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arcos triunfales, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Arte Romano, Profesor: Miguel Ángel Elvira Barba, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 10/09/2013

anagago923
anagago923 🇪🇸

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ARCOS TRIUNFALES
Uno de las principales objetivos tras la conquista de territorios era el
incluir estos dentro del mundo romano, no solo políticamente, sino también
social y culturalmente, esto es, "romanizar". Si un pueblo se sentía dentro del
"mundo romano" se evitaba el levantamiento popular, ya que estaban
integrados en él. Para ello, además de grandiosos edicios públicos de ocio,
de templos de culto o de una excelente infrestructura urbana, se necesitaban
elementos que recordasen a los habitantes que pertenecían a un grandioso
imperio. Por este motivo se levantaron idílicas estatuas de los distintos
césares o emperadores y monumentos conmemorativos de eventos,
fundamentalmente grandes victorias bélicas.
Por desgracia se han perdido muchas de estas construcciones, que, al tener
un signicado político militar, en algunos casos fueron desmontados o
destruidos una vez que el imperio fue perdiendo su autoridad.
Los monumentos conmemorativos romanos que se extendieron por todo el
imperio fueron principalmente los arcos de triunfo y las columnas.
Arcos de triunfo
Habitualmente eran colocados en el acceso principal de las ciudades, para así
recordar a sus habitantes la grandeza y fortaleza del mundo romano. En su
principio fueron arcos de madera donde exponían los trofeos y botines
conseguidos en su victoria. Esta costumbre evolucionó hasta crear los arcos
conmemorativos con inscripciones. Son de origen romano, y es evidente su
éxito, ya que se han seguido construyendo hasta nuestros días.
Además de este motivo conmemorativo de una victoria o de un gran
personaje, también sirvieron como delimitación de fronteras provinciales.
Su estructura en alzado los divide básicamente en arcos de un vano, de tres
vanos o cuadrifontes.
*Arco de un vano.
El simple, de un arco, coronado con un entablemiento con inscripción y
sustentado por columnas o pilares adosados. Sobre él se alza un arquitrabe
con la cornisa en la que se lee el texto motivo de su edicación. Además
debemos nombrar también, en esta sección, los arcos contruidos sobre los
puentes, el Puente de Alcántara y el de Martorell-.
En España destacamos:
Arco de Bará, en Tarragona. Posiblemente el arco más conocido de la
península.
Arco de Cabanes, en Cabanes, Castellón. Curioso arco situado en la Vía
Agusta, ya que solo nos quedan de él las dovelas que sostenían el arquitrabe.
Todo el resto del muro en el que se abría el vano ha desaparecido.
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ARCOS TRIUNFALES

Uno de las principales objetivos tras la conquista de territorios era el incluir estos dentro del mundo romano, no solo políticamente, sino también social y culturalmente, esto es, "romanizar". Si un pueblo se sentía dentro del "mundo romano" se evitaba el levantamiento popular, ya que estaban integrados en él. Para ello, además de grandiosos edificios públicos de ocio, de templos de culto o de una excelente infrestructura urbana, se necesitaban elementos que recordasen a los habitantes que pertenecían a un grandioso imperio. Por este motivo se levantaron idílicas estatuas de los distintos césares o emperadores y monumentos conmemorativos de eventos, fundamentalmente grandes victorias bélicas. Por desgracia se han perdido muchas de estas construcciones, que, al tener un significado político militar, en algunos casos fueron desmontados o destruidos una vez que el imperio fue perdiendo su autoridad. Los monumentos conmemorativos romanos que se extendieron por todo el imperio fueron principalmente los arcos de triunfo y las columnas.

Arcos de triunfo

Habitualmente eran colocados en el acceso principal de las ciudades, para así recordar a sus habitantes la grandeza y fortaleza del mundo romano. En su principio fueron arcos de madera donde exponían los trofeos y botines conseguidos en su victoria. Esta costumbre evolucionó hasta crear los arcos conmemorativos con inscripciones. Son de origen romano, y es evidente su éxito, ya que se han seguido construyendo hasta nuestros días. Además de este motivo conmemorativo de una victoria o de un gran personaje, también sirvieron como delimitación de fronteras provinciales. Su estructura en alzado los divide básicamente en arcos de un vano, de tres vanos o cuadrifontes.

*Arco de un vano. El simple, de un arco, coronado con un entablemiento con inscripción y sustentado por columnas o pilares adosados. Sobre él se alza un arquitrabe con la cornisa en la que se lee el texto motivo de su edificación. Además debemos nombrar también, en esta sección, los arcos contruidos sobre los puentes, el Puente de Alcántara y el de Martorell-.

En España destacamos: Arco de Bará, en Tarragona. Posiblemente el arco más conocido de la península. Arco de Cabanes, en Cabanes, Castellón. Curioso arco situado en la Vía Agusta, ya que solo nos quedan de él las dovelas que sostenían el arquitrabe. Todo el resto del muro en el que se abría el vano ha desaparecido.

Arco de Trajano, en Mérida, Badajoz. Este conocido arco realmente no corresponde a un arco de triunfo, sino a una puerta triunfal del foro de la ciudad. El citarlo en esta sección es precisamente para dar a conocer su errónea y tradicional clasificación. Ver comentario en la página de Emerita Augusta

*Arco de tres vanos Los de tres arcos, son más comunes en todo el mundo romano, excepto en España. Mantienen un estructura constante, dos laterales más pequeños y uno central más amplio y alto. En ocasiones servían también como "puertas de control" de las ciudades: por el vano central -más grande- pasaban los carruajes y animales y por los laterales las personas, uno para entrar y otro para salir. El único arco de este tipo conservado en España es el famoso Arco Romano de Medinaceli:

*Arco cuadrifonte: Planta y pesrpectiva. Como su nombre indica, es el que tiene cuatro frentes. De Planta cuadrada o ligeramente rectangular, mantiene en cada uno de sus lados un arco, que como es lógico, se comunica directamente con su enfrentado y perpendicularmente con los otros dos. Es el menos común de los arcos romanos, concretamente en Epaña solo nos queda uno, el Arco de Capera.

Otra tipología a parte del monumento funerario que se extiende muchísimo en la época de Augusto es el arco de triunfo. Existencia de arcos en otras zonas de Italia y en provincias. Tipología que se hallaba muy extendida ya en época de Augusto.Tipología para conmemorar una victoria militar. En principio, sólo se debía aplicar a aquellos arcos erigidos en honor a los emperadores o generales victoriosos a los que se les permitía realizar una entrada triunfal: desfile en el que se llevaba el botín, que se realizaba en procesión, en principio, ante unos arcos efímeros. Luego, se autorizaba a realizar una construcción definitiva. Construcción que tiene como precedente un arco efímero. Estos arcos conmemoran la puerta de la ciudad que se ha conquistado. Luego la denominación de arco triunfal se ha extendido a muchas tipologías de arco, incluso, en algunos casos, se denomina arco de triunfo a lo que es una puerta en la muralla. Las denominaciones no son del todo exactas.

En época de Augusto, hay unos que no pertenecen a Roma, y a lgunos arcos conmemorativos que alaban la gloria de Augusto en zona de provincias.

ARCO DE AUGUSTO EN RÍMINI:

Representará esa dificultad por localizar esa tipología y el intercambio entre los motivos de arcos y puertas. Serán de un solo vano en los que aparecen coronados por un pequeño frontón, y la tipología que se va a generalizar es la presencia de unas columnas que flanquean el arco. Éste arranca de una pequeña pilastra y lo que sería la línea de imposta.

última moldura del zócalo, mientras que las columnas arrancan de encima de éste. Los capiteles pertenecen al orden compuesto, de las hojas del corintio y las volutas del jónico, una nueva moda implantada entonces. En las enjutas del arco sendas Victorias se dirigen volando sobre globos, portadoras de estandartes, a las claves de los arcos, joyas del barroco antiguo. La ese que dibujan sus volutas está recubierta de follaje, y por si esto fuera poco, las personificaciones de Roma y del Genio del Pueblo Romano se alzan valientes ante su respectiva consola. No sabemos qué diría un griego de este alarde de anticlasicismo. Lo que del friso se conserva por el lado oriental del arco, corresponde a la entrada triunfal de Vespasiano y Tito en la ciudad de Jerusalén, algo sucedido mucho antes de la celebración del triunfo en Roma. Lo relativo a éste se encuentra más abajo y mucho más visible, como si sus autores hubiesen tenido conciencia de estar planteando a la crítica de arte del futuro el problema de si se podía o no hablar de una escultura romana independiente de la griega. En el interior del pasadizo del arco, se encuentran a media altura, uno a cada lado, dos altorrelieves de gran formato. Uno está dominado por la cuadriga y el carro en que el emperador Tito, a quien corona la Victoria, desfila en triunfo. No lo acompañan, como sería de esperar, los magistrados, sacerdotes, vestales, miembros de la familia imperial y allegados, sino sólo los lictores con sus fasces y las figuras alegóricas de Dea Roma, seguida dócilmente por la cuadriga imperial, el Genius Populi Romani y el Genius Senatus. Cuando el arco fue levantado, Tito había muerto. En lo más alto del intradós del arco un relieve lo muestra en su transporte al cielo a lomos del águila de la consecratio. Esta circunstancia aconsejó sin duda no representarlo en compañía de los vivos, sino de figuras alegóricas, aunque el hecho que se conmemoraba fuese histórico. Nacía así como nuevo género el relieve histórico-alegórico. El otro relieve es una visión puramente histórica del mismo desfile y no hay en ella nada sobrenatural, sino sólo la masa más compacta aquí, más holgada allí, de los portadores del botín y de ciertas enseñas en un lugar y momento concretos, el de su entrada por la Porta Triumphalis, reconocible por las dos cuadrigas que la coronan. La puerta, vista de escorzo, se sumerge en el fondo del relieve como si éste no existiese. La apretada turba camina ligera en varios planos, y sus componentes tienen no sólo el mayor o menor bulto que les corresponde, sino distintas alturas. El movimiento parece ondulante, y su trayectoria, curva: el cortejo viene de frente por la izquierda y gira hacia el fondo por la derecha, penetrando en el vano de la puerta. Este y otros pormenores del relieve recuerdan a las urnas tardías de Volterra y podrían revelar una concepción tuscánica o itálica del mismo. Como en el relieve anterior, a las figuras les sobra el tercio superior del fondo, que allí se rellena con los ocupantes del carro y sobre todo con las fasces, que crean ilusión de espacio, y aquí con las piezas más características del botín judaico -la Mesa de los Panes, las Trompetas de plata y el Candelabro de los Siete Brazos, del Templo de Jerusalén-, y con unos estandartes en forma de tabula ansata. Esta concepción y este tratamiento del fondo le dan al relieve una gran profundidad espacial, y su claroscuro una plasticidad tan intensa y tan pictórica como es posible en un relieve. Si esas

calidades justifican el empleo de los términos ilusionismo y barroco, tan anacrónicos el uno como el otro, es cuestión de criterios.

ARCO SEVERO:

Hasta el año 203 el arte itálico popular no se había infiltrado en un monumento oficial como lo hizo en los relieves del arco dedicado por el senado y el pueblo a Septimio Severo y a sus dos hijos por haber restaurado la constitución (lo que no dejaba de ser una ironía) y ampliado los límites del imperio: "ob rem publicam restitutam imperiumque populi Romani propagatum insignis virtutibus eorum domi forisque", como reza la inscripción dedicatoria a uno y otro lado del ático. El triple arco, de travertino y ladrillo forrados de mármol, era una merecida compensación a la renuncia del emperador a celebrar del modo habitual en Roma sus triunfos sobre los árabes y los partos. Estos se habían aliado con Pescennio Niger en su disputa del trono imperial con Septimio; pero cuando su aliado fue vencido en Isso, no tuvieron reparo en abandonarlo a su suerte y devastar toda la Mesopotamia de allende el Eúfrates. Ocupados estaban del asedio de Nisibis, uno de los protectorados de Roma, cuando Septimio les obligó a levantar el cerco. En el curso de la campaña privó a los Abgáridas del trono de Edesa y se apoderó también de Carrae, que formaron una nueva provincia, Osroene, a cuyo frente fue puesto un gobernador del orden ecuestre al mando de la legio Parthica, de nueva creación. A todo esto Septimio había eludido el enfrentamiento directo con los partos y pudo aprovechar la calma reinante para volver al oeste y resolver los problemas que allí le aguardaban. A ellos dedicó los años 195 y 196. Como de costumbre, los partos aprovecharon su ausencia para rehacerse de sus pérdidas en Mesopotamia, lo que indujo al emperador a enfrentarse con ellos con todas sus fuerzas. Tras la liberación de Nisibis, descendió por el Eúfrates y por sus orillas hacia Babilonia y Seleucia, de dónde los partos huyeron sin hacerle frente. Entonces le llegó el turno a la capital, Ctesifonte, que no tardó en caer en poder de los romanos. A comienzos del 198 pudo el emperador adoptar el cognomen de Parthicus maximus, a sumar a los anteriores de Arabicus y Adiabenicus que son los que figuran en la inscripción del arco del Foro. Toda su decoración se relaciona con la campaña pártica, ni una alusión a las disputas civiles con Pescennio Níger ni con Clodio Albino. Cuatro columnas de capiteles compuestos, sobre altos pedestales, se adelantan en las dos fachadas, enfrente de las pilastras. De las claves de los arcos sobresalen, como idolillos portátiles, figuritas de dioses: Marte en las dos del arco central, Hércules, y otras tres divinidades irreconocibles por su mal estado, en las de los laterales. Cuatro Victorias portadoras de trofeos, cada una de ellas con el genio de una estación bajo sus pies, rellenan las enjutas del arco grande. Esa misma función de relleno corresponde en los arcos menores a los dioses del Tigris, Eúfrates y otros ríos, por debajo de un minúsculo friso de un triunfo que actúa como banco o zócalo que los cuatro relieves que coronan los pilares del arco. Todo lo mencionado hasta aquí, los relieves de las tres caras visibles en los pedestales de las columnas -prisioneros conducidos por soldados romanos- entra en la esfera del arte clásico. Sus figuras dan una impresión convincente de estar de pie (las Estaciones), volar (las Victorias) y

Antoninos. El diseño y la composición del arco así como el ajuste de los relieves al contexto arquitectónico merecen el calificativo de clásicos. La mayor parte de los relieves procede de monumentos de Trajano, Adriano y Marco Aurelio. Se diría que es una exposición o un museo del relieve clásico romano, si no fuera porque las cabezas de los emperadores citados han sido reemplazadas por la de Constantino. Pero de todos modos el arco es tan tradicionalista como pudiera serlo el más acendrado manifiesto de una restauración, por lo menos en el terreno de la estética. Tal fue sin duda la intención que inspiró el programa artístico. Los relieves de Victorias y trofeos de los pedestales de las columnas se inspiran en los del Arcus Novus de Diocleciano y seguramente lo mismo las Victorias y estaciones, y personificaciones de ríos que rellenan las enjutas de los arcos, todas ellas en la línea del clasicismo del siglo III. Lo mismo los dos tondos de los lados cortos del arco, complemento de los ocho de Adriano, discos de 2,35 m de diámetro, uno dedicado al dios Sol, importantísimo entonces, y otro a la diosa Luna, ambos en sus carros de caballos precedidos por los correspondientes luceros. Ambos procuran imitar el refinado estilo de sus modelos y lo consiguen hasta cierto punto, en el ajuste de la composición al marco circular e incluso en la construcción del cuadro. Pero la forma se ajusta al modo de hacer vigente entonces en cuestiones tales como el tratamiento de los paños, de rígidos pliegues paralelos y gran revuelo ornamental de mantos y cendales. Por lo regular no se busca, en el clasicismo constantiniano, el ajuste del ropaje al movimiento natural de la figura, sino a lo sumo a su forma. Y quedan seis relieves de un metro de altura que ciñen el arco por encima de las archivoltas de los vanos laterales. En ellos persiste el friso convencional del triunfo, de los arcos de Tito y Severo, pero enriquecido con las peripecias de la guerra que Constantino desató contra el poder central detentado por Majencio: partida de Milán; asedio de Verona; batalla del Puente Milvio; entrada de Constantino en Roma; discurso desde los Rostra del Foro republicano, distribución de dinero en efectivo (congiarium) en el Foro de César a un público entusiasta y agradecido. Centenares de figuras apretadas, vivaces, que repiten sin apenas variaciones un mismo gesto de títeres de retablo, con las cabezas casi iguales y a la misma altura (isocefalia). El emperador puede parecer un gigante en escenas como la del congianum, porque la estatura es también un exponente de la escala jerárquica. Es el lenguaje sencillo y directo del arte popular, dispuesto a sacrificarlo todo a la comunicación rápida del mensaje. Nunca se había hecho así en la Antigüedad, pero si iba a hacerse en la Edad Media.

*Hay que destacar también como ha llegado a nosotros este arte romano. Algunos ejemplo de arte romano en Hispania sobre arcos triunfales sería:

ARCO DE BARÁ : El Arco de Bará, es un arco de triunfo construido por los romanos a unos 20 kilómetros al nordeste de Tarragona (España), cerca de la localidad de Roda de Bará. El arco de Bará es uno de los elementos del «Conjunto arqueológico de Tarraco», declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, siendo identificada la torre con el código 875-014.

El arco está situado sobre el trazado de la Vía Augusta. Es un arco honorífico constituido por un cuerpo central sobre un podio, decorado con falsas pilastras acanaladas que culminan en capiteles corintios. Tiene una única abertura en arco de medio punto. La parte superior de la construcción tiene un entablamento formado por arquitrabe, friso y cornisa. Está construido con piedra calcárea, probablemente de algún yacimiento cercano. La construcción del monumento deriva del testamento de Lucio Licinio Sura y se hizo en el reinado de Augusto, sobre el año 13 a. C. La inscripción que se conserva dice: «Ex testamento L(ucio) Licini(o) L(ucio) f(ilii) Serg(ia tribu) Surae consa[...]». Lo erigió para marcar los límites territoriales y terminar con las disputas entre las tribus de los ilérgetes y los cosetanos

ARCO DE CABANES: El monumento se encuentra incompleto, ya que carece del cuerpo superior por encima del arco. Sólo se conservan los dos pilares y el arco, mientras el entablamento y las enjutas han desaparecido, y en el que los únicos elementos decorativos son las molduras de las impostas y los plintos. Cuenta con una altura de 5,80 metros, por 6,92 de ancho. Está construido con piedra caliza a base de sillares de granito unidos sin argamasa, del que se conservan los dos pilares cuadrangulares que incluyen cabezales y zócalos, con la base y la imposta molduradas, y sobre los que se apoya el arco compuesto de medio punto compuesto por catorce dovelas ubicadas radialmente en forma de cuña. El arco de Cabanes se incluye dentro de un amplio conjunto de arcos simples que se extienden por todo el mundo romano

ARCO DE MEDINACELI: Su base esta formada por cuatro grandes pilares que se unen mediante bovedas formando dos arcos iguales de 1'30 m. de luz compuestos por siete dovelas iguales. Están coronados por una la moldura de remate, desde ella nace el arco central, convirtiéndolos así elementos de sustentación de este. El arco central coronado por una moldura similar a la de los elementos inferiores de 4coronado por una moldura similar a l'90 m de luz, formado por 23 dovelas y dos conjuntos decorativos laterales. Estos están formados por pilastras estriadas con capitel corintio, un tímpano y dos basas que descansan sobre la moldura inferior. En los cuatro vertices de la parte intermedia aparecen otras cuatro pilastras de dos fachadas, más grandes que las anteriores pero con el mismo esquema. Este curioso diseño, donde aparecen unas pilastras en la parte intermedia que no están en la base, es debido a que la muralla en la que se abría este arco tenía una altura similar al primer nivel, con lo que la altura que sobresalía empezaba a la vez que dichas pilastras. La parte superior consta de dos filas de sillares coronados por una cornisa. En estos sillares se anclaban las letras doradas que formaban la inscripción conmemorativa, quedándonos algún perno de sujeción. Esta inscripción ha sido reconstruida