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Asignatura: (primer año) Historia del mundo, Profesor: MARGARITA MARQUEZ PADORNO, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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CAPITALISMO VS COMUNISMO
El contraste entre el funcionamiento económico del capitalismo y el comunismo se muestra bastante en este largometraje, no sólo en los aspectos políticos, sino también en el funcionamiento empresarial. Existe una contraposición entre el sistema comunista y el capitalismo encarnado por McNamara al frente de Coca Cola, siendo ambos objetos de parodia. Aunque sale peor parado el comunismo que el capitalismo, no olvidemos que se trata de una película norteamericana de 1961.
Pero lo que podía haber quedado como una simple comedia, termina como una desternillante crítica a la coyuntura histórica. Y es que si algo caracteriza a Billy Wilder es la voluntad de reflejar un contexto histórico, una realidad social...
Los bloques en los que quedo dividido el mundo en aquellos tiempos previos al imperialismo norteamericano son objeto de la mirada del director. Aunque sólo sea por su posición en el asunto (la película es de producción americana), es lógico que la mayoría de las críticas impacten en terreno soviético; pero aún así el bloque capitalista también es juzgado: la figura de McNanamara al que su mujer Phyllis (Arlene Francis) llama, elocuentemente, MeinFührer, y su comportamiento dictatorial con sus empleados describen a una de las figuras claves del sistema capitalista; hombre que, además, engaña a su mujer con todas las secretarias que ha tenido a lo largo y ancho del viejo continente; mujer sumisa que representa a la fémina desdichada incapaz de sobreponerse al presente para labrarse un futuro lejos de la doblez conyugal, etc.
Desde el inicio, la orilla capitalista de Berlín, debe pagar el peaje correspondiente: en un gesto sutil quedan unidas la voz de McNamara (“El sector occidental, bajo la protección aliada, estaba en paz, era prospero y disfrutaba de todas las bendiciones de la democracia”) y un plano de un cartel publicitario que muestra a una rubia modelo en bikini, empuñando una Coca-Cola. Ligazón de sentido inevitable que nos lleva a una sonrisa que se torna una mueca de desesperanza al ver que hoy es como ayer, y que mañana no promete ser distinto a ninguno de los dos (tal vez la democracia sea, como dijo Mecano, Coca-Cola para todos y algo de comer –si bien, como siempre, unos más y otros menos–).
Ahora bien, Wilder deja también sin hoz y sin martillo al bando comunista: alusiones continuas a la pasión por los desfiles (Otto y Scarlett –Pamela Tiffin– podrán ver a su hijo una vez cada seis meses... cuando desfile); sarcasmos referidos a la idolatría de los dirigentes (cuando Scarlett enseña a Mac la foto de su nuevo amor oculto tras una pancarta de Kruschev a lo que Mac pregunta si se ha enamorado de éste; o cuando la despampanante secretaria realiza su sensual baile ante los tres camaradas con tal virulencia que hace que uno de los retratos de Kruschev caiga, y tras él aparezca uno de Stalin); referencias a las comunidades, a los planes de trabajo, a los cohetes (“en Rusia tenemos dos botones: uno para explotar el cohete que falla y otro para el ingeniero”), a su relación con Cuba (intercambio de puros y cohetes)...