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Asignatura: teoria sociologica, Profesor: socorro socorro, Carrera: Sociología, Universidad: UPV-EHU
Tipo: Apuntes
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TEMA UNO: Emile DURKHEIM (1858-1917) 1.- III República y antecedentes intelectuales 2.-El objeto de la sociología: la moral 3.- La solidaridad social, la división del trabajo y la conciencia colectiva 4.- El método sociológico: los hechos sociales.
Émile Durkheim sólo puede ser entendido en el contexto de la sociedad francesa en los inicios de la Tercera República, que se instauró en 1869, después de la desaparición del Segundo Imperio Napoleónico y de la derrota de Francia frente a Prusia. La Francia que Durkheim conoció era escenario de graves divisiones políticas, económicas y religiosas. Por un lado, la instauración del régimen republicano implicaba una ruptura con el Antiguo Régimen y un enfrentamiento continuo con los sectores ultraconservadores (fundamentalmente, monárquicos y católicos) que habían sostenido aquella forma de organización. Este enfrentamiento se reflejó en grandes controversias, por ejemplo, sobre la educación laica –caballo de batalla del republicanismo y de las ideologías más izquierdistas- o el famoso caso Dreyfus , que puso sobre la mesa el carácter antisemita de amplios sectores de la sociedad francesa. Y, por último, hay que mencionar los enfrentamientos en el mundo del trabajo entre patronos y obreros, liderados por sindicatos cada vez más fuertes. “Estas divisiones internas socavaron la unidad nacional e hicieron olvidar a los franceses los vínculos sociales que tenían en común. En vista de esa inestabilidad, la sociología [según Durkheim] no podía dedicarse a nada más útil que restaurar la confianza en la unidad orgánica de la sociedad; y ese objetivo se alcanzaría, no mediante polémicas, sino sobre la base de datos empíricos cuidadosamente establecidos que explicasen la significación de la participación del hombre en la sociedad global a la que pertenece. Además, sólo la sociología podía sugerir las vías prácticas para restablecer la unidad social.” (Tiryakian, 1969: 27) En efecto, toda la carrera intelectual y académica de Durkheim está unida de modo inseparable al intento de reconstrucción de la sociedad francesa c o m o colectividad nacional cohesionada. Se dio cuenta de que el asentamiento de las instituciones democráticas exigía una unidad moral de la nación sobre bases laicas, pues se tenía a la Iglesia y a la Religión como los pilares del Antiguo Régimen. Y para que los poderes del viejo orden pudieran ser aplastados de modo definitivo el laicismo era el precio que había de pagar
Según E. Tiryakian (1969: 25-26), convertir a la sociología en ciencia no era una idea nueva –Saint-Simon, Comte y Spencer también la habían defendido-. Durkheim reconoció los esfuerzos llevados a cabo por estos pensadores, pero negó que hubiesen alcanzado el objetivo: divorciar a la sociología de la filosofía y los conceptos metafísicos. Criticó a Comte, por ejemplo, haber sometido toda la investigación sociológica a un marco de una ley a priori de la evolución social. Por el contrario, Durkheim defendió que una ciencia positiva debía trabajar con una metodología basada en la aplicabilidad del principio de causalidad a los fenómenos sociales. Pero, además, pensaba que no existe otra guía mejor para la acción social que el conocimiento obtenido por la vía científica, y estaba plenamente convencido de que la ciencia de los fenómenos sociales debía tener una importante función social. Merece ser tenido en cuenta su intento de utilizar la sociología para la práctica social. En su tesis doctoral decía: “ nuestras investigaciones no merecerían una hora de esfuerzo si sólo tuvieran un interés especulativo .”^1 Sus sugerencias iban siempre cara al fortalecimiento de los lazos sociales, mediante la educación, la libre movilidad social en base al mérito individual, la concordia en las relaciones nacionales e internacionales, la defensa de la familia; en suma, la huida del conflicto social. Respecto a los antecedentes intelectuales de Durkheim, según Tiryakian (1985: 235-244), Durkheim mantuvo una cierta identificación con Auguste COMTE, quien murió un año antes de que él naciera. Aunque admitía que este autor fundó la disciplina y estableció los marcos básicos de la estructura y dinámica sociales, se aprecia cierta reserva hacia él. (^1) Merece subrayar que se ha llegado a decir de Durkheim que fue el último sociólogo militante. Con esta idea se pretende explicar que, a diferencia por ejemplo de Weber o Pareto, Durkheim equiparaba verdad a utilidad , mientras que Weber y Pareto establecen una separación más o menos tajante entre el conocimiento y la práctica social. Una cosa es la verdad, decía Pareto, que interesa sólo a unos cuantos estudiosos, y otra es la utilidad, y ambas no tienen por qué coincidir. Así, las verdades (los descubrimientos científicos o teóricos) no sólo puede que no aporten nada a las necesidades sociales, sino que incluso pueden ir en contra de ellas, o, por lo menos, en contra de las necesidades de ciertos grupos.
a) Una idea básica que tomó de Comte fue la de consenso como rasgo esencial de los fenómenos sociales, que él desarrolló como solidaridad. Si en Rousseau el vínculo social era fruto de un acto de volición (la voluntad), en Durkheim pasa a ser una característica social , una característica de la propia sociedad y no del individuo. b) Además, la influencia comteana está presente en Durkheim en su aceptación del ‘positivismo’ entendido como el estudio de los fenómenos sociales con el mismo método científico y objetivo que el utilizado para el análisis de los fenómenos naturales. Mayor influencia, según Tiryakian, tuvo SAINT-SIMON (1760-1825). Durkheim se hallaba plenamente familiarizado con sus ideas y le atribuía el haber sido el primero en tener una idea clara sobre el significado de sociedad. De hecho, más de la mitad de su obra El socialismo (recopilación por Mauss de sus cursos) está dedicada a Saint-Simon. El punto de partida de Saint-Simon, según Durkheim, es que una sociedad es ante todo una comunidad de ideas morales ligadas entre sí por la religión que profesa el pueblo; por lo demás, religión y ciencia no son contrapuestas, porque la religión es la ciencia popular (tema al que Durkhiem volvería en Las formas elementales de la vida religiosa ).La filosofía cumple una función social básica: en períodos de normalidad es la guardiana de la conciencia social y en épocas de crisis, guía la cristalización de lo nuevo. Saint- Simon pensaba que la organización social no podía transformarse con éxito sin una transformación moral. En los años de la III República que vivió Durkheim, como veíamos más arriba, el antiguo sistema moral había sido abandonado sin que lo sustituyese otro: de ahí la crisis moral de la sociedad francesa (tema de La división del trabajo social y El suicidio ). Era necesario buscar la religión –el vínculo social- apropiada para la sociedad moderna, y en este sentido, es evidente la influencia que tuvieron las reflexiones de Saint-Simon en su trabajo. Otro autor fundamental en el trabajo teórico de Durkheim fue KANT Tras el entusiasmo provocado por el movimiento romántico (Hegel, Schopenhauer y el joven Marx), la segunda mitad del siglo XIX se caracterizó por una corriente racionalista más sobria. Se ‘redescubrió’ a Kant como figura rectora de la filosofía moderna. En Francia esto sucedió particularmente en los círculos
b) La epistemología. En la teoría kantiana del conocimiento ocupan un lugar predominante las categorías de entendimiento que programan nuestra percepción del mundo exterior. Las nociones, las categorías de entendimiento que tienen los individuos sobre el espacio, el tiempo, el número, el género, etc. se encuentran en el mismo individuo, son una cualidad inherente a la naturaleza de la inteligencia humana. Durkheim pensaba que había que replantear estas viejas cuestiones epistemológicas en términos sociológicos. Hay que relacionar, por lo tanto, la génesis y el funcionamiento de las operaciones lógicas con las condiciones sociales. Estas categorías pasarían a ser consideradas representaciones esencialmente colectivas, que dependen de la manera en que la colectividad está organizada, de sus estructuras básicas de funcionamiento, de sus instituciones religiosas, morales, económicas, etc. (Lukes 1984: 429-443) Para Durkheim, por lo tanto, estas categorías no eran funciones de la mente individual, y las sociologizó , sosteniendo que las propias estructuras del pensamiento lógico son a priori porque son colectivas, es decir, representaciones sociales. La capacidad de conocer el mundo no es una función de la mente individual, sino que tiene su raíz en un estrato más profundo, la organización social misma, la adaptación de una colectividad a su medio. De esta forma, a cada sociedad le correspondería un determinado sistema cognitivo, una concreta lógica, por decirlo de alguna manera, aquella que necesita su propia organización y sus necesidades. Aún así, Durkheim mantuvo que existen criterios de racionalidad y de veracidad independientes del contexto social, y que existen principios universales que se dan en todas las culturas. Mientras que los trabajos de Durkheim sobre la fundamentación social de la moral y sus análisis sobre el vínculo que une a los individuos de cualquier sociedad se pueden considerar todavía de un gran valor y muchas veces absolutamente brillantes, sus reflexiones sobre la fundamentación social de la función cognitiva de la mente humana fue quizá uno de los puntos más débiles, y hoy en día, bastante superadas.
Durkheim no se cansó nunca de insistir sobre el carácter central de lo moral. 2 A raíz del viaje que realizó a Alemania, quedó impresionado por el estado de la llamada ‘ciencia de la vida moral’ -o sea, la ética- en aquel país, frente a Francia, donde, afirma Durkheim, sólo se conocen dos formas generales de teoría ética: el idealismo kantiano, por un lado, y el utilitarismo, por otro. La crítica a estos dos sistemas éticos es el hilo conductor de sus reflexiones sobre la moral. Veamos en qué consisten. Kant parte de la existencia a priori de normas morales universales que la voluntad se da a sí misma. Actuar moralmente es hacerlo de conformidad con la ley moral, pero la ley moral no se impone desde fuera. Por el contrario, actuar moralmente equivale a la libertad, porque es actuar según lo que somos: seres racionales/morales. En la medida en que somos racionales, buscamos el bien, y eso se aplica a todos los seres humanos. La moral, en este sentido, es una cualidad individual y universal. El carácter idealista de este pensamiento radica en una concepción de la moral que va más allá de cualquier circunstancia social. 3 Bajo el epígrafe de utilitarismo podemos situar aquella concepción ética según la cual lo que caracteriza al ser humano es la búsqueda individual de la (^2) Podemos definir la moral como un conjunto de nociones o ideas sobre el bien, sobre lo que significa una vida buena, una vida que merezca la pena vivir. Todas las sociedades y todos los individuos están provistos de unas ciertas normas morales. En todas las sociedades hay unos bienes, hay unos conceptos que merecen respeto, y, en consecuencia, es repudiado todo lo que atente contra ellos. Por ejemplo, en las sociedades occidentales la libertad se considera un bien supremo. Esto no obvia que haya discusiones sobre la libertad individual frente a la libertad colectiva, por ejemplo, pero, a pesar de estas discrepancias, es aceptado por todo el mundo que es mejor y deseable la libertad que la falta de ella. Se puede diferenciar la moral de la ética , diciendo que esta última es la reflexión científica o teórica sobre las normas morales. (^3) Bajo la denominación de i dealismo se hallan las filosofías, ideologías o formas de pensamiento en general que analizan el origen y desarrollo de las ideas por sí mismas, desvinculadas de cualquier condicionamiento social.
entre los hombres, es bastante moderna y florece solamente en contextos donde existen ya costumbres ( mores ) que no se pueden reducir al interés personal. La postulados de la economía clásica son, también, erróneos, porque plantean las más importantes leyes de la economía como si no hubiesen existido en el mundo, por ejemplo, ni naciones ni estados; se supone solamente la presencia de individuos. De esta forma, los fenómenos económicos no pueden estudiarse como si estuvieran separados de las creencias y normas morales que rigen la vida de los individuos en sociedad. No hay sociedad (ni podría concebirse una sociedad) donde las relaciones económicas no estén sujetas a una reglamentación de leyes y costumbres. Las reglamentaciones que controlan la vida económica, por lo tanto, no pueden explicarse en puros términos económicos. Este principio tiene que aplicarse también a las reglas morales según las cuales viven los individuos en una sociedad: la moral es una propiedad colectiva y como tal debe estudiarse. Las ideas y sentimientos que constituyen la herencia cultural de los miembros de una sociedad son impersonales , esto es, han evolucionado socialmente y no son producto ni propiedad de ningún individuo concreto. En su obra La educación moral , afirma que la moralidad presenta tres elementos esenciales: 1.El espíritu de disciplina. Toda la conducta moral se adapta a reglas preestablecidas. Comportarse moralmente implica ajustarse a una norma.. Este reino de la moralidad, es el reino del deber; el deber es la conducta prescrita. Sólo la sociedad posee la autoridad necesaria para establecer el sentido del deber. Podemos ver hasta qué punto se separa Durkheim de la idea del individuo benevolente: no es inherente en nosotros la acción moral; al contrario, nuestra naturaleza nos empuja a buscar nuestro propio bienestar y es la sociedad la que, con su autoridad, consigue que nos adaptemos a las normas morales. El elemento esencial de las normas morales es la sanción. La conducta moral no es simplemente un modo acostumbrado de comportamiento, es sobre todo un modo obligatorio de proceder, que no depende del arbitrio individual. Pero, además, el individuo no sólo se siente obligado a actuar
moralmente; también desea hacerlo. Esta será una idea recurrente en las reflexiones sociológicas de Durkheim: el individuo siente el peso de la autoridad de la sociedad, pero no se siente oprimido por ella. “La vida en común es atrayente al mismo tiempo que coercitiva. Sin duda que la coacción es necesaria para conducir al hombre a superarse a sí mismo, a añadir a su naturaleza física otra naturaleza; pero, a medida que aprende a saborear los encantos de esta nueva existencia, siente la necesidad y no hay otro orden de actividad en que no la busque apasionadamente. He aquí por qué cuando los individuos, que encuentran que tienen intereses comunes, se asocian, no lo hacen sólo por defender esos intereses, sino por asociarse, por no sentirse más perdidos en medio de sus adversarios, por tener el placer de comunicarse, de constituir una unidad con la variedad, en suma, por llevar juntos una misma vida moral.” (1987a: 18)
Insistiendo en el tema de la ética, y más concretamente en el terreno de las ideas religiosas, Durkheim considera una aportación fundamental el haber mostrado la importancia básica de las instituciones religiosas en la sociedad. Se ha puesto en claro por parte de algunos de estos autores, que las religiones primitivas contienen dos tipos de fenómenos interrelacionados: un bloque de especulaciones metafísicas sobre la naturaleza y el orden de las cosas y por otro, reglas de conducta y de disciplina moral. Al ofrecer ideales a los que hay que tender, la religión es una fuerza que contribuye a la unidad social. Los ideales cambian en cada sociedad, dirá Durkheim, pero nunca ha habido hombres que carecieran por completo de un ideal, por modesto que fuera, pues esto corresponde a una necesidad enraizada en nuestra naturaleza. En las sociedades primitivas, la religión es una poderosa fuente de altruismo: las creencias y prácticas religiosas predisponen al hombre hacia el sacrificio y el desinterés. Se puede decir, en este sentido, que el individualismo es un producto del desarrollo social: la individualidad sólo aparece lentamente a partir de la existencia de la sociedad, de la colectividad.
Ya hemos mencionado anteriormente que el problema fundamental que Durkheim intenta explicar–por otra parte, también los sociólogos de cualquier época y lugar- es en qué consiste el vínculo social , lo que hace que los individuos nos mantengamos unidos dentro de una colectividad; en suma, explicar qué es la sociedad. El término que él empleó es el de solidaridad,^5 concepto que desarrolló en su libro La división del trabajo social. Para ello había que determinar la naturaleza y las funciones de la solidaridad social en la sociedad desarrollada moderna, a diferencia de las sociedades primitivas o tradicionales, y explicar el tránsito histórico de una forma de sociedad a otra. Antes de seguir adelante con este tema, reparemos en una cuestión que es necesario tener clara para situar convenientemente el análisis de Durkheim. Para explicar el vínculo social en la sociedad moderna recurre a una comparación de dos tipos de sociedades, pero son tipos ideales , usando la expresión de Weber. Es decir, compara dos modelos teóricos, y no, por tanto, ninguna sociedad que haya existido en la práctica. Aunque recurre a una explicación histórica del tránsito de una sociedad primitiva a una moderna, no se puede decir, de ninguna manera, que el trabajo de Durkheim sea un estudio histórico. Precisamente, uno de los problemas que tiene dicho análisis es la falta de precisión respecto a la sociedad primitiva: nunca sabemos exactamente de qué tipo de sociedad está hablando, primitiva, tradicional, arcaica, subdesarrollada… Quizá sea más conveniente llamarla simplemente no moderna, o premoderna. ¿Cuál es el elemento básico, distintivo, según el cual se pueden diferenciar estos dos tipos sociedades? Es la división del trabajo. Por ésta, Durkheim entiende la especialización profesional. La división del trabajo es un indicio de la sociedad altamente desarrollada. Debido a la creciente (^5) No en un sentido tan voluntario como se utiliza hoy en día. Solidaridad, entre nosotros, significa un sentimiento más o menos racionalizado que tiende a sostener o a apoyar causas que nos parecen justas, ya sean políticas, religiosas o de cualquier otro tipo. Por el contrario, en Durkheim solidaridad es una característica del sistema social, y en este sentido, se puede decir que es más neutra, más objetiva.
moralidad utiliza el concepto de conciencia colectiva , que define de la siguiente manera: “El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad, forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común…. Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos.” (1987a: 96) La lógica de su argumento es que el aumento de la división del trabajo causa una reducción de la conciencia colectiva. La conciencia colectiva es menos importante en una sociedad con solidaridad orgánica que en una con solidaridad mecánica. Se puede decir que la conciencia colectiva en los dos tipos de sociedad difiere en cuatro dimensiones: volumen, intensidad, rigidez y contenido. El volumen se refiere a la cantidad de gente que comparte una misma conciencia colectiva; la intensidad , al grado en que la sienten; la rigidez , a su nivel de definición; y el contenido , a la forma que adopta la conciencia colectiva en los dos tipos polares de sociedad. En una sociedad caracterizada por la solidaridad mecánica, virtualmente la totalidad de la sociedad y de sus miembros comparten la misma conciencia colectiva, ésta se percibe con mucha intensidad; es extremadamente rígida; y su contenido es de índole religioso. En una sociedad con solidaridad orgánica, la conciencia colectiva es menor y la comparte una cantidad de gente inferior; se percibe con menor intensidad; no es demasiado rígida y su contenido está basado fundamentalmente en el culto al individuo (Ritzer 1993: 217). Hay dos temas, por lo tanto, que merecen ser tratados más despacio y que aparecen directamente relacionados con la conciencia colectiva en los dos tipos de sociedades: uno es el tipo de derecho vigente en cada una de ellas (recordemos que las normas del derecho son un claro exponente de la moralidad común de una sociedad), y otro el contenido de la conciencia colectiva en la sociedad moderna; es decir, lo que hemos llamado el culto al individuo.
Derecho represivo : es el que rige en las sociedades con solidaridad mecánica. Como las personas son muy similares en este tipo de sociedad, y como la totalidad de sus miembros suelen creer profundamente en una moralidad común, cualquier ofensa contra su sistema de valores compartido suele ser de la mayor importancia para la mayoría de los individuos. Dado que la mayoría de las personas se siente ofendida y cree profundamente en su moralidad común, el transgresor suele ser severamente castigado si comete una acción considerada como una ofensa moral contra el sistema moral colectivo. Se puede decir que las sanciones son de tipo ejemplar, y la administración de la sanción suele recaer en las masas. Derecho restitutivo : es el que rige en las sociedades con solidaridad orgánica. En lugar de ser duramente castigados por la más mínima ofensa moral contra la moralidad colectiva, a los individuos se les suele pedir en este tipo de sociedad que cumplan con la ley o que recompensen –restituyan- a los que han resultado perjudicados por sus acciones. Si bien siguen existiendo algunas leyes con carácter puramente represivo (por ejemplo, la pena de muerte), digamos que la filosofía de este tipo de derecho es intentar paliar los efectos del delito, volver a la situación anterior a éste, incluso respecto a la persona que lo ha cometido. Como la conciencia colectiva es más débil, hay menos probabilidades de que se dé unanimidad en la sociedad a la hora de sentirse ofendida por el delito (piénsese, por ejemplo, en las controversias sobre el aborto). Por último, en una sociedad con solidaridad orgánica, la administración de la sanción es responsabilidad de entidades especializadas (tribunales, policía,…). Nos queda por analizar el segundo elemento mencionado, el culto al individuo. Durkheim creía que los problemas esenciales de la sociedad moderna eran de índole moral y que la única solución real residía en reforzar la intensidad de la moral colectiva. Parte de la idea de que el contenido de la conciencia colectiva en la sociedad moderna no es religioso, debido al poderoso proceso de secularización. Su centro lo ocupa el individuo y su dignidad. El individualismo es una fuerza poderosa en la sociedad moderna y Durkheim es consciente de la dificultad de oponerse a ella, intentando regresar a formas pasadas de conciencia colectiva. Pero el individualismo es también un
especial, dentro de la sociedad general. Pero, una vez que el grupo se forma, despréndese de él una vida moral que lleva, como es natural, el sello de las condiciones particulares en que se ha elaborado, pues es imposible que los hombres vivan reunidos, sostengan un comercio regular, sin que adquieran el sentimiento del todo que forman con su unión, sin que se liguen a ese todo, se preocupen de sus intereses y los tengan en cuenta en su conducta. Ahora bien, esa unión a una cosa que sobrepasa al individuo, esta subordinación de los intereses particulares al interés general, es la fuente misma de toda actividad moral. Que ese sentimiento se precise y se determine, que al aplicarse a las circunstancias más ordinarias y más importantes de la vida se traduzca en fórmulas definidas, y he ahí un código de reglas morales en vías de constitución. Al mismo tiempo que ese resultado se produce por sí mismo y por la fuerza de las cosas, es útil y el sentimiento de su utilidad contribuye a confirmarlo. La sociedad no es la única interesada en que esos grupos especiales se formen para regular la actividad que se desenvuelve en los mismos y que, de otra manera, se haría anárquica; el individuo, por su parte, encuentra en ello una fuente de goces, pues la anarquía le resulta dolorosa. También él sufre con las sacudidas y desórdenes que se producen siempre que las relaciones interindividuales no se encuentran sometidas a alguna influencia reguladora. Para el hombre no es bueno vivir así, en pie de guerra, en medio de sus compañeros inmediatos. Esta sensación de hostilidad general, la desconfianza mutua que de ella resulta, la tensión que exige, da lugar a estados penosos cuando son crónicos; si amamos la guerra, amamos también las alegrías de la paz, y tienen estas últimas tanto más valor para los hombres cuanto más profundamente socializados se encuentran, es decir (pues las dos palabras son equivalentes), más profundamente civilizados.” (1987a: 17-18) El conflicto, una vez más, se daba por la falta de una moralidad común. Una asociación de este tipo estaba llamada a sustituir a tanto a los sindicatos de obreros, como a las asociaciones de empresarios. Este tipo de asociaciones serían el mejor remedio para la falta de moralidad común en el mundo de la producción. Pero, junto a las asociaciones profesionales, la propiedad, la riqueza, y en general, la estratificación social no debe responder a la herencia,
como en las sociedades premodernas, sino a las capacidades de cada individuo. De esta forma, si la estructura social responde al talento y al mérito individual , será posible prevenir los conflictos que aquejan a la sociedad moderna. Una de las instituciones sociales que más adecuadamente puede cumplir el papel de árbitro a la hora de certificar los méritos de cada individuo es el sistema educativo. Pero de éste hablaremos posteriormente.