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Asignatura: Redacción Periodística: Géneros de Opinión, Profesor: vicente clavero, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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La opinión es un pensamiento comunicado, la idea sobre las cosas que cada uno posee y transmite y comparte. Es el resultado de una elección constante entre la racionalidad y la irracionalidad.
un relato periodístico mediante el que se comunica algo verdadero” , pero rechaza su aplicación al mundo de la opinión porque “el comentario periodístico no tiene nada que ver con la verdad comunicada. Es una opinión subjetiva que se elabora y difunde mediante la habilidosa utilización de recursos retóricos destinados a provocar la persuasión de los púbicos receptores”.
Problema de Martínez Albertos No tiene en cuenta que la opinión se forma a partir de hechos, experiencias, creencias y realidad conocida. Esa realidad nos la proporcionan los medios de comunicación en forma de relatos informativos.
El hecho de que la opinión sea subjetiva no quiere decir que no pueda ser falaz, y se construyen opiniones falaces apoyándose en hechos sesgados o interpretados interesadamente. Por lo tanto, información y opinión o van por caminos tan separados, si un medio de comunicación se propone convencer de cierta opinión comenzará con la interpretación sesgada o interesada de los hechos.
La utilización de recursos retóricos destinados a provocar la persuasión no es otra que la utilización de argumentos. Los argumentos no son buenos o malos, sino veraces o falaces, dependiendo de la aplicación de una racionalidad argumentativa y de una disposición honrada a la hora de la interpretación de los hechos.
No se puede opinar sin ideas, sin criterios, sin sentido crítico. Podemos y debemos opinar, conocer otras opiniones y refutar aquellas que sean falaces.
Según su grado de profundidad y su relación a la verdad, los griegos distinguían entre doxa y epistéme.
sensorial, primaria e ingenua. El conocimiento dóxico versa sobre las apariencias, no sobre la realidad. Se trata de un conocimiento fenoménico y, en consecuencia, engañoso e, incluso, falso. De ahí que sea catalogado como un conocimiento inferior, empírico, característico de la gente no instruida, inculta, es el saber vulgar. Actualmente esta valoración negativa sobrevive cuando se homologa a opinión, al sentido común o al conocimiento ordinario que, por su
El periodismo de opinión pertenece al mundo subjetivo del comentario y el periodismo interpretativo al del relato. Se trata de dos actitudes diferentes ante los hechos que constituyen la actualidad. Podríamos agruparlas en tres categorías que originan la división clásica de los géneros periodísticos:
ACTITUDES GÉNEROS Información Noticia y reportaje corto Interpretación Crónica y reportaje en profundidad Opinión Artículo (editorial, suelto, columna y crítica)
El peligro para la credibilidad del periodismo está en la confusión entre interpretación y opinión. Los estudiosos del periodismo convocaron en 1951 reuniones internacionales para elaborar unas conclusiones que no se pusieron en práctica hasta después de 1968 y que Lester Markel resumió así:
La interpretación es un elemento básico en las tareas informativas.
La interpretación es un juicio objetivo apoyado en los antecedentes, el conocimiento de la situación y el análisis de un acontecimiento.
La interpretación es parte esencial de las noticias.
Habla de juicios objetivos y subjetivos, pero quizá no baste con esta distinción confusa si no se explica en qué consisten las cualidades de objetividad y de subjetividad.
Podríamos distinguir los siguientes juicios que el periodista va a tener la necesidad de utilizar en sus textos interpretativos y editorializantes:
Juicios analíticos Resultan de la percepción de un problema, de una realidad compleja que puede tener consecuencias aunque todavía no puedan determinarse con exactitud. Son juicios “a priori”. Están presentes en cualquier reportaje de investigación. No son juicios opinativos sobre los hechos que se narran, se explican y se relacionan.
Juicios sintéticos “A posteriori”, implican el conocimiento de unas causas y el establecimiento de unas consecuencias constatables. Se basan en la experiencia y permiten predecir ciertas realidades. Estos juicios no juzgan los hechos pero son fundamentales en las argumentaciones de muchos artículos de opinión.
Juicios hipotéticos No siempre es posible deducir unas determinadas consecuencias o efectos, entonces queda abierta una o varias hipótesis que se formulan como resultado del análisis realizado. Relatos interpretativos y argumentaciones.
Juicios disyuntivos Cuando se plantea una bifurcación en una alternativa con dos opciones. Muy útiles cuando han sido el resultado de análisis de situaciones y las posibilidades apuntadas suponen una advertencia sobre lo que puede pasar. Si se
utiliza para desaconsejar una de las opciones de la alternativa estamos ante una manifestación ideológica de carácter puramente opinativo.
Juicios categóricos Son juicios cerrados y explícitos. Juzgan hechos, personas o situaciones sin dejar espacio para la discrepancia cuando no se han razonado mediante argumentos. Son siempre opinativos y pueden subdividirse en tres categorías:
Juicios de hechos o de realidades Adjetivos y adverbios son la base para la elaboración de estos juicios. Un simple adjetivo o un sencillo adverbio pueden enjuiciar un suceso cualquiera.
Juicios de intenciones Un adjetivo y un análisis sirve como base para juzgar las intenciones supuestas en un actor político o cualquier otro representante social. Se trata de presuposiciones que no suelen sustentarse en un razonamiento racional.
Juicios de valor Juzgan personas, hechos y situaciones con adjetivos contundentes que se refieren a unos valores jerarquizados y de cualquier índole. Opinión más o menos racional.
Todos los juicios, excepto los categóricos, se utilizan y deben utilizarse en los relatos interpretativos dependiendo de las necesidades explicativas y contextualizadoras de los sucesos que protagonizan el texto. Si no hay análisis y síntesis no puede explicarse nada.
La narración de hechos basada en la explicación, la contextualización, la ilación, el análisis causal, la síntesis de las consecuencias y la aclaración de conceptos no constituye un texto opinativo, sino simplemente interpretativo.
El hecho interpretativo orienta de otro modo que el texto opinativo: el interpretativo es abierto, el opinativo más concluyente. La diferencia principal reside en la utilización de los juicios, que sitúan los límites entre la interpretación y la opinión.
Fernando Lázaro Carreter asegura que el lenguaje periodístico debe aspirar a ser el que utiliza una comunidad de hablantes de un nivel culto. Este lenguaje tiene unos rasgos diferenciales que permiten afirmar que los textos periodísticos son distintos del común de los textos literarios usuales. El lenguaje periodístico existe en función de unos cometidos comunicativos tan particulares que hacen imposible la analogía entre un texto periodístico y un texto literario. Entre ambos existen los siguientes rasgos diferenciales:
Al escritor no le urgen unas necesidades prácticas inmediatas.
El escritor se dirige a un receptor universal, mientras que el periodista conoce o debe conocer el sector del público al que se dirige, que es el que tiene una forma de pensar acorde con la ideología del periódico.
Periodismo, el contenido de un artículo puede ser secundario; interesan también y sobre todo dos cuestiones: la forma como método de estudio retórico y la carga opinativa que contenga.
La persuasión: el convencimiento y la manipulación.
Suponemos que los intentos del hombre por cambiar las opiniones del resto surgieron con el desarrollo del lenguaje, porque del lenguaje procede la capacidad de persuadir sin necesidad de recurrir a la fuerza física.
En estos momentos es tema de debate habitual la capacidad de los medios de comunicación para provocar cambios en la sociedad. En una era de ideologías en conflicto, cuando se está sometiendo a naciones enteras a través de los nuevos mc social y de las nuevas tecnologías, es necesario saber hasta qué punto se puede producir un cambio auténtico en la forma de pensar. -Algunos estudiosos opinan que un lavado de cerebro y las técnicas similares no sólo son irresistibles sino que conducen a cambios reales y permanentes en el aspecto político y religioso.
La interacción de los medios
Los mcm son el centro vital de las sociedades modernas. Uno de los aspectos fundamentales del poder radica precisamente en la información. Pero además, los medios tienen una función persuasiva, la que pretende arbitrar el control social sobre el conjunto de los individuos. Si bien es cierto que las imágenes que propagan los medios, por si solas, no crean nuevas actitudes, sino en combinación con unos sistemas complejos fuera de los cuales no tienen sentido: todo lo que se recibe se recibe según la capacidad de recibir del receptor. Al fin y al cabo persuadir es inducir, mover, obligar con razones a creer o a hacer algo. En un fenómeno de inducción que significa llevar sin violencia a otros en discursos o demás procedimientos, cuando hay más de una posibilidad real de acción.
El discurso persuasivo se utiliza para influir en las actitudes, las creencias, las opiniones o la conducta de los oyentes. Se trata de un proceso destinado a cambiar la actitud o comportamiento de una persona, mediante el uso de argumentos, para guiar hacia la adopción de una idea, actitud o la acción. De acuerdo con la afirmación de Aristóteles "la retórica es el arte de descubrir, en cada caso en particular, los medios adecuados para la persuasión". Los métodos de persuasión, también denominados tácticas de persuasión o estrategias de persuasión:
La retórica genera en el discurso tres operaciones fundamentales : Inventio, dispositio y elocutio.
A. La inventio: Confianza firme en la eficacia de un método y rechazo por el concepto equivocado de que lo espontáneo es más auténtico o más verdadero. -Las ideas han de ordenarse siempre con palabras también ordenadas; ese es el método-. En la inventio se decide cual elegir y se orientan dos líneas: una lógica y otra psicológica. La primera, la lógica, se sigue con la probatio que supone el establecimiento de pruebas que fundamentan la argumentación. La segunda, la psicológica, debe despertar alguna emoción en el receptor, lo que obliga a pensar en la estratega argumentativa y en el empleo de recursos que apelen a la subjetividad ideológica o moral del destinatario. Aristóteles dice que se persuade por medio del carácter moral cuando se pronuncia el discurso, de tal manera que haga al orador digno de ser creído y matiza que es conveniente que esto se produzca por medio del propio discurso y no porque la opinión haya anticipado este juicio respecto del orador. Estas transformaciones que realiza el escritor en el mismo discurso, son los razonamientos que se convierten en persuasivos por las operaciones lógicas de la inducción y la deducción.
B. La dispositio: En la inventio se discurre qué se va a decir y cómo se van a exponer los argumentos en el discurso; en esta segunda operación lógica se trata de poner en orden las palabras para la eficacia comprensiva de lo ideado. Aristóteles enumera dos partes:
Para Aristóteles la retórica es la contraparte a la dialéctica. Ambas tratan sobre temas opinables pero la dialéctica expone y la retórica busca en cada caso aquello que " es apto para persuadir, como lo que parece serlo ". La retórica para este autor posee unos elementos técnicos para dominar ese arte de la refutación y de la confirmación: es una disciplina argumentativa. Ningún artículo de opinión se escribe si no es para argumentar sobre cualquier cuestión; esta es una de sus características principales. El discurso argumentativo se compone de tres elementos: del que habla, de aquello acerca de lo cual se habla y de aquél a quien se dirige. A partir de esta separación de componentes del discurso, Aristóteles indica los géneros que resultan de la retórica: deliberativo, judicial, demostrativo. "En el aconsejar hay persuasión y disuasión, ya que igual los que aconsejan en privado como los que lo hacen de forma pública, hacen una de las dos cosas. En el pleito, de una parte es acusación y de otra defensa, y una de estas dos cosas es preciso que hagan los que pleitean. El género demostrativo tiene como propio, bien la alabanza, bien el vituperio". Cada uno de estos géneros adapta sus tiempos correspondientes: "Para el orador forense, el pasado, pues siempre es sobre cosas sucedidas como el uno acusa y el otro se defiende; para el demostrativo es el presente, pues todos alaban y reprochan sobre cosas que existen aunque muchas veces además actúan recordando lo pasado y conjeturando el futuro".
Aristóteles, además, señala los diferentes fines de cada uno de los tres géneros que definen la retórica y las diferentes proposiciones de las que dispondrá el orador según los asuntos de cada clase de género.
La argumentación es el método, y por tanto, para saber argumentar se requiere de un aprendizaje que no alejará la mentira pero si posibilitará el reconocerla con mayor raciocinio. Saber argumentar es indispensable para todo profesional cuya herramienta sea la palabra.
Una ciencia ha de ser racional y no puede conformarse con opiniones verosímiles: ha de probar los asertos, ha de elaborar un sistema de proposiciones sobre las cuales sea inevitable por la prueba el estar de acuerdo.
La argumentación cayó en el descrédito de constituir una pérdida de tiempo ya que no podía conseguirse con ella el consenso universal. De esta forma, la teoría de la argumentación no puede desarrollarse si se consigue la prueba como una reducción a la evidencia. El sentido de la argumentación es el estudio de las técnicas discursivas que permiten provocar o argumentar la adhesión de las personas a las tesis presentadas para su asentimiento. No hay que confundir evidencia con verdad ni con verosimilitud.
El artículo, en cualquiera de sus modalidades expresivas será muestra indispensable en cualquier estudio sobre la argumentación.
Perelman y Aristóteles serán los guías necesarios para abordar el estudio de los argumentos y de las falacias. Aristóteles desarrolla el concepto de argumentación clasificándolo, haciendo comprender la diferencia entre un argumento, y lo que se le parece pero no lo es: la falacia. En su obra Argumentos Sofísticos hace una clasificación de los argumentos:
Aristóteles ve en la dialéctica un arte de razonar metódicamente sobre una base de principios comunes a todas las cosas. La dialéctica puede abordar temas y asuntos de orden general o particular con la pretensión, no de demostrar su naturaleza, sino sólo sus aspectos, aceptando que son opinables y probables. Lo único que en ella queda bien delimitado es su técnica: razonar a partir de lo que comúnmente se opina o se cree y no con otro fin que el de hallar o aproximarse a la verdad, o de encontrar una norma de conducta para los asuntos éticos o morales.
Frente a la dialéctica se sitúan la erística y la sofística, que tienen en común con la dialéctica el hacer lo mismo que ésta, sólo que en apariencia. Razonan por medio de silogismos falsos y aparentes acerca de los mismas cuestiones que trata la dialéctica.
Aristóteles ha sistematizado los procedimientos del razonamiento ordinario, el de la conversación y el diálogo, y diferenció dos tipos de argumentaciones: las verdaderas y otras que no lo son pero lo parecen: las falacias. El acercamiento a la verdad y al conocimiento surgirá cuando nos habituemos a encontrar los argumentos válidos por el afán de conocer, no por el afán de imponer.
Los términos persuasión y argumentación son conceptos estrechamente relacionados, pero a la vez se establecen algunas diferencias.
La argumentación es una variedad discursiva con la cual se pretende defender una opinión y persuadir de ella a un receptor mediante pruebas y razonamientos. El argumento busca este objetivo mediante diferentes técnicas como la incitación a la lógica, la dialéctica y la retórica.
La persuasión puede ser determinada como el proceso o acto discursivo con la intención de encaminar a una audiencia a un cierto comportamiento o decisión. La persuasión es un proceso destinado a cambiar la actitud o comportamiento hacia algún evento, idea, objeto o persona, mediante el uso de palabras escritas o habladas para transmitir información, sentimientos, o el razonamiento, o una combinación de los mismos.
que ha de tener una influencia en la sensibilidad del lector. Además, esos datos deben ser
diversos que afectan tanto a la producción como a la recepción del mensaje; consiste en la correcta explicación, situando los datos en su contexto.
del discurso, ni estudiar la construcción y las figuras estilísticas sin tener en cuenta cuál es el objetivo de la argumentación.
En los textos de opinión, la coherencia tética, es decir, aquella que ha de respetar siempre la tesis principal que exponemos en nuestro texto, predomina. También encontramos una coherencia teórica y lógica, que nos permitirá demostrar por medio de presupuestos y métodos deductivos aquello de lo que pretendemos persuadir. El texto periodístico de opinión es una construcción discursiva retórica, cuyo principal objetivo es la persuasión que se vale de recursos lingüísticos, lógicos y científicos para exponer una tesis que se pretende verdadera o de valor universal. Esta idea no es nada más que la versión actualizada de los presupuestos de la Retórica aristotélica.
Aristóteles opina que es necesario no sólo atender a que lo expuesto en el discurso sea demostrativo y digno de crédito, sino también a cómo se inclinará la opinión. Distingue dos tipos de argumentos o pruebas: las lógicas o pseudológicas, que aspiran a convencer, y las psicológicas, que aspiran a emocionar. Más tarde se referirá también a las pruebas de persuasión, donde encontramos:
Ejemplo: hechos sucedidos o inventados, parábolas y fábulas Máximas: aseveración de alcance universal Entimemas: refutación. No pretende demostrar sino argumentar para convencer, fundándose en la verosimilitud. Se trata de un argumento desarrollado a partir de lo probable.
Aristóteles analiza también la expresión del discurso y cita varias reglas: claridad, corrección, expresión adecuada y elegancia. Finalmente, estudia las partes del discurso: exposición y demostración. La primera es la parte narrativa y la segunda es la parte destinada a la persuasión y la interpretación.
Tipos de argumentación: deductiva e inductiva
Habitualmente es posible y conveniente distinguir entre dos tipos de argumentación: la deductiva y la inductiva. Los argumentos deductivos tienen una forma estructural lógica, por la cual, dadas unas premisas verdaderas, la conclusión se hace "necesariamente verdadera". En los argumentos inductivos, por el contrario, no existe este tipo de implicación lógica. Las premisas únicamente hacen "plausible" la conclusión en mayor o menor medida, lo cual depende, no de la forma, sino de la simple relación de apoyo material entre los contenidos. Evidentemente, esta diferencia conlleva un análisis y evaluación distintos para cada tipo de argumento: en los deductivos además de premisas verdaderas se buscará una forma lógica
válida; en los inductivos bastará con que premisas verdaderas apoyen materialmente la conclusión y la evaluación se centrará en el grado o medida en que esto ocurre realmente.
La implicación lógica resulta de una inferencia que va usualmente desde un planteamiento general en las premisas a uno particular en la conclusión. En este sentido puede decirse que la conclusión no supone una nueva información sino algo ya implícito en las premisas; de aquí que sea "necesariamente" verdadera si éstas lo son. Las conclusiones inductivas, por el contrario, sólo pueden ser más o menos "plausibles" porque la inferencia se realiza en sentido contrario: desde planteamientos de carácter particular en las premisas se pasa a otro particular o general en la conclusión, lo cual sí constituye una nueva información. En tanto que nueva, las premisas pueden apoyar su verdad pero no asegurarla.
Argumentos inductivos y deductivos
La inducción y la deducción no son sólo estructuras comunicativas, sino también distinguen la naturaleza de los diferentes argumentos o razones expresivas a los que todo discurso expresivo debe acudir. Depende de dos cuestiones:
Hay que entender que los argumentos inductivos o deductivos tienen, cada uno de ellos, unas posibilidades para la comunicación persuasiva muy diferentes y complementarias. Debido su variada naturaleza no puede hacerse una clasificación concreta ya que sería muy extensa. Pero si puede hacerse una clasificación de aquellos modelos de argumentos que hoy se utilizan en la prensa de información general, no especializada y de difusión masiva.
INDUCTIVOS
FALACIAS MATERIALES O DE INFERENCIA: Tipos:
1. Por datos insuficientes: inductivas
Los racionalistas adoptaron como principio que la causa es igual al efecto: tiene que hacer una completa correspondencia entre la causa y el efecto.
B) El nexo causal y la argumentación: la búsqueda de un nexo causal que explique los hechos o que los justifique forma parte esencial del núcleo de la mayoría de las argumentaciones. El establecimiento de un nexo causal debe permitir argumentaciones de tres tipos:
La argumentación por la causa supone, cuando se trata de actos humanos, que éstos sean razonables. Los buenos argumentos han de explicar cómo la causa conduce o puede conducir al efecto. Además, y para ello, deberá apoyarse en todos los datos que puedan justificarlo. Es decir, no basta con enunciar, hay que probar.
C) El argumento pragmático: aquí hablamos del valor de las consecuencias. Transfiere a la causa una cualidad dada por la consecuencia. Con este argumento quién esté acusado de mala acción, puede esforzarse por romper el nexo causal y hacer que la culpabilidad recaiga sobre algún otro o sobre las circunstancias. Un uso característico del argumento pragmático consiste en proponer el éxito como criterio de objetividad. D) La falsa causalidad: La interpretación de hechos como origen de falsas causalidad: Aristóteles dijo que la <
a defender, pero también a persuadir y a convencer de que no hay otra posible. Todas estas formas tienen en común el tratar de demostrar una proposición mediante un argumento que una como premisa la misma proposición que se trata de probar. La petición de principio tiene en la retórica de los artículos de opinión y en las tertulias o debates audiovisuales gran importancia porque es muy utilizada. El que opina no expresa sus razones y luego extrae una conclusión, sino que quiere dominar el auditorio, obligarle a adherirse a sus criterios. Hay una distinción: o La petición de principio para expresar opiniones ideológicas de un modo retóricamente contundente porque al que así las expresa no le importa en absoluto debatirlas, proponerlas, sino depositarlas como un martillazo. o La petición de principio para atacar a un contrario. En este caso sería la forma argumental y el ad hominem el contenido del argumento.
La petición de principio como arma ideológica:
En ocasiones es una provocación muy propia de personas con genio e ingenio, que lo que pretenden, más que asentar una verdad, su verdad, es promover reacciones o el escándalo. Su actitud de provocación está encaminada a escandalizar. Cierto desinterés hacia las personas y un marcado interés hacia los conceptos.
La petición de principio y el argumento << ad adsurdum >>:
La coincidencia de la similitud de estructuras circulares en una argumentación basada en la petición de principio y en otra construida con la falacia de la reducción al absurdo no debe ser motivo de confusión. Si a un artículo le eliminamos la forma del petitio principii , lo que nos queda es muy útil porque existen otros raciocinios que pueden enriquecernos. En un artículo basado en el ad absurdum no podemos quitar y poner porque no hay nada. Quiere hacer prevalecer la apariencia del contenido cuando sólo existe continente. En ambos casos se manifiesta una forma de ser y de entender la ideología. Pero a pesar de todo, es preferible la petición de principio porque , salvando su tono autoritario, podemos extraer algo valioso. De la reducción al absurdo sólo nos queda un <<apaga y vámonos>>.
La falacia que constituye una argumentación petitio principii no significa que no se invalide el resto de la argumentación. Es un problema de formas. Pero esas formas son códigos que nos recuerdan que la verdad absoluta no la posee nadie.
f) La petición de principio y el argumento por oposición: el falso dilema: cuando en una argumentación se presentan dos opciones que aparentemente son contrarias, opuestas, con un dilema, o una disyuntiva que hay que resolver optando por una de esas dos opciones, estamos ante un argumento por oposición. Se trata de una alternativa. A veces es resultado de un proceso durante el cual se han ido descartando otras posibles opciones para dejarlas en dos que son paradójicamente contrarias. Una petición de principio formulada con una falsa oposición hace verdaderamente imposible el diálogo y el debate. g) La petición de principio y el argumento ad hominem : el caso Umbral: otro modo muy frecuente de utilizar la petición de principio es acompañarla de un argumento ad hominem en cualquiera de sus formas, ofensiva o circunstancial. Francisco Umbral no
apela a la razón, sino a esa emoción de la palabra vibrante, la que no sobra, la que va directa como un ultrasónico misil a su objetivo. Umbral es un maestro de estas falacias retóricas con las que considera expresarse mejor y para siempre. Es su estilo como columnista: es su alma de crítico escritor. h) El argumento por el ejemplo: cuando queremos explicar algo en nuestro razonamiento acudimos en muchas ocasiones al ejemplo como ayuda. Perelman distingue tres tipos de ejemplos: o El ejemplo específico que se emplea para justificar una generalización. o La ilustración, que sostendrá una realidad ya establecida. o El modelo, que incitará a la imitación.
En el primer caso se trata de un procedimiento inductivo muy eficaz pero también puede ser sumamente tramposo. Generalizar sobre cualquier tema o asunto es un recurso argumentativo falaz, ya que hay muchas excepciones. También puede ocurrir que se utilice una generalización para defender valores que se creen perdidos o para establecer un conjunto de causas que ayuden a comprender el problema y atajarlo.
Los ejemplos pueden y deben utilizarse. Se extraen de sucesos de la vida diaria. No son falaces los ejemplos por si mismos sino por la manera de utilizarlos. Los buenos ejemplos requieren un poco de investigación y conocimiento porque:
o Han de ser fiables, incuestionables y más de uno o Han de ser representativos o Han de estar informados o Habrá que evaluar por último si la conclusión final no puede quedar de inmediato invalidada por contraejemplos de la misma naturaleza que indiquen lo contrario.
La argumentación mediante el ejemplo no es un procedimiento fácil. Si se emplea debidamente es persuasivo y muy útil para la argumentación.
i) La ilustración o la parábola escueta: la ilustración sirve para reforzar la adhesión a una regla conocida y admitida. Para ello, proporciona en el proceso argumentativo casos particulares que esclarecen el enunciado general. Pero la ilustración puede convertirse en más que dudosa si se emplea de un modo selectivo. Siempre se trata de una inducción, no de una prueba. Funciona más para aclarar lo que se quiere decir. j) El modelo y el antimodelo: cuando se trata de una conducta, un comportamiento particular puede servir para fundamentar una regla general y también para incitar una acción que se inspira en ese modelo. Este concepto de modelo lleva también su contrario, el antimodelo, que sirve para evitar una conducta o una acción determinada. Pueden servir de modelo las personas o los grupos cuyo prestigio valore sus actos. Para servir de modelo es necesario un mínimo de prestigio. k) El argumento por analogía y la falsa analogía: se utiliza con frecuencia para intentar demostrar los acertado de una aserción, de una idea o de una creencia. Hay que mostrarse cauteloso ante la analogía cuando se utiliza como un medio de prueba. La analogía es muy estimable porque crea una comparación de imagen que puede dar