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Asignatura: Civil I, Profesor: Miguel A. Ramiro, Carrera: Derecho, Universidad: UAH
Tipo: Apuntes
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EQUIPO DE CONDUCTA
Las personas con Trastorno Disocial (TD) se caracterizan por mostrar un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que suelen incumplir importantes normas sociales propias de su edad y vulnerar los derechos básicos de los otros.
El trastorno disocial se caracteriza por la presencia de comportamientos agresivos: amenazas, intimidaciones, provocación de peleas, utilización de armas, crueldad física con personas y/o con animales, robos con enfrentamiento e intimidación, violencia sexual y violación grave de las normas establecidas. En la génesis del trastorno los comportamientos menos graves (mentir, robar en tiendas, peleas físicas…) suelen aparecer antes, mientras que otros (robos con asalto, uso de armas, violaciones…) lo hacen posteriormente.
Este tipo de comportamientos manifestados en los ambientes próximos (familia, barrio, escuela…) y en la relación con personas conocidas (padres, vecinos, compañeros…) generan graves conflictos que suelen agravarse progresivamente: el entorno, ante sus comportamientos, se va volviendo cada vez más hostil y, ante esta hostilidad, el niño/adolescente responde con mayor agresividad y encono (escalada del conflicto o efecto bola de nieve).
La presencia de un trastorno disocial implica, siempre, un deterioro significativo en las actividades familiares, escolares y sociales de la persona. Las consecuencias de sus comportamientos pueden derivar en medidas judiciales, educativas y sociales que, en ocasiones, suponen contención, alejamiento o exclusión.
Las personas con trastorno disocial suelen presentar, en menor o mayor grado, algunas características específicas de personalidad: escasa empatía y preocupación por los demás, dificultades para percibir los sentimientos, deseos e intenciones ajenas (los interpretan de forma hostil), insensibilidad y poca capacidad para reconocer la culpa o mostrar remordimiento, autoestima distorsionada (baja o alta), inestabilidad emocional y muy baja tolerancia a la frustración.
2.1. Criterios El diagnóstico clínico del trastorno ha de hacerlo un profesional del ámbito de Salud Mental. Para ello cuenta con procedimientos e instrumentos para comprobar el cumplimiento de los criterios diagnósticos. En nuestro entorno habitualmente se utilizan los criterios de la clasificación “CIE”, o de la clasificación “DSM”. Según la versión IV del DSM, los criterios para el diagnóstico del Trastorno Disocial [código 312.8] son éstos:
(A) Cumplimiento de tres o más de los siguientes patrones de comportamiento
1º Agresión a personas y animales: (1) A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros (2) A menudo inicia peleas físicas
EQUIPO DE CONDUCTA
(3) Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola) (4) Ha manifestado crueldad física con personas (5) Ha manifestado crueldad física con animales (6) Ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada) (7) Ha forzado a alguien a una actividad sexual
2º Destrucción de la propiedad: (8) Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves (9) Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto a provocar incendios)
3º Fraudulencia o robo: (10) Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona (11) A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (tima a otros). (12) Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en tiendas sin allanamiento ni destrozos; falsificaciones)
4º Violaciones graves de normas: (13) A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad. (14) Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo periodo de tiempo) (15) Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad
(B) El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laborar.
(C) Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la personalidad
2.2. Diagnóstico diferencial Debido a la alta comorbilidad del TD con otros trastornos como el TDA-H o el Trastorno Negativista Desafiante, es preciso establecer procedimientos que permitan diferenciar la sintomatología propia de cada uno de ellos.
a) Trastorno Negativista Desafiante: Si bien es cierto que el TD comparte varias características con este trastorno, en éste no se incluye el patrón persistente de agresión, ni violación de los derechos básicos de los demás. En el caso de que se cumplan las características para el diagnóstico de ambos trastornos se debe diagnosticar Trastorno Disocial.
b) Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad (TDA-H): El TDA-H implica la presencia de un comportamiento hiperactivo que puede ser perturbador, pero que sin embargo no suele violar las normas sociales básicas. En caso de que se cumplan los criterios para ambos trastornos se deben diagnosticar ambos.
EQUIPO DE CONDUCTA
Este rango de comportamientos no se construye en el vacío, en su origen, habitualmente, están ciertas condiciones psíquicas que suelen presentar estos alumnos y que configuran su particular manera de actuar:
Y una serie de factores psicosociales de riesgo que lo fomentan o acentúan:
EQUIPO DE CONDUCTA
La evaluación psicopedagógica es un proceso de recogida de datos coordinado por el orientador/a del centro, que tiene por finalidad determinar las necesidades del alumno y las del contexto. Este proceso implica la utilización de diversos procedimientos e instrumentos.
El objetivo de la evaluación psicopedagógica de un alumno/a con trastorno disocial es determinar cuáles son las necesidades educativas que presenta en un momento determinado. Deberá abarcar los ámbitos que sean relevantes en cada caso: curricular, afectivo-emocional, social o comportamental.
Las técnicas, procedimientos e instrumentos de evaluación son los mismos que se utilizan para el resto del alumnado (observación, pruebas estandarizadas, cuestionarios, entrevistas, escalas, pruebas de nivel…), con las siguientes particularidades:
1º En previsión de la oposición del alumno/a a cualquier tipo de intervención por parte de los adultos seremos especialmente cuidadosos a la hora de diseñar la forma de proponérsela e informar de los objetivos que pretendemos conseguir con ella.
2º Las personas con TD suelen mostrar errores autoperceptivos y tendencia a manipular las situaciones y las relaciones en su propio beneficio; son conductas frecuentes la ocultación de datos, las informaciones equívocas, el recurrir a estrategias de seducción, el “colegueo”… Por todo ello es preciso diseñar cuidadosamente el marco de relaciones con adecuada distancia psicoafectiva.
3º Algunos de los ámbitos a explorar requerirán la intervención, colegiada o como informantes, de profesionales de salud mental, agentes sociales, familiares, amigos… Será preciso poner especial esfuerzo en establecer mecanismos y procedimientos de coordinación eficaces.
Los programas de intervención educativa que se han mostrado más eficaces poseen una serie de criterios y elementos comunes entre los que destacan los siguientes:
1º Existencia en el centro de adultos de referencia (tutores de desarrollo) que posean atractivo (valor) personal para los alumnos, capacidad de empatía, estabilidad emocional, rigor en la exigencia y flexibilidad en la aplicación de consecuencias.
2º Mecanismos para la tutorización de estos alumnos reservando espacios y tiempos para el contacto interpersonal.
3º Plan de convivencia colectivo e individual claro y concreto con especificación de normas, límites y consecuencias. Convertir este marco en un contenido más de enseñanza y aprendizaje (trabajarlo y evaluarlo frecuentemente).
4º Participación del alumnado en el diseño del marco normativo y en la gestión de su control y de la aplicación de consecuencias.