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Texto que habla sobre la poblacion
Tipo: Monografías, Ensayos
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BIBLIOTECA DEL 110MBHE CONTEMPORANEO
1 — C. G. Jung: Conflicto* del alma infantil. 2 — K. Homey: L a persa nulidad neurótica de nuestro tiem po. 3 —W. H ollitseher: Intro ducción al psicoanáli- sis, 4 — F. Künkel y R. E. D ickerson: La form a ción del carácter. 5 — J. R um ney y J. M aier: Sociología. L a ciencia de la sociedad. 6 — A. A dler: G uiando ai niño. 7 — E. From m : El m iedo a la libertad. 8 — A. N. Whitehead: Los fines de la educación. 9 — C. G. Jung: Psicología y educación. 10—E. From m : El arte de amar. 11 — V. Klein: E l carácter fem enino. 12 — A. Freud: In tro d u c ción al psicoanálisis para educadores. 13 —B. M alinow ski: E stu dios d e psicología pri m itiva. 14 — B. Russell: Análisis del espíritu. 15 — G. Highet: É l arte de enseñar. 16 — L. Klages: Los fu n d a m entos de la caracte rología. 17 — E. Jones y otros: So ciedad, cultura y psi coanálisis d e hoy. 18 — M. Klein y otros: Psi cología infantil y psi coanálisis de hoy.
I!) I' AIi\;iik1(‘i y otros: Neurosis, sexualidad y psicoanálisis de hoy. 20 — F. D u n b ar y otros: M edicina psicosom àti ca y psicoanálisis de hoy. 21 — P. Schilder y otros: Psiquiatría y psicoaná lisis de hoy. 22 — W. M cD ougall: Intro ducción a la psicolo gía. 23 — G. P alm ade: L a ca racterología. 24 — M. R euchlin: Historia de la psicología. 25 — G. V iaud: L a ititeli-
. gencia. 26 — D. L ag a ch e: El psico análisis. 27 — M. M égret: L a guerra psicológica. 28 — 11. B aruk: Las tera péuticas psiquiátricas. 29 — P. C hauchard : L a m e dicina psicosomàtica. 30 — P. Pichot: Los tests m entales. 31 — J. M aisonneuve: Psi cología social. 32 — J. C. Filloux: Psicolo gía d e los animales. 33 — G. P alm ade: L a p si cotècnica. 34 — R. Binois: L a psicolo gía aplicada. 35 — J. C hazal: La infancia delincuente. 36 — M. Abeloos: El creci m iento. 37 — P. C hau ch ard : La quí m ica del cerebro. 38 — J. D elav: L a psicofi siologia hum ana. (C ontinúa <>n la ¡uíginti ¡M voi r\ii V
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B ro w n U niversity
Los diferenciales rural-urbanos ............. ; ......... ... Los diferenciales de clase .................................... .. 83 Los diferenciales de ingresos ............................ .. 88 Los diferenciales nacionales en las tendencias y los esquemas ............. :... .f ............................ .. 89 La interpretación de la fertilidad diferencial. 90 La eugenesia y la fertilidad diferencial ........... .. 94
C a p ít u l o VI. — Las m igraciones ............................ .. 97
Las migraciones como proceso demográfico.... 97 Los tipos de migraciones .................................... .. 98 Las migraciones antes de la época moderna. .. 99 Las migraciones internacionales en el siglo xrx 100 Las migraciones internacionales en el siglo xx. 102 Las presiones de las migraciones en el mundo actual ............................................................................ .. 106 Las migraciones internas ..................................... 107 Los efectos demográficos de las migraciones.. 108 Capítulo V II. — P oblación y alim e n to s: el p ro b lem a m a lth u s ia n o ...................................................... 111 El principio de Malthus de la población .......... 111 Las críticas fundamentales al malthusianismo. 114 La tesis neomalthusiana contemporánea .......... 118 La respuesta neogodwiniana ................................. 121 Falta de realidad de la controversia .................. 123 Países ricos y países pobres ................................. 124 Conclusiones ................................................................. 135
Hoy es tan grande la cantidad de investigaciones empíricas que se llevan a cabo en las ciencias so ciales. que muchos autores de obras didácticas se limitan sencillamente a reunir los resultados de los numerosos trabajos de investigación. La tentación de proceder de este modo es particularm ente fuerte en el campo de los estudios sobre la población, en el que los censos decenales y los registros continuos de estadísticas vitales brindan regularm ente a los demógrafos una inagotable fuente de datos para analizar e interpretar. De ahí que, a menudo, las conclusiones generales queden subordinadas a una enumeración detallada de las pruebas sobre las cuales se basan, con lo que resulta que los árboles impiden ver el bosque. En esta breve introducción a la demografía, he tratado de evitar que el texto se viera sobrecargado por datos estadísticos y citas de trabajos de inves tigaciones, y me he de lim itar a exponer las con clusiones de carácter general, fundándolas en va rios y diferentes grupos de pruebas empíricas. El campo de la demografía se ha expandido du rante estos últim os lustros hasta abarcar tantos y tan diversos temas, que resulta imposible entrar a considerar todas las subdivisiones principales en un estudio tan breve como el presente. Puse el mayor empeño en trata r de todo aquello que juzgo básico, pero fue forzoso omitir algunos temas im portantes. Se destacan entre ellos las estadísticas concernientes a casamientos y divorcios, pronósti cos sobre la población, medición del reemplazo in tergeneracional de la población, política demográ fica gubernam ental y relación entre la población y el poder nacional. Tengo conciencia, asimismo, de la forma insatisfactoria en que han sido tratados
DEXNIS H. WRONG
los aspectos demográficos del desarrollo económico en los países atrasados, al restringir la considera ción de este tema en el capítulo VII, principal mente al problema malthusiano del número de habi tantes y el sum inistro de alimentos. Ciertas partes de los capítulos II y VII no son sino una versión muy resumida y revisada de los informes preparados para George F. Kennan, ex funcionario del Foreign Service de los Estados Unidos de América, para quien trabajé en calidad de ayudante de investigaciones en el Instituto de Altos Estudios de Princeton, Nueva Jersey, durante 1951 y 1952. Debo dar gracias a Edward T. Stockwell por la realización de los cálculos sobre los cuales se basa !a figura 2. y hago público asimismo mi profundo agradecimiento al profesor Charles H. Page por su inestimable asesoramiento en todo lo concerniente a una clara exposición y un eficaz planeamiento del trabajo.
Dennis H. W rong
Capítulo I
Los procesos dem ográficos básicos
El estudio de las poblaciones humanas se deno mina hoy generalmente demografía, y quienes sé dedican a esa tarea reciben el nombre de demógra fos. A diferencia de lo que ocurre en algunos otros campos de las ciencias sociales, la demografía ope ra forzosamente con datos expresables en forma cuantitativa. Más aún, esos datos son cantidades, ya qué justam ente los objetos de su investigación son cifras. En su sentido más amplio, cabe definir la demografía como el análisis estadístico de las poblaciones humanas. E n su sentido más restrin gido, es la ciencia cuyo objeto principal es la deter minación del número y de la distribución de los individuos en una zona determinada, y el estudio de las modificaciones de su volumen y su distribución durante un período establecido y cíe los principales factores causantes de tales cambios. El volumen de una población y su crecimiento son determinados por el número de nacimientos, muertes y migraciones;' de modo, pues, que esos tres factores o variables? son, ademas del volumen de la población, las cantidades fundamentales ana lizadas por el demógrafo. Puesto que constantemente la gente nace, muere y traslada su lugar de resi dencia, el demógrafo se halla interesado en ésos fenómenos corrientes como procesos en desarrollo a los que denomina, respectivamente, fertilidad, mortalidad y migraciones. Ellos constituyen los tres procesos demográficos básicos. La demografía pura o formal se limita a la me dición de las tendencias de la fertilidad, la m orta
12 DENNIS H. WRONG
conquistas son determ inantes decisivos de la m igra ción. Dado el papel primordial desempeñado por los factores sociales como causas de las tendencias demográficas, la demografía es enseñada casi siem pre en los departamentos de sociología de las insti tuciones universitarias, por lo que la mayoría de los demógrafos profesionales cuenta habitualm ente con una for.nación sociológica, si bien existe todavía un buen número de ellos con una preparación bá sica en estadística biológica o en economía.
Las características dem ográficas estudiadas por el dem ógrafo
El demógrafo no sólo se interesa por las cifras absolutas de individuos que habitan un área deter minada sino, también, por las características de los mismos. Así, por ejemplo, estudia en qué forma se divide la población en grupos o categorías, esta dísticas que difieren con respecto a atributos mensu rables, tales como la edad, el sexo, el estado civil, la ciudadanía, la residencia rural o urbana, la ocu pación o los ingresos. La edad y el sexo son las ca racterísticas demográficas más im portantes desde el punto de vista de la demografía formal, pues se hallan relacionadas directam ente con la fertilidad y la mortalidad. Las m ujeres sólo pueden ten er hijos dentro de un determinado período de la vida y los individuos m ueren con mayor frecuencia a unas edades que a otras. Es, pues, evidente que el número de nacimientos y de m uertes depende en cierto grado de la composición edad-sexo de la población. El estado civil es tam bién una característica demo gráfica importante, pues la institución del m atrim o nio es universal, y en casi todas las sociedades la inmensa mayoría de los nacimientos se producen entre las mujeres casadas. Por eso el matrimonio es a veces considerado como un proceso demográfico básico, del mismo orden que la fertilidad, la mor talidad y las migraciones, ya que las tendencias de la nupcialidad y de la composición conyugal de la po
LA POBLACIÓN (^13)
blación se e n c u e n tra n ín tim a m e n te ligadas con la te n d e n c ia de la n atalid ad. Las d em ás c a ra c te rís tic a s de la población e s tu d ia das p o r los d em ó g rafo s so n seleccionadas p rin c ip a l m e n te p o r dos raz o n es: p rim e ro , p o r su sig n ificació n e s tric ta m e n te dem o g ráfica, y a q u e la m a y o ría de ellas se h a lla rela cio n a d a en a lg u n a fo rm a con la fertilid ad , la m o rta lid a d y las m igracio n es, y se gundo, p o r su im p o rta n c ia sociológica o económ ica in trín se c a .2 Los g ru p o s ocupacionales, p o r ejem plo, p re s e n ta n e n g e n e ra l d ife re n c ia s resp e cto d e la f e r tilid a d y la m o rta lid a d y, p o r o tra Darte, el cono c im ien to de la d istrib u c ió n ocu p acio n al de u n a p o b lació n p ro p o rc io n a, asim ism o, u n a se rie de in d i cios acerca de la e s tru c tu r a económ icosocial de la m ism a, in d e p e n d ie n te m e n te de la posible im p o r ta n c ia de ese co n o cim ien to p a ra las te n d e n c ia s dem ográficas.
Las fu en tes de los datos dem ográficos
Las fuentes fundamentales de los datos demográ ficos son los censos nacionales y las estadísticas vitales. La demografía es una rama autónoma de la estadística especializada relativamente nueva, pues sólo en los tiempos modernos iniciaron muchas na ciones recuentos regulares de su población razona blemente exactos y completos. Todavía hoy se ca rece de censos fidedignos de las regiones atrasadas o subdesarrolladas del mundo, y es forzoso apoyarse en cálculos aproximados de la población de dichas regiones sujetos a un amplio margen de error. Un censo es un recuento periódico de la pobla ción, con registro de algunas de sus características, llevado a cabo por un gobierno. Es evidente que sólo aquellos gobiernos cuya autoridad es reco nocida por completo se hallan realmente en con diciones de realizar un censo. En China, la falta de un gobierno central fuerte es una de las razones
2 Ibid.. págs. 552-53.
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principales de que na se hubiera hecho nunca un censo de la población de ese ^aís hasta 1953-1954. Además", únicamente en los países con una econo mía relativamente avanzada, los conocimientos pro porcionados por un censo resultan lo bastante útiles como para justificar los gastos que implica. Es así como en todo el mundo, con excepción de algunas regiones coloniales y semicoloniales, sólo en las naciones industriales se realizan censos con regularidad, y solamente desde que esas naciones sufrieran una revolución industrial la realización de los censos se ha convertido en una tarea guber namental normal. E n Suecia, el prim er censo glo bal de la población se realizó en 1749; en Estados Unidos, en 1790; en Gran B retaña y en Francia, en 1801, y en Rusia en 1897; pero la mayoría de esos censos no son fidedignos en diversos aspectos y no proporcionan sino una escasa información acerca de algunas de las características principales de la población. Los datos sobre el volumen y la composición edad-sexo de una población, dados por un censo, proporciona una imagen transversal estática de las consecuencias en un momento determinado de la fertilidad, la mortalidad y las migraciones. Si se desea estudiar dinámicamente el crecimiento de la población es menester conocer el número de naci mientos. de muertes y de traslaciones, lo cual exige el registro continuó de las estadísticas vitales. Porque, aun cuando es mucho lo que puede infe rirse acerca de la fertilidad, la mortalidad y las migraciones habidas de la imagen “inmovilizada” de la composición edad-sexo tal como la ofrecen los datos* de un censo, puesto que la realización de éste es una tarea costosa y laboriosa que pocas naciones pueden em prender a intervalos menores de diez años, las estadísticas vitales son esenciales con el fin de poder seguir el desarrollo demográfico entre uno y otro censo. Gracias a ellas, sumando el número de nacimientos y de inm igrantes y restan do el número de m uertes y de em igrantes de las cifras de la población recogidas en el últim o censo, es posible hacer el cálculo del volumen de la po blación durante los años intercensales.
LA POBLACIÓN 15
Si se trata de comparar la “intensidad” de la fertilidad y de la mortalidad en regiones distintas o épocas diferentes, el demógrafo necesita una me dición relativa y no una absoluta de los nacimien tos y las muertes, de modo, pues, que “relaciona de diversas maneras el número de nacimientos con la población con el fin de obtener la tasa de natali dad, y del mismo modo procede con los fallecimien tos y los emigrantes e inm igrantes”.3 Por consiguien te, ias estadísticas vitales ocupan el segundo lugar en importancia, inmediatamente después de los cen sos, como fuente de los datos demográficos. Eso no obstante, un registro fehaciente de estadísticas vitales es todavía menos común que la periódica realización de c nsos. La mayoría de los países más civilizados comenzó a efectuar censos periódica mente mucho antes de lograr un registro, más o menos completo, del total de los nacimientos y fallecimientos que se producían dentro de sus fron teras. Así, por ejemplo, sólo en 1943 llegó a in cluirse todo el territorio de Estados Unidos dentro de la zona en que nacimientos y defunciones eran registrados con entera exactitud. En Inglaterra y en Gales, el registro obligatorio de nacimientos y muertes data de 1874. Aun en los países m uy in dustrializados, el registro de los nacimientos y las defunciones suele ser completo en menos de un 95 % en ciertas regiones, y en los países no in dustrializados las estadísticas de que se dispone deben ser tomadas con mucha precaución. En cuan to a las migraciones, son muy pocas las naciones que llevan registros precisos del número de inmi grantes y emigrantes, y de ordinario el volumen de las migraciones es inferido del aumento (o la disminución) de la población que excede del que se obtiene de la diferencia entre el número de na cimientos y el núm ero de fallecimientos. No obstante las inevitables imprecisiones, los de mógrafos han llegado a desarrollar ahora medios para verificar el grado de exactitud de los •censos
Ibid ., pág. 551.
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forma notable su proporción dentro del total mundial desde 1650, en tanto que la de Asia ha disminuido ligeramente. E n 1650, el continente americano tenía una población aborigen pequeña y dispersa, y el gran aumento relativo que presenta es el resultado de la ocupación de sus territorios casi deshabitados por los inm igrantes europeos. Posteriorm ente, ade más, América del Norte, América Central y América del Sur m antuvieron ese rápido crecimiento demo gráfico merced a un índice elevado de crecimiento natural, es decir, mediante un amplio excedente de los nacimientos sobre los fallecimientos. La pobla ción de Europa, por su parte, ha aumentado más rápidam ente que la de Asia, como consecuencia de una relación más favorable entre nacimientos y defunciones durante la mayor parte del período com prendido entre 1650 y 1950. E l porcentaje de la población mundial corres pondiente al continente africano ha descendido desde 1650. Esa declinación se debe principalm ente a un crecimiento demográfico más rápido en los demás continentes, aun cuando se cree que hubo tam bién una disminución en los valores'absolutos entre 1650 y 1800, como consecuencia del tráfico de escla vos.1 Es asimismo probable que América Central y América del Sur experim entaran una cierta de clinación entre 1650 y 1750, cuando las sociedades indigentes fueron destruidas por los conquistadores hispánicos.s Las cifras escuetas del volumen estimado y de la distribución de los pueblos del globo refleja el im pacto de los acontecimientos históricos de gran m agnitud y de prolongadas consecuencias. Figuran entre éstos el surgimiento, en un pasado distante,
1 A. M. Carr-Saunders: World Population. Oxford. Clárendon Press, pág. 34, 1936. M. K. Bennett objeta la afirmación de Carr-Saunders de que la población de África alcanzara la cifra de cien millones en 1650 y de que el tráfico de esclavos la redujera entre 1650 y
LA POBLACIÓN (^19)
T a b l a I Población eslimada del mundo y de los continentes, 1650-
Población en m illones Continentes (^) 1650 1750 1800 1850 1900 1950
África América Central
y del Sur 12 11,1 18,9 33 63 162 América del NTorte 1 1,3 5.7 26 81 166 Asia (^330 479 602 749) 937 1320 Europa (^100 140 187 266 401 ) Oceanía 2 2 2 2 6 13 Total mundial 545 728 906 1171 1608 2400
D istribución en por ciento Continentes (^1650 1750 1800 1850 1900 )
África (^) 18,3 13,1 9,9 8,1 7,4 8, América Central y del Sur (^) 2,2 1,5 2,1 2,8 3,9 6, América de] N. 0,2 0,1 0,7 2,3 5,1 6, Asia (^) 60,6 65,8 66,4 63,9 58,3 55, Europa 18,3 19,2 20,7 22,7 24,9 22. Oceanía 0,4 (^) 0,3 0,2 0,2 0,4 (^) 0, Total mundial 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,
Fuentes: las cifras' de todos los años, excepto las de 1950, fueron tomadas de A. M. Carr-Saunders, World Popuhtion, Oxford, The Clárendon Press, pág.
20 DENNIS^ H.^ WRONG
de las antiguas civilizaciones de Asia, que ya en 1650 contaba con un núm ero estimado de habitan tes. doble al actual de los Estados Unidos; la enor me liberación de energías humanas provocada por la revolución industrial en Europa; la m ortali dad causada por los invasores europeos en las po blaciones aborígenes relativam ente prim itivas de África y de América del Sur y la elevada emigra ción europea durante el siglo xix y principios del siglo xx. Todos esos sucesos han influido sobre las cifras de la últim a columna de la Tabla I.
Los tipos actuales de crecim iento dem ográfico
Aun cuando las migraciones pueden desempeñar un papel im portante durante breves lapsos, el prin cipal factor determ inante del crecimiento de la población es el balance de nacimientos y muertes. El nivel absoluto de la tasa de natalidad y de la tasa de mortalidad es de una im portancia menor que la relación existente entre ambas. E s evidente que una población con una tasa de natalidad muy elevada y una mortalidad más bien baja, habrá de aum entar con mayor rapidez que otras con tasas de natalidad y de mortalidad más o menos estables, aun si en este caso la tasa de m ortalidad fuera considerablemente inferior a la anterior. Hay cua tro combinaciones posibles en las relaciones entre nacimientos y fallecimientos: puede existir una na talidad alta con una mortalidad alta o una natali dad alta con una m ortalidad baja, y una natalidad baja puede coexistir con una mortalidad baja o' una natalidad baja con una mortalidad alta. E sta última combinación es evidentemente fatal. Desde el punto de vista histórico, esa situación sólo se ha dado en sociedades tecnológicamente prim i tivas sometidas a una explotación despiadada, mi litar y económica, por otras sociedades más adelan tadas! Como sólo una proporción m uy pequeña de los pueblos del mundo ha corrido tal suerte, esa cuarta combinación entre la natalidad y la m orta
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lidad ofrece al demógrafo un m enor interés que las otras tres1. Los demógrafos han clasificado el crecimiento de las poblaciones en tres tipos fundamentales, corres pondientes a las tres combinaciones principales entre la natalidad y la m ortalidad.3 Esos tipos no sólo han servido para clasificar las poblaciones con temporáneas, sino que se los considera también como estadios o etapas por los que sucesivamente han pasado las civilizaciones occidentales en el curso de su rápido crecimiento demográfico, a par tir de la term inación de la Edad Media. Esos tres tipos tienen, por consiguiente, un valor tanto espa cial como temporal, y describen tanto el esquema de crecimiento seguido en la actualidad por diferentes regiones del mundo, como el curso que histórica mente ha seguido el mundo occidental en su cre cimiento demográfico, y que otras naciones dan m uestras de seguir en lo futuro.
Las poblaciones de alto potencial de crecimiento. Este tipo de poblaciones corresponde al balance demográfico de la mayoría de las sociedades agra rias, con una estructura social, tribal o campesina muy poco afectada por la industrialización y la urbanización. La tasa de natalidad es m uy alta pero va acompañada por una tasa de m ortalidad no me nos elevada, de modo que el volumen de las po blaciones tiende a m antenerse bastante estable. La elevada cantidad de nacimientos tiene sus orígenes en las firmes y arraigadas costumbres en cuanto respecta a la familia y el matrimonio de las comu nidades rurales, de modo que el índice del creci miento natural es determinado principalmente por las fluctuaciones de la mortalidad. El índice de crecimiento puede variar en forma notable como consecuencia de epidemias, de épocas de escasez o
1 Frank W. Notestein: Population-The Long View, en Theodore W. Schultz (comp.): Food for the World. Chicago, University of Chicago Press, págs. 31-57, 1944; y Warren S. Thompson: Plenty of People. Lan- caster, Pa., Jacques Cattell Press, cap. 6 , 1944.
(^24) DENNIS H. WRONG
población se duplicó cada 23,5 años. El rápido cre cimiento de la población norteam ericana fue refor zado por la inmigración en masa, la que contribuyó al volumen de la población tanto directa como in directamente, al acrecentar, dentro de la estructura de edades, los grupos de hombres y m ujeres jóve nes en condiciones de procreación. La población de Europa se acrecentó con máxima rapidez durante las últim as décadas de la revolu ción industrial, únicam ente Francia, entre las na ciones europeas, tuvo su más rápido crecimiento demográfico antes de mediados del siglo xix. Tanto en Europa occidental como en Estados Unidos, la natalidad comenzó a dism inuir antes de fines del siglo xix, pero el rápido y continuado descenso de la mortalidad impidió, durante un cierto tiempo, que se hiciera sentir un retardo apreciable en la velocidad del crecimiento demográfico. Al llegar al siglo xx, la fertilidad en declinación hizo que disminuyera en forma notable el elevado índice de crecimiento natural que había prevalecido durante un largo período.
En la actualidad se hallan todavía en una etapa de crecimiento de transición: la Unión Soviética, el sudeste de Europa, Brasil y Argentina. Esos países cuentan con poblaciones jóvenes: esto es, sus poblaciones se hallan concentradas en los gru pos que todavía no han superado el período de procreación y que no han alcanzado los límites de las probabilidades de vida. Cabe prever que ha brán de pasar unos cincuenta años antes de que su índice de crecimiento empiece a dism inuir y el volumen de las poblaciones se aproxime a la esta bilidad. La mayoría de esas regiones se encuentran en la actualidad en una etapa de crecimiento de mográfico comparable al de Europa en los últimos decenios del siglo xrx.
Las poblaciones en declinación incipiente. La in dustrialización y la urbanización impusieron una forma de vida radicalm ente nueva en el mundo oc cidental, forma a la cual todavía estamos adaptán donos. No es de asombrarse, por lo tanto, que los
LA POBLACIÓN 25
continuos cambios sociales y económicos de los úl timos siglos hayan transform ado dos veces el es quema demográfico de las sociedades occidentales. La que puede denominarse “la prim era revolución demográfica” —reducción de la mortalidad con un consecutivo y rápido crecimiento de la población— fue seguida de cerca por una segunda: la de una acentuada declinación de la fertilidad en las civi lizaciones de madurez industrial, que ha acarrea do una gran reducción del índice de su crecimiento natural. Por el momento hemos de pasar por alto las com plejas causas del descenso de la natalidad en los países más adelantados del mundo, limitándonos a observar cómo la disminuida fertilidad ha_ altera do profundam ente sus perspectivas de crecimiento demográfico. Mientras que en los de crecimien to de transición las modificaciones de la mortalidad son los factores determ inantes decisivos del cre cimiento de la población global, en los países con un crecimiento en declinación incipiente, en cam bio, es la tendencia de la natalidad la que se con vierte en la clave de su futuro crecimiento demo gráfico. La fertilidad en declinación_ altera -la-com posi- ción de edad de 1 .a población. Los grupos de edad media 6 avanzada se vuelven proporcionalmente mayores a medida que, gracias a los progresos de la medicina, continúa aum entando el período de_ vida probable. Los pocos recién nacidos de cada año no son suficientes para reem plazar a sus padres, que son los sobrevivientes de una época anterior de fertili- > dad elevada. La más sum aria comparación de los por centajes de los tres grupos 1 fundamentales de edad en regiones atrasadas con los de regiones industria lizadas desde mucho tiempo atrás, pone de manifies to con claridad esos cambios: en el Cercano Oriente, el 40 % de la población cuenta con menos de 15 años (niños), el 54 % se halla entre los 15 y los 60 años (adultos), y sólo un 6 % sobrepasados 60 años (ancianos); en cambio, en el noroeste y en el centro de Europa, los porcentajes correspondientes a cada
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uno de esos grupos de edad son, respectivamente, de 24, 62 y 14 por ciento.ñ Las poblaciones en vías de envejecimiento pue den continuar aumentando durante un tiempo, pero el término de su período de crecimiento es ya previsible. Los nutridos grupos de edad media ha brán de envejecer y por fin morir sin ser reem plazados por generaciones siguientes igualmente numerosas. Producida ya la mayoría de los gran des progresos de la sanidad pública y de la me dicina, únicam ente una verdadera prplongación de la duración de la v id a'—merced a una fuente de vida científica— podría contrarrestar la declinación del crecimiento démográfico como consecuencia de la fertilidad disminuida, D urante un cierto tiem po cabe la continuación del crecimiento, pues el alto porcentaje de adultos representa una gran can tidad de padres cuya prole habrá de compensar en conjunto la declinación en volumen de cada familia por separado. Es^is niños se convertirán en padres a su vez, pero representarán una propor ción menor de la población global, y esto hará que disminuya aun más la tasa d e. natalidad, a menos que la tendencia se invierta por una vuelta a las familias numerosas. A medida que los últimos so brevivientes de la época de las familias grandes se aproximen a los límites de las probabilidades de vida, la mortalidad alcanzará un nivel que habrá de igualar o sobrepasar el de natalidad. $íabrár--ce~ sado entonces el crecimiento de la población, y si la fertilidad ha disminuido hasta el punto de que el. número, de muertes no sea igualado por el- de..naci mientos,_ podrá producirse una pérdida neta en las. cifras. En las consideraciones que acabamos de hacei hemos usado el futuro porque, en lo que va del siglo, entre los países occidentales, únicam ente en Francia, durante la década de 1930, se ha observado
United Nations: World Populatiun Trends, 1920-
1947. Lake Success. Nueva York, United Nations Pu blications, pág. 15. 1949.
LA POBLACIÓN (^27)
realmente durante un cierto tiempo un Exceso de muertes con respecto a los nacimientos; posterior mente esas pérdidas cesaron al p ro d u cir^ "un as. censo de la fertilidad. Sin embargo, una Estructura de edad inestable, provocada por una fermj(jage_ jn t^e United States. Stanford. Calif., Food Research institute of Stanford University, 1949; y Dennis H. Wfong; The Stork Surprises the Demographers. C07nvientaryi 14. 376-82 (octubre de 1952).
que contaban menos de diez años para esa fecha. El contorno de la pirámide demográfica de Japón revela la posición interm edia de ese país entre ias naciones de declinación incipiente y las de alto potencial de crecimiento. La menor tasa de m or talidad hizo que aum entara el volumen relativo de los grupos de edad más viejos en comparación con la India, pero, en contraste con Francia, una ele vada tasa de fertilidad ha hecho que la pirámide japonesa conservara una amplia base. Las formas de las pirámides de edad de esos tres países revelan, asimismo, el impacto de diversos sucesos recientes de la historia particular de los mismos. En Francia, la pequeña d ase de edad de treinta a treinta y cuatro años corresponde a la generación nacida entre los años 1914. y 1918. cuando lá ausencia del hogar de los hombres bajo las armas hizo que descendiera de m anera notable la tasa de natalidad. La pequeña clase de los cin co a los nueve años corresponde a los nacidos en circunstancias similares durante la Segunda Gue rra Mundial. En Japón, las clases de bastante edad como para luchar en la Segunda Guerra Mundial sufrieron graves bajas, determinando luego un no table desequilibrio en la relación entre los sexos a esas edades. Los “vacíos” en las clases de edad del lado masculino en una pirámide demográfica son consecuencia de las graves pérdidas habidas en guerras pasadas.
La transición dem ográfica occidental
Nuestra selección de tres tipos de crecimiento para su consideración es,- en cierto sentido, arbitra ria. La curva de crecimiento de la población de un país es continua, y la única razón para distin guir tipos o etapas de crecimiento demográfico es la de poder expresar con palabras lo que las esta dísticas que registran las tendencias vitales dicen por sí mismas. Si bien los tres tipos antes descriptos
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han sido los generalmente utilizados por los de mógrafos contemporáneos, algunos estudiosos han llegado a distinguir hasta cinco tipos. Así, por ejem plo. C. P. Blacker reconoce los siguientes estadios de crecimiento: estacionario alto, que equivale a nuestro tipo de alto potencial de crecimiento; de expansión temprana, con mortalidad en declinación, fertilidad estable y crecimiento muy rápido; de expansión tardía, con mortalidad en declinación a velocidad disminuida, fertilidad en declinación rá pida y crecimiento menos rápido; de declinación con pérdidas netas en las cifras por un exceso de muertes en relación con los nacimientos; y estacio nario bajo, con mortalidad y fertilidad bajas y cre cimiento nulo. La transición ocurrida en el mundo occidental a partir de 1650, de un régimen de fertilidad y mor talidad elevadas a uno de fertilidad y mortalidad bajas, constituye uno de los hechos históricos de más trascendencia en la historia de la humanidad. Esa transición ha recibido diversos nombres, tales como los de “La revolución vital”, “La transición de mográfica”, “La multiplicación europea”. La tran s formación demográfica de la sociedad occidental ha sido, a la vez, una de las causas fundamentales y una consecuencia de los arrolladores cambios so ciales y económicos que han creado el mundo mo derno, tal como nosotros lo conocemos. Cabe destacar que la- explicación dada de los diversos tipos de crecimiento, así como de la tra n sición demográfica de la sociedad occidental ha sido en extremo esquemática. En realidad, cada na ción exhibe características demográficas propias. Circunstancias históricas particulares, como gue rras, revoluciones sociales, períodos de dominación •extranjera y de explotación económica y de dife rencias religiosas e ideológicas, han acelerado o
7 C. P. Blacker: Stages in Population Growth, Eu genios Review, 39:88-101 (octubre de 1947): véase tam bién Paul K. Hatt, Nellie Louise Farr y Eugene Weins- tein: “Types of Population Balance”, American Socio lógica] Review, 20:14-21 (febrero de 1955).
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retardado la transición demográfica en determ i nados países. E n Francia, por ejemplo, la declina ción de la fertilidad, que en casi todas partes fue precedida por un descenso de la tasa de m ortali dad, se inició poco después de la Revolución F ran cesa y corrió paralelamente al descenso de la tasa de mortalidad a lo largo de todo el siglo xrx. F ran cia fue el prim er país que eliminó los conceptos feudales y adoptó el punto de vista racionalista de los tiempos modernos. La tem prana difusión de las familias pequeñas fue, en parte, el resul tado de la aceptación precoz en ese país de los valores y la forma de vida de la sociedad b u r guesa, y, en parte, la consecuencia de la abolición del derecho de primogenitura después de la Revo lución, y su reemplazo por una legislación que imponía la división de los bienes entre todos lo- hijos, principio este que, evidentemente, indujo a la población campesina francesa a preferir una familia pequeña con el fin de reducir al mínimo la repar tición de las propiedades rurales. Otro caso espe cial es el de los Países Bajos, la única nación del noroeste de Europa que ha conservado una tasa de natalidad relativamente alta, con un consiguiente crecimiento natural. Eso no obstante, el concepto de la revolución demográfica como reflejo de las amplias transfor maciones sociales experimentadas por las socieda des a medida que se urbanizaban e industrializaban, es uno de los principios teóricos más útiles desarro llados por los demógrafos contemporáneos.8 Ese concepto, fruto y resumen de una vasta cantidad de trabajos de investigación ^obre las tendencias de mográficas. representa un patrón del desarrollo his tórico que permite la comparación de la historia demográfica de Occidente con las tendencias impe rantes en las regiones que todavía no han sufrido una revolución industrial. Sería un error, sin embargo, considerar el con cepto del ciclo demográfico como una ley cons-
' Rupert B. Vance: “Is Theory for Demographer^9” Social Forces. 31: 9-?3 (o-ctubre de 1952).
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tante del crecimiento demográfico, algo que inevi tablemente debe cumplirse en todos los países a medida que se industrializan, Tanto Kingsley Da- vis como Irene Taeuber han hecho recientemente la advertencia de que no cabe suponer que las regio nes no occidentales del globo vayan a experimental una transición rápida y automática hacia una etapa de natalidad y mortalidad bajas a medida que se produzca el desarrollo .económico. Son muchas las diferencias existentes entre la situación actual de esa' regiones y la de Europa a comienzos del si glo xix; y en especial una densidad de población mucho más alta en las prim eras habrá de hacer más difícil y turbulenta la transición al tipo de estruc tura social que favorece una tasa de mortalidad baja y una prolificidad reducida.
El próximo siglo
Si de aquí a un siglo hubiéramos de añadir una columna a la Tabla I, con la distribución de la población mundial en el año 2050 y su crecimiento desde 1950, podemos estar razonablemente segu ros de que la historia del siglo pasado no habría de repetirse. Si bien cabe dentro de lo posible que nuevos inventos y creaciones tecnológicas y socia les inviertan por completo las tendencias actuales, es indudable que el crecimiento demográfico será, en el próximo siglo, más lento en Europa y en América del Norte y má= rápido en América del Sur y en África. Asia es la región que mayores incertidumbres ofrece. Si los nuevos países asiá-
9 Kingsley Davis: “The Controversial Future of the Underdeveloped Areas”, e Irene Taeuber: “The Future of Transitional Areas”, en Paul K. Hatt (comp.): World Population and Future Resources. Nueva York, American Book Company, 1952. Kingsley Davis: “F er tility Control and the Demographic Transition in In dia”, Proceedings of the 1953 Annual Conference of the Milbank Memorial Fund, págs. 66-89.
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acto motivado, y a menudo representa el logro de un anhelo individual y social. Claro está que esa diferencia no es absoluta; casos hay en que los individuos buscan la m uerte en forma voluntaria, sea en conformidad con reglas culturalm ente acep tadas como la guerra o los sacrificios rituales, o con costumbres tales como el suttee de la India o el harakiri del Japón, o bien en un acto culturalm en te reprobado como el suicidio. Más frecuentes son las situaciones en las que las sociedades sancionan la m uerte de algunos de sus miembros, como ocu rre con la pena capital, el infanticidio y la conocida práctica esquimal del abandono de los ancianos y enfermos. Por otra parte, la procreación no siem pre es por cierto altam ente v alo rad a:/en socieda des campesinas y analfabetas, donde los métodos anticonceptivos son prácticam ente desconocidos, los embarazos y los partos reiterados suelen ser acep tados con resignación como una consecuencia inevi table de las relaciones sexuales regulares. // Es evidente, con todo, que los individuos y los grupos acuerdan un gran valor a la supervivencia física y a la salud en la gran mayoría de los casos, y que, asimismo, la procreación es, en general, va lorada como medio de supervivencia de la especie. Por consiguiente, es más probable que se ofrezca una menor resistencia a las reformas que reduzcan la mortalidad que a la adopción de prácticas des tinadas a reducir la fertilidad. Incluso hoy, en las sociedades occidentales hay quienes deploran la desaparición de las familias numerosas del siglo pasado, pero nadie considera sino como un inapre ciable beneficio para la humanidad el gran aum en to de las probabilidades de vida que la medicina moderna ha hecho posible. No es de extrañar, en tonces, comprobar que en todos los países la m or talidad ha declinado considerablemente antes que la fertilidad.
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La mortalidad: tendencias y d iferenciales
Hasta ahora, al hablar de la tasa de/m ortalidad, nos hemos referido siempre a lo que se denomina el índice bruto de la mortalidad, es decir el nú mero de m uertes por año en una población por 1000 individuos (u otra cantidad están d ar)''d e la población total./' Ahora bien, aun cuando el¿ índice bruto de mortalidad, en conjunto con el índice bru to de natalidad, sea una medida necesaria para el cálculo del aumento natural de una población, presenta graves deficiencias si se lo desea utilizar para comparar la experiencia de mortalidad de dos poblaciones diferentes, debido- a que no toma en consideración las diferencias posibles en la dis tribución de los grupos de edad, i La gente muere en mayor cantidad después de los cuarenta años, de modo que sólo en virtud de este hecho una población en vías de envejecer puede tener un índice bruto de mortalidad mayor que una población que cuenca con una elevada pro porción de adultos jóvenes/ aun cuando las condi ciones sanitarias de la prim era sean superiores. En realidad, esta situación se observa con mucha frecuencia, pues justam ente son los países que m a yores progresos han realizado en la reducción de la tasa de mortalidad los que cuentan con las po blaciones más viejas. En 1951, por ejemplo, los índices brutos de mortalidad de Jamaica y del Reino Unido fueron de 12,1 y 12,6 (por 1000), respectivamente, pero sería dél todo erróneo in ferir de esas cifras que los niveles de vida y las condiciones sanitarias fueron ligeramente mejores en Jamaica que en Gran Bretaña; el índice bruto de mortalidad de Jamaica es inferior al británico sólo porque la prim era cuenta con una población más joven. Esto se advierte si se comparan los índices de mortalidad por grupos de edad de uno y otro país; es decir, si se compara el número de m uertes por cada 1000 individuos en cada grupo de edad espe cífico y no por cada 1000 individuos de la pobla
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ción global, base ele los índices brutos. Con el fin de calcular los índices de mortalidad específicos por edad, los certificados para el registro de defun ciones deben incluir, lógicamente, la edad del di funto. En general se acostumbra calcular esos ín dices específicos para mujeres y para varones por separado y para grupos de ciiico o de diez años. Dada la mayor mortalidad durante el prim ero o los dos primeros años de vida, es usual calcular los índices de mortalidad de los niños menores de cin co años a intervalos de un año. $E 1 índice de mor talidad infantil es la medida de la mortalidad du rante el prim er año de vida y se calcula relacio nando el número de niños de menos de un año m uertos durante un año con el número de niños nacidos vivos durante ese mismo añoXy no con el promedio de niños de esa edad de la "población. La comparación de los índices de mortalidad por grupos de edad de Jamaica y de Gran B re taña demuestra que en todos los grupos de edad los índices jamaiquinos son más altos que los co rrespondientes británicos, prueba irrefutable de las condiciones de vida 3 ’ sanitarias superiores en Gran Bretaña. Sin embargo, el índice bruto es ligeramente m ás’ alto porque proporcionalmente los individuos de más de cuarenta años son más numerosos en Gran Bretaña, y la mortalidad en esas edades es más elevada que en edades inferiores. La figura 2 m uestra las curvas de los índices de mortalidad por grupos de edad en Estados Unidos correspondientes a 1900 y 1950. Ambas curvas tie nen aproximadamente la "forma de una U. ;La m or talidad es muy elevada durante el prim er año de vida;' pasado este decrece bruscam ente hasta alcan zar los niveles más bajos al llegar a los 10 años. Desde los 10 hasta los 40 años, la curva asciende paulatinam ente en forma muy lenta; mas después de los 40 sigue su curso ascendente cada vez con mayor rapidez a medida que- se aproxima a los límites de probabilidades de vida. La diferencia en tre la curva de 1900 y la de 1950 refleja las ga nancias diferenciales obtenidas en la reducción de la mortalidad en diferentes edades en la prim era mi
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tad del siglo xx. Los notables progresos realizados on la disminución de la mortalidad infantil han hecho que la curva correspondiente a 1950 se apro xime más a la forma de una J que a la de una U. En cambio, la similitud entre ambas curvas a par- tir de los índices de los grupos de edad superiores a los 10 años indican una menor reducción de la mortalidad en el resto de las edades, aun cuando.
Fin 2. - R elación entre la edad y el Indice de m ortalidad en la población global de Estados U nidos, en 1900 y en 1950.