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Asignatura: accion colectiva, Profesor: Miriam Arenas Conejo, Carrera: Psicologia, Universidad: UOC
Tipo: Apuntes
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Los textos e imágenes publicados en esta obra están sujetos –excepto que se indique lo contrario– a una licencia deReconocimiento-Compartir igual (BY-SA) v.3.0 España de Creative Commons. Se puede modificar la obra, reproducirla, distribuirla o comunicarla públicamente siempre que se cite el autor y la fuente (FUOC. Fundació per a la Universitat Oberta de Catalunya), y siempre que la obra derivada quede sujeta a la misma licencia que el material original. La licencia completa se puede consultar en:http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/es/legalcode.ca
"Más que cambiar el mundo, como diría Marx, hay que cambiar la vida, como decía Rimbaud." Esta cita la hizo el poeta Leopoldo María Panero en una entrevista a El País publicada en la edición del día 27 de octubre de 2001.
Puede parecer extraño, e incluso anticanónico y subversivo para muchos, ini- ciar un texto académico con la cita de un poeta. Sin embargo, Leopoldo María Panero no es ni cualquier persona, ni cualquier poeta. Es grande. Un sabio de la vida. Loco para muchos, incluso para él mismo, no podemos evitar referirnos al tópico tantas veces utilizado de que los niños y los locos dicen las verdades. Y los poetas son quienes mejor las dicen. Por tanto, tomaremos su afirmación como verdad, aunque provisional, como todas, porque en ella se encierra el espíritu, la lógica y el argumento de lo que expondremos a continuación.
Como se argumenta en el texto siguiente, los movimientos sociales son un producto de una determinada época histórica. No existieron con anterioridad y no sabemos si existirán, en esta forma, más adelante. Surgieron cuando las personas pudieron verse a sí mismas, tanto como individuos que como grupos y colectividades, agentes de su propio destino. Cuando pudieron pensarse co- mo el origen de sus formas de vida y de su organización social. Cuando esto sucedió, se hizo obvio que, si eran la causa de lo que hay, también podían ser el origen de lo que vendrá. La acción social tendente al cambio constituye, por tanto, un acto de conciencia colectiva.
Sin embargo, no todas las formas de acción colectiva son movimientos sociales en el sentido que aquí veremos, ni todas las formas de organización social son iguales y producen los mismos efectos. La búsqueda de la emancipación ha sido y es una respuesta reflexiva y consciente para romper con las estructuras y procesos de opresión y encontrar el camino para ganar mayores espacios de libertad.
Durante la historia de las movilizaciones sociales se puede señalar un claro punto de inflexión. Hasta un cierto momento, que algunos sitúan en los años sesenta, olvidando de manera demasiado interesada el papel del movimien- to libertario en la historia de la movilización social, los movimientos sociales pretendían cambiar el mundo, como diría nuestro poeta. Eran movimientos orientados a transformar la estructura social con la esperanza de que, generan- do nuevas formas de estructuración, la emancipación sería posible. Más ade- lante explicaremos con mayor detenimiento que estos movimientos eran muy distintos a los que les siguieron y que las ciencias sociales los abordaron ape- lando a dos corrientes mayoritarias, la estructural-funcionalista y la marxista.
mas. Por un lado, la teoría de la influencia minoritaria, que permite entender el proceso por medio del cual los grupos minoritarios pueden ejercer una in- fluencia y, por consiguiente, provocar un cambio en los sistemas de valores, las creencias y los comportamientos de los grupos mayoritarios. Esta influencia se ejerce por su capacidad de generar un conflicto simbólico con la mayoría, que precisa ser resuelto y, al hacerlo, provoca un movimiento de las posiciones de la mayoría hacia las de la minoría, es decir, el cambio. Por otro lado, presen- taremos la teoría de la identidad social, en la que la identidad es vista como la conciencia de pertenencia a un grupo o categoría y la valoración de dicha pertenencia. La necesidad de mantener una identidad social positiva requiere garantizar una distintividad positiva de la propia categoría frente a las otras. Cuando la mencionada distintividad es negativa y, por tanto, la identidad so- cial también lo es, se desarrollan estrategias de movilización para proporcionar las bases de una identidad positiva.
En el apartado "Emergencia, características y funcionamiento de los movi- mientos sociales", intentaremos llevar a cabo una síntesis de las perspectivas teóricas analizadas, ofreciendo una definición tentativa de movimiento social, así como un determinado número de criterios que nos permitan distinguir entre lo que es y lo que no es un movimiento social. Al final de este apartado abriremos una discusión para ver el alcance que las nuevas teorías sobre la so- ciedad, que la describen como globalizada, compleja, liquida y en red, pueden aportar al estudio de los nuevos movimientos sociales.
El objetivo general del módulo consiste en ofrecer un marco de inteligibilidad de los movimientos sociales como formas de acción colectiva para que los po- dáis utilizar y os ayuden a comprender su relación con el cambio y la trans- formación social.
Los objetivos específicos de este módulo son los siguientes:
1. Conocer las aportaciones que la Psicología y la Psicología social han hecho al estudio de los movimientos sociales. 2. Aproximarse a las principales teorías y modelos que las ciencias sociales en general han desarrollado para comprender los movimientos sociales. 3. Encontrar los recursos suficientes para poder definir qué es un movimiento social y distinguirlo de otros fenómenos y procesos de naturaleza colectiva.
Como objetivo general de aprendizaje, el módulo pretende mantener un ta- lante de reflexión crítica tanto por lo que respecta a los fenómenos y procesos sociales que se analizan como por lo que se refiere a los recursos teóricos que se presentan para ello.
comportamiento colectivo constituye el resultado de las tensiones que no pue- den ser absorbidas por los mecanismos, cuya función consiste en reequilibrar el sistema. Así, por ejemplo, cuando nos encontramos en un momento de rá- pidas transformaciones y/o de transformaciones a gran escala, la aparición de determinados comportamientos colectivos, tales como cultos religiosos, socie- dades secretas, sectas políticas o de otro tipo, etc. tienen una doble significa- ción: por un lado, reflejan la incapacidad de las instituciones y los mecanis- mos de control social para reproducir cohesión social y, por otro, muestran los intentos de la sociedad para reaccionar ante las situaciones críticas, desarro- llando nuevas creencias compartidas sobre las que fundamentar la solidaridad colectiva.
Del mismo modo, otras aproximaciones compartieron esta visión del compor- tamiento colectivo como una respuesta a una situación de crisis. Entonces, no es extraño que esto generara el respaldo idóneo para la emergencia de ex- plicaciones psicologistas. En efecto, al reducir los fenómenos colectivos a la suma de conductas individuales, estos enfoques de carácter psicologista ten- dieron a ver los movimientos sociales como una simple manifestación de los sentimientos de deprivación que experimentaban unos actores sociales con respecto a la situación de otros, o bien como un conjunto de sentimientos de agresión resultantes de expectativas frustradas.
En esta época, por ejemplo, fenómenos tales como el surgimiento del nazismo se consideraban reacciones agresivas que eran una consecuencia del rápido e inesperado fin del periodo de bienestar económico, así como del aumento de las expectativas a escala mundial. Asimismo, la influencia del Psicoanálisis posibilitó el hecho de incorporar en estos procesos ciertos mecanismos de na- turaleza inconsciente. Donatella Della Porta y Mario Diani (1999) señalan la coherencia de este planteamiento con otro punto de vista presente en el mis- mo momento; es decir, la asociación de la emergencia del extremismo políti- co con la generalización de una sociedad de masas en la que los vínculos so- ciales tradicionales, como la familia, tendían a fragmentarse. En este sentido, se sostuvo que el aislamiento social produce individuos con menos recursos intelectuales, profesionales y/o políticos, lo que les haría particularmente vul- nerables al llamamiento de movimientos antidemocráticos, tanto de derecha como de izquierda.
Este tipo de idea, según la cual las situaciones de frustración, la ausencia de raíces, la deprivación, la crisis social, etc. producen revueltas automáticamen- te, las simplifica a una mera aglomeración de conductas individuales y las connota con valoraciones negativas. En efecto, esta perspectiva no considera la importancia de las dinámicas por las cuales los sentimientos que la gente experimenta de manera individual generan fenómenos de carácter macroso- cial, como los movimientos sociales o las revoluciones, por ejemplo.
Lectura recomendada El célebre trabajo sobre la personalidad autoritaria refle- ja muy bien este tipo de posi- ción: Adorno,T.,Frankel-Bruns- wick,E.,Levinson,D.,y Sandford,R. (1950). La per- sonalidad autoritaria. Buenos Aires: Proyección, 1965.
Por su parte, la Psicología social contribuyó muy pronto al estudio de los mo- vimientos sociales, y con bastante fortuna, como veremos también después. En parte siguiendo estos mismos supuestos, pero connotando sus propuestas de mayor contenido social y enfatizando las cuestiones relacionadas con la interacción, los procesos grupales, las normas, la identidad, etc., que eran el tipo de preocupaciones presentes en la Psicología social en general. Así pues, aunque al principio no pudo escapar por completo de la influencia estructural funcionalista, su enfoque es marcadamente distinto del de la Psicología gene- ral.
Hadley Cantril (1941) fue uno de los primeros en abordar esta cuestión. Su enfoque de los movimientos sociales sigue al pie de la letra los modelos y los intereses de la Psicología social del momento. En aquella época, la Psicología (social) se preguntaba cosas como, por ejemplo, qué es lo que motiva a alguien a seguir a un líder, cómo se produce la influencia y la persuasión, y cosas si- milares. Por tanto, al enfrentarse al estudio de los movimientos sociales, no es extraño que las preguntas sean muy parecidas. Por ejemplo, ¿cómo podemos explicar la emergencia del liderazgo y su seguimiento?, ¿qué es lo que hace que el movimiento sea tan sugestivo y atrayente?, ¿qué piensa la gente que se implica en algo, como, por ejemplo, un movimiento, que a un observador le puede parecer tan extraño o tan esotérico?
Cantril no sólo ofreció un aparato conceptual para el análisis de los movi- mientos desde la Psicología social, sino que también analizó comportamien- tos colectivos, los fenómenos de masas y movimientos tales como los lincha- mientos, una secta religiosa como El Reino del Padre Divino, el Buchmanism ( Oxford group o Moral Rearment ) o el nazismo. Con estos análisis, su interés era proporcionar un marco teórico y conceptual que sirviera para explicar cual- quier otro movimiento social. Cantril adoptó una posición funcional, no po- sitivista. Los conceptos básicos que utiliza son los de patrones de normas que rodean a los individuos que componen los movimientos, la transmisión del contexto social (socialización) y la estructura del contexto mental (funciona- miento cognitivo).
"Mi objetivo consiste en aportar un marco conceptual básico que explique cualquier mo- vimiento social, de cara a enseñar a los individuos lo que deben buscar cuando ellos mis- mos quieren entender qué movimiento puede interesarles o implicarles." Cantril, H. (1941, p. VIII).
El marco básico desde el que Cantril analiza los movimientos sociales es el de las normas y la normativización. Según su planteamiento, los principales factores implicados en los movimientos sociales serían más las creencias y los valores que las rutinas o los hábitos de comportamiento. Cuando los compo- nentes del "mundo psicológico" del individuo son violentamente atacados por las preocupaciones, los miedos, las ansiedades y las frustraciones, y/o cuando como resultado de ello se cuestionan los valores y las normas que han sido relevantes para él o ella hasta el momento; en definitiva, cuando el marco so- cial no puede satisfacer ya sus necesidades, entonces surge una discrepancia
En 1969, Barry McLaughlin editó una obra esencial en la pequeña historia de la Psicología social de los movimientos sociales titulada Studies in Social Movements. A Social Psychological Perspective. En esta obra se recogen trabajos de Blumer y Mannheim, por ejemplo, lo que puede dar una idea de la orientación general del libro.
En la obra se discuten distintas definiciones y conceptualizaciones de los mo- vimientos sociales, así como los procesos psicosociales que están implicados en ellos, por ejemplo: los aspectos motivacionales, el efecto de los rasgos de personalidad de los participantes sobre los movimientos, las condiciones de pertenencia, el liderazgo o las bases sociales de la ideología de los movimien- tos (como los conflictos generacionales, la frustración y ansiedad propias de una era determinada, etc.).
En esta obra se reeditó el famoso trabajo de Blumer (1951) sobre los movi- mientos sociales. Blumer define estos últimos como:
"[...] empresas colectivas para establecer un nuevo orden de vida."
Blumer, H. (1951, p. 199).
Esta definición, que podríamos considerar clásica, recoge lo fundamental en cualquier concepción de los movimientos sociales: el comportamiento de grupodirigido,deformaconcertada,aproducircambiosocial.
Dado que esta definición se podría considerar como muy general, McLaughlin repasa algunas de las más conocidas concepciones de movimientos sociales que enfatizan otros aspectos que se deberían tener en cuenta:
No obstante, con estas adiciones no desaparecen los problemas en la defini- ción de un movimiento social, puesto que, como señala McLaughlin, los pro- blemas continúan si consideramos la enorme diversidad de movimientos. En efecto, los movimientos van desde los religiosos hasta los seculares o desde los revolucionarios hasta los reaccionarios. Una idea que ya empezaba a hacerse común es que, a pesar de su diversidad, se puede afirmar que, por norma ge- neral, los movimientos sociales incluyen entre sus características más destaca- das un sistemadevalorescompartido , un sentidodecomunidad , normas paralaacción y una estructuraorganizacional (Killian, 1964). Asimismo, McLaughlin (1969) añade que los movimientos buscan influir en el orden so- cial y están orientados hacia objetivos definidos (aunque los fines y propósitos de los miembros individuales pueden variar de manera considerable).
Otro tema relevante en la Psicología social de los movimientos sociales ha sido su topología. Para muchos, la ofrecida por Blumer (1951) es emblemática. En primer lugar, distingue entre movimientos sociales generales y específicos. Así, por ejemplo, su noción de "movimientos sociales generales", en los que el cambio de los valores estaría relativamente no dirigido y sería esencialmente desorganizado, aunque en una dirección común, ha ejercido gran impacto en las discusiones sobre las relaciones entre movimientos sociales y cambio social. En este sentido, los cambios graduales y acumulativos en la cultura dan
2) La dimensión de la personalidad. Esta dimensión se relaciona con los rasgos de personalidad, los estilos de enfrentamiento de los problemas, la privación relativa, etc. de los individuos. Es decir, a la hora de hacer inteligible la par- ticipación en los movimientos sociales, estos rasgos de los individuos serían cruciales.
3) La dimensión de socialización. Por socialización se entiende tanto el proceso por el que los individuos aprenden los valores, normas, motivos, creencias y roles de los grupos o de la sociedad general, como el desarrollo y el cambio en términos de la personalidad y la identidad de cada individuo específico. Ambos aspectos tienen un peso importante en los movimientos sociales.
4) La dimensión cognitiva. El proceso de decidir participar en un movimiento, la naturaleza de esta toma de decisiones, las atribuciones que se realizan du- rante la misma, etc. constituyen aspectos que se deben tener en cuenta. Ahora bien, tales cogniciones se pueden ver como variables capaces de predecir el comportamiento o como productos de la propia acción de los individuos. El primer caso es cómo lo hacen las teorías respecto de la toma de decisiones racionales. El segundo caso es cómo lo hace la perspectiva "construccionista", que enfatiza los procesos por medio de los cuales los significados cambian y se modifican, y cómo se crean otros nuevos. Esta perspectiva ha puesto el énfasis en el estudio de los marcos de significado y en la identidad, como veremos más adelante.
5) La dimensión afectiva. Las emociones no son peculiares y específicas de ningún proceso social, puesto que atraviesan todo tipo de actividades de las personas. Ahora bien, como señalan estos autores, están sujetas a distintos tipos de expresión en función de los diferentes contextos sociales. Los movi- mientos sociales serían uno de los tipos de contextos más evocadores de emo- ciones. Esta dimensión, del mismo modo que sucede en otros procesos socia- les, no ha sido muy estudiada.
En definitiva, lo que estos autores manifiestan es la importancia que tiene resaltar los procesos psicosociales en la movilización colectiva, dado que mu- chos de los elementos y mecanismos que están implicados en la misma son de naturaleza psicosocial. Por tanto, defienden que la Psicología social debería jugar aquí un papel decisivo para poder realizar una conexión de los niveles microsociales, macrosociales y culturales, niveles que atraviesan, en su totali- dad, los movimientos sociales.
Lectura recomendada El reciente libro publicado por Federico Javaloy y sus co- laboradores ofrece una pano- rámica extensa de los movi- mientos sociales, con un én- fasis notable en las perspecti- vas psicosociales y el desarro- llo de dos casos específicos, el movimiento feminista y el movimiento ecologista: Javaloy,F. (2001). Comporta- miento colectivo y movimien- tos sociales. Un enfoque psico- social. Madrid: Prentice Hall.
Una definición como la de Blumer, vista con anterioridad: "los movimientos sociales pueden ser vistos como empresas colectivas para establecer un nuevo orden de vida" (Blumer, 1951, p. 60), es lo suficientemente amplia para em- pezar a desarrollar una descripción y una comprensión de los movimientos sociales. Sin embargo, antes de comenzar, nos deberíamos plantear algunas preguntas como las siguientes: ¿es éste un fenómeno presente siempre a lo largo de la historia de las sociedades humanas? ¿Podríamos decir que los mo- vimientos sociales han sido motores del cambio social a lo largo de la historia de la humanidad? Buechler (2000) sostiene que no, y desarrolla un interesante argumento.
En efecto, según este autor los movimientos sociales constituyen fenómenos fruto de la modernidad. La idea de que la acción colectiva tiene la capacidad de cambiar la sociedad sólo fue posible a partir de la Ilustración. La razón es que, con la Ilustración, la sociedad empieza a verse como una creación social, un tipo de resultado concreto como podría haber sido otro. Por consiguien- te, los movimientos sociales son contingentes a un proceso social específico, como la Ilustración. Durante esta última proliferaron más formas sociales e ideologías en conflicto, puesto que la totalidad del orden social fue visto co- mo algo susceptible de ser cuestionado o como algo que necesita justificación (Buechler, 2000).
Esto permite afirmar, por tanto, que mientras la acción colectiva ha estado presente en todas las sociedades, los movimientos sociales son una forma his- tóricamente situada, y no universal, de organizar protestas colectivas.
Y es que, efectivamente, pese a la diversidad de teorías que abordan los movi- mientos sociales, pese a sus distintas características y peculiaridades, todas las perspectivas teóricas concuerdan en esta idea de que los movimientos sociales constituyen un productohistóricodelamodernidad. Asimismo, se acepta de manera generalizada la idea de que los movimientos sociales se desarrolla- ron en un contexto caracterizado por nuevas comprensiones de la sociedad que ofrecieron el marco adecuado para las formas de contestación y protesta. En efecto, dado que el mundo sociopolítico se entendía cada vez más como una construcción social necesitada de legitimación y sujeta a crítica, la pro- ducción de diferentes ideologías se realizó tanto por parte de quienes mante- nían, o pretendían mantener, el orden social como por aquellos que estaban implicados en la constitución de uno nuevo. Cuando tales confrontaciones se expandieron, los participantes en las distintas modalidades se convirtieron, cada vez más, en agentes sociales reflexivos que actuaron de forma propositi-
Lectura recomendada El libro editado por los soció- logos Pedro Ibarra y Benja- mín Tejerina ofrece una ver- sión actualizada de los dis- tintos enfoques en el estudio de los movimientos sociales, con las contribuciones de los principales estudiosos del te- ma: Ibarra,P.,yTejerinaB. (Eds.) (1998). Los movimientos sociales. Transformaciones po- líticas y cambio cultural. Ma- drid: Trotta.
En concreto, como afirman Donatella Della Porta y Mario Diani (1999), los movimientos que empezaron a surgir a partir de los años sesenta pusieron de manifiesto las dificultades que tenían para ser comprendidos por las dos principales corrientes sociológicas de la época, el modelo marxista y el mode- lo estructural-funcionalista. Un aspecto particularmente sorprendente fue que estas perspectivas tampoco podían explicar por qué se reactivaban los movi- mientos precisamente en un momento que se caracterizaba, en el conjunto de las sociedades occidentales, por un gran crecimiento económico y un espec- tacular aumento en el bienestar.
Las reacciones ante esta dificultad fueron distintas en EE.UU. y en Europa (Della Porta y Diani, 1999). En EE.UU., donde dominaba el modelo estructu- ral-funcionalista, el estudio de los movimientos sociales se orientó hacia los mecanismos que explican cómo los distintos tipos de tensión estructural pa- san al comportamiento colectivo o, como dice Melucci (1982), se orientó hacia el "cómo" de la acción colectiva. En este contexto aparecieron en EE.UU. dife- rentes corrientes de estudio de los movimientos sociales, como la tradición del interaccionismo simbólico orientada al estudio del comportamiento colecti- vo, la teoría de los recursos para la movilización y los enfoques que enfatizan el proceso político como contexto de los movimientos sociales.
En Europa, sin embargo, donde dominaba la tradición marxista, sus inadecua- ciones para el estudio de los nuevos movimientos sociales desembocó en el desarrollo de la perspectiva de "los nuevos movimientos sociales", interesada en analizar y entender las transformaciones que se producían en las bases es- tructurales de los conflictos. Como señala Melucci (1982), se orientó al estudio del porqué de la acción colectiva.
Asimismo, Della Porta y Diani (1999) sostienen que los orígenes de estos desa- rrollos no sólo se encuentran en las diferencias entre las tradiciones americana y europea. Un factor muy significativo en este proceso fue la diversidadde losobjetosdeestudio. Así, aunque en los años sesenta los movimientos estu-
diantiles se desarrollaban al mismo tiempo en EE.UU. y en Europa e, incluso, estaban en contacto, diferían enormemente en los dos continentes. Lo mismo se podría decir de los movimientos ecologista y feminista, por ejemplo. En este sentido, estos autores sostienen que en EE.UU. los movimientos nacieron du- rante olas de protesta, pero que éstas se convirtieron con rapidez en pragmáti- cas y estructuradas y en muchos casos dieron lugar a formas equivalentes a los grupos de intereses. Asimismo, los movimientos antagonistas del sistema te- nían un carácter contracultural y, en muchos casos, fueron de naturaleza reli- giosa. Por el contrario, en Europa los nuevos movimientos sociales emergentes mantuvieron muchas características de los movimientos obreros, incluyendo, en opinión de los mismos autores, un fuerte énfasis en la ideología.
Es, pues, en estas circunstancias en las que aparecerá un nuevo tipo de expli- cación teórica de los movimientos sociales, explicación que veremos a conti- nuación.
2.1. Teorías sobre los movimientos sociales
Aunque, dada la proliferación de trabajos tanto de naturaleza teórica como empírica, no puede decirse que exista un acuerdo unánime sobre el número de perspectivas teóricas en el estudio de los movimientos sociales, se pueden identificar cuatro, que son las que gozan de mayor reconocimiento entre quie- nes estudian los movimientos sociales: la perspectiva interaccionista/construc- cionista (a veces bajo la etiqueta de comportamiento colectivo ), la perspectiva de los recursos para la movilización, la perspectiva del proceso político y la perspectiva de los nuevos movimientos sociales.
No pretende ser, ni podría serlo, una clasificación definitiva de las perspectivas teóricas en el análisis de los movimientos sociales. Sin embargo, nos resulta útil para ordenar los debates que están atravesando su estudio en la actualidad. Así, por ejemplo, la perspectiva interaccionista/construccionista se caracteriza por ver la acción colectiva como una actividad significativa. La teoría de los recursos para la movilización enfatiza la importancia de los componentes ra- cionales y estratégicos de la acción colectiva. Por su parte, la aproximación de los procesos políticos contempla los movimientos sociales como nuevos pro- tagonistas en los procesos de representación de intereses diferentes. La pers- pectiva teórica sobre los nuevos movimientos sociales se interesa más por lo relativo a la importancia de las transformaciones que están aconteciendo en la sociedad postindustrial y las implicaciones que comportan.
La perspectiva interaccionista/constructivista: los movimientos sociales comoproductoresdecambiocultural
Dentro de la sociología, esta perspectiva fue una respuesta a la preponderancia de los modelos estructural-funcionalista en el estudio de los movimientos so- ciales. Las respuestas a estos planteamientos y los intentos de llenar los vacíos teóricos que contemplan han sido variadas. La primera fue la que se desarrolló