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GEOGRAFÍA POLÍTICA ECONOMÍA MUNDO, ESTADO-NACIÓN Y LOCALIDAD por Peter J. Taylor TRAMA EDITORIAL CAPÍTULO 1 (EL ANÁLISIS DE SISTEMAS MUNDIALES, “Y LA GEOGRAFÍA POLÍTICA ancún es un centro turístico de moda que está en la costa de Yucatán, en México. En Octubre de 1981 se convirtió en el centro de la atención mundial por ser la sede de la reunión de los gobiernos del «Primer Mundo» y el «Tercer Mundo». El presidente Reagan era el líder del grupo del «Primer Mundo», en el que se encon- traban presidentes y primeros ministros de todos los principales países «occiden- tales». Los países del Tercer Mundo estaban representados por los jeles de Go- bierno de diecisiete países de los tres continentes del «Sur». Lo sucedido cn e reunión recibió la pretenciosa denominación de negociaciones” globales». Desa: fortunadamente, en esta conferencia no se logró casí nada. Sin embargo, al cabo de once años, en Junio de 1992, tuvo lugar en Río de Janeiro otra ronda de negocia: ciones de este tipo conocida popularmente, nada más y nada menos, como la «Cumbre de la Tierra», Al margen de exageraciones periodísticas, las reuniones de Cancún y de Río son síntomas de la preocupación actual por los problemas mun- diales y el pensamiento global. Inkeles ha captado lo más sustancial de es cupación: estrecha interrela mes y frases hech La opinión, ampliamente difundida, de que existe una bal incipiente se refleja en numerosas ideas, eslóga das actualmente —como «Gobierno mundial», «aldea ¿loba , «biosfera» —, y el omnipresente dibujo de un globo terráqueo lleno de gente, de uno de cuyos extremos sale una mecha encendida, con un letrero que dice «la bomba de la población mundial» (1975: 467), ¡era Inkeles considera que esta «nueva opinión» indica que está surgiendo una es- tructura social del mundo. El enfoque que utiliza para estudiar la escala global es sólo uno de los muchos que han aparecido en los últimos años. La conferencia de Cancún, por ejemplo, fue resultado del revuelo originado por el Informe que e boró Brandt en 1980 sobre las diferencias de bienestar material entre el Norte y el Sur. Otros investigadores más radicales han resaltado que existe una nueva divi. sión internacional del trabajo como consecuencia de la induscrialización de deter minados países del Tercer Mundo. Asimismo, hay un gran número de estudios so- bre las empresas multinacionales que hacen hincapié en el poder internacional de las grandes empresas privadas. Uno de estos estudios empieza afirmando que «los hombres que dirigen las empresas globales son los primeros en la historia que di ponen de la organización, la tecnología, el dinero y la ideología para levar a cabo un intento creíble de dirigir el mundo como si fuera un sistema integrado» (Bar- nett y Muller, 1974: 13). Así pue, los problem del día de la ciencia soc mundiales y las cuestiones globales están en el orden moderna. No obstante, el enfoque que he seleccionado 4 Geografía Política Claro está que el enfoque de sistemas mundiales no es el primer intento de po- ner en cuestión el pensamiento ortodoxo en las ciencias sociales; de hecho, Wa- llerstein se propone, manifiestamente, [conjugar dos retos teóricos anteriores) En ¡primer lugar, toma prestadas ideas y conceptos de la escuela de historia francesa de los Annales, que no aprobaba el exceso de detalle de la historia de principios del si- ¿lo xx, y hacía hincapié en los acontecimientos políticos, sobre todo en las manio- bras diplomáticas. Esta escuela abogaba por un enfoque más holístico en el cual las actividades de los políticos constituyeran sólo una pequeña parte de la historia de la gente corriente; los políticos y sus diplomacias iban y venían, pero el estilo de vida cotidiana seguía teniendo las mismas bases maceriales ambientales y eco- nómicas. Así pues, se hacía hincapié en las raíces sociales y económicas de la histo- ria en lugar de destacar la fachada política, que es lo que an los textos ortodo- xos. Probablemente lo que mejor resume este enfoque es la expresión de Fernand Braudel longue durte, que representa la estabilidad materialista que subyace a la vo- lacilidad política (Wallerstein, 1977: 5). En segundo lugar, Wallerstein utiliza la crítica neomarxista de las teorías del desarrollo de la ciencia social moderna. La evolución de la ciencia soci 1 después de la segunda guerra mundial coincidió con la proliferación de nuevos Estados en las antiguas colonias europeas, y su aplicación a los problemas de estos nuevos tados fue fundamental para poner al descubierto las serias limitaciones de dichas teorías. En 1967 Gunder Frank publicó una crítica apocalíptica de las nociones de la ciencia social sobre la «modernización» en estos nuevos Estados, que puso de manifiesto que las ideas originadas en las zonas más prósperas del mundo no po- dían aplicarse a zonas más pobres sin que el análisis se desvirtuara por completo. La tesis principal de Frank era que los procesos económicos actuaban de manera distinta dependiendo de la parte del mundo de que se tratara; por este motivo, Europa occidental, Japón y Estados Unidos han podido desarrollarse, mientras que casi todo el resto del mundo ha experimentado el «desarrollo del subdesarrollo». Esta expresión resume el principal argumento de esta escucla, cu el sentido de que para los Estados nuevos el problema no es «ponerse al día», sino que de lo que se trata es de cambiar todo el proceso de desarrollo a escala global El enfoque analítico de sistemas mundiales inter combinar de una forma se- lectiva elementos críticos de la historia materialista de Braudel con los estudios neomarxistas sobre el desarrollo de Frank, añadiendo algunas carac terísticas nue- vas, con el fin de hacer una ciencia social histórica comprehensiva. En palabras de Goldftank (1979), Wallerstein «devuelve la historia» de modo explícito a la cien- cia social. Además, podríamos decir que, al desarrollar las ideas de Frank, también «devuelve la geografía» a la ciencia social. En pocas palabras, existen más claves para entender el mundo en que vivimos que las que se pueden encontrar estu- diando los países «avanzados» del mundo de finales del siglo Xx, por muy rigu- roso o erudito que sea dicho estudio. L1. Sistemas históricos La ciencia social moderna representa la culminación dle una tradición que pretende elaborar leyes generales que se puedan aplicar a cualquier época y lugar. Un ejem- plo conocido es el intento de equiparar la decadencia del Imperio británico con decadencia del Imperio romano casi dos mil años antes. Asimismo, a menudo se da por supuesto que la «naturaleza humana es universal, por lo que sería posible El análisis de sistemas mundiales y la gougrafía política 5 aplicar a otras culturas y a otras épocas las motivaciones de la conducta humana que se pueden encontrar hoy en los países «avanzados». Un ejemplo relevante es el afán de lucro a la hora de jar un precio en el mercado, lo que históricamente sólo existe en la sociedad moderna. Suponer que esta motivación existía en sociedades del pasado és cometer un error que Polanyi (1977) denomina «falacia economi- sta». Lo importante es precisar el alcance de las generali para lo cual Wallerstein utiliza el concepto de sistema histórico. Los sistemas históricos son las «sociedades» de Wallerstein. Son sistemas por- que se componen de partes interrelacionadas que forman un todo único; pero tam- bién son históricos en el sentido de que nacen, sc desarrollan durante un cierto pe: ríodo de tiempo, y después entran en decadencia] Aunque Wallersicin sólo admite la existencia de un sistema de este tipo en la actualidad, en el pasado ha habido innumerables sistemas históricos. Sistemas de cambio Aunque cada sistema histórico es único, Wallerstcio alirma que se pueden clusili- car en tres tipos de entidades principales. Estas entidades se definen por su modo de producción, que Wallerstein concibe, en términos generales, como la organi ción de la base material de la sociedad. Este concepto es mucho más amplio qu definición ortodoxa marxista, porque se refiere no sólo a la forma en que se divi- den las actividades productivas sino también a las decisiones sobre la cantidad de bienes que hay que producir, sobre su consumo o acumulación y sobre su posterior distribución. Utilizando esta amplia definición, Wallerstcio distingue sólo tres formas básicas de organizar la base material de la sociedad, tres modos de produc- ción que escán asociados a un tipo de entidad o sistema de cambio: cl minisistema, el imperio-mundo y la economía-mupdo. El minisistema es la entidad que se basa en un modo de producción recíproco y de limaje. Es el modo de producción primario y se basa en una escasa especiali- zación de las actividades. La producción se efectúa mediante la caza, la recolec- ción o una agricultura rudimentaria; el intercambio entre los productores es recí- proco, y la edad y el género constituyen el principio fundamental de organización. Los minisistemas son familias extensas o grupos de parentesco de tamaño reducido cuyo rango geográfico es fundamentalmente local y que perdu- ran solamente unas cuantas generaciones antes de su destrucción o dispersión. Flan existido innumerables minisistemas de este tipo; pero ninguno la sobrevi- vido hasta nuestros días, porque todos han sido sustituidos e integ; mas mundiales mayores. Es preciso aclarar que, cuando utiliza Wallerstcin, al hablar de los sistemas sociales, el término «mundiales» no quiere decir que dichos sistemas sean «lo- bates», sino simplemente que incluyen elementos que no se reducen a las activi- dades cotidianas locales de sus miembros. Hay dos tipos de sistemas mundiales dependiendo de su modo de producción: el imperio-mundo y la economía- mundo. - El imperio-mundo es la entidad que se basa en un modo de producción redis- cributivo tributario. Los imperios-mundo han adoptado diversas formas políticas, pero todos ellos comparten el mismo modo de producción, en el que hay un am- plio grupo de productores agrícolas que disponen de una tecnología lo suliciente- mente desarrollada para generar un excedente de producción por encima de sus los en siste- sidades inmediatas, Este excedente permite que hay productores especializa. dos no agrícolas, como artes mos y administradores, Mientras que el intercambio entre productores agrícolas y artesanos es recíproco, la característica distintiva de Este sistema es propiación de parte del excedente por los administradores que constituyen una clase dominante burocrático-militar. Dicho tributo se canaliza hacia arriba originando una desigualdad macerial a gran escala que no existe en Jos . Esta rediscribución puede mantenerse canto en una estructura polí. tica unitaria (el Imperio romano), como en una escructura fragmentada (la Europa feudal). A pesar de las norables diferencias políticas que las separan, Wallerstua afirma que todas estas «civilizaciones», desde la Edad de Bronce hasta un pasado no muy lejano, tienen la misma base material en sus sociedades: todas son impe- rios-mundo, Estos imperios-mundo son menos Mtumerosos que los minisistemas pero, no obstante, han existido docenas de ellos desde la Revolución neolític; La economía-mundo es la entidad que se basa en el modo de producción api talista. El criterio por el que se rige la producción es la obrención de beneficio, y el incentivo fundamental del sistema es la acumulación del excedente en forma de Capital. No hay una eseructura política dominante, ya que el mercado es, en defi. niriva, quien controla con frías riendas la competencia entre las diversas unidades de producción, por lo que la regla básica consiste en acumular o perecer. Así. en este sistema las unidades eficaces prosperan y acaban con las menos eficaces ven. diendo más barato en el mercado. Este modo de producción es el que define a la economía-mundo. Históricamente las economías-mundo han ido extremadamente frágiles, y los imperios-mundo las han integrado y sojuzgado antes de ue tuvieran la oportunidad dle convertirse en siscemas de expansión de capital. La gran excepción es la econo. mía-mundo europea que surgió a partir de 1450 y sobrevivió, llegando a dominar todo el mundo, Una fecha cl Habsburgo españoles y austríacos, y su gran rival la dinastía francesa de los Valois se arruinaron al intentar dominar la incipiente economía-mundo (Wallerstein, 1974: 124). No es en absoluto descabellada la idea de que el fracaso de estos últimos inten- tos de ercación de un imperio-mundo no fue debido a una derrota milicar sino a las maniobras de los banqueros «internacionales». En 1557 la economís-mundo ya ha- bía pasado por su período más vulnerable y había sobrevivido, convirtióndosc.en dl Único ejemplo histórico de uma economía-mundo en pleno desarrollo. A medida que se extendía fue eliminando a todos los minisistemas e imperios-mundo que queda- ban, hasta llegar a ser auténticamente global en torno a 1900. Tipos de cambio Ahora que conocemos todas las entidades que estudia el análisis de sistemas mun- dliales, podemos señalar las formas fundamentales que puede adoptar el cambie so. al, que se pueden reducir a cuacro: transición, incorporación, ruptura y continata 1. A fin de evitar confusiones, no está de más repetir que estas entidades —los Minisistemas, los imperios-mwundo y la cconomía-mundo—, que son objeto del cambio, son las «sociedades» que estudia esta teoría social histórica. Los dos primeros tipos de cambio son formas diferentes de transformación de un modo de producción en orro. Se puede llamar transición a la cranlormación que ocurre como consecuencia de un proceso interno, el Gal induce la transforma. ción de un sistema hasta convercirlo en otro diferente. Por ejemplo, en circuneraa. ve para su supervivencia es el año 1557, cuando los * ua onu y 1 gengray ua porra 7 cias favorables los minisistemas han engendrado imperios-mundo tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo Mundo. Asimismo un imperio-mundo, el de la Europa feudal, fue el predecesor de la economía-mundo capicalista; la transición de uno a otra se produjo a partir de 1450. La incorporación es la transformación que ocurre como consecuencia de un pro- ceso externo, Los imperios-mundo, a medida que se iban extendiendo, conquista- ban e incorporaban minisistemas. Estos grupos conquistados eran reorganizados para que pasaran a formar parte de un nuevo modo de producción mediante la en- trega de tributos a los conquistadores. Asimismo, la economía-mundo al exten- derse ha incorporado minisistemas e imperios-mundo, cuyas poblaciones pasan a formar parte de este nuevo sistema. Todos los pueblos de todos los continentes, ex- cepto Europa, han sufrido esta transformación durante los últimos quinientos años. Las £upturas constituyen el tercer tipo de cambio. Las rupturas se producen en- tre entidades que, aún siendo diferentes, tienen aproximadamente la misma locali zación y comparten el mismo modo de producción. Lo que ocurre es que el sis- tema se desmorona y, en su lugar, se establece otro distinto. En el caso de los imperios-mundo, el ejemplo clásico es la sucesión de Estados chinos. Los períodos entre un imperio-mundo y otro son anárquicos, produciéndose un retroceso par- cial a los minisistemas, y se suele hablar de ellos como de las «épocas oscuras», La más conocida es la época entre el hundimiento del Imperio romano y la aparición del feudalismo en la Europa occidental. último tipo de cambio, la continuidad, se produce dentro de los propios sis- temas. A pesar de la imagen popilar de culcuras tradicionales «eternas», todas las entidades son dinámicas y están cambiando continuamente. Estos cambios son fundamentalmente de dos tipos: lineales y cíclicos, Todos los imperios-mundo han mostrado una pauta cíclica de «auge y decadencia»: se iban extendiendo e incor- porando minisistemas, hasca que el conjunto total de los gastos militares y buro- cráticos era de tal calibre que las ganancias resultantes eran cada vez menores y, entonces, se producía una contracción. En la economía-mundo, las tendencias li- neales y los ciclos de crecimiento y estancamiento forman parte integral de nues- tro análisis, A continuación vamos a hablar de ellos con más detalle. El error del desarrollismo . Hemos aclarado la forma en que el análisis de sistemas mundiales aborda el cam- bio social; a partir de ahora, nos centraremos en un sistema determinado, la econo- mía-mundo capitalista, cuya expansión ha eliminado al resto de los sistemas, ra- z6n por la que partimos del supuesto de la existencia de «una sociedad única» a la hora de estudiar el cambio social contemporáneo, No se puede hacer excesivo hin- capié en la importancia que tiene este supuesto para nuestro análisis, y buena prucba de ello es el error del desarrollismo al que es proclive la ciencia social orto- «dloxa (Taylor, 1989; 1992a). La ciencia social moderna ha elaborado muchos «modelos de desarrollo por etapas», y todos ellos dan por sentada la existencia de una secuencia lineal de eta- pas por la que han de pasar las sociedades (= países). El método fundamental con- sisce en llegar, a partir de una interpreración histórica de cómo se enriquecieron los países poderosos, a una especulación fxurista sobre cómo, a su vez, pueden lo- ¿grarlo los países pobres (Fig. 1.1). El ejemplo más conocido es el de las etapas de crecimiento económico de Roscow, que generaliza la historia económica británica Estructuras tripartitas El tercer elemento esenc 0 al también es de carácter política pero es más sutil que el ancerior, Wallerstein afirma que los procesos de explotación de la economís Ando siempre operan ea un formato de tres niveles, debido a que en cualquier situación de desigualdad la interacción entre tres partes es más estable que el en- frentamiento entre dos. Los que están arriba siempre tratarán de manejar la sicua- ción para «crear» una estructura eripartita, mientras que los que están jo trata- rán de hacer hincapié en la existencia de dos partes: «ellos y nosotros». La continuidad de la economía-mundo, por tanto, se debe €n parte a que los grupos dirigentes han logrado mantener pautas tripartitas en diversos campos conflicti- ro ejemplo de ello es que en muchos sistemas políticos hay partidos de centro» situados entre la derecha y la izquierda; el caso más general es el o. mento de la noción de «clase media» entre el capital y el trabajo. Y en otros con. textos, la aceptación de grupos érnicos «intermedios» (como «los blancos pobres») ayuda a los grupos dirigentes a mantener la estabilidad y el control. Geográfic mente el ejemplo más interesante es el concepto de Wallerstcin de «semiperile- ria», que separa los dos extremos de bienestar material en la economixiuundo moderna, a los que Wallerstein denomina el centro y la periferia. Defniremos es, tos términos en el siguiente apartado, 11. LAS DIMENSIONES DE UN SISTEMA HISTÓRICO : Si estamos reintroduciendo la historia en la geografía política la pregunta que se nos plantea es: «¿qué historia?» Varios estudios recientes comparten nuestra in- quierud por el olvido de la historia en la geografía, y han tratado de rectificar este hecho presentando breves resúmenes de la historia mundial de los últimos siglos en los capítulos iniciales de sus trabajos. Los peligros e inconvenientes de práccica son evidentes: ¿cómo puede realizarse adecuadamente semejante tas glo en unas cuantas páginas? La respuesta es que tenemos que ser muy selectivos, ll objetivo que tenga la «historia» determina directamente la selección, de laa epi- sodios de los que se ocupa, lo cual evidentemente no es ninguna novedad, y se puede aplicar a cualquier texto de historí, pone unas exigencias muy estrictas Tenemos la suerte de que la publicación de el Alas de historia mundial del Times (Baraclough, 1979) nos ayuda a encauzar la solución de nuestros problemas. La Aplicación del enfoque de sistemas mundiales de Wallersccin a cualquier tema Presupone un nivel de conocimiento histórico gene gue probablemente sea m 1870/75 2 0B => 1890/96 111 1890/96 —— A - 1914/20 - B => 1940/45 IV 1940/45 ——— A == 1967/73 = - Bo 1914/20 explosión económica enla A Crecimiento Se han detectado estos ciclos en series temporales de datos referidos a una gran va tiedad de fenómenos económicos de muchos países, entre Jas que se encuentran la producción agrícola e industrial y el comercio (Goldisccin, 1988). Según esta inter- pretación, actualmente nos hallamos en la fase B del cuarto ciclo de Kondracielí. Aunque existe un acuerdo bastante generalizado a la bora de señalar cuáles son estos ciclos, en lo relativo a sus causas hay una controversia mucho mayor. Con toda seguridad están asociados a los cambios tecnológicos, y las fases A pueden relacio: Darse sin dificultad con los períodos en que se adoptan las innovaciones tecnológi- cas. Se puede comprobar en la Fig. 1.2, en la que se describan de forma esquemá- tica las fases de crecimiento (A) y de estancamiento (B), y figuran los sectores O económicos más importantes de cada una de las fases A. Po, ejemplo, la primera 4 fase A coincide con la primera «Revolución industrial», con las máquinas de vapor ¿ y la industria del algodón. Las posteriores «nuevas revoluciones industriales» tam- ; i $ E 1 1899/06 E Únidos y a, | Alemania io 1870/75 CICLOS DE KONDRATIEFF 8 Reestructu- A lerazgo ran Bret. "explosión | económica | de mediados dela era LG 1848/52 drati 8] $5 S8 ES $3 bién encajan en la misma pauta: con el ferrocarril y el acom (IA), las industrias químicas (petróleo) y las eléctricas (LILA), y la industía aeroespacial y la electrónica > panm=> (IVA). No hay ninguna duda de que la tecnología por sí miga Lo puede explicar l paca, pero ¿cuál es el motivo de que estas innovaciones técnica e adopten en «ole- < adas» y no de un forma más regular? La respuesta, desd | perspectiva de los siste quas mundiales, es que esta pauta cíclica es intrínseca a nuestro tenia histórico a Enesecuencia de Ea forma de funcionamiento del modo capienliza e producción, Las contradicciones en la organización de la base material pco que sea imposible de cqetimiento acumulativo lincal simple y que sean necesarias Las iu tentes dle estancamiento. Vamos a examinar brevemente esto argumento, 1820/25 miente 05 cielos de Kon: e: A E E ó liderazgo industrial 1780/90 2 al. 16 Cingrufía Politica forma parte de los mismos procesos que crean los ciclos que hemos descrito ante- riormente, La estructura espacial y los ciclos temporales son dos aspectos de los mismos mecanismos que conforman una estructura espacio-temporal única, aun- que separemos el espacio y el tiempo por razones pedagógicas; así que, de ahora en adelante, siempre se ha de tener en cuenta que las estructuras espaciales que des cribimos son fundamentalmente dinámi La extensión geográfica del sistema Lo primero que tenemos que hacer es examinar la expansión geográfica de la eco- nomía-mundo. Ya hemos dicho que surgió como economía-mundo europea a par- tit de 1450 y que abarcaba todo el globo alrededor de 1900, pero no hemos espe- cificado cómo se fue definiendo esta variación de tamaño. Todas las entidades se definen de una forma concreta según la extensión geográfica de su división del trabajo, que es la división de las actividades productivas y de otro tipo que son ne- cesarias para el funcionamiento del sistema. Una parte de la distribución y del co- mercio es un elemento indispensable del sistema, mientras que otra parte del co- mercio es efímera y tiene poca importancia al margen de sus protagonistas. Por ejemplo, el comercio de lujo entre el Imperio romano y el Imperio chino fue pasa- jeto y no se nos ocurriría decir que los dos imperios se unieron para formar un sis- tema «euroasiático» único a raíz de este comercio. Según Wallerstein, China for- maba parte de la «región exterior» (external arena) de Roma y viceversa. Utilizando estos criterios Wallerstein delimita el sistema mundial europeo ini- cial, que estaría integrado por Europa occidental, Europa oriental y las zonas de América Central y del Sur dominadas por portugueses y españoles. El resto del mundo era la región exterior, que incluía la red de puertos portugueses del Océano Pacífico y del Indico, relacionados con el comercio de artículos de lujo. Esta activi- dad comercial portuguesa tuvo muy pocas repercusiones en Asia —los portugues se limitaron a sustituir a los comerciantes árabes y de otros países— y en Europa En cambio, las actividades de los españoles en América, sobre todo las exportacio- nes de lingotes de oro y plata, tuvieron una importancia fundamental para la e ción de la economía-mundo. Por tanto, Wallerstein opina que España fue mucho más importante que Portugal en las primeras fases de la economía-mundo, a pesar dle que las posesiones de Portugal estaban más extendidas por todo el globo. A partir de este período, la economía-mundo europea se extendió, asimilando al resto del mundo aproximadamente por este orden: el Caribe, América del Norte, India, Asia oriental, Australia, África y, por último, las islas del Pacílico. milación se produjo de diversas maneras. La más simple era el saqueo, el cual sólo podía ser un proceso a corto plazo, complementado necesariamente con actividades 5 productivas que dieran lugar a nuevos asentamientos; este proceso de asimila ción fue el que ocurrió en América Latina. En el resto del mundo los sistemas abo- rígenes también fueron destruidos y se crearon economías totalmente nuevas, como en el caso de América del Norte y Australia. Si esto no ocurría, las sociedades exis- tentes no sufrían alteraciones pero eran reducidas a |, riferia, es decir, se reorien- taba su economía para que satisficieran necesidades más amplias en el ámbito de la economía-mundo; este proceso se podía levar a cabo mediante el control político directo, como en la India, o sencillamente mediante la «apertura» de una zona a las fuerzas del mercado, como en China. Al fival, como consecuencia de estas diversas maneras de asimilación, la región exterior desapareció totalmente. El amálivis le sistemas mundiales y la ge vafía politica Y) Los conceptos de centro y periferia El concepto de «perilerialización» 0 «proceso que reduce a la periferia» implica que estas zonas nuevas no se incorporaron a la economía-mundo en calidad de «so- cios de pleno derecho», sino que se incorporaron en condiciones desfavorables res- pecto a los antiguos mi en realidad se incorporaron a una parte determi nada de la economía-mundo que denominamos perileriá (peripbery). Moy es corriente definir el mundo moderno utilizando los términos de «centro» (core), para referirse a los países ricos de América del Norte, Europa occidental, y Japón, y «pe- rileria», para releritse a los países pobres del Tercer Mundo. Aunque el «ascenso» de Japón al estatus de centro en el siglo Xx haya sido muy espectacular, se suele considerar que la pauta de división entre centro y periferia es bastante estática, casi un fenómeno natural. Sin embargo, el uso de los términos «centro» y «periferi en el análisis de mente distinto, porque los dos se refie- ren a procesos complejos y no a zonas, regiones o Estados. Se convierten en «centra les» porque predominan los procesos de centro en esa zona, región o Estado deter- minados; del mismo modo, son definidas como periféricas aquellas zonas, regiones o Estados en donde predominan los procesos de periferia. No se trata de un aruu- mento semántico sin importancia, sino que se relaciona directamente con la forma en que se modela la estructura espacial. El espacio por sí mismo no puede tener un carácter de centro o de periferia, son los procesos de centro y de periferia los que es- tructuran el espacio, de modo que en cualquier momento dado predomina uno de los dos procesos. Puesto que estos procesos ho actúan al azar, sino que producen un desarrollo económico desigual, hay grandes zonas de «centro» y de «periferia». zonas dan mues de ilidad —algunas partes de Europa siempre han estado en el centro, pero también se pueden apreciar grandes cambios a lo largo de la historia de la cconomía-mundo, principalmente en el ascenso de zonas no europeas, como Estados Unidos y posteriormente Japón. ¿Cómo define Wallerstein estos dos procesos fundamentales? Como en todos los modelos centro-periferia se insinúa que «el centro explota y la periferia es ex plotada», Pero no es que las zonas se exploten unas a otras; esta explotación se produce debido a que en las distintas zonas operan procesos diferentes. Los proce- sos de centro y periferia son dos tipos opuestos de relaciones complejas de produc- ción. En términos simples, los procesos de centro consisten en relaciones que com- binan salarios relativamente altos, tecnología moderna y un tipo de producción diversificada; en tanto que los procesos de periferia son una combinación de sal rios bajos, tecnología más rudimentaria y un tipo de producción simple. Estas son las características generales, cuya naturaleza específica cambia constantemente con la evolución de la economía-mundo. Es importante que se entienda que estos pro- cesos no están determinados por el tipo de productos que se elaboran; Frank (1978) pone dos ejemplos que lo demuestran, uno relacionado con las fibras text les y otro con la madera. A finales del siglo xix se dispuso que la India suminis trase algodón a la industria textil de Lancashire y que Australia suminist a la industria textil de Yorkshire, Los dos países producían materias primas pa industria textil del centro, por lo que su función económica en la economía mundo era, en términos generales, parecida, Sin embargo, las relaciones sociales implicadas dos producciones era muy distintas, ya que una de ellas era un proceso periférico impuesto y la otra un proceso de centro trasplantado. Induda- biemente, las consecuencias de ambos procesos para estos dos países han tenido que ver más con las relaciones sociales que con el tipo concreto de producio. El an lana 17 prescrita como ejempto del hecho de que productos parecidos fieñen consecuencias muy distintas a causa de las relaciones de producción, es el pran contraste entre la producción de maderas duras tropicales de África central y la producción de maderas blandas de América del norte y Escandinavia, ya que la primera combina madera ca sata, y la segunda madera ba- rata con mano de obra cara. 1 con mano de obra La semiperiferiá El centro y la periferia no agotan los conceptos de Wallerstcio que sirven para es- truccurar el espacio. A pesar de que estos procesos tienen lugar en zonas determi- nadas y producen contrastes selacivamente definidos en la economía -mundo, no es il establecer de modo inequívoco el carácter central o periférico de cada zona concreta. En este sentido, uno de los aspectos más originales del enfoque de Wa- lerstein es el concepto de semiperiferia (semiperipbery), que no es ni el centro ns la periferia sino que combina de una forma particular ambos procesos. Fíjense en que no hay procesos semiperiléricos; más bien, el término de «semiperiferia» se aplica directamente a las zonas, regiones o Estados en los que no predominan ni los pro- cesos de centro ni los de periferia, Fisto significa que las relaciones sociales genera les que se producen en ¡conas suponen la explotación de zonas periféricas, a la vez que la misma semiperiferia sufre la explotación del centro. La semiperiferia es interesante, porque es la categoría di mís-munda. Gran parte de la reeseruccuración del espa lases Des consecuencia del ascenso o del hundimiento de determinadas zonas en la semiperi- feria. Las oportunidades de cambio se producen en los períodos de recesión, pero son limitadas, porque no toda la semiperiferia puede convertirse en centro, y hay «ue tener en cuenta que están ligadas a los procesos políticos que son muy impor- tantes a la hora de triunfar o fracasar en la economía-mundo, De hecho, Wallers- tein considera que el papel de la semiperifería es más político que económico, ya que es la zona intermedia crucial en la estructura espaci nomía-mundo que él mismo describe. Por este motivo Papel may imporcante en las consideraciones que siguen. mica de la cio durance las econo- l de tres áreas de la semipcrifer eco- tendrá un M3. Una matriz espacio-temporal para la geografía política De las dimensiones temporal y espacial de 1 estud economía-mundo que acabamos de 6 resulta una matriz de 10 x 3, con diez fases de crecimiento y estanca. miento y tres tipos de zonas espaciales, Ein la Tabla 1-1 se utilizan estas coordena clas para representar aquellos aspectos de la evolución de la economía-mundo que Son necesarios para comprender nuestra geografía política. Se debe leer esta cabla antes de pasar a los capítulos siguientes y resulta imprescindible consultarla. la largo de los mismos. Aunque está bastance clara, un comencario breve sepyira para clar una idea de cómo se van a relacionar estos datos con nuestro análisis. El establecimiento de la economía-mundo como sistema, que se extendía desde Europa oriental hasta el Nuevo Mundo, supuso la proliferación del comercio tanto en el Arláncico como en el Báltico, El primero comenzó a realizarse desde la pe- nínsula Ibérica, pero poco a poco pasó a ser controlado desde el ea de la Europa noroccidental, donde tenía su base el comercio del 1 tro incipiente áltico. Una vez Úcar del ó en África, además de la proliferación del comercio en otras partes, sobre todo en China. 1 formal en lásica la India y control informal en Latinoamérica. ¡ón de impor- El E 3 -xpansión: control lea por África. Era cl. conflictos graves. Au- mo» en Europa oriental, Asia oriental comienza a abrirse. produce el crecimiento econ noamérica. La periferia se descuida. Comienzan las suble- Victoria socialista en China. Descolonización que desemboca en «neocolonialismo». Era clásica del «imperialismo informal» en Restricciones en Latinoamérica y en el este la que se de Europa. Auge de la producción de az Imperios ibéricos en el «Nuevo Mundo». se- del Caribe. gundo «feudal: Descolonización y e Expansión: pel imperialismo. vaciones en la periferia. Sustiruci taciones en Latinoamérica, Crisis económica y menta la pobreza. E E El 3 Periferia des de la Europa “ay ciertos grupos en el nordeste de Esta- rá an. de la Europa mediter: las zonas en declive ahora se encuentra 1e relativo de las ciud. la Península Ibérica y hi central y mediterránea. Entrada de Japón y de los Dominios de Gran — Consolidación de nuevas colo: Comienzo de un período de auge en ciertas — Aumento de la influenci Bretaña (Canadá, Australia...). zonas de América del Norte y Europa central. vil en Estados Unidos, unificación de Alema- Semiperiferia Dec Entre auge en Suecia, Prusia y dos Unidos. Declive relativo de toda la semiperiferia. Fundación de Estados Unidos. Reorganización de la semiperiferia: guerra ci- nia e Italia, incorporación de Rusia. nea. Victoria soci URSS. Entrada de Argentina. Auge de la Europa oriental y «guerra fr Entrada de los países de la OPEP. Entrada de los «pequeños japones» de Asia oriental. Hundimiento del comunismo en Europa oriental, desaparición de la URSS Aumento del endeudamiento con el centro. cos época la Pe- E ge la Segunda Interna- :28o económico de Es- mo en Gran Bretaña y Francia. ! predominio del noroeste de iderazgo económico bri aunque los adelantos econó 'oroeste de Europa. 1» en Francia. Derrota de Francia. .. Carrera de armamento nuclear. Japór ¡ón geográfica ¡ ción «nacional Declive de Gran Bretaña con respecto a Estados — Declive de Rusia y Revolución industrial en Gran Bretaña, Revolu- Consolidación del liderazgo económico de Ale- mania y Estados Unidos. Carrera de armamentos. Declive de Estados Unidos en relación con Eu- ropa y ): Estados Unidos primera porencia mundial mili- tar y económica. Nueva era de libre comercio. Derrota de Alemania, el Imperio británico 2 salvo, Se confirma el lidera: Gran Bretaña «taller del mundo» en una tados Unidos. de libre comercio. Unidos y Alemania. Su: cional Socialista, nínsula Ibérica, se basan en el n $3 ER ¿> [To] Centro Expansic A A B A B A B A B Matriz de información espacio-temporal. Logística Kondratieff Onda 1 Kondratieff Onda II Kondratieff Onda HI Kondraricff Onda IV Tabla 1.1 n —Estados Unidos en la mayoría de los me es 05— em nuestros días. Lo impor- 0 »sender que no se debería considerar que estos dos métodos de expropia- a consticuyen procesos aislados o, como dice Chase-Duna (1981), «los lógi. e 415 «política» y la otra «económica». En el marco tcórico que utilizamos son sólo dos aspectos de una misma lógico político-económica general. Chase Duna (1982: 25) expresa este argumento Je siguience maner, La interdependencia que existe, en la economía-mundo Capitalista, entre el poder político militar y la situación de ventaja ción económica, pone de manifiesto que «le la geopolí Portugal 10 Argentina 5 y Egipto 2 Cuba 9 Guatema 2 Alemania Occidental Y Japón 2 Rumanía y Sri Lanka 2 Méjico 8 1 Polonia 8 1 Irlanda 7 o Israel 7 0 Paraguay 7 o Fuente: Elaborado a partir de Randall (1982). unidades domésticas de muy «liversos tipos de todo el mundo hace que el hombre so al dinero y, por tanto, a los mercados, y que la mujer se encargue de las «tarcas domésticas». E los países del centro esta situación ha provocado que, general mente, se desvaloricen muchas de las contribuciones de las mujeres por considerarlas simplemente «quehaceres domésticos». En los países periféricos en muchos casos se ha desvalorizado la producción de alimentos por considerarla «un trabajo de mujeres», en comparación con la producción de cosechas comerciales que controlan los hombre Éste es un buen ejemplo del modo en que el ámbito de una política ha favore- cido una jerarquía de poder determinada. En el caso de las unidades domésticas, entramos en el mundo privado de la familia; lo que ocurre entre «marido y mu. jer» no es del dominio público, Esta estrechez de miras puede dar lugar a que se perdone, o al menos se ignore, la forma de poder más simple: la violencia física, en la que los «extraños» (policías y vecinos) son reacios a entrometerso, incluso en los casos más extremos. Así, las mujeres, al estar confinadas al mundo privado de la Lamilia, están condenadas a la impotencia política; no hay sindicatos de amas de casa ni de productoras de cosechas de subsistenc 28 Gengrafía Política bles puestos de nueva creación, como los mandos intermedios de las empresas y los burócratas estatales. El resultado es una enorme clase media de cuadros situada entre los que controlan y los productores directos, lo que constituye un ejemplo . clásico de estructura tripartita que facilita la estabilidad de la economía-mundo, "según Wallerstein. Como hemos señalado anteriormente, las clases tienen un carácter global en la economía-mundo, puesto que su definición está determinada por el modo de pro- ducción, que es el mismo en todas las partes del globo. Las denominamos clases «objetivas» porque se derivan lógicamente del análisis; sin embargo, en el terreno de la práctica política real, las clases generalmente se han definido a sí mismas acomodándose a la extensión de cada Estado. Estas «clases nacionales». subjetivas son sólo parte de las «clases globales» objetivas de las que hemos hablado, lo que significa que el alcance de la mayoría de las acciones de clase se ha restringido a una extensión que no corresponde a la de su ámbito geográfico completo. Pero no todas las clases han sido «nacionales» en igual medida. A pesar de que el proleta- lo haya desarrollado una retórica internacionalista, los capitalistas y los que controlan la producción son los que han desempeñado un papel más eficaz en la escena internacional, puesto que las acciones de clase subjetiva que han llevado a cabo han estado siempre mucho más relacionadas con sus intereses de clase obje- tiva. Prueba de ello es, en la actualidad, la Nexibilidad de las empresas multina- cionales a la hora de trasladar sus fábricas para reducir los costes laborales. Los productores directos no disponen de una estrategia organizada para enfrentarse a la capacidad que tienen los que controlan la producción de crear nuevas divisiones geográficas globales del trabajo. El Estado está claramente impli tricciones del ámbito de los conflictos, cuya importancia es fundamen mundo de hoy, y constituye el eje principal de la geografía política tal y como la abordamos en este libro. Política y Estado El Estado es el escenario de la política formal. La mayoría de la gente suele asociar el funcionamiento del poder y de la política con actividades relacionadas con el Estado y su Gobierno, Se da por sentado que el Estado es el «ruedo» de la política, y, en consecuencia, lo más habicual es que muchos estudios políticos se hayan li- mitado a analizar los Estados y los gobiernos, lo cual implica equiparar el poder y la política en nuestra sociedad exclusivamente con el funcionamiento formal de la política estatal. Sin embargo, al hablar de las demás instituciones hemos visto que este enfoque es insuficiente, porque no hay ningún motivo « priori por el que no debamos interesarnos igualmente por el tema del poder en otras instituciones como las unidades domésticas. Y los marxistas, evidentemente, señalarían la im- portancia fundamental que tienen las clases en cualquier estudio sobre el poder. Para superar esta postura la solución no consiste en debatir la importancia rela- tiva de las distintas instituciones, porque no es posible hacer un análisis serio de cada una de ellas por separado. Como ya hemos dicho, están relacionadas entre sí de tantas maneras complejas que Wallerstein (1984a) las denomina «el vórtice institucional». Estudiarlas por separado como hemos hecho hasta ahora sólo se puede justificar por motivos pedagógicos. En realidad, el poder en el sistema mundial moderno opera a través de numerosas combinaciones de instituciones; dlesde esta perspectiva, un estudio reciente enumera al menos catorce tipos dife- Lil análisis de sistemas mundiales y la goografós politina 29 rentes de política (Taylor, 19913, lo que implica que como mínimo habría que es- ve geografías políticas. En este libro no podemos pretender hacer justi- cia a tal diversidad de políticas, por lo que es preciso justificar la orientación que vamos a adoptar de ahora en adelante. La geografía política en su mayor parte, al igual que otros estudios políticos, ha tenido una orientación estadocéntrica; es decir, que ha considerado que la uni dad. elemental de análisis stado. Desde el punto de vista de los sistemas mundiales, el Estado sigue siendo una institución clave, pero ya no es el escenario del cambio social, Queremos evicar las limitaciones de un enfoque estadocéntrico, pero con ello no queremos decir que el Estado sea un elemento de escasa relevan- cia en nuestro estudio. En definitiva, el Estado se debe situar en un contexto que revele su importancia pero que no deje a un lado a las demás instituciones. Éste sido nuestro objetivo en la Fig. 1.3, que ilustra una de las muchas relaciones exis- tentes entre las cuatro instituciones. ESTADO - NACIÓN Estado legitima divide unidad doméstica Es TADO - NACIÓN Figura 1.3 — Loc rónculos institucionales fundamentales Las unidades domésticas son las reproductoras sociales fundamentales del sis- tema, porque en ellas se socializa a los individuos en un estrato social. En la Fig. 1.3 hacemos hincapié en la transmisión de la identidad cultural que hace que los «pueblos», las naciones del mundo, se reproduzcan. Éstas naciones, a su vez, se 1e- lacionan con las otras dos instituciones de formas muy distintas. Como ya hemos alado, la organización subjetiva en clases nacionales pone en cuestión el estatus alobal objetivo de las clases, por lo que normalmente se encuentran divididas. En el caso de los Estados, nación y Estado se han apoyado mutuamente ca los «Esta dos-nacion». Esta le ¡ón moderna ha llegado a tener tal fuer tado» y «nación» suelen ser utilizadas indistintamente en el lenga anque a estas alturas el lector debería tener claro que no son las naciones las que compiten en los Juegos Olímpicos, sino que son los Estados. El concepto de tado-nación impide distinguir fícilmente entre estas dos instituciones, En este li bro nuestro objetivo no es tanto limitarnos a corregir esta concepción errónea como entender de qué modo llegó a producirse; por esta razón hay, en este estudio político, un sesgo hacia el Estado y la nación, pero sin soslayar las otras institucio. nes, lo que sí sucedería si adoprásemos un enfoque estadocéntrico, Nuestro sesgo se puede juscifi los siguientes capítulos, tanto el Estado omo la nación tienen una relac; 1 rácter único con el espacio; no sólo ocupan un espacio, como toda institución so. cial que se precie, sino que proclaman que tienen una relación especial con lugares determinados. No tiene sentido tener una nación sin una «parria histórica», mi los Estados existen si no es en virtud de la posesión de su «territorio soberano». Di- cho de otro modo, la localización espacial Uel Estado y dle la nación es parte esen- cial de su naturaleza. Así pues, la geografía política debería centrarse en el estadio del sesgo que se muescra en la Fig, 1.3, que constituye el núcleo de nuestra pers- pectiva particular sobre el sistema mundial moderno. Continuaremos con este ar. gumento en el apartado final de esce capítulo; mientras canto, continuaremos es. tudiando la naturaleza de las relaciones de poder analizando actividades de los aclos que nos resulcan familiares. a que «E je cotidiano, ar por motivos geográficos. Según veremos en 112. La sutileza del poder: ¿Qué es un Estado fuerte? asta ahora, al hablar del poder, hemos asumido sin más que los resulcados de la. ción reflejan una jerarquía de poder que, a su vez, es un indicio de la diferencia de recurso: os contendientes, Cambiando cl ámbico de un conflicca cambiamos la jerarquía de poder, pero ¿y si la jerarquía de poder no es un indicador seguro del criunfo o del fracaso? Algunos conflictos que se han producido entre Estados recientemente inclican que así puede ser, Lo que pasa es que la nacuraleza del po. der es mucho más sutil de lo que hemos supuesto hasta ahos La medición del poder relativo de los Estados ha sido un problema constante para la geografía política, porque el poder no se puede medir de un modo directo. La mayoría de las veces este problema se ha resuelto seleccionando algunas de las creríscicas más destacadas de los Estados, y combinándolas después para asig un índice de poder a cada Estado. Un ejemplo sencillo consiste en definir el poder como el cubo del producto nacional bruto de un país multiplicado por la raíz cuadrada del número de sus habitantes (Muir, 1981: 149). El resultado es una medida de poder intuitivamente razonable, pero poco satisfactoria. ¿Por qué se ucilizan exclusivamente variables de producción y de población? ¿Por qué se come binan de esa manera? No se puede contestar a estas preguntas sín recurrir de un modo explícito a la teoría que está decrás de esa medida, Tenemos que volvera ha: cernos la siguiente pregunta: ¿qué es lo que hace que una característica derermi. nada sea lo suficientemente importante para que sea tenida en cuenca a la hora de practicar la medición? Ta mayor parte de los estudios sobre el poder.del Estado han sido induccivos, por lo que han prescado muy poca atención a la ccoría que utilizan, que implícit mente suele tener que ver con la noción de potencial de guerra. Pero la derrota de la «superpotencia» Estados Unidos a manos de la «porencia media» Vietnam ha hecho necesario un replanecamiento total de cuestión. Todavía mis sorprenden tes han sido las recientes experiencias británicas: sufrió una derrota en los años se- tenta eo una guerra —la llamada «guerra del bacalao»— en el Atlántico Norte a manos de una «pequeña potencia», Islandia; pero salió victoriosa en los años ochenta en una guerra en el Aclántico Sur contra una «potencia media», Argen- tina. ¿Cómo podemos interpretar estas muestras recientes del poder del Estado en la escena internacional? Una solución es resignarse y admitir que «parece impro- bable que alguna vez se obrenga una medida sin defectos» (Muir, 1981: 149); en ese caso, volveríamos a las «estimaciones aproximadas», que dependen de la «si- tuación» en la que se emplee el poder. Muir (1981: 150) utiliza cinco variables para hacer estimaciones aproximadas del poder: área, población, producción de acero, tamaño del ejércico y número de submarinos nucleares, Los resultados vuel- ven a ser correctos de un modo intuitivo, pero ¿de qué sirven si predicen la victo. ria norteamericana en Viernam y el triunfo británico sobre Islandia? No basta con decir que el poder del Estado depende de la si ción en que se emplee; necesita mos un enfoque totalmente nuevo para estudiar el poder del Estado, al que pode- mos acceder empleando el análisis de sistemas mundiales gracias a los conceptos de relaciones de poder manifiestas y encubiercas. Aunque las primeras correspon- den a lo que normalmente consideramos manifestaciones del poder en los conflic. £05, qUESEro argumento es que el poder encubierto, que es la capacidad para pro- mover intereses particulares sin recurrir a la intimidación o a las amenazas, tiene una difusión y una importancia mucho mayores, Hemos encontrado cuatro tipos de relaciones de poder, dos manifiestas y dos encubiertas. Fuerza manifiesta y fuerza potencial Como ya hemos señalado, el poder manifiesto o actual es la relación política que se observa en los conflictos, En el caso de que produzca un conflicto entre Estados (o Estados en potencia), se puede llegar a la guerra, pero el argumento fundamen. tal es el mismo: si dos Estados A y B tienen intereses encontrados en determinada situación, los intereses que prevalezcan indican cuál de los dos países tiene más poder, Diríamos que en la guerra civil noreeamericana el Norte tenía más poder que el Sur, o que en la segunda guerra mundial los aliados acabaron siendo más poderosos que las potencias del Eje. Esta es una forma de demostrar el poder muy importante, como lo atestiguan las 224 guerras habidas encre 1816 y 1980 que aparecen en la lista confeccionada por Small y Singer (1982), cada una de las cua. les ocasionó más de mil muertes en combare. El poder manifiesto no tiene por qué hacer uso de | rar que la intimidación violenta es el úlcimo recurso después de haber intentado utilizar la persuasión; pero este tipo de diplomacia no suele basarse en la lógica de los argumentos sino que se respalda en las amenazas de utilización de la fuerza. Tenemos un ejemplo muy claro de este poder potencial o latente en la crisis de los misiles de Cuba en 1962, cuando los buques soviéticos rerrocedieron sin que se empleara la fuerza, No es frecuente esa política arriesgada, pero una ««liplomacia dle cañoneras» más modesta ha sido un sello característico de la política exterior británica y norteamericana en diversas ocasiones a lo largo de los dos últimos si- glos. Por ejemplo, Blechman y Kaplan (1978) registran 215 incidentes entre 1945 y 1976 en los que se utilizaron las fuerzas armadas norteamericanas para fa- fuerza. Se puede conside- ha establecido, porque pasa a ser un supuesto básico de la política fuera de discu- sión. La política de la guerra fría entre 1916 y 1989 estableció los presupuestos que guiaron la política mundial, que dejan fuera del orden del día el problema de las enormes desigualdades de nuestro muido, Éste es un ejemplo de «cludir la adopción de decisiones», porque el resultado es que el 522 quo permanece intacto, a pesar de los avacares de la política mundial. a posición estructural Eludir la adopción de dl bicrt isiones no es la única forma de relaciones de poder encu- importante que se encienda que los juegos de poder no se pract rio neutral, pero eludir la adopción de decisiones es sólo un aspecto rela- tivamente secundario de las relaciones de poder encubierto, Aunque el fin de la guerra fría hiciera que la política mundial diera prioridad al problema de | po- breza del Tercer Mundo, no hay garantías de que la eliminación de | s desigualda- des materiales fuera abordada con éxico. Conseguir que un tema figure en el orden del día.es un comienzo, pero nada más, ya que obliga, a los que tienen intereses personales que defender en el presente orden de cosas, a luchar directamente con. Era la periferia, aunque no tienen por qué recurrir a la fuerza manifiesta para man- tener su posición. La forma de relación de poder más importante es de origen estructural y es una consecuencia directa de que la economía-mundo funcione como un sistema, Para comprenderlo, vamos a analizar los Estados de Brasil y Suiza. En casi todos los ín- dices de poder_Brasil parece tener más poder que Suiza; por ejemplo, según los criterios de Muir, tiene más territorio, más población, produce más acero y tiene más soldados, Pero ésta es solamente una medida del potencial militar; Brasil y Suiza nunca han estado en guerra y es muy improbable que alguna vez lo estén, porque el Gobierno suizo no es tan tonto; de hecho Suiza no ha estado en guerra con ningún país desde la época de Napoleón, En la jerarquía de la estructura es cial de la economía-mundo, Suiza es cenero y Brasil no es nada má que semiperi- (eria por tanto, por definición se puede decir que Suiza «explota» a Brasil, porque la cconomía-mundo está eseructurada de tal mancra que favorece a Suiza 4 expen- sas de Brasil. Suiza no tiene que hacer ninguna demostración de poder manifiesto aparte de las relaciones comerciales «normales» para imponer su dominio: los ban- ueros suizos forman parte de la comunidad bancaria internacional que pone con- diciones a Brasil para renegociar los plazos de devolución de su deuda externa multinacionales suizas, como Nestlé por ejemplo, se dedican a hacer negocios lu- £racivos de los que acaban bencficióndose los accionistas suizos. En poc s palabras, el funcionamiento del mercado mundial, y las relaciones de Suiz y de Brasil con «licho mercado, aseguran la supremacía suiza con el consiguiente Nujo de exce- dente para Suiz situación es muy distinta a la del saqueo de América He- vado a cabo por los españoles, que se basó en un uso muy manifiesto de la fuerza, pero no por ello es menos real; en realidad, es una explotación mucho más barata y eficaz. forma de relación de poder es diferente de las relaciones de poder encu- biertas que veíamos en el epígrafe ancerior. Los suizos no están implicados en nino que | epígrafe guna manipulación del sistema, sino todo lo contrario. Juegan respetando las leyes del juego, Lo único que pasa es que esas leyes —el funcionamiento de la econo. cl Y mía-mundo— obran a su favor por ser un Estado cuya economía se basa en rela ciones de producción de centro: al producir más eficazmente pueden controlar paí- ses como Brasil, que no pueden competir económicamente con ellos. Poder y apariencia Ahora podemos retomar el tema del poder de los Estados. En el enfoque teórico de sistemas mundiales, el poder depende directamente de la capacidad que tenga el Estado de accuar en el sistema para obtener ventajas materiales. Esta ca- “pacidad es resultado de la eficacia de los procesos productivos en los Estados, as- becto que medimos con las categorías de centro, semiperiferia y periferia. Si el poder se expresa de un modo manifiesto es de esperar que, en un conflicto deter. minado, la probabilidad de que el resultado sea favorable para una parte depen- derá de que pertenezca al centro, semiperiferia o periferia, por este orden; pero el problema es que la mayoría de las expresiones del poder son encubiertas y es- £ructurales. Aunque esta definición de poder sea fundamentalmente económica, está escrechamente relacionada con la idea de «Estado fuerte», de la cual es _ complementaria. En términos generales los Estados del centro suelen tener una idiosincrasia li- beral dado que su poder se basa, ante todo, en su supremacía económica. El Es- do holandés del siglo xvi! fue el primer Estado que alcanzó esa aforrunada posi- ción. Al ser una federación de condados políticamente débil nunca dio la impresión de ser el Estado más poderoso del mundo, pero durante un corto perí- odo de tiempo eso es precisamente lo que fue. Posteriormente Gran Brecaña y Es- tados Unidos se convirtieron, por este orden, en los Escados «liberales» más im- portantes. En el capítulo 3 a todos estos Estados los denominaremos icos. En cambio, los Estados de la semiperiferia suelen ser Estados auto- ficarios que dan una imagen de fortaleza política, Tenemos bastantes ejemplos, desde las monarquías absolutas del principio de la economía-mundo hasta los re. dímenes autoritarios de la semiperiferia del siglo XX, tales como los regímenes f ascistas curopcos de los años treinta, los regímenes militares latinoamericanos en los años setenta, y los regímenes comunistas hasta 1989 y 1990. Esta postura po- lítica se puede atribuir en parte a que intentan compensar su relativa debilidad económica; hay que recordar que la semiperiferia es el nivel más dinámico de la economía-mundo y que estos Estados cienen que utilizar procesos políticos para . reestructurar el sistema a su favor, aunque evidentemente en la mayoría de los ca- sos no lo consiguen. Por último, están los Estados periféricos, el elemento más débil del sistema. Durante gran parte de la historia de la economía-mundo esta zona no ha tenido el control político de su propio territorio, sino que ha tenido tun escatus colonial, Sin lugar a dudas esta posición es la más débil que se puede ener en la economía-mundo; incluso, aunque accedan a la independencia polí. tica, la dependencia económica continúa, lo que ha dado origen a conceptos como «imperialismo informal» y «neocolonialismo», que aluden a que el destino de es. fos países sigue estando casi por completo fuera de su control, El principal pro. blema de estos Estados es su seguridad interna, lo que origina represión y regí. menes a menudo efímeros. Abordaremos el tema del imperialismo informal y de los Estados periféricos en capítulos sucesivos, pero lo que queremos destacar ahora és que, a pesar de los tanques y los fusiles, estos Estados son esencialmente débiles; el poder político manifiesto que emplean es un intento de compensar su carencia de poder «real» en la economía-mundo. ¡ Ñ ¿ 1 1 i 36 Gengrafía Politica A la vista del resultado de las guerras del siglo Xx, podemos justificar por qué hacemos tanto hincapié en los aspectos económicos «del pader a expensas de los pectos estrictamente militares y políticos. Parece que los recientes resultados eco- nómicos favorables de Japón y Alemania desmienten la importancia de las victo- rias militares en comparación con los procesos económicos fundamentales sobr los que se basa la economía-mundo. Muchos observadores llegan a afirmar que es- tos dos países, al final, salieron ganando económicamente al perder la segunda guerra mundial, ya que después no se les permitió que hicieran inversiones de tipo militar a gran escala, Evidentemente los motivos del éxito económico de Japón y Alemania son mucho más complejos, pero este ejemplo pone de manifiesto, sin lugar a dudas, la sutileza del poder en el sistema mundial actual. Quien dude de que el poder es algo más que simple fuerza, que piense en los casos de Japón o de Gran Bretaña desde 1945. Empezamos este apartado hablando de.anomalías de poder en eLresultado de dos conflictos recientes, las guerras de EE UU contra Vietnam, y de Gran Bre- taña contra Islandia. Creo que estaremos de acuerdo en que, por sutil que sea nuestro estudio del poder del Estado, seguimos sin poder explicar del todo por qué en ambos casos ganó la parte más «débil», pero lo importante es aprender de los fallos. ¿Por qué nuestro análisis no nos ha permitido hasta ahora añadir algo interesante sobre estos conílictos? La respuesta es que hemos considerado que los tados participaban en los conflictos sin tener en cuenta su política inter Esto es lo que suelen hacer los estudios de Relaciones Internacionales al separar la política «nacional» de la internacional y asumir que cada una de ellas constituye una esfera de actividad independiente. No tenemos motivos para aceptar esta forma de hacer las cosas; es más, nuestro argumento es que esta postura no per- mite llegar a comprender del todo la política estatal. Por ejemplo, en el caso de la llamada guerra del bacalao, la importancia del conflicto era muy distinta para la política nacional de cada uno de los países implicados: para Islandia el con- flicto era de la mayor prioridad en política exterior, mientras que para Gran Bre- taña había muchas otras cuestiones importantes que sopesar, Pero el caso más in teresante continúa siendo el hecho de que Estados Unidos no consiguiera vencer a Vietnam, ya que no hay duda de que, al ser en aquella época el país más impor- tante del centro, disponía de muchos más recursos que Vietnam. Sólo si examina mos la situación interna de cada país se puede comprender por qué no triunfó la potencia mayor. En primer lugar, es preciso que tengamos en cuenta la naturaleza del desafío vietnamita. El movimiento de liberación vietnamita movilizó a los habitantes de Viecnam hasta extremos insospechados. La guerra nunca se desarrolló convencio- nalmente, con frentes militares; porque, aunque los norccamericanos obtuvieran victorias, el enemigo siempre conseguía volver a rodearlos. En este sentido la gue- tra era como tuna eterna consigna, al estilo de la del general Custer, de aguantar a pie firme hasta el final, Los norteamericanos se encontraron en la postura, literal- mente contradictoria, de poder «salvar» a Vietnam solamente destruyéndolo, lo cual está relacionado con la segunda parte de nuestra explicación. La destrucción que llevó a cabo Estados Unidos en Vietnam impidió que tuviera éxico su cam- paña para ganarse «los corazones y las conciencias» de los campesinos vietnamitas, a la vez que fomentó los esfuerzos vietnamitas por conquistar «el corazón y la con- ciencia» de la opinión pública norteamericana. La división de los norteamericanos significó el fin de la guerra y condujo a la victoria militar del semiperiférico Viet- nam. Hoy en día a una persona que fuera a Vietnam y a Estados Unidos le costaría El arálivs de sistemas miondialos y la gengrafía política 37 reconocer al ganador. Actualmente los viernamitas ya no saborcan las mieles de la victoria, porque la cohesión nacional que condujo a la victoria militar no se ha en- cauzado de forma adecuada para lograr la prosperidad económica. Este es un obje- tivo mucho más difícil de conseguir, que requicre la utilización de una estruegia completamente distinta. Ser un Estado semiperiférico ya constituye de por sí una carga suficientemente pesada y, si a ello se añade la destrucción que produce una guerra, el futuro inmediato parece muy poco prometedor. La situación de Viernam no le permite competir en la economía-mundo como lo haría un E férico en alza; al igual que muchos otros | -bierto que obtener la independenc la pobreza económica. El poder e: lo semiperi- tados del Tercer Mundo, ha descu- a política es un criunlo vano mientras continúe tructural es UL, La ecomomia-mundo desde la per ta de ha geografía política El análisis de | sol mundo desde el punto de vista de la geografía política mente tiene sentido si nos aporta elementos de juicio que no se puedan obte. ner desde otras perspectivas. Anteriormente hemos insinuado que creemos que éste es el caso, y ahora intentaremos justificarlo de un modo explícito. Lo esencial de nuestro argumento es que la utilización de la escala geográfica como estrue- tura organizativa vas permite entender mejor ciertos problemas. En concreto, la estructura geográfico-política que utilizamos nos aporta una serie de ideas sobre aspectos del funcionamiento de la economía mundo que no han quedado sufi- cientemente claros en otros estudios, Semejante afirmación requiere algún tipo de justificación por nuestra parte, que claboraremos teniendo siempre presente: primero, que es un problema político práctico contemporáneo de importancia vi tal; y segundo, que se trata de una contribución teórica al amálisi mundiales, de sistemas El ámbito político en tanto que escala geográfica: cuando la democ no soluciona nada Memos dicho que el resultado de un conflicto depende co úlsimo extremo del ám- bito en el que se desarrolle el conflicto, y también hemos comentado que tes más débiles lo saben muy bien. En muchos casos el ámbito puede equips con Ja escala geográfica a nivel de la cual se revuelve, o se media para revolver el conflicto, Vietnam trató en los años sesenta de poner a la «opinión internacional» de su lado, cosa que logró puesto que hubo manifestaciones antiamericanas en todo el mundo. Asimismo, el movimiento antiaparehcid ha obrenido un gran triunfo al convertir la política interior africana en una cuestión internacional. Si hoy Kuwait no es una provincia de Irak se debe a que fue capaz de convertir una disputa «local» sobre su soberanía en una guerra promovida por las Naciones Un! das. Aunque citemos estos conocidos ejemplos, no deberíamos olvidar que alterar el campo de acción de este modo constituye un hecho excepcional; podríamos de- cir que-la norma es que los que pierden una disputa no logran extender el con- Nicto, Uno de los motivos importantes puede ser la división política de nuestro iundo. Una de las funciones clave de las fronteras de los Estados consiste en im- pedir que los conflictos políticos se desborden al antojo de los perdedores y se con- viertas en conílicios a escala global. Pero también es posible que las mismas fron-