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82 GEOGRAFÍA cauces cuando sube la marea, por tanto no se desbordan ni anegan las llanuras. Este río constituye el límite de la expedición de Bruto, pero más allá existen otros cuantos ríos, paralelos a los mencionados. Los que viven más alejados son los ár- 5 tabros, en las proximidades del cabo que Ártabros llaman Nerio, que separa los flancos oc- y montañeses cidental y norte. En sus cercanías viven celtas *5?, emparentados con los de las orillas del Anas. Dicen que en una ocasión en que hicieron allí una campaña militar éstos junto con los túrdulos, se sublevaron tras pasar el río Limea, y que luego de la re- vuelta, como sobreviniera la pérdida de su jefe, permane- cieron en el lugar dispersos **; y por esto es por lo que 4 el río sería llamado Olvido. Tienen los ártabros numerosas ciudades agrupadas en el golfo que los navegantes que tie- nen relación con estos lugares denominan Puerto de los Ártabros '%%, Hoy día se llama arrotrebas a los ártabros. Son alrededor de treinta las tribus que se reparten el territorio entre el Tago y los ártabros, pero a pesar de ser próspera la región por sus frutos, pastos y abundancia de oro, plata y metales análogos, la mayoría de ellos pasaban la vida apartados de la tierra, en piraterías y en continua 15 Plinio nombra tres tribus de estos célticos: Celtici supertamarici, C. prae-tamarici y C. nerii. (Tamaris=Tambre). 15% Puro (Historia Natural YV 112) coloca en esta región a unos turduli veteres. La realidad del dato viene avalada por dos inscripciones encontradas en el área y que hablan de este pueblo (véase A. CorLmo FERREIRA, Gaia 1, 1983, págs. 9-26, y A.E., 1975, n. 513). 15% ToLemEo, 11 6, 4, lo llama Portus Magnus y en Il 6, 21, lo sitúa entre Cabo Nerio y el Tambre, o sea, en Corcubión; pero MELA, HI 113, dice que allí desembocan el Mearus (Mera) y el Jubia, o sea, que lo traslada mucho más al norte, entre las rías de Ortigueira y El Ferrol. LIBRO II 83 guerra entre sí y contra sus vecinos de la otra orilla del Tago, hasta que los pacificaron los romanos, haciéndolos bajar al llano '%ó y convirtiendo en aldeas la mayor parte de sus ciudades '””, aunque también asociándose a algunas como colonos en mejores condiciones. Fueron los monta- ñeses los que originaron esta anarquía, como es natural; pues al habitar una tierra mísera, y tener además poca, estaban ansiosos de lo ajeno. Los demás, al tener que de- fenderse, quedaron por fuerza en la situación de no poder dedicarse a sus propias tareas, de modo que también ellos guerreaban en vez de cultivar la tierra. Y sucedía que la tierra, descuidada, quedaba estéril de sus bienes naturales y era habitada por bandidos **. Dicen de los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pe- queño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto con correas porque no lleva abrazade- ra ni asas, y portan además un puñal o un cuchillo '5. 6 Los lusitanos 156 Roma siguió con los lusitanos, cántabros y celtíberos una política de traslado de poblaciones y en concreto de hacerles abandonar sus ciu- dades de montaña para un mayor control de las tribus rebeldes (cf. APIA- No, Iber. 99; Foro, 11 33, 52, y 33, 59). 157 Referencia al derribo de murallas, puesto que la ciudad es fortifi- cada y la aldea no. 158 Las causas de las guerras lusitanas hay que buscarlas efectivamen- te en la pobreza de algunas zonas ocupadas por este pueblo, lo que les impulsaba a contratarse como mercenarios de las ricas ciudades del sur o a realizar prácticas que, desde la óptica de Roma, se califican como de bandidaje. Así vemos como D. Junio Bruto, gobernador de la Ulterior para los años 138-137 a. C., deseando eliminar la agitación de los que habían seguido a Viriato, les dio tierras de cultivo. 159 Se conoce como «falcata» este cuchillo curvo que es el arma típi-