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UTOPÍA , Tomás Moro, Apuntes de Teoría Política

Asignatura: La formacion de la teoria politica, Profesor: Henar Criado Olmos, Carrera: Ciencias Políticas, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 27/08/2014

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UTOPÍA, Tomás Moro
Tomás Moro nace en Londres en 1478 y muere en 1535. Es un hombre
inscrito en la cultura del primer tercio del siglo XVI, estudia leyes y entra en
una corporación de abogados. A los 21 años entabla relación epistolar con
Erasmo de Rotterdam y tras este primer contacto escribe los Adagios (obra
dedicada a Erasmo). El conocimiento le lleva a traducir piezas griegas y no
cristianas; en 1509 la culminación de esa amistad con Erasmo le llevará a
que este le dique Elogio de la locura.
Es elegido miembro del parlamento y sheri de Londres, y 5 años más tarde
es enviado como miembro de la Embajada Inglesa a Flandes. Su suspicacia
le lleva a sentirse próximo a la esfera real, de manera que entra en el
Consejo Real. A partir de este momento es nombrado caballero, vicetesorero
y presidente de la Cámara de los comunes. Culminando esta trayectoria en
1529 (con 51 años) como lord-canciller en una época de conicto social.
A partir de 1532 su línea ascendente se trunca debido a su negativa a
apoyar el divorcio de Enrique VII con Catalina de Aragón (lo cual suponía la
ruptura con la Iglesia Católica). Es procesado, encarcelado durante un año y
nalmente en 1535 es ejecutado por no atender las decisiones del Rey.
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UTOPÍA , Tomás Moro

Tomás Moro nace en Londres en 1478 y muere en 1535. Es un hombre inscrito en la cultura del primer tercio del siglo XVI, estudia leyes y entra en una corporación de abogados. A los 21 años entabla relación epistolar con Erasmo de Rotterdam y tras este primer contacto escribe los Adagios (obra dedicada a Erasmo). El conocimiento le lleva a traducir piezas griegas y no cristianas; en 1509 la culminación de esa amistad con Erasmo le llevará a que este le dique Elogio de la locura.

Es elegido miembro del parlamento y sheriff de Londres, y 5 años más tarde es enviado como miembro de la Embajada Inglesa a Flandes. Su suspicacia le lleva a sentirse próximo a la esfera real, de manera que entra en el Consejo Real. A partir de este momento es nombrado caballero, vicetesorero y presidente de la Cámara de los comunes. Culminando esta trayectoria en 1529 (con 51 años) como lord-canciller en una época de conflicto social.

A partir de 1532 su línea ascendente se trunca debido a su negativa a apoyar el divorcio de Enrique VII con Catalina de Aragón (lo cual suponía la ruptura con la Iglesia Católica). Es procesado, encarcelado durante un año y finalmente en 1535 es ejecutado por no atender las decisiones del Rey.

Utopía comienza con unas páginas de presentación que narran el encuentro en Amberes de Tomás Moro con Pedro Egidio (burgués de Amberes) y Rafael Hytlodeo (navegante portugués). Estos tres amigos tienen una larga conversación: la primera parte es la crítica de la sociedad contemporánea (concretamente la inglesa) y la segunda parte es la descripción de la isla de Utopía.

La experiencia del portugués presenta el problema platónico de la relación entre sabiduría y gobierno (según Platón el mejor servicio del sabio sería asesorar al gobernante). La crítica se dirige primeramente hacia la institución monárquica. Moro no es un entusiasta de la corona, ya que desde 1422 a 1509 no tuvo lugar ninguna sucesión pacífica. Por su parte Hytlodeo aborda con poco entusiasmo la ya citada tesis platónica, y denuncia con espíritu erasmista que los reyes solo se dedican a la guerra. Moro afirma que la monarquía tiende a la guerra de conquista y no a la protección de los súbditos, a la vez que insaciable en la apropiación de recursos para fines inútiles. La crítica del portugués respecto a la inútil participación en consejos está muy cerca de la denuncia erasmiana contra el dominio universal de la locura ( Elogio de la locura , 1511).

La crítica ahora se centra en la sociedad inglesa y especialmente en los sectores de la clase alta, causantes del pauperismo (extensión de la miseria en gran parte de la población). La causa de ello se encuentra en la pervivencia de males feudales y a la nueva organización económica.

La primera crítica va dirigida a la nobleza feudal, que ociosamente vive de la explotación de sus campesinos. Se centra en la concentración de riqueza improductiva que fuerza a la población al bandidaje (ante el cual es inútil la represión). La situación resultante es que frente a la desesperación de los estamentos favorecidos, las clases altas justifican medidas altamente opresoras para castigar actos como el robo, que queda situado en igualdad penal con el homicidio.

La segunda crítica va dirigida a la nueva economía de la lana. Como la industria lanera de los Países Bajos se aprovisionaba esencialmente de lanas inglesas, los terratenientes ingleses cercaron sus tierras, expulsaron a los campesinos para dedicar los pastos para las ovejas (de manera que a los expulsados no les queda otra opción que el pillaje). Por otro lado cabe destacar que los nobles opresores disfrutan sin reparos de su ociosidad, pero cuando estos fallecen los oprimidos quedan totalmente desamparados (ya que un noble prefiere dar apoyo a otro noble antes que a un campesino)…el resultado final es el mismo, la recurrencia al pillaje como último recursos para sobrevivir. Ante todo esto se plantea como remedio frenar la codicia de los nobles, restaurar la agricultura y crear manufacturas de lana para la mano de obra excedente. Sin embargo estos remedios no atacan el problema de fondo, que es la propiedad privada.

Características de la sociedad inglesa.

  • Monarquía absoluta. Sociedad estamental de nobleza, clero y pueblo.

El gobierno se organiza mediante una democracia escalonada a partir de las familias. Cada 30 familias eligen un sifogrante…al frente de 10 sifograntes está el traníboro…finalmente todos los sifograntes (siendo 200) eligen secretamente al príncipe (de entre los 4 que el pueblo ha nominado), cuyo cargo será de por vida si no incide en ámbitos tiránicos.

Moro imagina una vida en la que el ocio creativo (ciencias, artes, etc.) es patrimonio de todos sustentado por todos. La diferencia es la no apropiación privada ni de los medios ni del producto, de manera que los productos del trabajo se llevan a almacenes comunes. El consumo es colectivo (ya que las comidas son comunes) y los utopianos pueden retirar de los almacenes lo necesario para su consumo, pues no existe afán de acumular para el futuro así como tampoco existe la compraventa y el dinero. Cabe destacar que con el excedente de unas ciudades se deben compensar las diferencias de otras (parte del excedente se guarda en previsión de malas cosechas y el sobrante se vende al exterior).

De esta manera destaca que las relaciones exteriores son esencialmente económicas. No se produce uso del dinero como sí dentro de Utopía ya que las riquezas (oro, plata, etc.) están reservadas para eventualidades (tales como conflictos bélicos). A nivel interno el oro no está por encima del hierro por ejemplo, sino que está poco valorado…siendo usado el cristal y cerámica para vajillas, y el oro para grilletes o fines de deshonra. De esta manera si hiciese falta el recabamiento de oro y plata, la población aceptaría sin reparos.

Encontramos dos diferencias esenciales del comunismo de Moro respecto del comunismo platónico: el comunismo en Moro afecta a la totalidad de la población mientras que en Platón solo vale para la clase política; Moro mantiene la familia mientras que Platón la elimina. Platón no habla de esclavitud pero Moro la mantiene: son esclavos los extranjeros que fueron condenados a muerte en su país que fueron vendidos en lugar de ejecutados.

En lo que respecta a la moralidad de los utopienses, sorprende su alto grado de pensamiento secularizado en el que predomina el principio ético del poder razonable. Razonan sobre la virtud, el placer, etc., pero no piensan que la felicidad está en todo el placer sino en el bueno y honesto. La virtud es definida como el vivir conforme a la naturaleza. Acogen en primer término los placeres del espíritu, la mayoría de los cuales dimanan del ejercicio de las virtudes y de la conciencia de una vida buena. De los placeres que proporciona el cuerpo, otorga la palma a la salud.

Por otra parte Moro nos sorprende con una clara defensa de la eutanasia. Generalmente se predica con atención a los enfermos, pero en aquellos casos cuya enfermedad es inevitable y tan solo proporciona sufrimiento considerando por lo tanto que la vida es un tormento, se les aconseja la muerte pero siempre respetando la decisión del enfermo.

Hasta ahora los utopienses habían hecho los mismos descubrimientos en música y dialéctica así como en la ciencia de contar y medir, también en el

dominio del curso de los astros y el movimiento de las esferas celestes (mostrando despreocupación por la adivinación por los astros).

Las relaciones exteriores adquieren un nivel estrictamente político. Es posible intervenir en los asuntos de otros pueblos para ayudarlos a eliminar a sus tiranos, y aunque con una finalidad liberadora estas relaciones exteriores están impregnadas de belicismo. Los utopianos defienden las soluciones diplomáticas pero Utopía está preparada para la guerra. El medio fundamental con el que se opera es el dinero, que surge como poderoso instrumento omnipresente en las relaciones exteriores. Con él se puede conseguir aliados y pagar tropas mercenarias, premiar a extranjeros que den muerte a jefes enemigos, sobornar…en conclusión, más allá del dinero está la misma acción bélica.

Como último gran tema de la descripción de Utopía encontramos la religión, cuyo pensamiento resulta adelantado a su tiempo. Moro defiende la libertad religiosa, el respeto para la pluralidad de religiones. Por otra parte defiende que pueda haber sociedades religiosas dedicadas a la propia perfección y al servicio de los demás formadas por matrimonios (los utopianos estiman más a éstas que a las formadas por célibes). Defiende un culto público, cuyos dogmas son elementales y comunes a todas las religiones.

En términos generales, la isla de Utopía es una auténtica república porque prima el interés público sobre el privado y es así porque no hay propiedad privada. Todo lo recogido hasta ahora, excepto la admisión de la esclavitud, da la impresión de un pensamiento socio-político muy avanzado. Así mismo el pensamiento de Moro acaba siendo prisionero de sí mismo: todo está tan pensado y acabado que no es posible la mejora.