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xenobioticos presentes en el entorno y sobre que se trata
Tipo: Apuntes
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Los humanos llevan miles de años coloreándose el pelo, hasta egipcios y romanos lo hacían. Primero se utilizaban pigmentos obtenidos directamente de la naturaleza, hasta llegar a las complejas fórmulas que se utilizan actualmente en cosmética. William Henry Perkin sintetizó por casualidad el primer tinte artificial obteniendo un tono malva cuando manipulaba alquitrán de hulla (un tipo de carbón mineral), con el objetivo de producir quinina para combatir la malaria. Su descubrimiento revolucionó la industria textil ya que los productos naturales aplicados anteriormente no tenían la misma resistencia ni intensidad. El químico August Wilhem von Hofmann, descubrió que uno de los tintes que había obtenido de carbón mineral adquiría color cuando se exponía al aire. El fenómeno se debe a una molécula, la parafenilendiamina o PPD, que hoy en día contienen la mayoría de productos de coloración permanente en peluquerías. Según una directiva europea, no puede constituir más del 6% de la composición de los tintes ya que es muy agresivo para la piel y puede causar alergias. [ CITATION Cab15 \l 2058 ] Varios estudios recientes relacionan los tintes convencionales con el cáncer de mama. Una investigación dirigida por Kefah Mokbel, profesor y cirujano jefe en el Princess Grace Hospital de Londres, concluye que teñirse más de seis veces al año se relaciona con un incremento del 14% en el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. En las mujeres con la piel negra este riesgo supera el 50% y llega hasta el 74% en el caso de los cánceres con receptores positivos de estrógenos, según un estudio de la Universidad Rutgers. Un tercer estudio, una revisión realizada por la investigadora Sanna Heikkinen, de la Universidad de Helsinki, estima que teñirse el cabello aumenta una media del 23% el riesgo de padecer la enfermedad.[ CITATION Nuñ20 \l 2058 ] Para Adana Llanos epidemióloga de la Universidad Rutgers, la relación entre tintes y cáncer responde con toda probabilidad a la presencia de ingredientes con efectos estrogénicos, como los ftalatos, los parabenes, los perfumes y otras sustancias químicas con acción hormonal.
La composición de los tintes sintéticos ha mejorado desde los años 70, cuando se denunció la presencia en ellos de diferentes sustancias cancerígenas, desde entonces sus fabricantes han ido sustituyendo los ingredientes que tenían más pruebas en su contra y, en 2006, la Unión Europea prohibió 22 compuestos químicos que se habían relacionado con cáncer de vejiga, leucemia y varios tipos de linfoma. Sin embargo, en 2014 la revista Occupational & Environmental Medicine, publicó que los empleados de peluquería continúan expuestos a la toluidina , una amina aromática (probablemente cancerígena) que todavía se utiliza en la fabricación de pigmentos a pesar de estar prohibida. Estas sustancias se encuentran en mayor cantidad en los tintes de color más oscuro; por tanto, los tintes actuales pueden contener compuestos con efecto hormonal, aminas aromáticas y algunos ingredientes más bajo sospecha.[ CITATION Nuñ20 \l 2058 ] Muchas personas buscan tintes "sin amoniaco" porque esta sustancia fija el nuevo color, reseca el cabello, es irritante y maloliente. Pero esto no es suficiente. En la composición de los tintes actuales, incluso en los "sin amoniaco", se utilizan más de 5.000 sustancias químicas diferentes. Demasiadas de esas sustancias son agresivas con la piel, alergénicas y cancerígenas en animales. Por ejemplo:
1. PARAFENILENDIAMINA (PPD O PARA-PHENYLENEDIAMINE) Se encuentra en más cantidad en los tintes de color más oscuro y existen estudios que la asocian con irritación, reacciones alérgicas y cánceres hormonodependientes valorando su riesgo para la salud entre moderado y alto. Los tintes que contienen PPD están obligados a declarar en el envase que "puede provocar una reacción alérgica”, "contiene diaminobencenos” y “no utilizar para teñir cejas y pestañas”. Las mismas advertencias deben aparecer si el tinte contiene sustancias similares como las metilfenilendiaminas y los diaminotoluenos. Puede aparecer con los siguientes nombres: p-phenylenediamine 1,4-benzenediamine 1,4-phenylenediamine CI 76060 Oxidation base 10 p-aminoaniline p-diaminobenzene 1,4-diaminobenzene 4-aminoaniline 2. MERCURIO AMONIACAL (AMMONIATED MERCURY) Se encuentra en productos "sin PPD", se relaciona con reacciones alérgicas y sirve para decolorar y realzar el color. 3. AMONIACO O HIDRÓXIDO DE AMONIO (AMMONIUM HYDROXIDE) Responsable del mal olor de los tintes, este irrita las vías respiratorias y resulta muy agresivo con la piel. Los tintes que se declaran como "sin amoniaco" probablemente se sustituya por un reactivo parecido como la etanolamina, que es inodora, pero no mucho más segura. 4. AGUA OXIGENADA (HYDROGEN PEROXIDE) No es tóxica, pero puede irritar la piel y los pulmones. Se utiliza para eliminar el color natural y facilitar la fijación del pigmento. 5. NONILFENOL U OCTILFENOL (NONYLPHENOL O OCTYLPHENOL)
Los componentes químicos, como el amonio y el peróxido de hidrógeno, reaccionan con la melanina del pelo para cambiar el tono natural Para teñir el pelo no es suficiente con aplicarle esta sustancia, además se añade amoniaco para separar las capas proteicas que protegen al cabello (la cutícula), permitiendo al resto de componentes llegar al pigmento subyacente, la melanina, que también da color al iris y la piel. La relación entre dos de sus variantes (la eumelanina y la feomelanina) y el tamaño y forma de las agrupaciones que forman estas moléculas determinan el color de pelo natural de cada persona. En los cabellos rubios, por ejemplo, se unen en pequeños conjuntos que reflejan más la luz que los grandes conglomerados presentes en los oscuros. El peróxido de hidrógeno de los tintes es un agente blanqueante con dos funciones: actúa sobre la melanina, eliminando el color natural, y provoca la reacción entre las moléculas de PPD. El tono final es una combinación del original y el nuevo matiz elegido, por eso una misma coloración puede dar resultados diferentes según el tono inicial[ CITATION Cab15 \l 2058 ].
En el pasado todos los fármacos eran sustancias vegetales o extraídas de vegetales, o en algunos casos de
animales. El estudio y uso de plantas medicinales fue practicado por los chinos hace más de 5.000 años. Todas las civilizaciones antiguas han dejado testimonios de su uso y hay aún muchas tribus que las utilizan para objetivos sanitarios. En muchas civilizaciones avanzadas todavía se acude a productos naturales en el tratamiento de enfermedades. La medicina popular aún en auge utiliza muchas plantas medicinales y ciertos productos de origen animal (Vergara, 2011). Fue en 1907 cuando se obtuvo el primer medicamento sintético: la arsfenamina, que dio comienzo a la derrota de la sífilis, problema sin solución por siglos. Casi todos los fármacos actuales han sido obtenidos en un laboratorio por vía artificial mediante procesos químicos. Las réplicas sintéticas de sustancias naturales son copias químicas indistinguibles de la original (Vergara, 2011). Sin embargo, algunos fármacos importantes se obtienen todavía desde fuentes botánicas y animales. La belladona, que es usada para ciertos desórdenes gastrointestinales es derivada desde la amapola, como varios otros fármacos opiáceos incluyendo la morfina. Algunas vacunas y hormonas como las tiroideas, provienen de una fuente animal (Vergara, 2011). Ciertas hormonas y otros fármacos pueden obtenerse ahora en laboratorios a través de procesos de ingeniería genética. Algunos genes que dirigen una función de una célula de un microorganismo, cambian los productos de la actividad celular. Por ejemplo, la insulina, producida naturalmente en humanos, se puede obtener ahora mediante una bacteria genéticamente alterada a través de un proceso biotecnológico. En muchos casos, la producción de fármacos en laboratorios es más segura y efectiva en el uso clínico que medicamentos obtenidos desde plantas o animales. La ingeniería genética como está dicho, ha permitido reemplazar la insulina proveniente de páncreas de vacunos y cerdos que algunas veces causan reacciones adversas (Vergara, 2011). Los medicamentos son productos utilizados para auxiliar en la cura, prevención y diagnóstico de enfermedades. Estos productos tienen como base una o más sustancias –el denominado principio activo (fármaco). No debemos pensar que medicamentos y drogas son la misma cosa. El término droga designa a cualquier sustancia de origen animal, vegetal o mineral de donde es extraído el principio activo (fármaco). Adicionalmente, en Brasil y en otros países de América Latina, la palabra droga se relaciona generalmente con sustancias ilícitas que producen dependencia física, síquica o química, como la marihuana, el opio y la cocaína, entre otras (Luz Yolanda Toro Suarez, 2015). El término fármaco, por su parte, se refiere de forma específica al principio activo aislado que es la sustancia que ejerce la acción en el organismo y será la base del medicamento. Las formas en las cuales un fármaco o principio activo se presenta como medicamento es conocida como formas farmacéuticas. La forma farmacéutica lleva el fármaco hasta el organismo. En las formas farmacéuticas, los fármacos y los auxiliares de formulación pueden ser escogidos y combinados de varias maneras de tal modo que ofrezcan el mejor resultado (Luz Yolanda Toro Suarez, 2015). Los fármacos vienen en diferentes formar, entre las cuales tenemos las siguientes: Sólidas comprimidos Grageas, cápsulas, polvos y píldoras son formas orales. Supositorios son formas para administración rectal, es decir, por el ano. Óvulos deben ser introducidos en la vagina. Existen también formas sólidas que pueden ser implantadas bajo la piel, como algunas hormonas anticonceptivas. Semisólidas Ungüentos, pomadas, cremas y pastas para aplicar en la superficie del cuerpo. Líquidas Soluciones, jarabes y suspensiones (vía oral). Emulsiones y lociones para la piel. Colirios para los ojos. Líquidos para inyección (estériles). Gases
dependen de aspectos raciales, medioambientales e incluso culturales. Todas estas circunstancias deben ser sopesadas en la elección de el o los fármacos, de su posología, de la extensión del tratamiento y de otros aspectos propios de una farmacoterapia (Vergara, 2011). Un aspecto importante a tener en cuenta es la velocidad e intensidad del efecto. Algunos medicamentos pueden producir rápidos y espectaculares alivios. La nitroglicerina, por ejemplo, por vía sublingual proporciona alivio casi inmediato para el dolor de la angina pectoris. La teofilina es muy eficaz en tiempo breve para superar un ataque asmático. Por el contrario, algunos fármacos toman mucho tiempo para producir una respuesta positiva (Vergara, 2011). Es el caso de los antidepresivos que requieren varias semanas antes que el paciente experimente el máximo de beneficios. Esto puede ser inquietante para el paciente que hasta puede aumentar por su cuenta la dosis prescrita. Casos como éste deben ser advertidos y comunicados con claridad e insistencia por parte del prescriptor (Vergara, 2011). Los llamados efectos colaterales o secundarios de los medicamentos son las reacciones conocidas y con frecuencia experimentadas y, por lo mismo, esperadas. El concepto que el fármaco es una ”bala mágica” que hace blanco específico en el sitio deseado, es un error. Cualquiera sea la vía de administración utilizada, el fármaco será distribuido en todo el cuerpo – se dice acción sistémica – y sus efectos no pueden ser restringidos a un tipo particular de tejido u órgano. La ingeniería farmacéutica trabaja arduamente para obtener “medicamentos blanco” (Vergara, 2011). Un ejemplo claro es el de los fármacos anticolinérgicos, que son prescritos como espasmolíticos de la pared intestinal, pero al mismo tiempo originan visión borrosa, sequedad en la boca y retención urinaria. Estos efectos pueden desaparecer o atenuarse al continuar el tratamiento. Pero si tales efectos persisten, la dosis debe ser reducida o aumentar los intervalos en la administración (Vergara, 2011). Los efectos colaterales o secundarios pueden ser particularmente intensos como sucede con los fármacos en uso contra el cáncer. Su uso sólo se explica porque son los únicos disponibles como agentes eficaces para atenuar síntomas en un mal de alto sufrimiento. Es necesario tener siempre presente que no existen fármacos inocuos. Incluso el más suave debe ponderarse como una sustancia química, como un potencial productor de reacciones beneficiosas, pero al mismo tiempo, como un eventual tóxico, especialmente si se emplea mal o se abusa. Siempre debe recordarse la sentencia paracelsiana: “el veneno lo hace la dosis” (Vergara, 2011). Las reacciones adversas son inesperadas, es decir, impredecibles. No están relacionadas con el efecto común de una dosis normal del medicamento. Estas reacciones pueden ser causadas por condiciones propias del paciente que puede ser alérgico, tener un desorden genético o carecer de una enzima. Algunas reacciones adversas (RAM) son sarpullido, hinchazón de la cara o ictericia y otras mayores. Suelen aparecer como consecuencia de una interacción con otros medicamentos. La aparición de una RAM obliga a la suspensión del tratamiento (Vergara, 2011). Una instancia particularmente decisiva es la evaluación del riesgo/beneficio que debe practicarse previamente a la prescripción. Se pondera el beneficio terapéutico para el paciente versus los posibles efectos adversos. Por ejemplo, náuseas, cefaleas, diarreas que suelen aparecer tras la administración de algún antibiótico. Estos riesgos pueden ser considerados aceptables si el problema es una infección grave. No todas las personas responden de igual manera a un fármaco. Por ello, en muchos casos la dosis deber ser ajustada en función de factores como edad, peso, gravedad de la patología, presencia de otras enfermedades, etc. (Vergara, 2011). En cuanto a este mismo tema, se debe tener presente que un fármaco produce un cambio del funcionamiento fisiológico al interactuar con el organismo a nivel químico. Ciertos fármacos,
como los anestésicos locales y los antiácidos actúan gracias a sus propiedades fisicoquímicas y se dice que poseen un mecanismo de acción inespecífico. Estos fármacos, por la razón expuesta, deben ser administrados en dosis mucho mayores que los fármacos más específicos, del orden de gramos respecto a milígramos (Vergara, 2011). EFECTOS EN EL MEDIO AMBIENTE Los fármacos son sustancias biológicamente activas que afectan específicamente a los mecanismos de control de organismos vivos, por ejemplo, regulando del metabolismo, influenciando el equilibrio hormonal o mitigando la transmisión intercelular de señales. Cuando se liberan en el medio ambiente, esta actividad biológica puede tener consecuencias negativas para la flora y la fauna (los llamados organismos no objetivo) y afectar a la salud del ecosistema. Este proceso se puede producir debido a una gran variedad de mecanismos, algunos de los cuales ya han sido demostrados en observaciones de laboratorio y de campo , mientras que otros están todavía por descubrir (Weber et al., 2014). Algunos ejemplos destacables de efectos eco toxicológicos demostrados incluyen:
- Resistencia antibiótica Una amenaza alarmante para la salud pública es la expansión de organismos patógenos resistentes a los agentes antimicrobianos. La presencia de agentes antimicrobianos en los intestinos de humanos y animales tratados conlleva el desarrollo de bacterias y genes resistentes que se pueden excretar en las heces y penetrar en las aguas residuales, fangos, abonos o el suelo. Sin embargo, los genes resistentes también se pueden desarrollar en el medio ambiente ante la presencia de residuos antibióticos y ser transferidos a bacterias patógenas (Weber et al., 2014). También hay evidencias del intercambio de genes resistentes entre bacterias medioambientales y aislados clínicos. Así pues, las estrategias para reducir la introducción de antibióticos en el medio ambiente también pueden contribuir a contener la resistencia antimicrobiana (Weber et al., 2014).
CITATION Cab15 \l 2058 : , (Caballero, 2015), CITATION Nuñ20 \l 2058 : , (Nuñez, 2020), Luz Yolanda Toro Suarez. (2015). No 主観的健康感を中心とした在宅高齢者におけるを中心とした在宅高齢者における中心とした在宅高齢者におけるとした在宅高齢者における在宅高齢者におけるにおける 健 康関連指標に関する共分散構造分析に関する共分散構造分析 Title. Vergara, H. (2011). Fármacos, Salud y Vida. 36,90. http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/ 2250/121456/libroHernan_Vergara.pdf;sequence= Weber, F.-A., Beek, T. aus der, Bergmann, A., Carius, A., Grüttner, G., HIckman, S., Ebert, I., Hein, A., Küster, A., Rose, J., Koch-Jugl, J., & Stolzen-Berg, H.-C. (2014). Fármacos en el medio ambiente - La perspectiva global. Umwelt Bundesamt , 12. https://www.umweltbundesamt.de/sites/default/files/medien/378/publikationen/ farmacos_en_el_medio_ambiente.pdf