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Este documento analiza cómo el psicoanalista Vallejo identificó al sujeto con el inconsciente a través del lenguaje. Se presentan dos casos: el poema VII de Altazor y el XXXII de Trilce. Se discute el concepto de enunciados desconcertantes según John Austin y cómo el lenguaje es el medio para conocer y revelar el ser. Se explora el interés de Vallejo por la genealogía de las palabras y cómo el psicoanálisis lacaniano ha ayudado a comprender la naturaleza humana.
Tipo: Tesis
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César Vallejo nació en Santiago de Chuco en 1892 y falleció en París en 1938. Cursó estudios en la Universidad de Trujillo donde se graduó en Filosofía y Letras. En 1923 viajó a la Ciudad Luz, años después conoció a Georgette Philippart, francesa con quien se casó en 1934. Viajó a España y Rusia con reiteración. En 1922 había publicado Trilce. Vicente Huidobro nació en Santiago de Chile en 1893 y falleció en 1948. Estudió Literatura en la Universidad de Chile. En 1914 dictó la conferencia Non Serviam en la que refleja su credo estético y anuncia la fundación del Creacionismo. Vivió en la capital francesa durante la primera Guerra Mundial. En 1931 publicó Altazor.
Jacques Lacan vio la luz en París en 1901 y se ocultó para siempre en 1988. Como psicoanalista postuló la identificación del sujeto con el inconsciente que se estructura tal como el lenguaje. En 1964 fundó su propia escuela, la Escuela Freudiana de París, de cuyos seminarios siempre participaron médicos, escritores y filósofos.
En nuestra ponencia, pretendemos articular las obras más representativas de los dos primeros, Trilce y Altazor, con el aparato teórico del tercero, perspectiva que nos permite ver cómo ambos poemarios manipulan el lenguaje pero la resucitan al mismo tiempo, exprimiéndole vitalidad hasta límites insospechados. En ese sentido sostenemos, desde una mirada lacaniana, que la desestructuración del lenguaje desmantela el universo poético simbólico de la poesía convencional, intento transgresor que desencadena la experiencia de lo real. Para tal fin, llevamos al diván a dos “pacientes”, el canto VII de Altazor y el poema XXXII de Trilce.
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Martin Heidegger (1889 - 1976) en El ser y el tiempo plantea la temporalidad como vivencia interior del hombre, y los elementos que conforman la estructura subjetiva del hombre son las experiencias a priori como la angustia, el temor, la preocupación. Sostiene que para encontrar el sentido de la existencia, el hombre debe renunciar a la consecución de fines prácticos. Considera el lenguaje como el medio para conocer, el mediador entre sujeto y objeto, en resumidas cuentas, el medio por donde se revela el ser, de allí que muestra especial interés por la genealogía de las palabras. Concluye: el hombre se comporta como si fuera el creador y el amo del lenguaje, mientras que por el contrario, este es y sigue siendo su soberano. (Citado por Espezúa 2000:82)
Nos hemos detenido solo en dos antecedentes por ser los más pertinentes. Ahora acerquémonos brevemente a nuestro marco teórico, brevemente. El psicoanálisis lacaniano y el conocimiento obtenido mediante la vivencia personal del tratamiento analítico ha ayudado a muchos escritores a comprender la naturaleza humana, y para que no se confunda con un mero soliloquio, se caracteriza por perturbar las resistencias en el discurso del sujeto o el hermetismo en un texto en aras de convertir las secuencias de significantes sin significado (lo real) en secuencias con sentido. Interpretar es llevar lo real a lo simbólico, intentar descubrir el inconsciente, el discurso del Otro. Examina el síntoma, un significante enigmático de un deseo irracional no asumido (significante sustitutorio de otro reprimido, consecuencia de los desplazamientos metonímicos) que revela un conflicto inconsciente productor de un placer - displacer. El síntoma expresado en el plano del discurso puede llevarnos al suceso reprimido que no es asumido por el yo.
A continuación precisamos algunos conceptos que nos serán útiles en el diván:
El sujeto lacaniano: Es el sujeto colocado en el orden del logos, es decir, en las redes del lenguaje del que no puede escapar, de manera que es el lenguaje que termina constituyéndolo.
El objeto a: Aquello que nunca puede alcanzarse y es continuamente la causa del deseo, todo aquello determinado por las pulsiones cuyo fin no es alcanzar el objeto sino girar en torno a él. Deviene entonces en objeto de la angustia, por el cual podemos acceder a una suerte de liberación del sujeto.
El goce: Entendido como la conjugación del placer y el displacer. Nada obliga a nadie a gozar, salvo el superyó que es el imperativo del goce: ¡Goza! Es la demanda incesante de afecto. De allí que para Lacan no existe relación sexual.
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El Otro: Es la fuente de significación, código que almacena a los otros significantes a partir de los cuales el sujeto se hará entidad significativa. Para ser reconocidos como alguien todos necesitan ser nombrados o designados por el Otro. (Espezúa 2000:79) En nuestro caso, ese Otro viene a ser la institucionalidad literaria, el canon.
El síntoma: Es una emergencia, una erupción identificable no solo por el analista sino por el paciente quien lo aísla como tal. Frente a ellos emerge el significante amo en cuyo núcleo se articulan los demás, este punto de acolchamiento tiene valor únicamente en función a los significantes que representa.
Registros de la realidad humana: A fin de promover cierto ordenamiento en la teorización de la experiencia analítica, a partir de 1953 Lacan nos habla de los tres registros de la realidad humana: lo real, lo imaginario y lo simbólico, triada graficada en el nudo borromeo cuyo triple enlace define el objeto a, causa del deseo.
Lo simbólico: Es el registro del lenguaje en el cual está sumergido el sujeto. Es en el lenguaje donde se producen sentidos y se construyen realidades y lo que no cabe se expresa con anomalías.
Lo imaginario: Está referido a una imagen virtual, especular. Es la identificación del sujeto con la imagen que le gustaría ser o con la imagen que le hace falta. Configura lo que nos gustaría ser: poseedores de las virtudes y valores reconocidos por el Otro. Aclara el abismo entre lo que somos y lo que nos gustaría llegar a ser. A este registro pertenece el yo ideal narcisista. El lenguaje no puede explicar la realidad porque la crea, en consecuencias el lenguaje crea su propia realidad.
Lo real. Presentado como instancia irrepresentable, inenarrable. El objeto innombrable que desaparece cuando aparece la palabra. Cabe preguntarnos ¿qué realidad es real?, ¿es posible conocer lo real? La necesidad pertenece al orden de lo real. Constituye un caos de significantes flotantes. A diferencia de lo real, la realidad es lo concreto de la vida misma.
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Los signos lingüísticos que adquieren sentido en la diferencia de los significantes responden a un marco que les provee significado, esta es la premisa fundamental del estructuralismo. Pero por qué resultan importante para otras disciplinas como la antropología o la literatura: porque los actos culturales son signos también y deben ajustarse a los parámetros del orden cultural, el gran Otro.
Desde que empieza a actuar en sociedad, el sujeto está determinado por la palabra, portadora de ideología y, por tanto, responsable de las conductas, sentimientos e ideas; le otorga un lugar al sujeto junto con el nombre con el cual lo llamarán el resto de su vida. En ese sentido, lo simbólico es el principio organizador de prácticas sociales, culturales y lingüísticas en la cual se desarrolla la vida del hombre desde el momento en que nacemos. Es el contraste de elementos que producen la significación, como la ausencia y la presencia, o como la oposición de significantes en el plano del discurso, es el otro que no llena de significado. Lo simbólico actúa como un paréntesis en el universo de lo real inexpresable, une cadenillas de significación en el caos, en consecuencia el mundo existe en las palabras, pero resulta que las palabras son convencionales, producto de un acuerdo institucional en cuyo orden se instalan las prácticas humanas y se instaura la norma. De allí la sensación de que siempre falta algo en el orden en el que vivimos, de allí que cuestionamos los valores con los cuales tenemos que aprender a vivir. Se trata de lo que permite el discernimiento. El mundo existe en el mundo de las palabras.
Lacan cuestionó el paralelismo de los dos sistemas de significado y significante que, según Saussure, forman el lenguaje. Pero hizo hincapié en la prioridad del significante para determinar el significado: un juego de palabras puede hacer posible la construcción de un síntoma. (Forrester 1995: 135)
En ese sentido, el discurso de la vanguardia es en esencia un discurso contestatario en la medida que pone de manifiesto un rechazo al orden simbólico de la lírica tradicional. Un descontento en la institucionalidad literaria expresado en los siguientes síntomas:
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DOS SÍNTOMAS CONCRETOS: TRILCE Y ALTAZOR
Trilce y el orden simbólico en crisis
En una carta escrita a Antenor Orrego, Vallejo le confiesa: “¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo para que mi pobre ánima viva!”
Mientras que el significante es la base del orden simbólico, el significado y la significación forman parte del orden imaginario (EVANS 1997:109). Lo imaginario descansa en la relación que tiene el sujeto con la imagen de su cuerpo que se inicia según Lacan en el estadio del espejo durante la primera infancia.
Trilce en tanto sujeto cuestiona:
Sin embargo reconoce que no puede rechazar totalmente el orden simbólico y se perfila su a partir de él. Anotamos tres puntos:
Altazor como sujeto lacaniano
Es un sujeto que rebalsa en significantes, un sujeto escindido en tanto crea una tradición sin negar totalmente la anterior. Presupone una conciencia crítica en
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El poema evidencia un esfuerzo físico y fisiológico por expresar lo real y a pesar de Treinta y tres trillones trescientos treinta/ y tres calorías se quiebra la palabra. En el poema son tres claros momentos en que ella es negada: en el verso 5: Quién como los hielos. Pero no; en los versos 18 y 19: …Mejor/ no digo nada); y en los versos 19 y 20: Y hasta la misma pluma/ con que escribo por último se troncha. Pues bien, esa negación es un síntoma y una resistencia que el analista debe articular con el yo poético, porque lo real, en el sentido lacaniano, está configurado como aquello que no termina se ser atrapado por la lógica gramatical de las operaciones del significante. Lacan apunta a la noción de un real que no sería ni significante ni significado, que sería algo distinto del sentido y distinto del saber. Si lo real fuera una esfera separada de lo simbólico, el cuerpo no intervendría, perturbador, en la lógica de la cadena del significante. Pero ocurre que lo real persiste y, por lo tanto, aparecen los síntomas como puntos de confluencia entre ambos registros. (MONDOÑEDO 2011: 85)
En la experiencia analítica lo real se muestra a través de datos que no fueron elegidos o seleccionados pero como están inscritos en el discurso entregan significaciones, sin embargo queda un resto que no se ajusta a este funcionamiento ya que en el universo de los significantes hay leyes que se imponen a lo real. En ese sentido, el encuentro con lo real es el encuentro con aquello que no cesa de no escribirse. En el análisis, lo real como estructura latente no es simbólico sino imaginario porque le pertenece al sujeto y a su propia identificación especular. No obstante, el psicoanálisis admite que puede haber un real en lo simbólico como el caso de una mentira, y viceversa, un simbólico dentro de lo real, como el caso de la angustia.
En ese sentido, el encuentro con lo real es el encuentro con aquello que no cesa de no escribirse y se hace “presencia” a partir de una articulación puramente contingente dentro del orden del discurso, pero compuesta por elementos cuyas causas son concurrentes e indeterminadas. Lo real puede avizorarse en las articulaciones discursivas como un más allá oculto, disimulado, o señalado en una precipitación vertiginosa (MONDOÑEDO, 2011: 156), volviendo a nuestro poema, después de los cuatro primeros versos temblorosos entre los que en el segundo se enfatiza nueve veces la vibrante r: Rumbbb... Trrraprrr rrach... chaz, suceden tres donde curiosamente esa vibrante desaparece, hasta que el hablante lírico recurre a ella al final del verso quinto en tono adversativo: Quién como los hielos. Pero no.
En el poema, el gran Otro actúa en el plano del discurso y está dado por las leyes gramaticales cuyo ordenamiento garantiza la producción de sentido. Pero es evidente en este poema que el hablante lírico busca las formas de despojar a la poesía de esas imposiciones de la escritura; la libera de la racionalidad y del logocentrismo y ausculta sus propias profundidades rozando lo real como una paradójica e insistente ausencia –a la manera de un no cesa de no escribirse.
En otro momento, el hablante huye de la consonante vibrante y afirma en el verso 18: no digo nada revelando lo real como imposible, como un absoluto ontológico, la cosa en sí misma, instancia perteneciente al ámbito del ser en el sentido heideggeriano: ‘el lenguaje es la casa del ser’. Citando a Vallejo, Remeda al cuco; Roooooooeeeis
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...... Pero al mismo tiempo ese impasse a la formalización y el apego a la vibrante r como sujeto de discurso es propicia para expresar su reclamo al gran Otro: el logocentrismo de la escritura. Recordemos, que el reconocimiento del Otro en términos lacanianos valida las producciones del sujeto. Pero en la medida que esta no es suficiente, no es goce, hay una segunda elaboración que es la de la satisfacción por el fantasma. […] El fantasma es el término que promovió Lacan para concentrar todo lo que es la satisfacción libidinal en Freud. (MILLER 2003: 343
El yo poético oscila entre lo simbólico y lo real porque hay versos que se ajustan a la estructura convencional del lenguaje; pero otros que lejos de adaptarse al molde lingüístico logran manifestar el caos primigenio del estado natural de lo real. Existe el padecimiento de la voz-sujeto por no poder capturar mediante el nombre el esquivo objeto del deseo: Serpentínica u del bizcochero/ engirafada al tímpano.
Por otro lado, a pesar que el análisis biográfico hace tiempo que ha sido tachado por la institucionalidad del Otro, es conveniente recordar a uno los amigos del autor real, juntos estudiaron en la Universidad de Trujillo y cultivaron una sólida amistad hasta el llanto, nos referimos a Haya de la Torre, él nos refiere el origen de este poema cuando Vallejo, el autor real, estudiaba en la Universidad de Trujillo y se hospedaba en la casona republicana ex Hotel El Arco frente a la calle San Martin: “había unos bizcocheros que llevaban sus cestas grandes y que pregonaban su mercadería diciendo: ¡bizcochero-uuu! ¡Bizcochero-uuu!, Él era muy goloso… Y entonces, fíjese usted, cuando él dice: Serpentínica u del bizcochero engirafada al tímpano él estaba en el balcón donde vivía. (HILDEBRANDT 2009: 44)
La vibrante R como repetición
Retóricamente, podríamos destacar la recurrencia de la figura fonológica denominada “aliteración”, es decir, la repetición de sonidos para lograr un efecto en el lector. Lo real, entonces, lo imposible de demostrar, lo que no cesa de ocultarse o eludirnos se hace presente por una contingencia azarosa: una consonante vibrante donde vibra lo real:
Rechinan dos carretas contra los martillos/ hasta los lagrimales trifurcas IV Grupo dicotiledon. Oberturan/ desde él preteles, propensiones de trinidad V Murmurando en inquietud, cruzo/ el traje largo de sentir, los lunes/ de la verdad XLIX Forajido tormento, entra, sal/ por un mismo forado cuadrangular LIV Estoy cribando mis cariños más puros/ […]/ Así, muerta inmortal, así. LXV Canta cerca el verano, y ambos/ diversos erramos, al hombro LXVII
Ha triunfado otro ay. La verdad está allí. Y quien tal actúa ¿no va a saber
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Estos versos anticipan la posibilidad psicoanalítica de ver surgir lo más real del sujeto en su relación con un deseo indescifrable, un mero punto de confluencia de la proyección de las líneas de perspectiva al infinito. ¿Es evidente entonces que pisotear las leyes sagradas que además pueden ser profundamente cuestionadas por la conciencia del sujeto, desencadene por sí mismo no sé qué goce? Sin duda vemos operar constantemente en los sujetos está muy curiosa gestión 1 (Lacan, Seminario 7).
Hemos dicho que para el psicoanálisis lacaniano son las estructuras propias del lenguaje las que en realidad expresan nuestro discurso y no nosotros, como usualmente creemos. La percepción de lo real depende de la posición del enunciante, y el hecho de utilizar diferentes significantes demuestra que hay diferentes percepciones para abordar un mismo asunto.
Esto supone que debajo del discurso manifiesto existe otro latente, el discurso real que puede ser rastreado a través de las repeticiones en el discurso, los lapsus, las paradojas, los vacíos, incoherencias, etc.; en ese sentido, el canto VII de Altazor enfatiza la creatividad como vehículo de cognición y realización humanas. Pero en el fondo desdice la utopía del mundo contemporáneo pues exhibe el fracaso del instrumentalismo racional empeñada en la construcción de simulacros que hacen de la impostación, una forma de ser. Este canto el yo poético recurre insistentemente a la queja desde el inicio hasta el final, en los dos primeros versos, aunque no correlaciona significantes y significados convencionalmente, logra articular Ai aia aia / ia ia ia aia ui; y de forma semejante en los tres últimos versos io ia/ i i i o / Ai a Ai A i i i i o ia. En un verso de un canto preliminar, el mismo protagonista lìrico había cuestionado el carácter simbólico del orden gramatical: la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar. Entonces, el lenguaje deviene en naturaleza inventada en su encuentro con el Otro (con mayúscula), es decir, con la institucionalidad de la lírica tradicional y moderna.. En efecto, nunca es posible expresar en la palabra toda la verdad del propio deseo debido a una fundamental incompatibilidad entre el deseo y la palabra (EVANS 1997: 147), sin embargo, las reiteraciones delatan aquello que no es posible de ser observado como una presencia discursiva debido a que su naturaleza de real implica que su participación discursiva al mismo tiempo manifiestan el ser. En ese sentido, es revelador que únicamente en el verso 53 aparezca con toda claridad la presencia de un sujeto que logra afirmarse en el terreno de lo simbólico en medio del caos de significantes que pueblan lo real, pues en el verso se expresa, consciente o inconscientemente: Oraneva yu yu yo. Pronombre personal que se configura como una experiencia de encuentro con lo real, ese lugar ubicado en la insistencia de significantes flotantes, justamente articulados en el significante amo: yo, pues solo hay un tipo de palabra que nos conduce a esta posible verdad, aquella que emana sin control consciente mediante la asociación libre innegable en este canto.
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Lo real y las pulsiones de muerte
Las pulsiones de vida son engarzadas con el universo imaginario mientras que la pulsión de muerte es atribuida a lo simbólico (lenguaje). La pulsión de muerte se relaciona con la agresividad en la desestructuración del lenguaje, por ejemplo en los versos 20 -25: Mitradente /Mitrapausa /Mitralonga/ Matrisola/ matriola.
La muerte del universo simbólico implica: primero, una muerte que está presente en la vida y se muestra revitalizada bajo la forma del significante -no se trata de una muerte física-.Segundo, la muerte lleva paradójicamente el sello de símbolo; tercero, es una muerte que individualiza en contraste con la muerte natural y, cuarto, es una muerte que eterniza. “Cabe agregar que Lacan llega a pensarla como una afirmación de la vida simbólica más acá de la vida biológica, en la medida que la existencia del sujeto adquiere sentido a partir de la muerte” así como en el caso de Empédocles que se suicidó arrojándose al cráter del Etna dejando sus sandalias para ser recordado. La letra tiene una función análoga a la de ese germen que se transmite como un linaje inmortal, pese al aniquilamiento de los cuerpos (MILLER 2003: 342) La representación de lo real equivale a representación del sentido, aquello que huye cuando las palabras quieren apresarlo. Y nosotros siempre estamos en busca de sentido.
En suma, este canto también puede entenderse como un canto a la búsqueda del sentido, y como diría Paz, en eso consiste todo su sentido.
CONCLUSIONES