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Aprender a discrepar sin perder argumentos
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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El desacuerdo y las disconformidad son dos aspectos tan inherentes al ser humano como la necesidad de comer. El mero hecho de ser animales racionales nos predispone para dudar y discrepar de cualquier opinión con la que no nos sintamos del todo identificados.
No obstante, no todas las personas tienen la capacidad para hacerlo correctamente. Paul Graham advirtió este hecho y creó una “jerarquía de discrepancia” que ordena la manera en la que las personas manifiestan su desacuerdo.
Paul Graham es un programador informático y ensayista de origen británico que se dio a conocer tras sus trabajos con Lisp, una familia de lenguajes de programación.
Además, cofundó la que fué primera compañía proveedora de servicios de aplicación (ASP). Tras adquirir una fama notable dentro del mundo informático y de la programación, Graham comenzó su trayectoria como ensayista. Desde su propia página web publicó ensayos de temática variada que contenían desde textos acerca de los lenguajes de programación hasta las causas de por qué las personas “nerds” nunca alcanzan la popularidad. Estos escritos se reúnen en la publicación Hackers and painters , la cual vio la luz en el año 2004, si bien ya había publicado libros sobre programación anteriormente. No obstante, uno de sus ensayos más aclamados y difundidos a lo largo y ancho del mundo fue su estudio How to disagree escrito en el año 2008. En él Graham representa gráficamente la “jerarquía de la discrepancia” , que muestra los distintos niveles en los que una persona puede expresar su desacuerdo o desavenencia con cualquier tema. No obstante, antes de explicar de qué trata y cómo se organiza esta jerarquía es necesario saber en qué consiste la discrepancia y cómo funciona la dinámica de esta.
¿Qué es la discrepancia y cómo funciona?
La Real Academia de la Lengua Española define la “discrepancia” con dos acepciones diferentes:
Por lo tanto, y según esta propia definición, un persona que discrepa es aquella cuyas creencias, pensamientos o conductas no coinciden con las de alguna otra persona o grupo. Sin embargo, la discrepancia es un hecho social. Es decir, para poder discrepar de algo es necesaria la presencia de otra persona o grupo de personas con las que comparar opiniones y no estar de acuerdo; y además un grupo de seguidores que respalden nuestro punto de vista. Así pues, la nivel social la discrepancia sigue un camino. Una serie de pautas que van desde el origen de la disconformidad hasta las desavenencias generadas dentro de esta primera discrepancia. Aunque complejo, este proceso es mucho más fácil de entender si seguimos cada uno de los pasos:
A continuación explicamos los diferentes niveles de la jerarquía de la discrepancia desde el más bajo hasta el más alto de todos.
7. Insulto
El nivel más bajo de argumentación es en el que están instaladas todas aquellas personas que recurren al insulto como forma de oposición, dado que son incapaces de ofrecer ningún tipo de argumento por poco razonado que sea.
Graham lo ejemplifica con la frase “eres un idiota”.
6. Ad hominem
El autor sitúa en este peldaño a todos aquellos que “atacan a las características o la autoridad del contrario son considerar la sustancia del argumento”.
Esto significa que la persona solamente es capaz de rebatir a otra mediante ataques o afirmaciones negativas sobre su persona, con la intención de desacreditarle pero sin
aportar ningún argumento válido que demuestre la debilidad de los razonamientos y las afirmaciones del otro. Es decir, se ataca a la persona, no a lo que dice.
Un ejemplo de esta discrepancia sería: “¿Qué vas a saber tú si ni tan solo tienes estudios?”.
5. Respondiendo a tono
En estos casos la persona se centra o utiliza el tono del mensaje de su oponente para intentar desmentirlo o refutarlo , sin tener en cuenta el fundamento o la esencia de aquello que se está debatiendo.
Un afirmación típica en estos casos sería: “Gritando tanto nadie te tomará en serio”.
4. Contradicción
La persona que utiliza la contradicción para rebatir una opinión tiende a expresar una idea opuesta pero con muy poco contenido o sin ninguna evidencia.
En estos casos los argumentos utilizados se expresan en formas de verdades universales que, según esa misma persona, no necesitan explicación.
Por lo tanto el ejemplo sería: “Todo el mundo sabe que eso no es así”.
3. Contraargumento
A partir de este nivel los razonamientos comienzan a presentar una mayor riqueza y calidad. No obstante, en el contraargumento la persona expone pruebas o evidencias que respaldan su opinión, pero que han sido dichas o escritas por otros anteriormente.
Las ideas utilizadas para debatir cualquier tema no son fruto del razonamiento de la propia persona, sino que se sirve de planteamientos y explicaciones de terceros para respaldar sus creencias.
Por ejemplo: “No tienes razón, porque tal y como dijo Sócrates…”
2. Refutación
En este segundo nivel de discusión la persona es capaz de razonar y disentir con sus propias ideas y creencias pero sin tener demasiado en cuenta la base del