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Durante el primer tercio del siglo xx la literatura española vive su Edad de Plata, una etapa en la que destacan intelectuales de tres generaciones diferentes: la generación del 98, la generación del 1A y la generación del 27. Lorca, aunque recibió influencias de todas, perteneció a la última de ellas. El acontecimiento fundacional de la generación sucedió en diciembre de 1927, cuando varios poetas españoles se reunieron en el Ateneo de Sevilla para rendir homenaje a Luis de Góngora y Argote en el tricentenario de su muerte y respaldar la estética del poeta barroco. De esta manera, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén. Pedro Salinas, Emilio Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Gerardo Diego constituyeron uno de los grupos poéticos más importantes de Europa: la generación del 27. Nacidos todos entre 1891 y 1905, este grupo de jóvenes poetas recibió una formación intelectual semejante, ya que coincidieron en la madrileña Residencia de Estudiantes, donde forjaron su amistad y contactaron con la élite cultural e intelectual de la España y la Europa del momento. Desde una perspectiva estética , a todos les unía la fascinación por autores clásicos como Luis de Góngora o Lope de Vega, pero también por el modernismo de Rubén Darío, el romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer, la pureza poética de Juan Ramón Jiménez (verdadero maestro para ellos) o las vanguardias europeas, sobre todo el surrealismo francés. Esta visión poética común propició la renovación estética de la poesía española, que con ellos lograría aunar tradición y vanguardia. Así lo evidencian los tipos de métrica que utilizaron: desde el soneto y el romance, hasta el verso libre, el verso blanco y el versículo surrealista. Los temas más frecuentes en la poesía del 27 son universales: la naturaleza, el destino, la muerte, el amor, el erotismo, el compromiso social. También es significativa la búsqueda del equilibrio entre lo sentimental y lo intelectual, la tradición y la renovación, lo culto y lo popular, entre lo universal y lo español. De esa forma, el desarrollo inicial de una poesía pura, alejada de las emociones y preocupada por la renovación formal, evoluciona progresivamente hacia una obra más humanizada, centrada en la expresión de sentimientos. Su estilo se caracteriza por el empleo de la metáfora y de las imágenes, al modo de las vanguardias, especialmente el surrealismo. También es relevante la preocupación por la expresión lingüística, pues aunaron léxico culto y palabras coloquiales (cultismos y neopopularismos) para lograr un lenguaje cargado de lirismo. Se distinguen tres fases en la evolución artística de la generación: a) Hasta 1927. El tono becqueriano y modernista inicial deriva progresivamente hacia la estética vanguardista. La mayoría de autores defiende la poesía pura, adoctrinados por Juan Ramón Jiménez, y conectan la realidad poética y la objetiva mediante audaces metáforas e imágenes. En este periodo, eliminan todo sentimentalismo y se dejan influir por lo popular. Su deseo de perfección formal los acerca a los clásicos (Góngora y Quevedo) y métricamente apuestan por la estrofa clásica. b) De 1927 a la Guerra Civil. Irrumpe el surrealismo y se impone la evolución hacia estilos propios y heterodoxos, que convergen en la rehumanización propuesta por Pablo Neruda en la revista Caballo verde para la poesía, defensora de una poesía impura o social. La poesía surrealista se convierte en un arma para denunciar las injusticias y políticas (Los placeres prohibidos, Luis Cernuda; Poeta en Nueva York, Federico García Lorca) y, de este modo, se escriben algunas de las obras más representativas de la generación (La voz a ti debida, Pedro Salinas; Cántico, Jorge Guillem; Espadas como labios, Vicente Aleixandre; etc.). C) Tras la Guerra Civil. La muerte de Lorca y el exilio de la mayoría de autores marcan el fin de esta extraordinaria generación poética y el inicio de una evolución estética individual. Así, mientras los escritores en el exilio abordaron una poesía que denunciaba el dolor humano de la guerra y evidenciaba la nostalgia de la patria perdida, los que permanecieron en España viraron hacia una poesía desarraigada de corte existencial. Cabe destacar que muchos consideran esta generación como un grupo más numeroso del que también formaron parte autores como Max Aub y Miguel Hernández, así como toda una generación de mujeres que contribuyeron a la agitación cultural e intelectual que el grupo del 27 había iniciado. Se las conoce como "Las Sinsombrero" debido a una anécdota que protagonizaron las artistas Maruja Mallo y Margarita Manso. Un día paseaban junto a Lorca y Dalí por la madrileña Puerta del Sol con la cabeza descubierta, porque decían que el sombrero congestionaba sus ideas. La aventura acabó entre los gritos de los viandantes, que les lanzaron piedras e insultos indignados con su actitud rebelde y transgresora. Entre este brillante elenco de mujeres destacaron Concha Méndez-Cuesta (poetisa y dramaturga), María Teresa León (escritora), Ernestina de Champourcín (poetisa), Rosa Chacel (poetisa, novelista y ensayista), Josefina de la Torre (poetisa, novelista, cantante y actriz),
María Zambrano (filósofa y ensayista), Maruja Mallo (pintora), Margarita Gil Roêset (escultora, ilustradora y poetisa), Margarita Manso y Angeles Santos (pintoras), Luisa Carnés (escritora y periodista), Carmen Conde (escritora y primera mujer académica de la RAE), etc. Todas ellas, injustamente olvidadas, contribuyeron a modernizar España en los años 20 y 30 y compartieron con sus compañeros de generación espacios de intercambio cultural, como La Revista de Occidente y La Gaceta Literaria.
La obra de Federico García Lorca es una perfecta fusión de tradición y van guardia. Junto a las composiciones clásicas, como el soneto y el romance, empleó formas surrealistas y siempre encontró inspiración en la música y los cantos populares. De esta forma, Lorca consiguió un estilo literario único Cargado de intensidad emocional, de brillantez metafórica y repleta de efectos sensoriales. Influido por Góngora, Lorca encontró en la metáfora su recurso retorico predilecto. En su obra empleó metáforas e imágenes muy arriesgadas en las que la distancia entre el término real y el imaginario es considerable. De hecho, la metáfora pura (en la que solo está presente el término figurado) es la más abundante, con lo que obliga al lector a hacer un importante ejercicio de interpretación. Por consiguiente, el estilo lorquiano es alegórico y simbólico, un simbolismo a menudo difícilmente descifrable, ya que sus imágenes no poseen un único significado e incluso en ocasiones adquieren significados opuestos. Lorca usa la simbología tanto en su obra lírica como en sus obras teatrales. Esta abarca diferentes ámbitos.
La obra poética de Lorca es una de las más importantes de su generación y de la historia de la literatura española. La creación lírica lorquiana expresa un sentimiento trágico de la vida a través de sus temas centrales y casi obsesivos como el amor imposible, la pasión, el deseo y la muerte violenta, todos presentados bajo un halo de frustración. Su lenguaje poético se tiñe de símbolos, de intensidad emocional y de originales y audaces metáforas con un estilo que aúna de manera magistral modernidad y tradición literaria, poesía popular y renovación vanguardista. A lo largo de su vida, Lorca experimenta una evolución temática y formal que permite clasificar su obra poética en cuatro grupos o etapas: 5.3.1. Poesia de juventud Libro de poemas (1921) inicia el recorrido poético de Lorca. Sus formas breves dejan entrever ironía y tragedia con claras influencias de Rubén Darío, Machado y Juan Ramón Jiménez. En Primeras Canciones (1920-1922) y Canciones (1921-1924) se sirve de la canción y del romance para abordar los temas del tiempo y de la muerte. 5.3.2. Poesía mítico-andaluza Con Poema del cante jondo (1921) Lorca inicia su época de plenitud. En esta obra, combina técnicas vanguardistas y temas tradicionales para expresar el dolor de vivir a través de la música y los cantos tradicionales andaluces. Con el Romancero gitano (1928) «antipintoresco, antifolklórico y antiflamenco», en palabras del propio poeta, Lorca canta a esta raza marginada y perseguida que alcanza la categoría de mito, alejada del mundo convencional y abocada al destino trágico de la muerte. «¡Se acabaron los gitanos / que iban por el monte solos! / Están los viejos cuchillos / tiritando bajo el polvo». En este romance novelesco, lírico y dramático emplea un lenguaje que funde lo popular y lo culto. 5.3.3. Poesía surrealista El impacto de su amistad con Salvador Dalí lo aproxima al surrealismo con una poesia en la que predomina la libertad de las imágenes, si bien mantiene la disciplina métrica. Claros ejemplos son su "Oda a Salvador Dalí" (1926) y “Soledad" (1928), pesimismo puro expresado en liras.
se fusionan lírica y drama, como ocurre en toda su obra dramática, en la que el dramaturgo no llega nunca a anular al poeta. Los diálogos, además, muestran un sentido del absurdo poético que le conecta con las vanguardias de la época. 6.1.2. Temática El propio Lorca explicó en su conferencia Arquitectura del cante jondo (1932) que «Las coplas tienen un fondo común, el amor y la muerte», dos temas recurrentes en la obra, retratados bajo la alargada y trágica sombra de la frustración y de la insatisfacción del deseo. Andalucía, tierra natal de Lorca, y la cultura gitana, una raza nómada y errante henchida de augurios y sentimientos, son otros de los temas centrales de la obra. Mediante sus versos, Lorca nos acerca a esa dolorida Andalucía que a través del cante jondo llora sus penas acompañada de la guitarra. 6.1.3. Estilo Lorca ahonda en la esencia popular sin caer en lo pintoresco y lo costumbrista. Así, el uso de versos cortos, medidas diferentes, repeticiones, anáforas, paralelismos y las combinaciones de ruidos y silencio le permiten infundir a sus versos una excepcional musicalidad y simbolismo. De este modo, consigue transmitir el ritmo y el sentir del duende andaluz. El poeta granadino retrata, en tercera persona, paisajes sencillos y emociones primigenias a través de un arte jondo repleto de sentimientos, imágenes, metáforas y símbolos. En definitiva, el Poema del cante jondo es una obra maestra de Federico García Lorca en la que lo folclórico se convierte en universal y lo tradicional, en moderno. 6.2 ROMANCERO GITANO El libro se publicó por primera vez en la Revista de Occidente en 1928, aunque ya era muy conocido antes de ser impreso. Muchos de sus romances circulaban de boca en boca en su Andalucía natal gracias a la impronta juglaresca del autor granadino, amante de recitar sus propias creaciones. 6.2.1. Estructura La obra se compone de 18 romances, los tres últimos históricos, todos ellos de versos octosílabos y rima asonante en los pares. 6.2.2. Temática Estos romances le sirven a Lorca para ahondar en las médulas de sus temas: el amor, la sexualidad, el deseo, la muerte, el mundo gitano y Andalucía. Así, la etnia gitana le sirve de nuevo para hablar de la angustia existencial de quienes saben que el destino último es la muerte. Los gitanos son el tema con el que el Lorca nos habla de la esencia de la vida y de la muerte, del hombre y de la naturaleza. Representan un mundo tangible frente a un universo incorpóreo de fuerzas oscuras y de maldiciones. Y frente a ellos, en clara oposición, sus perseguidores: la Guardia Civil, imagen de la destrucción y la opresión del paganismo, las supersticiones, el modo de vida y la moral libre que inspiraron al poeta. («Pero la Guardia Civil / avanza sembrando hogueras, / donde joven y desnuda / la imaginación se quema»). Por otra parte, con el Romancero gitano, Lorca renueva la simbología tradicional con novedosas y rompedoras imágenes. De hecho, la belleza de sus versos se asienta en un sugerente mundo simbólico en el que nada es lo que parece. Así, la naturaleza se impone a través de perros, limones, naranjas, ríos, higueras, nardos... Y junto a la naturaleza, un cromatismo sujeto a múltiples interpretaciones. Como en el "Romance sonámbulo", en el que Lorca da sentido a un cosmos ancestral de presentimientos y malos augurios con una exquisita sensibilidad, donde la luna es a la vez vida y muerte.
6.2.3. Estilo El Romancero gitano está escrito con un lenguaje conciso, colorista, melancólico y dramático, donde impera la sencillez léxica y la ambigüedad semántica, debido al uso de un lenguaje figurativo lleno de audacia metafórica. Adornan también sus versos otras figuras como la anáfora, la repetición o la reduplicación, en busca de ritmo y musicalidad: «El niño la mira, mira», «Huye luna, luna, luna», «El aire la vela, vela...», etc. Y mediante una detallada adjetivación consigue formidables efectos sensoriales (sonoros, táctiles, olfativos, cromáticos...). A menudo recurre a la sinestesia («mi blancor almidonado»), como también encontramos epítetos («duro castaño»), metonimias («cortó limones redondos / y los fue tirando al agua / hasta que la puso de oro») y personificaciones («el viento, furioso, muerde», «los olivos palidecen»). Tampoco faltan referencias a la iconografía religiosa popular, tratada de manera profana, esteticista e incluso erótica. Como tampoco lo hace la finísima ironía, la típica guasa andaluza, conectada con la burla conceptista. En definitiva, el Romancero gitano es una obra clave en la trayectoria literaria de Lorca, que su amigo y compañero generacional Pedro Salinas definió como el «libro de poesía más sonado, triunfal, del siglo XX». 6.3 POETA EN NUEVA YORK Poeta en Nueva York es un libro que Federico García Lorca escribió durante su estancia en tierras americanas (1929- 1930), una experiencia que marcó su vida y transformó su persona y creación artística. 6.3.1. Estructura El poemario consta de 35 poemas repartidos en 10 secciones heterogéneas. El texto original, que Lorca entregó con abundantes tachones, añadidos y correcciones para su publicación poco antes de su muerte, se compone de 96 páginas mecanografiadas y 26 manuscritas. Sin embargo, no se publicó hasta 1940, cuando se editó simultáneamente en México y Estados Unidos. 6.3.2. Temática Nueva York puso en contacto a Lorca con diferentes dimensiones de la angustia del hombre moderno, un mundo que el poeta granadino describe mediante la violenta pugna de opuestos y contrarios: Naturaleza vs. Civilización Hombre vs. Máquinas Luz s. Oscuridad (contaminación, cemento, grandes construcciones) Negros (oprimidos) vs. Blancos (opresores) Humanidad vs. Economía (capital, dólar) Vida vs. Muerte De este modo, la obra denuncia la deshumanización del mundo industrializado, la destrucción de la naturaleza y de la esencia humana. Como él mismo diría en una conferencia impartida en Madrid sobre estos poemas, «Los elementos que el viajero capta en la gran ciudad son arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia. [...] La impresión de que aquel inmenso mundo no tiene raíz...». En la metrópoli el capital impera por encima de todos los valores. En la cuidad de los rascacielos, no hay esperanza para el hombre ni para la naturaleza, ni tan siquiera se distingue la nítida luz del amanecer. Solo se respiran la miseria y el desamor. Esta desesperanza, no solo del poeta, también de la humanidad entera, conecta con el tema lorquiano de la frustración. La voz y el espíritu de Lorca reflejan su angustioso estado ante el acoso mecanicista de la gran ciudad que coarta toda posibilidad de amor, comunicación o libertad. Nueva York es un ambiente oscuro donde todo es sombra o pesadilla que impide toda posibilidad de ensoñación o descanso.
El tema único es la muerte del torero amigo. Una muerte que ya no es una presencia imaginada, sino una realidad. El Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías es un grito poético desgarrado, el más agudo y hondo de la poesía lorquiana y puede que de la poesía española. Un desgarro en el alma de Lorca que aúna lírica, afecto, drama, símbolo y humanidad, valores que caracterizan su obra. Así, los elementos esenciales de su poesía se dan cita en este poema, pues concentra los elementos estilísticos de la primera etapa y los simbólicos de los últimos años. De este modo, el poeta ahonda en su dolor y lo convierte en el dolor de todos para expresar un sentimiento universal ante la certeza de la muerte. "La cogida y la muerte' presenta de manera rápida la lucha entre torero y toro y su desenlace en un fatal acontecimiento. Además, mediante la repetición del estribillo «A las cinco de la tarde» (hora à la que tradicionalmente dan comienzo las corridas de toros), Lorca consigue detener el tiempo en ese fatídico instante en todo el mundo («¡Ay qué terribles cinco de la tarde! / ¡Eran las cinco en todos los relojes! / ¡Eran las cinco en la sombra de la tarde!»). La simbología funeraria recorre estos versos («Un niño trajo la blanca sábana / a las cinco de la tarde. / Una espuerta de cal ya prevenida / a las cinco de la tarde»). "La sangre derramada" se inicia con una exclamación reiterada (« ¡Que no quiero verla!»), un grito perturbador con el que Lorca manifiesta que no quiere ver la sangre de su amigo derramada sobre el albero. A continuación, alaba al matador recién fallecido y expresa su admiración mediante el elogio de sus cualidades humanas y artísticas: heroísmo, valor, belleza o inteligencia que dotan al poema de un tono épico. "Cuerpo presente" es una meditación pesimista y doliente ante el misterio de la muerte. Por último, los versos de "Alma ausente" profundizan en el tono elegiaco y muestran la naturaleza como testigo de la tragedia. Y finalmente, las dos últimas estrofas ofrecen el consuelo del recuerdo. 6.4.3. Estilo "La cogida y la muerte" está formada por versos endecasílabos no rimados alternados con el estribillo octosilábico («A las cinco de la tarde»). "La sangre derramada", en cambio, está escrita en su mayor parte como un romance de versos octosílabos y tiene un carácter más rotundo y acelerado. Por su parte, "Cuerpo presente" se compone de largos versos de catorce silabas, mientras que "Alma ausente vuelve al esquema de versos endecasílabos en sus cuatro primeras estrofas. En resumen, con Llanto por Ignacio Sánchez Mejías Lorca se adentra en la etapa del surrealismo mediante un proceso de humanización y expresión del sentimiento íntimo del dolor. A partir de ahora, vida y muerte lucharan en su obra sin adornos folclóricos.
Se trata de un recopilatorio de juventud, escrito entre 1918 y 1920, publicado en 1921 y recibido por los críticos positivamente. Libro de poemas está formado por 67 poemas en los que se aprecia la influencia de Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o Gustavo Adolfo Bécquer. Inspirado en los romances populares, se nutre de la canción tradicional pero sin caer en lo meramente folclórico. En palabras de Lorca, la obra, escrita en primera persona, es «todo ardor juvenil, y tortura, y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy a mí misma infancia reciente». Sus composiciones son un conjunto de ingenuas baladas y cantos infantiles con los que evoca su infancia en Fuente Vaqueros y Valderrubio. El tono infantil no oculta del todo el dolor todavía contenido en esta etapa creativa del poeta. Dolor y frustración, compañeros inseparables del sentimiento amoroso, junto con la constante presencia de la muerte.
Formal y estructuralmente, Libro de poemas es una obra sencilla en la que ya se atisba un derroche de imágenes, metáforas, personificaciones, sinestesias, etc. 7.2 CANCIONES Compilación de 88 poesías agrupadas en once secciones. Fue escrita entre 1921 y 1924 y publicada como Canciones en 1927, aunque muchas de ellas aparecieron previamente en el suplemento de la revista Litoral. La obra no tiene unidad temática, sino que más bien responde a una pluralidad de motivos. Algunos de los más recurrentes son las canciones infantiles de versos cortos, sencillas pero de gran intensidad y adornadas con elementos musicales. Estas suponen un avance de su estilo posterior, reflejado plenamente en el Romancero gitano, pues en ellas Lorca entremezcla la frase sencilla, directa y coloquial, con la misteriosa y rápida. Y en la línea de los autores de la generación del 27, también fusiona lo culto y lo popular con recursos como la repetición, el paralelismo o el estribillo. El resultado es una poesía perfecta, pura, cuyos versos vaticinan el destino fatal, en la que la naturaleza dibuja un camino de deseo frustrado y muerte. También hay en Canciones evidencia de la intensa sexualidad del poeta «Tus muslos como la tarde / van de la luz a la sombra») y de una búsqueda desesperada de la personalidad («En la mañana viva, / yo quería ser yo»).
El título de esta obra procede del persa "diwan" (diván) y del nombre del huerto (huerto del Tamarit) que unos parientes de sus padres tenían junto al suyo y donde crecía el arbusto del tamariz. La obra se compone de 12 gace- las y 9 casidas ("ghazel" y "kasida" son dos tipos de composiciones líricas árabes) con las que Lorca quiso rendir homenaje a los poetas de la tradición arábigo-andaluza. Fueron escritas entre 1931 y 1934, aunque la obra se publicó en 1936. Las gacelas y casidas del Diván del Tamarit muestran la experiencia sumamente dolorosa del amor en sus diferentes fases: deseo, entrega y separación. Diván del Tamarit supone un paso adelante en el camino de Lorca hacia el realismo. Por primera vez, su poesía se aleja del drama y se llena de lirismo subjetivo, intimista y confesional. En los poemas se pide el amor, se desea por encima de todo, y se espera la muerte, único fruto posible del encuentro erótico («Tu vientre es una lucha de raíces, / tus labios son un alba sin contorno, / bajo las rosas tibias de la cama / los muertos gimen esperando turno»). Una muerte que se nos asigna desde la infancia («ni hay nadie que, al tocar un recién nacido, / olvide las inmóviles calaveras de caballo») y que se presenta en forma de mar, luz o sueño («tu boca ya sin luz para mi muerte»). Fiel a su estilo, Lorca recarga las composiciones de metáforas, pero de tradición arábigo-andaluza: la mejilla, el lunar, el labio o el cabello de la enamorada («Mil caballitos persas se dormían / en la plaza con luna de tu frente»). También se sirve de dolientes personificaciones («Puedo ver el duelo de la noche herida... / y los arcos rotos donde sufre el tiempo»). 7.4. SONETOS DEL AMOR OSCURO Conjunto de once sonetos escritos en Valencia en 1935 durante una estancia de La Barraca en la ciudad. En 1937, su amigo y poeta Vicente Aleixandre se refirió a ellos como «prodigio de pasión, de entusiasmo, de felicidad, de tormento, puro y ardiente monumento al amor, en que la primera materia es ya la carne, el corazón, el alma del poeta en trance de destrucción». Se mantuvieron ocultos durante décadas, pero en 1983 comenzaron a circular en una edición clandestina y finalmente fueron publicados en 1984 por el diario ABC. Una vez más, el tema central de los sonetos es el amor. En concreto, la pasión por la pareja sentimental del poeta granadino, el joven Rafael Rodríguez Rapún, secretario y también actor en La Barraca. Lorca siempre había defendido en su producción literaria el derecho a la diferencia, pero hasta este momento nunca había empleado el masculino para referirse al destinatario de sus versos de amor, algo que sucede por primera vez en el soneto "El amor duerme en el pecho del poeta".