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En segundo tema del manual de Javier Horcajo
Tipo: Apuntes
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Hablar de la familia en una autobiografía suele ser algo habitual (tema 1). Ahora aparece en una nueva dimensión: como algo de nuestra propiedad , como algo que nos pertenece y a lo que nos sentimos pertenecientes. Pertenencias y, sobre todo, el valor emocional de las pertenencias grupales y categoriales son dos dimensiones del «yo». Ahora bien, la pertenencia categorial no es la única manera que tienen las personas de presentarse a sí mismas. Los otros, también conjugan verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros, a lo que somos, a cómo nos comportamos, al papel que jugamos en la vida, a los grupos a los que pertenecemos, etc. La manera de hacerlo influye sobre el conoci- miento del «yo» y la imagen que acabemos de forjarnos sobre nosotros mismos. Para hablar de nosotros mismos también usamos estos verbos. Cuando hablamos de nosotros mismos lo acostumbramos a hacer, de diversas maneras: hablando de los nuestros amplia- mente, refiriéndonos a lo que otras personas piensan de nosotros, comentando lo que pensamos de nosotros mismos o recordando eventos de nuestra vida. Dicen autores que «la cantidad de cosas que uno conoce de sí mismo - creencias, pensamientos, recuerdos y sentimientos sobre el «yo»- es teóricamente ilimitada en cantidad y en amplitud». El «yo» está presente en la práctica totalidad de nuestras actividades mentales y sociales (el «yo» como un objeto extenso), pero no siempre lo hace de la misma manera (el «yo» como un objeto con diversos rostros). Dos tradicionales hipótesis. EL YO COMO AUTODEFINICIÓN → cuando una persona habla de sí misma suele utilizar principalmente dos marcos de referencia: sus pertenencias grupales o categoriales (consensual references), o sus rasgos y características más persona- les (subconsensual references). EL YO COMO AUTOINTERPRETACIÓN → es la teoría de la autopercepción : las personas llegan al conocimiento de sus propias actitudes, emociones y otros rasgos y características internas, parcialmente, a partir de las inferencias que hacen de la observación de su propia conducta y de las circunstancias en las que dicha conducta se ha manifestado. Además, alude a la percepción que los otros tienen del yo, por lo que pueden formar impresiones, inferencias en nuestro compor- tamiento o manera de ser. El «yo» es, por tanto, la capacidad para conjugar verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros mismos, a lo nuestro, y a los nuestros. Estamos ante el «yo» como objeto activo de conocimiento, gracias a la capacidad de la mente humana para desdoblarse y ser al mismo tiempo objeto y sujeto , para mirarse a sí misma mientras conjuga verbos episté- micos y emocionales sobre el «yo». Es el «yo empírico» de William James. El resultado de ese proceso es el autoconcepto, la identidad, la autoestima… La línea divisoria, es inapreciable. «En su acepción más amplia, el yo de un individuo es la suma total de todo lo que puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus facultades psíquicas, sino su casa, su reputación… si crecen y prosperan, se siente triunfante; si menguan y se acaban, se siente pobre. En este proceso también toman parte los otros, ellos usan los verbos respecto a nosotros y sus efectos so- bre el yo se dejan sentir en términos de autoestima e identidad
El YO aparece no solo como organizador de la cognición social, sino como la sala de máquinas de la vida social. Los esquemas del «yo» se definieron como «generalizaciones cognitivas sobre el sí mismo derivadas de la experiencia pasada, que organizan y guían el procesamiento de la información a la que se enfrenta la persona en el transcurso de sus experiencias sociales» (Markus, 1977). Estos esquemas:
A ) Incluyen representaciones cognitivas de eventos y situaciones específicas en las que está presente la persona, que son propios de la memoria episódica: «Llegué a Inglaterra» B ) Representaciones y evaluaciones de las regularidades de la con- ducta hechas por la propia persona o por otros «¡Qué aplicada soy»! C) Describen cómo el «yo» articula y organiza en la memoria los eventos de su vida. D) Actúan como mecanismos selectivos de la información que se procesa, de la importancia que se le concede y de cómo se estructura en nuestra mente; E) nos permiten completar la información sobre el «yo»; F) hacer predicciones sobre el futuro: la información disponible sobre el «yo» puede ser utilizada como base para juicios, decisiones o inferencias sobre el futuro. Particularidades respecto al resto de esquemas:
El YO → multidimensional; Asch: el «yo» no es el mero reflejo de las influencias sociales como tampoco es «una entidad absoluta que gira en torno a su propia órbita». Es ambas cosas a la vez.
PERSPECTIVA PSICOSOCIAL → Las personas piensan y se comportan siguiendo las pautas de su pertenencia categorial a un grupo. El marco social de las relaciones intergrupales contribuye a hacer a los individuos lo que son; estos, a su vez, construyen ese marco; ambos se desarrollan y cambian simbióticamente (Tajfel, 1984). CUADRO 5.2. EL «YO», LOS OTROS Y EL OTRO GENERALIZADO
Bern Simon define la identidad personal como la interpretación valorativa que la persona hace de sí misma basada en una configuración compleja de aspectos del «yo» que nos diferencian de otros y que no son redundantes. El autoconcepto es la representación mental global que el sujeto hace de sí mismo. En esta acepción tiene sentido la iden- tidad subjetiva, la que el sujeto se atribuye de forma explícita. La imagen que hacemos de nosotros mismos incluye rasgos de personalidad. Por ello, el autoconcepto no es rasgo de la personalidad, sino la representación cognitiva que los en- globa a todos. (Moreno, 2007) Leon Festinger en la teoría de la comparación social: «En el organismo humano existe un impulso a evaluar sus opiniones y sus habilidades» las opiniones y habilidades adquieren significado tanto para el propio sujeto como para los otros Algunos atributos que nos hacen diferentes provienen de los grupos a los que pertenecemos, o, lo que es lo mismo, que algunos de los rasgos que nos atribuyen tienen vienen de los grupos a los que pertenecemos. La propuesta de Asch es la más sólida teoría sobre el «sí mismo»: la teoría de la identidad social. Henri Tajfel, ubica la identidad social como nexo entre el funcionamiento cognitivo y los procesos sociales, entre lo social y lo psicológico, en- tre lo grupal y lo individual. Partiendo de la categorización desemboca en la identidad social, el proceso de categorización no solo agrupa, simplifica, sistematiza y ordena la realidad que nos rodea, sino que señala e indica el lugar que cada uno de nosotros ocupa dentro de ella, nos sirve como autorreterencia social. Hay una parte del «yo» que se nutre y se alimenta de la pertenencia a gru- pos sociales. CATEGORIZACIÓN SOCIAL E IDENTIDAD SOCIAL Entenderemos por identidad social aquella parte del autoconcepto de un individuo que deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo (o grupos) social junto con el significado valorativo y emocional asociado a dicha pertenencia... es más complejo la imagen que un individuo tiene de sí mismo. Por muy rica y compleja que sea la idea de los individuoEl equilibrio cognitivo entre el “yo” y los demás conceptos representados en la estructura del conocimiento social es un pro- ceso dinámico. sobre sí mismos, algunos aspectos de esta idea son aportados por la pertenencia a ciertos grupos. Impulso de au- toevaluación Tendencia a la afiliación Comparación interpersonal Identidad personal
Algunas de estas pertenencias resultan más relevantes que otras; y algunas pueden variar en relevancia con el tiempo y en función de una variedad de situaciones sociales (Tajfel, 1984,). Destaca que algunos aspectos del conocimiento y de los pensamientos que las personas tenemos de nosotros mismos provienen de los grupos a los que pertenecemos. Además, se da a través de la valoración social (significado) que esos grupos hayan alcanzado: nuestra mente se refiere a hechos, objetos, personas y acontecimientos que tienen para nosotros un significado y a los que atribuimos un valor. No todos los grupos a los que pertenecemos tienen la misma importancia para nosotros. Ese valor se lo da la propia persona, pero casi todos coincidimos en los grupos primarios; La identidad individual e identidad social son dimensiones del auto- concepto de cualquier persona. El predominio de una o de otra es distinto en (y para cada) una de ellas. CUADRO 5.3. LA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD SOCIAL POSITIVA (TAJFEL. 1984. P. 293)
a) plena identificación con el grupo b) existencia de lazos «familiares» entre sus miembros. c) satisfacción plena de las necesidades de relación (afiliación, pertenencia, identidad, protección y apoyo); d) percepción de atributos y característi- cas comunes que son consideradas como irrenunciables e) sentimiento de un destino histórico común, Amin Maalouf resalta la reducción de la naturaleza diversa, distintiva y multidimensional de la identidad a una sola cate- goría puede estar en la base de las “identidades asesinas”. Muchos de los conflictos y las atrocidades se sostienen en la ilusión de una identidad única que no permite elección. El arte de crear odio se manifiesta invocando el poder mágico de una identidad supuestamente predominante que sofoca toda afiliación CUADRO 5.4. El continuo identidad personal-fusión de la identidad Identidad personal • Conocimiento de las actitudes, creencias, rasgos y caracterís- ticas que nos conceden distintividad y diferenciación individual. Identidad social (^) • Aquellos aspectos del autoconcepto que tienen su origen en la pertenencia a grupos o categorías sociales junto con sus co- rrelatos evaluativos y emocionales.