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En el presente documento se verá el tema número 3 de la asignatura Didáctica General del primer curso de Educación Primaria en la Universidad de Extremadura.
Tipo: Apuntes
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Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.
La praxis en el aula se lleva cabo mediante situaciones comunicativas, configuradas con ciertas reglas y condiciones. Parte de éxito de ésta comunicación radica la interacción social que se produce durante ese proceso de comunicación; es decir, en la actividad conjunta entre profesores y alumnos en torno a los objetivos, contenidos o tareas. Por esta razón, una actividad no puede entenderse en función de lo que hace el docente, ni se reducen a los ejercicios que ejecuta el discente. Toda actividad de enseñanza-aprendizaje conlleva una interacción, una participación conjunta del profesor y los alumnos en torno a ciertos objetivos y contenidos de la unidad didáctica. En este proceso interactivo hemos de destacar dos tipos de estrategias fundamentales:
En las secuencias E-A, el profesor orienta a los discentes a que construyan el conocimiento a través de la verbalización y exposición de sus ideas; les proporciona información complementaria para contrastar, perfeccionar, enriquecer, corregir, etc. A lo largo del proceso el profesor debe garantizar el intercambio comunicativo con los alumnos, clarificando de qué conocimientos previos partimos, activando aquellos que facilitan un aprendizaje significativo de los nuevos contenidos y evaluando, por último, su comprensión. Se trata de un proceso cíclico que se realiza de forma espontánea en las conversaciones naturales pero que en el aula necesita de variados recursos de naturaleza verbal (paráfrasis, recapitulaciones…); paralingüística (tono de la voz, volumen, etc.) y no verbal (mirada, gestos faciales y corporales, movimiento…) Recordemos que en una actividad podemos diferenciar tres episodios básicos de actuación o interacción profesor- alumno:
Diversos estudios han demostrado que las estrategias de interacción características de cada uno de los anteriores episodios son diferentes entre profesores noveles y expertos, teniendo estos últimos mayor efectividad y beneficio en el aprendizaje del alumnado:
En los siguientes apartados estudiaremos aquellas estrategias de interacción que el profesor puede emplear para mejorar la calidad didáctica. Podemos decir que las estrategias referidas al profesor han de permitir, entre otros aspectos: (a) Contextualizar la actividad o Planteamiento de la actividad: objetivos y presentación o Evocar conocimientos previos o Estructurar la información
Algunas estrategias en este sentido son:
Entre los esquemas podemos destacar:
o Índices secuenciales o esquemas enumerativos (secuencial pero no permite comparaciones ni relaciones)
o Esquema lógico (tablas, diagramas, esquema de llaves…)
o Cuadro sinóptico (comparaciones)
o Diagramas de flujo
o Mapas conceptuales
Durante el desarrollo de la actividad, los profesores aportan información nueva y supervisan el aprendizaje del alumno. En este proceso destacamos las siguientes estrategias:
Para esto, podemos utilizar diferentes estrategias:
Causal: el punto crítico de la explicación causar reside en hacer comprender al alumno el por qué un conjunto de hechos produce determinados efectos. Argumental: aportar las razones que justifican una idea. o Comparación: requiere calificar aquellos criterios que vinculan o justifican las relaciones entre las diversas características. o Favorecer la participación y reelaboración de conceptos por parte del alumno.
o Para indagar o conocer el grado de comprensión y aprendizaje del alumno , utilizamos las indagaciones y valoraciones: Realizar preguntas. Redactar preguntas durante la explicación. Discusión en grupo de una pregunta significativa sobre lo dado. Realizar cuestiones prácticas tras la explicación: en la elaboración de procedimientos es importante traspasar progresivamente el control al alumno en la tarea.
o Para retroalimentar (feed-back) a través de acuerdos o ayuda para corregir la dificultad: los apoyos pueden clasificarse en función del contenido (apoyos conceptuales o procedimentales); según el momento (proactivo o retroactivo) y según el grado de participación de los alumnos (participación baja o media y participación alta):
Ayuda conceptual proactiva: apoyos para la comprensión de conceptos antes de la respuesta del alumno: ∇ Reelaboración de la información. ∇ Ampliación de las ideas más importantes. ∇ Precisión: explicar una idea con otras palabras:
Se han ofrecido múltiples clasificaciones, muchas de las cuales incluyen modos de expresión no verbal que tienen especial interés para la técnica expositiva: paralenguaje, movimiento del cuerpo, mirada, espacio...
Por lo que respecta a la expresión facial, parece que la función principal de la cara es expresar emociones y el grado de las mismas. La sonrisa del profesor, por ejemplo, se percibe como un componente básico de su atractivo personal y constituye un factor determinante de credibilidad.
Ciertos gestos o movimientos del profesor/a resultan especialmente perturbadores en la comunicación: distraen la atención de los alumnos del contenido primario del mensaje (jugar con las llaves o gafas, señalar innecesariamente a la pizarra, balancearse, mesarse reiteradamente el cabello...).
La comunicación no verbal en el aula es de suma importancia, debemos prestar atención a ella y entrenar nuestro modo de comunicación tanto verbal como no verbal. A continuación, se ofrecen una serie de consejos para su aplicación en clase (Guerra, 2018).
1. Be the One
Al entrar en clase, intenta producir una buena impresión. Cuida tu aspecto, tu energía al entrar, analiza y controla tu lenguaje corporal. Enfoca tu entrada a transmitir sensaciones positivas en cuanto cruces la puerta.
2. Simplemente sonríe
Os recomiendo utilizar un arma secreta que todos tenemos a nuestra disposición, la sonrisa (Mr. Wonderful, 2018). Es uno de los mecanismos de comunicación humano más eficaces, además es muy contagioso. Nuestra genética le señala a nuestro cerebro que esta expresión facial denota alegría, es decir nos ayudará a nosotros mismos y a los que tengamos delante. Con ello, conseguiremos un ambiente positivo y tendremos una percepción más contundente a la hora de ponernos serios.
3. Asegura tus pasos
Transmite seguridad al adoptar una postura erguida y estable, la barbilla un poco levantada, hombros equilibrados y pasos firmes. Éste modo de movernos hará que nos perciban como personas seguras. Evita titubeos, agarras con ambas manos frente a ti objetos como carpetas, mochilas libros, etc.
4. Método aspersor
Contacto visual de derecha a izquierda continuamente. Contacta visualmente con los alumnos/as para solicitar la atención, evita contactar sólo con los atentos o con los distraídos. Con ello, conseguimos que los alumnos sepan que somos cercanos y accesibles. Evita miradas sospechosas, aviesas, acechantes, desconfiadas, etc. Evita también dar la espalda mientras hablas.
5. Shake your body
Cuando tengas exponer la clase ponte en pie para captar mejor la atención. Muévete y usa tu cuerpo para enriquecer el mensaje, se verán obligados a seguirte con la mirada.
6. Pinta con tus manos
Utiliza gestos para acompañar las explicaciones. Esto reforzará el mansaje. Intenta dibujar tu mensaje en el aire. Se recomienda utilizar gestos amables: manos abiertas y a la vista. Frente a gestos de tensión y/o agresividad: puño cerrado y dedo acusador.
7. Al escenario
Haz que tus alumnos salgan con frecuencia a la pizarra para realizar sus exposiciones y escúchalos. Ve al final de la clase para tener la misma perspectiva que los alumnos y cede el protagonismo al alumno que expone.
8. Sound of Silence
Utiliza el silencio para comunicar. Éste es muy útil para enfatizar las explicaciones. Tendrás que prestar atención a tu expresión fácil, postura, mirada, etc y dramatizar con éstos elementos éste silencio para dotarlo de mayor contundencia.También como arma arrojadiza, callando y esperar a que callen en el caso de una clase con un día complicado.
9. Contacto inminente
El contacto físico es un valioso canal de comunicación no verbal. No obstante, debemos gestionarlo de un modo muy cuidadoso. Está demostrado que el contacto físico transmite acercamiento , rompe barreras y genera compromiso , aunque debe establecerse con mucha prudencia , naturalidad y brevedad. Las únicas partes del cuerpo seguras para contactar son brazos , hombros y zona alta de la espalda. Una leve palmada o un suave toque acompañando tus palabras bastará para reforzar tu mensaje. Ten en cuenta siempre en la cultura y personalidad del alumno.
10. Grito sordo
Calma y serán calmados. Evita gritar, capta su atención y utiliza el silencio para que seguido empleéis de modo sereno, firme y serio tu reprimenda. Aprende modular tus emociones y tu vos, recordad que las variaciones de timbre, voz, ritmo y tono facilitan la atención y mejoran el mensaje.
El diseño de las actividades a realizar dentro del aula (y también fuera de ella) ha de comenzar por el establecimiento de un marco situacional adecuado que defina tanto las condiciones del espacio físico como las del contexto organizativo del trabajo a realizar. Cada día van apareciendo nuevas evidencias de hasta qué punto pueden afectar el contexto físico y la organización espacial y temporal de la clase el proceso de enseñanza- aprendizaje.
La organización del ambiente determina la dinámica de interacción facilitándola o limitándola; permite diferentes actividades; ejerce influencia sobre el alumnado motivándolo o no, etc.
Una de las primeras decisiones que el profesor ha de adoptar a la hora de diseñar el ambiente de clase es si organiza el espacio de la clase en términos de territorios personales o bien en términos de funciones.
Estos serían los dos modelos fundamentales de organizar la clase por lo que respecta a los niveles a los que nos estamos refiriendo. Para cursos más elevados donde hay distintos profesores para las diferentes áreas de conocimiento pueden plantearse además otras modalidades, como por ejemplo hacer rotar a los alumnos por aulas especializadas según las áreas (aula de ciencias, aula de lenguaje, aula de plástica, etc.), o bien mantener cada curso en un aula y hacer rotar a los profesores, que es lo más usual pero no lo más funcional.
Organizar la clase por territorios personales, lo tradicional entre nosotros, implica que cada alumno posee su propio pupitre y todos realizan el mismo tipo de actividades.
Organizar la clase por funciones implica dividir el espacio según las diversas áreas de trabajo. En este sistema grupos de alumnos pueden estar trabajando simultáneamente en diversos aspectos. Esta es una posibilidad de organización espacial ampliamente utilizada hoy en los cursos inferiores.
A la hora de organizar por zonas funcionales la clase deberíamos tener en cuenta los siguientes principios prácticos:
Estas dos maneras de organizar el espacio no se excluyen entre sí. Muchos profesores emplean un diseño que combina los dos tipos de disposiciones, es decir, mesas individuales en el centro con áreas de interés en la parte trasera o en la periferia del aula.
Las diferentes zonas de interés han de estar claramente delimitadas. Las zonas han de estar colocadas de acuerdo con las exigencias de las actividades a realizar en ellas en lo que se refiere a tranquilidad, protección, recursos especiales (agua, electricidad, luz, etc.). Las actividades incompatibles, como por ejemplo los juegos de construcción y la lectura, han de estar bien separadas. Todas las zonas han de ser accesibles visualmente por los alumnos. Los pasillos han de ser claros y no deben atravesar zonas de trabajo. Ha de evitarse el dejar amplios espacios libres que propicien actividades frenéticas. Los materiales han de estar fácilmente accesibles y cerca de las respectivas zonas de trabajo. Las clases han de poseer espacios opcionales para estar solo, para trabajar en grupos pequeños, para estar con grupos amplios, etc...
Diversas investigaciones han demostrado que la influencia del profesor no llega a toda la clase por igual, lo que se ha denominado “dimensión subjetiva del espacio o el contexto”, para referirse a la existencia de una zona de acción donde se proyecta la influencia de los actores (profesor y alumnos) y una zona marginal a la que no llega dicha influencia. Desde esta perspectiva, el profesor se encuentra con diversas estrategias para potenciar el valor educativo del contexto:
El término espacio fijo hace referencia a aquellos elementos permanentes del espacio físico a los que necesariamente habrá de acomodarse el profesor a la hora de organizar las actividades. Condiciona de modo permanente las actividades a realizar, ya que afecta al comportamiento de las personas dentro de ese espacio (dimensión de la clase, forma del mobiliario, luminosidad...) y la forma como se comunicarán entre sí.
Por su parte, los elementos semimóviles del espacio (pupitres, ficheros, biombos, sillas...) permiten introducir modificaciones que mejoren el ambiente.
También se ha señalado la estética como uno de los aspectos a tener en cuenta en el aula. Lo bello actúa como una “facilitación del aprendizaje”, colores atractivos, plantas, posters, asientos confortables, sistemas de iluminación, etc. Un aula agradable afecta al mantenimiento de la atención, a la participación, a la informalidad y cohesión del grupo.
La importancia de la organización del alumnado radica en su contribución a diferentes funciones. Los planteamientos de organización de la clase deben guiarse para:
En función de los objetivos y la naturaleza de la tarea, se debe planificar, por un lado, el tamaño y la composición del grupo y, por otro, la estructura del trabajo en equipo.
Moverse a través de toda la clase. Dirigir a propósito comentarios a los alumnos sentados en la parte posterior y a los lados («zona marginal»). Cambiar periódicamente a los alumnos de lugar. Si se enseña a un grupo pequeño no desperdigarlo innecesariamente a lo largo de un aula grande. Utilizar la elección de puesto que hacen los alumnos como un indicador de su autoestima y del aprecio por las tareas.
La asamblea de clase actúa como instrumento de gestión y administración de las reglas de juego del grupo a través de debates, propuestas o ponencias, revisiones de las normas de actuación y comportamiento; como regulador de las relaciones personales; y como medio para mantener la convivencia.
Concluyendo, los equipos fijos ofrecen numerosas oportunidades para trabajar contenidos actitudinales. También son apropiados para la creación de situaciones que promuevan el debate y los correspondientes conflictos cognitivos, facilitando así la comprensión de los conceptos y procedimientos complejos.
El grupo no es una suma de miembros, sino un sistema que nace de la interrelación de sus componentes y que provoca cambios en ellos. Entre los componentes del grupo se producen procesos de atracción, de repulsión, de tensión, etc., lo que determina una dinámica de relación en el grupo.
El clima de clase debe tener en cuenta los principios de colaboración y cooperación.
Pérez Serrano (1993) señala que las técnicas de grupo tienen como finalidades implícitas las siguientes:
Para ayudar a dinamizar al grupo podemos servirnos de técnicas grupales que ayudan a la comunicación y a mejorar las relaciones entre los componentes del grupo. Aunque existen muchas técnicas posibles, a continuación, destacamos algunas.
(A) Discusión en grupo : es útil para clarificar ideas, posibilitar la relación de los conceptos, fomentar la interacción entre los alumnos, expresar los sentimientos sobre determinados aspectos, contribuir a la información que necesita una persona para empezar a preocuparse por sus compañeros.
En las técnicas de discusión, inicialmente el docente selecciona el tema que presenta al grupo, forma los grupos garantizando que sean heterogéneos y distribuye el tiempo de discusión. Finalmente, el profesor con el grupo realiza una evaluación sobre las aportaciones, ideas y soluciones que se hayan expresado durante la discusión.
Son técnicas que sobre todo ayudan al alumno a consolidar contenidos. Facilitan la participación, eliminando comportamientos tímidos y posibilitan la adquisición de habilidades y destrezas comunicativas. Ayudan a ponerse en el lugar de los demás.
Algunos objetivos del trabajo en grupo son: aprender a expresar sus opiniones y sentimientos; describir situaciones, personas, objetivos, actividades, buscar información, estructurar y sintetizar información antes de hablar, etc.
Como ejemplo, presentamos las siguientes actividades:
Rellenar fichas donde aparezcan preguntas del tipo «¿Qué animales te gustan?», «¿Qué cosas te ponen triste?», «¿Quién es el compañero?
Escribir entre varios niños un resumen de la película que vieron durante el fin de semana. Contársela al resto de los compañeros del aula.
Por grupos, describir las diferentes actividades (cada grupo una) que se llevaron a cabo durante una excursión que hizo la clase. Después de la exposición de cada grupo, el resto de la clase comenta las omisiones, los errores... del grupo que acaba de exponer.
Describir las características de un compañero. El resto del grupo debe adivinar de quién se trata.
Las actitudes se educan y por lo tanto se pueden aprender en el ambiente escolar. Plantearse como objetivo de clase cambiar las actitudes negativas hacia las tareas, sus compañeros/as y hacia el profesorado es posible, trabajando diariamente determinados aspectos que la vayan cambiando. En primer lugar, observándola porque ninguna clase es igual a otra, aunque prácticamente en todas ellas podemos encontrarnos con tres zonas en función de su actitud ante el trabajo y la convivencia. o Grupo que trabaja y se esfuerza y que convive armoniosamente al que hay que seguir motivando y valorando sus logros prestándole la atención correspondiente. o Una actitud intermedia donde se instalan la mayoría y que pasan de una zona actitudinal a otra dependiendo en gran medida de la capacidad del profesorado para controlar y motivar al aula. Es el grupo que marca el clima general del aula por lo que exige de empatía para acercarlo al polo más positivo. o Alumnado reacio a la tarea escolar y con actitudes obstruccionistas, al que hay que ir ganando para la zona intermedia con acercamiento personal y afectivo, pero también marcando las normas claramente. Cuando su número es muy elevado en la clase hay que arbitrar mecanismos de actuación colectiva del centro, así como replantearse los criterios de agrupamientos. La clase se dispone pues, como un balancín en la que hay que atraer hacia el polo positivo al grupo de la zona intermedia a fuerza de motivación, control y relaciones de empatía, valorando el esfuerzo del grupo positivo para aumentar su autoestima. Es necesario introducir diariamente mensajes de valoración hacia el esfuerzo y la tarea bien hecha, dedicando más tiempo de la clase a esta tarea que a la de reprimir al grupo que no la hace. En segundo lugar, provocando interés por la tarea a través de un currículo funcional que dé valor a otros aprendizajes que se adquieren en otros contextos y que otorgue protagonismo al alumnado para adquirirlos. En tercer lugar, con una metodología variada y motivadora que contemple desde el trabajo individual, por parejas, en grupos colaborativos, grupos interactivos, alumnado ayudante, y un amplio abanico de posibilidades. Sabemos por experiencia que, si el alumnado encuentra utilidad e interés en los que se les propone y rentabilidad en el esfuerzo realizado, su actitud cambiará notablemente. En consonancia con lo anterior debemos introducir elementos de evaluación diversificados que vaya desde el trabajo individual al colectivo (cuadernos de clase, portafolios, trabajo en grupo, diario, observación, proyectos, exposiciones… Conseguir afianzar la colaboración de todas las familias. La actitud de las familias de nuestras clases puede ser muy variada, pero generalmente responden a varios patrones, desde las colaboradoras hasta las que se declaran impotentes. Su conocimiento nos permitirá determinar formas de actuar con ellas:
Los conflictos son habituales en el contexto escolar, producen desasosiego e insatisfacción y obstaculizan e impiden el normal desarrollo del aprendizaje entre el alumnado que a ella asiste. Desde la perspectiva de entender que el conflicto es algo natural en los grupos humanos y que debe ser afrontado de una manera constructiva, y por tanto, educativa. Para ello, tal y como señala Vaello (2007) debemos aportar ideas, normas,
rutinas y experiencias para crear un clima cordial y acogedor que favorezca las habilidades relacionales necesarias y un clima de convivencia en el aula para favorecer el aprendizaje de todos y todas sin excepción. Las condiciones ambientales del aula permiten crear unas relaciones personales acogedoras y un clima favorecedor del trabajo necesarios para el mejor aprendizaje. Para construir un clima de clase adecuado, Vaello (2007) propone una serie de medidas que pueden contribuir a favorecerlo:
Para llevar a cabo éstas normas e participación/gestión del aula debemos analizar cuál es la realidad de la misma, consensuar cómo nos gustaría que funcionaría, qué normas están funcionando y cuáles no y analizar las causas. También analizar las normas no escritas instaladas como rutinas y que, en muchos casos, condicionan grandemente el funcionamiento del aula. Es conveniente consensuar las normas generales del centro que configurarán un determinado clima, especialmente dirigidas a 3 aspectos: en relación al aprendizaje, en relación a las personas, en relación al entorno.
a) Elaborar normas explícitas en las aulas: Normas efectivas que regulen los comportamientos más frecuentes. Redactadas por escrito (pocas, claras, redactadas en positivo, cumplidas- no admitir incumplimiento, flexibles, no fijar las que no se puedan hacer cumplir). b) Desvelar las normas implícitas: establecidas por las rutinas, que marcan en gran medida el funcionamiento del aula y que, en gran medida, conforman su clima para hacerlas explícitas, si son adecuadas, o eliminarlas si no lo son. c) Velar porque no exista contradicción entre unas y otras, ya que, si es así, éstas se resuelven siempre a favor de las implícitas. Si tenemos como norma establecida la puntualidad, pero se consiente reiteradamente su incumplimiento, se terminará imponiendo la conducta contraria a la deseable. d) La efectividad de la norma depende de las consecuencias de su incumplimiento y de su cumplimiento. e) Conviene aplicar, de vez en cuando, estímulos positivos ante el cumplimiento de las normas para consolidarlas.
Algunos ejemplos de éstas normas son:
observación de roles o sociograma pueden ser instrumento adecuado para tener un análisis del aula pero conviene contrastar los datos observados con otro profesor/a del aula, lo que nos va a permitir Tener una información grupal de la estructura de la clase (líderes, rechazos, grupos). ƒ Información individual sobre los roles que desempeña cada uno/a y utilizarlos en la práctica de alumnado ayudante.
En éste sentido, ganar la atención es un sistema beneficioso para la mejora del clima de manera que disminuye significativamente la conflictividad. Vaello (2007) considera que en el aula se dan dos tipos de atención:
o Estrategias para mantener la atención El mantenimiento de la atención no es algo uniforme ni puede mantenerse por igual. Hay que asumir como normal los altibajos durante la jornada lectiva, pero éstos se pueden atenuar teniendo en cuenta algunos aspectos como: tipo de la tarea, metodología empleada por el profesorado, tipo de alumnado, ubicación horaria de la clase, etc. El análisis de estos elementos puede servirnos para planificar el tipo de actividades semanales y ubicarlas de acuerdo con el nivel de atención que se requiera en ellas. Basándonos en lo señalado anteriormente, hemos de detectar en qué tipo de actividades se dan mayores niveles atencionales. Determinando el nivel atencional de la clase y, en función del mismo, planificar las actividades. Por ejemplo: ubicar una actividad de alto nivel atencional en clase de última hora, en la que están más cansados/as.
Otra estrategia útil es diversificar los elementos atencionales, ya que una sola corriente de atención hacia el profesorado resulta monótona y propicia la fatiga y la distracción, por ello, una forma de mejorarla es planificar diferentes líneas de atención de la clase, no sólo hacia el profesorado o la tarea, sino hacia los compañeros/as del grupo. La diversidad de actividad, de metodología y de distribución espacial del aula contribuyen a refrescar la atención y por ello a impedir o paliar problemas disruptivos en el aula. o Incrementar la atención positiva frente a la negativa. Como decíamos al principio, se trata de reforzar la conducta positiva y no centrar la atención en la negativa puesto que así se contribuye a reforzarla. El protagonismo se le debe dar a las conductas positivas, y no a comportamientos perturbadores, prestándoles más atención. o Mantener alto índice de actividad del alumnado con variedad de tareas. Variedad de tareas funcionales que evite la monotonía. Se propone realizar un análisis de distribución de los tiempos y de las tareas de la clase que tenemos en la actualidad para proponer mejorar su distribución. Esta tabla es indicativa y se debe adaptar a la dinámica de cada clase. Los tiempos dedicados a cada tarea nos pueden permitir una más variada distribución y con ello aumentar los índices de atención y motivación. Si se perciben indicios de fatiga generalizado, conviene hacer una pausa con acciones más informales. Con estas pausas se gana recuperación para iniciar otra actividad de mayor demanda de atención. También debemos evitar conductas leves molestas que no afecten significativamente (con gestos o ignorancia), porque si se atiende a ellas, se refuerza la conducta negativa y su protagonismo, premiando precisamente lo que se quiere evitar.
A continuación, se muestran una serie de estrategias docentes que puedes aplicar en el aula. En éste caso Guerra (2018) propone:
1. Claridad El profesor tiene la tarea de presentar desde el primer día el plan de estudio, las unidades que van a dar, y
comprometerse a hacer el mismo mecanismo cada vez que va a comenzar un tema nuevo. De esta manera los
estudiantes saben qué se espera de ellos y qué deben hacer para tener éxito en esa clase.
2. Tu sabes yo se
Asistir a clase para ser un agente pasivo ya no es una posibilidad. Los estudiantes están acostumbrados a las redes
sociales donde constantemente pueden dar su opinión y comentar sobre todo. Los docentes hemos de permitir
que se generen intercambios de ideas ente los alumnos.
3. Corrige y devuelve
Para que los estudiantes sepan si realmente están avanzando y mejorando, eres tú el encargado de darles una
devolución sobre lo que hicieron y proceder a señalarles las debilidades que aún tienen y cómo pueden
mejorarlas.
4. Evalúa y déjate evaluar
Además de los clásicos exámenes y pruebas para evaluar lo aprendido, deberás realizar evaluaciones para analizar
el proceso de formación de tus estudiantes. Compara el desempeño que están teniendo con las metas que
deberían ir cumpliendo según los objetivos plantados desde el principio. Al hacerlo con frecuencia podrás adaptar
los materiales y la velocidad con la que avanzas. Incluso puedes pedirles a ellos que evalúen tu forma de actuar.