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textos latinos, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Arte Romano, Profesor: Alexandra Uscatescu, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 01/06/2014

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LITERATURA LATINA. EVOLUCIÓN CRONOLÓGICA. TEXTOS
COMEDIA
ESCENA PRIMERA EUCLIÓN, ESTÁFILA
EUC. — ¡Fuera, digo, hala, fuera, afuera contigo, maldición!, ¡mirona, más que mirona, con esos ojos de
arrebañadera!
ESTÁ. — Pero, ¿por qué me pegas? ¡Desgraciada de mí!
EUC. — ¿Que por qué te pego, desgraciada! Pues para que lo seas de verdad y para que lleves una vejez
tal como te la mereces, de mala que eres.
ESTÁ. — Pero, ¿por qué me echas ahora de casa?
EUC. — ¿A ti te voy a tener que dar yo cuentas cosechera de palos? ¡Allí, retírate de la puerta! ¡Mira qué
manera de moverse! ¿Pues sabes lo que te espera? ¡Maldición! ¡Como llegue a echar mano de un
palo o de un látigo, verás cómo te alargo esos pasitos de tortuga!
ESTÁ. — ¡Mejor prefería verme en la horca que no tener que servir en tu casa en esta forma!
EUC. — ¡Mira cómo rezonga para sus adentros, la maldita! Los ojos te voy a sacar, malvada, para que no
puedas andar espiando lo que hago. Retírate más, un poco más, un —¡eh!, para ahí—. Te juro que si te
mueves de ahí ni un dedo ni una uña o si vuelves la cara para acá antes de que yo te lo ordene, en la horca
vas a acabar, a ver si así aprendes. No he visto en mi vida una vieja más mala que ésta. ¡Menudo miedo la
tengo!, de que se las arregle para engañarme si me descuido y que se huela dónde está escondido el oro;
en la nuca tiene también ojos, la maldita. Bueno, voy ahora a dar una vuelta, a ver si está todavía el oro
allí donde lo dejé, desgraciado de mí, que no me deja este asunto ni un momento de tranquilidad. (Entra
en casa.)
ESTÁ. — Por Dios, que no puedo figurarme qué clase de maleficio o de locura le ha entrado a mi amo: lo
mismo que ahora me echa de casa hasta diez veces al día, desgraciada de mí. Por Dios, que no sé
qué mal le trae de esta manera; se pasa las noches enteras en vela, por el día no se mueve de casa, ¡ni que
fuera un zapatero cojo! Y no sé ya cómo ocultarle la deshonra de su hija, que está a punto de dar a luz; me
parece que la mejor solución sería echarme una soga al cuello y quedarme colgando como una
espingarda.(Plauto, La comedia de la olla, 40-78, trad. de Mercedes González-Haba).
ÉPICA
[En el monte] Remo se encomienda al auspicio y observa
solo el ave propicia. En cambio el bello Rómulo busca
en el alto Aventino, observa el linaje de los que vuelan a lo alto.
Competían por llamar a la ciudad Roma o Rémora.
A todos los hombres les inquietaba cuál de los dos sería el jefe.
Permanecen a la espera como cuando, en el momento que el cónsul se dispone a dar la
Señal, todos observan expectantes las barreras de las cuadras
Por ver con qué rapidez lanza los carros a través de las salidas decoradas.
Así permanece a la espera el pueblo y en sus rostros reflejaba su temor por saber
A cuál de los dos le proporcionarían los acontecimientos la victoria del gran reino.
(Ennio I 47, traducción de Juan Martos)
PROSA TÉCNICA
De vez en cuando sería ventajoso buscar fortuna mediante el comercio, si no fuera tan arriesgado, y
asimismo prestar dinero a interés, si fuera tan honorable. Nuestros antepasados así lo consideraron y
establecieron consecuentemente en las leyes que el ladrón fuera condenado al doble y el usurero al
cuádruplo. Por esta medida se pueda apreciar cuánto peor ciudadano consideran al usurero que al ladrón.
Y cuando elogiaban a un hombre honrado, lo ensalzaban de la siguiente manera: buen agricultor, buen
labrador; y el que era elogiado en estos términos, pasaba por recibir el mejor de los elogios. (Catón, Sobre
el cultivo del campo, prólogo, trad. de A. Castresana).
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LITERATURA LATINA. EVOLUCIÓN CRONOLÓGICA. TEXTOS

COMEDIA

ESCENA PRIMERA EUCLIÓN, ESTÁFILA

EUC. — ¡Fuera, digo, hala, fuera, afuera contigo, maldición!, ¡mirona, más que mirona, con esos ojos de arrebañadera! ESTÁ. — Pero, ¿por qué me pegas? ¡Desgraciada de mí! EUC. — ¿Que por qué te pego, desgraciada! Pues para que lo seas de verdad y para que lleves una vejez tal como te la mereces, de mala que eres. ESTÁ. — Pero, ¿por qué me echas ahora de casa? EUC. — ¿A ti te voy a tener que dar yo cuentas cosechera de palos? ¡Allí, retírate de la puerta! ¡Mira qué manera de moverse! ¿Pues sabes lo que te espera? ¡Maldición! ¡Como llegue a echar mano de un palo o de un látigo, verás cómo te alargo esos pasitos de tortuga! ESTÁ. — ¡Mejor prefería verme en la horca que no tener que servir en tu casa en esta forma! EUC. — ¡Mira cómo rezonga para sus adentros, la maldita! Los ojos te voy a sacar, malvada, para que no puedas andar espiando lo que hago. Retírate más, un poco más, un —¡eh!, para ahí—. Te juro que si te mueves de ahí ni un dedo ni una uña o si vuelves la cara para acá antes de que yo te lo ordene, en la horca vas a acabar, a ver si así aprendes. No he visto en mi vida una vieja más mala que ésta. ¡Menudo miedo la tengo!, de que se las arregle para engañarme si me descuido y que se huela dónde está escondido el oro; en la nuca tiene también ojos, la maldita. Bueno, voy ahora a dar una vuelta, a ver si está todavía el oro allí donde lo dejé, desgraciado de mí, que no me deja este asunto ni un momento de tranquilidad. (Entra en casa.) ESTÁ. — Por Dios, que no puedo figurarme qué clase de maleficio o de locura le ha entrado a mi amo: lo mismo que ahora me echa de casa hasta diez veces al día, desgraciada de mí. Por Dios, que no sé qué mal le trae de esta manera; se pasa las noches enteras en vela, por el día no se mueve de casa, ¡ni que fuera un zapatero cojo! Y no sé ya cómo ocultarle la deshonra de su hija, que está a punto de dar a luz; me parece que la mejor solución sería echarme una soga al cuello y quedarme colgando como una espingarda.(Plauto, La comedia de la olla , 40-78, trad. de Mercedes González-Haba).

ÉPICA

[En el monte] Remo se encomienda al auspicio y observa solo el ave propicia. En cambio el bello Rómulo busca en el alto Aventino, observa el linaje de los que vuelan a lo alto. Competían por llamar a la ciudad Roma o Rémora. A todos los hombres les inquietaba cuál de los dos sería el jefe. Permanecen a la espera como cuando, en el momento que el cónsul se dispone a dar la Señal, todos observan expectantes las barreras de las cuadras Por ver con qué rapidez lanza los carros a través de las salidas decoradas. Así permanece a la espera el pueblo y en sus rostros reflejaba su temor por saber A cuál de los dos le proporcionarían los acontecimientos la victoria del gran reino. (Ennio I 47, traducción de Juan Martos)

PROSA TÉCNICA

De vez en cuando sería ventajoso buscar fortuna mediante el comercio, si no fuera tan arriesgado, y asimismo prestar dinero a interés, si fuera tan honorable. Nuestros antepasados así lo consideraron y establecieron consecuentemente en las leyes que el ladrón fuera condenado al doble y el usurero al cuádruplo. Por esta medida se pueda apreciar cuánto peor ciudadano consideran al usurero que al ladrón. Y cuando elogiaban a un hombre honrado, lo ensalzaban de la siguiente manera: buen agricultor, buen labrador; y el que era elogiado en estos términos, pasaba por recibir el mejor de los elogios. (Catón, Sobre el cultivo del campo , prólogo, trad. de A. Castresana).

SÁTIRA

Tú, Albucio, preferiste ser tenido por griego antes que por romano y sabino, munícipe de los centuriones Poncio y Tritano, hombres ilustres y primeros alféreces del pueblo, y por tanto en Atenas, al acercarte a mí, te saludo en griego como tú preferiste: Xai=re te digo, Tito. ¡Y los lictores, la cohorte entera y el coro Xai=re, Tito! agregaron. Desde entonces Albucio es mi enemigo declarado. (Lucilio, Marx 88-94, traducción de José Guillén).

POESÍA DIDÁCTICA

Revolviendo los vientos las llanuras del mar, es deleitable desde tierra contemplar el trabajo grande de otro; no porque dé contento y alegría ver a otro trabajando, mas es grato considerar los males que no tienes: suave también es sin riesgo tuyo mirar grandes ejércitos de guerra en batalla ordenados por los campos: pero nada hay más grato que ser dueño de los templos excelsos guarnecidos por el saber tranquilo de los sabios, desde do puedas distinguir a otros y ver cómo confusos se extravían y buscan el camino de la vida vagabundos, debaten por nobleza, (10) se disputan la palma del ingenio y de noche y de día no sosiegan por oro amontonar y ser tiranos. ¡Oh míseros humanos pensamientos! ¡Oh pechos ciegos! ¡Entre qué tinieblas y a qué peligros exponéis la vida, tan rápida, tan tenue! ¿Por ventura no oís el grito de naturaleza, que alejando del cuerpo los dolores, de grata sensación el alma cerca, librándola de miedo y de cuidado? Vemos cuán pocas cosas son precisas (20) para ahuyentar del cuerpo los dolores, y bañarle en delicias abundantes, que la naturaleza economiza. Si no se ven magníficas estatuas, de cuyas diestras juveniles cuelguen lámparas encendidas por las salas que nocturnos banquetes iluminan, ni el palacio con plata resplandece, ni reluce con oro, ni retumba el artesón dorado con las liras; se desquitan, no obstante, allá tendidos en tierna grama, cerca de un arroyo, de algún árbol copudo sombreados, a cuyo pie disfrutan los placeres que cuestan poco; señaladamente si el tiempo ríe y primavera esparce flores en la verdura de los campos: maligna fiebre no saldrá del cuerpo si en púrpura y bordados te revuelves

con más celeridad que si encamares entre plebeyas mantas y sayales. Porque si la fortuna, el nacimiento, el esplendor del tronco hacer no pueden a nuestro cuerpo bienaventurado, presumimos que al ánimo tampoco; si no es acaso cuando tus legiones veas que hierven por los anchos valles (40) en simulacro y ademán de guerra; cuando veas que el mar tus velas cubren, y que le hacen gemir por todas partes, te figures con esto que aterrada la superstición huye con espanto del ánimo, y el miedo de la muerte deja entonces el pecho descuidado. Pues si vemos que son ridiculeces y vanidades estas cosas todas; y a la verdad los miedos de los hombres y los cuidados que les van siguiendo no temen el estruendo de las armas ni las crüeles lanzas; audazmente se sientan con los reyes y señores: (50) ni sus fulgentes púrpuras respetan, ni sus diademas de oro; único fruto de la ignorancia dudarás que es todo, nuestra vida en tinieblas sepultada. Así como los niños temerosos se recelan de todo por la noche, así nosotros, tímidos de día nos asustamos de lo mismo a veces que despavorir suele a los muchachos: preciso es que nosotros desterremos estas tinieblas y estos sobresaltos, no con los rayos de la luz del día, (60) sino pensando en la naturaleza. (Lucrecio, Sobre la naturaleza de las cosas , II 1-61, trad. del Abate Marchena).

vehementísimamente el ánimo para la virtud; esto es, no que aquella cera ni su figura tuviesen en sí para ello tanta fuerza, sino que con la memoria de sus he 0 0 1 Fchos se avivaba en los ánimos de aquellos grandes hombres una llama que nunca se apagaba hasta igualar con la propia virtud, su reputación y gloria. Pero, al contrario, ¿quién habrá hoy tan moderado que no ex 0 0 1 Fceda á sus antepasados en gastos y riquezas, o que pueda competir con ellos en bondad é industria? Hasta los hombres nuevos y adve 0 0 1 Fnedizos, que en otro tiempo solían gran 0 0 1 Fjearse anticipadamente el grado de nobles a costa de su valor, aspiran hoy a los magis 0 0 1 Ftrados y honores, más por vías ocultas y la 0 0 1 Ftrocinios, que por buenos medios; como si la pretura, el consulado, y demás empleos de esta clase fuesen por sí ilustres y magníficos, y no deban solamente estimarse á propor 0 0 1 Fción del mérito del que los obtiene. Pero yo, al mirar con displicencia y tedio las costumbres de nuestra ciudad, he sido algo libre, y me he internado en esto más de lo que de 0 0 1 Fbiera. (Salustio, Guerra de Yugurta , 4, trad. de D. Gabriel de Borbón).

POESÍA DIDÁCTICA

Y también tú, de quien aún es dudoso a cuáles concilios de los dioses estás destinado, ya prefieras tomar sobre ti el cuidado de las ciudades y de las tierras, ¡oh Cesar!, y el dilatado mundo te reciba por dador de los frutos y árbitro de las estaciones, ceñidas las sienes con el materno arrayán; ya llegues a ser el dios del inmenso mar, y los navegantes acaten solo tu numen, y te reverencie la remota Tule, y Tetis te pague con todas sus ondas la gloria de tenerte por yerno; o bien, nueva estrella, te añadas a los meses estivos, ocupando el lugar que se te abre entre Erígone y las Celas, que le están inmediatas, para lo cual ya el férvido Escorpión recoge sus brazos y te cede en el cielo un espacio más que bastante; cualquier dios, en fin, que llegues a ser (porque no espere el Tártaro tenerte por rey, ni te vendrá tan fiera codicia de reinar, por más que ensalce la Grecia los Elíseos campos, y solicitada Prosérpina, resista seguir a su madre), allana mi empresa, aliéntame en este atrevido ensayo, y compadecido, como yo, de los labradores que desconocen el buen camino, acude a mí y acostúmbrate ya a ser invocado como una divinidad. (Virgilio, Geórgicas, I 24-42, trad. de E. de Ochoa)

HORACIO

Querido Mecenas, me matas preguntándome a todas horas por qué la blanda pereza sume mi espíritu en olvido tan profundo, cual si hubiese apagado mi sed ardiente en la onda olvidadiza del Leteo. Un dios, un dios me impide terminar los yambos comenzados que ha días te prometí. Me abraso, como se abrasaba por el joven Batilo de Samos Anacreonte de Teos, que cantó cien veces al compás de la lira armoniosa su amor desdeñado en versos bastante lejanos de la perfección. Tú también ardes en la misma llama, y si tu hermosa no cede a la que ocasionó el incendio de Troya, goza enhorabuena de tu suerte. A mí me atormenta la liberta Frine, no satisfecha con un solo amante. (Horacio, Epodos, 14; trad. de G. Salinas)

EPIGRAMA

Era un juego traicionar la sagrada tea del matrimonio, Juego también era castrar a machos sin merecerlo. Tú, César, prohíbes una y otra acción y socorres a la gente Futura, que quieres que nazcan sin engaño. No existirán ya bajo tu gobierno ni eunuco ni adúltero alguno: Pero antes -¡oh costmbres!- incluso el eunuco era adúltero. (Marcial, Epigramas VI 2, Trad. de A. Rodríguez de Verger)

BIOGRAFÍA

Todo crimen fue considerado digno de la pena capital, incluso los originados en unas pocas y simples palabras. Se le censuró a un poeta [Mamerco Escauro] el que hubiese dirigido injurias contra Agamenón en una tragedia; se le censuró a un historiador [Cremucio Cordo] el haber dicho que Bruto y Casio fueron los últimos romanos. Se condenó inmediatamente a muerte a algunos autores y sus escritos fueron eliminados, aunque se probase que años atrás habían sido recitadas públicamente, incluso contando a Augusto entre el auditorio. (Suetonio, Vida de los doce Césares , Tib. 61, 3, trad. de D. Castro)

SÁTIRA

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¿Siempre seré un mero oyente? ¿Nunca me desquitaré de los ultrajes que me infiere la Teseida de Codro enronquecido? ¿Es que impunemente me van a leer el uno comedias y el otro elegías? ¿Impunemente me hará perder la jornada un prolijo Télefo o un Orestes escrito en la cara del papel, rellenando hasta el margen, y sin acabar todavía en el reverso? (Juvenal, Sátiras, 1, 1, 1-6)

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