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Lo básico que debe saber un residente de traumatología
Tipo: Apuntes
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La rehabilitación y la ortótica son dos elementos claves en la práctica diaria del especialista en traumatología. En el siguiente capítulo, diferenciaremos claramente ambos apartados por razones meramente didácticas, si bien, estos conceptos deberían ser entendidos como una unidad indivisible para el correcto manejo funcional del paciente.
La rehabilitación es la especialidad médica que concierne el diagnóstico, evaluación, prevención y tratamiento de la incapacidad encaminados a facilitar, mantener o devolver el mayor grado de capacidad funcional e independencia posibles.
De un modo más amplio podría definirse como la restauración del inválido hasta sus máximos límites posibles: físico, mental, social, vocacional y económico.
La actuación sobre pacientes con patologías del aparato locomotor constituye uno de los pilares fundamentales de la rehabilitación médica, aunque su actuación se extiende a otras esferas como las afecciones neurológicas o los sistemas respiratorio o cardiovascular.
De esta manera, la rehabilitación añade al tratamiento farmacológico el de estirpe física para disminuir el dolor y mejorar la función. Además, el médico rehabilitador está capacitado para identificar las necesidades de sus pacientes con objeto de mejorar o sustituir la función mediante la aplicación de ortesis o prótesis.
En el ámbito de la rehabilitación una correcta historia clínica y una secuencia lógica y sistemática en la exploración física debe de ser la base para establecer un diagnóstico correcto y el tratamiento más adecuado en cada caso. La investigación clínica y biomecánica va introduciendo constantemente nuevos test para valorar lesiones articulares y periarticulares, así como distintas herramientas para identificar las pérdidas o alteraciones funcionales derivadas del problema actual. Para ello, hay que valorar el estado funcional previo a la enfermedad para determinar el impacto originado por la misma y definir claramente los objetivos terapéuticos.
El examen del aparato locomotor debe incluir una adecuada valoración del sistema nervioso así como de la función muscular y articular.
2.1.1. Valoración neurológica funcional
Se debe valorar en primer lugar la función mental y de los pares craneales.
En cuanto a la valoración de la función motora se debe comenzar valorando el equilibrio y la coordinación mediante el análisis de la marcha, test cerebelosos o la presencia de movimientos involuntarios anormales (temblores, tics, corea…). A continuación debe evaluarse la masa muscular (atrofia o hipertrofia), el tono (hipotonía, hipertonía, rigidez o espasticidad) y la fuerza, teniendo en cuenta que su alteración puede ser debida a alteraciones en el SNC, SNP, unión neuromuscular o en el propio músculo.
La exploración de los reflejos, como respuestas involuntarias frente a estímulos, nos proporcionan información de la integridad del sistema nervioso. Deben explorarse tanto los reflejos cutáneos (abdominal, cremastérico, bulbocavernoso y anal) como los osteotendinosos, los cuales deben valorarse de forma contralateral para detectar posibles asimetrías.
La exploración sensorial se trata de la parte más subjetiva del examen neurológico, lo que unido a la variabilidad de los territorios de inervación, a la superposición de los mismos o a la ocasional afectación incompleta hace su examen difícil y de menor rentabilidad diagnóstica. Debemos valorar tanto la sensibilidad superficial (dolor, tacto fino y temperatura) que es transmitida principalmente por el tracto espinotalámico contralateral (y que se suele explorar pellizcando o pinchando suavemente la piel con una aguja); como la profunda (táctil profunda, propioceptiva y vibratoria) que se transmite por los cordones posteriores ipsilaterales (y se puede explorar mediante estímulos dolorosos groseros, colocando los miembros en distintas posiciones y un diapasón) y la función cortical de la sensibilidad que abarca la discriminación entre dos puntos, la grafestesia, la estereognosia y la extinción.
Para la interpretación de la exploración sensitiva el clínico debe conocer la distribución de los dermatomas sensitivos y de los nervios periféricos lo que permite explorar la pérdida sensitiva con mayor detenimiento.
2.1.2. Valoración de la función muscular
Aunque existen varios métodos de valoración de la función muscular el más utilizado en la práctica clínica es la prueba de la valoración muscular manual basada en la escala Medical Research Council que considera los siguientes grados:
2.1.3. Valoración de la función articular
El balance articular es la medición y el registro del arco de movimiento de cada una de las articulaciones del cuerpo humano. Es una técnica diagnóstica que mide la amplitud de los movimientos pasivos, y ocasionalmente activos de las articulaciones. A menudo se realiza de forma pasiva para valorar el componente articular, de modo que sirve para evaluar si las articulaciones son normales o presentan limitaciones, lo cual tiene valor pronóstico y permite evaluar la progresión de las disfunciones articulares.
La necesidad de un lenguaje común a todos los exploradores hace necesario la existencia de métodos de valoración objetivables mediante la utlización de instrumentos como el goniómetro, ampliamente aceptado por su fácil manejo y descripción de sus hallazgos, Para unificar las formas de medir, Cave y Roberts (2) establecieron una posición 0 para cada articulación, en la que el centro del goniómetro debe de coincidir con el eje de la articulación. Un brazo se alinea con el extremo proximal de la extremidad y el otro con la distal, siendo este último el que se desplaza para medir los grados de recorrido (por ejemplo, flexión codo 140). Sin embargo, cuando la extensión coincide con el punto 0 anatómico, una limitación de la misma es referida como una contractura en flexión que se puede expresar en grados negativos (extensión -30º). Para valorar la normalidad puede ser útil comparar el arco con el lado sano, pero lo más frecuente es relacionarlo con los valores que se aceptan como normales para cada articulación (por ejemplo, la flexión del codo en varones adultos es de 141 +/- 4,9º y la extensión 0,3 +/- 2º.)
2.1.4. Pruebas de Electrodiagnóstico (3)
La electromiografía y los estudios de conducción nerviosa o electroneurografía constituyen una importante contribución a la valoración de la función neuromuscular. Tienen como objetivo la exploración del sistema nervioso central y periférico, utilizando tecnología altamente especializada con fines diagnósticos, pronósticos y de orientación terapeútica. Son muy útiles para distinguir la zona de la lesión neurológica, identificar los músculos afectos y definir el tipo de lesión. Estas pruebas registran y estudian el potencial de acción que se origina en las fibras nerviosas (motora y sensitiva) y en la fibra muscular. Existen diferentes tipos de prueba:
2.2.1. Técnicas de infiltración intraarticular y muscular (4)
Las infiltraciones constituyen una de las técnicas terapéuticas más usuales en el tratamiento de la patología del aparato locomotor. Consiste en la administración de un fármaco en un ¨lugar preciso¨ de la anatomía mediante un dispositivo de inyección. Su finalidad puede variar en función del fármaco administrado (corticoide, anestésico, radioisótopo, ácido hialurónico, toxina botulínica,…). Habitualmente el fin principal es obtener un efecto terapéutico específico, pero también puede ayudarnos a obtener o confirmar datos diagnósticos en la exploración del paciente e incluso servirnos de orientación terapéutica para una mejor indicación de tratamiento.
Las complicaciones como roturas tendinosas, artritis postinyección u osteonecrosis no son muy frecuentes pero si que se deben extremar todas las medidas de asepsia para evitar la más grave de todas ellas, la infección.
2.2.2. Medicina manual
Consiste en el abordaje médico de las alteraciones benignas musculares y su tratamiento mediante técnicas manuales tales como la manipulación, el masaje y la tracción la cual se emplea casi exclusivamente en el raquis.
La manipulación es un movimiento forzado sobre una articulación o conjunto de articulaciones que lleva bruscamente a los elementos articulares más allá de su juego normal, sin deber pasar el límite anatómico de dicha estructura articular.El masaje consiste en la manipulación de los tejidos blandos de un área corporal dirigido a producir efectos generales como relajación o mejora del sueño, o locales como la mejora del dolor.
Existen poco estudios de suficiente calidad sobre la eficacia de estos tratamientos y la mayoría se refieren a su uso en el dolor lumbar. Así pues, estos tratamientos, fundamentalmente la manipulación, aparece recomendada en las principales guías de práctica clínica de dolor lumbar.
2.2.3. Ejercicio terapéutico
Son evidentes los beneficios que aporta el ejercicio físico al organismo. Así el ejercicio aerobio proporciona unos beneficios generales como aumento del bienestar al disminuir el estrés, liberar endorfinas y mejorar la tolerancia a las actividades diarias; y unos beneficios locales como la prevención de la cardiopatía, regularización de la tensión arterial y de los lípidos, control del peso, prevención de la D.M., aumentar la densidad ósea, disminuir el dolor en pacientes con artrosis, prevención de trombosis o mejora del sueño.
Existen varios tipos de ejercicios según nuestro objetivo de tratamiento. Así existen ejercicios para mejorar la fuerza que se basan en el uso de resistencias y buscan prevenir y rehabilitar lesiones y mejorar el rendimiento deportivo. Estos ejercicios mantienen la capacidad funcional y es la única forma natural de evitar el envejecimiento, la lesión o la enfermedad sobre el sistema musculoesquelético.
Distinguimos dos tipos: (7)
Según el segmento anatómico donde ejercen su función podemos subdividirlas en:
a) Elásticas: mediante la compresión y el calor, sirven para aportar un aumento del tono muscular y de la analgesia. b) Pasivas: indicadas para la inmovilización en procesos inflamatorios, traumáticos o postquirúrgicos (férulas de túnel carpiano). c) Dinámicas: gracias a un sistema de tirantes elásticos evita deformidades como la flexión palmar en la parálisis radial, y facilita activamente la extensión de la muñeca según la posición del muelle, o la flexión de las metacarpofalángicas al estabilizar la muñeca.
Según su efecto terapéutico principal, podemos agruparlas en:
Según la región anatómica sobre la que actúen las podemos subdividir en:
a) Pasivas de pie: férula de Dennis Browne. b) Pasivas de pierna: polaina desde el tobillo hasta debajo de la rodilla (estabilización de las fracturas de tibia). c) Activa de pie: Rancho de los Amigos (dinámicas antiequino). d) Activas de tobillo: PTB (patelar tendón bearing). e) Activas de pierna: bitutores.
a) Elásticas: estabilización activa por medio de la analgesia e incremento del tono muscular. Indicada para las contusiones y gonalgias. b) Rígidas: con dos flejes flexibles mediales y laterales, proporcionan estabilidad mediolateral dando así reposo a los ligamentos traumatizados en esguinces. c) Control de la flexo extensión: articuladas mediante topes nos permiten graduar el balance articular que queremos obtener del paciente. d) Control de ejes: el objetivo principal es el control del varo valgo. e) Extensora: mediante cinchas y sistemas de tirantes elásticos nos favorece la extensión de la rodilla ante la disfuncionalidad cuadricipital. f) Descarga: ortesis bitutor que permiten descarga axial de la articulación femorotibial.
termoplástico para el tratamiento funcional de las fracturas.
a) Abducción: arnés de Pavlick, Von Rossen, Frejka… indicadas para las displasias de desarrollo de cadera b) Abducción y descarga: ortesis activas que permiten la deambulación transmitiendo mediante tutores el peso al suelo (Atlante, Toronto) c) Postural: férulas rígidas comúnmente constituidas por corsé lumbosacro y una muslera que inmovilizan la pelvis y evitan la aducción y rotación interna de la cadera que llevarían a la luxación de las misma
3.3.1. Cervicales
Las ortesis cervicales se utilizan para proporcionar apoyo y protección, así como para limitar el rango de movilidad, principalmente en el plano sagital, siendo más difícil delimitar la inclinación lateral así como la rotación. Podemos distinguir 2 grandes grupos: los collarines (Ortesis flexibles) y los soportes rígidos.
Estudios recientes han comunicado similar o incluso superior inmovilización de la columna cervical con el dispositivo Minerva en comparación con el halo-jacket, por lo que es una alternativa actualmente en pacientes que se adhieran correctamente al tratamiento, evitando además las lesiones causadas por los pines en el caso del halo- jacket.
Otro tipo de dispositivo de inmovilización cervical rígido pero no invasivo, es el Halo de Lerman que se caracteriza por tener un soporte craneal circunferencial sin fijación mediante pines, empleado fudamentalmente en pacientes pediátricos con tortícolis congénita, fractura de odontoides, subluxación rotatoria de C1-C2 o en inmovilización postoperatoria.
3.3.2. Ortesis toracolumbosacras (TLSO) y lumbosacras (LSO)
Podemos clasificarlas fundamentalmente en 2 grupos: Rígidas y flexibles.
3.3.2.1. Ortesis Rígidas
LSO: existen básicamente 2 subgrupos:
a) Ortesis tipo Knight: Impide los movimientos de flexoextensión y lateralidad de la columna. b) Ortesis de Williams: Impide la extensión del tronco, pero permite la flexión a través de las articulaciones situadas en las barras laterales. c) Ortesis tipo Chairback: Impide movimientos de flexoextensión de la columna lumbar.
TLSO: tres subgrupos:
a) Taylor: Impide los movimientos de flexoextensión y lateralidad de la columna lumbar y a través de la prolongación de barras paravertebrales, la banda interescapular y los tirantes axilares controla y corrige la cifosis. b) Málaga: Se emplea para escoliosis degenerativa dolorosa del adulto.
a) Milwaukee b) Boston c) Chenau
Ortesis toracolumbar de hiperextensión :
Mantienen la columna dorsolumbar en hiperextensión basándose en 3 puntos de presión (el esternón, el pubis, la columna dorsolumbar posterior.