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Asignatura: Historia de Aragón, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UniZar
Tipo: Ejercicios
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Universidad de Zaragoza, curso 2017-
Introducción Aragón: territorio y gente. Fuentes sobre Edad Media en Aragón. La historiografía sobre la Edad Media en Aragón.
ORÍGENES DE ARAGÓN (ss. VIII-XI)
-ABADAL I VINYALS, R. de, 1926-1952 y 1955, Catalunya carolingia, 4 vols., ed. Institut d'Estudis Catalans, Barcelona. -BUESA CONDE, D., 1978, El rey Sancho Ramírez, ed. Guara, Zaragoza.
-DURÁN, A., 1975, De la Marca Superior de al-Andalus al reino de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, Huesca. -DURÁN GUDIOL, A., 1978, Ramiro I de Aragón, ed. Guara, Zaragoza. -DURÁN, A., 1988, Los condados de Aragón y Sobrarbe, Zaragoza. -GALTIER, F., 1981, Ribagorza, condado independiente, ed. Pórtico, Zaragoza. -LALIENA, C., 1996, La formación del Estado feudal. Aragón y Navarra en la época de Pedro I, Huesca. -UBIETO ARTETA Antonio, 1989, Los Orígenes de los reinos de Castilla y Aragón, ed. Universidad, Zaragoza. -UBIETO ARTETA, A., 1989, Orígenes de Aragón, ed. Anubar, Zaragoza. -UTRILLA UTRILLA, J. F., 1999, El nacimiento de Aragón, Zaragoza.
LA FORMACIÓN TERRITORIAL (ss. XII-XIII)
-CORRAL, J. L., 1985, La formación territorial. Historia de Aragón, vol. 5, Zaragoza. -CORRAL, José Luis, 2014, La Corona de Aragón. Manipulación, mito e historia, Zaragoza. -LACARRA, J. Mª., Alfonso I el Batallador, ed. Guara, Zaragoza. -RAMOS LOSCERTALES, J. Mª., 1961, El reino de Aragón bajo la dinastía pamplonesa, Salamanca. -UBIETO ARTETA, Antonio, 1981, La formación territorial, ed. Anubar, Zaragoza. -UBIETO ARTETA, Antonio, 1987, Creación y desarrollo de la Corona de Aragón, Zaragoza.
ARAGÓN EN LA BAJA EDAD MEDIA (ss. XIV-XV)
-BISSON, T. N., 1986, The Medieval Crown of Aragon , Oxford. -CORRAL, José Luis (coord.), ¿Qué fue la Corona de Aragón?, Zaragoza 2010. -GIUNTA, F., 1989, Aragoneses y catalanes en el Mediterráneo, Barcelona. -GONZÁLEZ ANTÓN, L., 1975, Las uniones aragonesas y las Cortes del Reino, Zaragoza. -GONZÁLEZ ANTÓN, L., 1978, Las Cortes de Aragón, Zaragoza. -LALINDE, J., 1976, Los fueros de Aragón, Zaragoza. -LALINDE, J., 1979, La Corona de Aragón en el Mediterráneo (1229-1479), Zaragoza. -RYDER, A., Alfonso the Magnanimos. King of Aragon, Naples and Sicily, 1396-1458, ed. University Press, Oxford. -SARASA SÁNCHEZ, E., 1981, Sociedad y conflictos sociales en Aragón (siglos XIII-XV). Estructuras de poder y conflictos de clase, Madrid. -SARASA SÁNCHEZ, E., Las Cortes medievales aragonesas, Zaragoza.
Llegan los bárbaros
En el año 409, con el mundo romano en decadencia, atraviesan los Pirineos tres tribus bárbaras: suevos, vándalos y alanos, que no se detienen en el valle del Ebro. Pero en el año 466 el caudillo visigodo Eurico lleva a parte de su pueblo a Hispania, donde se instala ocupando espacios vacíos y ciudades semiabandonadas.
Desde el 507, tras su derrota en Vouillé a manos de los francos, los visigodos ocupan el valle
conquistas y los cristianos se fortifican en el norte peninsular. En algunos valles de los Pirineos grupos indígenas, apoyados por los reyes francos, consolidan pequeñas zonas libres del dominio islámico, que se ve obligado a crear una línea de defensa en la vertiente sur de los Pirineos.
La ciudad de Zaragoza, dada su posición estratégica, se erige en capital de un territorio
En el siglo X muy poca gente puebla Aragón y los vecinos condados de Sobrarbe y
Ribagorza, que se disputan cristianos y musulmanes. En pequeños poblados recostados en el fondo de los valles o enriscados en lo alto de cerros de fácil defensa viven unos puñados de campesinos que entregan buena parte de sus cosechas y de sus ganados a la Iglesia y a los señores de los castillos, sin más esperanza que tener una buena muerte y alcanzar el paraíso, o tal vez sueñan con ser propietarios de las ricas y cálidas tierras del sur, en manos de los musulmanes. Esos sueños se truncan cuando a fines del siglo X el caudillo cordobés Almanzor asola sus tierras en varias campañas militares en las que destruye aldeas y monasterios. Paradójicamente, lo que parece el fin del mundo acaba con un resultado favorable a los intereses de los cristianos de las montañas.
Los reinos musulmanes de Zaragoza y Albarracín y los orígenes y consolidación del
reino de Aragón (1010-1134)
A comienzos del siglo X, tras la muerte de Almanzor, el califato de Córdoba se desintegra. Los primeros territorios andalusíes en segregarse son Albarracín en 1010 con la familia bereber de los Banu Razin, y Zaragoza en 1018 con la familia árabe de los tuyibíes, que se proclaman independientes, fundando sendos reinos de taifas. En el de Zaragoza, en 1038 los tuyibíes son derrocados, y se instaura una nueva dinastía, la de los Banu Hud, entre cuyos soberanos destacan al-Muqtadir, el constructor del palacio de la Aljafería, y su hijo al- Mutamin, el amigo del Cid. Con ellos, el reino de Zaragoza alcanza un notable desarrollo económico y cultural, y congrega a un elenco de intelectuales musulmanes y judíos como no vuelve a tener en ningún otro momento de su historia. Destacan filósofos como el musulmán Avempace, comentarista de Aristóteles, y el judío Ibn Paquda, autor del célebre libro Los deberes de los corazones. Poco antes, en 1064, señores cristianos del Pirineo ocupan, aunque sólo durante nueve meses, la ciudad de Barbastro, en la que tal vez sea la primera manifestación política de una cruzada, o al menos un ensayo de las que vendrán en los dos siglos siguientes sobre Tierra Santa. Ahmad ibn Hud, el rey de la taifa de Zaragoza, la recupera enseguida y gracias a ese triunfo se intitula al-Muqtadir, es decir, “el victorioso”. Durante el siglo XI ambos reinos musulmanes se mantienen independientes; el de Albarracín gracias a su posición en las intrincadas sierras ibéricas, y el de Zaragoza debido a su poder económico y a que entre 1081 y 1086 sus tropas son dirigidas por un héroe de leyenda: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. El Campeador encabeza el ejército musulmán que vence en dos ocasiones al conde Berenguer Ramón II de Barcelona, asola la Rioja y derrota en la batalla de Almenar al rey de Aragón Sancho Ramírez. En la segunda mitad del siglo XI la balanza se inclina del lado cristiano. Los reinos musulmanes, para mantener su independencia, se atienen a pagar parias (tributos) a los cristianos, que se enriquecen deprisa. Albarracín y Zaragoza, aprisionados entre el avance cristiano por el norte y el Imperio de los almorávides, musulmanes radicalizados llegados de África, no pueden mantener su independencia y se entregan a los almorávides, que convierten la antigua Marca Superior en una provincia de su extenso imperio.
Sancho III transmite a sus hijos la potestad real, pero Ramiro no se atreve a intitularse como
rey, y nunca lo hará. El territorio heredado por Ramiro I en 1035 apenas ocupa la actual comarca de la Jacetania. A este territorio patrimonial, añade mediante conquista en 1043 la mitad norte de las Cinco Villas (Sos, Biel, Luesia y Uncastillo), antes perdidas, y las fortalezas de Murillo y Agüero. En 1044 su hermano Gonzalo, que reina en Sobrarbe y Ribagorza, muere sin dejar heredero y Ramiro se anexiona estos dos territorios. El primitivo reino de Aragón, que apenas ocupa dos mil kilómetros cuadrados, se extiende hasta los seis mil con las conquistas e incorporaciones de Ramiro I, aunque tal vez no alcance ni siquiera los diez mil habitantes, apenas una tercera parte de la población de la Zaragoza musulmana. El belicoso Ramiro I ansía con seguir ampliado su reino, y en 1064 se presenta ante la villa de Graus, donde a causa de una celada pierde la vida. Para entonces, la guerra es el único modo de mucha gente para ganarse la vida, y se desarrolla una casta militar de caballeros en torno al rey: los nobles, unos por su condición de terratenientes, otros por los servicios militares prestados. Sancho Ramírez continúa la obra de consolidación del minúsculo reino iniciada por su padre. Para ello, este monarca viaja hasta Roma en 1068, donde el papa Alejandro II le confirma su condición real a cambio de que Aragón se proclame vasallo de la Santa Sede y previa entrega del aragonés de 500 monedas de oro al año como tributo. Con la sanción papal, el monarca aragonés ya puede intitularse rey con todas sus consecuencias, y además adquiere como propios los colores rojo y amarillo de su señor feudal, el papa, que desde entonces representan a la casa real de Aragón, y siglos después a todos sus territorios. Aragón se abre a las nuevas corrientes culturales que circulan por los caminos del sur de la Europa cristiana, especialmente por el llamado Camino de Santiago, y se asienta en la iglesia aragonesa el nuevo rito romano, que se ratifica en el importante monasterio de San Juan de la Peña, al que la leyenda considera la cuna mítica del reino de Aragón. En 1076 es asesinado en Peñalén el rey Sancho V de Pamplona. Este monarca no tiene hijos, de modo que los reyes de Aragón y de Castilla aprovechan esa fatalidad para repartirse sus tierras. El de Aragón se hace con las comarcas de Irún, Pamplona, Estella y Sangüesa, en tanto que casi todo el País Vasco actual, el norte de la provincia de Burgos y la Rioja quedan para Castilla. El reino de Aragón es ya lo bastante grande como para que su soberano funde en la villa de Jaca una ciudad, a la que dota de su propio fuero. Sancho Ramírez, belicoso y arrojado, planea la conquista del reino musulmán de Zaragoza, defendido por el Cid. Incluso llega a asediar la ciudad de Tortosa con ayuda de naves genovesas, pero no dispone de fuerza militar suficiente, aunque por unos pocos años ocupa algunas localidades en la costa mediterránea, como Salou, Oropesa y Castellón. Sancho Ramírez muere asaeteado en el cerco de Huesca en 1094, pero el avance de los aragoneses no se detiene. Su hijo y sucesor Pedro I conquista Hueca en 1096 y Barbastro en 1110; tiene veintiséis años y hereda la fortaleza de carácter y la decisión de ánimo de su padre. A su muerte en 1104, la frontera del reino de Aragón está apenas a una cabalgada de las murallas de Zaragoza. Aragón queda en manos de Alfonso el Batallador, hermano de Pedro I. El nuevo rey es un soldado criado en la milicia y adalid del ejército real. Como soberano de Aragón, pone todo su empeño en ampliar el territorio; su gran objetivo es Zaragoza, que parece una misión imposible. El Batallador sabe que para ganar Zaragoza, deber ocupar todas las tierras al norte del Ebro. Tras conquistar Ejea y las Bajas Cinco Villas en 1105, se casa con la reina Urraca de
Alfonso es rechazado por la mayor parte de la nobleza de León, y aunque en Castilla es mejor
aceptado, su matrimonio con Urraca acaba en un estrepitoso fracaso, y sin hijos. El matrimonio se disuelve en 1114, alegando relaciones de parentesco entre los esposos. El Batallador vuelca entonces todo su esfuerzo en la conquista de Zaragoza, a la que el papa Gelasio II concede la categoría de cruzada. Mediada la primavera de 1118 un formidable ejército de aquitanos, gascones, bearneses, aragoneses, catalanes y navarros aparece ante Zaragoza, que se entrega el 18 de diciembre. Los musulmanes derrotados firman unos acuerdos capitulares por los cuales los que quieran pueden quedarse en la ciudad pagando un tributo, y los que desean marcharse lo hacen en paz llevando consigo sus enseres. Los musulmanes pueden seguir practicando su culto y se acuerda que para ellos rija la ley islámica aplicada por sus propias autoridades. Al año siguiente, Alfonso I ocupa Tudela, Soria y Ágreda, y en junio de 1120 derrota a los almorávides en la batalla de Cutanda, tras la cual gana Daroca y Calatayud, y poco después Medinaceli y Sigüenza. En 1127 casi toda la antigua Celtiberia está en manos del rey de Aragón, que concede importantes fueros a esas villas con el fin de facilitar su repoblación y gobierno; aunque en ese mismo año firma un tratado con Alfonso VII de León por el cual Soria, Sigüenza y Medinaceli se incorporan a Castilla, y poco después también Molina, pese a ser una conquista aragonesa en 1128. Fijada la frontera con Castilla por el oeste, Alfonso vuelve sus ojos al este, y tras recorrer entre 1125 y 1126 en una prodigiosa cabalgada las tierras de Al-Andalus hasta la costa sur de Andalucía, asienta su poder feudal sobre algunos señoríos del sur de Francia y prepara la conquista de las tierras al este de Zaragoza, donde Fraga, Lérida y Tortosa siguen en manos de los almorávides. El rey de Aragón tiene más de sesenta años de edad cuando en el verano de 1134 se lanza en persona al asalto de las murallas de Fraga. Fracasa en la batalla y se retira apesadumbrado; en sus más de cuarenta años de combates, es el primero que pierde. Cuando muere en septiembre de ese año, es el rey que más tierras incorpora al reino de Aragón, pero no tiene descendencia y en su testamento lega el reino a las Órdenes militares fundadas pocos años antes en Tierra Santa: templarios, hospitalarios y Santo Sepulcro. Sin rey, sin heredero y con un testamento imposible de cumplir, un negro panorama se abre ante el futuro del reino de Aragón, pero los aragoneses lo resuelven con eficacia y prontitud.