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La evolución histórica de los reinos de castilla y león durante el siglo xi y xii, desde la proclamación de abd al-rahmán iii como califa hasta la división de los reinos entre sus hijos. Se detalla la importancia de las alianzas y las guerras en la consolidación de estos reinos, así como la construcción de la aljafería de zaragoza y la conquista de toledo por alfonso vi. Además, se menciona la importancia de la mentalidad feudal en la división de los reinos tras la muerte de alfonso vii.
Tipo: Apuntes
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Las primeras campañas dirigidas al N de África y su conquista se inician hacia el 647. Fueron expediciones difíciles pero sólo consistieron en la búsqueda de botín. Los primeros resultados se consiguieron en 670 con la creación de la ciudad-campamento de Cairuán. Desde ella se dirigirán los árabes al Atlántico y ya, en los años 705 y 708, controlarán definitivamente el N. de África. La ocupación de las zonas urbanas y de las zonas habitadas por poblaciones sedentarias no presentó problemas; no ocurrió lo mismo en el litoral a causa de los ataques de los nómadas del Sahara. El gobernador árabe Musa Ibn Nusayr incorporará a los beréberes al ejército para luego lanzarlos contra la Península en un intento de dar salida a su belicosidad. Este sistema ya fue usado por los califas de Siria para librarse del peligro beduino.
1. (^) ocupación de la península 710
La descomposición interna del reino visigodo explica en gran parte el éxito de las expediciones musulmanas en las que numerosas crónicas conceden gran importancia al conde D. Julián. Por asuntos personales con los reyes visigodos parece ser que apoyó a los musulmanes para entrar en la Península colaborando en el desembarco de reconocimiento que tuvo lugar en 710 dirigida esta maniobra por el beréber Tarif Ibn Malluk. El éxito de esta campaña animó a Musa a enviar una nueva expedición cuyo mando confió al liberto Tarik Ibn Ziyad al que nadie opuso resistencia por encontrarse Rodrigo combatiendo con los vascones. Los musulmanes entraron en contacto con Witiza (con sus partidarios) y esto supuso la victoria musulmana de Guadalete. Desde aquí, Tariz Ibn Ziyad avanzó sobre Toledo, que capituló sin ofrecer resistencia. Los resultados económicos y políticos de la campaña animaron a Musa a intervenir directamente al frente de un ejército de árabes y se dirigió contra Medina Sidonia, Carmona, Alcalá de Guadaira, Sevilla y Mérida. La facilidad de la ocupación musulmana en la península se explica por la descomposición del mundo visigodo y por la política de pactos que los musulmanes llevaron a cabo. Ciudades como Sevilla, Écija, Córdoba, Mérida, Lisboa, Toledo y Pamplona capitularon si ofrecer resistencia y sus dirigentes firmaron un pacto similar al que se firmó en Murcia, firmado por Abd Al-Aziz y el conde Teodomiro. Las crónicas hablan de una política de terror, pero la realidad es que el pacto es un modelo de convivencia. Numerosos nobles hispanovisigodos se acogieron al sistema, otros nobles prefirieron la conversión al Islam para, de este modo, mantener así sus derechos. La importancia que las crónicas y los pactos dan al botín ha llevado a hablar no de una política de ocupación, sino de explotación del territorio. Sólo en una 2ª etapa, cuando desaparece la posibilidad del botín y de cobrar nuevos tributos, tras ser derrotados los musulmanes en Poitiers, se plantea la posibilidad de establecerse definitivamente en Al-Ándalus. La operación enfrentará a conquistadores entre sí y con el califa. En este contexto se sitúan las luchas que enfrentan a qaysíes y yemeníes; a los árabes con los beréberes y a los primeros conquistadores o Baladíes con los grupos llegados posteriormente.
2. ocupación de tierras
Los yemeníes predominan en Andalucía occidental y el valle del Ebro:
A la retirada carolingia sucedió la ocupación de Zaragoza por el emir cordobés, pero los problemas secesionistas de las zonas alejadas continuaron. En la zona noroccidental los problemas del emir omeya permiten a los astures consolidar la independencia lograda durante las revueltas beréberes que hicieron posible la ocupación de Galicia y el desmantelamiento de las guarniciones de la Meseta, que se abandonaron por los beréberes. La dureza de la represión llevada a cabo por el emir cordobés dio sus frutos durante el breve reinado de Hisham I (788-796) quien tuvo que hacer frente a conspiraciones urdidas por sus hermanos pero no vio peligrar su autoridad en ningún momento y pudo dedicar sus esfuerzos a organizar el reino y combatir a los cristianos del norte. Fiel musulmán, Hisham pone fin a la anarquía en la administración de justicia debido a que el derecho islámico se basa en el Corán y en la Sunna. En los primeros tiempos los califas, gobernadores y jueces se atienen a las costumbres locales reguladas por los textos islámicos, pero el sistema da lugar a fuertes desigualdades y se intentan unificar los criterios jurídicos, tomando como base siempre el Corán y la Sunna. El primer intento se debe a Ibn al-Mukaffa pidiendo al califa la existencia de “un código único y Justo”. Esta sugerencia no fue aceptada por los abasíes y fueron los alfaquíes, las personas versadas en la religión quienes ofrecieron soluciones teóricas y actuaron como consejeros de los gobernadores y jueces en los casos dudosos. Entre estos personajes destacan pronto los de la escuela de Medina, dirigidos por Malik Ibn Anas, para quien la práctica jurídica ha de basarse en la verdad revelada y no en la costumbre. La doctrina malequí, que deja escaso marco de acción a los jueces, no llega a la Península en su forma original sino a través de la versión reagrupada en Cairuán donde se codificaron los posibles casos. Esta codificación fue impuesta como texto oficial y único para los juristas peninsulares. El predominio malequí en la Península y su aceptación por Hisham I fue debido a la sencillez de su doctrina una vez codificada:
Las guerras civiles árabes y las sublevaciones beréberes finalizan prácticamente durante el reinado de Abd al-Rahmán I, pero la paz se ve turbada por motines y revueltas de carácter social entre la población del Arrabal de Córdoba y entre los muladíes de las ciudades fronterizas de Mérida, Toledo y Zaragoza. Aparentemente muy distintos entre sí, los dos movimientos tienen un denominador común: son iniciados por los notables locales y llevados a sus últimas consecuencias por los hispanos convertidos al islamismo pero que se sentían en una posición inferior a la de los árabes. Ambos encuentran apoyos importantes:
ajusticiados y los demás habitantes obligados a exiliarse, a excepción de los alfaquíes que fueron amnistiados para evitar nuevas tensiones. El arrabal fue convertido en campo de labranza y sus habitantes se refugiaron entre los muladíes de Toledo que eran rebeldes al emir. El nuevo emir Abd al-Rahmán II para aplacar a los alfaquíes hizo condenar al conde Rabí y mandó destruir el mercado de vinos de Secunda, tolerado por su padre a pesar de la prohibición coránica. Estas medidas le valieron el apoyo de los alfaquíes que, desde este momento retiraron su ayuda a los rebeldes y obtuvieron del emir importantes beneficios. Mérida, Toledo y Zaragoza son las ciudades desde las que defienden la frontera de Al- Ándalus los muladíes. La desigualdad entre viejos y nuevos musulmanes aumenta con la política filoárabe de los omeya y el descontento muladí se transformó en movimientos de independencia. Estas rebeliones tienen carácter esporádico en Toledo y en Mérida y una cierta continuidad en el Ebro. Nuevos brotes de independencia tuvieron lugar en el 811 bajo la defección de Hashim, al que los cronistas musulmanes presentan como jefe de bandoleros. A la subida al poder de Muhammad I (852-886) los toledanos iniciaron una nueva revuelta aliados en esta ocasión con el monarca astur-leonés Ordoño I. Toledanos y astures fueron vencidos en la batalla de Guadalete (854) y el emir ocuparía años después Toledo con el apoyo de grupos beréberes. Desde 886 hasta la subida al poder de Abd al-Rahmán III (912), Toledo gozó de plena independencia gracias a los problemas planteados a Córdoba por la rebelión de Umar Ibn Hafsún. El comienzo de las sublevaciones de Mérida es algo posterior. La primera se inicia en el año 805 y dura hasta el 813; se unieron a ella los beréberes de Lisboa y la población de cristianos de Mérida. Durante el emirato de Abd al-Rahmán III, beréberes, cristianos y muladíes se alzan contra Córdoba nuevamente. Los jefes de la revuelta continuaron con la misma después de la rendición de la ciudad. Una nueva sublevación iniciada en Mérida se desarrolla fundamentalmente en Badajoz y está dirigida por al-Chilliguí, sublevado contra Muhammad I en el año 868. con la ayuda de Alfonso III derrotó a las tropas del emir. En la frontera superior, los gobernadores de Zaragoza habían disfrutado de largos períodos de independencia antes de la llegada del primer omeya; en las zonas montañosas de Huesca y Navarra los Banu Qasi mantienen una actitud ambigua entre la sumisión a Córdoba y revueltas, como la sofocada por el valí de Huesca Amrús en el 802. A la muerte de este personaje, los Banu Qasi y los pamploneses se alían para hacer frente a la amenaza carolingia en el norte y a la cordobesa del sur: los muladíes ayudaron a los Arista de Pamplona a ocupar la ciudad y juntos vencieron a los condes francos que pretendían recuperarla de nuevo. Musa Ibn Musa, jefe de los Banu Qasi mantuvo una cierta sumisión a Córdoba y llegó a participar en las campañas de Abd al-Rahmán II contra Asturias, pero cansado de soportar a los jefes árabes se hizo fuerte en Tudela e inició la sublevación que le permitiría mantenerse independiente de Córdoba, aunque se sienta obligado a colaborar con los cordobeses frente a los normandos desembarcados en Sevilla. El abandono de la alianza con los pamploneses provocó la ruina de esta familia muladí. A pesar de la disgregación de los dominios de Musa, que se llamó a sí mismo el tercer rey de España, continuaron las sublevaciones contra Córdoba siempre bajo la dirección de los Banu Qasi que se habían convertido en los portavoces del descontento de la población. Así lo prueba el hecho de que sus vencedores en nombre del emir, los tuchibíes, de origen árabe, se declaren independientes en el año 870 y se mantengan en Zaragoza hasta la época de Abd al-Rahmán III.
5. los mozárabes: la colaboración del martirio
Los musulmanes no realizaron una labor de proselitismo en las zonas conquistadas, tampoco persiguieron a los creyentes de otras religiones. Toleraron el culto público de otras creencias
funcionarios cristianos del emir deberían convertirse al Islam o abandonar sus cargos. Por último, los mozárabes que huyeron de Córdoba y buscan refugio en los reinos del norte, llevarán a éstos su cultura visigoda y su mentalidad antiislámica.
6. las relaciones exteriores de al-Ándalus
Según los datos de crónicas dudosas, en el año 750 llegarían los vikingos a la Península en busca de botín. Los “machus” o idólatras adoradores del fuego, se pusieron al servicios de Alfonso el Casto en sus luchas contra los emires, pero estas noticias carecen de veracidad. Lo cierto parece ser que en 844 naves vikingas saquearon Gijón, Galicia y Lisboa y penetraron por el Guadalquivir hasta Sevilla, que fue abandonada por los musulmanes y saqueada durante 40 días. Para hacerles frente, Abd al-Rahmán II mandó llamar a las fuerzas que defendían las fronteras con los reinos cristianos y con su colaboración obtuvo la victoria de Tablada. Los ataques y sus efectos a las tierras musulmanas:
suelta a los alfaquíes que perseguirán a los mutazilíes. Con Abd al-Rahmán III las doctrinas mutazilíes saldrán de la clandestinidad a la que fueron condenadas por los alfaquíes. Más peligrosas pero más populares eran las doctrinas batiníes según las cuales el Corán sólo debía ser interpretado de forma alegórica. Estas ideas se difundieron rápidamente entre los beréberes peninsulares y las masas populares, por lo que Abd al-Rahmán III ordenó ejecutar al principal propagandista de estas doctrinas.
7. las crisis de fines del IX
En la historia de Al-Ándalus parece darse un cierto orden en las sublevaciones contra Córdoba que, si nunca pudo controlar todo el territorio, al menos si pudo mantener una apariencia de autoridad gracias a la falta de coordinación entre los diversos movimientos:
Aunque desde el año 715 toda la Península está bajo el control teórico de los musulmanes, el dominio efectivo no se extendió a los Pirineos occidentales ni a las montañas cantábricas y asturianas. Los conflictos entre árabes y beréberes, que terminarían con la derrota de los últimos, facilitarían el avance hacia el sur de las tribus de montañeses que darán lugar a los reinos de
contra los muladíes, cuando unos y otros muestran su descontento ante el carácter cerrado de la aristocracia árabe.
A mediados del siglo VIII un miembro de la familia Omeya escapa de la matanza abbasi y establece en Al-Ándalus un emirato independiente del poder central musulmán que se hallaba en Bagdad. El protagonista fue Abd-Al-Rahmán I, fundador de la dinastía hispano-árabe de los Omeyas, que con la llegada a Al-Ándalus se inicia dicho emirato independiente (756-929), durante el cual el Islam peninsular reconoce la autoridad religiosa del califa pero en lo político actúa con total independencia.
El reinado del Abd-Al-Rahmán I fue un recital continuo de luchas contra todos los enemigos imaginables. Hubo de combatir al antiguo valí Al-Fihri y a su inspirador Al-Sumayl, a yemeníes, beréberes, a los agentes del califa de Bagdad, a los cristianos del norte y hasta los mismos miembros de su familia, que intentaron destronarle. Pero él hizo frente a todos ellos con gran entereza. Su primer paso consistió en procurar un ejército bien organizado que le garantizase la adhesión a su persona. Consiguió reunir 40.000 soldados repartidos en tres grupos equilibrados de sirios, berberiscos y esclavos.
El ejército fue cuidadosamente dotado de jefes capaces y experimentados y gracias a dicho ejército y a los caudillos fieles se deben sus éxitos militares.
Abd-Al-Rahmán ensayó la política del perdón y la conciliación. Al-Fihri y Al-Sumayl que continuaron la lucha y habían sido derrotados fueron instalados en Córdoba con todas las comodidades, pero finalmente encontraron la muerte por manos de Abd-Al-Rahmán porque se sublevaron contra él.
Tuvo problemas con los yemeníes pues no recibieron las ventajas que ellos creían, esto se suma a la instigación constante de los califas abasíes. Yemeníes y otros clanes de árabes españoles se alistaron bajo la bandera de los abasíes.
También tuvo problemas con los beréberes que como venía sucediendo en otras comunidades mauritanas los movimientos solían tener a la vez carácter político y religioso.
Sometidos árabes y beréberes, tuvo que hacer frente a conspiraciones urdidas por sus propios familiares o por los gobernadores de algunas regiones alejadas de Córdoba. Uno de estos rebeldes pidió ayuda al monarca franco Carlomagno y logró que interviniera en la Península, al frente de sus tropas. A la retirada carolingia sucedió la ocupación de Zaragoza por el emir cordobés. En la zona noroccidental, los problemas del emir omeya permiten a los astures consolidad la independencia lograda durante las revueltas beréberes que hicieron posible la ocupación de Galicia y del desmantelamiento de las guarniciones de la Meseta, abandonadas por los beréberes.
Del breve reinado de Hisan I (788-796) hay que destacar el intento de poner fin a la anarquía existente en la administración de justicia, debido a que el derecho islámico se basa en el Corán y en la Suna.
La pacificación de los árabes y la desaparición de los beréberes como fuerza militar no puso fin a las guerras entre musulmanes. Los muladíes lucharán a lo largo de todo el siglo IX y comienzos del X por ver reconocida su igualdad con los árabes. Estos enfrentamientos tienen lugar en la capital de Al-Ándalus y en las ciudades fronterizas. Las sublevaciones fronterizas y las guerras contra los reinos y condados del norte obligaron a Al-Hakam I (796-822) a incrementar los efectivos del ejército y los impuestos. Una conjura organizada por los notables de Córdoba y por los alfaquíes contra los impuestos ilegales fue abortada por el emir en mayo de 805. La represión sólo sirvió para acentuar el descontento y el emir se vio obligado a reforzar su guardia personal.
Para aplacar a los alfaquíes, el nuevo emir Abd-Al-Rahmán II (822-852) hizo condenar al conde Rabí y mandó destruir el mercado de vinos de Seminola. Estas medidas le valieron el apoyo de los alfaquíes.
Los muladíes fronterizos actúan en muchos casos de acuerdo con los cristianos del norte, que gracias a estas revueltas organizan sus dominios. Pero la situación empeora cuando se enfrentan en revueltas al emir los muladíes andaluces. La revuelta está directamente relacionada con diversas sublevaciones muladíes en las montañas de Jaén, pero su alcance
y duración tuvieron lugar en Granada y Sevilla. En Almería surgió una república de navegantes y mercaderes cuyos orígenes hay que buscar en la acción de los que se trasladaban anualmente a África.
Con Abd-Al-Rahmán II se produjo en Al-Ándalus la primera invasión normanda, sus naves remontaron el Guadalquivir y llegaron a Sevilla, que fue saqueada.
El emir les hizo frente pero en su partida saquearon varias ciudades. Algunos se quedaron y se establecieron en Carmona y Morón y se convirtieron al islamismo, desarrollando en la comarca la cría de ganado y productos lácteos, de acuerdo con sus técnicas. Sevilla se fortificó.
Con Muhammad I (852-886) tuvieron lugar los conflictos entre los distintos grupos de árabes de Murcia, pero el descontento que ya se había originado con su padre entre los muladíes y los mozárabes fue en aumento con él y sus sucesores. Persiguió a los cristianos, arrasó iglesias y obligó a muchos cristianos a abjurar de su religión.
El movimiento de más trascendencia fue el levantamiento nacionalista de Umar Ibn Hafsinn quien unió a descontentos de diverso signo y, organizando guerrilla, hizo peligrar el emirato.
A Muhammad I le sucedió su hijo Al-Mundir (886-88), su reinado fue corto, murió envenenado y le sucedió su hermano Abd-Allah (888-912). Este reinado fue conflictivo pues se puso en peligro la autoridad real aunque él logró restaurarla. Para ello ofreció a Umar-Ibn-Hafsinn el gobierno de Málaga, aunque poco tiempo después volvió a la lucha armada.
En 912 muere Abd-Allah y heredó el emirato y las luchas con los rebeldes su nieto Abd-Al- Rahmán III, que fue bien acogido por los cortesanos. Venció a los aristócratas rebeldes de Carmona, sometió Jaén y apaciguó Valencia, Murcia y Mérida.
El emir asaltó Bobastro, defendido por un hijo de Umar Hafsinn y de este modo Al-Ándalus quedaba pacificado. Además de sostener el peligro fatimí que operaba desde Túnez. Con Abd-Al-Rahmán III se iniciará el califato de Córdoba.
sustituido por Sancho el califa apoya a un nuevo candidato para de nuevo dar su apoyo a Sancho el Craso cuando es expulsado del reino y acude a Córdoba en busca de ayuda militar y personal. Por tanto, las tropas cordobesas unidas a las navarras repondrán en el trono a Sancho el Craso, después de exigirle la entrega de 10 fortalezas en la frontera del Duero. Con al-Hakam II (961-967) León, Castilla, Navarra y los Condados Catalanes tratan de reunificarse para eludir el yugo musulmán, pero el intento es desbaratado por al-Hakám. No piden ayuda los rebeldes cristianos y de esta forma se someten. Según las fuentes musulmanas esta sumisión parece exagerada si atendemos a una observación profunda, pero encierran parte de verdad a tenor del diálogo entre el califa y el rey leonés Ordoño IV, destronado por Sancho el Craso. Por tanto, Abd al-Rahmán y Al-Hakán II lograron la sumisión de los cristianos a través de una hábil política intervencionista consistente en la división interna de los cristianos y ambos califas pacifican Al-Ándalus. Con Hisham II, Almanzor alternó la diplomacia con las campañas de castigo que tenían objetivos religiosos y económicos. Enriquecido con la administración califal, Almanzor pasa al primer plano político tras una brillante campaña contra los cristianos en 977 que le permite sustituir al Habhib o primer ministro de Hisham III, pero su triunfo no se consolida hasta que derrota al general de mayor prestigio en Al-Ándalus, Galib, al que apoyan tropas castellanas y pamplonesas en su lucha contra Almanzor. Como loa alfaquíes le acusan de usurpar el poder del califa, Almanzor se hace personar dando muestras de extremado celo religioso, depura la biblioteca de Al-Hakán II, amplía la mezquita de Córdoba y realiza continuas campañas contra los cristianos. Durante su reinado las tropas cordobesas intervienen en León para apoyar a Vermudo II frente a Ramiro III, saqueando León, Barcelona y Santiago de Compostela. Para ello contó con el apoyo de algunos nobles leoneses que se oponían a las pretensiones de Vermudo II, o del heredero de Castilla Sancho García contra su padre García Fernández. La tradición cristiana pretende que la Batalla de Calatañazor les fue favorable, la realidad es que fue una victoria de Almanzor sobre los cristianos, que sufrirán nuevas derrotas a manos de Abd al-Malik, hijo del anterior entre los años 1002 y 1008. Sólo cuando se rompe la colaboración entre los árabes andaluces y los mercenarios beréberes y eslavos, 1008, los cristianos, castellanos y catalanes podrán perturbar las fronteras árabes y llevar sus tropas hasta Córdoba en apoyo de las facciones musulmanas enfrentadas.
12. ¿Cómo llegó almanzor al Poder?
Almansur se convierte en el verdadero gobernante de Córdoba gracias a los éxitos obtenidos por su ejército, tanto en el N de África como contra los reinos cristianos de la Península. Miembro de una familia noble de Algeciras, en un principio se dedica a las letras y a las leyes con el objetivo de entrar en la administración central. Una vez en ellas, asciende vertiginosamente gracias a sus dotes personales y habilidades con la viuda de al-Hakam II. Con ocasión de una expedición militar al N de África dirigida por el poderoso militar Galib, Almanzor entra en contacto con las jerarquías militares y ocupa el cargo de intendente general. En 976 a la muerte de Al-Hakam, con la minoría de edad de Hisham II, Almanzor es nombrado visir. La nobleza protestas ante la nueva situación del reino y Almanzor se atrae a los soldados eslavos y beréberes que luego adoptará como mercenarios, constituyéndose así en una verdadera guardia de corps. El año 977, aprovechando una expedición contra los cristianos, Almanzor dispone libremente de las arcas del califa para formar su propio ejército, el cual se convertirá en el pilar del poder político de Almanzor. Gracias a concesiones y botines logra el apoyo incondicional de sus tropas y junto los éxitos obtenidos sobre los reinos cristianos conseguirá la adhesión del pueblo árabe. En 981 adoptará el nombre de al-Mansur (victorioso en nombre de Dios), tras vencer la rebelión protagonizada por su suegro el general Galib. En el mismo año anula completamente a Hisham II y se hace cargo de los asuntos de gobierno; se instala en Medina
al-Zahira. Sólo una persona se atreve a oponerse al absolutismo de Almanzor: su suegro Galib, aunque ganará la lucha civil gracias al ejército que se había forjado. Galib se afianza en la Marca Superior llegando a derrotar a Almanzor, pero éste le cercará en Atienza y Galib muere. El conde de Castilla, su aliado, logra huir, no así Ramiro de Pamplona que muere también. Almanzor se dirige ahora al territorio de Ramiro III con el fin de conquistar Zamora, pero fracasa ante la gran resistencia de la ciudad. Arrasa tierras leonesas y consigue el éxito de Tarancueña, punto importante para dirigirse a las fortalezas del Duero. Tras esto regresa a Córdoba y adopta la etiqueta regia en sus recepciones imponiendo en el protocolo que le sea besada la mano como si del propio califa se tratara.
13. defensa de la DINASTÍA y protección del comercio
El triunfo omeya sobre los fatimíes de Alí supuso que éstos se constituyeran en una secta secreta con predicciones mesiánicas a cerca de un descendiente de Alí que rigiera la comunidad musulmana. Los partidarios de Alí mantuvieron oposición tanto a los omeyas como a los abasíes. Al mismo tiempo el chiísmo y su grupo más radical, el ismailismo, desarrollan teorías igualitarias y ofrecen una mejora de la situación a quien acepte sus doctrinas, divulgadas por todo el Islam a través de misioneros y mercaderes; uno de ellos será el nuevo califa en el N de África: Ubayd Allah, que extenderá sus dominios a Egipto y amenaza por igual a los enemigos del chiísmo: omeyas y abasíes. La situación atemoriza a Abd al-Rahmán; éste, preocupado porque las predicciones fatimíes anulan el comercio de Al-Ándalus y busca apoyo en los alfaquíes (ortodoxos), de esta manera landa a los fatimíes del N de África contra sus enemigos tradicionales: los beréberes zanafas. Ocupa Melilla y Ceuta en 927. En 929 adopta el título de califa que es el símbolo de la legitimidad de la dinastía omeya frente a quienes negaban sus derechos. La ocupación de Ceuta obedece a razones estratégicas ya que es el lugar más apropiado para iniciar un desembarco en la Península, además de ser el punto de llegada de las rutas comerciales de caravanas que desde el centro de África llevaban el oro al Mediterráneo. Posteriormente los omeyas pudieron controlar la zona situada entre Argel y el Atlántico gracias a la sumisión jerichí. En los años siguientes, los fatimíes recuperaron el control de casi todo el N de África y llegaron a saquear Almería tras destruir la mayor parte de la flota omeya. Pierden su interés en Al-Ándalus cuando el centro de gravedad del imperio se traslada a Oriente. Al-Hakam II practica una política de atracción económica y religiosa en el N de África repartiendo donativos entre los jefes beréberes. Con Almanzor asistimos al control del Magreb. Pero África no monopoliza la política de Al-Ándalus, cuyos mercaderes, piratas y embajadores se encuentran por todo el Mediterráneo y entran en contacto con el Imperio Romano-Germánico. De hecho, cuando Otón I protesta por medio de su embajador ante el califa, éste alega su falta de autoridad en la zona. Antes había ordenado que se respetasen los barcos de Hugo de Provenza para evitar los ataques corsarios. Esto facilitó que mercaderes y embajadores iniciaran viajes en búsqueda de reliquias de mártires y materiales de construcción para decorar la residencia del Califa y la mezquita de Córdoba.
14. símbolos y organización del califato
La orientalización iniciada en la 1ª ½ del siglo VIII se acentúa al adoptar Abd al-Rahmán el título de califa en 929; en adelante los omeyas considéranse jefes políticos y representantes de Dios en la tierra. Esto se traduce en la sacralización de la persona del califa, con todo el ceremonial que le rodeará y formas de protocolo. El título califal y lo que este cambio lleva consigo se refleja igualmente en la acuñación de moneda. Abd al-Rahmán II fue el primer omeya en acuñar moneda de plata, aunque conservando en ella el nombre de los califas abasíes. Por su parte, Abd al-Rahmán III acuña moneda de oro y plata en la ciudad de Córdoba. Las relaciones con el N de África proporcionan oro en abundancia, de ahí la centralización en
ejecutivos y judiciales.
3.. ejército
Al-Ándalus estuvo firmemente militarizado tanto en la época de los emires como durante el califato.
A pesar de la resistencia de los alfaquíes renace en estos años la tolerancia religiosa y el interés hacia las corrientes no ortodoxas. Con Almanzor esta tolerancia se termina y manda expurgar la biblioteca de al-Hakán II. Esto no evitó que la doctrina Mutazili se transmitiera clandestinamente y será la base de las ideas del primer gran filósofo hispano árabe: Ibn Hazm. El gran defensor de batiníes y mutazilíes pare haber sido el asceta Muhammad Ibn Massarra, cuyas predicaciones fueron interrumpidas en el año 910 por los alfaquíes. Exiliado de Córdoba regresará al afianzarse el poder de Abd al-Rahmán III. Tras la muerte de al-Hakán, la persecución malequí obligó a los seguidores de Ibn Massarra a refugiarse en Pechina, donde llegó a crearse una comunidad que reconocía como imán a Ismail al-Ruaymí, que llevó a posturas extremas las ideas ascéticas de Massarra: mientras éste preconizaba la existencia de un movimiento de aspirantes voluntarios a la perfección, Ismail exigía la adopción de la pobreza por todos los creyentes. Su movimiento careció de continuidad y hay que esperar al siglo XII para que surjan nuevos movimientos ascético-místicos en Al-Ándalus. El valor simbólico del poder califal se refleja en las construcciones emprendidas por Abd al- Rahmán y sus sucesores en la capital de Al-Ándalus. El reducido número de musulmanes
llegados a la Península y sus dificultades a la hora de establecerse no permitieron la creación de centros para el culto islámico y de ahí que la apropiación de iglesias cristianas fuera el método empleado por los árabes y beréberes de los primeros tiempos para dotarse de mezquitas hasta que Abd al-Rahmán I inició la construcción de la mezquita cordobesa en los años 785-786.
Abd al-Rahmán II amplía la mezquita y construye otras, hoy desaparecidas, en Sevilla, Baena y Jaén; restaura y construye puentes, caminos murallas y fortalezas como la alcazaba de Mérida, construida para asegurar el control de la ciudad frente a los levantiscos muladíes.
La adopción del título califal por Abd al-Rahmán III repercute también en el campo artístico, demostrando el califa que el nuevo título va unido a un nuevo concepto del poder y lo probará con las expediciones contra fatimíes y cristianos, con la adopción del ceremonial palatino que lo aleja y, al mismo tiempo, lo realza a los ojos del pueblo y con la construcción de edificios. Estos edificios son la residencia construida en Medina al-Zahara y el alminar donde el almuédano llama a la oración.
Almanzor hizo construir otro palacio de gobierno, Medina al-Zahira, que compitió en importancia y esplendor con la residencia califal: Medina al-Zahara. La nueva ciudad (Medina al-Zahira) fue saqueada y destruida a comienzos del siglo XI y se ignora su situación geográfica.
Junto a estas magníficas construcciones se encuentran otras que convierten a la ciudad de Córdoba en la más importante del mundo occidental. Las actividades literarias son muy importantes en Al-Ándalus. Hay que esperar a Abd al-Rahmán I para que se difunda la poesía clásica árabe en la Península. Es una poesía de los árabes de raza.
Sólo al reanudarse los contactos con Oriente en época de Abd al-Rahmán II se difunde la nueva poesía, en la que se abandona el canto a los camellos por la descripción de escenas de la vida diaria.
Al-Gazal realiza una descripción de la vida libertina y bohemia de Al-Ándalus a mediados del XI. La difusión de esta poesía popular liberada la rígida estructura clásica en cuanto a métrica, daría lugar, en contacto con la poesía romance, a composiciones populares hispánicas llamadas “muasaja”.
Junto a este tipo de poesía popular y quizá como reacción contra ella y como una manifestación más de la vuelta al mundo árabe, se produce en los medios aristocráticos una vuelta a las formas clásicas.
El poeta oficial del califa escribe en Córdoba “El collar único”, recopilación de versos de poetas orientales.
Historiadores:
El cultivo de las ciencias en el mundo musulmán se inicia tempranamente en Oriente al favorecer los califas la traducción de obras médicas y científicas del mundo antiguo, sea este griego, indio, persa o chino y pronto estos conocimientos llegan a Occidente como se comprueba en el caso de la matemática india que llegó a la Península con el reinado de Abd al-Rahmán II hacia el año 844.
Entre los estudios científicos más desarrollados en Al-Ándalus figuran los de medicina y
musulmanes han pasado de árbitros en las querellas entre cristianos a solicitar el apoyo de éstos en sus luchas internas.
Con el nombramiento de Sulaymán desaparece la ficción de legalidad y aunque hasta 1031 hay un califa en Córdoba, desde mucho antes Al-Ándalus está dividido en reinos independientes dirigidos por los jefes beréberes, eslavos o árabes, que mantendrán sus enfrentamientos en los años posteriores y con ellos favorecerán el afianzamiento de los reinos cristianos.
tema viii: origen de los reinos y condados cristianos el reino asturleonés El dominio musulmán sobre la Península no fue total. Protegidos por las montañas y por su escasa vinculación al reino visigodo, astures, cántabros y vascones occidentales mantuvieron su independencia, limitándose en algunos casos a pagar tributos a Córdoba como símbolo de su dependencia, sin que los emires tuvieran control sobre el avance hacia Galicia y León. Al este, navarros, aragoneses y catalanes, aliados con muladíes rebeldes y apoyados por carolingios crearon en el 800 reinos y condados donde Córdoba no tuvo autoridad.
16.1.. COVADONGA y los orígenes de la reconquista
Hasta hace pocos años, la batalla de Covadonga (718-722, según versiones), indicaba el comienzo de la reconquista. Hoy la tesis ha perdido fuerza. Para los cronistas del Islam sólo fue una escaramuza entre una expedición de castigo y los montañeses asturianos residentes en zonas de difícil acceso sin interés para los emires que se conformaban con evitar los saqueos de aquellos “salvajes” y enviando expediciones que recordaran la autoridad cordobesa con el cobro de tributos. La versión cristiana es distinta y fue descrita por mozárabes huidos de Al-Ándalus en el siglo IX. La Crónica Mozárabe del 754 no habla de Pelayo –héroe de Covadonga-, y la única referencia a una reconquista es de carácter personal. Al mencionar el asesinato de Abd al- Aziz, que aconseja el asesinato para sacudirse el yugo árabe y recuperar el reino de Iberia. A finales del Siglo IX las sublevaciones de muladíes y mozárabes dan la posibilidad de expulsar a los musulmanes, justificando la operación las crónicas de los mozárabes llegados a Asturias que reflejan no los intereses de los astures, sino los de los mozárabes herederos de los visigodos y obligados a abandonar sus ciudades tras la revuelta de mediados de siglo, de la ejecución de sus dirigentes y la pérdida de importancia de los cristianos al islamizarse Al-Ándalus. 16.2.. neogoticismo en el reino asturleonés
Los astures se convierten en sucesores de los visigodos a través de Pelayo, presentando como espatario de los reyes Witiza y Rodrigo, hijo del duque Favilia o nieto de Rodrigo, realzando su nobleza al emparentarlo con el duque Pedro de Cantabria, descendiente de Leovigildo y Recaredo. Establecido este lazo entre reyes de Asturias y visigodos se entra en el proyecto reconquistador expuesto en el diálogo entre el obispo Oppas y su primo Pelayo y en la adaptación de la profecía de Ezequiel sobre Gog y Magog. La profecía se ve reforzada con la petición de Pelayo en Covadonga. A través de estos textos se afirma que Alfonso III y sus sucesores tiene derecho y obligación de expulsar a los musulmanes y extender su autoridad de los territorios que habían pertenecido a la monarquía visigoda. La idea de unidad de España bajo la dirección de los reyes astur-leoneses tiene en Covadonga su punto de arranque y en los cronistas mozárabes sus defensores. La realidad es distinta y los orígenes del reino astur hay que retrasarlos a mediados del s VIII coincidiendo con la sublevación de los beréberes y el abandono de las guarniciones situadas frente a las tribus montañesas, contenidas en sus territorios y poco controladas por los visigodos y rebeldes igualmente a los musulmanes. Covadonga tiene poco que ver con la defensa del cristianismo; es obra de tribus que defienden su modo de vida y organización económico-social frente a los musulmanes, herederos y respetuosos con la organización visigoda basada en la gran propiedad y en la desigualdad social. Sólo a mediados del VIII, cuando Alfonso I destruye las guarniciones abandonadas por los beréberes puede hablarse de los orígenes de un reino astur cristianizado con un contingente hispanogodo que controlará política e ideológicamente el nuevo reino. Al proclamarse emir Abd al-Rahmán I en el 756, tras las guerras civiles el reino astur-leonés vuelve a ser vasallo de Córdoba durante los reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Vermudo (768-791) siguiendo una política de amistad y sumisión hacia los musulmanes, lo que no impidió la sublevación de gallegos y vascos.
16.3.. el tributo de las cien doncellas y clavijo
La sumisión astur-leonesa a córdoba se expresa con la entrega de tributos, los que están en