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ANSIEDAD Y COGNICION, Apuntes de Psicología

Asignatura: motivacio i emocio, Profesor: desconocido desconocido, Carrera: Psicologia, Universidad: UOC

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 30/04/2014

caserinho88
caserinho88 🇪🇸

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28/4/2014 ANSIEDAD Y COGNICION: UN MARCO INTEGRADOR
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R.E.M.E.
(Revista Electrónica de Motivación y emoción)
VOLUMEN: 3 NÚMERO: 4
ANSIEDAD Y COGNICION: UN
MARCO INTEGRADOR
Manuel Gutiérrez Calvo y María Dolores García
González
Universidad de La Laguna (Spain)
AGRADECIMIENTOS: La investigación de los autores y colaboradores referida en este
artículo ha estado financiada por los proyectos de investigación PS91-0091, PS94-0079 y
PB97-1481, del Ministerio de Educación y Ciencia.
1. INTRODUCCION: ANSIEDAD, COGNICION Y SISTEMA
DEFENSIVO
No sólo es enorme el número de estudios que han examinado los efectos cognitivos de
la ansiedad; también lo es la variedad de resultados obtenidos. En tal situación se corre el
riesgo de convertir un área de investigación como ésta en parcelas específicas
incomunicadas. Aun reconociendo la complejidad del fenómeno de ansiedad, donde no
todos sus componentes convergen de modo uniforme (Calvo y Miguel-Tobal, 1998),
creemos justificada y fructífera una aproximación integradora de la multiplicidad de
hallazgos empíricos.
Para hacer esta integración es preciso partir de un criterio conceptual que sirva de guía.
En la presente propuesta este criterio lo constituye el siguiente argumento: (a) la ansiedad
es una emoción con una función adaptativa, que contribuye a la activación del sistema
defensivo ante señales de eventos aversivos, a fin de evitarlos o reducir su impacto sobre el
individuo; (b) dicha activación se lleva a cabo a través de la facilitación que la ansiedad
ejerce sobre el funcionamiento de los mecanismos de alarma y de movilización de recursos
de dicho sistema defensivo; (c) para realizar esa acción facilitadora, a nivel cognitivo, la
ansiedad promueve dos tipos de procesos: los de priorización del procesamiento de
estímulos indicadores de peligro frente a los neutros, y los de compensación, destinados a
contrarrestar los efectos interferidores sobre el procesamiento de la información neutra no
priorizada; y (d) la ejecución de tales procesos afectaría, por un lado, a la selección
atencional de la información de peligro y la interpretación sesgada de la información
ambigua; y, por otro, a la reducción en la capacidad de la memoria operativa y al uso
extraordinario de recursos auxiliares.
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R.E.M.E.

(Revista Electrónica de Motivación y emoción)

VOLUMEN: 3 NÚMERO: 4

ANSIEDAD Y COGNICION: UN

MARCO INTEGRADOR

Manuel Gutiérrez Calvo y María Dolores García

González

Universidad de La Laguna (Spain)

AGRADECIMIENTOS: La investigación de los autores y colaboradores referida en este artículo ha estado financiada por los proyectos de investigación PS91-0091, PS94-0079 y PB97-1481, del Ministerio de Educación y Ciencia.

1. INTRODUCCION: ANSIEDAD, COGNICION Y SISTEMA

DEFENSIVO

No sólo es enorme el número de estudios que han examinado los efectos cognitivos de la ansiedad; también lo es la variedad de resultados obtenidos. En tal situación se corre el riesgo de convertir un área de investigación como ésta en parcelas específicas incomunicadas. Aun reconociendo la complejidad del fenómeno de ansiedad, donde no todos sus componentes convergen de modo uniforme (Calvo y Miguel-Tobal, 1998), creemos justificada y fructífera una aproximación integradora de la multiplicidad de hallazgos empíricos.

Para hacer esta integración es preciso partir de un criterio conceptual que sirva de guía. En la presente propuesta este criterio lo constituye el siguiente argumento: (a) la ansiedad es una emoción con una función adaptativa, que contribuye a la activación del sistema defensivo ante señales de eventos aversivos, a fin de evitarlos o reducir su impacto sobre el individuo; (b) dicha activación se lleva a cabo a través de la facilitación que la ansiedad ejerce sobre el funcionamiento de los mecanismos de alarma y de movilización de recursos de dicho sistema defensivo; (c) para realizar esa acción facilitadora, a nivel cognitivo, la ansiedad promueve dos tipos de procesos: los de priorización del procesamiento de estímulos indicadores de peligro frente a los neutros, y los de compensación, destinados a contrarrestar los efectos interferidores sobre el procesamiento de la información neutra no priorizada; y (d) la ejecución de tales procesos afectaría, por un lado, a la selección atencional de la información de peligro y la interpretación sesgada de la información ambigua; y, por otro, a la reducción en la capacidad de la memoria operativa y al uso extraordinario de recursos auxiliares.

Priorización y Compensación en un Medio Complejo y Hostil

Las personas, al igual que el resto de los organismos, vivimos en un mundo con numerosas demandas, que normalmente exceden nuestras capacidades para satisfacerlas, e incluso para procesarlas informacionalmente. Esto convierte al ambiente en complejo. Muchas de tales demandas conllevan peligros directos procedentes del propio medio interno (v.g., hambre, enfermedades, etc.) y externo (v.g., depredadores, condiciones climáticas extremas, exigencias profesionales, etc.), o indirectos (v.g., pérdida de beneficios previamente logrados). Ello hace del entorno un ambiente hostil. La adaptación eficaz en un medio de tales características exige dar preferencia a unas demandas sobre otras. Las que señalan la ocurrencia de daños se convierten en prioritarias, dado que atañen a la propia supervivencia, requisito previo a las finalidades de progreso o desarrollo. Estas propiedades de complejidad y peligrosidad en las demandas condicionan el modo de operar del sistema cognitivo en su función adaptativa.

Para contribuir a la adaptación en un medio de tales características, el sistema cognitivo ha de ser capaz de dos funciones primordiales: priorización y compensación. En ambas, el sistema cognitivo tiene que ser activo en la búsqueda de información y en la utilización de recursos auxiliares. Por un lado, de entre la multiplicidad de informaciones, se debe priorizar el procesamiento de las más relevantes para la propia adaptación. Esta priorización resulta especialmente importante en el caso de las informaciones indicadoras de peligro. Para llevar a cabo esta función, el sistema cognitivo ha de proceder selectivamente sobre tales informaciones en el uso del mecanismo atencional, constructivamente en el empleo del mecanismo de interpretación de los estímulos ambiguos, y acentuando la accesibilidad de las representaciones relevantes en la memoria. En un medio complejo y hostil, además, esta triple función de priorización ha de estar disponible para ejecutarse sin demoras. La eficacia de la respuesta adaptativa ante el peligro exige el desencadenamiento de estos mecanismos con prontitud, para anticiparse al daño potencial antes de que éste llegue a incidir sobre el organismo.

Por otro lado, para que la multiplicidad de información no sature y produzca un colapso en la limitada memoria activa u operativa del sistema cognitivo, éste tiene que poner en funcionamiento recursos auxiliares. En relación con el procesamiento de información indicadora de peligro, dicha función resulta especialmente importante. La razón es, precisamente, que la priorización en el procesamiento de este tipo de información, dado su alto valor adaptativo, al indicar una situación de emergencia, puede interferir con el procesamiento de información concurrente neutra o no indicadora de peligro (v.g., cuando tratamos de responder a las preguntas de un examen mientras pensamos en las consecuencias aversivas de un posible fracaso en la prueba). Así, a las altas demandas de procesamiento en condiciones normales, en condiciones de amenaza se añade información prioritaria con un alto poder de absorción de recursos, debido al carácter emocional de dicha información. Esto constituye una situación especial de sobrecarga en el sistema cognitivo. Para que el procesamiento de información concurrente no se deteriore, el sistema cognitivo debe utilizar recursos compensatorios propios y, además, movilizar recursos de otros sistemas, como el conductual.

De este modo, el sistema cognitivo contribuiría activamente a la adaptación a través de

potencial). Pero tales representaciones ocuparían parte de los recursos limitados de la memoria operativa, produciendo interferencia en el procesamiento de información no priorizada (v.g., rendimiento en una tarea concurrente). En estas circunstancias el propio sistema cognitivo necesita ayuda, recursos auxiliares que compensen su reducción transitoria de capacidad. El estado de preocupación que, por un lado, ocasionaría interferencia cognitiva a través de las representaciones aversivas, por otro, --a fin de evitar el daño temido--proporcionaría la base motivacional para incrementar los recursos auxiliares. De este modo, la ansiedad conllevaría una reducción en la capacidad central de la memoria operativa, acompañada por un uso extraordinario de recursos destinados a compensar dicha reducción. En consecuencia, únicamente cuando no haya posibilidad de utilizar recursos auxiliares se producirá un deterioro en el rendimiento en tareas que se realicen en condiciones de preocupación.

El presente marco recoge algunas premisas centrales de la teoría de la eficiencia en el procesamiento, propuesta por Eysenck y Calvo (1992), combinadas con las de otros modelos recientes (Williams, Watts, MacLeod y Mathews, 1997; Mogg y Bradley, 1998; Mathews y Mackintosh, 1998), con todos los cuales está en deuda. Sin embargo, más que desarrollar un nuevo modelo teórico, o analizar las limitaciones de los anteriores, lo que pretendemos en el presente artículo es mostrar las evidencias experimentales relativas al marco general. Dichas evidencias pueden ser agrupadas en dos bloques: el primero hace referencia a la priorización en el procesamiento de información de peligro; el segundo, a los procesos de interferencia y compensación de información neutra. La teoría de la eficiencia en el procesamiento se concentró en estos últimos procesos; los modelos más recientes, en los sesgos cognitivos. Nuestro marco pretende combinar ambas posiciones, revisando los apoyos empíricos favorables a un planteamiento integrado.

2. PROCESAMIENTO PREFERENCIAL DE LA

INFORMACIÓN DE PELIGRO

A partir del marco introductorio, hemos predicho la ocurrencia de sesgos en la priorización de información indicadora de peligro potencial, en comparación con la información neutra, en función de la ansiedad. Esto puede involucrar a tres funciones del sistema cognitivo: la dirección atencional, la interpretación de estímulos ambiguos, y la recuperación de información de la memoria. Las evidencias empíricas al respecto van a ser consideradas a continuación.

2.1 ATENCION SELECTIVA

El fenómeno básico de sesgo atencional consiste en la atención preferente hacia estímulos indicadores de peligro o amenaza potencial, en comparación con estímulos emocionalmente neutros, particularmente cuando unos y otros se presentan de modo concurrente. Para investigar la atención preferente a señales de amenaza se han utilizado principalmente palabras como estímulos. Dichas palabras representan características

personales o situacionales aversivas, tales como "inepto", "cáncer","suspenso", etc., frente a palabras no emocionales (v.g., libro, montaña, etc.). Recientemente también se han incluido estímulos pictóricos, tales como diapositivas o fotos.

Dos tareas experimentales especialmente utilizadas para medir el sesgo atencional con estímulos verbales han sido la emocional de Stroop adaptada (v.g., Williams, Mathews y MacLeod, 1995) y la de dirección atencional (v.g., MacLeod y Mathews, 1988). En la tarea de Stroop se presentan palabras escritas en distintos colores. El sujeto tiene que nombrar el color de la escritura, procurando ignorar el contenido semántico de la palabra. El sesgo atencional se mide por el enlentecimiento en la respuesta cuando la palabra representa estímulos aversivos, en comparación con las palabras neutras. Dicho enlentecimiento sería el indicador del grado en que el contenido de los estímulos emocionales es procesado y causa interferencia sobre el procesamiento del color. En la tarea de dirección atencional se presentan dos palabras (una de amenaza y la otra neutra) simultáneamente en la pantalla de un ordenador, durante períodos breves (v.g., 500 mseg), separadas entre sí por unos centímetros. Inmediatamente después de desaparecer ambas palabras de cada par, se muestra un punto en el lugar en que ocupaba una de ellas, aleatoriamente. El sujeto tiene que presionar una tecla en cuanto detecta dicho punto, midiéndose su tiempo de reacción. El sesgo atencional se reflejaría en un tiempo de reacción más rápido cuando el punto sustituye a la palabra amenazante, que cuando el punto aparece en la zona ocupada por la neutra. El menor tiempo de reacción se produciría debido a que el sujeto estaría atendiendo a la palabra sustituida en esa zona.

A. Condiciones de Estrés, Rasgo y Estado de Ansiedad

Uno de los objetivos de investigación principales en relación con los efectos de la ansiedad sobre el sesgo atencional reside en determinar la posible interacción entre las condiciones externas de estrés y el rasgo de ansiedad de las personas, así como el papel de estado transitorio de ansiedad. De entre los diversos tipos de manipulaciones del estrés realizadas, la más destacable es el estrés de evaluación, determinado por la proximidad de un examen académico importante o por la provocación de fracaso en pruebas de aptitud. Otras dos modalidades complementarias de estrés utilizadas han sido la presentación de imágenes aversivas sobre peligros (Green, Rogers y Elliman, 1995; Richards, French, Johnson, Napartsek y Williams, 1992), y la presencia de objetos fóbicos (Chen et al., 1996; Mathews y Sebastian, 1993). Los resultados han sido más consistentes con la manipulación del estrés de evaluación.

Proximidad de Examen: Interacción de Estrés y Rasgo de Ansiedad

MacLeod y Mathews (1988) manipularon el estrés de evaluación por la proximidad de un examen académico importante. Pidieron a los sujetos que realizaran la tarea de dirección atencional bien 12 semanas antes del examen (condición sin estrés), bien durante la semana previa al examen (condición de estrés). En todos los ensayos de la tarea el par de palabras presentadas simultáneamente se componía de una palabra neutra emocionalmente (v.g., "camino") y de una palabra amenazante (v.g., "suspenso", "herida"). Ambas aparecían en la pantalla de un ordenador a tres centímetros de distancia en posición vertical. Permanecían expuestas durante 1/2 segundo. Al desaparecer las

puede explicar estas discrepancias es el curso temporal, o la duración, de ambas manipulaciones del estrés, según Mogg, Bradley y Hallowell (1994). La manipulación de fracaso es un estrés agudo, que dura menos de una hora, mientras que la proximidad del examen es un estrés que puede prolongarse durante días o semanas, en tanto dura la preocupación de las personas por un posible mal resultado y sus consecuencias. De este modo, el estrés agudo y el prolongado pueden tener efectos diferentes sobre la atención a pensamientos e informaciones de amenaza. Ante un estrés agudo, quizá todas las personas reaccionan incrementando su vigilancia hacia posibles informaciones de peligro. En cambio, ante un estrés prolongado, las personas con rasgo de ansiedad elevado mantienen esa vigilancia de modo relativamente constante o recurrente, mientras que las de rasgo bajo generan estrategias de control sobre su atención para evitar la preocupación permanente.

Para someter a prueba esta hipótesis, Mogg, Bradley y Hallowell (1994) introdujeron los dos tipos de estrés --provocación de fracaso y proximidad de examen importante--, en un diseño intra-sujeto. De este modo, los mismos sujetos realizaron una prueba de dirección atencional en condiciones sin estrés (varios meses antes del examen), de estrés agudo (provocación de fracaso en una prueba de aptitud en el laboratorio), y de estrés prolongado (una semana antes del examen importante). En comparación con la condición sin estrés, en la de examen próximo las personas con rasgo elevado de ansiedad mostraron especial atención a las palabras de amenaza, en comparación con las neutras; sin embargo, en las de rasgo bajo se observó el efecto contrario. Estos resultados coinciden con los de MacLeod y Mathews (1988), al demostrar una interacción entre condición de estrés y rasgo de ansiedad. En cambio, en la condición de fracaso no se encontraron efectos diferentes del estrés en función del nivel de rasgo de ansiedad, lo cual confirma los resultados de Mogg et al. (1990). Este contraste es consistente con la argumentación previa sobre los efectos del estrés agudo y el prolongado dependiendo del rasgo de ansiedad.

El Papel del Estado de Ansiedad

El efecto interactivo de estrés y rasgo de ansiedad detectado en algunos estudios mencionados indica que el estado de ansiedad transitorio generado en condiciones de estrés probablemente no tiene un efecto uniforme en todos los sujetos. Más bien, sugiere que los incrementos en el estado de ansiedad pudieran dar lugar a sesgos opuestos, de acercamiento o de evitación, según que los sujetos tengan rasgo de ansiedad elevado o bajo. Un estudio relevante para examinar esta hipótesis es el de Broadbent y Broadbent (1988), utilizando una tarea de dirección atencional. En un análisis de regresión múltiple, introdujeron como variables predictoras las puntuaciones en rasgo y estado de ansiedad, así como el producto de ambas, para determinar el peso relativo de estas variables. A lo largo de varios estudios, el rasgo de ansiedad se reveló como un factor con mayor poder predictor sobre el sesgo atencional que el estado de ansiedad. Más aun, el estado de ansiedad afectó al sesgo de modo interactivo con el rasgo: los incrementos en el estado de ansiedad conllevaban aumentos en el índice de sesgo en los niveles altos del rasgo, pero no en los bajos. Basándose en estos resultados, los autores concluyen que el sesgo atencional se debe principalmente a características relativamente duraderas de personalidad, en términos de rasgo de ansiedad; que dicho sesgo no es algo que les ocurra a todas las personas cuando se hallan en un estado transitorio de ansiedad. El estado de ansiedad actuaría como un potenciador de los efectos del rasgo en los niveles elevados de éste.

Estos resultados coinciden, esencialmente, con los de Richards et al. (1992), si bien Green, Rogers y Hedderley (1996) presentan resultados inconsistentes, que no permiten una consolidación del fenómeno.

B. Especificidad de la Información de Peligro

Muchos de los estudios sobre el sesgo atencional hacia informaciones de peligro han incluido variaciones en la valencia emocional de los estímulos presentados. Con ello se pretende determinar si el sesgo ocurre ante cualquier tipo de señales de amenaza, o incluso ante cualquier clase de información emocional, aunque ésta tenga una valencia positiva.

(...) Amenaza versus Contenido Emocional Positivo

Este enfoque se caracteriza por comparar los efectos de la presentación de palabras de contenido amenazante frente a palabras emocionales positivas (v.g., "optimismo", "amor", "confianza", etc.). Esta aproximación metodológica obedece a un planteamiento teórico importante. Se trata de saber si las condiciones de estrés y el rasgo de ansiedad promueven la atención exclusivamente a informaciones de amenaza y, por tanto, de carácter aversivo; o si este efecto se subsume en uno más general de sesgo atencional ante cualquier información emocional, independientemente de si la valencia afectiva de ésta es negativa o positiva. Ruiz-Caballero y Bermúdez (1997) han revisado los estudios que han incluido estímulos con valencia afectiva positiva, con un total de 23 experimentos realizados (de ellos 10 con sujetos normales con bajo o con elevado rasgo de ansiedad; y 13 con pacientes afectados por diversos tipos de ansiedad clínica). Los resultados son mayoritariamente favorables a la ocurrencia de un sesgo hacia información de peligro, a la vez que muestran generalmente ausencia de un sesgo hacia información emocionalmente positiva (sólo en 7 de los 23 experimentos se produjo un sesgo positivo). Es más, según estos autores, la ocurrencia del sesgo positivo puede haberse debido a que las palabras positivas utilizadas eran antónimos de las negativas. Esto ha podido producir efectos indirectos de sesgo sobre las primeras a través de su asociación con las segundas. El sesgo parece, pues, relacionado con la valencia negativa de los estímulos, más que con su valor emocional genérico. Recientes resultados de MacLeod (1999, p. 454) sirven para conciliar la posibilidad de que puedan producirse sesgos positivos en la ansiedad elevada, aunque el efecto principal sea de sesgo negativo. Según este autor, los incrementos en estado de ansiedad pueden inducir un sesgo positivo tanto a personas con elevado como con bajo rasgo de ansiedad; ahora bien, dichos incrementos dan lugar a un sesgo negativo mayor en las personas con rasgo elevado, mientras que ocasionan un sesgo positivo mayor en las de rasgo bajo.

(...)

D. Sesgo Atencional con Estímulos Pictóricos

Toda la investigación referida previamente sobre el sesgo atencional hacia información de amenaza ha utilizado palabras como estímulos. Las palabras transmiten información sobre la realidad de modo indirecto, conceptualmente. En cambio, los estímulos pictóricos representan la realidad de un modo más directo, analógico, al conservar parte de las

normales.

Curso Temporal

Un aspecto de interés en el sesgo con estímulos pictóricos es su curso temporal. Mogg y Bradley (1998, p. 833) refieren un estudio en el que utilizaron la técnica de enmascaramiento para presentar subliminalmente pares de caras (neutra + amenazante o alegre). Cada par de caras aparecía durante un tiempo insuficiente (14 o 17 mseg.) para que los sujetos pudieran reconocer la expresión de dichas caras. A continuación aparecía la "máscara" (las mismas fotos troceadas aleatoriamente) durante otros 14-17 mseg, y al desaparecer ésta aparecía el punto ante el que el sujeto tenía que responder. En dos estudios, la mayoría de los sujetos atendían preferentemente hacia el lugar en el que habían aparecido las caras de amenaza, más que las alegres. Ahora bien, en uno de los estudios, ese sesgo se manifestó de modo más evidente en los sujetos con elevado rasgo de ansiedad que en los de bajo rasgo. En este sentido, puede afirmarse que el sesgo atencional puede producirse de modo automático también con estímulos pictóricos, de modo similar a como ocurría con los estímulos verbales. A fin de conocer la posible evolución temporal de este sesgo Bradley, Mogg, Falla y Hamilton (1998) presentaron los pares de caras bien con 500 mseg de exposición, bien con 1250 mseg. En ambos casos, los sujetos con rasgo elevado de ansiedad mostraron mayor vigilancia hacia las caras amenazantes que los de rasgo bajo. Por tanto, una vez que se produce el sesgo en las fases iniciales de procesamiento (incluso a nivel pre-atencional), éste persiste. Así, las personas con ansiedad elevada no manifiestan una evitación atencional de la cara amenazante después de un estado de vigilancia inicial, sino que dicho estado permanece.

Los datos aportados por Bradley, Mogg, Falla y Hamilton (1998) contrastan con los de Hermans, Vansteenwegen y Eelen (1999). Los participantes en este último estudio fueron sujetos con fobia a las arañas, que no diferían en rasgo de ansiedad de los sujetos no fobicos del grupo de control. Estos autores presentaban una foto de flores junto con otra de arañas en cada ensayo, y medían el tiempo relativo de mirada a la araña mediante un registro de los movimientos oculares de los sujetos en tiempo real a lo largo de 3 seg. Los resultados mostraron que los sujetos fóbicos miraron significativamente más a las arañas que a las flores al inicio de la presentación de los estímulos, pero a continuación su mirada se dirigió cada vez más hacia las flores. En cambio, los participantes del grupo de control mostraron un patrón visual más estable, con un mayor tiempo mirando a las arañas que a las flores durante los 3 seg. de exposición. El contraste entre los resultados de estos dos últimos estudios sugiere que en las personas con ansiedad específica, como los fóbicos, después de un sesgo atencional inicial hacia el estímulo amenazante, se produce un sesgo estratégico de evitación atencional. En cambio, en las personas con rasgo elevado genérico de ansiedad el sesgo atencional inicial no es contrarrestado subsiguientemente.

2.2. PRIORIZACION INTERPRETATIVA

A menudo los estímulos son ambiguos, con varios significados posibles. Dicha ambigüedad implica a veces que un mismo estímulo (v.g., un ruido por la noche o una

mancha en la piel) puede ser interpretado como indicador de peligro (v.g., un intruso, o una señal de cáncer, etc.) o no (v.g., un golpe de viento, o un lunar inocuo, etc.). El sesgo interpretativo consiste en procesar los estímulos ambiguos dando preferencia al significado de peligro sobre el neutro. Parte de la investigación al respecto se ha llevado a cabo presentando palabras con doble significado, uno referido a peligros y otro neutro emocionalmente (v.g., "sentencia": de frase célebre; o de condena judicial). Asimismo, se han utilizado frases de las que pueden derivarse tanto consecuencias de peligro como neutras (v.g., "El actor se tiró desde la ventana del cuarto piso"; consecuencias: se mató al caer al suelo; o se pudo salvar al caer en una red de seguridad, etc.). El sesgo se determina por la elección de la interpretación de peligro sobre la palabra ambigua, o por la inferencia de consecuencias aversivas a partir de la frase ambigua.

A. Sesgo de Interpretación con Palabras Ambiguas

Cuando las palabras ambiguas se presentan individualmente, las dos técnicas más utilizadas son la de homófonos (Eysenck, MacLeod y Mathews, 1987; Halberstadt, Niedenthal y Kushner, 1995; Mogg, Bradley, Miller, Potts, Glenwright y Kentish, 1994; Richards, Reynolds y French, 1993) y la de "priming" léxico con homógrafos (Dalgleish, Cameron, Power y Bond, 1995; Richards y French, 1992). Cuando las palabras ambiguas se insertan en frases, se han empleado tareas de reconocimiento (Eysenck, Mogg, May, Richards y Mathews, 1991) y de tiempo de lectura (MacLeod y Cohen, 1993).

Procesamiento de Homófonos

Los homófonos son palabras que suenan igual al ser pronunciadas, pero se escriben de modo diferente y tienen significados distintos. En inglés, que es el idioma en el que se ha utilizado dicha técnica, existen numerosos ejemplos de esta naturaleza (v.g., "die": morir, y "dye": teñir; o "pain": dolor, y "pane": cristal, etc.). Al ser presentadas las palabras auditivamente --y no disponerse de los indicios visuales--, estas palabras pueden ser interpretadas con su significado neutro o con el amenazante con la misma validez. Así, en el primer estudio que utilizó esta técnica, Eysenck et al. (1987) presentaban palabras homófonas a través auriculares. Inmediatamente después de ser presentada cada palabra, en cada ensayo, los sujetos tenían que escribirla (sin haber sido informados de que algunas podían ser homófonas). Varios estudios han encontrado que las personas con elevado rasgo de ansiedad escriben la versión léxica con el significado amenazante en mayor medida que las de bajo rasgo, quienes optan preferentemente por el término con significado neutro (Eysenck et al., 1987; Mogg, Bradley, Miller et al., 1994; Richards et al., 1993). No obstante, es posible que ese resultado no refleje directamente la existencia de un sesgo genuino de interpretación durante el procesamiento inicial de la palabra, sino de elección posterior en la respuesta (véase MacLeod, 1996). Así, es posible que tanto las personas con elevada como con baja ansiedad se hagan conscientes del doble significado de los homófonos al comprenderlos --y, por tanto, no habría diferencias en interpretación--, pero que unas decidan escribir el amenazante y otras lo eviten voluntariamente.

"Priming" Léxico con Homógrafos

En la técnica de "priming" aparecen dos palabras consecutivamente, entre las cuales existe una relación semántica (v.g., mesa--silla). El procesamiento (v.g., tiempo de lectura,

consistentes con la interpretación amenazante que las que eran consistentes con la interpretación neutra. El efecto contrario se observó en las personas participantes con ansiedad baja. Ello sugiere que las personas con mayor nivel de ansiedad habían interpretado las frases ambiguas en su significado de amenaza en mayor medida que las de ansiedad baja. Presumiblemente, eso es lo que les permitía a las primeras comprender en menos tiempo la frase desambiguadora que confirmaba dicha interpretación.

B. Estimaciones de Riesgo e Inferencias Predictivas

Estimaciones de Riesgo

El sesgo de interpretación puede ser investigado en términos de las estimaciones de ocurrencia de eventos aversivos a partir de un estado de incertidumbre (Butler y Mathews, 1987; Chan y Lovibond, 1996; Foa, Franklin, Perry y Herbert, 1996; MacLeod, Williams y Bekerian, 1991; Tomarken, Mineka y Cook, 1989; Trip, Tan y Milne, 1995). Típicamente, los sujetos tienen que hacer juicios subjetivos sobre cuán probable es que ocurran determinados eventos, o su coste en términos de intensidad o impacto aversivo sobre el sujeto.

Los juicios se hacen sobre situaciones hipotéticas de la vida cotidiana referidas bien a otras personas (v.g., después de leer una frase como "A la Sra. B. le había salido un bulto en el pecho, y el médico, después de examinarlo con rayos X, aconsejó operarlo", se pide al sujeto que indique qué probabilidad hay de que el diagnóstico sea cáncer), bien a uno mismo (v.g., "¿Qué probabilidad hay de que tu salud se deteriore significativamente, o de que sufras un accidente serio, o de que roben en tu casa, etc., en el próximo año?"). Normalmente este tipo de estimaciones van precedidas de manipulaciones experimentales destinadas a cambiar el estado emocional o la accesibilidad de pensamientos favorables o contrarios a la anticipación de peligros. Así, Constans y Mathews (1993) y MacLeod et al. (1991) pedían a los participantes que pensasen y escribiesen las razones por las que el evento aversivo, o el contrario, podrían ocurrir en el futuro. Por su parte, Butler y Mathews (1987) presentaban la tarea de estimación antes de un examen importante. En general, las personas con ansiedad elevada, tienden a sobreestimar la probabilidad de que ocurra alguna consecuencia peligrosa y la severidad del daño, así como a infraestimar los recursos de afrontamiento y las posibilidades de salvación (Tripp et al., 1995).

Los estudios de estimación de riesgos hipotéticos presentan una limitación, al utilizar medidas subjetivas para determinar la interpretación de los sujetos (véase MacLeod, 1996). Primero, se asume que en estas tareas los sujetos pueden hacer introspección válida y precisa acerca de sus propias interpretaciones. Segundo, es posible que las diferencias observadas entre personas con mayor y menor ansiedad no reflejen diferencias genuinas de interpretación, sino de selección posterior de la respuesta. De este modo, pudiera ocurrir que las personas con baja ansiedad hagan estimaciones de riesgo similares a las de ansiedad elevada, pero que las primeras rebajen tales estimaciones en sus respuestas, no deseando admitir que se encuentran temerosas. Más aun, el hecho de que algunas medidas objetivas, como la de conductancia de la piel en el estudio de Chan y Lovibond (1996), no vayan en la misma dirección que las de estimación subjetiva, aumenta las dudas sobre la validez de estas últimas. Por eso, otras investigaciones del sesgo interpretativo, como las de

inferencias predictivas, han utilizado medidas objetivas. Se trata, además, de que el sujeto no se dé cuenta que se está midiendo cómo interpreta la información ambigua, a fin de que no pueda inhibirla o reprimir su manifestación.

Inferencias Predictivas de Eventos Aversivos

Las inferencias predictivas son representaciones mentales acerca del resultado probable de un evento, a partir de la información implícita en el mensaje. Dado que el mensaje es ambiguo respecto a las consecuencias derivables del evento descrito, la inferencia supone una interpretación de esa ambigüedad.

En la investigación del sesgo inferencial en función de la ansiedad (Calvo y Castillo, 1997, en imprenta; Calvo, Eysenck y Castillo, 1997; Calvo, Eysenck y Estévez, 1994; Castillo y Calvo, en imprenta; Hirsch y Mathews, 1997) los materiales describen eventos de los cuales se pueden derivar consecuencias peligrosas. Por ejemplo, "Ana estaba afilando el gran cuchillo de cocina cuando se le resbaló y dió directamente contra su mano". Los sujetos leen este tipo de frases en la pantalla de un ordenador, además de otras sobre situaciones neutras que no implican peligro. A continuación de la lectura de cada frase ambigua se presenta una frase resolutoria, en la cual se desvelan las consecuencias derivadas de la anterior situación descrita. Estas consecuencias pueden ser confirmatorias de la amenaza (o no amenaza) implícita (v.g., "Ana se cortó con el instrumento sucio") o desconfirmatorias (v.g., "Ana se manchó con el instrumento sucio"). La inferencia que el sujeto hace para interpretar la frase ambigua se mide cuando el sujeto procesa la frase resolutoria. Así, en general, se asume que la ocurrencia de la interpretación amenazante al leer la frase ambigua facilitará el procesamiento de la información en la frase resolutoria que confirma la amenaza, mientras que dificultará el procesamiento de la que desconfirma dicha amenaza.

Más específicamente, se han utilizado tres tipos de medidas de procesamiento en la frase resolutoria: tiempo de lectura, decisión léxica y nombrado. Con la primera se registra el tiempo que el sujeto tarda en leer la frase resolutoria, especialmente la palabra crítica ("se cortó" o "se manchó") que confirma o desconfirma la amenaza. En la medida de decisión léxica el sujeto tiene que decidir si la palabra crítica, o una serie de letras sin sentido que aparecen en el lugar de la palabra crítica en parte de los ensayos, son palabras con significado o no. Se registra el tiempo que tarda en tomar dicha decisión. En la medida de nombrado el sujeto ha de pronunciar en voz audible la palabra crítica, registrándose el tiempo de reacción en esta respuesta.

En general, en estos estudios se ha encontrado que las personas con elevado rasgo de ansiedad tardan menos tiempo en leer la frase confirmatoria de la amenaza (Calvo et al., 1997; Castillo y Calvo, en imprenta), en decidir sobre el significado de la palabra crítica confirmatoria de amenaza (Calvo, Eysenck, y Estévez, 1994) y en nombrarla (Calvo y Castillo, 1997, en imprenta), mientras que tardan más en hacer lo mismo con la frase/palabra desconfirmatoria de la amenaza, en comparación con frases ambiguas neutras, y con las personas con bajo rasgo de ansiedad. Tales efectos de sesgo se producen cuando la incertidumbre sobre las posibles consecuencias sugeridas por la frase ambigua es relativamente elevada; en cambio, cuando la incertidumbre es baja (es decir, cuando las

ansiedad sobre las palabras relativas a amenazas físicas. Estos resultados confirman la especificidad del sesgo interpretativo: la interpretación de peligro se produce en función de la ansiedad de evaluación únicamente ante estímulos ambiguos relativos a amenazas a la autoestima. En cambio, cuando la conceptualización del rasgo de ansiedad es amplia o genérica, como ocurre en el síndrome de ansiedad generalizada, no se ha observado especificidad en el sesgo interpretativo. Así, Eysenck et al. (1991), con pacientes de ansiedad generalizada, comprobaron que el sesgo se producía de modo similar con información sobre amenazas físicas y socio-evaluativas.

(...)

E. Percepción Exagerada de Peligro en Estímulos Internos

La investigación previa sobre el sesgo interpretativo ha utilizado estimulación externa. Eysenck (1997) ha extendido la concepción de los sesgos de procesamiento al ámbito de las fuentes internas de información. Así, las personas con elevado rasgo de ansiedad manifestarían una atención preferente a información sobre su propia conducta y reactividad fisiológica indicadoras de peligro potencial, e impondrían a esta información una interpretación amenazante. Existen algunas pruebas indirectas de que el rasgo elevado de ansiedad está asociado a elevaciones significativas en el grado subjetivo de malestar autoinformado en situaciones de estrés, pero a incrementos leves en el ritmo cardíaco y en la conductancia de la piel o en manifestaciones motrices de tensión (v.g., Calvo y Cano, 1997; Steptoe y Vogele, 1992; Walsh, Eysenck, Wilding y Valentine, 1994). Esto sugiere la existencia de un sesgo interpretativo consistente en la magnificación subjetiva del malestar interno experimentado.

Derakshan y Eysenck (1997), Calvo y Eysenck (1998) y Avero y Calvo (en imprenta) han proporcionado pruebas más directas de dicho sesgo. Derakshan y Eysenck (1997) pedían a los sujetos que dieran un breve discurso delante de una cámara y de varias personas, mientras eran registrados su ritmo cardíaco y diversos indicadores de tensión facial y motriz. A continuación los sujetos eran informados de que su ritmo cardíaco se había incrementado significativamente durante la exposición, pidiéndoles que indicaran en qué medida ellos lo habían percibido. Además, a partir de la grabación de video, se les pidió que valorasen su propia actuación e indicasen en qué medida se veían a sí mismos tensos. Otro tanto hicieron varios jueces de modo independiente. Esencialmente, se observaron discrepancias entre la valoración subjetiva y los datos objetivos. Así, a los sujetos con mayor rasgo de ansiedad les pareció que sus propios síntomas de tensión eran mayores que lo que los jueces observaron realmente, y creyeron que su ritmo cardíaco había aumentado más de lo que lo hizo realmente, debido al estrés de la situación. Los sujetos con bajo rasgo de ansiedad mostraron la tendencia contraria.

Calvo y Eysenck (1998), teniendo en cuenta el rasgo general de ansiedad, y Avero y Calvo (en imprenta), teniendo en consideración el rasgo de ansiedad de evaluación, ampliaron el número de variables subjetivas y objetivas de reactividad emocional. Además, a fin de poder realizar contrastes intrasujeto entre medidas subjetivas y objetivas --y estimar las discrepancias--, las puntuaciones directas de cada sujeto fueron transformadas en puntuaciones tipificadas. De este modo, las distintas variables se hacen directamente

comparables, ya que todas se ajustan a una misma escala de medida. Por un lado (Calvo y Eysenck, 1998), se examinaron las discrepancias entre datos subjetivos y objetivos de salud física en condiciones sin estrés. Con medidas de autoinforme, los sujetos indicaban con qué frecuencia habían sufrido en el último mes cada uno de 25 síntomas psicosomáticos (v.g., insomnio, diarrea, etc.). Con medidas objetivas, se registraron tres grupos de indicadores de salud física (rendimiento atlético, capacidad cardio-respiratoria, y parámetros bioquímicos en sangre y orina). En el contraste entre medidas, las personas con rasgo elevado de ansiedad decían tener más problemas de salud que los detectados objetivamente, mientras que ocurría lo contrario en las de bajo rasgo; de modo tal que no existían diferencias reales de salud entre los dos grupos.

Por otro (Avero y Calvo, en imprenta; Calvo y Eysenck, 1998), se analizaron las discrepancias en medidas de reactividad emocional en condiciones de estrés de evaluación. Ante una cámara de video, los sujetos exponían un breve discurso y realizaban una prueba de estabilidad en el pulso de la mano. Se registraron su tensión subjetiva (v.g., percepción de sudoración en manos), conductual (facial –v.g., morderse los labios--, motriz –v.g., temblores--, verbal –v.g., bloqueos al hablar--, y visual –desvío de la mirada de la cámara-- ), y fisológica (ritmo cardíaco y resistencia de la piel) a lo largo de una línea base sin estrés (v.g., sin cámara), una fase de anticipación y de realización de las tareas con estrés (durante la preparación de la exposición), y una fase de recuperación post-tareas de nuevo sin estrés. Los participantes con rasgo elevado de ansiedad, tanto general como de evaluación, manifestaron mayor reactividad emocional subjetiva que objetiva, sucediendo a la inversa con los de ansiedad baja; y se produjeron diferencias subjetivas, pero no objetivas, en función del rasgo de ansiedad. Estos resultados confirman que el rasgo elevado de ansiedad está asociado a una interpretación exagerada de las propias reacciones conductuales y fisiológicas como alteraciones emocionales indicadoras de peligro, sin correspondencia con la realidad de su propio comportamiento objetivo.

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3.3. EFICACIA COMPENSATORIA

En la sección precedente hemos analizado la ocurrencia de un uso extraordinario de recursos auxiliares en las personas con ansiedad elevada, y de un uso de estrategias destinadas a ahorrar capacidad de procesamiento. Presumiblemente, dicho modo de proceder tiene la función de impedir que el rendimiento en la tarea se deteriore como efecto de la interferencia cognitiva de la preocupación sobre la memoria operativa. Si así fuera, y tales recursos y estrategias tuvieran una función compensatoria efectiva, entonces se espera que el rendimiento de las personas con elevado rasgo de ansiedad no resulte perjudicado cuando tales recursos/estrategias sean utilizables, pero sí cuando se impida o se limite el uso de éstos.

A. Ansiedad sin Deterioro del Rendimiento

Una primera aproximación a la hipótesis de la eficacia compensatoria sobre el rendimiento la proporcionan los numerosos estudios en los que la ansiedad no tiene efectos

incremento en el tiempo de realización de la tarea asociado a la ansiedad elevada (Calvo y Carreiras, 1993; Di Bartolo et al., 1998; Elliman et al., 1997 Hopko et al., 1998; Ikeda et al., 1996; Laguna y Babcock, 1997), o a costa de restarle dedicación a una tarea secundaria y deteriorarse el rendimiento en ésta (véase Eysenck, 1982, p. 111; Hockey, 1997, pp. 84-85). Goolkasian (1982) comprobó que el mantenimiento de un nivel de rendimiento equivalente en sujetos con ansiedad baja y elevada, iba siempre acompañado de un mayor tiempo de realización en los sujetos con mayor ansiedad; y que esto sucedía independientemente de que las instrucciones experimentales enfatizasen más o menos la importancia de la rapidez en las respuestas. Es raro el resultado opuesto, consistente en que las personas con ansiedad elevada cometan más errores, pero dediquen menos tiempo a la tarea (Ashcraft y Faust, 1994). Estos autores interpretan dicho efecto como una reacción de evitación de una tarea difícil, en la que los frecuentes errores (de los cuales los sujetos recibían retroalimentación inmediata) crearían un estado especialmente aversivo en las personas con ansiedad elevada.

Es posible, precisamente, que el consumo extraordinario del tiempo sea lo que permita compensar posibles interferencias cognitivas de la ansiedad sobre el rendimiento. Estaríamos en este caso ante un efecto compensatorio sobre la eficacia en el rendimiento, a costa de un descenso en la eficiencia para lograr dicho rendimiento. No obstante, una limitación de todos estos estudios reside en que no comparan una condición de disponibilidad de los recursos con otra en la que la tarea haya de realizarse sin la posibilidad de utilizar tales recursos. La hipótesis de la eficacia compensatoria implica que la ansiedad no perjudicaría el rendimiento en el primer caso, pero sí en el segundo.

B. Rendimiento Académico Dependiente de la Disponibilidad de Recursos Auxiliares

Un planteamiento más estricto que el anterior consiste en comparar el rendimiento cuando el contexto educativo permite (y cuando no) la posibilidad de utilizar recursos auxiliares, así como cuando el estudiante dispone internamente de tales recursos en mayor o menor medida. Resultados relevantes a este acercamiento han podido obtenerse en relación con el rendimiento en ámbitos académicos.

En general, se ha encontrado una relación negativa modesta entre rasgo de ansiedad y calificaciones en los exámenes. Hembree (1988) y Seipp (1991) revisaron 562 y 126 estudios, respectivamente, llevados a cabo sobre ansiedad y rendimiento escolar, y los sometieron a meta-análisis. Ambas revisiones convergen en ofrecer una correlación negativa ponderada de -.21 entre ansiedad y rendimiento académico, estadísticamente significativa en el conjunto de los estudios, a pesar de su reducida magnitud. No obstante, el rango de las correlaciones es muy extenso, variando entre +.37 y -.66. Una aproximación similar es presentada por Helmke (1988) en una investigación realizada sobre 39 aulas de 24 colegios de enseñanza primaria, tomando las calificaciones en matemáticas como medida del rendimiento: las correlaciones oscilaron entre +.36 y -.81, si bien en este caso el promedio fue algo más elevado, -.39. Estos datos son compatibles con la idea de que la ansiedad no tiene por qué conllevar efectos negativos sobre el rendimiento; puede producirlos incluso positivos. Falta por determinar si el hecho de que se observe o no una correlación negativa depende de la disponibilidad de recursos compensatorios.

Posibilidad Externa de Usar Recursos Auxiliares

Una forma de someter a prueba esta hipótesis es comparar condiciones externas que permitan o no el uso de tales recursos. Una de estas condiciones afecta a los métodos de enseñanza; otra, al tipo de exámenes. Respecto a la primera, Helmke (1988) comparó el efecto de la ansiedad sobre el rendimiento en matemáticas en dos contextos escolares diferentes. Por un lado, las aulas en las que se hace un uso intensivo del tiempo para estudiar y se deja poco tiempo para presentaciones y resúmenes iniciales, o para revisiones y repasos posteriores estructurados de la materia. Por otro, las aulas con un uso menos intensivo del tiempo, que permite a los estudiantes llevar a cabo actividades de repaso y consolidación. Mientras que en las primeras se observó una clara relación negativa entre ansiedad y rendimiento, en estas segundas no se produjo correlación. Presumiblemente, los procedimientos instruccionales empleados en las segundas permitirían contrarrestar los posibles efectos interferidores que la ansiedad tiene cuando se restringen las actividades auxiliares.

Una forma alternativa es comparar el rendimiento en distinto tipo de exámenes. Pintrich y de Groot (1990) evaluaron los conocimientos en una asignatura por parte de estudiantes con elevado o con bajo rasgo de ansiedad de evaluación, mediante diferentes pruebas. Por un lado, pruebas de recuerdo y de reconocimiento en las condiciones típicas de examen; es decir, con tiempo limitado y sin posibilidad de que los alumnos buscasen ayuda en sus libros de texto. Por otro, pruebas de ensayo e informes, que los alumnos podían realizar en clase o en casa, y que conllevaban la producción creativa de ideas, teniendo la posibilidad de utilizar para ello material diverso de consulta (texto, enciclopedias, etc.). Los resultados indicaron que el nivel de ansiedad correlacionaba negativamente con el rendimiento en las pruebas típicas de examen, que limitaban el uso de recursos (tiempo y consultas); pero no hubo correlación en las pruebas de ensayo e informes. Este dato apoya la hipótesis de que la disponibilidad de recursos auxiliares externos puede tener una función compensatoria sobre el rendimiento en las personas con ansiedad elevada.

Disponibilidad Interna de Recursos Auxiliares

La eficacia compensatoria también puede relacionarse con la disponibilidad de recursos auxiliares por parte de las personas con ansiedad elevada. En lo que concierne al rendimiento académico, los habilidades de estudio constituyen un recurso específico relevante. En este caso, la eficacia compensatoria se puede determinar comparando a personas con ansiedad elevada que usan mejores o peores estrategias de estudio. La mayor disponibilidad de este recurso permitirá a los primeros compensar los efectos interferidores de la ansiedad, y tener mejores rendimientos que los segundos en condiciones de estrés, aun cuando no difieran en condiciones sin estrés. Naveh-Benjamin, McKeachie y Lin (1987) formaron cuatro grupos de sujetos resultantes de la combinación ortogonal de rasgo de ansiedad (baja o elevada) y uso habitual de estrategias adecuadas de estudio (mayor o menor). En condiciones sin estrés de evaluación, los estudiantes con elevada ansiedad y buenas habilidades de estudio tuvieron mejor rendimiento que los que no tenían buenas estrategias de estudio, y un rendimiento equivalente al de los estudiantes con ansiedad baja y buenas estrategias de estudio. No obstante, en una situación de estrés, los estudiantes con ansiedad elevada y buenas estrategias de estudio rindieron peor que los de ansiedad baja y