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TEXTO PETER T. FURST, Apuntes de Historia de los Estados Unidos

Texto de PETER T. FURST de la asignatura religion y simbolismo en las culturas indigenas americanas.

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 29/04/2019

Issssamarrtin
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Isabel Martin Redondo.
Religión y simbolismo en las culturas indígenas americanas.
Grupo A1.
PETER T. FURST. LOS ALUCINÓGENOS Y LA CULTURA.
Se ha descubierto que los sistemas químicos activos del cerebro humano son
“parientes” de las sustancias que promueven el crecimiento en las plantas, incluyendo
varias que son psicoactivas. La conversación interdisciplinaria de 1970 entre Richard
Evans Schultes y Weston La Barre ha contribuido a fijar todo el fenómeno psiquedélico
en un marco cultural-histórico e ideológico, y le ha dado una profundidad de tiempo que
teóricamente se remonta hasta el Paleolítico.
En 1970, La Barre publicó en Economic Botan y: “Narcóticos del Viejo y Nuevo
Mundo: una interrogante estadística y una respuesta etnológica”. Los primeros
americanos difícilmente podrían considerarse como “primitivos”. Por el contrario, el
escaso material óseo antiguo de que disponemos nos muestra que en realidad eran
modernos homo sapiens, que variaban del tipo asiático-caucásico al mongoloide no
especializado, y que por lo general se parecían a los pueblos indígenas de la actualidad.
Según el desarrollo de la hipótesis original de La Barre, en el Nuevo Mundo en
contraste, la forma ancestral de vida (caza y recolección alimentos), y las creencias y
rituales religiosos adaptados a ella, persistieron en el tiempo y el espacio por una
extensión mucho mayor que en el Viejo; y, además, la base fundamental chamanística
fue mucho mejor preservada, aun en las religiones agrícolas de las grandes
civilizaciones que surgieron en Mesoamérica y en los Andes, al igual que en las
sociedades de cultivo más sencillas.
En The Natural Mind (1972) el doctor Andrew T. Weil ha argumentado que “el deseo de
alterar periódicamente la conciencia es un impulso innato, normal, análogo al hambre o
al impulso sexual”.
La semilla de sophora, ha disfrutado de un reino ininterrumpido de más de diez mil
años operando como foco del chamanismo-extático-visionario. El peyote tiene una
historia cultural probada de más de dos mil años en Mesoamérica. Más de diez mil
huicholes y muchos otros indígenas mexicanos continúan considerando que el peyote es
sagrado y que posee grandes poderes terapéuticos para el cuerpo y la mente.
En áreas de América del Norte muchos pueblos aborígenes obtuvieron los mismos fines
con medios no-químicos, tales como ayuno, padecimiento de sed, automutilación,
tortura, exposición a los elementos, insomnio, danzas incesantes y otros medios de
agotamiento total, sangrías, inmersión en estanques congelados, lnmersión hasta el
borde de la asfixia, laceración con espinas y con dientes animales, así como otros
procedimientos de dolor; también mediante una variedad de “detonadores” no dañinos,
como distintos tipos de actividad rítmica, autohipnosis, meditación, cantos, tambores y
música.
Entonces vemos que lo que varia es la sociedad, no los alucinógenos.

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Isabel Martin Redondo. Religión y simbolismo en las culturas indígenas americanas. Grupo A1.

PETER T. FURST. LOS ALUCINÓGENOS Y LA CULTURA.

Se ha descubierto que los sistemas químicos activos del cerebro humano son “parientes” de las sustancias que promueven el crecimiento en las plantas, incluyendo varias que son psicoactivas. La conversación interdisciplinaria de 1970 entre Richard Evans Schultes y Weston La Barre ha contribuido a fijar todo el fenómeno psiquedélico en un marco cultural-histórico e ideológico, y le ha dado una profundidad de tiempo que teóricamente se remonta hasta el Paleolítico.

En 1970, La Barre publicó en Economic Botan y: “Narcóticos del Viejo y Nuevo Mundo: una interrogante estadística y una respuesta etnológica”. Los primeros americanos difícilmente podrían considerarse como “primitivos”. Por el contrario, el escaso material óseo antiguo de que disponemos nos muestra que en realidad eran modernos homo sapiens, que variaban del tipo asiático-caucásico al mongoloide no especializado, y que por lo general se parecían a los pueblos indígenas de la actualidad.

Según el desarrollo de la hipótesis original de La Barre, en el Nuevo Mundo en contraste, la forma ancestral de vida (caza y recolección alimentos), y las creencias y rituales religiosos adaptados a ella, persistieron en el tiempo y el espacio por una extensión mucho mayor que en el Viejo; y, además, la base fundamental chamanística fue mucho mejor preservada, aun en las religiones agrícolas de las grandes civilizaciones que surgieron en Mesoamérica y en los Andes, al igual que en las sociedades de cultivo más sencillas.

En The Natural Mind (1972) el doctor Andrew T. Weil ha argumentado que “el deseo de alterar periódicamente la conciencia es un impulso innato, normal, análogo al hambre o al impulso sexual”.

La semilla de sophora, ha disfrutado de un reino ininterrumpido de más de diez mil años operando como foco del chamanismo-extático-visionario. El peyote tiene una historia cultural probada de más de dos mil años en Mesoamérica. Más de diez mil huicholes y muchos otros indígenas mexicanos continúan considerando que el peyote es sagrado y que posee grandes poderes terapéuticos para el cuerpo y la mente.

En áreas de América del Norte muchos pueblos aborígenes obtuvieron los mismos fines con medios no-químicos, tales como ayuno, padecimiento de sed, automutilación, tortura, exposición a los elementos, insomnio, danzas incesantes y otros medios de agotamiento total, sangrías, inmersión en estanques congelados, lnmersión hasta el borde de la asfixia, laceración con espinas y con dientes animales, así como otros procedimientos de dolor; también mediante una variedad de “detonadores” no dañinos, como distintos tipos de actividad rítmica, autohipnosis, meditación, cantos, tambores y música.

Entonces vemos que lo que varia es la sociedad, no los alucinógenos.