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Resumen de tema sobre el amor propio desde la psicología y la fe católica
Tipo: Monografías, Ensayos
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Presentación
Buenas tardes! Es un honor para mí compartir con ustedes en esta 2da velada juvenil. Para que me conozcan un poco, mi nombre es Mariangel García, soy una hija muy amada de Dios, quien me ha dado la gracia de ser psicóloga y también fisioterapeuta y poner mis profesiones a su servicio. Soy de la parroquia Divino Niño de Barinas, actualmente soy la responsable nacional del área juvenil del servicio de comunión internacional para la renovación carismática, pertenezco al secretariado diocesano de pastoral juvenil y formo parte del equipo zonal del área juvenil de la renovación carismática.
Oración inicial
Cerremos nuestros ojos, pongamos las manos sobre el regazo de las piernas y abramos nuestros corazones para que sea el Espíritu Santo quien hoy nos hable y nos transforme…
La caja del misterio – El amor que se hizo pequeño
“Antes de comenzar con el tema, quiero mostrarles algo. Esta caja… parece pequeña, ¿verdad? Pero lo que hay dentro representa algo inmenso. Algo que tiene que ver contigo y conmigo. No voy a mostrarlo a todos. Solo a algunos. Y les voy a pedir que lo guarden en silencio hasta el final.”
(Eliges 5–7 jóvenes, los llevas aparte, les muestras la imagen del Niño Jesús y les dices en voz baja):
“Esto que ven representa el corazón del tema de hoy. Guárdenlo en silencio. Al final, lo revelaremos juntos.”
(Vuelves al grupo)
“Ellos ya saben que contiene la caja. Y ustedes… lo descubrirán mas adelante. Pero les adelanto algo: lo que hay en esta caja tiene que ver con lo que todos llevamos dentro. Algo pequeño, frágil… pero profundamente amado.”
¿Qué es el amor?
Bueno, hoy hablaremos sobre el amor propio, pero para entender mejor este tema, es preciso definir primero qué es el amor, humanamente podemos tener muchos conceptos bonitos del amor, pero siempre nos quedará la duda en sí de qué trata el amor. En psicología se dice que es una emoción compleja de entender e interpretar, Se puede decir que aún no hay una definición exacta de qué es el amor. Esto es si lo vemos desde el punto de vista humano, pero como en Dios sí encontramos respuestas a preguntas que ni la ciencia ha podido responder, en 1 Juan 4, 8, encontramos la definición perfecta del amor: “Dios es amor” (1 Jn 4, 8b).
Es decir, cuando tengamos dudas de qué es el amor, contemplemos la cruz, que es la muestra de amor más grande. El amor requiere entrega, sacrificio, donación, y muchas veces no se siente bonito. Así como Jesús no sintió bonito entregando su vida en la cruz, pero libremente decidió amarnos como nadie nos ha amado. El amor implica una decisión libre y comprometida.
Entonces es necesario que tengamos claro el concepto del amor, porque éste se alimenta de las expectativas y del concepto de amor que aprendemos a lo largo de nuestra vida. Si para nosotros el amor es un sentimiento bonito, cada que nos den una mínima muestra de cariño, vamos a creer que eso es amor, y muchas veces no lo es, pueden formar parte del amor pero no lo definen. Cuando entendemos que el amor es Dios, podemos reconocer cuando realmente estamos amando y siendo amados, porque se trata de imitar a Cristo, amando de manera libre, total, fiel y fecunda.
Amor propio
Ahora bien, como ya sabemos que Dios es la perfecta definición del amor, todo amor verdadero (incluido el amor propio) tiene su origen en Él. El amor propio es reconocerse como criatura amada por Dios, creada a su imagen y semejanza (Gn 1,26-27), lo que conlleva al autocuidado y al auto-
respeto, porque sé que no soy cualquier cosa, ni fui echo por azar, tal como lo dice en Jeremías 1, (antes de que nacieras te conocía y te consagré), es decir, desde antes de que llegásemos a este mundo, Dios ya nos tenía en sus pensamientos porque somos parte de su plan perfecto, somos sus hijos amados. Esto significa que nuestra dignidad no depende de logros, apariencia o aprobación externa, sino de un origen divino. Amar lo que somos es honrar al Creador.
“Nosotros amamos porque Él nos amó primero” (1 Juan 4,19). El amor propio auténtico nace de saberse amado incondicionalmente por Dios. Esta certeza transforma la mirada interior: ya no me juzgo con dureza, sino que me reconozco como alguien digno de cuidado y respeto.
Cuando nos amamos verdaderamente a nosotros mismos, Dios nos da la capacidad de mirarnos como Él nos mira, de valorarnos con humildad y tratarnos con misericordia a nosotros mismos, para poder amar al prójimo con libertad y plenitud. Esta definición se fundamenta en las palabras de Jesús:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Marcos 12,31 / Mateo 22,39)
Este mandamiento de Jesús revela que el amor propio no es egoísmo, sino una base necesaria para amar bien a los demás. Porque cuando nos amamos a nosotros mismos como Dios nos enseña a amar, ese amor no se queda simplemente en autocuidado, sino que me convierto en don, comparto ese amor que me viene de Dios y puedo recibirlo también de otras personas.
Es necesaria la aceptación serena de la propia identidad, ya que condiciona nuestra forma de estar en el mundo y de actuar en él, una aceptación serena es también agradecer ese regalo que Dios nos da de ser sus hijos, de hacernos tan funcionales, y de permitir que hombre y mujer nos complementemos. Nuestra feminidad y en el caso de los hombres su masculinidad es un gran regalo de Dios el cual debemos aceptar con paz y agradecer con humildad. Si aceptamos regalos de otros con tanto cariño y alegría, ¿Cómo no hacerlo con este regalo perfecto que nos hizo nuestro Creador? Entonces, el amor propio contribuye a la confianza personal, disminuye los miedos y facilita la apertura a los demás.
¿Por qué es tan importante amarse a sí mismo?
1. Porque es la base de toda relación sana
El amor propio es el cimiento desde el cual podemos amar a los demás sin caer en dependencia, sacrificios desordenados o relaciones que nos dañan. Cuando me reconozco valioso, puedo amar con libertad, sin buscar que el otro me complete o me valide. Pasa muchas veces en los jóvenes, que estamos en relaciones de amistad o de noviazgos en las que nos damos cuenta que no estamos siendo tratados como merecemos, que la otra persona no esta aportando nada bueno a mi vida, que recibimos es lo mínimo siempre (y muchas veces ni eso), y nos acostumbramos a esto, lo normalizamos y hasta nos cuesta salir de ahí. ¿Y por qué pasa esto? Porque no tenemos clara nuestra identidad y tenemos un concepto errado del amor. Cuando comenzamos a reconocer y entender quiénes somos realmente, nos damos cuenta que no somos cualquier cosa, por lo tanto no merecemos cualquier cosa. Cuando tenemos la certeza firme de que somos hijos amados de Dios, nos damos el valor que merecemos y comenzamos a tener relaciones mas sanas que nos acerquen mas a Dios.
2. Porque me ayuda a sanar heridas que guardo en mi interior
Muchas personas cargamos heridas de rechazo, abandono, comparación o exigencia. El amor propio ayuda a reconciliarse con la propia historia, abrazar las fragilidades y descubrir que la dignidad no se pierde por las caídas.
3. Porque me ayuda a prevenir vínculos dañinos
Como mencioné anteriormente, una autoestima sana y un amor propio bien fundamentado ayudan a identificar relaciones que no respetan nuestra dignidad, a poner límites, a decir “no” sin culpa, y a elegir vínculos que construyen o edifican.
Componentes clave de la autoestima
Siguiendo con este punto de la autoestima, esta tiene unos componentes clave, como:
1. Autoconcepto
Es la imagen mental que tengo de mí: mis cualidades, defectos, historia y vocación.
2. Autoimagen
Es cómo me percibo físicamente y emocionalmente.
Es abrazar lo que soy, con mis luces y sombras, sin negar mi historia.
Es la confianza con la que puedo actuar, crecer, superar retos.
Es tratarme con dignidad, poner límites, cuidar mi cuerpo y alma.
Humildad: virtud indispensable
Es importante tener en cuenta que, en este camino de amarnos a nosotros mismos, hay una virtud indispensable, la humildad, que nos permite conocernos con realismo: ni impecables ni corrompidos, sino hijos de Dios. Esta virtud nos impulsa a buscar apoyo y valorar nuestra dignidad. La Virgen María es un gran ejemplo de humildad y grandeza, porque supo aceptar la voluntad de Dios con fe y obediencia, y a pesar de ser la madre de Jesús, reconocía su pequeñez ante Dios. -Y a veces en lo que parece pequeño realmente encontramos lo eterno (así como en la caja que parece pequeña pero dentro guarda algo inmenso)-.
Siete pilares para cultivar el amor a uno mismo
Ya sabiendo todo esto, quiero compartirles 7 tips o pilares para cultivar el amor propio inspirados por la hermana Glenda:
1. Calla tu juez interior
Jesús nos invita a la misericordia: “No juzguen y no serán juzgados” (Lucas 6, 37).
Muchas veces, somos más duros con nosotros que con los demás. Nos condenamos, nos reprochamos, nos exigimos perfección. Pero Dios no quiere que vivas bajo una sentencia interior.
La misericordia empieza por casa “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso” (Lucas 6,36). Esta invitación incluye la forma en que nos tratamos a nosotros mismos. El amor propio implica hablarnos con ternura, perdonarnos, acompañarnos en nuestras caídas, y no exigirnos perfección para merecer amor.
Tu papel no es juzgarte, sino aprender, crecer y confiar. Como dice la Palabra: “Dios es más grande que nuestra conciencia” (1 Juan 3, 20). Él te conoce, te comprende y te ama. Mírate con sus ojos: ojos de ternura y verdad.
2. Libérate de los opinólogos Jesús fue criticado por todos lados: por ayunar, por comer, por con quién se juntaba (Mateo 11, 18- 19). Pero nunca dejó que las opiniones ajenas definieran su camino. Su foco era cumplir la voluntad del Padre (Juan 5, 30).
Hoy también hay opinólogos por todas partes. Algunos te juzgan sin conocerte. Otros proyectan sus inseguridades sobre ti. Pero recuerda: la única mirada que realmente importa es la de Jesús, “el testigo fiel” (Apocalipsis 1, 5). Él conoce tu historia completa. Así que vive para agradar a Dios, no para complacer a todos.
3. Rompe con los autosabotajes
Moisés dudó de sí mismo: “Soy torpe de lengua”, le dijo a Dios (Éxodo 4, 10-12). Pero Dios no lo dejó escapar. Lo animó, lo acompañó, lo capacitó. Y Moisés, al confiar, se convirtió en el gran liberador de Israel.
A veces podemos dudar de nosotros mismos, tener miedos, inseguridades, excusas. Pero Dios no nos pide perfección: nos pide disponibilidad. Él te capacita para toda obra buena (2 Timoteo 3, 17). Y como dice San Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12, 9-10). Tu debilidad no es un obstáculo: es el lugar donde Dios se manifiesta.
4. No te insultes y trátate con respeto
Jesús nos advierte sobre el poder destructivo de las palabras: “Quien insulte a su hermano será llevado ante el tribunal” (Mateo 5, 22).
Si esto vale para los demás, también vale para ti. No te insultes, no te agredas, no te humilles. Tu alma merece respeto, incluso en tus momentos más difíciles, cuando te sientes cansado, triste, ansioso, solo, estresado, abrumado, aún en esos momentos, sigues siendo valioso. Y claro que es más difícil amarse cuando no siento motivación, cuando solo quiero llorar, cuando tengo un ataque de ansiedad, cuando nadie reconoce mis esfuerzos, cuando mi tiempo es limitado y me sumerjo en tantas ocupaciones, pero allí es donde probamos si realmente nos estamos amando, porque como les dije en un principio, amar no es simplemente un sentimiento bonito, muchas veces requiere de sacrificios, como levantarme de la cama aunque no quiera, hacer ejercicio aunque no tenga ganas, salir a estudiar y trabajar aunque no sienta la motivación para hacerlo, orar aunque no me sienta preparado, y en estos pequeños detalles es donde realmente nos estamos amando.
Entonces, es necesario que te trates con paciencia, con compasión, con dignidad. Y ese trato interior será fuente de paz, salud y reconciliación contigo mismo.
5. Acéptate incondicionalmente y aprecia lo que eres
Muchas personas se dicen: “Me aceptaré cuando sea más productivo, más atractivo, más exitoso…” Pero eso es poner condiciones al amor propio.
En la parábola del banquete (Lucas 14, 15-24), los invitados pusieron excusas para no asistir. ¿Y tú? ¿Qué excusas estás poniendo para no amarte hoy?
Dios te invita a entrar al banquete tal como eres. La idea no es que esperes a cambiar para aceptarte. Sino que comiences a amarte ahora, con tus luces y tus sombras. La aceptación incondicional es el primer paso hacia la transformación verdadera.
6. Cuida tu templo
San Pablo dice: “Ustedes son templo de Dios” (1 Corintios 3, 16-17).
“¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Corintios 6,19). Cuidar de nuestra salud física, emocional y espiritual es un acto de amor propio que honra la presencia de Dios en nosotros.
Tu cuerpo, tu mente, tu alma… todo tu ser es sagrado. Y lo sagrado se cuida, se honra, se protege. ¿Estás cuidando tu templo? ¿Tu rutina refleja tu dignidad? ¿Tu descanso, tu alimentación, tus pensamientos… están alineados con el amor que Dios tiene por ti?