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Trata sobre la tuberculosis y el VIH
Tipo: Apuntes
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A pesar de que poco después de la descripción del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en 1981 se observó su asociación con tuberculosis, fue poca la importancia que se dio inicialmente a esta asociación. Además, porque la mayor parte de la literatura inicial sobre SIDA provino de zonas con bajas prevalencias de tuberculosis. Sin embargo, ya en 1984 en Estados Unidos se observó que la declinación permanente que tenía la tuberculosis desde hacía 50 años no sólo se detuvo, sino que la incidencia de la tisis comenzó de nuevo a aumentar a partir de 1985. Dos razones claras fueron identificadas: las inmigraciones y el SIDA. En 1987, Chetrien llamó “el dúo maldito” a la asociación entre SIDA y tuberculosis. No es para menos, el SIDA es la condición que mayor riesgo de conversión de infección a enfermedad tuberculosa genera. Una persona infectada tanto por M. tuberculosis como por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tiene 200 veces más probabilidad de desarrollar tuberculosis que la población general infectada por la micobacteria. El VIH infecta y produce disfunción de las células más importantes en la protección contra la tuberculosis: el linfocito T y el macrófago. A pesar de esta irrefutable realidad inmunológica, otros factores son indispensables para que el VIH
ocasione un impacto negativo sobre la situación de tuberculosis. De hecho existe una evidente diferencia regional en el impacto negativo que ha tenido el VIH. Una de las razones que parece más influyente es el grado de sobreposición de las poblaciones de infectados. La situación más grave ocurre en Africa subsahariana donde la epidemia de tuberculosis apenas se acercaba a su pico y simultáneamente se desencadenó la epidemia por VIH. Algo similar, pero de menor magnitud, sucede en las Antillas y Brasil. En Estados Unidos existe también gran variabilidad regional. Las grandes ciudades como Nueva York o San Francisco, han sido objeto de inmigraciones de negros, asiáticos y latinos y cuentan con tasas altas de drogadicción y homosexualismo. De allí que el impacto negativo del VIH sobre la situación de la tuberculosis haya sido notorio en esos centros urbanos y mucho menos importante en el área rural. Es cierto que la tuberculosis es muy común entre los pacientes con VIH/SIDA pero aún no son muchos los nuevos tuberculosos que tienen VIH+. Tres situaciones pueden suceder en el enfermo con VIH/SIDA: que el paciente se infecte por primera vez y progrese (tuberculosis primaria progresiva); que esté previamente infectado y se reactive (tuberculosis de reactivación endógena); o, que estando previamente infectado se infecte por otro M. tuberculosis (tuberculosis de reinfección exógena). En países con alta prevalencia de enfermos tuberculosos e infectados (tuberculinopositivos)
El diagnóstico de la tuberculosis en enfermos VIH/SIDA se sigue fundamentando en la confirmación bacteriológica (baciloscopia y cultivo). Aunque se ha discutido la frecuencia de positividad bacteriológica en estos pacientes, parece no haber diferencia sustancial con el tuberculoso sin VIH/SIDA. Sin embargo, existe la dificultad en caso de baciloscopia negativa, de no poder esperar el resultado del cultivo, dada la agresividad del cuadro. Debemos recurrir entonces a métodos invasivos como la broncoscopia con lavado, cepillado y biopsia transbronquial; excepcionalmente a la biopsia abierta. El diagnóstico de la tuberculosis en enfermos con VIH/SIDA es una de las situaciones en las que las pruebas inmunológicas pueden tener gran importancia. Toda muestra tomada debe ser cultivada y tipificada debido a la alta frecuencia de micobacterias no tuberculosas en estos pacientes. El tratamiento de la tuberculosis con esquemas acortados en enfermos con VIH/SIDA ha comprobado ser tan efectivo como en aquellos sin esta condición. Sin embargo, un gran número de investigadores aconsejan prolongar la segunda fase hasta completar 9 meses de terapia o hasta alcanzar 6 meses de negatividad bacteriológica. La tasa de recaídas a 2 años difícilmente se puede evaluar dado que muchos pacientes mueren a causa de otras enfermedades intercurrentes en este lapso. La quimioprevención se ha propuesto para infectados con VIH que no han desarrollado SIDA y
tienen PPD • 5 mm, una vez descartada enfermedad activa. Sin embargo, parece razonable, en países de alta prevalencia de tuberculosis, suministrar la quimioprevención independientemente del resultado de la tuberculina. Algunos sugieren que el enfermo de VIH que ya ha desarrollado SIDA debe recibir tratamiento completo si su tuberculina es • 5 mm aunque no se haya confirmado actividad. La isoniazida continúa siendo la droga ideal para la quimioprevención, dada por un año, aunque algunos propugnan porque sea indefinida. Después de concluida la terapia para tuberculosis en cualquier paciente con VIH/SIDA, es aconsejable continuar indefinidamente con 300 mg de H al día. Es necesario comprobar en estudios prospectivos la utilidad de emplear quimioprofilaxis en todas las personas con VIH/SIDA. En resumen, es imperioso hoy en día tener en mente la asociación VIH/SIDA y tuberculosis: - Todo enfermo nuevo de tuberculosis, especialmente si tiene entre 15 y 49 años y su compromiso es extrapulmonar, es sospechoso de tener VIH/SIDA y debe ser interrogado exhaustivamente buscando factores de riesgo para ello; cualquier duda debe ser aclarada con la prueba serológica para el virus. – Todo enfermo con VIH/SIDA, que presente síntomas respiratorios o no, puede tener tuberculosis y debe ser estudiado exhaustivamente para descartarla.