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analisis entrevista juan pablo fusi, Ejercicios de Historia de España

analisis a las opiniones de juan pablo fusi y cuando podemos empezar a hablar de españa

Tipo: Ejercicios

2019/2020

Subido el 06/11/2020

serrano-del-monte-roberto
serrano-del-monte-roberto 🇪🇸

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La razón histórica es fundamentalmente fruto del azar y los condicionantes de cada tiempo, más
que un desarrollo lógico, ordenado y premeditado y se configura a menudo como una sucesión de cruces de
destinos e intereses que a la larga producen unas consecuencias. Así, la Reconquista no empezó en
Covadonga con don Pelayo sino a partir de los siglos XI y XII -cuando ya es posible hablar de una España,
aunque sean distintos reinos-; Fernando el Católico tejió una serie de alianzas y matrimonios pensando en
defender su dinastía de las amenazas geoestratégicas de su momento, no urdiendo un gran estado llamado
España, pero de ambos hechos y otros muchos, como la lengua, la literatura y la cultura común se
fue constituyendo la nación española.
Éstas son algunas de las reflexiones de Juan Pablo Fusi, catedrático de Historia de la Universidad
Complutense, veterano historiador, con varias obras ya a sus espaldas que inciden especialmente en la
cuestión del nacionalismo: el de la propia España y los periféricos surgidos a finales del XIX, donde ha
ahondado para poner un poco de luz en el caos identitario, ideológico, en el que se ha sumido España desde
hace más de un siglo. Fusi, que ha publicado obras conjuntas con Raymond Carr y Santos Juliá, ha charlado
con La Aventura de la Historia
sobre su último libro
Historia mínima de España
, Turner Libros, una
contundente y rigurosa Historia de España, sucinta y concisa, que explica el desarrollo de los primeros
moradores de la Península hasta casi nuestros días. Con ella derriba algunos mitos historiográficos como
los de la Reconquista o los Reyes Católicos; ni hubo una voluntad manifiesta y explícita de unidad
cristiana para ganar terreno a los árabes desde los primeros siglos de la invasión, ni los Reyes
Católicos tenían en la mente ya un destino unívoco de España, aunque de su unión dinástica irreversible y su
organización del nuevo Reino saldría ya indudablemente la semilla de la nación que conocemos como España.
P.- La actualidad manda y nos devuelve una realidad de españoles que no sienten que lo son y otros que sí ¿De
dónde arranca esta problemática?
R.- Es indudable que un sentimiento de nación, entendiendo por tal la relación emocional que se tiene con un
territorio al que se considera la patria de uno, es muy moderno. Los que nos dedicamos al nacionalismo
estamos divididos entre “Primordialistas”, que entienden que la nación es algo permanente y además primordial
para la identificación del individuo con su entorno, o los “Modernistas”, que entendemos que el concepto de
nación, los sentimientos nacionales que hacen que un individuo deje de ser un simple campesino para sentirse
nacional de alguna región, es un sentimiento moderno y que exige además de medios acordes como la prensa,
ferrocarriles, telégrafos, fotografía, sin los cuales es muy difícil que se desarrollen. Pero también es evidente
que existe un sentimiento protonacional y prenacional desde finales del siglo XV y a lo largo del XVI y
XVII; ya que los españoles de la monarquía hispánica de Felipe II van adquiriendo una gran conciencia de
que existe algo que se llama España y hay literatura castellana; hay un Cervantes y un Quevedo que hablan de
ella y del dolor por su propio país, suavemente e irónicamente en el caso de Cervantes, apasionadamente
Quevedo. Ambos son conscientes de una cultura española y escriben sobre ello, por tanto, hay algo de proto y
prenacional, pero no podemos olvidar que desde luego los intereses dinásticos, la geoestrategia, la
diplomacia, los intereses defensivos, son primordiales a la hora de diseñar estrategias políticas de las
distintas coronas aquí y fuera de aquí, y que de ellas se han derivado consecuencias sumamente importantes e
imprevistas previamente.Por ejemplo, la estrategia dinástica y matrimonial de Fernando el Católico, que
responden a problemas puntuales del juego político y territorial, lleva a matrimonios con la casa de Borgoña y
con Portugal, a tener mucho cuidado con el sur de Francia una vez que ésta entra en Italia, y por lo tanto
a ambicionar Navarra, no por una cuestión de una unidad patriótica, sino por tener un aliado o frontera fuerte
contra Francia que ha atacado a la corona de Aragón. Me parece eso más real que el supuesto proyecto
nacional católico o un destino manifiesto en una nación.
P.- Entonces ¿Cuándo se puede hablar de España?
R.- Se debe utilizar a partir de los siglos XI y XII, otra cosa es que eso que se conoce ya como
España esté en ese momento fraccionada en distintos estados y reinos y que además esos estados y reinos en
la Alta Edad Media, podían perfectamente haber cristalizado, como en Italia, en distintos estados hasta una
etapa muy tardía, no veo una razón especial para que en España no pudiera haber sido así, pero por distintos
avatares se avanzó hacia la unión. Por tanto, si hay una primera España esa es la del Reino de León, el Reino
de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Portugal: España ahí sería un concepto geográfico, lo que queda
en ese momento de Al Andalus, que nunca utilizó la palabra España para definirse a sí mismos, -ellos
denominan, de hecho, Espaniya a los reinos cristianos del norte y tienen ya entonces un proyecto muy claro de
la islamización y arabización-. España sale de la Edad Media con una unión dinástica irreversible (Reyes
Católicos) con muchos de los elementos de lo que llamamos posteriormente nación: continuidad en el poder,
una fuente de soberanía que es la Corona, una cierta institucionalización del estado desde arriba, muy pronto,
una lengua y una literatura que es muy común a todos sus territorios y por tanto hay una España, o monarquía
hispánica, que dura varios siglos, que tiene una gran entidad como gran poder europeo y que ejerce un
hegemonía hasta finales del XVIII. Posteriormente, estaría el estado nacional moderno: la España como
estado nacional, yo creo que cronológicamente ubicada después de la enorme crisis que padece desde finales
del XVIII hasta 1840-50: pérdida de América, Guerra de Indepedencia, Guerra Carlista, nefasto reinado de
Fernando VII…creo que se debe de hablar de un estado nacional débil, en el cual precisamente por la debilidad
del nacionalismo español que es muy frágil en ese momento como elemento de vertebrador nacional y dadas
las identidades particularistas, no necesariamente homogéneas, de determinadas regiones, permite que por
ejemplo, en Cataluña, que a lo largo del XIX es una sociedad diferenciada, y en el País Vasco, que es más
complejo, vayan apareciendo movimientos nacionalistas que van adquiriendo progresivamente más
fuerza.
P.- ¿Seguimos anclados al pesimismo español del 98 a discutirnos a nosotros mismos?
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La razón histórica es fundamentalmente fruto del azar y los condicionantes de cada tiempo, más que un desarrollo lógico, ordenado y premeditado y se configura a menudo como una sucesión de cruces de destinos e intereses que a la larga producen unas consecuencias. Así, la Reconquista no empezó en Covadonga con don Pelayo sino a partir de los siglos XI y XII -cuando ya es posible hablar de una España, aunque sean distintos reinos-; Fernando el Católico tejió una serie de alianzas y matrimonios pensando en defender su dinastía de las amenazas geoestratégicas de su momento, no urdiendo un gran estado llamado España, pero de ambos hechos y otros muchos, como la lengua, la literatura y la cultura común se fue constituyendo la nación española. Éstas son algunas de las reflexiones de Juan Pablo Fusi , catedrático de Historia de la Universidad Complutense, veterano historiador, con varias obras ya a sus espaldas que inciden especialmente en la cuestión del nacionalismo : el de la propia España y los periféricos surgidos a finales del XIX, donde ha ahondado para poner un poco de luz en el caos identitario, ideológico, en el que se ha sumido España desde hace más de un siglo. Fusi, que ha publicado obras conjuntas con Raymond Carr y Santos Juliá, ha charlado con La Aventura de la Historia sobre su último libro Historia mínima de España , Turner Libros, una contundente y rigurosa Historia de España, sucinta y concisa, que explica el desarrollo de los primeros moradores de la Península hasta casi nuestros días. Con ella derriba algunos mitos historiográficos como los de la Reconquista o los Reyes Católicos; ni hubo una voluntad manifiesta y explícita de unidad cristiana para ganar terreno a los árabes desde los primeros siglos de la invasión, ni los Reyes Católicos tenían en la mente ya un destino unívoco de España, aunque de su unión dinástica irreversible y su organización del nuevo Reino saldría ya indudablemente la semilla de la nación que conocemos como España. P.- La actualidad manda y nos devuelve una realidad de españoles que no sienten que lo son y otros que sí ¿De dónde arranca esta problemática?

R.- Es indudable que un sentimiento de nación, entendiendo por tal la relación emocional que se tiene con un territorio al que se considera la patria de uno, es muy moderno. Los que nos dedicamos al nacionalismo estamos divididos entre “Primordialistas”, que entienden que la nación es algo permanente y además primordial para la identificación del individuo con su entorno, o los “Modernistas”, que entendemos que el concepto de nación, los sentimientos nacionales que hacen que un individuo deje de ser un simple campesino para sentirse nacional de alguna región, es un sentimiento moderno y que exige además de medios acordes como la prensa, ferrocarriles, telégrafos, fotografía, sin los cuales es muy difícil que se desarrollen. Pero también es evidente que existe un sentimiento protonacional y prenacional desde finales del siglo XV y a lo largo del XVI y XVII; ya que los españoles de la monarquía hispánica de Felipe II van adquiriendo una gran conciencia de que existe algo que se llama España y hay literatura castellana; hay un Cervantes y un Quevedo que hablan de ella y del dolor por su propio país, suavemente e irónicamente en el caso de Cervantes, apasionadamente Quevedo. Ambos son conscientes de una cultura española y escriben sobre ello, por tanto, hay algo de proto y prenacional, pero no podemos olvidar que desde luego los intereses dinásticos , la geoestrategia, la diplomacia , los intereses defensivos, son primordiales a la hora de diseñar estrategias políticas de las distintas coronas aquí y fuera de aquí, y que de ellas se han derivado consecuencias sumamente importantes e imprevistas previamente.Por ejemplo, la estrategia dinástica y matrimonial de Fernando el Católico , que responden a problemas puntuales del juego político y territorial, lleva a matrimonios con la casa de Borgoña y con Portugal, a tener mucho cuidado con el sur de Francia una vez que ésta entra en Italia, y por lo tanto a ambicionar Navarra, no por una cuestión de una unidad patriótica, sino por tener un aliado o frontera fuerte contra Francia que ha atacado a la corona de Aragón. Me parece eso más real que el supuesto proyecto nacional católico o un destino manifiesto en una nación.

P.- Entonces ¿Cuándo se puede hablar de España? R.- Se debe utilizar a partir de los siglos XI y XII , otra cosa es que eso que se conoce ya como España esté en ese momento fraccionada en distintos estados y reinos y que además esos estados y reinos en la Alta Edad Media, podían perfectamente haber cristalizado, como en Italia, en distintos estados hasta una etapa muy tardía, no veo una razón especial para que en España no pudiera haber sido así, pero por distintos avatares se avanzó hacia la unión. Por tanto, si hay una primera España esa es la del Reino de León, el Reino de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Portugal: España ahí sería un concepto geográfico, lo que queda en ese momento de Al Andalus, que nunca utilizó la palabra España para definirse a sí mismos, -ellos denominan, de hecho, Espaniya a los reinos cristianos del norte y tienen ya entonces un proyecto muy claro de la islamización y arabización-. España sale de la Edad Media con una unión dinástica irreversible (Reyes Católicos) con muchos de los elementos de lo que llamamos posteriormente nación: continuidad en el poder, una fuente de soberanía que es la Corona, una cierta institucionalización del estado desde arriba, muy pronto, una lengua y una literatura que es muy común a todos sus territorios y por tanto hay una España, o monarquía hispánica, que dura varios siglos, que tiene una gran entidad como gran poder europeo y que ejerce un hegemonía hasta finales del XVIII. Posteriormente, estaría el estado nacional moderno : la España como estado nacional, yo creo que cronológicamente ubicada después de la enorme crisis que padece desde finales del XVIII hasta 1840-50 : pérdida de América, Guerra de Indepedencia, Guerra Carlista, nefasto reinado de Fernando VII…creo que se debe de hablar de un estado nacional débil, en el cual precisamente por la debilidad del nacionalismo español que es muy frágil en ese momento como elemento de vertebrador nacional y dadas las identidades particularistas , no necesariamente homogéneas, de determinadas regiones, permite que por ejemplo, en Cataluña, que a lo largo del XIX es una sociedad diferenciada, y en el País Vasco, que es más complejo, vayan apareciendo movimientos nacionalistas que van adquiriendo progresivamente más fuerza.

P.- ¿Seguimos anclados al pesimismo español del 98 a discutirnos a nosotros mismos?

R.- El 98 hace un poco de catalizador de preocupaciones en torno a España como nación como consecuencia de su derrota y su marginalidad evidente de la modernidad europea. Sirve de precursor de un debate intelectual, que tiene antecedentes, pero que en ese momento adquiere una dimensión extraordinaria y que prolongan algunas personas de la generación siguiente como Ortega, Pérez de Ayala , Azaña, Madariaga y muchos otros que hacen de la reflexión sobre España y qué es España en la Historia y dónde se ha diferenciado de la evolución “normal” de Europa, el objeto de su reflexión ensayística e intelectual. Pero hay varios 98 en Europa, se parece mucho a la reflexión francesa después de la derrota de Sedán, a la portuguesa tras la crisis del ultimátum de Inglaterra de 1891, o a la reflexión italiana después de la derrota de Adua en 1896 o, mutatis mutandis , lo que ocurre en EE.UU después de la Guerra de Vietnam.

P.- En su libro hace referencia constante a lo que fue y lo que pudo ser, al azar como configurador de la razón histórica…Explíquemelo. R.- La Historia es moneda de cambio. El clima moral de un país no es el mismo en 1200 que en 1800. Se compone de ideas, creencias, valores, objetivos, preocupaciones, formas de la vida social, de la vida cotidiana que tenemos que saber, bueno, que todo el mundo sabe, y que por tanto es más una cuestión de énfasis. Hay discontinuidades y rupturas en la historia de cualquier país, distintas maneras y formas de entender su propia identidad, de entender la pertenencia a ese territorio, igual que hay distintas formas de Estado. Detrás de Historia Mínima hay una serie de categorías de la historia como puede ser la complejidad, posibilidad -las cosas pueden ser de otra manera- la contingencia , el azar, que son categorías de la propia razón histórica, y que por tanto ésta es discontinua , azarosa, caótica , a veces inencontrable… en eso creo a pies juntillas, y por tanto impregna el libro. Por eso, en lo referente a la Edad Media , el clima moral de principios del siglo VIII, cuando se produce la invasión musulmana o lo que llamamos España del siglo XI o XII ha cambiado mucho. Son muchos años, 400, y no se puede hablar de Reconquista desde el primer momento, es muy difícil, porque estoy convencido de que no hay tal conciencia de un proyecto unitario ni avance cristiano prácticamente. Hay unos modestísimos reinos y condados en el norte de España que han surgido de la debacle visigoda y que, en todo caso, tienen una estrategia defensiva y no pueden tener otro tipo de pretensión. No sé si somos conscientes de la ausencia de imágenes religiosas y símbolos de culto hasta el siglo XI o XII en España y fuera de España. Aparecen entonces y con las catedrales románicas y góticas van creando un paisaje cristiano. Es a partir de este periodo cuando podemos hablar de un enorme avance cristiano al que denominamos Reconquista y es ya otro ámbito totalmente distinto. Creo que esas cosas hay que tenerlas muy en cuenta, luego además está el tipo de estado que hay en esos reinos cristianos, que es totalmente elemental, desde todos los puntos de vista. En el libro se remarca que un estado grande, como podría ser todo el territorio español, es imposible e incompatible con el tipo de economía altomedieval; no hay prácticamente caminos, muy pocos mercados, hay un sentido estrictamente patrimonial por parte de la corona de algún pequeño territorio…por eso hablo de esa necesidad de fijarse en las discontinuidades y rupturas, dentro de que es casi un país donde ya lo que llamamos la lengua castellana empieza a fijarse, y a nosotros nos es posible entenderla ya muy bien a partir de esos siglos XI y XII, lo que significa que empieza a haber una gran continuidad entre esos acontecimientos y lo que va a ocurrir después en España, pero siempre desde un contexto, que los historiadores tenemos que tener muy presente, y es que es una etapa de cambios, donde no hay un destino prefijado , planificado de unidad nacional , sino una serie de avatares que consolidan esa creciente realidad. Julio Martín Alarcón.