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Asignatura: teoria sociologica, Profesor: socorro socorro, Carrera: Sociología, Universidad: UPV-EHU
Tipo: Apuntes
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Durkheim y Weber pertenecen a dos tradiciones teóricas distintas. Mientras que el primero procedía de la tradición positivista , el otro era, por origen, heredero del idealismo alemán. Estas dos tradiciones están directamente relacionadas con el ambiente intelectual que diferenció a Francia de Alemania al final del siglo XIX. En Francia, la mentalidad predominante era racionalista , de inspiración anticlerical, tenía como modelo a seguir a las ciencias naturales, y estaba movida por una moderada confianza en la sociedad moderna y en las obras de los hombres. La ciencia social, en este pensamiento, estaba llamada a jugar un papel importante en la configuración de esa nueva sociedad. En Alemania, sin embargo, la influencia de la religión era todavía muy fuerte, aunque ello no suponía ningún tipo de traba dogmática en el estudio de la realidad social; más bien, se trataba de la importancia de lo espiritual y de la desconfianza en el mundo material. Así, las ciencias naturales no eran el modelo a imitar para los científicos sociales, y la filosofía y la historia ocupaban el lugar predominante en el panorama científico y académico. Los pensadores sociales alemanes procedían a menudo de familias conservadoras y de orientación religiosa; frecuentemente eran hijos de sacerdotes protestantes. En esta tradición parecía natural anteponer la emoción a la razón, el sentimiento comunitario al cambio tecnológico y protestar, directa o indirectamente, contra el capitalismo y la sociedad racionalizada. Expresando la diferencia en términos personales, Durkheim no nos choca como individuo particularmente inquieto. Realmente, su principal debilidad intelectual fue su tendencia al dogmatismo. Weber, a pesar de su estilo polémico, era dubitativo en extremo, siempre en desacuerdo consigo mismo, y enormemente inquieto (Hughes 1972: 212).
Julien Freund (1986) afirma que no existen muchos sociólogos como Weber, capaces de levantar edificios teóricos representativos de u n complejo y variado sistema de relaciones entre diversas actividades humanas, abarcando las relaciones entre política y moral, religión y economía, derecho economía y religión,.... Max Weber perteneció a una generación de estudiosos universales y el tipo de erudición que practicó está sujeto a determinadas condiciones sociológicas, como por ejemplo, una exquisita educación superior con un amplio conocimiento de las lenguas indogermánicas; un ambiente familiar estimulante que le permitió combinar diferentes materias: derecho, economía, historia, filosofía e incluso teología; y una tradición intelectual y erudita en la Alemania de la época que le proporcionaron una destacada base para su época. La vida y las ideas de Weber son un cúmulo de elementos contradictorios en continua tensión.
Las reflexiones puramente metodológicas o epistemológicas no han ocupan un papel primordial en la obra de Weber. Según él, la sociología se ocupa de resolver problemas sustantivos , y para ello, la reflexión sobre el método es solamente una precondición para un trabajo científico fructífero. Así y todo, es necesario entender su punto de partida metodológico para poder entender el significado de su obra teórica. Vamos a dividir en tres apartados dichas reflexiones epistemológicas: 2.1.- Historia y Sociología: causalidad Como decíamos más arriba, la historia era una de las ciencias sociales fundamentales del momento en Alemania. Tanto es así que, según Hugues (1972: 216), el pensamiento social alemán moraba en el mundo histórico. El derecho, al igual que la economía, se consideraban en Alemania como una disciplina histórica. La sociología empezaba a verterse en un molde análogo. Y la filosofía había planteado como uno de sus problemas centrales la elaboración de las categorías del pensamiento histórico. Es decir, hacer ciencia social en Alemania suponía hacerla desde una perspectiva histórica. Esta característica es palpable en el trabajo de Weber. La historia era un tema que Weber jamás estudio o meditó específicamente, pero toda su vida intelectual estuvo cubierta de pensamiento histórico; sea cual fuese el tema de estudio elegido por él, un aspecto ineludible de su investigación era rastrear la génesis histórica del fenómeno en cuestión. Pero las relaciones entre Historia y Sociología eran algo más que estrechas. De hecho, aunque Weber intuía que cada una de estas disciplinas necesitaba de la otra, se puede decir que Weber puso la sociología al servicio del análisis histórico. Así explica el autor la relación entre ambas:
“La sociología permite formular conceptos distintivos y generalizar las uniformidades de los procesos empíricos. Esto la distingue de la historia, que está orientada al análisis causal y a la explicación de acciones individuales, de estructuras y de personalidades poseedoras de una significación cultural.” (1964:
A pesar de esta tajante distinción teórica, en sus trabajos no aparece clara tal separación entre ambas ciencias. De cualquier modo, orientó la sociología al desarrollo de conceptos claros, de manera que pudieran servir al análisis causal de los fenómenos históricos. El modo de proceder del análisis científico de la realidad social sería “… la segura imputación de hechos individuales y concretos ocurridos en la realidad histórica para concretar las causas históricamente dadas a través del estudio de precisos datos empíricos que han sido seleccionados desde puntos de vista específicos.” (Weber, in Ritzer 1993: 247) El pensamiento de Weber está claramente influenciado por los debates intelectuales que se desarrollaban en la Alemania de su tiempo. El más importante de ellos era el que abordaba la relación entre historia y ciencia. En los polos del debate se situaban los positivistas que pensaban que la historia se rige por leyes generales (nomotéticas), y los subjetivistas que reducían la historia a acciones y acontecimientos idiosincrásicos , únicos e irrepetibles (idiográficos). Como en tantos otros temas, Weber rechazó ambas posturas extremas. Según Ritzer (1993: 250-251), Weber afirmaba que la historia se compone de acontecimientos únicos y empíricos; no puede haber generalizaciones al nivel de la experiencia. Los sociólogos deben, por tanto, separar el mundo empírico del universo conceptual que construyen. Dichos conceptos no llegan a reflejar completamente el mundo real, pero pueden ser usados como instrumentos heurísticos para conseguir un entendimiento mejor de la realidad. Por medio de esos conceptos los sociólogos pueden
Pero Weber se opone, de la misma manera, a la historia cultural que analiza el desarrollo histórico por el contenido de las ideas : siempre es necesario examinar el posible alcance de los profundos cambios económicos y sociales sobre la naturaleza de los valores que sostienen los miembros de un estrato o sociedad dada. En resumen, Weber cree que la historia se compone de una fuente inagotable de fenómenos específicos. Para estudiarlos es necesario elaborar una gran variedad de conceptos destinados a ser útiles para la investigación del mundo real. Como regla general, la tarea de la sociología es desarrollar esos conceptos que la historia utiliza para analizar causalmente los hechos históricos específicos. En este sentido, Weber trata de combinar lo específico y lo general en un esfuerzo por hacer evolucionar una ciencia que hiciera justicia a la compleja naturaleza de la vida social. 1 Esta complejidad de la vida social queda patente en sus reflexiones sobre la causalidad. Como decíamos más arriba, encontrar las relaciones de causalidad entre los fenómenos sociales es el objetivo fundamental de la ciencia social. Weber entiende por causalidad sencillamente la probabilidad de que un acontecimiento fuera seguido o acompañado de otro. El investigador tiene que observar tanto las razones como el significado de los cambios históricos, y, para ello, propone el estudio de la realidad basado en la causalidad múltiple , teniendo en cuenta las interrelaciones de economía, sociedad, política, organizaciones, estratificación social, religión, etc. En su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo , por ejemplo, Weber afirma que la ética protestante fue uno de los factores causales de la aparición del capitalismo moderno. Sin embargo, tachó de estupidez la idea de que el protestantismo fuera la única causa. Así mismo, era estúpido pensar que el capitalismo pudiera crecer sólo como resultado de la reforma (^1) Quizá este aspecto sea uno de los que más merecen ser subrayado, porque Weber huye siempre de todo tipo de simplificaciones. Como resultado de esto, sus trabajos son, en general, muy prolijos en detalles, matizaciones y observaciones, y difíciles de entender.
protestante; otros factores podrían haber llevado al mismo resultado. Veamos cómo matiza Weber estas relaciones: “Debemos aclarar lo más posible el modo y la dirección general en que (…) los movimientos religiosos han influido en el desarrollo de la cultura material. Solamente cuando hayamos determinado este planteamiento con una seguridad razonable se puede hacer una tentativa para estimar hasta qué punto puede el desarrollo histórico de la cultura moderna ser atribuido a esas fuerzas religiosas y hasta qué punto a otras.” (1992:) El conocimiento causal es diferente del de las ciencias naturales. De esta forma, frente a la idea de relaciones necesarias entre los fenómenos sociales que proponen los nomotéticos, y las relaciones aleatorias que proponen los idiográficos, Weber plantea la idea de una causalidad adecuada. Esta noción, según Ritzer (1993: 255), supone que lo mejor que se puede hacer en sociología es establecer proposiciones probabilísticas acerca de la relación entre los fenómenos sociales; o lo que es lo mismo, si ocurre x , entonces es probable que ocurra y. En dicho trabajo, utilizó la expresión afinidades electivas : “Lo que es menester señalar es si y hasta qué punto han participado influencias religiosas en los matices y la expansión cuantitativa de aquél espíritu sobre el mundo, y qué aspectos concretos de la civilización capitalista se deben a ellas. Dada la variedad de recíprocas influencias entre los fundamentos materiales, las formas de organización político-social y el contenido espiritual de las distintas épocas del la Reforma, la investigación ha de concretarse a establecer si han existido, en qué puntos, “afinidades electivas” entre ciertas modalidades de la fe religiosa y la ética profesional.” (1992: 107). 2.2.- Subjetividad y objetividad: Verstehen Como veíamos en el primer tema, el empeño de Durkheim, a través de toda su obra, fue reclamar un espacio para la sociología, junto a las
La comprensión sería un medio auxiliar que ha de ser confirmado por la causalidad o la observación estadística, y ambas sólo pueden ser entendidas como limitadas a un sector determinado de la realidad infinita. He aquí cómo lo expresa McIver: “¿Por qué los ciudadanos se volvieron contra el gobierno? ¿Por qué el sindicato declaró la huelga? Para contestar a estas preguntas tenemos que proyectarnos a nosotros en las situaciones que estamos estudiando. Tenemos que conocer los valores, los fines y las esperanzas de seres humanos que operan en una situación particular. No hay historia interior de por qué cae un meteoro o por qué se congelan los líquidos. Lo comprendemos como datos, como expresiones de leyes y nada más. Por otra parte, como en los asuntos humanos hay siempre una historia interna, no podemos alcanzar nunca más que una verdad parcial o relativa. Esta es la paradoja del conocimiento. Las únicas cosas que conocemos como verdades inmutables son las cosas que no comprendemos. Las únicas cosas que comprendemos son mutables y nunca plenamente conocidas.”^2 En cualquier caso, Weber no se cansa en insistir que la comprensión no tiene nada que ver con la intuición , la participación armónica o la empatía. El científico social no tiene por qué simpatizar con el sentido que el actor da a su acción para comprenderla, ni puede acceder a la comprensión por mera cercanía al fenómeno. Por el contrario, como decíamos más arriba, la comprensión lleva consigo la elaboración de una búsqueda sistemática y rigurosa, más que la simple impresión sobre un texto o sobre un fenómeno social. En la interpretación de las reflexiones de Weber sobre la comprensión, se ha dado un cierto debate sobre si ésta supone solamente el estudio de los estados subjetivos de los actores, o si, en realidad, se trataría de aplicarla al estudio de significados intersubjetivos, es decir, de unidades de análisis a gran escala, por ejemplo, una civilización o una cultura. Parece correcta la idea de que el uso de verstehen supone ambas
aproximaciones. Como afirma Murdoch (Ritzer 1993: 253), para entender completamente un hecho debemos 1) identificar el sentido de dicha acción tal y como se propuso el actor, y 2) reconocer el contexto a que dicha acción pertenece y en el que produce significado. Es evidente, por tanto, que la misma acción social, aun con el mismo sentido subjetivo, no puede ser analizada de la misma manera en un contexto social o en otro. En cualquier caso, según Ritzer (Ibid), el interés que Weber mostró en los contextos socio-estructurales y culturales de la acción, nos conduce a pensar que la comprensión es una herramienta fundamental para el análisis a escala macrosocial, como podremos comprobar más adelante a través de algunos de sus trabajos. 2.3.- La formulación de tipos ideales Como hemos visto, Weber creía que era responsabilidad del sociólogo crear instrumentos conceptuales que pudieran ser utilizados más tarde en la investigación histórica y sociológica. Una importante herramienta conceptual es el tipo ideal, que definió de la siguiente manera: “Un tipo ideal está formado por la acentuación unidimensional de uno o más puntos de vista y por la síntesis de gran cantidad de fenómenos concretos individuales difusos, distintos, más o menos presentes, aunque a veces ausentes, los cuales se colocan según esos puntos de vista enfatizados de manera unilateral en una construcción analítica unificada… Dicha construcción mental, puramente conceptual, no puede ser encontrada empíricamente en ningún lugar de la realidad.” (Citado en Ritzer, 1993: 255). En el nivel más básico, un tipo ideal es un concepto construido por un científico social, a partir de su interés y orientación teórica, para aprehender los rasgos esenciales de ciertos fenómenos sociales. Los tipos ideales, (^2) McIver, in Timasheff (1961): La teoría sociológica , México: Fondo de Cultura Económica, p. 220
2.4.- Juicios de hecho y juicios de valor Un juicio de hecho sería una afirmación sobre la realidad, del tipo: los estudiantes de sociología provienen fundamentalmente de clases sociales bajas o medias-bajas. Un juicio de valor, por el contrario, sería una afirmación moral o vital, por ejemplo: los estudiantes de sociología deben implicarse en la lucha contra la desigualdad social. Esta diferenciación tajante sobre este tipo de afirmaciones, sin embargo, no es tan diáfana a la hora de la investigación social, y de hecho, es fuente inagotable de reflexiones y debates el papel que juegan los valores (afirmaciones normativas, es decir, no sobre lo que es , sino sobre lo que debería ser ) en la investigación teórica y empírica. Se suele decir sobre Weber, que éste propuso una sociología libre de valores , es decir, una ciencia basada exclusivamente en juicios de hecho. Así, una percepción común de la postura de Weber es que los científicos sociales no tienen que dejar de ninguna manera que sus valores personales influyan en su investigación científica. Sin embargo, no pocos sociólogos coinciden al afirmar que se ha hecho una lectura muy simplista y reduccionista de las reflexiones de Weber al respecto. Como veremos, el trabajo de Weber es mucho más complicado y tiene muchas más connotaciones que esa lectura tan simple. Vamos a diferenciar dos ámbitos para entender las propuestas de Weber en este sentido, magistralmente expuestas en la conferencia que pronunció a los estudiantes de la universidad de Munich La ciencia como profesión (ver Weber 1992: 53 y ss.)
contrastadas por la discusión, ni sujetas a contradicción… el aula ha de mantenerse separada del coso de la discusión pública”. La diferencia más importante entre un discurso público y una conferencia académica radica en la naturaleza de la audiencia. Una multitud que escucha a un orador público ha elegido estar allí y se puede marchar cuando guste. Pero los estudiantes, si quieren aprobar, no tienen más alternativa que escuchar atentamente las posiciones del profesor cargadas de valores. (Ritzer 1993: 258). El papel fundamental que le queda al profesor, dice Weber, es el de la honestidad intelectual: “Si uno es profesor práctico, su primera tarea será la de enseñar a sus discípulos a aceptar hechos incómodos , esos hechos, quiero decir, que resultan incómodos para las opiniones de aquéllos. Yo creo que si el profesor obliga a sus oyentes a acostumbrarse a esos hechos incómodos, les está dando algo más que una mera aportación intelectual; yo sería tan inmodesto como para calificar esa aportación que el profesor les ofrece como una aportación moral (…). La política no tiene cabida en las aulas. No tiene cabida por parte de los estudiantes. Yo criticaría, por ejemplo, igualmente a los estudiantes que armaron un escándalo en el aula de mi antiguo colega Dietrich Schäffer en Berlín, como a los estudiantes antipacifistas que parece que se lo han armado al profesor Foerster, del que estoy tan alejado en muchas de mis ideas. Pero la política tampoco tiene cabida en el aula por parte de los docentes, y menos todavía se ocupan de la política desde un punto de vista científico, pues la posición política propia y el análisis científico de los partidos y de las formaciones políticas son cosas diferentes. Si se habla sobre la democracia en una asamblea popular no se hace ningún secreto de las propias posiciones; su deber precisamente no es otro sino tomar partido con toda claridad. Las palabras que se utilizan allí no son instrumentos del análisis científico sino medios para ganarse políticamente la posición de los otros; no son rejas de arado para labrar el terreno del pensamiento contemplativo sino espadas contra el enemigo, instrumentos de lucha. Si se habla en un aula de “democracia” se presentarán sus distintas formas, se analizará su funcionamiento, se determinará qué consecuencias concretas tiene para la vida cada una de sus formas, luego se le contrapondrán las otras formas no democráticas de sistemas políticos y se intentará llegar lo más lejos posible par que
suelo del instructor dependía directamente de la cantidad de alumnos. Como resultado de esto, la competencia por ganar discípulos era particularmente aguda, y se tenía la impresión de que el sistema perjudicaba a los buenos estudiosos e investigadores en beneficio de la enseñanza atractiva. (…). Cuando Weber condenó la utilización de las aulas como foros para la afirmación valorativa, pensaba muy particularmente en la formulación de valores políticos. Su polémica no estaba dirigida por igual contra todos los valores. Para él, lo más objetable en la universidad no era la expresión de valores estéticos o religiosos, sino la de valores políticos. Su defensa de la doctrina de la exclusión de valores puede ser considerada, pues, como un esfuerzo, no tanto para eliminar las valoraciones morales de la universidad, como por despolitizarla y alejarla de la lucha política. (…) En esas condiciones históricas, la doctrina de la exclusión de valores equivalía a proponer una tregua académica. En efecto, afirmaba: si todos callamos nuestras ideas políticas, podremos continuar con nuestra labor.”^3 Como se puede ver, Gouldner matiza bastante la posición de Weber respecto a la intromisión de los valores en la enseñanza, y los remite al campo de la política. De hecho, se puede decir que es realmente difícil separar cualquier forma de educación de algún tipo de guía moral. Aún más matizaciones merece su posición respecto a los valores en la investigación.
sentimientos a favor o en contra de algunas de las cosas que estudian? ¿Significa que los sociólogos pueden y deben informar a los legos sobre las técnicas adecuadas para la realización de sus fines, si se les inquiere por ellas, pero deben permanecer en silencio si no se les pregunta por ellas? ¿Significa que los sociólogos nunca deben tomar la iniciativa de afirmar que algunas creencias de los legos, como la creencia en la inferioridad intrínseca de ciertas razas, son falsas, aunque se sepa que las contradicen los hechos de sus disciplina? Significa que los expertos en ciencias sociales nunca deben hablar claro, a menos que se les invite a ello, sobre los resultados probables de un curso de acción pública concerniente al cual tienen un conocimiento profesional? ¿Significa que los expertos nunca deben formular valores en sus roles de maestros o en sus roles de investigadores? ¿Significa la creencia en una sociología no valorativa que los sociólogos, como maestros o como investigadores, tienen derecho a expresar furtiva e involuntariamente sus valores, pero no tienen ningún derecho a hacerlo abierta y deliberadamente? Me temo que muchos sociólogos actuales, al concebir la ciencia social como libre de valores, aluden a cosas muy diferentes; que muchos sostienen estas creencias dogmáticamente, sin haber examinado con seriedad las bases de confiabilidad, y que algunos abogan por una sociología libre de valores de manera ritual, sin tener idea clara de lo que ello puede significar.” 4 Según Ritzer (1993: 259-260), Weber no operaba con la postura simplista de que los valores deben ser eliminados de la investigación social. Pensaba, por el contrario, que los valores debían intervenir en la investigación, pero sólo en algunos momentos. Es decir, la investigación social debe proceder como procede cualquier investigación científica, obteniendo datos empíricos mediante la observación y la comparación sistemática. Sin embargo, los valores deben restringirse a los momentos previos a la investigación social. Es entonces cuando deben contribuir a seleccionar lo que vamos a estudiar. Estas ideas se recogen en su concepto de relevancia valorativa : la elección de los objetos de estudio estaría hecha en razón de lo que se considera importante en la sociedad donde los (^4) Gouldner (1979), op. cit., pág. 17
conocimiento es infinito, y la vida no. Estas cuestiones, dice Weber, se encuentra planteadas en las obras de Toltstoi: “Él llega a ellas de una manera curiosa. Todo el problema de sus cavilaciones giraba en torno a la pregunta de si la muerte es un fenómeno con sentido o no. Y su respuesta es que para el hombre civilizado no lo es, y no lo es precisamente porque la vida del individuo civilizado, metida en el “progreso”, en lo infinito, no podía tener (…) un final, ya que siempre hay un progreso continuo por delante del individuo que está metido en este proceso. Ninguna persona que muere llega a la altura en la que está la infinitud. Abraham o cualquier campesino de los viejos tiempos moría “viejo y saciado de la vida” porque su vida estaba dentro del ciclo natural de la vida, porque su vida le había traído, al final de sus días, de acuerdo con sus sentido, todo lo que ella le podía ofrecer; porque no le quedaba ningún “enigma” que resolver y, por eso, podía tener “bastante” de la vida. Un hombre civilizado, sin embargo, puesto en el progreso de enriquecimiento progresivo de la civilización con pensamientos, conocimientos, problemas, puede llegar a estar “cansado” de la vida, pero no saciado. Éste sólo pesca una mínima parte de lo que la vida del espíritu va alumbrando continuamente, y siempre es algo provisional, nada definitivo, y por eso la muerte es para él un acontecimiento sin sentido. Y porque la muerte no tiene sentido, no lo tiene tampoco la propia vida civilizada como tal, que es la que da a la muerte su carencia de sentido precisamente con su “progreso” sin sentido. (1992: 67-68) Es una postura infantil, continúa Weber, pensar que la ciencia, hoy en día, es el camino hacia Dios, o hacia la felicidad. Acude de nuevo a los pensamiento de Tolstoi, quien dijo que “La ciencia no tiene sentido porque no da respuesta a la única pregunta importante para nosotros, la de qué debemos hacer y cómo debemos vivir.” (1992: 72) Esto sería quehacer de un profeta o de un mesías. La ciencia, para Weber, ni siquiera puede demostrar científicamente que el mundo que describe tiene sentido, es decir, si merece la pena vivir en él. Las ciencias no se plantean esas cuestiones. El fundamental papel de la ciencia es
clarificar los valores existentes, pero no puede indicar entre cuál de ellos elegir. Dicho de otra manera, la vida hay que entenderla como una lucha entre dioses, es decir, entre diferentes valores. Existe una continua lucha en torno a la igualdad y la desigualdad, en torno a la libertad y el orden, el bien común, la justicia, el poder…y lo único que la ciencia puede hacer es indicar a qué valores se sirve con una u otra postura. Así muestra Weber lo irreversible de característica de la ciencia moderna, y a la vez, un hecho que hay que aceptar: el hombre está solo a la hora de elegir: “Es el destino de nuestro tiempo, con su racionalización e intelectualización y, sobre todo, con su desmagificación del mundo, que los valores fundamentales y más sublimes se hayan retirado de la vida pública al reino transmundano de la vida mística o a la fraternidad de las relaciones inmediatas entre los individuos. (…) Las profecías de las cátedras sólo crearán sectas fanáticas, pero no una auténtica comunidad. A quien no pueda soportar virilmente este destino de nuestro tiempo hay que decirle es mejor que regrese, simple y llanamente, a los brazos abiertos y misericordiosos de las viejas iglesias en silencio, sin la publicidad usual de los renegados. Ellas no se lo van a poner difícil. Él tendrá que hacer el “sacrificio de la inteligencia” de una u otra forma. Nosotros no le vamos a criticar por ello, si él lo quiere realmente, pues semejante sacrificio de la inteligencia a favor de una entrega religiosa absoluta es moralmente, a pesar de todo, algo distinto a esa elusión del deber de honestidad intelectual que se produce cuando uno no tiene el valor de aclararse su propia postura fundamental y se aligera este deber con un relativismo facilón. Y para mí esa entrega religiosa tiene más valor que esas profecías de cátedra que no tienen claro que en las aulas no vale ninguna otra virtud sino la honestidad intelectual precisamente. Pero ésta nos obliga a constatar que la situación de todos esos, muchos, que esperan nuevos profetas y mesías es hoy la misma que resuena en la hermosa canción del centinela edomita de la época del exilio, recogida en el Oráculo de Isaías: “Llega un grito de Seir, en Edom: centinela, ¿cuánto tiempo durará todavía la noche? El centinela dice: la mañana llegará, pero ahora es todavía noche. Si queréis preguntar otra vez, volved de nuevo.” El pueblo a quien se le dijo esto ha preguntado y esperado durante más de dos milenios y nosotros conocemos su estremecedor destino. Saquemos de aquí la conclusión de que sólo con añorar y esperar no es suficiente y hagamos otra cosa: