecho y de peda en el a cen el análisis político. Se han convertido en Tasgos fandamentales de esfuerzo intelectual y de sensibilidad cultural en una Eran diversidad de expresiones. Los buenos críticos son ejemplos de esas cualidades, lo mismo que los periodistas serios, y en realidad se juzga según ellas la obra de unos y otros. Las categorías popu- lares de la crítica —muy intelectual, medianamente intelectual o sin pretensiones intelectuales, por ejermplo— ahora son tan socio- lógicas por lo menos como estéticas. Los novelistas —cuya obra sería encama las definiciones más difundidas de la realidad hu- mana-— poseen con frecuencia esta imaginación y se esfuerzan en satisfacer la demanda de ella. Por medio de ella, se busca orientar el presente como historia. A medida que las imágenes de la “naturaleza humana” se hacen más problemáticas, se siente Cada vez más la necesidad de prestar atención más estrecha pero más imaginativa, a las prácticas y a las catástrofes sociales que revelan (y que moldean) la naturaleza del hombre en este tiempo de inquietud civil y de conflicto ideológico. Aunque algunas veces se manifiesta la moda de intentar usarla, la imaginación socio- lógica no es una mera moda. Es una cualidad mental que parece prometer de la manera más dramática la comprensión de nuestras propias realidades íntimas en relación con las más amplias reali- dades sociales. No es meramente una cualidad mental más entre elmargen contemporáneo de sensibilidades culturales: es la cua. a cuyo uso más amplio y más hábil ofrece la promesa de que las esas sensibilidades —y de hecho la razón humana misma— Hegarán i pegarán a representar un papel más importante en los asuntos El significado cultural de la ciencia física — , antiguo común denominador— se está aciendo o Con . estilo intelectual, la ciencia física empieza a ser considerada 0 Incas como algo insuficiente, La suficiencia de los estilos La cos de pensamiento y sentimiento, de imaginación y sensibili- dad, ha estado, naturalmente, desde sus orígenes sometida a la duda religiosa y A la controversia teológica, pero nuestros pad; y abuelos científicos han reducido esas dudas religiosas, Las dudas LA PROMESA 35 hoy corrientes son profanas, humanistas, y con frecuencia abso- lutamente confusas. Los progresos recientes de las ciencias físicas —con su clímax tecnológico en la bomba H y los medios para transportarla— no han sido sentidos como solución a ninguno de los problemas ampliamente conocidos y profundamente ponde- rados por comunidades intelectuales y públicos culturales muy dilatados. Esos progresos han sido considerados, correctamente, ación altamente especializada, e in- correctamente como misterios maravillosos. Han suscitado más problemas —tanto intelectuales como morales— que los que han resuelto, y los problemas que han planteado radican casi com- pletamente en la esfera de los asuntos sociales, y no físicos. La conquista manifiesta de la naturaleza, la superación de la escasez, las sienten los hombres de las sociedades superdesarrolladas como cosa virtualmente acabada. Y ahora, en esas sociedades se cree que la ciencia —principal instrumento de esa conquista— vaga a su antojo, sin objetivo, y que necesita ser tevalorada. La estimación moderna por la ciencia en gran parte ha sido meramente supuesta, pera ahora el ethos tecnológico y una espe- cie de imaginación ingenieril asociados con la ciencia probable- mente parecen más temibles y ambiguos que esperanzadores y progresivos. Naturalmente, no es eso todo lo que hay en la “ciencia”, pero se teme que llegue a serlo. La necesidad sentida de revalorar la ciencia física refleja la necesidad de un nuevo deno- minador común. Es el sentido kumano y el papel social de la ciencia, sus consecuencias militares y comerciales, su significación política, lo que está experimentando una revaloración confusa. Las progresos científicos de las armas quizás lleven a la “necesi- dad” de reajustes políticas del mundo; pero esa “necesidad” no se cree que pueda satisfacerla la ciencia física por sí misma. Mucho que ha pasado por “ciencia” se tiene ahora por filoso- fía dudosa; mucho que se considera como “verdadera ciencia” st cree con frecuencia que sólo proporciona fragmentos confusos de las realidades entre las cuales viven los hombres. Está muy difundido el sentimiento de que los hombres de ciencia ya no tratan de representar la realidad como un todo o de trazar un es- bozo real del destino humano. Además, la “ciencia” les parece a muchos no tanto un ethos creador y una orientación, como un juego de máquinas científicas manejadas por técnicos y controla- das por hombres economistas y militares que ni encaman ni com- prenden la ciencia como ethos y orientación. Entretanto, los filósofos que hablan en nombre de la ciencia con frecuencia la convierten en “cienticismo”, sosteniendo que su experiencia es 36 LA PROMESA idéntica a la experiencia humana y que únicamente con sus méto- dos pueden resolverse los problemas humanos. Con todo eso, muchos trabajadores culturales han legado a pensar que la “cien. cia” es un Mesías falso y pretencioso, o por lo menos un elemento marcadamente ambiguo de la civilización moderna, Pero, según la frase de C. P. Snow, hay “dos culturas”; la científica y la humanista. Ya como historia o como drama, ya como biografía, Poesía o novela, la esencia de la cultura hu- manista ha sido la literatura. Pero ahora se insinúa con frecuencia que la literatura seria se ha convertido en un arte secundario. Si es así, no es solamente por el crecimiento de los Públicos de masas y de los medios de comunicación para las masas, y por todo lo que eso significa para la producción literaria sería. Se debe también a la cualidad misma de la historia de nuestro tiempo y a los tipos de necesidades que los hombres sensibles advierten que reclaman aquella cualidad. ¿Qué novela, qué Periodismo, qué esfuerzo artístico puede competir con la realidad histórica y los hechos Políticos de nuestro tiempo? ¿Qué visión dramática «del infierno puede competir con los acontecimientos de la guerra en el siglo xx? ¿Qué acusaciones morales pueden afectar a la insensibilidad de hombres en la ago- nía de la acumulación Primaria? Es la realidad social e histórica lo que los hombres necesitan Conocer, y muchas veces no encuen. tran en la literatura contemporánea un medio adecuado para conocerla. Quieren hechos, buscan su significado, desean un “gran panorama” en el cual puedan creer y dentro del cual puedan Tlegar a comprenderse a sí mismos. Quieren también valores orienta dores y maneras apropiadas de sentir y cstilos de emoción y voca- bularios de motivación. Y no encuentran eso fácilmente en la literatura de hoy. No importa que esas cualidades deban encon- frarse allí; lo que importa es que con frecuencia no las encuentran allí los hombres, En el pasado, literatos en función de críticos y de historiadores escribieron notas sobre Inglaterra y sobre viajes a los Estados Unidos, Se esforzaron Por caracterizar sociedades en su conjunto y de discernir su sentido moral. Si Tocqueville o Taine vivieran hoy, ¿no serían sociólogos? Formulándose esta Pregunta acerca de Tainc, un reseñador de The Times (Londres) dice: Taine vio siempre al hombre primordialmente como un animal social y la sociedad como una colección de grupos: sabía observar minuciosamente, era un Habajador de campo infatigable y poseía una LA PROMESA 37 is ibi il tre los idad... particularmente valiosa para percibir relaciones entre 1 fenómenos ciales: la cualidad de AE Ed demasiado in. a teresado en el presente para ser un E A 'oriador, Edo Í ás la literatura como dont teórico para ser novelista, y veía demasiado la rd ltura de una época o de un país para s d ma Ela. : M Su obra sobre la literatura nie es as o iteratura inglesa que un comentario sobre la moral ] ei vehículo e su positivismo. Es un teórico social, antes que nada. ido un “literato” más bien que un “científico social”, E a dominio sobre gran parte A ciencia social del siglo xix ejercido por la búsqueda celosa de “eyes pue ta mente comparables a E que nos imaginamos prepa as ientifi la naturaleza. a a cios y los novelistas, los dramaturgos y los postas han sido los principales, si no los únicos, formal os de quie tudes individuales y hasta de problemas públicos. a acto E esos sentimientos y a veces se concentra en Ss — A momentos con dramática agudeza—, pero no aún con a i la para su comprensión y alivio en la actua md, E nte So formula ni puede formular esos sentimientos como problemas que contienen las inquietudes y las Ls as a Es que los hombres tienen que hacer frente ahora si han de v ner su malestar e indiferencia y las insufribles angustias a que aa ducen. En realidad, el artista muchas veces na intenta 1 Me . Además, el artista serio experimenta él mismo gran inquiel tud, z L iría bien con alguna ayuda intelectual y cultural de una cienci social animada por la imaginación sociológica. 5 ] ósito en este libro es definir el significado de las ciencias ae para ls tareas culturales de nuestro tiempo. Desa ses cificar las clases de esfuerzn que están detrás del desarro! a an imaginación sociológica, indicar lo que ella implica pan la vida política y para la vida cultural, quizá señalar algo de no ue se necesita para poscerla. Deseo, de esa manera, aclarar pa -ura- leza y los usos de las ciencias sociales en la actualidad, E y > limitado informe de su situación contemporánea en los Estados Unidos.? 2 Times Literary Supplement, 15 de novietubre de 1957. ñ + i ho la expresión “Los 2 Siento la necesidad de decir que prefiero con mue o estudios coles” a la de “las ciencias “sociales”, no porque no me agraden e LA PROMESA bras sólo cuando es manifiesto que ello amplía cl alcance de la sensibilidad y aumenta el ámbito del razonamiento. Unos estu- dian estrictamente sólo ambientes en pequeña escala, con la es- peranza de “armar” después con esas piezas concepciones de estruc- turas mayores; otros examinan las estructuras sociales en que tratan de “situar” muchos medios pequeños. Unos, olvidando por com- pleto los estudios comparativos, estudian sélo una pequeña comu- nidad en una sociedad y en un tiempo; otros trabajan directamente y de un modo plenamente comparativo las estructuras sociales de las naciones del mundo, Unos limitan sus rigurosas investiga ciones a secuencias muy reducidas de asuntos humanos; otros se interesan en problemas que sólo se advierten en una larga perspco- tiva histórica. Unos especializan su trabajo de acuerdo con com- partimientos académicos; otros, saltándose todos los comparti- mientos, se especializan por asuntos o problemas, sín tener en cuenta dónde están situados académicamente. Unos atienden a la diversidad de la historia, de la biografía, de la sociedad; otros no. Esos contrastes, y muchos más de tipo parecido, no son nece- sariamente verdaderas alternativas, aunque en el calor de la con- troversia o en la indolente seguridad de la especialización se les tome por tales. En este punto, yo meramente los enuncio de un modo inicial, para volver a ellos al final de este libro, Tengo la esperanza, desde luego, de que se dejarán ver todas mis tenden- cias o prejuicios personales, porque los juicios que formule serán explícitos. Pero también intento, independientemente de mis pro- pios juicios, enunciar los significados culturales y políticos de la ciencia social, Mis prejuicios no son, naturalmente, ni más ni menos prejuicios que los que voy a examinar. ¡Que quienes no se cuiden de los míos usen su oposición a ellos para hacer los suyos tan explícitos y tan reconocidos como tales, como yo trataré de hacer los míos! Entonces se reconocerán los problemas morales del estudio social —el problema de la ciencia social como pro- blema público—, y se hará Posible la discusión. Entonces cada no se conocerá mejor a sí mismo, lo que es, desde luego, condi- ción previa para la objetividad en la empresa de la ciencia social en su conjunto, Creo, en resumen, que lo que Puede llamarse análisis social clásico es una serie de tradiciones definibles y usables; que su característica esencial es el interés por las estructuras sociales his- Hóricas; y que sus problemas tienen una relación directa con los urgentes problemas públicos y las insistentes inquietudes humanas. Creo también que hay actualmente grandes obstáculos en el ca- mino de la continuidad de esa tradición —tanto dentro de las LA PROMESA 4 ciencias sociales como en e on o o obstante, las cualidades mentales q e e cstón convistiendo en un denominador común de pactada cultural general y que, aunque an En i á o a «variedad de disfraces, están empezan: necesidad. . Muchos profesionales de la ciene Estados Unidos, me parecen curiosa: reto que ahora se les lanza. De hecho, E intelectuales y políticas del análisis social; altura del papel que, sin embarg sad En a casi parecen haber acogido deliberadamente viejas imis D a Tesis" astucias y producido nuevas timideces. Mas, a Dio de E [a ia, la atención intelectual y la atención pú ahora En mranifiestamente fijas sobre los mundos saciales que E s pone úni vidad. E et O ciencias sociales, los usos a deda imaginación sociológica y el senti do politica de los estu sobre el hombre y la socicdad. ia social, especialmente en los mente renuentes a aceptar el muchos abdican las tartas otros, indudablemente, bargo, se han asignado, 6 De un modo bastante embarazoso para quien se confiesa sociólogo, todas las infortunadas Ca fsalvo EN la nd lane a ñ igui o d en los capítulos siguientes caen q ral considera “el campo de la sociología”, q ES ti impli dudablemente caracteriza 2 8 twral y política que implican indudable a To ue jo diario de otras ciencias sociales, Lo A edad en disciol ll mo las ciencias políticas y exdad en disciplinas tales como | c a en la historia y la antropología, E a se Lc) i ce con en los Estados Unidos lo que se cono ] a Í: Í ] centro de reflexión acerca logía se ha convertido en cl A i L. Se ha convertido en el centro E los inétodos; y también encontramos en ella un interés a e la “teoría gencral”. Una diversidad de trabajo intelec sal esdaderamente notable ha entrado a tomar paste en DN Espia de la tradición sociológica. Interpretar esa ue Eee tradición es audaz por sí mismo. Len o . Ce jue ahora se reputa trabajo A Zo da o más de tres direcciones generales, cada una de las cuales está expuesta a ciertas deformaciones. +2 LA PROMESA Tendencia 1: Hacia una teoría de la historia. Por ej . Por ejermpl en manos de Comte, como en las de Marx, Spencer y Weber Ñ sociología es una empresa enciclopédica, relativa a la totalidad de la vida sccial del hombre. Es al mismo tiempo histórica y sistemática; histórica Porque trata de materiales del pasado y los emplea; PO porque lo hace con objeto de distinguir aa apas” del curso de la historia y las regularidades de la vida La teoría de la historia del hombre uede ] is ser deformad; Eaente y convertirse en un estrecho molde transinstónico en el cual se meten a la fuerza los materiales de la historia humana y del cual salen visiones proféticas (por lo general sombrías) del futuro. Las obras de Amold Toynb . O e e oymbee y de Oswald Spengler son Tendencia 1: Hacia una teoría sistemática de * del hombre y de la sociedad”. Por ejemplo, a farmalistas, Principalmente Simmel y Von Wiese, la sociología trata de conceptos destinados a servir para clasificar todas las rela- clones sociales y Penetrar sus características supuestamente inva- e E suena, se interesa $ una visión más bien estática y compone: Í ñ mu dond ze E le la estructura social en un nivel Juizá por reacción contra la deformación de la : la historia puede ser totalmente abandonada: la a tica de la naturaleza del hombre y de la sociedad se convierte con facilidad excesiva en un formalismo complicado y árido en el que la descomposición de conceptos y sus interminables TECOM- posiciones y combinaciones se convierte en la tarea central, Entre Jos que llamaré Grandes Teóricos, las concepciones se han conver. tido verdaderamente en conceptos. El ejemplo contemporáneo más importante en la sociologí ii ar ptante tología norteamericana es la obra de Tendencia 111: Hacia el estudio empírico di problemas sociales contemporáneos. (ne a ps fueron los soportes de la ciencia social norteamericana Hasta 1914 aproximadamente, y la influencia teórica alemana fue grande, la actitud empírica fue fundamental en los Estados Unidos desde Emp tempranos. En parte se debió esto a haber sido anterior da consagración académica de la economía y de la ciencia polí- Ce Dado esto, en Ja medida en que es definida como el estudio e algún sector especial de Ja sociedad, la sociolagía se convierte LA PROMESA 4 fácilmente en una especie de trabajador suclto entre las ciencias sociales ocupado en estudios misceláneos de sobrantes académicos. Hay estudios de ciudades y de familias, de relaciones raciales y étnicas, y, desde luego, de “pequeños grupos”, Como veremos, la miscelánea resultante se convirtió en un estilo de pensamicnto que eximinaré bajo cl dictado de “practicidad liberal”. El estudio de los hechos contemporáneos fácilmente puede convertirse en una serie de datos de ambiente sin relación entre sí y con frecuencia insignificantes, Muchos cursos docentes de sociologia norteamericana pueden servir de ejemplo; pero quizás lo revelen mejor los libros de texto relativos a la desorganización social. Por otra parte, los sociólogos han tendido a hacerse espe- cialistas en la técnica de la investigación de casi todo. Entre ellos, los métodos se han convertido en metodología. Gran parte de la obra —y más aún del ethos— de George Lundberg, Samuel Stouf- fer, Stuart Dodd y Paul F. Lazarsfeld son cjemplos actuales. Estas tendencias —de dispersar la atención y cultivar el método por el método— son dignas compañeras entre sí, aunque no se den nece- sariamente juntas. Las peculiaridades de la sociología pueden entenderse como deformaciones de una u más de sus tendencias tradicionales. Pero también sus promesas pueden entenderse en relación con esas ten- dencias. En los Estados Unidos se ha producido actualmente vna especie de amalgama helenística que incorpora diversos elementos y finalidades de las sociologías de las diferentes sociedades occi- dentales, El peligro está en que, en medio de tanta abundancia sociológica, otras cientificos sociales se impacienten tanto, y que Jos sociólogos sientan tanta urgencia de “investigar”, que pierdan el dominio sobre un legado verdaderamente valioso. Pero hay también una oportunidad en nuestra situación: la tradición socio- lógica contiene las mejores formulaciones de la plena promesa de las ciencias sociales en conjunto, así como algunas realizaciones parciales de ellas. El matiz y la sugerencia que los estudiosos de la sociología pueden encontrar en sus tradiciones no pueden resw- mirse en breves términos, pero el investigador social que las tome en sus manos quedará ricamente recompensado. Su dominio sobre ellas puede convertirse rápidamente en nuevas orientaciones para su propio trabajo en la ciencia social. : Volveré a ocuparme de las promesas de la ciencia social (en los capítulos vu a x, después de haber examinado algunas de sus deformaciones más habituales (capítulos 1 a vi).