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VISITA AL MONASTERIO. EL DOCUMENTO INDICA LOS PRINCIPALES PUNTOS QUE HAY QUE FIJARSE, PUES LUEGO SON POSIBLES PREGUNTAS DE EXAMEN.
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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Lo fundaron en 1492 los Reyes Católicos, devotísimos de la orden jerónima, bajo la advocación de Santa Catalina, en la ciudad de Santa Fe, más había quedado aquel sitio tan inmundo con la estada del ejército castellano, que a poco hubieron de trasladarse a la capital en las huertas al oeste de la ciudad. Comenzaron su construcción en 1496, en el lugar que hoy ocupa el Hospital de San Juan de Dios, y para ello en 1500 concedieron los Reyes para la obra todo el ladrillo y piedra del onsario lindante con la puerta de Elvira. Pero al poco tiempo dispusieron los Reyes Católicos que para mejorar la fundación pasara a edificarse a un lugar inmediato al que ocupaba conocido por Dar Ibn Murdi, acabando las obras en 1521, de forma que los monjes pudieron trasladarse al Monasterio. Fue encargado de las obras Jacobo Florentino, el Indaco, quien falleció en 1526, sucediéndole en la dirección, en 1528, el insigne escultor y arquitecto Diego de Siloé.
Tuvieron abundantes vocaciones y la comunidad, muy numerosa y floreciente, sirvió a la Iglesia desde su vida monástica durante 3 siglos, hasta que la Ley de Desamortización arruinó el Monasterio y expulsó a sus monjes el 18 de agosto de 1835, convirtiéndose en Cuartel de Caballería hasta que en 1958 comenzó la restauración, lenta y penosa, pues hasta 1973 no fue cedido de nuevo a la Orden. El 1 de junio de 1977 lo ocupará la actual comunidad femenina de la misma Orden Jerónima.
RECORRIDO:
1.- Portada de orden dórico (¿portada del exmonasterio?), por la que se accede al Claustro, que labró en 1593-94 Martín de Navarrete. En el entablamento lleva el lema del Monasterio: 'SOLI DEO HONOR ET GLORIA'.
2.- Claustro: (primer patio) Terminado en 1519 es de grandes dimensiones; su cuerpo bajo, gótico, como el resto de la construcción, tiene treinta y seis arcos semicirculares apoyados en fuertes capiteles de follaje con repisillas a los costados y en los arcos centrales de cada lado, escudos, emblemas e iniciales de los Reyes fundadores y las armas del primer Arzobispo de Granada y monje jerónimo Fr. Hernando de Talavera; el cuerpo segundo (hoy clausura), con arcos paineles sobre columnas muy cortas, tiene antepecho de piedra con labor gótica. El centro del Claustro lo ocupa un jardín lleno de naranjos.
3.- Siguiendo esta ala del claustro a la derecha encontramos otra portada renacentista con medias columnas jónicas obra de Diego de Siloé. Por ella se accede a la capilla de los Sánchez Dávila, donde
la comunidad de monjas jerónimas tiene hoy día el coro y celebra la liturgia. Se abre al público para la Eucaristía y las Vísperas.
4.- Portada renacentista plateresca, que en su día estuvo acristalada para dar luz a la capilla interior.
5.- Entre las rejas vemos el segundo claustro del Monasterio, acabado en 1520, donde habitó la Emperatriz Isabel cuando estuvo en Granada con su esposo el Emperador Carlos V, en 1526, durante su viaje de bodas. Este segundo patio es una interesante mezcla de Renacimiento, gótico y mudéjar, aunque el desconocido arquitecto que lo levantó quiso hacerlo conforme al primer estilo. Se compone de siete arcos en cada frente sostenidos por columnas blancas, cuyos capiteles remedan a los árabes, así como las basas y cimacios; el cuerpo alto tiene columnas semejantes y arcos escarzanos con columnas góticas, y otros arcos del mismo estilo sirven de entibo en los ángulos de los claustros. La escalera conserva un bello artesonado mudéjar y desemboca en el corredor por una portadilla plateresca de yeso, semejante a la del otro patio. El cuerpo segundo ―rico en madera― se perdió totalmente en las primeras décadas del siglo a consecuencia de un incendio que, asimismo, destruyó el artesonado mudéjar de la escalera. Fue reconstruido en 1965.
6.- La escalera del Monasterio (de piedra de Elvira), también destruida por el incendio y reconstruida fidelísimamente en 1968, es obra destacada de los aún no estudiados yeseros del S. XVIII y desemboca en el corredor alto del primer claustro a través de una portadilla plateresca de yeso, análoga a la del patio primero.
7.- Entramos en la segunda ala del claustro, desde el cual divisamos la esbelta torre, obra de Siloé, acabada en 1565, después de su muerte y derruida en su mitad superior por los franceses para hacer el Puente Verde, se reconstruyó a partir de 1963; en la misma vemos una primorosa ventana plateresca. Contemplemos junto a ella la galería llamada de "los convalecientes", el escudo gigante del Gran Capitán, y el robusto Cimborrio. Tenía, también ocho arcos para campanas y remataban la torre un antepecho y chapitel muy elevado.
8.- Portada renacentista de Siloé, con adornos platerescos, que da acceso al Refectorio, aquí están los asientos primitivos, las mesas y el púlpito, desde donde se hacían las lecturas. Asimismo, nos encontramos con seis cuadros de Juan de Sevilla, representando el Milagro del pan y los peces, la Comida en el Castillo de Emaús, la Sagrada Familia Comiendo, la Anunciación, San Juan llevando un pobre sobre sus hombros y Santo Tomás dando limosna, todos ellos procedentes del Hospital de la Caridad y del Refugio, así como uno de la Concepción, de Ambrosio Atanasio Bocanegra ―hijo de Pedro, muerto en 1692 a los 34 años― firmado en 1690. Comunica con la
14.- Magnífica portada plateresca de Siloé, que nos introduce en la Iglesia
15.- La Iglesia: está formando ángulo con el monasterio. Proyectada según un plan tardogótico, con cruz latina y capillas laterales, cabeza ochavada y coro a los pies. Las obras se inician en 1513, si bien no se puso la primera piedra oficialmente hasta el 5 de noviembre de 1519 por el Obispo de Mondoñedo. Cuatro años más tarde se cerraban las capillas hornacinas, y en 1523 un hecho importante determinará el proceso constructivo: el emperador Carlos V accede a la petición de la Vda. del Gran Capitán ―Duquesa de Sesa― para que se le cediera la capilla mayor para enterramiento de éste. A partir de 1525, las obras se encargan sucesivamente a Jacopo Florentino, el Indaco. Muerto este, a comienzos de 1526, la Duquesa encomendó a Diego de Siloé en 1528 la dirección de la obra, del retablo, verja y de cuanto fuese necesario hasta acabar la capilla, que se cerraba el 22 de marzo de 1543. Al propio tiempo Siloé intervenía en la decoración de los claustros del monasterio haciendo siete portadas, no terminando la totalidad del encargo conferido por los testamentarios de la Duquesa, por haber surgido diferencias entre él y el Duque de Sesa, nieto del Gran Capitán, que, en 1548, decidió su despido, abonándole los salarios sólo hasta 1543 y rescindiendo el compromiso de la reja y el retablo.
Para completar la decoración de la Iglesia, logró el nieto del Gran Capitán, en 1568, del Rey Felipe II, la cesión al monasterio del cortijo de Ansola que correspondía a su mayorazgo, obligándose los monjes a hacer con sus rentas el retablo, reja y solería, que debiera haber ejecutado Siloé, y los sepulcros de D. Gonzalo y de su esposa, única cosa que no llegó a realizarse.
Enriquecido por tan espléndidas dotaciones, todo lo perdió este monasterio durante la invasión francesa y, más tarde, con la exclaustración, en que, expulsada la Orden Jerónima, se convirtió en Cuartel pasando la Iglesia a se ayuda de parroquia y quedando luego en tal abandono y amenazada de tan grave ruina, que se pensó en derribarla, hasta que el Estado decidió su restauración, llevada a efecto de 1916 a 1920, por el arquitecto Fernando Wilhelmi. La Orden Jerónima y la Universidad de Granada acometieron su restauración una vez trasladado de allí el cuartel existente.
Exteriormente, la parte baja de sus muros, muestra de la obra primitiva, es de piedra de Alfacar y de Elvira y tiene estrechas ventanas con arcos semicirculares percibiéndose ya por encima el influjo de Siloé, en la parte lazada sobre las capillas, en la que hay ventanas arqueadas con adornos de candeleros, característicos del maestro burgalés y, en el muro del mediodía, un escudo de armas entre angelillos desnudos, de extraordinaria elegancia. El exterior de la majestuosa capilla mayor de forma semi-octogonal y los salientes estribos de sus bóvedas, en lo cual bien se deja ver que el mismo genio de nuestra Catedral produjo este edificio. En medio del ábside campea un tablero con una inscripción en Latín referida al Gran Capitán ―Gonzalo Fernández de Córdoba gran español, terror de los turcos...― sostenida por grandes figuras de mujer; a sus lados aparecen en medallones los retratos de sus patronos y, debajo, en los brazos del crucero, sus escudos de armas, sostenidos por
ángeles y guerreros con hachas, vestidos a la romana, recorriendo el ábside, a la altura del entablamento general interior, otro con hojas de acanto sobre cartones en el friso. La cornisa se proyectó con remates de piedra que no llegaron a hacerse y sobre ella destaca el cimborrio, con ventanas de arco y circulares, pilastras y cubos en los ángulos y antepechos y pináculos por decoración.
Mide 54,70 m. de long. x 22,68 m. de ancho sin contar el espesor de los muros y, entre los pilares de su única nave, con cabecera semioctogonal, se abren cuatro capillas a cada lado, dos de las cuales tienen arcos apuntados y las otras seis paineles, de gusto ojival, cubriéndolas bóvedas muy sencillas de igual estilo.
La bóveda de la nave es de crucería, con arcos semicirculares sobre columnas de basas dóricas y filetes por capitel; el tramo de los pies de esta nave está dividido en su altura por el coro y tiene una bóveda también de estructura ojival, moldurada más ricamente y decorada en las enjutas de su arco con los emblemas de los Reyes Católicos. El friso tiene medallones, obra de Florentino, quien en los lados de la capilla mayor rehizo los arcos de las dos laterales y en cada uno de los extremos de la nave del crucero labró retablos de piedra con tres hornacinas aveneradas separadas por columnas estriadas, cuyos capiteles unen con el finísimo friso, y todo soportado por fuerte repisa apoyada en capiteles jónicos y otros motivos decorativos.
Toda esta parte del templo debió dirigirla Siloé hasta su terminación, conforme a los proyectos de Florentino, arrancando del cornisamiento general su labor personal que, desde ahí, pudo desenvolverse libremente, marcando con su genio la obra de la nave del crucero y la de la capilla mayor. En los hastiales de la primera, triples ventanas arqueadas, decoradas en las enjutas con figuras desnudas de hombres apoyados en troncos de árboles, se cobijan bajo bóvedas de cañón con artesones ornamentados con figuras, monstruos, medallas y rosetones, repitiéndose el tema en el primer tramo de la capilla mayor, cuya cabecera se cierra con otra bóveda de tres cascos, análogamente ornamentada.
En el centro del crucero se alza el cimborrio, con inscripciones en las enjutas de los arcos que lo sostienen y, encima, claraboyas redondas con sátiros y hombre barbudos a los lados. La bóveda es de crucería con dobles ojivas y arcos formeros apuntados, que contrastan con el resto de la decoración, tal vez porque Siloé temió cargar demasiado el edificio si hubiese escogido otra estructura. Las trompas sobre las que se levanta tienen forma de veneras, haciendo de hornacinas, en las que aparecen sentadas las imágenes de los Evangelistas sobre repisas circulares sostenidas por ángeles. Entre las ojivas hay artesones con bustos y querubines, prodigándose en todas partes las esculturas con la más extraordinaria variedad: en las bóvedas de los brazos del crucero figuran en alto relieve personajes bíblicos y también héroes y heroínas de la antigüedad, cuyas hazañas y virtudes se comparan con las del Gran Capitán y su esposa, alternando con angelitos, bichos y otras figuras
17.- A ambos lado del retablo, y apoyadas en pobres repisas, están las estatuas orantes del Gran Capitán y su esposa, la Duquesa de Sesa, aquel con armadura y ésta con manto..
18.- Al pie de la escalinata del presbiterio, una simple y rota lápida de piedra, señala el lugar del enterramiento del Gran Capitán con una inscripción en latín, que traducimos así: “Los huesos de Gonzalo Fernández de Córdoba, que por su gran valor se apropió del sobrenombre de Gran Capitán, están confiados a esta sepultura hasta que de nuevo sean restituidos a la luz perpetua. Su gloria no quedó sepultada con él”. En la cripta quedan los restos del caudillo y su mujer que, depositados en ella en 1522, aquí estuvieron hasta la invasión francesa que los profanó. En 1874 fueron recobrados definitivamente, dándoseles aquí sepultura definitiva dentro de una caja de plomo.
19.- A ambos lados del crucero se ven retablos de ornamento arquitectónico, que albergan las armas del Gran Capitán y figuras de lansquenetes que dan guardia a las mismas. Bajo el lado derecho hay una puerta de primoroso estilo plateresco ―muy adornada, con cornisa apoyada en ménsulas a la manera clásica― que comunica con la Sacristía. Desde aquí participan las monjas que habitan el monasterio en la Eucaristía. Al frente está un órgano del siglo XVII de estilo ibérico. Teclado partido. Octava corta. Caja renacentista. Su autor fue Alexo Muñoz. Se restauró en 1990.
Todas las ventanas del templo las cerraban vidrieras con escenas de la vida de Jesús, pintadas, al parecer, por Arnao de Vergara, restos de una de las cuales quedan bajo el cimborrio, con la figura de San Ambrosio, y dos, completas. Otras dos completas que dan al coro fueron también descubiertas en 1942 y actualmente una de ellas se encuentra en el Museo de Bellas Artes.
Mirando desde el crucero podrán observar al fondo, la magnífica sillería de nogal del Coro, hecha en 1544 por Siloé, con dos series de asientos con relieves de bichas en los brazos de los extremos y tableros con cabezas y adornos tallados en los espaldares, que en la serie alta tienen encima, pendientes de cintas con versículos de los Salmos, guardapolvos con rosetones y crestería de medallones y bichas.
20.- En el s. XVIII se pintó todo el templo, embadurnándose las esculturas de Siloé y cubriéndose las naves con frescos, algunos de ellos excelentes, hechos por Juan de Medina en 1723, año en el que firmó los del crucero, y en 1727, 1729 y 1735 los de las bóvedas.
Las paredes laterales de la capilla mayor tienen también grandes frescos con escenas de la vida del Gran Capitán: el del lado del Evangelio ―notable― representa al Papa Alejandro VI bendiciendo y entregando al héroe la espada que le regaló para defensa de la Iglesia, que tenía empuñadura y vaina de plata sobredorada y esmaltes en verde con adornos y las armas pontificias. La espada fue robada en 1622 y sustituida por otra de madera.
21.- Los demás cuadros e imágenes que adornan el templo han sido trasladados posteriormente a la restauración.
a) En el Altar del lado izquierdo del crucero en un retablo de estuco con cuatro columnas jónicas, al que se adaptó en 1795 un frontal italiano de mármol del s. XVI, con cabezas en medallones y finos adornos italianos, preside la imagen de María Madre de Dios, obra del escultor flamenco Roque Balduique. A ambos lados encontramos las tallas de S. Jerónimo y Santa Paula, estatuas granadinas del s. XVII.
b) siguiendo este lado izquierdo, en la primera capilla vemos a la Virgen de la Soledad, del siglo XVII, es obra de Pedro de Mena. El Cristo Yacente está atribuido a Pablo de Rojas.
c) en la segunda capilla, bonita escultura de un Romano Pontífice ―¿San Pio V, procedente de la colección del Duque del Infantado?―.
d) en la tercera, Cristo a la columna y San Pedro arrodillado ante él, los dos de gran tamaño, buenas muestras de la imaginería andaluza del quinientos.
e) en la cuarta, imagen de San José.
Al lado derecho del crucero el preciosísimo púlpito de mármol rojo con incrustaciones. Y siguiendo el orden de capillas de este lado, en la primera, donde está la sepultura del Conde de las Infantas, hay una pintura de la Inmaculada con las almas del purgatorio, atribuida a Alonso Cano.
f) en la segunda, una interesante escultura de San Miguel, del XVII, muy deteriorada.
g) en la tercera, es de notar la imagen de la Virgen de Belén, preciosa policromía, del círculo de los Mora, una interesante muestra del arte granadino del S. XVIII.
22.- De regreso al claustro, nos detenemos en la última portada a la derecha, que se distingue entre todas por su suntuosidad y perfección, obra también de Siloé.
23.- En el claustro, bajo mínimas lápidas, yacen los 500 monjes que llamados por alta vocación gastaron sus vidas entregados a la alabanza divina por amor a Dios y a la Humanidad, cumpliendo en su nombre tan sublime oficio, y, una lápida mayor, cercana a la entrada, y fechada en 1520 cobija los restos de los Jerónimos de la primera fundación de Santa Fe.
24.- En la portería tenemos dos urnas con las imágenes de la Inmaculada y de San Jerónimo, así como hermosos lienzos.
25.- Al salir de nuevo contemplamos la fachada de la Iglesia que fue decorada por Siloé, con el escudo de los Reyes Católicos y sus cifras y, encima, una espléndida ventana con arco de medio