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Condicionamiento Clásico: Experimentos de Pavlov y Procesos, Apuntes de Psicología

El condicionamiento clásico, descubierto por Iván Pavlov, y sus procesos, aplicaciones y experimentos clave. Pavlov descubrió la asociación entre estímulos y respuestas mediante experimentos de salivación en perros. El condicionamiento clásico es un tipo de aprendizaje asociativo que involucra la asociación de un estímulo incondicionado (EI) con un estímulo condicionado (EC), que provoca una respuesta condicionada (RC) similar a la respuesta incondicionada (RI). El documento también discute las aplicaciones del condicionamiento clásico en el ámbito de la salud y el bienestar de las personas.

Tipo: Apuntes

2020/2021

Subido el 08/01/2022

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Tema 3: El aprendizaje
1. Condicionamiento clásico
Los experimentos de Pavlov
Procesos del condicionamiento clásico
Aplicaciones del condicionamiento clásico
2. Condicionamiento operante
Los experimentos de Skinner
El reforzamiento
Reforzadores de la conducta
Procesos del reforzamiento
El castigo
3. Aprendizaje por observación
Las investigaciones de Bandura
Fases del aprendizaje por observación
Aplicaciones del aprendizaje por observación
RECUADRO 3.1
El aprendizaje
Cuando un salmón sale del huevo en la arena de un arroyo, sus genes le facilitan la mayoría
de las instrucciones de comportamiento que necesita para vivir. Sabe instintivamente cómo y
hacia dónde debe nadar, qué debe comer y cómo debe protegerse de los depredadores.
Siguiendo este plan preestablecido, el pequeño salmón pone pronto rumbo al mar. Tras unos
cuantos años de vida en el océano, el salmón maduro vuelve al lugar donde nació. Recorre
cientos de kilómetros hasta la desembocadura del río desde el que accedió al mar y, guiado
por el olor de su arroyo natal, inicia una odisea contra corriente hacia su cuna ancestral. Al
llegar, el salmón busca las condiciones idóneas de temperatura, arena y corriente de agua
para reproducirse, se aparea y muere.
A diferencia del salmón, los humanos no nacemos con unas instrucciones genéticas para la
supervivencia. Aunque tenemos que luchar por encontrar la dirección de la vida, que el salmón
ya conoce al nacer, nuestra capacidad de aprendizaje nos da más flexibilidad. Podemos
aprender a construir cabañas en el bosque, submarinos o estaciones espaciales y adaptarnos
así a casi cualquier ambiente. Posiblemente, lo más importante que recibimos de la naturaleza
es nuestra adaptabilidad, esto es, la capacidad de aprender nuevos comportamientos que
nos permitan afrontar los cambios en las circunstancias.
Todos los animales, y en especial los humanos, se adaptan a su entorno gracias a la
capacidad de aprendizaje. Podemos definir el aprendizaje como un cambio casi permanente
en el comportamiento debido a la experiencia. Según se deduce de esta definición, la clave del
aprendizaje es la experiencia, que puede consistir en la práctica, la repetición, la observación
y también en la asociación de ciertos acontecimientos. En este último caso hablamos de
aprendizaje asociativo o condicionamiento.
Existen dos tipos de condicionamiento: el clásico y el operante. Mediante el condicionamiento
clásico, aprendemos a anticipar acontecimientos importantes, como la llegada de la comida o
la aparición del dolor. Mediante el condicionamiento operante, aprendemos a repetir las
conductas por las que se nos recompensa y a evitar aquellas por las que se nos castiga. Por
otra parte, mediante el aprendizaje basado en la observación aprendemos de la experiencia y
del ejemplo de los demás.
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Tema 3: El aprendizaje

1. Condicionamiento clásico

Los experimentos de Pavlov

Procesos del condicionamiento clásico

Aplicaciones del condicionamiento clásico

2. Condicionamiento operante

Los experimentos de Skinner

El reforzamiento

Reforzadores de la conducta

Procesos del reforzamiento

El castigo

3. Aprendizaje por observación

Las investigaciones de Bandura

Fases del aprendizaje por observación

Aplicaciones del aprendizaje por observación

RECUADRO 3.

El aprendizaje

Cuando un salmón sale del huevo en la arena de un arroyo, sus genes le facilitan la mayoría de las instrucciones de comportamiento que necesita para vivir. Sabe instintivamente cómo y hacia dónde debe nadar, qué debe comer y cómo debe protegerse de los depredadores. Siguiendo este plan preestablecido, el pequeño salmón pone pronto rumbo al mar. Tras unos cuantos años de vida en el océano, el salmón maduro vuelve al lugar donde nació. Recorre cientos de kilómetros hasta la desembocadura del río desde el que accedió al mar y, guiado por el olor de su arroyo natal, inicia una odisea contra corriente hacia su cuna ancestral. Al llegar, el salmón busca las condiciones idóneas de temperatura, arena y corriente de agua para reproducirse, se aparea y muere.

A diferencia del salmón, los humanos no nacemos con unas instrucciones genéticas para la supervivencia. Aunque tenemos que luchar por encontrar la dirección de la vida, que el salmón ya conoce al nacer, nuestra capacidad de aprendizaje nos da más flexibilidad. Podemos aprender a construir cabañas en el bosque, submarinos o estaciones espaciales y adaptarnos así a casi cualquier ambiente. Posiblemente, lo más importante que recibimos de la naturaleza es nuestra adaptabilidad , esto es, la capacidad de aprender nuevos comportamientos que nos permitan afrontar los cambios en las circunstancias.

Todos los animales, y en especial los humanos, se adaptan a su entorno gracias a la capacidad de aprendizaje. Podemos definir el aprendizaje como un cambio casi permanente en el comportamiento debido a la experiencia. Según se deduce de esta definición, la clave del aprendizaje es la experiencia , que puede consistir en la práctica, la repetición, la observación y también en la asociación de ciertos acontecimientos. En este último caso hablamos de aprendizaje asociativo o condicionamiento.

Existen dos tipos de condicionamiento: el clásico y el operante. Mediante el condicionamiento clásico, aprendemos a anticipar acontecimientos importantes, como la llegada de la comida o la aparición del dolor. Mediante el condicionamiento operante, aprendemos a repetir las conductas por las que se nos recompensa y a evitar aquellas por las que se nos castiga. Por otra parte, mediante el aprendizaje basado en la observación aprendemos de la experiencia y del ejemplo de los demás.

1. Condicionamiento clásico

El condicionamiento clásico es un tipo de aprendizaje asociativo. Una gran variedad de situaciones de la vida real se deben a esta forma de aprendizaje. Por ejemplo, es muy frecuente que una canción que en el pasado hemos asociado con una persona querida, cuando la volvemos a escuchar nos evoque a esa persona, pudiendo incluso llegar a emocionarnos. Las personas que tienen un perro en casa saben que estos animales anticipan la llegada de su amo por estímulos como el ruido del ascensor o de la puerta. Si vivimos una experiencia aterradora y traumática como un accidente de tráfico, puede ocurrir que el hecho de volver a montar en un coche nos produzca una reacción de intenso temor o ansiedad.

Analizaremos brevemente estos ejemplos. En los casos anteriores lo que ha ocurrido es que se han asociado dos acontecimientos: escuchar una canción con una persona, en el primer ejemplo; oír el ascensor con la llegada del amo, en el segundo o montar en coche con un accidente, en el tercer ejemplo. Ciertas señales se han asociado con determinados hechos significativos para los individuos.

El principio de asociación pone de manifiesto que cuando dos sucesos se producen juntos o de forma secuencial (uno después de otro), quedan de alguna manera asociados en nuestra mente. Fenómenos como los anteriores fueron estudiados de forma experimental por Iván Pavlov en una de las investigaciones más famosas de la psicología. Sus experimentos son ahora clásicos, razón por la que esta forma de aprendizaje se denomina condicionamiento clásico.

Los experimentos de Pavlov

Iván Pavlov (1849-1936), fisiólogo ruso y premio Nobel en 1904, fue el descubridor del condicionamiento clásico. En el transcurso de sus investigaciones sobre la fisiología de la digestión en los perros, Pavlov advirtió que los animales salivaban ante estímulos distintos de la comida, por ejemplo, ante el sonido de los pasos de quienes los alimentaban, y ante la vista de esas mismas personas. Estas salivaciones inexplicables y molestas al principio, a las que Pavlov denominó “secreciones psíquicas”, atrajeron poderosamente su atención. Desde entonces dedicó todos sus esfuerzos al estudio de estos fenómenos.

Una descripción de los experimentos de Pavlov sobre el condicionamiento clásico es la siguiente. Antes de iniciar el experimento, Pavlov y sus ayudantes realizaron una incisión en la mejilla del perro para colocar un pequeño tubo de vidrio en la glándula salival con el fin de medir la cantidad de secreción de saliva. Una vez repuesto el animal de la operación, era colocado en una plataforma y sujetado mediante un arnés (figura 3.1). Entonces comenzaba el experimento.

Figura 3.1. Iván Pavlov junto con el aparato usado en sus estudios sobre el condicionamiento clásico.

Hay que señalar que en el condicionamiento clásico aversivo puede adquirirse una segunda respuesta condicionada. Debido a que intervienen estímulos negativos o desagradables (una descarga eléctrica, por ejemplo), el sujeto adquiere una respuesta de miedo o ansiedad ante el EC. Dicho de otra manera, el EC es asociado con un estímulo aversivo por lo que, además de provocar una flexión motora, provoca también una respuesta emocional de miedo denominada respuesta emocional condicionada (REC). Este punto es de gran importancia porque todas las experiencias de condicionamiento aversivo conllevan potencialmente reacciones de miedo o ansiedad. Por esta razón, el condicionamiento clásico aversivo constituye un modelo para la comprensión de ciertos trastornos psicológicos denominados fobias : experiencias que se caracterizan precisamente por la aparición de respuestas de miedo o ansiedad ante determinados estímulos o situaciones.

Una experiencia de condicionamiento clásico, como la llevada a cabo por Pavlov, transcurre según la secuencia de acontecimientos que se refleja en la figura 3.2.

Figura 3.2. Secuencia del condicionamiento clásico

Antes del condicionamiento el estímulo neutro (sonido) no produce ninguna respuesta significativa, mientras que el EI (comida) provoca la RI (salivación). Durante el condicionamiento, como consecuencia de presentar conjuntamente el estímulo neutro y el EI (ensayos de condicionamiento), se establece una asociación entre ambos estímulos mientras se sigue produciendo la RI. Después del condicionamiento, el estímulo neutro se ha convertido en un EC que desencadena una RC de salivación semejante a la RI, lo que se comprueba mediante ensayos de prueba.

Procesos del condicionamiento clásico

Durante treinta años Pavlov y sus colaboradores estudiaron las causas y efectos del condicionamiento clásico. Mediante sus investigaciones identificaron cinco procesos básicos del condicionamiento: la adquisición, la extinción, la recuperación espontánea, la generalización y la discriminación.

Adquisición

La adquisición es el proceso por el cual surge la respuesta condicionada debido a la asociación entre el EC y el EI. Por lo general se requieren repetidos ensayos de condicionamiento para que se produzca la adquisición de la RC. Si bien existen casos en que el condicionamiento se adquiere mediante un único ensayo o experiencia, sobre todo cuando intervienen estímulos incondicionados aversivos muy intensos.

ANTES DEL CONDICIONAMIENTO Estímulo neutro (sonido) (campanilla)

No se produce salivación EI (comida) RI (salivación)

DURANTE EL CONDICIONAMIENTO Estímulo neutro (sonido)

EI (comida)

RI (salivación)

DESPUÉS DEL CONDICIONAMIENTO EC (sonido) RC (salivación)

Una de las cuestiones a las que tuvieron que enfrentarse Pavlov y sus colaboradores cuando estudiaban el proceso de adquisición es el problema del tiempo. ¿Cuánto tiempo debía transcurrir entre la presentación del estímulo neutro (el sonido) y el estímulo incondicionado (la comida)? Descubrieron que en la mayoría de los casos tenía que ser poco (medio segundo o un segundo funcionan bien casi siempre). Con demoras muy largas entre uno y otro estímulo, el condicionamiento apenas se produce o no se produce en absoluto.

¿Qué sucede si la comida (EI) aparece antes que el sonido (EC)? Probablemente no tendrá lugar el condicionamiento. Este descubrimiento corrobora la hipótesis de que el condicionamiento clásico es biológicamente adaptativo. Ayuda a los organismos a prepararse para acontecimientos positivos o negativos. El sonido de Pavlov anuncia un acontecimiento importante, la comida, y el animal se prepara para ello salivando. El sonido de Bechterev anuncia un acontecimiento negativo (la descarga) y el individuo se prepara mediante una respuesta defensiva (flexionar la pata).

El caso del “pequeño Albert” es un ejemplo de adquisición de una respuesta condicionada de miedo (recuadro 3.2).

RECUADRO 3. 2

El caso del pequeño Albert

Se cree que los niños nacen con miedo a los ruidos intensos y al dolor. Más adelante, durante el primer año, aparecen en ellos miedos a lo extraño y lo desconocido. Es muy posible que algunos de estos primeros temores estén programados genéticamente en los seres humanos para ayudarles a sobrevivir. Sin embargo, otros miedos pueden ser aprendidos. El trabajo de Pavlov sirvió de base a John Watson para afirmar que, pese a las influencias biológicas, el comportamiento humano es básicamente un conjunto de respuestas condicionadas. En un famoso estudio realizado en 1920, John Watson y Rosalie Rayner demostraron cómo se podían condicionar miedos específicos. El sujeto de su experimento era un niño de 11 meses llamado Albert. En una fase previa se pusieron a prueba los miedos del pequeño Albert. No tenía miedo a un conejo, a una rata blanca, a un perro, a una máscara ni a periódicos ardiendo. Lo único que atemorizaba al niño (como a la mayoría de los niños) eran los ruidos fuertes. Los ensayos de condicionamiento empezaron cuando Albert se encontraba jugando en el suelo de la habitación. Los investigadores sacaron una rata blanca de una canasta y se la acercaron al niño. Cuando éste extendió la mano para cogerla, golpearon una barra de acero con un martillo justo detrás de su cabeza. Albert saltó violentamente escondiendo su cabeza entre los brazos. Cuando, pasado el susto, volvió a intentar coger la rata, sonó de nuevo la barra de acero. Esta vez Albert se estremeció y comenzó a llorar. No hubo más ensayos durante esa semana para no perturbar excesivamente al niño. A la semana siguiente, Albert volvió a la misma habitación para continuar los ensayos de condicionamiento. Tras cinco ensayos más, se estableció un miedo intenso y persistente a las ratas blancas. Cada vez que Albert veía una, se echaba a llorar. Pero eso no fue todo: Albert se mostraba también asustado al ver un conejo, un perro y un abrigo de piel de foca, aunque no al ver objetos diferentes, como juguetes.

Extinción y recuperación espontánea

¿Qué ocurre si después del condicionamiento se presenta repetidamente el EC sin el EI? Pavlov descubrió que al oír el sonido durante repetidas ocasiones sin presentación de comida, el perro salivaba cada vez menos. A este fenómeno se le denomina extinción y consiste en la disminución de la respuesta condicionada hasta su desaparición, debido a la presentación del EC sin que se presente el EI (figura 3.3).

Aplicaciones del condicionamiento clásico

Los principios de Pavlov sobre el condicionamiento clásico tienen muchas aplicaciones en el ámbito de la salud y el bienestar de las personas. Por ejemplo, los consumidores de ciertas drogas estimulantes suelen sentir la necesidad de drogarse ante los estímulos (personas y lugares) que asocian con las sensaciones que les producía la droga. Por ese motivo se aconseja a los adictos que se alejen de todo aquello que tengan asociado a la euforia que provoca el consumo de tales drogas.

De la misma forma, se intenta ofrecer a los alcohólicos experiencias que inviertan sus asociaciones positivas con el alcohol. Mediante un condicionamiento aversivo se intenta reemplazar una respuesta positiva a un estímulo nocivo por una respuesta negativa o aversiva. El procedimiento es simple: se trata de asociar sensaciones desagradables con la conducta no deseada. De esta manera, en algunos tratamientos de deshabituación alcohólica se ofrece al paciente su bebida favorita junto con una sustancia emética, que provoca fuertes náuseas. Al asociar el beber alcohol con una náusea desagradable, se intenta transformar la reacción del paciente al alcohol de positiva a negativa. En un estudio con 685 alcohólicos que siguieron un programa de condicionamiento aversivo, el 63% de ellos se mantuvieron abstemios al cabo de un año. Pero tres años más tarde sólo el 33% seguía sin beber.

Otro ejemplo de condicionamiento clásico lo podemos encontrar en los casos de agresiones sexuales o de cualquier otro tipo. Los experimentos con animales revelan que, si un estímulo negativo o aversivo es lo suficientemente intenso, a veces basta un solo acontecimiento para traumatizar al animal. En el caso de los humanos, las consecuencias de este tipo de experiencias pueden resultar trágicas, como lo demuestra el caso de una mujer que fue atacada y violada, lo cual la condicionó a una vida de terror (recuadro 3.3).

RECUADRO 3. 3

La violación como condicionamiento clásico

Me violaron hace cuatro meses. El ruido de una persona fuera de mi habitación me despertó en mitad de la noche. Pensando que se trataba de mi compañera de piso, la llamé por su nombre. Alguien se me acercó lentamente, y entonces me di cuenta. Grité y luché, pero eran dos. Uno me cogió por las piernas, mientras que el otro me tapó la boca con la mano, me puso un cuchillo en el cuello y me dijo: “No grites, zorra, o te mato”. Nunca había sentido tanto miedo e impotencia. Me violaron los dos, uno de ellos de forma brutal. A continuación, y mientras buscaban dinero y objetos de valor, llegó mi compañera de piso. La trajeron a mi habitación, la violaron y nos ataron a los dos a la cama.

No volvimos a pasar una noche en ese apartamento. Estábamos demasiado aterrorizadas. Aún ahora, cuando me acuesto (siempre con la luz encendida) me angustia y tortura el recuerdo de los dos hombres entrando en mi habitación. Antes era una persona independiente que vivía sola o con otras compañeras; ahora, ni siquiera considero la posibilidad de pasar una noche sin estar acompañada. Cuando paso con el coche cerca de mi antiguo apartamento, o cuando entro en una casa vacía, mi corazón se acelera y tengo sudores. Tengo miedo de los desconocidos, especialmente de los hombres, y cuanto más se parecen a mis violadores más miedo me dan. A mi compañera de piso le pasa lo mismo. Me da miedo seguir viviendo en la misma ciudad, tengo miedo de que me vuelva a ocurrir. Tengo miedo de irme a la cama. Me horroriza quedarme dormida.

Once años después, los miedos condicionados de esta mujer empezaron a desaparecer: La frecuencia y la intensidad de mis miedos han disminuido. Sin embargo, sigo prestando mucha atención a la seguridad personal y a veces tengo pesadillas sobre mi experiencia. Pero lo más importante es que he recuperado mi capacidad para reí, amar y confiar en las personas, ya sean amigos antiguos o nuevos. He sobrevivido.

3. Condicionamiento operante

Como el condicionamiento clásico, el condicionamiento operante es una forma de aprendizaje asociativo. Si en el condicionamiento clásico se asocian dos estímulos, en el condicionamiento operante un comportamiento se asocia con las consecuencias que tiene. Los comportamientos operantes son aquellos que operan sobre el entorno produciendo determinadas consecuencias, favorables o desfavorables. Conductas como sonreír, ver la televisión, discutir o quejarse de algo dan la impresión de estar bajo el único control de la persona, aunque en realidad pueden estar muy influidas por las consecuencias que tienen.

Edward L. Thorndike (1874-1949) fue un psicólogo americano que realizó numerosas investigaciones sobre aprendizaje animal. Como consecuencia de sus trabajos, a finales del siglo XIX formuló un principio denominado por él ley del efecto. Según este principio, la probabilidad de que ocurra un comportamiento depende de su efecto o consecuencias. Es decir, los comportamientos que provocan consecuencias positivas o favorables son más probables que aquellos otros que provocan consecuencias negativas o desfavorables. La ley del efecto constituye el eje o principio fundamental del condicionamiento operante.

Los experimentos de Skinner

B. F. Skinner (1904-1990), psicólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, comenzó en los años treinta del pasado siglo a estudiar el condicionamiento operante a partir de la ley del efecto de Thorndike. Los experimentos de Skinner han contribuido de forma decisiva a establecer los principios fundamentales de esta forma de aprendizaje.

Figura 3.4. Una caja de Skinner

Skinner diseñó un aparato para estudiar la conducta de animales experimentales que, con el tiempo, se ha denominado “caja de Skinner” (figura 3.4). Consiste en una cámara insonorizada con paredes de cristal en cuyo interior hay una palanca que las ratas pueden pulsar, o un pequeño disco que pueden picotear las palomas. La caja dispone, además, de un dispositivo automático para dispensar comida, otro para aplicar descargas eléctricas y de un sistema de registro de las respuestas del animal. En su interior tiene también una luz que puede estar encendida o apagada.

Reforzamiento negativo

El reforzamiento negativo ocurre cuando una conducta se fortalece debido a la eliminación de un estímulo negativo o desagradable. Si hacemos algo para que una persona deje de molestarnos o gritarnos, eso constituye un ejemplo de reforzamiento negativo. La eliminación de un estímulo negativo, bien porque desaparece, bien porque no llega a ocurrir, se denomina reforzador negativo. En función de que ocurra una cosa (termina un estímulo positivo NEGATIVO) o la otra (el estímulo negativo no llega a ocurrir), se distinguen dos formas de reforzamiento negativo: el condicionamiento de escape y el condicionamiento de evitación (figura 3.6).

Figura 3.6. Reforzamiento negativo: condicionamiento de escape y condicionamiento de evitación.

En el condicionamiento de escape un comportamiento tiene como consecuencia la terminación de un estímulo negativo que está presente en el medio. En la caja de Skinner, una rata aprende a pulsar la palanca para que termine una descarga eléctrica que está recibiendo. La desaparición de la descarga es un reforzador negativo. En nuestra vida diaria, tomamos un analgésico cuando nos duele la cabeza porque sabemos por ocasiones anteriores que probablemente el dolor desaparecerá. De la misma forma, desviamos una conversación cuando el tema comienza a resultarnos incómodo. En el primer caso el reforzador negativo es la terminación del dolor y, en el segundo, dejar de sentirnos incómodos.

El condicionamiento de evitación ocurre cuando la conducta del sujeto hace que no aparezca un estímulo negativo. Si en la caja de Skinner se enciende una luz y, a los cinco segundos, el animal recibe una descarga eléctrica, aprenden rápidamente a pulsar la palanca antes de que aparezca la descarga. En este caso, el reforzador negativo es evitar que ocurra la descarga eléctrica. Cuando se dice “es mejor prevenir que curar” nos estamos refiriendo al hecho de que es preferible anticiparse a las cosas desagradables haciendo algo que impida su aparición. Así, por ejemplo, las personas se vacunan para evitar coger una gripe.

En otras situaciones de la vida también ocurre el condicionamiento de evitación, como en el caso de quienes prefieren no hablar en público debido a que cuando lo han hecho en ocasiones anteriores se han sentido incómodos o avergonzados. El reforzador negativo es, en este caso, no sentirse avergonzado. Las conductas de evitación ocurren de forma característica en las personas que tienen un trastorno

Conducta Tomo una pastilla porque me duele la cabeza

Reforzador negativo Desaparece el dolor

Conducta No salgo de casa porque salir me da miedo

Reforzador negativo En casa no tengo miedo

Condicionamiento de escape: Termina un estímulo negativo

Condicionamiento de evitación: No aparece un estímulo negativo

fóbico. De esta manera, las conductas fóbicas se mantienen durante mucho tiempo porque las personas que padecen esos trastornos evitan la aparición del miedo no enfrentándose a las situaciones temidas.

Reforzadores de la conducta

Como hemos dicho antes, un reforzador es cualquier consecuencia que potencia un comportamiento, ya sea dando algo positivo o reduciendo algo negativo. Los reforzadores primarios son aquellos que satisfacen necesidades básicas del organismo, como conseguir comida o evitar una descarga eléctrica. Las actividades que satisfacen la curiosidad o que proporcionan estimulación sensorial son igualmente reforzadores primarios; también lo son algunos reforzadores sociales, como la sonrisa.

Los reforzadores secundarios son aprendidos, es decir, adquieren su poder de reforzamiento por su asociación con reforzadores primarios. La vida está llena de reforzadores secundarios. El dinero, por ejemplo, se asocia repetidamente a la adquisición de alimentos, comodidades y bienes de consumo. De la misma forma, las personas aprenden a tener en gran estima los elogios, la aprobación o el éxito social. Estos reforzadores sociales secundarios llegan a ejercer una poderosa influencia sobre el comportamiento humano.

Por otra parte, según el tiempo transcurrido entre la conducta y el reforzamiento, los reforzadores se clasifican en inmediatos y retardados. Volviendo a la caja de Skinner, es fácil observar que la rata aprende a presionar la palanca si recibe la recompensa inmediatamente después de ejecutar la conducta. Esto es un reforzador inmediato : el que ocurre inmediatamente después de una conducta. Por el contrario, si se retrasa el reforzamiento más de 30 segundos, los animales no llegan a adquirir ese comportamiento. En este caso el animal recibe un reforzador demorado : el que ocurre transcurrido un tiempo desde que se produjo la conducta.

A diferencia de los roedores, los humanos responden a los reforzamientos muy retardados: la paga al final de mes, la nota al final del cuatrimestre o el trofeo al final de la temporada. En realidad, resulta mucho más satisfactorio para nosotros posponer los premios inmediatos y aprender a esperar las recompensas a largo plazo. Los niños pequeños que aprenden a retrasar las gratificaciones (preferir una recompensa mayor un tiempo después que una más pequeña pero inmediata) demuestran años más tarde ser adultos sociables, competentes y maduros.

Sin embargo, en muchas ocasiones las pequeñas satisfacciones inmediatas suelen ser más atractivas que los grandes reforzadores a largo plazo. Los fumadores, por ejemplo, saben que su placer inmediato no compensa las nefastas consecuencias futuras de su adicción, pero el reforzamiento inmediato les hace caer en la tentación. Las drogas que, como la nicotina, ofrecen un reforzamiento instantáneo, son las más adictivas. Asimismo, para muchos adolescentes la satisfacción inmediata del sexo arriesgado y sin protección en momentos de pasión, prevalece sobre las relaciones sexuales seguras (figura 3.7).

Figura 3 .7. En las conductas de riesgo para la salud, como fumar, prevalece el reforzamiento inmediato sobre el diferido.

de comida. En una primera fase, se observa un aumento paradójico en la frecuencia de la conducta, de tal manera que el animal no deja de pulsar la palanca en una especie de explosión de conductas. A continuación, en una segunda fase se produce una pausa en la que no aparece la conducta. Las explosiones y las pausas se van alternando, aunque las primeras son cada vez más cortas mientras que las pausas se van haciendo cada vez más largas. Finalmente, la conducta deja de producirse.

Estas características del proceso de extinción pueden suponer alguna dificultad cuando se pretende intervenir sobre ciertos problemas de comportamiento en las personas. Supongamos, por ejemplo, que un niño presenta berrinches excesivos, rompe objetos y pega con frecuencia a su hermano menor. El procedimiento de extinción consistiría en suprimir la atención que los adultos prestan al niño cuando lleva a cabo tales conductas, ya que con frecuencia se observa que es precisamente esa atención lo que refuerza su conducta. Sin embargo, en un primer momento la conducta que se pretende suprimir aumenta su frecuencia en lugar de disminuir. Ello puede dificultar que los adultos persistan en una actitud mantenida de no prestar atención a la conducta problemática. Pero si se consigue superar esta fase, los resultados son sorprendentes y pueden ayudar eficazmente al niño en su adaptación familiar o escolar.

El castigo

El castigo tiene lugar cuando la conducta del sujeto tiene como consecuencia la aparición de un estímulo negativo. El efecto del castigo es opuesto al del reforzamiento: mientras que éste incrementa un comportamiento, el castigo lo disminuye. Si una rata recibe una descarga eléctrica cada vez que pulsa la palanca en la caja de Skinner, con el tiempo dejará de hacerlo. Un niño que ha recibido un calambrazo por meter sus dedos en un enchufe, probablemente no volverá a realizar esta conducta en el futuro. Los castigos, sin embargo, no se reducen a hechos dolorosos desde el punto de vista físico. La desaprobación expresada verbalmente o la burla constituyen con frecuencia procedimientos de castigo entre los seres humanos.

Aunque los castigos pueden suprimir de forma eficaz los comportamientos no deseados, su utilización entraña con frecuencia muchos problemas. Muchos estudios sobre el castigo en los seres humanos ponen de manifiesto que los niños a los que sus padres castigan con azotes, corren el riesgo de convertirse en personas agresivas, depresivas y con una baja autoestima. En el recuadro 3.4 se exponen algunos de los problemas del uso del castigo en el ámbito humano.

RECUADRO 3. 4

Problemas en el uso del castigo

Aunque los experimentos con animales demuestran que los castigos intensos suprimen más eficazmente la conducta que los castigos débiles o moderados, los estímulos negativos que se aplican durante un procedimiento de castigo tienen efectos secundarios nocivos que deben tenerse en cuenta cuando se aplican a los seres humanos. Veamos algunos de esos efectos.

Los castigos físicos con frecuencia son excesivos y causan daño a la víctima. Miles de niños son maltratados brutalmente por sus padres. La mayoría de ellos no pretendía causar daño a los pequeños, pero en un momento determinado “perdieron la cabeza” al castigarlos. También pueden ser nocivos los castigos sociales, como el ridículo o la burla. Como los castigos son aversivos, las personas por lo general procuran escapar de ellos o evitarlos. De este modo con frecuencia aprenden comportamientos socialmente reprobables por reforzamiento negativo. Un niño, por ejemplo, puede aprender a mentir o a fingir una enfermedad para evitar un castigo.

Los castigos físicos pueden provocar un contraataque agresivo. Aunque los niños suelen inhibirse en presencia del agente castigador, pueden planear una venganza para el futuro o atacar objetivos físicamente más débiles que ellos. Cuando un niño recibe un castigo, aprende por observación que hacer daño es un modo aceptable (y posiblemente efectivo) de resolver los problemas con la gente. Esto tal explique en parte que los adultos que fueron maltratados de niños, con frecuencia maltraten también a sus propios hijos. Cuando se usan con demasiada frecuencia castigos físicos o sociales, se pueden condicionar sentimientos de odio y de miedo hacia el agente castigador, como los padres o maestros y hacia el lugar donde se recibe el castigo, como la casa o la escuela.

Por todas estas razones, los psicólogos se muestran contrarios a recomendar el uso de castigos, sobre todo físicos, dados sus efectos colaterales potencialmente devastadores. Es mucho más recomendable hacer hincapié en el reforzamiento y evitar el castigo. En general, es preferible concentrar la atención en los comportamientos positivos de las personas y elogiarlas por ellos.

4. Aprendizaje por observación

Los perros, las ratas o las palomas nos han enseñado mucho sobre los procesos básicos de aprendizaje. Pero los principios del condicionamiento no lo explican todo por sí mismos. En los animales complejos, especialmente los humanos, el aprendizaje no se produce necesariamente mediante la experiencia directa. El aprendizaje por observación, en el cual observamos e imitamos el comportamiento de los demás, desempeña también un papel importante.

El proceso de observación e imitación de un comportamiento específico se suele denominar modelización. Observando e imitando a un modelo, aprendemos todo tipo de conductas sociales. A los nueve meses de edad, los niños imitan nuevos comportamientos en los juegos, y a los catorce meses ya pueden imitar conductas que ven en la televisión. En el aprendizaje basado en la observación es necesaria la presencia de al menos dos personas, en una situación que podría considerarse como social. Una de las personas es el observador (el que aprende una nueva conducta) y la otra el modelo (el que ejecuta la conducta observada).

Las investigaciones de Bandura

Albert Bandura , psicólogo norteamericano de la Universidad de Stanford, fue el pionero de la investigación sobre aprendizaje por observación. Junto con sus colaboradores, llevó a cabo una serie de importantes investigaciones en los años 60 sobre esta forma de aprendizaje. Describiremos a continuación uno de sus experimentos más conocidos. Los sujetos del estudio son niños de una guardería con una edad media de cuatro años, divididos al azar en tres grupos, todos ellos con el mismo número de niños que de niñas. La investigación se dividió en dos fases sucesivas: reforzamiento del modelo y reforzamiento del observador.

Fase 1: Reforzamiento del modelo. En esta primera fase se diseñaron las

siguientes condiciones experimentales:

Modelo recompensado: Cada uno de los niños del grupo asignado a esta condición llevó a cabo la siguiente experiencia. El niño está haciendo un dibujo, mientras en otra parte de la habitación un adulto manipula unos juguetes. De repente, el adulto se levanta y durante 10 minutos lleva a cabo las siguientes conductas agresivas con un

Los resultados de esta investigación, representados gráficamente en la figura 3.9, muestran que cuando los niños reprodujeron por primera vez las conductas del adulto, lo hicieron en mayor medida aquellos que observaron el modelo recompensado. Por tanto, una de las conclusiones del experimento de Bandura es que la probabilidad de que alguien reproduzca la conducta de un modelo depende en buena parte de las consecuencias que tenga para dicho modelo su conducta, es decir, que resulte reforzado o castigado. Sin embargo, como se deduce de la segunda fase de la investigación, la reproducción de la conducta depende también del reforzamiento del observador. Así, cuando se les recompensa por reproducir la conducta agresiva, los niños de los tres grupos aumentaron de forma significativa la reproducción de dicha conducta.

Figura 3.9. Resultados del experimento de Bandura

La conclusión negativa que se extrae de estos experimentos es que los modelos antisociales (en una familia, en el barrio o en la televisión) producen efectos antisociales. Ello nos ayuda a comprender por qué los hijos de padres violentos son también violentos y por qué los padres de los hombres que pegan a sus mujeres suelen haber maltratado a las suyas. La conclusión positiva es que los modelos prosociales (positivos y provechosos) pueden tener efectos en el mismo sentido. Las personas que dan ejemplo de comportamiento no violento pueden incitar a otras personas a demostrar un comportamiento similar. Todo esto tiene una enorme importancia en la infancia. Las lecciones que aprendemos de niños no se olvidan fácilmente y ello vale tanto para los comportamientos positivos como para los negativos.

Modelo recompensado

Modelo castigado

Modelo sin consecuencias

Conductas agresivas en los niños

4

3

2

1

Fase 1: Reforzamiento del modelo

Fase 2: Reforzamiento del observador

Modelo recompensado

Modelo castigado

Modelo sin consecuencias

Conductas agresivas en los niños

4

3

2

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Fases del aprendizaje por observación

Bandura ha identificado cuatro fases o momentos en el proceso del aprendizaje por observación: atención, retención, reproducción y motivación. En primer lugar, para que se produzca el aprendizaje por observación es necesario que el observador preste atención a los rasgos significativos de la conducta del modelo. Hay muchos factores que afectan al grado de atención que presta el observador hacia su modelo. Uno de los más importantes son las características del modelo, tales como las referidas a edad, sexo, éxito social, prestigio, competencia, semejanza con el observador, etc. Somos especialmente propensos a imitar a aquellas personas que consideramos que se nos perecen, que tienen éxito o que son admirables.

La segunda fase de del aprendizaje basado en la observación es la retención. Una vez que el observador a prestado atención a una conducta, ésta debe retenerse en la memoria para que posteriormente pueda ser ejecutada o reproducida. Existen dos sistemas de retención: la retención visual o codificación mediante imágenes en la memoria y la retención verbal que, generalmente consiste, en repetir mentalmente los distintos componentes de la conducta.

La motivación es el tercer momento de esta forma de aprendizaje. La persona debe estar motivada para llevar a cabo la conducta observada. No siempre se reproducen de forma inmediata las conductas aprendidas mediante observación (algunos niños no ejecutaron las conductas agresivas hasta que fueron motivados para ello), sino que el aprendizaje permanece “latente”. El que dicha ejecución se produzca depende, pues, de la motivación que tenga la persona para ello. Finalmente, la cuarta fase del aprendizaje por observación es la reproducción. La reproducción consiste en que el observador convierte la conducta observada y recordada en un comportamiento propio.

Veamos, mediante un ejemplo, cómo transcurre el proceso del aprendizaje por observación en sus distintas fases. Supongamos que Inés, una niña de seis años, está en el coche con su padre, que ha tomado una dirección equivocada. El padre de Inés se detiene junto a un guardia, pregunta por la calle que está buscando, da las gracias al agente y continúa su camino. Durante todo el tiempo, Inés ha estado prestando atención a lo que ocurría. Puede que Inés no mencione nunca este incidente. Sin embargo, si llega a perderse algún día, la imagen mental del incidente puede que pase por su consciencia. Puede recordar incluso las palabras exactas que dijo su padre al guardia. Como sabe que esas palabras fueron efectivas para obtener ayuda, está motivada para actuar de la misma forma y salir así del apuro.

Aplicaciones del aprendizaje basado en la observación

Según Albert Bandura, “el aprendizaje sería tremendamente laborioso, por no decir peligroso, si sólo pudiésemos confiar en el efecto de nuestros actos para saber lo que debemos hacer”. Dicho de otra forma, las consecuencias de la conducta del modelo, sean positivas o negativas, nos afectan de forma parecida a como lo harían si las hubiéramos experimentado nosotros mismos. Observamos y aprendemos. Al observar, aprendemos a prever las consecuencias de un comportamiento en situaciones similares a las que estamos observando. Aprendemos lo que previsiblemente conduce al reforzamiento y lo que puede conducirnos a un castigo.

Sin embargo, determinados modelos pueden ejercer una influencia problemática. Mirando la televisión, los niños pueden “aprender” que la amenaza física es una forma eficaz de controlar a los demás, que el sexo libre y sin precauciones produce placer sin riesgo de embarazo o infecciones o que los hombres deben ser duros y las mujeres complacientes.