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Apuntes Terminología, Apuntes de Traducción

Asignatura: Terminologia II, Profesor: Isabel Díaz Sánchez, Carrera: Traducció i Interpretació (Anglès), Universidad: UA

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 20/01/2014

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darksinh6 🇪🇸

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Relación entre terminología y traducción
La relación teórica que mantienen la terminología y la traducción en tanto que disciplinas puede
observarse en diferentes aspectos, entre los que cabe destacar los siguientes:
a) su origen práctico
b) su reciente consideración disciplinar
c) su interdisciplinariedad constitutiva
d) su imbricación y justificación como materias relacionadas con la información y la comunicación
e) su base esencialmente lingüística.
Al lado de estas identidades, cabe hablar también de sus diferencias, sobre todo concernientes a dos
aspectos:
a) al carácter finalista de la traducción, en contraste con el carácter prefinalista de la terminología
b) a su necesidad recíproca asimétrica
La terminología es absolutamente imprescindible para el ejercicio de la traducción especializada en
tanto que la traducción es necesaria para la terminología sólo en aquellos contextos lingüísticos con
necesidades neológicas.
Coincidencias entre terminología y traducción
a) En primer lugar ambas se caracterizan por una larguísima tradición aplicada en contraste con su
carácter disciplinar establecido muy recientemente. Sería difícil por no decir imposible establecer
con certeza cuál fue el momento de la historia de la humanidad en que se usó por primera vez un
término para expresar el conocimiento especializado. De hecho, ni tan sólo sabemos cuándo nació el
conocimiento especializado contrastado con el conocimiento general. Y tampoco podemos detectar
con seguridad cuándo nació la traducción como acto de traslación de una idea expresada
originalmente en una lengua al sistema de otra lengua, o simplemente a otro sistema de expresión.
De lo que sí que hay constancia es que ya se usaba antiguamente, hace miles de años.
Ambas materias son campos interdisciplinares conformados por bases de tipo cognitivo, de tipo
lingüístico y de tipo comunicativo. Como consecuencia participan en su descripción las ciencias
cognitivas, las ciencias del lenguaje y las ciencias de la comunicación. La coincidencia de estos tres
campos disciplinares parece fácil de justificar: el objeto de todas las ciencias concentradas en la
comunicación y la información se sintetiza en la descripción y explicación de tres elementos:
a) las categorías de conocimiento
b) las unidades expresivas que permiten expresar estas categorías
c) el conocimiento que expresan y transmiten estas unidades
El lenguaje, materia fundamental de ambas disciplinas, es el sistema expresivo que refleja la
concepción que los hablantes tienen de la realidad y que permite a los individuos relacionarse y
expresar sus ideas y pensamientos. Los términos especializados y los textos de traducción reflejan el
cruce de todas estas vertientes.
Terminología y traducción
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Relación entre terminología y traducción

La relación teórica que mantienen la terminología y la traducción en tanto que disciplinas puede

observarse en diferentes aspectos, entre los que cabe destacar los siguientes:

a) su origen práctico

b) su reciente consideración disciplinar

c) su interdisciplinariedad constitutiva

d) su imbricación y justificación como materias relacionadas con la información y la comunicación

e) su base esencialmente lingüística.

Al lado de estas identidades, cabe hablar también de sus diferencias, sobre todo concernientes a dos aspectos:

a) al carácter finalista de la traducción, en contraste con el carácter prefinalista de la terminología b) a su necesidad recíproca asimétrica

La terminología es absolutamente imprescindible para el ejercicio de la traducción especializada en

tanto que la traducción es necesaria para la terminología sólo en aquellos contextos lingüísticos con

necesidades neológicas.

Coincidencias entre terminología y traducción

a) En primer lugar ambas se caracterizan por una larguísima tradición aplicada en contraste con su

carácter disciplinar establecido muy recientemente. Sería difícil por no decir imposible establecer

con certeza cuál fue el momento de la historia de la humanidad en que se usó por primera vez un

término para expresar el conocimiento especializado. De hecho, ni tan sólo sabemos cuándo nació el

conocimiento especializado contrastado con el conocimiento general. Y tampoco podemos detectar

con seguridad cuándo nació la traducción como acto de traslación de una idea expresada

originalmente en una lengua al sistema de otra lengua, o simplemente a otro sistema de expresión.

De lo que sí que hay constancia es que ya se usaba antiguamente, hace miles de años.

Ambas materias son campos interdisciplinares conformados por bases de tipo cognitivo, de tipo lingüístico y de tipo comunicativo. Como consecuencia participan en su descripción las ciencias cognitivas, las ciencias del lenguaje y las ciencias de la comunicación. La coincidencia de estos tres campos disciplinares parece fácil de justificar: el objeto de todas las ciencias concentradas en la comunicación y la información se sintetiza en la descripción y explicación de tres elementos:

a) las categorías de conocimiento b) las unidades expresivas que permiten expresar estas categorías c) el conocimiento que expresan y transmiten estas unidades

El lenguaje, materia fundamental de ambas disciplinas, es el sistema expresivo que refleja la

concepción que los hablantes tienen de la realidad y que permite a los individuos relacionarse y

expresar sus ideas y pensamientos. Los términos especializados y los textos de traducción reflejan el

cruce de todas estas vertientes.

b) La terminología y la traducción surgieron de la práctica, de la necesidad de expresar un

pensamiento especializado o de resolver un problema de comprensión. La terminología como

actividad inconsciente apareció en el momento que alguien necesitó referirse a la realidad de un

modo preciso y exacto. Como actividad consciente surgió del interés de los científicos para ponerse

de acuerdo en la fijación de los conceptos y denominaciones de sus respectivas ciencias, sobre todo,

las ciencias naturales. Tras los científicos aparecieron los técnicos, ante la necesidad de poner en

común los términos de las innovaciones industriales y tecnológicas. La traducción nació ante la

necesidad de facilitar la comprensión entre lenguas distintas, una necesidad comunicativa evidente.

c) Las dos materias se proponen avanzar en la reafirmación de su carácter de disciplinas, poniendo

énfasis en los rasgos que las distinguen de otras materias y buscando teorías que puedan sustentar su

independencia científica.

Discrepancias entre terminología y traducción

a) El carácter finalista de la traducción, en contraste con el carácter prefinalista de la terminología.

La traducción constituye una finalidad en ella misma, pues se basa en comunicar información de

una lengua a otra; la terminología, en cambio, en tanto que lista de las unidades especializadas de un

ámbito de comunicación científico-profesional no constituye per se un producto final de

comunicación, sino solamente un medio para llevar a cabo otras actividades de carácter lingüístico:

la traducción, la interpretación, la supervisión y edición o la redacción de textos especializados.

b) La absoluta necesidad que la traducción, básicamente la traducción especializada, tiene de la

terminología, en contraste con el hecho de que la terminología puede, y en algunos casos deba,

prescindir de la traducción como principio metodológico. La traducción especializada necesita la

terminología para expresar el conocimiento especializado con adecuación. La terminología, como

actividad encaminada a recopilar, ilustrar y presentar los términos de una disciplina o campo de

conocimiento, debe recoger los términos originales a partir de los usos que los especialistas hacen

de ellos. Parece lógico pues que estos términos no puedan ni deban proceder de materiales no

producidos directamente por un especialista en la materia en una situación natural de comunicación.

Terminología y traducción, campos de conocimiento

Todo campo del saber se caracteriza por estar bien estructurado: dividen sus temas de estudio en clases y subclases, dentro de las cuales van incluyendo diversos aspectos de cada campo de conocimiento. De esta forma, cada categoría de un ámbito se relaciona con el resto de categorías de ese ámbito, estableciéndose así ámbitos autónomos y cerrados.

Por ello, la aparición de la traducción y de la terminología como disciplinas, además de aumentar la terminología de los ámbitos especializados, han transformado el panorama del conocimiento, pues han legitimado espacios científicos no coincidentes con las disciplinas tradicionalmente establecidas. Tres han sido las vías más productivas de renovación del conocimiento científico: la microespecialización o profundización intensiva de una disciplina, la interdisciplinariedad o profundización extensiva y la transdisciplinariedad.

Mediante la primera vía se han establecido subcampos especializados nuevos dentro de los ya establecidos (como por ejemplo, la física cuántica dentro de la física teórica, o la gramática transformacional dentro de la teoría gramatical). Por la segunda vía se han abierto nuevos campos de saber por combinación de elementos de campos distintos, constituyéndose así las llamadas

especializada alguna sin terminología, la traducción como proceso puede darse en todos y en cada uno de los campos de conocimiento, tanto generales como especializados.

Por tanto, queda demostrado que cualquier segmento o aspecto de la realidad no es lineal, sino complejo, que su estudio depende de otros segmentos de la realidad que no necesariamente deben ser excluyentes entre sí. Esto dota a los campos interdisciplinarios de multidimensionalidad. Por tanto, tanto la traducción como la terminología deben reducirse únicamente a un segmento determinado de sus respectivos campos de estudio. Es decir, la terminología no debe reducirse a sus aspectos gramaticales ni la traducción debe considerarse solo desde una perspectiva lingüística. Como se ha visto, ambas disciplinas son una combinación de tres vertientes: lingüística, comunicativa y cognitiva. Sin la combinación de estos tres aspectos, ambas disciplinas no estarían completas.

Terminología y traducción, campos de origen aplicado y su carácter teórico

Traducción y terminología surgieron de actividades prácticas, como respuesta a necesidades de tipo

informativo y comunicativo. En el caso de la terminología, la necesidad de unificar los términos de ciertos ámbitos llevó al desarrollo de los primeros diccionarios especializados. Y de esta forma se empezó a practicar cada vez más la terminología hasta el punto que esas experiencias prácticas necesitaban una aplicación teórica. Por tanto, se puede decir que la teoría terminológica surgió a partir de la práctica anterior.

Pero la práctica no puede existir sin que haya una teoría que le dé coherencia y sistematicidad. Muchos científicos consideran a la terminología y a la traducción como meras actividades prácticas desprovistas de teoría alguna y ensalzan todas aquellas ciencias con una teoría muy desarrollada. Como he dicho, no puede haber una ciencia basada únicamente en la práctica o en la teoría, ambos aspectos son necesarios y se complementan. Así, si la traducción y la terminología disponen de unos procesos prácticos bien establecidos e identificables, se debe a que a esa práctica subyace una teoría que la dota de coherencia. Por tanto, la traducción y la terminología deben considerarse como disciplinas completas a pesar de su origen (y su enfoque) aplicado.

Las unidades terminológicas

Está claro que la terminología tiene como objeto de estudio las unidades terminológicas. Todos los textos científico-técnicos expresan su contenido utilizando unidades específicas de ciertos ámbitos. A esto se le conoce como unidades terminológicas y, cuanto mayor sea el nivel de especialización de un texto especializado, mayor será su densidad terminológica. Como se ha dicho, la terminología surgió para trabajar con esos términos específicos, así que esto afirma que la terminología estudia unidades terminológicas.

Pero además de representar la realidad especializada, las unidades terminológicas permiten transmitir conocimiento especializado entre especialistas. Por tanto, las unidades terminológicas también se emplean para la comunicación especializada, que vendrá determinada por los interlocutores, la situación o la temática. Así podemos decir que la terminología, sea cual fuere su temática o el contexto en que se produce, cumple sistemáticamente dos funciones: la función de representar el conocimiento, siempre especializado, y la de transmitirlo.

Por otro lado, las unidades terminológicas se pueden en dos contextos diferentes: uno descriptivo y otro prescriptivo. Desde el punto de vista descriptivo, lo que se pretende es recopilar los términos de un ámbito especializado a partir de discursos especializados reales. De esta forma, se recogen términos que se refieren a varios conceptos diferentes o varios términos diferentes que se refieren a un mismo concepto. Además, en la vertiente comunicativa, se recogen términos con diferentes

grados comunicativos según sean los interlocutores: términos usados entre especialistas, términos usados entre un especialista y un aprendiz y términos empleados entre un especialista y un mediador lingüístico o el público general.

Desde el punto de vista prescriptivo, se pretende elaborar una lista de términos sobre un ámbito mediante consenso. De esta forma, un grupo de terminólogos y especialistas se reúnen para debatir y determinar los términos que deben emplearse en un campo especializado determinado, incluyendo también sus equivalencias en otros idiomas. Esto otorga a los términos recopilados una naturaleza semiartificial, pues los términos no se han recogido a partir de discursos reales y, por tanto, pierden el carácter polisémico y sinonímico de los términos recopilados desde un punto de vista descriptivo.

Interrelación entre terminología y traducción

La terminología y la traducción están muy relacionadas entre sí. Se ha explicado que la terminología trabaja con las unidades terminológicas, que expresan el conocimiento de un campo especializado y, además, permiten transmitir ese conocimiento entre especialistas. Es aquí donde entra en juego la

traducción, pues esta disciplina se encargará de trasladar dichos términos de un idioma a otro. La terminología es esencial para la traducción especializada, pues otorga al traductor especializado una serie de ayudas que facilitarán la labor de traducción.

La traducción especializada se caracteriza por cuatro aspectos: los interlocutores (especialistas que comparten información sobre el tema), el referente (se limita al campo propio de la especialidad), el código (se utiliza el lenguaje general y el subcódigo propio de la especialidad) y el mensaje (contiene terminología específica y es fundamentalmente informativo y descriptivo, con una función referencial). En este marco, el traductor actúa como mediador lingüístico entre dos interlocutores de comunidades lingüísticas diferentes. Pero el traductor debe ponerse en la piel del emisor del mensaje que va a traducir, que ha quedado claro que es un especialista. Así pues, todo traductor especializado debe desarrollar una serie de competencias: lingüística (conocimiento de las dos lenguas de trabajo), cognitiva (conocimiento de la temática con la que se trabaja), sociofuncional (conocimiento de las características del trabajo terminológico y de la terminología y saber llevar a cabo un trabajo puntual) y metodológica (emplear un proceso de trabajo ordenado y sistemático, así como saber presentar los datos de forma eficiente y adecuada). Así pues, si el traductor especializado tiene estas competencias, podrá realizar una traducción especializada de calidad. Para que una traducción especializada sea adecuada, debe tener estas características: -Debe ser natural. -Debe ser fiel al original y representar las mismas ideas del texto original. -Debe ser precisa desde el punto de vista terminológico. -Debe ser estilísticamente coherente. -Debe ser correcta gramaticalmente. -Debe ser adecuada en cuanto a registro.

Por tanto, la terminología tiene un papel clave en la traducción especializada, pues además de ser fundamental para trabajar con textos especializados (principal fuente de la traducción especializada), permite explicar lo que es la traducción especializada y facilitar la labor del traductor especializado aportando términos que, además de ser adecuados al nivel de especialización del texto, son reales y representan los usos que hacen de ellos los especialistas. Básicamente, la terminología presenta soluciones a los diferentes problemas terminológicos que le pueden surgir al traductor especializado: [Los problemas del Power Point]

Lenguaje general y lenguaje especializado

semiespecialista o aprendiz (especialización media) y un público general (poca especialización, predominando la divulgación). Además, pueden intervenir mediadores tanto lingüísticos (traductores e intérpretes) como mediadores para facilitar la comprensión (periodistas especializados).

Niveles de implicación del traductor en la terminología

Según la labor terminológica que efectúe el traductor y los conocimientos que tenga sobre el trabajo terminológico, existen cuatro niveles de implicación del traductor en la terminología:

1 – El traductor busca un término desconocido en diccionarios, bases de datos, enciclopedias, etc. Esto le permitirá resolver el problema, aunque también puede darse el caso de que no encuentre un término equivalente y solo reproduzca el término original o lo explique con una paráfrasis. En este primer nivel el traductor es absolutamente pasivo en terminología y solo debe saber utilizar correctamente las fuentes de consulta.

2 – Si el traductor no encuentra un equivalente de un término, puede crear un neologismo sirviéndose de los mecanismos de formación de palabras de la lengua meta. El traductor tiene una implicación pasiva, pues resuelve el problema con la lógica de la lexicología y no con la de la

terminología.

3 – El traductor conoce tanto los términos que debe traducir como las relaciones que mantienen dentro del sistema conceptual del ámbito en el que traduce. Básicamente, el traductor conoce las relaciones conceptuales de ese ámbito y los usos de los términos. En este caso, el traductor ya

empieza a realizar una labor mínima de terminología, realizando un trabajo puntual, pues se centra en los términos del texto que traduce, sobre los cuales ha investigado y se ha documentado. El traductor va elaborando una base de datos con los términos que recopila para posteriores traducciones sobre el mismo tema.

4 – Ahora el traductor, tras extraer términos de múltiples textos relacionados con el ámbito especializado, tiene un buen dominio del campo temático y puede llenar vacíos de denominación en

la lengua de llegada sin problemas. En este caso, el traductor realiza un trabajo sistemático, pues se centra en todo un campo especializado, no solo en una serie de términos aislados que aparecen en un texto. El traductor crea una completa base de datos para que pueda servir de ayuda a otros traductores. Nivel de implicación total.

Principios del trabajo terminológico

Por tanto, el traductor debe tener unos conocimientos adecuados de terminología para poder realizar una buena traducción especializada. Esto incluye que el traductor debe saber realizar búsquedas adecuadas y llevar a cabo alguno de los dos tipos de trabajos terminológicos existentes. No obstante, para cumplir con estas condiciones, el traductor debe conocer muy bien los principios que constituyen la labor terminológica, que son ocho:

1 – Hacer terminología no es hacer traducción, cada disciplina sigue una lógica diferente. El proceso de recopilación de términos no puede partir de las formas sino de los conceptos (método onomasiológico), y, en consecuencia no puede ser una traslación de nombres, sino una búsqueda de las denominaciones naturales que en cada lengua corresponden a un concepto especializado. Estas formas a veces existen y otras no. En caso de que no existan, no pueden resolverse llanamente como si fueran unidades de traducción.

2 - Un término es la asociación de una forma y un contenido, y no puede reducirse ni a un concepto independientemente de su forma en una lengua determinada, ni a una denominación no asociada a

un contenido. Este segundo principio preserva el carácter semiótico del objeto terminológico, sin reducirlo ni a un concepto abstracto ni a una palabra.

3 - Una unidad terminológica es una unidad de conocimiento lexicalizada en una denominación, de uso frecuente en los textos especializados; en consecuencia no hay que confundir la unidad terminológica con la unidad de traducción. En caso de que en una lengua no exista una unidad terminológica equivalente, hay que recurrir antes a una lexicalización neológica que a una traducción parafrástica, pues las unidades terminológicas aportan precisión, algo muy importante en una traducción especializada.

4 - La forma y el contenido de las unidades terminológicas son doblemente sistemáticos: en relación a la lengua general y, más precisamente, en relación al ámbito de especialidad del que forman parte.

5 - La forma y el contenido de un término son temáticamente específicos, de forma que un término siempre lo es de un campo de especialidad y nunca en abstracto. Mediante este principio, se indica que no existe término sin materia especializada que lo ubique, ya que una unidad tiene carácter terminológico si representa el nudo conceptual de una materia especializada.

6 - La terminología de un ámbito especializado no es preexistente, sino que se constituye en cada trabajo terminológico. Según este principio, la terminología de un ámbito de especialidad es una construcción, y no un espacio natural, de forma que la característica de ser un término propio de un área determinada sólo se consigue si dicho término se usa en este ámbito.

7 - Los ámbitos de especialidad no son ni estáticos en el tiempo ni cerrados en el espacio, sino que son construcciones consolidadas de límites permeables y con capacidad dinámica. Por este principio se asume que las áreas especializadas son permeables entre sí, lo que da pie a explicar los espacios disciplinares nuevos y a defender que existe más de una posible estructuración conceptual de cada ámbito si tenemos en cuenta la poliedricidad del conocimiento.

8 - Para todo dato terminológico debe existir una fuente real. Ello significa que las unidades terminológicas en un trabajo monolingüe son resultado de su recopilación en los discursos de especialidad; y si se trata de una propuesta neológica, su fuente es el autor de dicha propuesta.

Tres vertientes de la terminología

Además de conocer los principios del trabajo terminológico, el traductor especializado debe entender qué es la terminología. Básicamente se puede decir que en la terminología confluyen tres vertientes:

-Es una ciencia, pues consiste en el estudio científico de los conceptos y términos que se hallan en los lenguajes de especialidad. La terminología cumple pues una doble función: representar el conocimiento especializado y transferirlo.

-Es una práctica, entendida como las directrices empleadas en terminografía. Por lo tanto son actividades propias de la práctica terminológica la recopilación, el análisis, la descripción, la resolución y la normalización de la terminología. La práctica terminológica da lugar a aplicaciones varias: elaboración de glosarios, resolución de cuestiones terminológicas, normalización de términos, resolución de situaciones neológicas, etc.

-Es un objeto, entendido como el conjunto de términos de una especialidad mediante los cuales se expresa y se transmite el conocimiento especializado de dicho ámbito.

e) desconocer o dudar sobre la fraseología del ámbito especializado.

Para resolver estas cuestiones se valen de la documentación especializada, de los diccionarios y bancos de datos y de las consultas a especialistas, que pueden resolverle la cuestión de forma contundente, pero pueden también crearle dudas o dejarla sin resolución.

Pero son numerosos los casos que las obras terminológicas no resuelven. Y ello por varios motivos, unos imputables a la falta de terminología disponible en la lengua de traducción o a la falta de terminología normalizada o de referencia; pero en otros casos estas lagunas son imputables a la falta de adecuación de los glosarios terminológicos a las necesidades de la traducción. El traductor no tiene problemas terminológicos si dispone de:

  • los términos recopilados en la lengua de partida (lista)
  • descritos adecuadamente (informaciones)
  • ponderados pragmáticamente (valor pragmático)
  • los términos o unidades equivalentes en la lengua de traducción, descritos adecuadamente (informaciones) y ponderados pragmáticamente (valor pragmático)

Pero los tiene si:

  • no existe terminología recopilada en una o en las dos lenguas
  • no existe terminología disponible en la lengua de llegada
  • no existe terminología ponderada en las dos lenguas, pero fundamentalmente en la lengua de llegada.

Entre las lagunas imputables a la disponibilidad de terminología que las obras de referencia dejan sin resolver podemos considerar como ejemplo las siguientes:

1 0 0 0 B EEn la lengua de traducción no existe una unidad lexicalizada porque los especialistas no utilizan esta lengua para sus comunicaciones sobre el tema. 1 0 0 0 B E En la lengua de traducción no existe una unidad lexicalizada lingüísticamente satisfactoria porque los especialistas se valen sistemáticamente del préstamo. 1 0 0 0 B EEn la lengua de traducción no existe una unidad normalizada consensuada por los especialistas o sancionada por organismos de normalización.

Y la mayoría de los glosarios existentes no satisfacen al traductor:

- Porque no están actualizados. -Porque les falta información importante -Porque les faltan criterios para evaluar su calidad o fiabilidad.

Problemas del traductor especializado

La terminología plantea problemas que el traductor especializado debe poder y saber resolver. Dichos problemas obedecen a distintas causas de las que vamos a destacar tres:

  • Problemas causados por el hecho de representar el conocimiento especializado en una lengua natural, como la diversidad de lenguas (falta de una lengua universal), las características del lenguaje natural, la heterogeneidad cognitiva (falta de uniformización conceptual), la diversidad cultural (falta de un sistema uniforme de valores) o la diversidad situacional (falta de equidad

entre las lenguas y las colectividades) son elementos que complican la traducción. La situación óptima para la traducción sería que las distintas lenguas respondieran a los mismos esquemas cognitivos, al mismo patrón de valores culturales y estuvieran en el mismo nivel de desarrollo; y que las lenguas naturales dispusieran de unidades biunívocas (monosémicas y mononímicas). No obstante, esto es imposible, pues cada lengua tiene sus propios recursos denominativos y tiene sus propias estructuras cognitivas, culturales, sociales y lingüísticas.

  • Problemas causados por el hecho de representar el conocimiento especializado. Los textos especializados emplean unidades terminológicas de un ámbito determinado para expresar el conocimiento especializado, así que el traductor puede encontrarse ante problemas lingüísticos (desconocer algunos términos), cognitivos (desconocer el tema del texto especializado), pragmáticos (desconocimiento de, por ejemplo, la frecuencia de uso de los términos o de su alcance

geográfico) y socioculturales (desconocimiento de las condiciones de producción del texto o de la situación socioprofesional)

  • Problemas causados por el hecho de usar el lenguaje natural y pertenecer a él la terminología. El traductor se encuentra ante cuestiones derivadas del uso del lenguaje natural y de la condición de la terminología de lenguaje natural y no artificial. Los problemas pueden ser la diversidad conceptual y denominativa, la polisemia, la ambigüedad, etc.

Solución de los problemas terminológicos

El traductor sabe perfectamente que el texto traducido debe incorporar soluciones y no plantear problemas, por ello debe actuar discriminadamente ante los distintos tipos de problemas terminológicos que se le plantean y elegir una solución.

Pero llegar a decidirse sobre una posibilidad entre varias o bien acuñar una forma para su texto no es tarea fácil y para llevarla a cabo adecuadamente tiene que considerar las posibilidades y vías de resolución que se le ofrecen ante cada tipo de problema y actuar en consecuencia.

Sabe, por ejemplo, que ante la ausencia de equivalentes debe tener en cuenta: