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Es una actividad de trabajo. Ejercicio del modulo 3.
Tipo: Ejercicios
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Dios, el mundo, el sol y la tierra no existen, las antiguas creencias del meditador han sucumbido ante la duda, parece que nada es cierto. El meditador recuerda los postulados anteriores y afirma que había algo de lo cual estaba completamente cierto: seguramente yo era si me persuadí de algo (incluso si ese algo es incierto). Pero esta afirmación debe ser puesta en duda: hay un engañador poderoso y maligno que puede estar jugando con los contenidos mentales del meditador creando en él el pensamiento de su propia existencia. La línea de argumentación cartesiana que conduce al conocimiento de sí mismo como sustancia pensante se presenta de la siguiente manera: 1) "¿[no me persuadí] por tanto que ni siquiera soy yo?" 2) sin duda aún soy, si él (genio maligno) me engaña: "[...] ahora bien si él me engaña, sin lugar a dudas yo también existo". La cuestión que se discute en este punto es la existencia del pensador, porque al igual que sus antiguas creencias ésta puede ser una mentira. Empero para ser engañado el pensador necesariamente tiene que existir: 3) "[...] y engáñeme cuanto pueda que nunca conseguirá que yo sea nada, mientras piense que soy algo". Aquí Descartes ha llegado a su primera certeza, y aunque aplicó la más hiperbólica de las dudas, su existencia es evidente: "De manera que, habiéndolo sopesado todo exhaustivamente, hay que establecer finalmente que esta proposición, yo soy, yo existo es necesariamente verdadera cada vez que la profiero o que la concibo". Su propia existencia se muestra tan clara y distintamente que conforma la primera verdad al mismo tiempo que sus características se vuelven los criterios para una proposición que pretenda ser verdadera. Descartes acepta que él mismo existe, y que esta afirmación es lo más certero que conoce, aunque no sabe exactamente qué es lo que es: "Pero aun cuando no entiendo bien quién soy yo, sé que necesariamente soy"
El francés ha descubierto su "punto firme e inmóvil", la cuestión ahora está en cómo comenzar la construcción de su edificio del conocimiento. Antes que nada él debe saber en qué consiste ese yo que hasta el momento conoce como pensamiento. La verdad primera asegura la existencia, pero también aporta conocimiento sobre quién es el pensador. Pese a que la duda ha devastado todo, es posible afirmar que él es una sustancia pensante, éste es el punto de partida para la investigación de quién soy yo. Así el meditador dirigirá la mirada a sus antiguas creencias, y siguiendo su propio método removerá de su espíritu aquellas cosas que despierten la más mínima sospecha, para quedarse con lo cierto e incuestionable. En primer lugar se plantea la pregunta: "¿qué he pensado hasta ahora que soy?": un hombre, y bien, ¿qué es un hombre? La tradición escolástica contesta: "un animal racional", y a partir de esta afirmación se desprenden múltiples cuestiones (qué es un animal, qué es ser racional), pero atender a cada una será una empresa difícil e inútil. En la ciencia aristotélica Descartes no encuentra un camino fiable para continuar su investigación, así que la rechaza. Descartes se pensó como una máquina de miembros que recibe el nombre de cuerpo, también se visualizó con un alma cuyas funciones consistían en alimentar, andar, sentir y pensar. Pero hay un poderosísimo genio que influye en sus pensamientos. ¿Es posible afirmar que el meditador tiene los atributos mencionados? La duda respecto a los sentidos cuestiona la existencia de objetos físicos, así que la existencia de su cuerpo es cuestionable y, por lo tanto, estos atributos no son inmunes al escepticismo, pues para alimentarse, andar y sentir, Descartes necesita un cuerpo, empero la existencia de éste es dudosa. Sólo queda el pensamiento, y esto es lo único que no se puede separar del meditador: "Yo soy, yo existo; es cierto. Pero ¿durante cuánto tiempo? Ciertamente mientras pienso; pues tal vez podría suceder que si dejará de pensar completamente, al punto dejaría de ser". Descartes conoce su existencia, pero al mismo tiempo se conoce como "una cosa pensante, esto es, una mente, o alma, o entendimiento, o razón, palabras cuyo significado ignoraba antes yo". El meditador se reconoce como una cosa verdaderamente existente y pensante, ésta es la primera conclusión que extrae de su meditación. Descartes se sabe cómo una res cogitans (sustancia pensante), el resultado de una investigación epistemológica es una afirmación metafísica. La cuestión que se presenta en este punto es la garantía de la afirmación, que se encuentra íntimamente ligada a la interpretación del cogito. La Segunda meditación cartesiana lleva por nombre "De natura mentís humanae: quod ipsa sit notior quam corpus", como el nombre lo indica el propósito de dicha meditación es conocer en qué consiste la naturaleza de la mente humana. Si bien Descartes al comienzo de la meditación está sumergido en el escepticismo, en el desarrollo de la misma adquiere la verdad que anhelaba, aquella que no puede ponerse en duda porque se muestra clara y distintamente. El cogito, ergo sum es la expresión que Descartes utiliza para subrayar las exigencias del pensamiento humano (establece las características de cualquier verdad), es captado por la intuición y constituye el cimiento más importante sobre el que se reconstruirá el edificio del conocimiento. Descartes se sabe cómo un sujeto pensante, y líneas más abajo enuncia en qué consiste la actividad del pensar.