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Se describen las características del crecimiento y comportamiento en la adolescencia, haciendo hincapié en sus tres características fundamentales: la adolescencia como duelo por el mundo infantil, como renovación de la problemática psíquica establecida en la infancia y su resolución y finalmente por ser una etapa llena de nuevas expectativas, ilusiones y descubrimientos vitales. Se analizan los significados de los cambios corporales en la configuración de la identidad definitiva como adulto. Se detallan las tendencias o movimientos emocionales que están presentes en la adolescencia, tanto los regresivos como los progresivos.
Palabras clave: Adolescencia. Cambios corporales. Regresión. Progresión.
La adolescencia constituye un período especial del desarrollo, del crecimiento y en la vida de cada individuo. Es una fase de transición entre un estadio, el infantil, para culminar en el adulto. Se trata de una etapa de elaboración de la identidad definitiva de cada sujeto que se plasmará en su individuación adulta. Todo ello supone un trabajo mental gradual, lento y lleno de dificultades que hacen de la adolescencia un episodio del que casi todo el mundo se avergüenza, se relega al olvido y que como dice J. Marías (1) " con facilidad o esfuerzo se confina... a la esfera de los malos sueños, o de lo que no ha existido". Esta labor se manifestará en un conjunto de complejos sintomáticos que resumen las luchas y en ocasiones violentos esfuerzos por resolver los retos que plantea el crecimiento y poder alcanzar el estadio adulto. Es lo que se ha venido en llamar el Síndrome Normal de la Adolescencia o la Crisis de la Adolescencia.
En la adolescencia se despliegan un conjunto de cambios corporales que incluyen desde el crecimiento físico hasta los neuroendocrinos que ponen en marcha unas modificaciones corporales que culminarán en la consolidación de un cuerpo adulto y facilitarán la aparición de los caracteres sexuales secundarios, diferenciados en el varón y en la mujer. Aparecen por primera vez manifestaciones de la capacidad genésica y reproductiva con la menstruación y la primera emisión seminal. Estos cambios se acompañan también por el desarrollo de los deseos y las pulsiones sexuales, con una intensidad que desconocía hasta ese momento y que constituyen uno de los elementos más difíciles de asimilar emocionalmente. Este conjunto de cambios físicos reciben la denominación desde la perspectiva biológica de pubertad. Igualmente cambia la ubicación social del adolescente que pasa de la infancia como etapa bien determinada del ciclo de la vida a una nueva, aunque poco definida y de límites cada vez menos precisos y variables según el contexto cultural. Esta nueva etapa social es transitoria y no tiene la delimitación tan clara como la pueden tener otras. Estos cambios dan lugar a la calificación desde la perspectiva social y antropológica del adolescente como joven, adquiriendo así un nuevo status social. Este concepto de juventud hace referencia a un criterio cronológico en el desarrollo vital y remite a la idea de nuevo y a la vez de inexperto e inmaduro, de algo que requiere tiempo para acabar su proceso de maduración. El adolescente que no ha logrado la mayoría de edad legal es calificado judicialmente como menor, con unos derechos específicos así como de unas determinadas responsabilidades penales que han recibido la denominación de Derecho del menor. Este período de la vida se puede y se aborda desde diversas perspectivas dependiendo del vértice desde el que se lo contemple. Sin embargo creo que el concepto de adolescencia es más abarcativo e incluye a todos ellos: el psicológico, el biológico, el sociológico, el antropológico y el judicial, porque se trata de un proceso de cambio que incluye la mente, el cuerpo y todo el complejo entramado de relaciones con su medio social y en su calidad de ciudadano de la comunidad donde vive.
Varían en cada sociedad y en cada etapa histórica las circunstancias y avatares de lo que hemos venido en llamar adolescencia. Incluso una misma sociedad puede tener criterios diferentes según los conceptos de referencia. Hay sociedades o comunidades donde se facilita el tránsito adolescente mediante ritos de iniciación cuya superación supone la consideración de adulto, al igual que en los propios grupos adolescentes podemos encontrar con relativa frecuencia la exigencia de cumplimiento de unos ritos o pruebas para la admisión de un nuevo miembro. Estos ritos y pruebas son unas medidas que el adolescente tiene que superar para ser considerado adulto y admitido entre sus congéneres adultos. La dureza e incluso la crueldad de algunas de esas pruebas nos dan una idea de las dificultades que siente el adolescente que tiene que superar para alcanzar la madurez. El adolescente sabe en estos casos a lo que atenerse, frente a la indefinición y dudas sobre lo que se le está solicitando como ocurre en la mayoría de las sociedades de ámbito occidental.
Estas pruebas de iniciación dejan claro lo que se espera de él. El adolescente deja de ser un niño pero a la vez esos cambios no se concretan, no estan estipulados o no están claros. Se le pide que se comporte como un adulto aunque aún no se le reconoce esa cualidad. Se le deja en tierra de nadie, no es un niño y ha de comportarse como un adulto aunque no se le considere como tal aún. Entre nosotros este tránsito se produce de forma borrosa, con una amplia gama de variaciones y a lo largo de un período más prolongado de tiempo en los cuales el adolescente se encuentra atemorizado a quedar descolgado de los procesos de desarrollo y crecimiento como un nuevo Moisés que contempla la posibilidad de no entrar en la tierra prometida de ser un adulto y considerado como tal por los demás, o como el cojito del cuento del flautista de Hamelin.
En las sociedades occidentales podemos encontrar diversos criterios que establecen umbrales diferentes para la entrada en la vida adulta. En los Estados Unidos recientemente hemos podido comprobar que al adolescente se le encuentra maduro para ser juzgado como un adulto por actos delictivos que haya cometido en este período de tiempo y sin embargo esta edad penal puede ser totalmente diferente de la edad para votar, o la edad en la que se considera útil su aportación al mundo laboral en la explotación infantil o la edad en la que se le considera apto para matar o morir en la sucesivas guerras que asolan a gran número de países en calidad de niño-soldado, etc... Globalmente podemos considerar que los límites de lo que consideramos como adolescencia se han visto ampliados tanto en la edad de inicio como en su terminación. La inclusión de los estudios de E.S.O. en el ámbito de los Institutos ha acelerado la entrada en la adolescencia al aproximar a los niños de 1º de ESO a compañeros ya adolescentes. Las dificultades y trabas sociales que obstaculizan el desarrollo y elaboración de la Crisis de la Adolescencia así como el aprovechamiento consumista de los jóvenes, entre otros factores, ha tenido como consecuencia la prolongación de la adolescencia, llegando en ocasiones a superar la veintena de años.
Lo que caracteriza a la adolescencia en resumidas cuentas es la simultaneidad de funcionamientos infantiles y adultos en su mundo interno, presentándose un gradiente según la edad del adolescente. En su inicio encontraremos más manifestaciones de su funcionamiento infantil y tentativas del adulto hasta que a medida que va transcurriendo el tiempo irán predominado los comportamientos adultos sobre los infantiles. Esta simultaneidad es lo que da esta impronta característica a la adolescencia que se expresará en la Crisis de la Adolescencia, donde nos podemos encontrar a adolescentes con una amplia gama de conductas y comportamientos tanto infantiles como adultos simultáneamente y sin diferenciar o discriminar y que en ocasiones ni siquiera los adultos pueden diferenciar dando lugar a las confusiones en el diálogo con los adolescentes.
La adolescencia sería la etapa de la vida que por sus características de crisis del desarrollo, presenta un potencial mayor de trastornos en múltiples áreas, que la hacen susceptible de manifestaciones patológicas. Resulta de interés considerar la adolescencia como un período en que el adolescente se encuentra sometido a enormes presiones, tanto internas como externas. El adolescente para alcanzar la etapa adulta tiene que hacer frente a una laboriosa elaboración psíquica de suma trascendencia para su vida futura. Entre los factores comunes a todos los adolescentes, que ejercen un efecto especial sobre su conducta y comportamiento destacaríamos tres:
La adolescencia se caracteriza por ser una etapa de pérdida y de renovación. Una etapa en la que gradualmente tiene que ir abandonando el funcionamiento infantil, las relaciones infantiles con los padres, un cuerpo infantil y unas vivencias psíquicas de tipo infantil. Es un período en el cual destacan los elementos de ruptura, de pérdidas y abandonos necesarios para seguir adelante en el desarrollo, un período donde el adolescente debe elaborar ese duelo con las ansiedades y dolor depresivo consiguiente. Podemos agrupar la labor de duelo y dolor depresivo del adolescente en tres ámbitos fundamentales: a) duelo por el cuerpo infantil perdido. El adolescente no pocas veces ve sus cambios como algo externo, como espectador impotente de lo que sucede en su propio organismo; b) el duelo por el rol y la identidad infantil que le obliga a una renuncia de la dependencia infantil y a una aceptación de responsabilidades, que en muchas ocasiones desconoce; c) y el duelo por los padres de la infancia a los que persistentemente trata de retener en su mundo interior, buscando el refugio y la protección que ellos significan. Esta situación se ve complicada por la actitud de los propios padres que también tienen que aceptar su envejecimiento y el hecho de que sus hijos ya no son niños, y sí en cambio adultos o como mínimo están en vías de serlo. A estos duelos hay que añadir el duelo por la bisexualidad infantil que también se perderá en aras de conseguir una identidad sexual clara y definida.
El adolescente se ve sometido a los impulsos sexuales que emergen en la pubertad, resignificando sus fantasías edípicas y preedípicas. El adolescente se ve con deseos incestuosos y con el temor de actuarlos. Sus defensas irán encaminadas a atajar los deseos pulsionales, rechazando la sexualidad o deformando los deseos inconscientes. Busca controlar sus pulsiones edípicas porque en caso contrario, si pierde su control se vería perturbado por sus ansiedades edípicas y preedípicas. Podríamos considerar y describir las siguientes defensas, siguiendo a A. Freud (5):
El adolescente se ve sometido a los impulsos sexuales que emergen en la pubertad. Sus defensas irán encaminadas a atajar los deseos pulsionales, rechazando la sexualidad, su cuerpo o deformando los deseos inconscientes. Teme perder el control, verse anormal, perturbado por ansiedades edípicas y preedípicas, que no vive como pasadas sino como presentes.
El adolescente puede sentirse aterrado por la incapacidad yoica de tratar con los cambios cualitativos y cuantitativos de las demandas instintivas que tienen lugar en la pubertad. Lo que normalmente es fantasía inconsciente se hace ahora pensamiento consciente y puede convertirse en acción. El adolescente puede entrar en una crisis de su desarrollo caracterizado por el rechazo al cuerpo sexual y a sus propios genitales, de rechazo básico al desarrollo. La crisis del desarrollo la podríamos definir, siguiendo a M. y E. Laufer (6): " ... como el rechazo inconsciente al cuerpo sexual y un sentimiento acompañante de estar pasivo frente a las demandas del propio cuerpo, con el resultado de que los propios genitales son ignorados o negados o, en los casos más severos, el sentimiento de que son diferentes de los que necesitaría " (pp. 40). Representa la incapacidad del adolescente de permitir un cambio en su imagen corporal de manera que incluya a los genitales sexualmente maduros y diferenciarse en varón o hembra. La patología de la crisis del desarrollo representa las medidas defensivas que el adolescente tiene a mano para evitar o impedir que tales cambios tengan lugar. El adolescente entra en una crisis de su desarrollo caracterizado por el rechazo al cuerpo sexual y a sus propios genitales, de rechazo básico al desarrollo.
La adolescencia es considerada como una etapa de turbulencia emocional que irrumpe tras el período de latencia por la transformación puberal, cuestiona su identidad, desorganizando su sistema psíquico. Se subraya la conmoción que supone la aparición de la pubertad, cómo amenaza su equilibrio psíquico logrado en el período de latencia, generando un estado confusional donde se reactivan las defensas narcisistas y la conflictiva edípica y preedípica, dando lugar a un " estado de resignificación del mundo infantil " (7).
Durante la adolescencia se produciría una regresión en dirección al mundo infantil, volviendo a vivir, aunque en otro plano yoico, el desarrollo por el que pasó en los primeros cinco años de su vida. Se trataría pues de una recapitulación, una reactivación, una reanimación, un " refrescamiento de la sexualidad infantil " (8). La adolescencia es como un vaivén repetido hacia varios y cambiantes niveles infantiles, restableciendo los primitivos tipos de relación objetal e identificaciones, reanimándose arcaicas fantasías de fusión con los objetos. Cada nuevo paso en el camino hacia la madurez supondría experimentar ansiedad, confusión, desorganización psíquica y un retorno a posiciones infantiles, seguidas de una propulsión y reorganización hacia niveles más avanzados y adultos.
No está restablecido el pasado tal como fue, sino que el pasado se infiltra en el presente y el adolescente recurre a un modo primitivo de funcionamiento mental para elaborar y resolver una crisis presente. Cuando el pasado está disponible en el presente se le puede transformar y reinterpretar. La adolescencia proporciona así la posibilidad de seleccionar lo que habrá de continuar y lo que permanecerá en el pasado, ya que el futuro del adolescente no sería posible en tanto el pasado no haya sido recordado y revisado. Cuando el adolescente presenta el pasado en el presente, estas representaciones reflejan el modo que esas primeras relaciones quedaron encaminadas en su mente y
por eso se puede hablar de que en la adolescencia, la infancia adquiere nuevas intensidades o nuevos significados en el presente. Esto conllevaría la capacidad de regresar para retrabajar aquellas tareas infantiles pero ahora abordadas por un Yo que a través de los años ha adquirido las habilidades necesarias. Esta regresión es una " Regresión al servicio del desarrollo " (9), bien diferente de la regresión patológica que también se puede dar en la adolescencia y que no hay que confundir. No toda regresión es patológica, sino que en ocasiones forma parte del proceso benéfico de crecimiento.
El impulso hacia adelante del crecimiento busca integrar a las antiguas modalidades de funcionamiento psíquico para mantener el equilibrio. Esa integración preserva la continuidad psíquica a expensas del Yo que facilita la sensación de estabilidad o un mínimo sentido de la identidad. Esta continuidad en la cesura adolescente también se denomina "Segundo proceso de individuación " según P. Blos (10), a diferencia de la primera que permitió al niño pequeño la existencia como una entidad psicológica diferenciada gracias a la internalización de la madre. Se separa así de su pasado, para resucitar a una nueva forma de vida, a una nueva experiencia como adulto. Es un segundo nacimiento que le hace accesible a un nuevo universo social y cultural. Este segundo proceso de individuación supondría para el adolescente la tarea de lograr su independencia de los objetos paternos y sustraerse a su influencia.
En resumidas cuentas, podríamos decir que la tarea del adolescente se aboca a que los conflictos infantiles tienen que ser reelaborados nuevamente a la luz de los nuevos e intensos impulsos genitales que ponen a prueba la calidad de la interiorización de anteriores relaciones objetales e identificaciones.
El adolescente lo estrena todo: cuerpo, relaciones, capacidades, sexualidad, ideas, relaciones con los demás y con el mundo que le rodea etc. revelando denodados esfuerzos progresivos por conseguir su identidad adulta. Se esfuerza por adquirir su madurez y el temor de verse dominado por ansiedades y conflictos infantiles. No solo tenemos a un adolescente aterrorizado por descubrir un cuerpo sexual, sino a un adolescente atemorizado por no lograr su anhelo de desarrollarse. El modo de comprobación de estas nuevas facultades es mediante la actuación. La actuación es una expresión de sus tentativas de ponerse a prueba y verificar en el mundo externo sus habilidades y capacidades recién adquiridas. El adolescente actúa también para lograr deshacer la ligazón, el vínculo con los padres de la infancia. Esta actuación conviene diferenciarla de la psicopatía donde nos encontraríamos acciones repetidas e impulsivas, que no proporcionan experiencia y en las que predomina la insinceridad y la amoralidad. El adolescente se pone a prueba para experimentar la idoneidad de las nuevas capacidades adquiridas y acomodarse a las nuevas posibilidades que se le ofrecen.
Podemos resaltar las similitudes con los niños pero las actividades imaginativas del adolescente se adaptan más a la realidad y a sus intereses yoicos. El adolescente necesita dar pruebas de coraje en el mundo real. Sobresalen más sus deseos de competir con otros y la necesidad de lograr la admiración por brillantes proezas. Una de las dificultades en el desarrollo de los adolescentes es la ansiedad y culpa producidos por el hecho de que sus impulsos sádicos hubieran podido destruir su interior, sus capacidades. Esta destructividad y el daño efectuado conllevaría el temor a no poder seguir adelante en su desarrollo. Sus ataques a las figuras de los padres y de los adultos, expresión de sus sentimientos envidiosos pueden generar la convicción de haberlo estropeado todo, tanto a sí mismo como los objetivos que anhela alcanzar. Por eso podemos observar adolescentes que sienten que su desarrollo sólo pueden realizarlo parcialmente, principalmente en el aspecto intelectual, mientras que su vida sexual y personalidad se fijan en la latencia, dando como resultado una inhibición general. El adolescente puede ver obstaculizado su desarrollo por sus dificultades en resolver sus sentimientos de culpa por sus ataques sádicos a los padres, o por su masturbación que ha destruido y/o dañado su cuerpo, dejándolo insuficiente para una relación adulta.
El adolescente puede sentirse extremadamente sensible frente a la presión de ser adulto y de verse en evidencia ante los demás. Vemos el intenso anhelo de crecer y madurar que entra en conflicto con el desagradable reconocimiento de no poder enfrentar sus problemas solos, y de no hacerlo se convertiría en un infante desvalido. Se muestran sensibles al rechazo o a una observación que suponga su descalificación como adulto, y su necesidad de sentirse entendidos también con relación a nuevos desarrollos verdaderos que incluyan contribuciones reparatorias al objeto y al self. El desarrollo puberal despierta en el adolescente un hambre de objetos, busca formar pareja, con la ansiedad de que si no lo consigue, si no obtiene en la realidad pruebas de su adecuación adulta sexual, puede quedar excluido del " Arca de Noé " (11). Así sus posibilidades de ser adulto se alejarán definitivamente y con el convencimiento de que será para siempre. Esta vivencia de ser excluido del Arca de Noé también aparece en adultos y persiste a lo largo de su vida, en los que podremos encontrar que su personalidad se caracteriza por ser " una organización adolescente de la personalidad " según la formulación de D. Meltzer (11).
En definitiva, podríamos resumir este vértice diciendo que el adolescente presenta miedo claustrofóbico a sentirse invadido por el pasado y no poder realizar así su anhelo de ser adulto en el futuro.
La adquisición de la imagen corporal dependerá de:
A tenor de lo que hemos venido exponiendo hasta ahora podríamos resumir y concretar las líneas del desarrollo y crecimiento del adolescente en las siguientes tendencias y movimientos:
(^1) Texto de la conferencia pronunciada en el VII curso «L 0 0 9 2atenció específica als adolecents», organizado por el Centre
Jove d»Anticoncepció i Sexualitat y celebrado en Barcelona, abril del 2002.