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texto argumentativo sobre las consecuencias economicas que trajo y dejo la pandemia del covid -19
Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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Después de la pandemia que afectó a la economía a nivel global, el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania vuelve a ponernos en aprietos. Y es que Rusia es el primer exportador mundial de fertilizantes y, ante la escasez del mismo, los cultivos peruanos y de todo el mundo peligran. Los alimentos y los costos de producción se encarecen. Así, las personas que viven de actividades económicas como la agricultura y la ganadería temen lo peor. A esto le sumamos el hecho de que podría darse un desabastecimiento de alimentos y, con ello, los efectos de la malnutrición (anemia, desnutrición crónica) podrían acentuarse. Según el Instituto Nacional de Salud, el 40.1% de niños de 6 a 35 meses tiene anemia en el Perú, este es uno de los principales problemas de salud pública que afecta a nuestro país. Para el Mag. Jose Luis Chicoma, exministro de la Producción y experto en desarrollo sostenible, la crisis alimentaria puede detectarse en tres dimensiones o momentos: 1) la pandemia que afectó la producción de alimentos y la demanda de los mismos; 2) el incremento del precio de los alimentos, ahora que la inflación bordea ya el 14% sumada a la escasez de fertilizantes que afecta a los agricultores familiares; y 3) la más importante para él, la crisis alimentaria a largo plazo, generada por varios factores estructurales. 73% de las unidades agropecuarias es de subsistencia. La atención prioritaria y la apuesta que ha hecho el Estado por la agricultura de exportación se refleja en mayor inversión en infraestructura de riego, acuerdos comerciales y tratados tributarios preferenciales. Sin embargo, esto ha debido venir acompañado de un similar impulso a la agricultura familiar, que es la más vulnerable a pesar de que es la que alimenta a más peruanos”. “Siempre va a haber problemas, porque no se atiende de la manera correcta a los agricultores familiares. El 73% de las unidades agropecuarias es de subsistencia, es decir, 3/4 partes es agricultura familiar. Esta es la que tiene mayores problemas de productividad, de acceso a mercados y de comercialización”, comenta Chicoma. El exministro de Produce será keynote speaker de la conferencia LCA of Foods 2022, organizada por la PUCP el próximo octubre, donde hablará sobre la relación entre la crisis alimentaria de corto plazo y los problemas estructurales de sostenibilidad de los sistemas alimentarios. Por su parte, el Dr. Manuel Glave, profesor del Departamento de Economía, considera que a nivel mundial ya había una tendencia de ir reduciendo la inseguridad alimentaria de manera sistemática, por más de 20 años, y el Perú no era la excepción. De hecho, se registró un boom de crecimiento económico que no solo redujo la pobreza monetaria, sino también la inseguridad alimentaria. Sin embargo, factores como El Niño Costero del 2017 y la pandemia afectaron estas tendencias. “La campaña agrícola 2016-2017 y la de 2017-2018 sufrieron las consecuencias de El Niño Costero. La pandemia fue también un golpe duro. Hubo un proceso de migración de retorno al campo porque no había mecanismos para lograr la seguridad alimentaria en las ciudades. Del 2019 al 2020, el porcentaje de hogares en pobreza pasó del 20% al 30% y bajó del 30% al 25% del 2020 al 2021. La pandemia más la guerra de Rusia con Ucrania nos ponen contra las cuerdas. Desde la universidad o los centros de investigación, consideramos que habríamos pasado de un 10% a 15% de los hogares en el Perú en inseguridad alimentaria. Eso quiere decir que uno de cada siete hogares no tiene los suficientes alimentos”, precisa Glave. Replantear prioridades Para los especialistas, en este momento es clave prestar atención a las poblaciones vulnerables. Dentro de este grupo, encontramos a los agricultores familiares. ¿Por qué es importante resolver los problemas de la pequeña agricultura? Según un último estudio del Centro Peruano de Estudios Sociales (Cepes), el 57% de los alimentos que consumimos los peruanos provienen de la agricultura familiar.
Además de poner en riesgo la alimentación, peligran los puestos de trabajo. José Luis Chicoma precisa que tres millones de personas son empleadas por la agricultura familiar, esto es el 83% de los trabajadores agrícolas. “La atención prioritaria y la apuesta que ha hecho el Estado por la agricultura de exportación se refleja en mayor inversión en infraestructura de riego, acuerdos comerciales y tratados tributarios preferenciales. Sin embargo, esto ha debido venir acompañado de un similar impulso a la agricultura familiar, que tiene serios problemas y es la más vulnerable a pesar de que es la que alimenta a más peruanos”, precisa Chicoma. Estos agricultores tienen muchos problemas de productividad, acceso a servicios de extensionismo, capacitación, asistencia técnica, créditos e infraestructura de riego. Cuentan con bajísimos índices de acceso a herramientas que podrían mejorar su productividad, lo que no les permite abastecer a la población al ritmo que crece la demanda. Por ello, el exministro de Produce ve en esta crisis una gran oportunidad para apoyar en la modernización de los mercados de abasto -existen al menos 2,600 en el país- en infraestructura, logística, etc., ya que estos mercados tradicionales alimentan a 7 de cada 10 peruanos. Hay una clara necesidad de trabajar en conjunto para visibilizar que son una de las principales vías para comercializar productos de la agricultura familiar. ¿Cómo enfrenta la crisis el gobierno de turno? El gobierno ha anunciado ciertas medidas para combatir esta crisis. Entre ellas, la entrega de un bono alimentario por tres meses, esto significa S/ 400 millones por mes, y la formación de una comisión de alto nivel para enfrentar la crisis alimentaria. La FAO ya lo dijo, 15.5 millones de personas, casi la mitad de la población, está en inseguridad alimentaria moderada o grave. De la grave, estamos hablando de 7.7 o 7.8 millones de personas que necesitan un bono alimentario inmediato y suficiente. El Estado ha anunciado un bono que solo alcanzaría a 2.2 millones de personas”, expresa preocupado Chicoma. La profesora Mag. Karissa Becerra, indica que el impacto que pueda sufrir la gastronomía como actividad económica es irrelevante frente a la crisis alimentaria que vive el mundo. “Nosotros no podemos tener una industria gastronómica tan boyante cuando tenemos a más de la mitad del país en inseguridad alimentaria. La alta gastronomía no puede representarnos cuando tenemos carencia de alimentos”, afirma. Ante la falta de recursos para comprar alimentos en ciertos sectores y el encarecimiento de los costos de producción, considera que el Estado debe trabajar para garantizar la alimentación de los peruanos, pues no basta con entregar canastas que contengan productos por vencer o nada nutritivos. Cree que urge brindar a la población educación alimentaria basada en una tabla de alimentación. Dependencia de la úrea “Necesitamos úrea y fosfato. Y si no hay en el mercado tradicional, hay que buscar el insumo externo. Con el ministro de Agricultura y Riego, Víctor Mayta, en los primeros meses de este gobierno, se estaba hablando de la posibilidad de tener convenios de importación con Venezuela, país que tiene la capacidad de producción de úrea y podríamos garantizar el abastecimiento de nuestra agricultura. De igual manera, opina Chicoma, quien afirma que los fertilizantes naturales pueden ser una opción paralela, pues aún es muy relevante la necesidad de la úrea importada. “No se puede decidir utilizar solo abonos orgánicos de la noche a la mañana. Para ello, habría que pasar dos procesos: el de adaptación de suelos, y el de adquisición de habilidades y asistencia técnica a los agricultores para poder tener los mismos rendimientos”, explica el especialista en sistemas alimentarios.