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Este documento analiza varios anglicismos comunes en psiquiatría y psicología clínica, sus traducciones correctas y alternativas en español. Se abordan conceptos como 'acting out', 'drug', 'dependence', 'flashback', 'foot fetishism', 'hand fetishism', 'manía' y 'Münchhausen syndrome'. Además, se recomiendan evitar ciertas traducciones y sugerir alternativas más precisas.
Tipo: Resúmenes
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Psicología Conductual, Vol. 14, Nº 2, 2006, pp. 307-
Traductor médico y especialista en lenguaje científico
Una de las características más destacadas del lenguaje científico en la segunda mitad del siglo XX fue el predominio creciente del inglés en el campo de la comu- nicación científica, hasta llegar a convertirse en el único idioma internacional de la ciencia, incluidas la psicología, la psiquiatría, la medicina y toda la biología en sentido amplio. Como consecuencia de ello, hoy los científicos de todo el mundo se mantienen al tanto de los avances que se producen en sus respectivas disciplinas a través de libros, revistas y artículos escritos en inglés. Hoy, en España, no parece posible ejer- cer de forma eficaz una profesión biosanitaria si uno no es capaz de leer con soltura el inglés. Y hemos de admitir también, pues, que todo psicólogo que lee artículos o textos especializados en inglés, pero imparte clases, presenta ponencias, pronuncia conferencias, escribe textos de divulgación o publica artículos o libros de texto en español, está ejerciendo también, de modo apenas consciente, como traductor especializado. En un país como el nuestro, de ciencia dependiente y traducida, todo autor científico es, en buena medida, también traductor. Cada año se acuñan en inglés tecnicismos neológicos por millares, que hemos de importar rápidamente en español con la máxima precisión, claridad, rigor y corrección si queremos que nuestro idioma siga siendo útil como lengua de cultura y nos permita expresar los entresijos de la mente humana, el mundo que nos rodea y las hipótesis científicas que pretenden explicarlos. Y es ésta tarea ardua donde las haya, como bien saben los traductores biosanitarios, los redactores científicos, los terminólogos y otros profesionales del lenguaje científico. No suelen ser conscientes de ello, empero, muchos psicólogos y psiquiatras en ejercicio, aparentemente convencidos de que, para poder traducir decentemente al español cualquier texto inglés de su especialidad, basta con haber estudiado inglés
Correspondencia: Fernando A. Navarro, Calle de la Capilla, 8, 2.º B, 37193 Cabrerizos, Salamanca (España). E-mail: [email protected]
un par de años y tener a mano un diccionario de bolsillo. Para demostrar que se equivocan quienes así piensen, traigo a Psicología Conductual cinco docenas de tecnicismos que plantean importantes problemas de traducción en psicología, psi- quiatría, neurología y otras ciencias afines. No se agotan en esta breve lista, por supuesto, los vocablos ingleses de traduc- ción difícil o engañosa en el ámbito de la psicología clínica. Comento algunos más en mis artículos «Setecientas palabras y expresiones de traducción engañosa en neurología, neuropsiquiatría y neurocirugía» ( Neurología , 1998; 13 , 177-94) y «Las trampas del inglés en psiquiatría» ( Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina , 1998; 44 , 363-76). Pero el lector interesado en los problemas de la traducción médica o preocupado por la anglomanía creciente de la ciencia actual encontrará en mi Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (Madrid: McGraw- Hill·Interamericana, 2005) muchos otros lemas de interés para el psicólogo clínico en ejercicio, así como una visión general de las principales dificultades que plantea la traducción del inglés científico y una nutrida bibliografía sobre el particular. A su lectura, por tanto, le remito.
abuse of drug v. DRUG ABUSE acting out. Término psicoanalítico para designar los actos de carácter impulsivo por expresión de sentimientos y fantasías inconscientes, que adoptan con fre- cuencia una forma autoagresiva o heteroagresiva. El anglicismo acting out está muy difundido en español en este ámbito; entre quienes prefieren evitarlo, las traducciones más frecuentes son ‘actuación’, ‘actuación externa’, ‘paso al acto’ y ‘acto impulsivo’. -aholic. A partir de 1971, y por semejanza con el caso inicial de workaholic (véase más adelante este término), se ha extendido bastante en inglés el uso colo- quial de los sufijos -holic o -aholic para formar adjetivos que designan diversos comportamientos adictivos considerados menores, que no tienen nada que ver con el alcoholismo: chocoholic o chocaholic (adicto al chocolate), cocaholic o cokeaholic (cocacolómano, adicto a la cocacola [es decir, a los refrescos de cola de la marca Coca-Cola]), coffeeholic o coffeholic (cafeinómano, adicto al café), sexaholic (erotómano, adicto al sexo), shopaholic o spendaholic (adicto a las compras), tanaholic (adicto al bronceado). Idénticas consideraciones cabe hacer, por supuesto, en relación con los sustanti- vos correspondientes terminados en -holism o -aholism : chocoholism o chocaho- lism (adicción al chocolate), cocaholism o cokeaholism (cocacolomanía, adicción a la cocacola; no debe confundirse nunca con ‘cocainomanía’), coffeeholism o coffeholism (cafeinomanía, adicción al café), sexaholism (erotomanía, adicción al sexo), shopaholism (adicción a las compras), tanaholism (adicción al bronceado, obsesión por el bronceado), workaholism (ergomanía, adicción al trabajo). Alzheimer. En el registro coloquial se ve cada vez más el uso aislado de este tér- mino en sentido nosográfico, muy frecuente en inglés. En los textos científicos,
‘anorexia’, se daba el hecho curioso de que la RAE consideraba oficialmente incorrecto el uso médico tradicional de ‘anorexia’ aplicado a cualquier forma de inapetencia, incluida la inapetencia leve de un cuadro febril pasajero. Por suerte, la RAE ha rectificado rápidamente su decisión, y en marzo del 2003 aceptó una nueva enmienda que aparecerá recogida en la 23.ª edición del dic- cionario, donde ‘anorexia’ tendrá ya dos acepciones: a) “pérdida anormal del apetito”, y b) “síndrome de rechazo de la alimentación por un estado mental de miedo a engordar, que puede tener graves consecuencias patológicas”. Sobre el modelo de anorexia (en el sentido de ‘anorexia nerviosa’), se han for- mado en los últimos años diversos neologismos para designar otros trastornos psicógenos de la alimentación, como orthorexia o el bigorexia ; e incluso para la formación de neologismos que no tienen ya nada que ver con los trastornos psicógenos de la alimentación, como es el caso de tanorexia (véanse todos estos términos en el presente glosario). antipsychotic drugs (también antipsychotic agents o antipsychotics ). En 1952, los franceses Laborit y Delay, por separado, fueron los primeros en utilizar la clorpro- macina (Largactil) en el tratamiento de la esquizofrenia. Nació así un nuevo grupo de psicofármacos, integrado por fármacos de diversa composición química, pero actividad antiesquizofrénica semejante a la de la clorpromacina. Algunos de los nombres que recibió este nuevo grupo de psicofármacos cayeron rápidamente en desuso: tal fue el caso de antischizophrenic drugs (antiesquizofrénicos), puesto que se empleaban también para otras reacciones psicóticas que no eran de origen esquizofrénico; o el de major tranquilizers (tranquilizantes mayores), que podía dar lugar a graves confusiones con los ansiolíticos (o «tranquilizantes menores»), como las benzodiacepinas; o también el de phenothiazines (fenotiacínicos), que en propiedad podría aplicarse únicamente al subgrupo de los derivados de la fenotiacina, como la clorpromacina o la flufenacina, pero que algunos autores hacían extensivo, de forma impropia, a otros fármacos de actividad semejante. Dos nombres, sin embargo, han seguido alternando en las publicaciones médicas hasta la actualidad. En Europa se utiliza más neuroleptics (neurolépticos), mien- tras que en los Estados Unidos se utiliza más antipsychotics (antipsicóticos). En España e Hispanoamérica, la forma más utilizada fue tradicionalmente, con mucho, ‘neurolépticos’, pero ‘antipsicóticos’ gana terreno a pasos agigantados. Por ser la forma más utilizada en los Estados Unidos, desde luego, pero también porque algunos de los últimos fármacos de este grupo, como la risperidona o la remoxiprida, apenas presentan los efectos neurológicos y motores tan caracte- rísticos de los neurolépticos tradicionales. anxiety. En el lenguaje especializado de la psiquiatría, en español se llamó tradi- cionalmente ‘angustia’ a la anxiety del inglés. En los últimos tiempos se está viendo mucho ‘ansiedad’ en el sentido psiquiátrico del inglés anxiety. Ello tiene la ventaja de establecer una distinción clara con los cuadros paroxísticos, agudos y súbitos que en inglés llaman panic. Los internistas y los médicos en ejercicio de otras especialidades medicoquirúrgicas suelen utilizar el término anxiety no en su acepción psiquiátrica, sino en el sentido más general de ‘nerviosismo’, ‘ansiedad’, ‘inquietud’ o incluso ‘agitación’.
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Y en el inglés coloquial, anxiety suele utilizarse en el sentido de ‘inquietud’, ‘pre- ocupación’ o ‘desasosiego’; p. ej.: your parents are anxious about your health (tus padres están preocupados por tu salud). attack of nerves v. NERVOUS COLLAPSE autogenic training ( AT ). No me gustan nada los calcos «entrenamiento autó- geno» y «entrenamiento autogénico», sobre todo si tenemos en cuenta que el creador de este concepto, el neuroanatomista y psiquiatra alemán Oskar Vogt (1870-1959), lo llamó originalmente Autohypnose (autohipnosis). Si, tras la caída en desgracia científica del hipnotismo, uno prefiere evitar el término ori- ginal, un vocablo como ‘autorrelajación’ resulta mucho más claro y conciso que «entrenamiento autogénico». aware, to be. Recomiendo precaución con su traducción acrítica por ‘ser cons- ciente’, pues con frecuencia es preferible recurrir a otras expresiones menos rebuscadas, como ‘estar al tanto’, ‘hacerse cargo’, ‘darse cuenta’, ‘comprender’ o, sencillamente, ‘saber’; p.ej., Are you aware of any medical conditions running in you family? (¿sabe de alguna enfermedad hereditaria en su familia?).
bigorexia. Neologismo seudocientífico acuñado en inglés, por contracción de big (grande) y anorexia (anorexia nerviosa [véase más arriba]), para designar la adic- ción a los gimnasios de musculación y la obsesión enfermiza por desarrollar una enorme masa muscular (supuestamente hermosa) en personas —por lo general varones de 16 a 35 años— que en el espejo se ven siempre enclenques. Es obvio que quienes acuñaron el término inglés desconocían el significado del griego orexis (apetito), pues el híbrido bigorexia significa literalmente “gran apetito” (es decir, exactamente lo mismo que ‘hiperorexia’, ‘bulimia’ o ‘hambre canina’), que no tiene nada que ver con el concepto que pretende designar. En español, una ingeniosa adaptación fonética del término inglés ha dado lugar a «vigorexia», que aprovecha por los pelos el latín vigor (fuerza) y lo une al griego orexis en un sinsentido neológico que, pese a todo, parece estar impo- niéndose en la práctica con rapidez. Dado que no parece que los hablantes vayan a aceptar a estas alturas un helenismo bien formado (p. ej.: ‘megalomio- manía’, que literalmente significa “adicción a los músculos de gran tamaño” y propongo con la mejor de las intenciones, pero sin apenas esperanzas), con- vendría esforzarse por imponer en la práctica al menos un tecnicismo médico medianamente lógico. El más usado por los psiquiatras estadounidenses es muscle dysmorphia (dismorfia muscular), como subvariedad muscular del tras- torno psiquiátrico más amplio conocido como body dysmorphic disorder (tras- torno dismórfico corporal). Otros sinónimos en inglés, que desaconsejo vivamente, son: Adonis complex , machismo nervosa [sic], megorexia y reverse anorexia. borderline. Como adjetivo, puede traducirse literalmente por ‘limítrofe’, ‘interme- dio’ o ‘fronterizo’, si bien en muchos casos es preferible traducirlo por ‘dudoso’
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cifras o letras (p.ej.: dos al cuadrado, pi al cuadrado). La forma correcta, pues, debe leerse ‘prueba de la ji al cuadrado’. En el lenguaje escrito, no obstante, hay que tener en cuenta que las letras no se escriben en español con su nombre completo, por lo que es preferible escribir ‘prueba de la χ^2 ’; chi-square with Yates (prueba de la χ^2 con corrección de Yates) child life. En el ámbito hospitalario es frecuente utilizar en inglés la expresión child life para referirse a las actividades lúdicas y recreativas, como si toda la vida infantil se redujera a ellas. Con frecuencia, se usa también en el sentido más restringido aún de recreation therapy o recreational therapy (de hecho, no es raro encontrar esta especialidad como recreation therapy and child life , donde la sección de recreation therapy se ocupa de los adultos, y la sección de child life se ocupa de los niños), para designar el aprovechamiento psicoterapéutico de la diversión, los juegos y el entretenimiento con el fin de facilitar que el niño asuma la hospitalización como una experiencia positiva o, al menos, no como una experiencia traumática. En este sentido, el concepto de recreation therapy se halla muy próximo al nuestro de ‘ludoterapia’, si bien en la práctica se ven cada vez más en español los calcos «terapia de recreación» y «terapia recreacio- nal» (puestos a acuñar una nueva expresión, hubiera sido más lógico, pienso, algo así como ‘psicoterapia recreativa’). En cuanto al nombre que deben recibir quienes se ocupan de ello, considero igualmente que ‘ludoterapeuta’ permite traducir el inglés recreational therapist o therapeutic recreation specialist en la mayor parte de los casos (si bien se ven ya mucho en español los calcos «terapeuta recreacional», «especialista en recreación terapéutica» y «recreacionista»), y ‘ludoterapeuta infantil’ permite traducir el inglés child life specialist en la mayor parte de los casos (si bien se ven ya mucho en español los calcos «especialista en vida infantil» y «especialista en recreación infantil»). cognitive. En español disponemos de dos adjetivos sinónimos para traducir este adjetivo inglés: la forma tradicional ‘cognoscitivo’ (que se usa en el lenguaje español de la filosofía desde hace al menos tres siglos) y la forma moderna hoy predominante ‘cognitivo’ (que comenzó a usarse en la segunda mitad del siglo XIX, pero no se difundió ampliamente hasta bien entrado el siglo XX, por influen- cia del inglés; la RAE lo admitió en 1992). Ambos adjetivos se usan hoy mucho en español, y al traductor le interesa saber que en psiquiatría y psicología se están usando en la práctica como sinónimos estrictos para expresar relación con el conocimiento (pese a que la RAE esta- blezca en su diccionario una distinción entre ‘cognitivo’ como “perteneciente o relativo al conocimiento” y ‘cognoscitivo’ como “capaz de conocer”). compulsive gambling v. PATHOLOGIC GAMBLING cyclic antidepressants. En inglés se usa esta expresión, de forma incorrecta, para referirse en conjunto a los antidepresivos bicíclicos, tricíclicos y tetracícli- cos, por oposición a los IMAO o inhibidores de la monoaminoxidasa, aunque éstos también sean cíclicos (por poseer sus átomos dispuestos en forma de anillo). Una posible solución es referirse a aquéllos como ‘antidepresivos hete- rocíclicos’.
deliriant. Obsérvese que en inglés distinguen claramente entre deliriant (capaz de producir delirio, en el sentido de síndrome confusional), delirious (que padece delirio, en el sentido de síndrome confusional) y delusional (perteneciente o rela- tivo al delirio, en el sentido de ideas delirantes), mientras que en español usamos un mismo adjetivo, ‘delirante’, con los tres significados. delirium. En inglés distinguen claramente entre delirium (cuadro de disminución de la conciencia) y delusion (trastorno del pensamiento); en español, en cambio, tenemos una misma palabra para ambos conceptos: ‘delirio’. Personalmente, recomiendo evitar en español los anglicismos «delírium» y «delu- sión». Si en algún caso hubiera posibilidad de equívoco para el lector, puede hablarse de ‘delirio confusional’, ‘confusión’, ‘síndrome confusional’, ‘síndrome confusional agudo’ u ‘obnubilación’ para la primera acepción de ‘delirio’ (esto es, el delirium del inglés o el Delir del alemán) y de ‘delirio esquizofrénico’ o ‘ideas delirantes’ para la segunda (esto es, el delusion del inglés o el Wahn del alemán). delusion v. DELIRIUM delusional v. DELIRIANT drug abuse , drug addiction y drug dependence. Tras la irrupción de la morfina y la heroína en la Norteamérica y la Europa de finales del siglo XIX, asistimos primeramente en el lenguaje especializado de la medicina a una etapa de con- fusión terminológica en la designación de las nuevas realidades médicas. Hacia 1930, no obstante, comienza a imponerse en el inglés médico la distinción entre addiction (o drug addiction ), para hacer referencia a los fenómenos de depen- dencia física (y psíquica) y tolerancia, y habituation (o drug habituation ), para un cuadro más leve, sin dependencia física ni apenas tolerancia, y con dependencia psíquica mínima o muy ligera. En 1964, en vista de que tal distinción no había conseguido aún imponerse en la práctica y las confusiones entre addiction y habituation estaban a la orden del día, un comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) deci- dió acuñar un nuevo término que englobara y sustituyera a ambos: dependence (o drug dependence ; que algunos escriben drug dependance , y muchos más escriben drug dependency ). En 1968, el nuevo término se adoptó oficialmente de forma simultánea en las dos nomenclaturas psiquiátricas más importantes: la CIE-8 (de la OMS) y el DSM-II (de la APA o Asociación Estadounidense de Psiquiatría). Desde entonces, el término dependence se ha mantenido hasta ahora sin cambios en el DSM, y con pequeños cambios en la CIE (donde se cambió a dependence syndrome ; más concretamente, alcohol dependence syn- drome es término oficial recomendado desde la CIE-9 de 1977, y drug depen- dence syndrome es término oficial recomendado desde la CIE-10 de 1992). Como era de esperar, la nueva nomenclatura oficial no solucionó los problemas terminológicos, sobre todo por dos motivos: a) Casi cuarenta años después, ha logrado acabar prácticamente con el término habituation , hoy arcaico en inglés, pero drug addiction sigue siendo hoy mucho más frecuente que drug dependence , incluso en los textos especializados.
ción), que es una distinción sumamente útil cuando se habla de drogas. Ello nos permitía distinguir claramente entre ‘heroinomanía’ (adicción a la heroína) y ‘heroinismo’ (intoxicación con heroína); entre ‘cocainomanía’ (adicción a la cocaína) y ‘cocainismo’ (intoxicación con cocaína), o entre ‘morfinomanía’ (adic- ción a la morfina) y ‘morfinismo’ (intoxicación con morfina). En español, pues, era habitual llamar ‘toxicomanías’ a lo que en inglés llamaban drug addiction (o también drug abuse o drug dependence ). Así las cosas, hoy pueden verse en español los términos ‘drogodependencia’, ‘adicción’ (o ‘drogadicción’), ‘toxicomanía’ y ‘abuso de drogas’ como si fueran sinónimos. DSM. Siglas inglesas de Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders , nomenclatura psiquiátrica publicada por la American Psychiatric Association o Asociación Estadounidense de Psiquiatría. El título de este libro tiene traducción al español, “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”, pero para referirse a él de forma abreviada se usa, también entre nosotros, la sigla inglesa ‘DSM’. Hasta ahora se han publicado cuatro ediciones: DSM-I, en 1952; DSM-II, en 1968; DSM-III, en 1980 (revisada en 1987: DSM-III-R), y DSM-IV, en 1994 (revisada en el 2000: DSM-IV-TR). Es importante tener presente que la nomenclatura del DSM, dominante, desde luego, entre los médicos estadounidenses (y también, por el prestigio actual de la psiquiatría estadounidense, en gran parte del mundo), no coincide en muchos casos ni con la nomenclatura de las enfermedades psiquiátricas reco- gida en la CIE-10 de la OMS, predominante en Europa, ni con el sistema ale- mán de la AMDP (Arbeitsgemeinschaft für Methodik und Dokumentation in der Psychiatrie) ni con la clasificación sindrómica tradicional francesa, de gran influencia histórica en la psiquiatría española e hispanoamericana.
ego. En español no tiene sentido emplear esta mala traducción inglesa para designar lo que Freud llamó das Ich (‘el yo’); p. ej.: ego instincts (instintos del yo), ego libido (libido del yo), ego strength (fortaleza del yo).
fetishism. Este término (en francés, fétichisme ) lo incorporó al lenguaje de la medicina el psiquiatra francés Alfred Binet en 1887, pero su uso se difundió gracias a la famosa Psychopathia sexualis del psiquiatra alemán Krafft-Ebing (en alemán: Fetischismus ). Tradicionalmente se ha dado el nombre de ‘feti- chismo’ a una parafilia en la que la excitación sexual, según la definición clásica de Krafft-Ebing, se centra en una parte del cuerpo femenino o una prenda de vestir femenina (no por machismo, sino porque esta parafilia es práctica- mente exclusiva de mi sexo). Recientemente, sin embargo, algunos autores
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se muestran partidarios —con buen criterio, a mi modo de ver— de restringir el término fetishism para la fijación parafílica por una prenda de vestir u otro objeto inanimado (p. ej.: shoe fetishism , ‘fetichismo del calzado’), y recurrir al neologismo partialism para referirse a la fijación parafílica por una parte del cuerpo. De esta forma, expresiones de uso tan antiguo en psiquiatría como foot fetishism o hand fetishism corresponden en la actualidad a ‘parcialismo del pie’ y ‘parcialismo de la mano’. Por coherencia con los cambios terminológicos comentados, en la nomenclatura psiquiátrica moderna el travestismo ha pasado a considerarse como una forma especial de fetichismo, y la expresión transvestic fetishism (fetichismo travestista) ha sustituido en el DSM-IV al término transvestism que aparecía todavía en el DSM-III. flashback. Expresión coloquial para referirse a la rememoración involuntaria de un suceso traumático, o a la reaparición involuntaria de una experiencia alucinato- ria cierto tiempo después de haber ingerido el alucinógeno que causó el efecto original. Recomiendo evitar en estos dos sentidos el anglicismo «flashback», que aconsejo traducir al español como ‘reviviscencia’ (mejor que ‘retrospectiva’, que es también traducción frecuente). folie à deux. Recomiendo evitar en español tanto el galicismo «folie à deux» como el calco «locura a dos» para el cuadro psicótico que en español llamábamos clásicamente ‘delirio compartido’ (compartido por dos personas, de las que una actúa como inductora y la otra como inducida). En la terminología psiquiátrica actual corresponde al concepto de ‘trastorno delirante inducido’ en la clasifi- cación internacional de enfermedades o, lo que es lo mismo, al concepto de shared psychotic disorder (trastorno psicótico compartido) en el DSM-IV de la escuela estadounidense de psiquiatría. Freud squad v. SHRINKS
gender. En los últimos tiempos hemos asistido, procedente del terreno de la socio- logía y el feminismo, a un movimiento de gran intensidad tendente a marcar en inglés una clara diferencia entre sex (que haría referencia a las características biológicas determinadas, relativamente invariables, entre el hombre y la mujer) y gender (para indicar las características socialmente construidas que constituyen la definición de lo masculino y lo femenino en las distintas culturas, por influen- cia de factores como la educación, la familia, la cultura, etc.). Esta tendencia, sumada a la mojigatería puritana que evita desde antiguo el uso de sex en inglés por sus connotaciones sexuales, ha llevado al uso creciente de gender donde hasta hace un par de decenios se escribía sex. En español, por supuesto, hemos asistido a un movimiento idéntico que busca extrapolar, mediante un procedimiento de calco, esa misma diferencia para nues- tros vocablos ‘sexo’ y ‘género’. Este intento de calcar sin más del inglés al español dicha visión sociológica, parece olvidar varios aspectos importantes:
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Si para todos ellos se usó siempre ‘sexo’ y a nadie se le ocurrió llamar «testo» al sexo gonadal, ni «psixo» al sexo psíquico, ni «cromo» al sexo cromosómico ni «carné» al sexo legal, no entiendo bien la necesidad de llamar ahora «género» al sexo sociocultural. d) Un problema especial que suele pasarse por alto es el derivado del hecho de que en diferentes especialidades se está usando gender con sentidos bien distin- tos. En el campo de la sociología, ya lo hemos visto, es frecuente usar gender en el sentido de ‘sexo sociocultural’, mientras que entre los médicos se ve más su uso en el sentido de ‘sexo psíquico’ o ‘identidad sexual’, que es un concepto muy distinto. Eso sin contar con el número creciente de científicos que, sencillamente, usan ya sex sólo para expresar relación con la sexualidad y lo sustituyen en todos los demás casos por gender , aunque estén haciendo referencia al sexo gonadal o al sexo fenotípico. Ello es evidente, por ejemplo, cuando el vocablo gender se aplica a los animales: influence of gender on chronic effects of thyroid hormones in rats (influencia del sexo sobre los efectos crónicos de las hormonas tiroideas en las ratas). e) En español, el uso de «género» en el sentido del inglés gender es muy frecuente en el ámbito de la sociología, el feminismo y, en general, todos los textos traducidos del inglés, pero en la lengua general no ha calado aún con la fuerza con que lo ha hecho en inglés. Así, si en inglés estamos asistiendo sin grandes resistencias a la progresiva transformación de transexual primero en transgender y luego en cross-gender , en español sigue entendiéndose muchí- simo mejor ‘transexual’ que «transgénero» o «crosgénero», y son muchos los organismos, instituciones y autores reacios a usar «género» en el sentido angloide. Por todos los motivos comentados, recomiendo mantener en español el uso de ‘género’ con su sentido gramatical tradicional (femenino, masculino y neutro), y traducir el inglés gender por ‘sexo’ (con los calificativos que haga falta, según el contexto) en su sentido biológico tradicional, desde luego, pero también en su sentido sociocultural moderno. Ejs.: division of work by gender (división del trabajo en función del sexo); gender-adjusted incidence rate (tasa de incidencia ajustada por sexo), gender bias (sesgo de sexo), gender disaggregated data (datos desglosados por sexo), gender discrimination (discriminación sexual, discrimina- ción por motivos de sexo), gender identity disorder (trastorno de la identidad sexual), gender reassignment (cambio de sexo), gender testing (prueba de confir- mación del sexo), transgenders (transexuales). Con frecuencia, el recurso al sintagma ‘hombres y mujeres’ (o ‘el hombre y la mujer’) permite transmitir de forma fiel y clara las connotaciones del inglés gen- der : gender equity (equidad entre hombres y mujeres), gender gap (disparidad entre el hombre y la mujer), gender pay gap (diferencia de retribución entre hom- bres y mujeres, diferencia salarial entre hombres y mujeres), gender relations (rela- ciones entre hombres y mujeres). gender harassment. Obsérvese que en inglés distinguen claramente entre sex harassment (que es el ‘acoso sexual’) y gender harassment (que es el ‘acoso machista’, ya sea éste de carácter sexual o no).
gender violence (o gender-based violence ). Desde 1995, fecha en que se celebró en Pekín la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, se escribe constantemente sobre gender violence ; en español, este concepto se ve con frecuencia traducido como «violencia de género», si bien, según lo que he comentado más arriba en gender , considero preferible hablar de ‘violencia sexista’. En realidad, la mayor parte de las veces se usa en un sentido más restringido, para referirse exclusi- vamente a la ‘violencia machista’ (es decir, violencia sexista dirigida contra la mujer, generalmente asociada a una cultura patriarcal, machista y de sumisión de las mujeres). No deben confundirse, aunque muchos lo hagan, los términos gender violence (violencia machista) y domestic violence (violencia doméstica o violencia familiar, que abarca, además de la violencia conyugal y la violencia de pareja, también la violencia de superioridad dirigida contra niños y ancianos; y que, por cierto, no rara vez se ejerce también fuera del ámbito doméstico).
imprinting. Para dar nombre a la forma de aprendizaje que el etólogo austríaco Konrad Lorenz llamó Prägung , y en inglés se tradujo como imprinting , se han utilizado en español multitud de términos. En 1984, la RAE admitió, de forma simultánea, tres de ellos: ‘impregnación’ (que hoy prácticamente no usa nadie ya con este sentido), ‘impronta’ (que cada vez se ve más por influencia del inglés) y ‘troquelado’ (que para muchos traductores con experiencia es la forma preferida, y recomiendo). Otros sinónimos no incluidos en el diccionario acadé- mico son ‘estampación’ y ‘estampado’. insane. No es ‘insano’ ( unhealthy ), sino ‘loco’ o ‘demente’, referido a trastornos psíquicos diversos; p. ej.: he was certified insane (fue declarado demente); crimi- nal insanity (enajenación mental), insane jealousy (celotipia).
-maniac. Aunque el adjetivo derivado de ‘manía’ es ‘maníaco’, los términos com- puestos que incorporan en inglés el sufijo -maniac adoptan en español la forma ‘-´mano’; p. ej.: erotomaniac (erotómano), kleptomaniac (cleptómano), nympho- maniac (ninfómana), pyromaniac (pirómano). maniac-depressive. La mayor parte de los psicólogos prefiere escribir este término compuesto con guión intermedio: ‘maníaco-depresivo’. La forma en una sola palabra, ‘maniacodepresivo’ (¡nunca «maníacodepresivo», pues la elisión del guión hace que el primer elemento pierda su acento prosódico!) es aún mino- ritaria. Obsérvese que, tanto si uno escribe ‘maníaco-depresivo’ como ‘maniacode- presivo’, el primer elemento del compuesto es invariable en género y número: diremos, pues, ‘enfermedad maníaco-depresiva’ (o ‘enfermedad maniacodepre-
d) Si el CI es de 50 a 69, se habla de mild mental retardation (retraso mental leve); sinónimos ingleses hoy desaconsejados: feeble-mindedness , mild mental subnormality , mild oligophrenia y moron. e) Tradicionalmente, se distinguía asimismo un quinto tipo de retraso mental con CI de 70 a 84, conocido como borderline mental retardation (retraso intelectual límite o fronterizo); como hoy se prefiere no incluir esta categoría dentro del retraso mental, se le cambió el nombre por el de borderline intellectual capacity (capacidad intelectual límite o fronteriza) o borderline intellectual functioning (funcionamiento intelectual límite o fronterizo). midlife crisis. Expresión acuñada por el sociólogo Elliott Jaques en 1965 para la crisis existencial y de identidad típica de los cuarenta y tantos, generalmente asociada a una fuerte ansia de cambio vital. En español pueden verse multi- tud de traducciones de lo más confuso, como «crisis de la vida media», «crisis de la edad intermedia», «crisis de la mitad de la vida», «crisis de la mediana edad», «crisis de la edad media», «crisis de la segunda adolescencia» o «crisis del adulto». De entre las opciones en uso, la más clara es, me parece, ‘crisis de los cuarenta’. Mini Mental State Examination ( MMSE , también llamado mini-mental test ). Escala de valoración diseñada en 1975 por Folstein y McHugh con la idea de disponer de un análisis breve, rápido y normalizado del estado mental para diferenciar, en los pacientes psiquiátricos, los trastornos funcionales de los orgánicos. En español hubiéramos podido muy bien llamarlo ‘miniexamen del estado mental’, pero la versión española validada por Antonio Lobo en 1999 lo fue con el título de «Mini-Examen Cognoscitivo» (MEC; en realidad, lo correcto sería ‘Miniexamen Cognoscitivo’, que se usa también mucho en la práctica). mobbing. Recomiendo evitar en español tanto el anglicismo mobbing (para más inri, con frecuencia pronunciado de forma incorrecta /múbin/ ) como el galicismo «acoso moral» (por influencia del francés harcèlement morale ), fácilmente sus- tituibles por ‘acoso psicológico’ (o ‘acoso psicológico en el trabajo’), que es la traducción recomendada por la Comisión Europea y la Agencia Efe, o bien ‘acoso laboral’. Según el contexto, cabe también la posibilidad de optar por otras posibilidades de traducción, como ‘vejar’ (o ‘vejación’), ‘desdeñar’ (o ‘desdén’), ‘despreciar’ (o ‘desprecio’), ‘discriminar en el trabajo’ (o ‘discriminación laboral’) e incluso, en el registro más coloquial, expresiones del tipo de “el jefe le tiene tirria”. Parecidas consideraciones cabe hacer en relación con el término análogo bullying (acoso escolar). most significant other v. SIGNIFICANT OTHER Munchausen’s syndrome. Recomiendo evitar el calco del inglés, «síndrome de Munchausen», para traducir esta expresión acuñada por el médico londinense Richard Asher en 1951. En primer lugar, el síndrome recibió este nombre en recuerdo de Hieronymus Karl Friederich, barón de Münchhausen (1720-1791), por lo que en español deberíamos decir ‘síndrome de Münchhausen’. En segundo lugar, ni en la vida del personaje real ni en ninguna de las obras lite-
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rarias basadas en él se hace mención de la medicina, de los médicos o de las enfermedades, por lo que no está nada claro por qué habríamos de dar este nombre al comportamiento psiconeurótico por el que los pacientes simulan trastornos o enfermedades con el fin de conseguir ingresar en un hospital o ser intervenidos quirúrgicamente. Mucho más lógico parece utilizar un nombre más descriptivo, como el propuesto por los psiquiatras estadounidenses en su DSM: ‘trastorno facticio con síntomas físicos’. Pretenden así establecer una distinción entre ‘simulación’ (cuando el simulador espera conseguir algún beneficio de la enfermedad simulada) y ‘tras- tornos facticios’ (en los que existe una necesidad psicológica de asumir el papel de enfermo).
narcotic****. En español, ‘narcótico’ era clásicamente cualquier fármaco que cau- sara sueño o narcosis, como la morfina y otros derivados opiáceos. En inglés, en cambio, y sobre todo en el inglés norteamericano, es frecuente hoy el uso de narcotic en un sentido más amplio, para referirse a cualquier droga que produzca dependencia (aunque, como es el caso de la cocaína o del hachís, sus acciones farmacológicas no tengan ya nada que ver con la narcosis). Por motivos de precisión y claridad, recomiendo evitar la palabra «narcó- tico» en el lenguaje médico actual, y sustituirla por ‘opiáceo’ u ‘opioide’ en el primer caso, y por ‘droga’ o ‘estupefaciente’ en el segundo; p. ej.: Commission on Narcotic Drugs (Comisión de Estupefacientes), International Narcotics Control Board o INCB (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, JIFE), narcotic addiction (toxicomanía, drogadicción), nar- cotic analgesics (analgésicos opiáceos, analgésicos opioides), narcotic drugs (drogas, estupefacientes). neglect. No deben confundirse los sustantivos ingleses negligence (negligencia) y neglect (descuido, desatención, dejadez, abandono, incumplimiento). Los neurólogos denominan neglect o neglect syndrome (también llamado contra- lateral neglect , hemi-inattention, hemineglect , hemisensory neglect , hemispatial neglect , sensory neglect o unilateral neglect ) a la ausencia de orientación, aten- ción o reacción del paciente ante estímulos nuevos o intensos provenientes del lado contrario a la lesión. Ésta, casi siempre de carácter vascular o tumoral, suele localizarse en el hemisferio derecho, sobre todo si se trata de un cuadro grave. Recomiendo evitar en español los calcos «síndrome de negligencia» o «síndrome de heminegligencia», que son para nosotros confusos y pueden nombrarse de forma mucho más clara como ‘síndrome de inatención’ o ‘síndrome de inatención unilateral’. No debe confundirse este síndrome neurológico con self-neglect syndrome , que es el ‘síndrome de dejadez senil’ o ‘síndrome de Diógenes’, en ancianos que se aíslan socialmente, se recluyen en su domicilio y se abandonan a una conducta de dejadez extrema con descuido total de la higiene.
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sidad compulsiva o patológica de apostar en juegos de azar. Quienes acu- ñaron este neologismo en francés ( ludopathie ) olvidaron, no obstante, que el sufijo de origen griego ‘-patía’ se pospone en español al nombre de los órganos o aparatos enfermos (p. ej.: hepatopatía, cardiopatía, neuropatía, hemopatía, nefropatía, retinopatía, etc.). Para referirnos a una actitud com- pulsiva, hubiera sido sin duda mucho más lógico hablar de ‘ludomanía’ (o incluso de ‘ludofilia’). pedophilia. Esta palabra inglesa puede hacer referencia a dos parafilias bien dis- tintas:
1. Sólo en el inglés norteamericano (pues se escribe paedophilia en inglés bri- tánico): atracción sexual por los niños. Aunque no todos los autores coinciden, en inglés era tradicional distinguir entre paedophilia o pedophilia (atracción heterosexual por los niños [en realidad, prácticamente siempre por las niñas]) y paederasty o pederasty (atracción homosexual por los niños [en realidad, prác- ticamente siempre por los niños varones]). En español, ambos conceptos se habían denominado tradicionalmente ‘pederastia’ (‘pederastia heterosexual’ en el primer caso, ‘pederastia homosexual’ en el segundo) o, menos frecuen- temente, ‘paidofilia’. En los últimos años, parece estar imponiéndose en español una distinción, que podría resultar muy útil, entre ‘paidofilia’ (atracción erótica o sexual que un adulto siente por los niños; es forma abreviada de las formas más correctas ‘paidofilia erótica’ o ‘paidofilia sexual’) y ‘pederastia’ (abuso sexual cometido con niños). Según eso, el término ‘paidofilia’ daría nombre a la tendencia para- fílica, de ámbito médico-psiquiátrico, mientras que ‘pederastia’ daría nombre a la práctica abusiva o delictiva, de ámbito legal y moral. En el año 2001, la RAE —que desde 1899 sólo admitía el término ‘pederastia’— dio entrada en su diccionario al término ‘paidofilia’, marcando claramente la diferencia que acabo de comentar. 2. En inglés británico y norteamericano: atracción sexual por los pies. Para evi- tar confusiones con la acepción anterior, es siempre preferible traducirlo por ‘fetichismo del pie’ (o ‘parcialismo del pie’, según lo comentado más arriba en fetishism ). psychological (o psychologic ). Significa ‘psicológico’, desde luego, para expresar relación con la psicología; pero se usa también muchísimo, de forma impropia, con el sentido de psychic (‘psíquico’: relativo a la mente) o de psychogenic (‘psi- cógeno’: de origen psíquico); p. ej.: psychological abuse (malos tratos psíquicos), psychological dependence (dependencia psíquica). psychomotor. El adjetivo ‘psicomotriz’ no es más que la forma femenina de ‘psi- comotor’. Recomiendo evitar, pues, el uso indiscriminado de este adjetivo feme- nino aplicado a sustantivos masculinos, relativamente frecuente en los textos especializados: psychomotor development (desarrollo psicomotor, y no «desa- rrollo psicomotriz»), psychomotor disorder (trastorno psicomotor, y no «tras- torno psicomotriz»), psychomotor retardation (retraso psicomotor, y no «retraso psicomotriz»).
REM sleep. Recomiendo evitar la sigla inglesa de rapid eye movements , que puede castellanizarse fácilmente a ‘MOR’ (movimientos oculares rápidos). De todos modos, ¿por qué imitar a los autores de habla inglesa en su siglomanía? Por motivos de claridad, en la mayor parte de los casos es preferible hablar de ‘sueño desincronizado’ o ‘sueño paradójico’. Sinónimos en inglés: desynchro- nized sleep , dream sleep , fast sleep , fast-wave sleep y rapid-eye-movement sleep. Idénticas consideraciones cabe hacer en relación con la expresión NREM sleep o non-REM sleep (sueño sincronizado, sueño profundo); sinónimos en inglés: non-rapid eye movement sleep , quiet sleep , slow sleep , slow-wave sleep y syn- chronized sleep. resilience (o resiliance ). En la mayor parte de los casos conviene evitar en español los anglicismos «resiliencia», «resiliancia» y «resilencia» (del verbo inglés to resile ). El término inglés surgió en el ámbito de la ingeniería, la mecánica y la física de materiales para expresar un concepto afín al de ‘resistencia’ (capacidad de oponerse a una deformación) y al de ‘elasticidad’ (capacidad de recobrar el estado inicial después de una deformación), pero distinto de ambos. El con- cepto de resilience se aplica a la capacidad de un material para recuperar su forma original tras haber sufrido repetidas deformaciones, y viene a ser, por lo tanto, el antónimo de ‘fatiga’. Entre los ingenieros de habla hispana parece haberse extendido el calco «resiliencia» (que la RAE admitirá a buen seguro en la próxima edición de su diccionario), pero pienso que muy bien podría haberse optado por otras traducciones más claras, como ‘aguante’, ‘entereza’ o ‘tolerancia’. Desde el campo de la física, el término resilience pasó al de la psicología, donde ya se utiliza mucho, en sentido figurado, para referirse a la capacidad de un paciente para recuperarse rápidamente tras una enfermedad; a la capacidad de una persona para sobreponerse a alguna adversidad, o a la flexibilidad o capa- cidad de una persona para adaptarse a distintas circunstancias. La traducción más adecuada dependerá en cada caso del contexto, pues el español posee multitud de vocablos para expresar este concepto, desde ‘resistencia (frente a la adversidad)’ hasta ‘longanimidad’ (que se define como: “grandeza y cons- tancia de ánimo en las adversidades”), pasando por ‘temple’, ‘aguante’, ‘ente- reza’, ‘(capacidad de) superación’, ‘(capacidad de) recuperación’, ‘(capacidad de) supervivencia’, ‘tolerancia (de la adversidad)’ o ‘capacidad para afrontar la adversidad’. En los textos médicos, por último, el término resilience ha adoptado en inglés otros dos sentidos figurados que contribuyen a aumentar la confusión: ‘resisten- cia terapéutica’ (o ‘resistencia al tratamiento’) y ‘rebote (de una enfermedad o de un proceso morboso)’. Rorshach. Los médicos de habla inglesa escriben con frecuencia de forma inco- rrecta, por influencia de la sh inglesa (que se pronuncia igual que la sch ale- mana), el apellido del psiquiatra suizo Hermann Rorschach (1884-1922).