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Apuntes Javier Horcajo, Apuntes de Psicología Cognitiva

En segundo tema del manual de Javier Horcajo

Tipo: Apuntes

2025/2026

Subido el 20/05/2026

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manuela-duran-requero 🇪🇸

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TEMA 2: IDENTIDAD SOCIAL
INTROD UCCN
Hablar de la familia en una autobiografía suele ser algo habitual (tema 1). Ahora aparece en una nueva dimensión: como
algo de nuestra propiedad, como algo que nos pertenece y a lo que nos sentimos pertenecientes. Pertenencias y, sobre
todo, el valor emocional de las pertenencias grupales y categoriales son dos dimensiones del «yo».
Ahora bien, la pertenencia categorial no es la única manera que tienen las personas de presentarse a sí mismas. Los otros,
también conjugan verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros, a lo que somos, a cómo nos comportamos, al
papel que jugamos en la vida, a los grupos a los que pertenecemos, etc. La manera de hacerlo influye sobre el conoci-
miento del «yo» y la imagen que acabemos de forjarnos sobre nosotros mismos. Para hablar de nosotros mismos también
usamos estos verbos.
Cuando hablamos de nosotros mismos lo acostumbramos a hacer, de diversas maneras: hablando de los nuestros amplia-
mente, refiriéndonos a lo que otras personas piensan de nosotros, comentando lo que pensamos de nosotros mismos o
recordando eventos de nuestra vida.
Dicen autores que «la cantidad de cosas que uno conoce de sí mismo -creencias, pensamientos, recuerdos y sentimientos
sobre el «yo»- es teóricamente ilimitada en cantidad y en amplitud». El «yo» está presente en la práctica totalidad de
nuestras actividades mentales y sociales (el «yo» como un objeto extenso), pero no siempre lo hace de la misma manera
(el «yo» como un objeto con diversos rostros). Dos tradicionales hipótesis.
EL YO COMO AUTODEFINICIÓN cuando una persona habla de sí misma suele utilizar principalmente dos marcos de
referencia: sus pertenencias grupales o categoriales (consensual references), o sus rasgos y características más persona-
les (subconsensual references).
EL YO COMO AUTOINTERPRETACIÓN es la teoría de la autopercepción: las personas llegan al conocimiento de sus
propias actitudes, emociones y otros rasgos y características internas, parcialmente, a partir de las inferencias que hacen
de la observación de su propia conducta y de las circunstancias en las que dicha conducta se ha manifestado. Además,
alude a la percepción que los otros tienen del yo, por lo que pueden formar impresiones, inferencias en nuestro compor-
tamiento o manera de ser.
El «yo» es, por tanto, la capacidad para conjugar verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros mismos, a lo
nuestro, y a los nuestros. Estamos ante el «yo» como objeto activo de conocimiento, gracias a la capacidad de la mente
humana para desdoblarse y ser al mismo tiempo objeto y sujeto, para mirarse a sí misma mientras conjuga verbos episté-
micos y emocionales sobre el «yo». Es el «yo empírico» de William James.
El resultado de ese proceso es el autoconcepto, la identidad, la autoestima… La línea divisoria, es inapreciable. «En su
acepción más amplia, el yo de un individuo es la suma total de todo lo que puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus
facultades psíquicas, sino su casa, su reputación… si crecen y prosperan, se siente triunfante; si menguan y se acaban, se
siente pobre. En este proceso también toman parte los otros, ellos usan los verbos respecto a nosotros y sus efectos so-
bre el yo se dejan sentir en términos de autoestima e identidad
5.1 EL YO C OMO ORGANIZADOR DE LA COGNICIÓN S OCIAL
El YO aparece no solo como organizador de la cognición social, sino como la sala de máquinas de la vida social.
Los esquemas del «yo» se definieron como «generalizaciones cognitivas sobre el sí mismo derivadas de la experiencia
pasada, que organizan y guían el procesamiento de la información a la que se enfrenta la persona en el transcurso de sus
experiencias sociales» (Markus, 1977). Estos esquemas:
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TEMA 2: IDENTIDAD SOCIAL

INTRODUCCIÓN

Hablar de la familia en una autobiografía suele ser algo habitual (tema 1). Ahora aparece en una nueva dimensión: como algo de nuestra propiedad , como algo que nos pertenece y a lo que nos sentimos pertenecientes. Pertenencias y, sobre todo, el valor emocional de las pertenencias grupales y categoriales son dos dimensiones del «yo». Ahora bien, la pertenencia categorial no es la única manera que tienen las personas de presentarse a sí mismas. Los otros, también conjugan verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros, a lo que somos, a cómo nos comportamos, al papel que jugamos en la vida, a los grupos a los que pertenecemos, etc. La manera de hacerlo influye sobre el conoci- miento del «yo» y la imagen que acabemos de forjarnos sobre nosotros mismos. Para hablar de nosotros mismos también usamos estos verbos. Cuando hablamos de nosotros mismos lo acostumbramos a hacer, de diversas maneras: hablando de los nuestros amplia- mente, refiriéndonos a lo que otras personas piensan de nosotros, comentando lo que pensamos de nosotros mismos o recordando eventos de nuestra vida. Dicen autores que «la cantidad de cosas que uno conoce de sí mismo - creencias, pensamientos, recuerdos y sentimientos sobre el «yo»- es teóricamente ilimitada en cantidad y en amplitud». El «yo» está presente en la práctica totalidad de nuestras actividades mentales y sociales (el «yo» como un objeto extenso), pero no siempre lo hace de la misma manera (el «yo» como un objeto con diversos rostros). Dos tradicionales hipótesis. EL YO COMO AUTODEFINICIÓN → cuando una persona habla de sí misma suele utilizar principalmente dos marcos de referencia: sus pertenencias grupales o categoriales (consensual references), o sus rasgos y características más persona- les (subconsensual references). EL YO COMO AUTOINTERPRETACIÓN → es la teoría de la autopercepción : las personas llegan al conocimiento de sus propias actitudes, emociones y otros rasgos y características internas, parcialmente, a partir de las inferencias que hacen de la observación de su propia conducta y de las circunstancias en las que dicha conducta se ha manifestado. Además, alude a la percepción que los otros tienen del yo, por lo que pueden formar impresiones, inferencias en nuestro compor- tamiento o manera de ser. El «yo» es, por tanto, la capacidad para conjugar verbos epistémicos y emocionales respecto a nosotros mismos, a lo nuestro, y a los nuestros. Estamos ante el «yo» como objeto activo de conocimiento, gracias a la capacidad de la mente humana para desdoblarse y ser al mismo tiempo objeto y sujeto , para mirarse a sí misma mientras conjuga verbos episté- micos y emocionales sobre el «yo». Es el «yo empírico» de William James. El resultado de ese proceso es el autoconcepto, la identidad, la autoestima… La línea divisoria, es inapreciable. «En su acepción más amplia, el yo de un individuo es la suma total de todo lo que puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus facultades psíquicas, sino su casa, su reputación… si crecen y prosperan, se siente triunfante; si menguan y se acaban, se siente pobre. En este proceso también toman parte los otros, ellos usan los verbos respecto a nosotros y sus efectos so- bre el yo se dejan sentir en términos de autoestima e identidad

5.1 EL YO COMO ORGANIZADOR DE LA COGNICIÓN SOCIAL

El YO aparece no solo como organizador de la cognición social, sino como la sala de máquinas de la vida social. Los esquemas del «yo» se definieron como «generalizaciones cognitivas sobre el sí mismo derivadas de la experiencia pasada, que organizan y guían el procesamiento de la información a la que se enfrenta la persona en el transcurso de sus experiencias sociales» (Markus, 1977). Estos esquemas:

A ) Incluyen representaciones cognitivas de eventos y situaciones específicas en las que está presente la persona, que son propios de la memoria episódica: «Llegué a Inglaterra» B ) Representaciones y evaluaciones de las regularidades de la con- ducta hechas por la propia persona o por otros «¡Qué aplicada soy»! C) Describen cómo el «yo» articula y organiza en la memoria los eventos de su vida. D) Actúan como mecanismos selectivos de la información que se procesa, de la importancia que se le concede y de cómo se estructura en nuestra mente; E) nos permiten completar la información sobre el «yo»; F) hacer predicciones sobre el futuro: la información disponible sobre el «yo» puede ser utilizada como base para juicios, decisiones o inferencias sobre el futuro. Particularidades respecto al resto de esquemas:

  • Amplitud y complejidad: de nada ni de nadie sabemos más que de nosotros mismos;
  • Interrelación entre la información y los datos de que disponemos sobre el «yo»; no ppt
  • Frecuencia de activación: todos los días, nuestra mente conjuga verbos referidos a nuestra propia persona
  • Emocionalidad: los esquemas del «yo» tienen una fuerte carga afectivo-emocional; en realidad, son esquemas en torno a los cuales gira una parte decisiva de nuestras experiencias personales. ESTRUCTURA DEL CONOCIMIENTO SOCIAL El «yo» ocupa el centro de la de la estructura y de los contenidos de nuestra cognición (mente). Propuesta de Greenwald. El núcleo central de la estructura social del conocimiento formado por contenidos relacionados con las actitudes, estereo- tipos, autoconcepto y la autoestima. Todos ellos forman parte de la cognición social. Estructura:
  1. Una parte muy significativa del conocimiento social puede representarse en una red de asociaciones de distinta inten- sidad entre conceptos relacionados con las personas, los grupos y los atributos pertenecientes a cada uno. Tres serían matices a) la distinta relevancia que tienen para el «yo» personas, grupos y atributos; b) la inclusión del rol como parte del conocimiento y representación del «yo»; y c) la presencia de los estereotipos.
  2. Considerar el «yo» como una entidad central en la estructura social del conocimiento.
  3. Estos conceptos mantienen entre sí relaciones de equilibrio cognitivo, que operan tanto deliberada como automática- mente.
  4. Para la mayoría de las personas, el esquema del «yo» está asociado con atributos de valencia positiva. Es interesante e importante novedad: el autoconcepto se alimenta de contenidos de valencia positiva, que se codifican y almacenan en nuestra mente son contenidos que buscan aportar un significado positivo con el esquema del «yo». EQUILIBRIO COGNITIVO IMPL ÍCITO El equilibrio cognitivo entre el “yo” y los demás conceptos representados en la estructura del conocimiento social es un proceso dinámico. Las consideraciones sobre los esquemas del «yo», así como los tres principios básicos de la estructura social de conoci- miento, entender el «yo» como un proceso en continuo devenir que se muestra, a su vez, con una cierta regularidad a lo largo del tiempo, cuyo conocimiento procede de distintas fuentes (características personales, grupos a los que pertene- cemos, roles que desempeñamos, etc.) y que busca asociarse (o que le asocien) con atributos positivos.

5.3 LOS OTROS COMO PRECONDICIÓN DEL YO

El YO → multidimensional; Asch: el «yo» no es el mero reflejo de las influencias sociales como tampoco es «una entidad absoluta que gira en torno a su propia órbita». Es ambas cosas a la vez.

PERSPECTIVA PSICOSOCIAL → Las personas piensan y se comportan siguiendo las pautas de su pertenencia categorial a un grupo. El marco social de las relaciones intergrupales contribuye a hacer a los individuos lo que son; estos, a su vez, construyen ese marco; ambos se desarrollan y cambian simbióticamente (Tajfel, 1984). CUADRO 5.2. EL «YO», LOS OTROS Y EL OTRO GENERALIZADO

  • «El individuo se experimenta a sí mismo como tal, no directamente, sino solo indirectamente, desde los puntos de vista de los miembros particulares de su mismo grupo social o desde el punto de vista del grupo al que pertenece como un todo [el otro generalizado]» (Mead, 1982, p. 170).
  • En una primera etapa, el «yo» surge a partir de las actitudes de personas particulares (los otros), pero el completo desa- rrollo del «yo» requiere la implicación del «otro generalizado», es decir, las actitudes del grupo hacia él.
  • El «sí mismo» es, esencialmente, una estructura social que se origina y surge en el transcurso de la experiencia social.
  • El gesto es el inicio de la actividad y de la conducta social; no solo nos pone en contacto con los otros, sino que pone en relación las conductas, las ajusta. Los gestos se convierten en símbolos significantes cuando provocan implícitamente en quien los emite las mismas reacciones que provoca en las personas a quienes van dirigidos.

5.4 IDENTIDAD PERSONAL, IDENTIDAD SOCIAL E IDENTIDAD COLECTIVA

Bern Simon define la identidad personal como la interpretación valorativa que la persona hace de sí misma basada en una configuración compleja de aspectos del «yo» que nos diferencian de otros y que no son redundantes. El autoconcepto es la representación mental global que el sujeto hace de sí mismo. En esta acepción tiene sentido la iden- tidad subjetiva, la que el sujeto se atribuye de forma explícita. La imagen que hacemos de nosotros mismos incluye rasgos de personalidad. Por ello, el autoconcepto no es rasgo de la personalidad, sino la representación cognitiva que los en- globa a todos. (Moreno, 2007) Leon Festinger en la teoría de la comparación social: «En el organismo humano existe un impulso a evaluar sus opiniones y sus habilidades» las opiniones y habilidades adquieren significado tanto para el propio sujeto como para los otros Algunos atributos que nos hacen diferentes provienen de los grupos a los que pertenecemos, o, lo que es lo mismo, que algunos de los rasgos que nos atribuyen tienen vienen de los grupos a los que pertenecemos. La propuesta de Asch es la más sólida teoría sobre el «sí mismo»: la teoría de la identidad social. Henri Tajfel, ubica la identidad social como nexo entre el funcionamiento cognitivo y los procesos sociales, entre lo social y lo psicológico, en- tre lo grupal y lo individual. Partiendo de la categorización desemboca en la identidad social, el proceso de categorización no solo agrupa, simplifica, sistematiza y ordena la realidad que nos rodea, sino que señala e indica el lugar que cada uno de nosotros ocupa dentro de ella, nos sirve como autorreterencia social. Hay una parte del «yo» que se nutre y se alimenta de la pertenencia a gru- pos sociales. CATEGORIZACIÓN SOCIAL E IDENTIDAD SOCIAL Entenderemos por identidad social aquella parte del autoconcepto de un individuo que deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo (o grupos) social junto con el significado valorativo y emocional asociado a dicha pertenencia... es más complejo la imagen que un individuo tiene de sí mismo. Por muy rica y compleja que sea la idea de los individuoEl equilibrio cognitivo entre el “yo” y los demás conceptos representados en la estructura del conocimiento social es un pro- ceso dinámico. sobre sí mismos, algunos aspectos de esta idea son aportados por la pertenencia a ciertos grupos. Impulso de au- toevaluación Tendencia a la afiliación Comparación interpersonal Identidad personal

Algunas de estas pertenencias resultan más relevantes que otras; y algunas pueden variar en relevancia con el tiempo y en función de una variedad de situaciones sociales (Tajfel, 1984,). Destaca que algunos aspectos del conocimiento y de los pensamientos que las personas tenemos de nosotros mismos provienen de los grupos a los que pertenecemos. Además, se da a través de la valoración social (significado) que esos grupos hayan alcanzado: nuestra mente se refiere a hechos, objetos, personas y acontecimientos que tienen para nosotros un significado y a los que atribuimos un valor. No todos los grupos a los que pertenecemos tienen la misma importancia para nosotros. Ese valor se lo da la propia persona, pero casi todos coincidimos en los grupos primarios; La identidad individual e identidad social son dimensiones del auto- concepto de cualquier persona. El predominio de una o de otra es distinto en (y para cada) una de ellas. CUADRO 5.3. LA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD SOCIAL POSITIVA (TAJFEL. 1984. P. 293)

  • Las personas permanecerán dentro de un grupo y buscarán la pertenencia a nuevos grupos siempre y cuando estos gru- pos aporten aspectos positivos de su identidad social, aquellos aspectos que les satisfacen y les gratifican. Cuando un grupo no nos satisface, hay una tendencia a dejarlo, a no ser que: a ) sea imposible por razones «objetivas» (dejar de ser mestizo), b ) abandonarlo pueda entrar en conflicto con valores importantes que son parte de nuestro autoconcepto. Hay dos salidas: a) cambiar la interpretación de atributos del grupo o justificarlas de manera positiva, o b) intentar cam- biar la situación en la que se encuentra el grupo o sus atributos. La pertenencia grupal sobre la identidad personal es mayor en personas pertenecientes a grupos socialmente estigmati- zados y devaluados. En concreto, si definimos el autoconcepto «como el conjunto de las representaciones cognitivas del "yo" de las que dispone una persona», será fácil convenir que esas representaciones se sitúan, al menos, en los tres si- guientes niveles: a) nivel supraordenado → «categorizaciones del yo basadas en la propia identidad como ser humano», características comunes con otros miembros destaca por su nivel de abstracción y de inclusión; b) nivel intermedio del «yo» → cimentado en la pertenencia grupal o categorial: «semejanzas y diferencias sociales entre seres humanos. Definen a uno como miembro de un grupo y no de otros»; c) nivel subordinado → alto nivel de diferenciación y con rasgos muy concretos «basados en diferencias entre uno mismo como individuo único y otros miembros del propio grupo, que le definen como persona individual específica» Categorización social Comparación Identidad social intergrupal Diferenciación categorial

a) plena identificación con el grupo b) existencia de lazos «familiares» entre sus miembros. c) satisfacción plena de las necesidades de relación (afiliación, pertenencia, identidad, protección y apoyo); d) percepción de atributos y característi- cas comunes que son consideradas como irrenunciables e) sentimiento de un destino histórico común, Amin Maalouf resalta la reducción de la naturaleza diversa, distintiva y multidimensional de la identidad a una sola cate- goría puede estar en la base de las “identidades asesinas”. Muchos de los conflictos y las atrocidades se sostienen en la ilusión de una identidad única que no permite elección. El arte de crear odio se manifiesta invocando el poder mágico de una identidad supuestamente predominante que sofoca toda afiliación CUADRO 5.4. El continuo identidad personal-fusión de la identidad Identidad personal • Conocimiento de las actitudes, creencias, rasgos y caracterís- ticas que nos conceden distintividad y diferenciación individual. Identidad social (^) • Aquellos aspectos del autoconcepto que tienen su origen en la pertenencia a grupos o categorías sociales junto con sus co- rrelatos evaluativos y emocionales.

  • Influencia de la pertenencia grupal en el autoconcepto.
  • Despersonalización (Turner). Identidad colectiva (^) • Atributos definitorios del autoconcepto compartidos por las personas pertenecientes a un grupo micro o macrosocialmente definido.
  • Significado del «yo» compartido con personas pertenecientes al mismo grupo o categoría social. Identidad humana (^) • Categorizaciones del «yo» basadas en la propia identidad como ser humano.
  • Características comunes compartidas con otros miembros de la especie humana. Fusión de la identidad (^) • El «yo» fusionado con el «nosotros».
  • Visceral sentimiento de unidad del «yo» con el grupo.
  • Dilución de la identidad personal en la identidad grupal.