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Los principios éticos y técnicas a seguir en la evaluación diagnóstica con niños y adolescentes, incluyendo la importancia de obtener información suficiente, evaluar al niño y a sus padres, y la utilización de diferentes técnicas para obtener información. También se habla sobre la importancia de la entrevista con el niño y con sus padres, la estructura de los protocolos de entrevista diagnóstica, y la relación entre deterioro funcional e intervención.
Tipo: Apuntes
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La evaluación diagnostica es un importante proceso en el que se obtiene información sobre el cliente. El producto final del proceso de evaluación determina la toma de decisiones y de acciones para solucionar los problemas que hayan sido identificados. Debe de seguir los principios éticos señalados por las asociaciones internacionales:
científicos
Objetivos principales del proceso de evaluación psicológica ( American Academy of Child and Adolescent Psychiatry , 1997):
Un buen diagnóstico orienta bien la intervención y facilita la solución del problema. Un mal diagnóstico dificulta y retrasa la solución del problema y puede causar daños personales graves en las personas que lo reciben
Objetivos específicos de la evaluación diagnóstica con el niño son:
de sus problemas de comportamiento, de su malestar personal y de las alteraciones en su vida cotidiana
influyan o mejoren estas dificultades
Estos objetivos se cubren en tres fases: 1) Evaluación, 2) Formulación diagnóstica, 3) Comunicación de resultados y recomendaciones.
El desarrollo conlleva cambio y reorganización en un contexto de cierta continuidad, cambios que son mucho más marcados en la infancia y adolescencia que es cuando se adquieren multitud de habilidades fundamentales para que el niño se convierta en una persona autónoma e independiente. La evaluación psicológica tiene que ser sensible al período evolutivo en que se encuentre el niño, criterio importante para la elección de los instrumentos a utilizar. Los mismos problemas o trastornos no se presentan igual en los niños y en los adultos, ni en los niños y en los adolescentes. Ej.: una depresión en la infancia es más probable que se manifieste con irritabilidad y, en comparación con los adolescentes, es menos frecuente que presente pérdida de interés y placer en las cosas.
No lograr los puntos cruciales del desarrollo en el momento adecuado ya será suficiente para determinar que hay un problema. Ej.: habilidades que no se adquieren a la edad esperada (normativa): controlar esfínteres, hablar, separarse de los padres, comer, etc.
Por tanto, la evaluación con niños y adolescentes es mucho más compleja, ya que algunas de sus funciones y habilidades pueden no haber completado su ciclo evolutivo.
De 2-7 años: estadio preoperacional del desarrollo cognitivo: puede pensar simbólicamente , pero centrado en un solo aspecto del problema, específico y concreto.
De 7-11 años: período de operaciones concretas, aparece el razonamiento lógico aplicado a objetos reales o que se pueden ver, puede asumir múltiples perspectivas, ponerse en lugar del otro y razonar sobre conceptos relacionados. El lenguaje adquiere paulatinamente más importancia que el contexto.
Por tanto, por debajo de 12 años se aconseja que las preguntas formuladas en la evaluación deben
c) Lenguaje A los 4 años y medio: ya ha desarrollado el lenguaje comprensivo y expresivo, dispone de habilidades para comunicarse adecuadamente. Sin embargo, siempre es necesario adaptar el lenguaje clínico al del niño, utilizando una fonología, vocabulario y sintaxis apropiadas, que pueda comprender. Las preguntas que empiezan por: Cuándo, Cómo, Cuál y Por qué son más complicadas que las que empiezan con Qué, Quién y Dónde.
Antes de los 10 años, la capacidad para responder preguntas que contienen temporalidad es muy limitada; es mejor utilizar nombres que pronombres, frases sencillas (Sujeto-Verbo-Predicado) y preguntar por un solo concepto.
Son malas las preguntas que inducen la respuesta y las preguntas negativas, así como las muletillas. Ej.: ¿Tú no has fumado nunca?, ¿verdad?. Tampoco hay que olvidar la pragmática, que puede variar en los distintos grupos culturales.
d) Memoria y atención La naturaleza de los trastornos psicológicos hace que se deje pasar un largo período de tiempo hasta que se busca ayuda para solucionarlo. Para entender el problema que se está evaluando es necesario conocer tanto su manifestación actual como sus antecedentes. Dependiendo del alcance restrospectivo de la evaluación, la tarea es más o menos compleja. A medida que el niño crece recuerda mejor y a los 10 años: la capacidad para recordar el pasado es comparable a la de los adultos. También influye en el recuerdo la motivación de la persona que informa, la emoción que suscitó el acontecimiento, la edad del niño cuando ocurrió y el grado en que comprendió la situación.
La comprensión de la tarea y de la situación también influye en la atención. Los niños tienen gran capacidad de persistencia en las tareas que les interesan. Así, una buena explicación inicial del proceso a seguir y la motivación y reforzamiento continuado, facilitan la memoria y atención del niño.
e) (^) Conceptos temporales Los aspectos más importantes del desarrollo de los conceptos temporales que afectan a la evaluación son (Sattler, 1998):
f) Concepto de sí mismo
k) Evaluar a un niño implica evaluar a tres personas Hay que evaluar al niño y a sus padres, porque las razones de acudir a consulta pueden ser muy diversas:
Aún en el caso de que el problema resida en el niño: esté triste, llore o se porte mal y no obedezca, es necesario evaluar elementos del entorno: la disciplina, estilo de educar o grado de satisfacción de pareja, porque pudieran estar incidiendo en la situación y actuar como factores: predisponentes, precipitantes o mantenedores del problema.
Es decir, también es necesario evaluar en los informadores las características individuales propias (distintos constructos informados por distintos informadores).
l) Negociar la confidencialidad El clínico debe informar al niño de las normas de comunicación que seguirán durante las sesiones. La negociación de la confidencialidad es importante en esta lista de normas. El niño tiene que saber que la confidencialidad sólo se romperá si de lo que él dice se dedujera que alguien puede estar en un peligro importante, Ej.: en caso de cualquier tipo de abuso, en cuyo caso el psicólogo clínico tendría la obligación de actuar. En cualquier otro caso, debe haber compromiso de guardar reserva sobre lo que el niño diga. ¿Cómo comunicar los resultados a los padres con este compromiso? En la última sesión de la entrevista con el niño se le puede preguntar qué le parece la información que se piensa compartir con los padres ( He pensado decir esto a tus padres...... ¿que te parece? ¿Hay alguna cosa especial que quieres que les diga? ¿Que no quieres que les diga? ). A partir de aquí, a veces, comienza una discusión que puede ser muy terapéutica. En este momento entran en juego las habilidades del clínico le lleven a encontrar la estrategia adecuada para solucionar los problemas y a la vez respetar sus compromisos.
a) Evaluación La evaluación es la fase inicial: es donde se recoge la información para después realizar la formulación diagnóstica y planificar la intervención. La Evaluación conductual: en TC, se utiliza para referirse a la medida de las variables que permiten realizar el análisis funcional de la conducta. La batería de pruebas las escoge el psicólogo clínico considerando en qué medida permiten conocer: el problema de manera adecuada, el grado de incapacidad que produce, sus causas, prever un pronóstico y planificar el tratamiento. Para ello se incluyen medidas directas e indirectas del comportamiento objeto de estudio; Se pregunta a múltiples informadores; Se usan distintos métodos de evaluación, en distintos contextos, y en diferentes ocasiones. Desde este punto de vista, la evaluación está orientada, a conocer el diagnóstico y por qué sucede el problema.
Forma parte de la evaluación conductual la selección de un diseño experimental apropiado para demostrar que los cambios en la conducta problema son debidos a la intervención. Lo que se consigue fundamentalmente de dos maneras: .1 valorando los resultados del tratamiento respecto a la línea base .2 valorarlos respecto a los objetivos planteados en el tratamiento
El psicólogo debe establecer una buena relación con las personas que consulta, mostrando: empatía, calor emocional y comprensión (nunca juicio) de la situación por la que se consulta. Es importante lograr la colaboración de los clientes desde el momento de la evaluación.
El psicólogo emplea distintas técnicas para obtener la información: entrevistas, autoinformes, cuestionarios, escalas de apreciación, tests,... teniendo en cuenta: la conducta problema, la edad del niño, los informadores, la disponibilidad de pruebas y los objetivos de evaluación.
La aplicación de una batería de pruebas: dura 5-6 sesiones de 60-90 minutos cada una, a lo que hay que añadirle el tiempo para corregir e interpretar las pruebas.
El protocolo debe estar pautado. La evaluación es un proceso largo y caro, hay que optimizarlo. El clínico necesita un guión para evitar olvidos. Para ello y para mejorar las propiedades psicométricas de la técnica en sí, aparecieron las Entrevistas estructuradas: son un protocolo en el que se proporcionan pautas, un camino a seguir, para:
Los protocolos pueden variar en el grado de estructuración: en las basadas en el entrevistado (llamadas antes entrevistas estructuradas) el entrevistador no tiene que hacer ningún juicio clínico:
Las entrevistas basadas en el entrevistado son más útiles en la clínica:
Relación entre deterioro funcional e intervención: Se ha comprobado que la dosis de tratamiento ambulatorio para que tenga efecto debe ser superior a las 8 sesiones, y el efecto es sobre los síntomas, pero no sobre el funcionamiento cotidiano, es decir, que el efecto de los tratamientos psicológicos en la mejora del funcionamiento cotidiano es más lento que en la desaparición o mejora de los síntomas.
Instrumentos para evaluar el grado de deterioro que ocasiona la psicopatología en el niño: Todos los protocolos de entrevista diagnóstica estructurada contemplan el grado de incapacidad en las principales áreas de funcionamiento del niño (la familia, la escuela y los amigos). Existen también instrumentos especialmente diseñados para evaluar la discapacidad funcional:
Malestar subjetivo: Se refiere a la vivencia personal de molestia , desagrado, incomodidad o dolor que provocan los síntomas psicológicos. En adultos se relaciona con la adherencia al tratamiento y con el éxito del mismo: a mayor malestar, más adherencia y más éxito, pero correlaciona poco con las medidas externas de funcionamiento. Los cambios positivos en el malestar subjetivo son buenos indicadores de mejoría. En niños no se dispone de información sobre la relación entre malestar y tratamiento De todas formas, no todos los trastornos cursan con malestar: las niñas informan de más malestar que los niños y es mayor en los adolescentes que en niños. El malestar subjetivo se asocial con el diagnóstico, especialmente cuando el informador es el niño, tanto para trastornos interiorizados como para los exteriorizados (Ej.: déficit de atención o negativismo desafiante). El malestar subjetivo supone conocer el dolor personal que ocasiona el problema y es un indicador de la motivación que puede existir para desear solucionarlo, a pesar de su importancia, el malestar subjetivo se ha ignorado casi completamente en niños. Sólo existe un instrumento de evaluación específico: el de Parker, Yiming, Tan y Rutter (2001): lo que refleja son síntomas de ansiedad y depresión, y NO el efecto que estos síntomas (y otros) producen sobre el bienestar del niño. Por ellos se recomienda incluir preguntas sobre el malestar subjetivo en la entrevista clínica hasta que se desarrollen instrumentos adecuados.
Complejidad del problema: Se refiere al modo en que éste se presenta: de forma que pueda ser más probable que recurra o complique su solución. Cuando es crónico, cuando hay un entramado entre problema y contexto muy complicado, o cuando se presenta acompañado de otros problemas.
Esta complejidad determinará cuantitativa o cualitativamente la estrategia de intervención: cuanto más complejo es el problema, más adecuados pueden ser los abordajes psicosociales múltiples.
Una de las variables que más determina la complejidad de un problema es que éste no se presente solo sino que vaya acompañado de otras dificultades.
Según Angold et al. (1999) hicieron un metaánalisis sobre la cormobilidad y concluyeron que la concurrencia de trastornos es más la norma que la excepción en niños y adolescentes: Existe una alta asociación entre trastornos interiorizados y exteriorizados, y dentro de cada una de estas categorías. Por tanto, los problemas en la infancia y adolescencia son tanto o más complejos que los que ocurren en la edad adulta con respecto a la multitud de problemas que convergen. Lo cual tiene importantes implicaciones:
Disposición al cambio: Cuando se habla de ello es necesario hacer referencia al modelo de Prochaska y DiClemente, (1992): Ellos han definido 5 estadios para describir cómo las personas se preparan para cambiar sus problemas:
Estilo de afrontamiento: Es la manera de responder al estrés. Lazarus y Folkman, 1986: “Aquellos esfuerzos cognitivos o conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”. Los esfuerzos pueden centrarse:
Características que deberían tener los instrumentos a utilizar en la planificación del tratamiento, el progreso del cliente y medir la eficacia de la intervención (Newman y cols., 2004): 1) Adecuados al grupo a tratar, 2) Utilizar métodos sencillos en los que estén formados los clínicos Ej: autoinformes, 3) Usar medidas con referentes objetivos (que proporcionen ejemplos de los comportamientos, pensamientos, etc) facilita que distintos usuarios valoren el instrumento de la misma forma y esto aumenta la fiabilidad, 4) Usar múltiples informadores, 5) Conocer si el tratamiento es eficaz y qué lo ha hecho eficaz (proceso), escoger instrumentos que permitan valorar el proceso de eficacia de la intervención 6) Instrumentos sólidos psicométricamente, 7) Bajo costo, 8) Comprensibles para no profesionales, 9) De fácil información e interpretación, 10) Útiles en los servicios clínicos, 11) Compatibles con las teorías y prácticas clínicas (Tabla 4, pag 103). Existen pocos instrumentos que cumplen todos estos requisitos.
c) Formulación diagnóstica Requiere que el clínico integre todos los resultados, los elabore, interprete contraste con la teoría sobre el tema y emita un diagnóstico. Va más allá de la simple etiqueta diagnóstica, incluyendo por qué ocurre y qué lo hace persistir, para diseñar un plan de tratamiento con todos los elementos para solucionar el problema. Es el análisis funcional de la terapia de conducta. En la formulación se debe integrar:
d) Comunicación de los resultados y recomendaciones Al finalizar el proceso hay que comunicar los resultados a las personas que solicitaron la evaluación y a aquellas otras que para el beneficio del niño, y siempre con el consentimiento de los padres, también puedan resultar interesadas. Puede comunicarse oralmente, por escrito o de ambas maneras. Habitualmente los resultados se comunican a la persona que solicita la evaluación, y entre ambos se discute si es pertinente comunicar los resultados a otras personas. Los resultados deben comunicarse:
La comunicación de resultados puede suscitar diferentes emociones y sentimientos en los padres que pudieran requerir la comprensión y el apoyo del clínico. Constatar el grado en que los padres y el niño comprenden la información, las recomendaciones y lo que suponen en tiempo, coste, dedicación, etc. Resolver las dudas. Es necesario, señalar, si fuera pertinente, la necesidad de exploraciones adicionales.
Si hay que comunicar los resultado a otros interesados, se debe hacer en términos apropiados, no emplear los mismos términos ni informar de los mismos contenidos al informar al maestro, monitor de natación o cuando se transmite un informe a un colega.
Finalmente, hay que plantear las distintas alternativas a seguir: desde la no intervención, a la reevaluación periódica, o requerir a otro profesional, o tratar individualmente o en colaboración con un equipo multidisciplinar.
En algunos casos, el propio proceso de evaluación es terapéutico y soluciona el problema, sea porque la familia entiende el problema y lo enmarca en un contexto más adecuado, dejando de ser un
Hay que reservar espacio para hablar separadamente con los padres y con el niño. Así ambos se pueden expresar sin reservas y pueden dar abiertamente su visión del problema. También hay que observar como padres e hijos interactúan cuando se discute el problema. Por debajo de los 13, 1º padres y después niño. En adolescentes al revés, así se evita que recele de lo que haya podido hablar antes el psicólogo con los padres.