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Artilleria naval, Apuntes de Historia

Asignatura: Historia Militar, Profesor: Jose Luis Martinez Sanz, Carrera: Historia, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 11/01/2009

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ARTILLERIA NAVAL
La artilleria en los siglos XV- XVI - XVII
En el S.XVI ,la industria de fabricación de cañones en España, ya tenía una antigüedad de varias
centurias.Se da por hecho que los primeros occidentales en utilizar cañones en las galeras fueron los
españoles, y según las crónicas en la batalla de la Rochela (Francia 1.372)cuando una escuadra al mando
de Gil Ambrosio Bocanegra derrotó a una inglesa del almirante conde de Pembroke, que fue hecho
prisionero junto con setenta caballeros principales. Los españoles utilizaron cañones,causando gran
sorpresa y espanto en sus adversarios.
En España era normal llevar cañones en los buques desde fines de la Edad Media, pero la artillería
de un barco no formaba parte integrante del mismo. Se situaba a bordo para un viaje específico y se
retiraba cuando la nave llegaba a puerto
Inicialmente la artilleria naval era igual que la de tierra, usandose los mismos tipo: bombardas,
falconetes, pedreros, etc situación que persistió hasta el siglo XVI, donde ya aparece el cañón naval
claramente diferenciado del usado en tierra, sobre todo en el montaje de las cureñas.Como todavía no
había mecanismos para hacer debidamente las ánimas,los constructores de cañones producían artillería
con tubos excentricos, y una holgura que tenía en cuenta que una bala de cañón podía no entrar bien en el
tubo.En consecuencia la artillería era imprecisa y no era problable que diera en el blanco más allá de un
corto alcance.
Los que pedreros y falconetes también llamados cañones de borda giratorios, reunían como
característica principal su poco peso, en relación con el proyectil que podían disparar. Esta liviandad se
conseguía gracias al reducido espesor de los metales y permitir su montaje en horquillas sobre borda o
falca de buques y embarcaciones menores. La relativa debilidad resultante del poco espesor de sus
paredes se compensaba con una carga impulsiva igual a solo un noveno del peso de la bala, en vez de un
tercio o un medio como usaban los verdaderos cañones montados en cureñas. El calibre de los pedreros
variaba generalmente entre una y media libra y se cargaban por la boca. Sin embargo los pedreros
Españoles eran de a dos y tres libras. En 1787 Rovira daba los planos de dichos pedreros que eran de
retrocarga y simultáneamente proponía su reemplazo por los largos que había inventado en 1783. Si
comparamos los planos de un antiguo falconete del Espasa con los planos del pedrero de Rovira de A.3.
libras resulta difícil establecer una diferencia entre ellos. Como vemos pedreros y falconetes se cargaban
por la culata, se montaba sobre horquillas y tenían un largo semejante, doce calibres el primero y catorce
el segundo la diferencia notable entre ambos era el calibre de media libra para el pedrero y tres libras para
el falconete.
En esta
imagen
podemo
s ver el
montaje
casi a
proa de
dos
bombard
as en
una
carabela
del siglo XV de unas 100 tn. de desplazamiento
Hasta el siglo XVII no existía uniformidad en la producción de cañones, y los calibres y pesos de la
munición eran variados, tal como vemos en esta clasificación:
Piezas grandes Piezas pequeñas Piezas de trayectoria curva Culebrina
Bombarda
20 a 30 cm de calibre.
Pasavolante
7 a 8 cm de calibre.
Mortero
9 a 16 cm de calibre.
Culebrina
9 a16 cm de calibre.
Bombardeta
8 a 10 cm de calibre.
Falconete
5 a 7 cm de calibre.
Trabuquera
20 a 30 cm de calibre.
Sacre
7 a 9 cm de calibre.
Cerbatana
5 a 7 cm de calibre.
Verso
4 a 5 cm de calibre.
Ribadoquin
2 a 5 cm de calibre.
Sacabuche
2 a 6 cm de calibre.
Esmeril
4 a 5 cm de calibre.
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ARTILLERIA NAVAL

La artilleria en los siglos XV- XVI - XVII

En el S.XVI ,la industria de fabricación de cañones en España, ya tenía una antigüedad de varias centurias.Se da por hecho que los primeros occidentales en utilizar cañones en las galeras fueron los españoles, y según las crónicas en la batalla de la Rochela (Francia 1.372)cuando una escuadra al mando de Gil Ambrosio Bocanegra derrotó a una inglesa del almirante conde de Pembroke, que fue hecho prisionero junto con setenta caballeros principales. Los españoles utilizaron cañones,causando gran sorpresa y espanto en sus adversarios. En España era normal llevar cañones en los buques desde fines de la Edad Media, pero la artillería de un barco no formaba parte integrante del mismo. Se situaba a bordo para un viaje específico y se retiraba cuando la nave llegaba a puerto Inicialmente la artilleria naval era igual que la de tierra, usandose los mismos tipo: bombardas, falconetes, pedreros, etc situación que persistió hasta el siglo XVI, donde ya aparece el cañón naval claramente diferenciado del usado en tierra, sobre todo en el montaje de las cureñas.Como todavía no había mecanismos para hacer debidamente las ánimas,los constructores de cañones producían artillería con tubos excentricos, y una holgura que tenía en cuenta que una bala de cañón podía no entrar bien en el tubo.En consecuencia la artillería era imprecisa y no era problable que diera en el blanco más allá de un corto alcance. Los que pedreros y falconetes también llamados cañones de borda giratorios, reunían como característica principal su poco peso, en relación con el proyectil que podían disparar. Esta liviandad se conseguía gracias al reducido espesor de los metales y permitir su montaje en horquillas sobre borda o falca de buques y embarcaciones menores. La relativa debilidad resultante del poco espesor de sus paredes se compensaba con una carga impulsiva igual a solo un noveno del peso de la bala, en vez de un tercio o un medio como usaban los verdaderos cañones montados en cureñas. El calibre de los pedreros variaba generalmente entre una y media libra y se cargaban por la boca. Sin embargo los pedreros Españoles eran de a dos y tres libras. En 1787 Rovira daba los planos de dichos pedreros que eran de retrocarga y simultáneamente proponía su reemplazo por los largos que había inventado en 1783. Si comparamos los planos de un antiguo falconete del Espasa con los planos del pedrero de Rovira de A.3. libras resulta difícil establecer una diferencia entre ellos. Como vemos pedreros y falconetes se cargaban por la culata, se montaba sobre horquillas y tenían un largo semejante, doce calibres el primero y catorce el segundo la diferencia notable entre ambos era el calibre de media libra para el pedrero y tres libras para el falconete.

En esta imagen podemo s ver el montaje casi a proa de dos bombard as en una carabela del siglo XV de unas 100 tn. de desplazamiento

Hasta el siglo XVII no existía uniformidad en la producción de cañones, y los calibres y pesos de la munición eran variados, tal como vemos en esta clasificación:

Piezas grandes Piezas pequeñas Piezas de trayectoria curva Culebrina Bombarda 20 a 30 cm de calibre.

Pasavolante 7 a 8 cm de calibre.

Mortero 9 a 16 cm de calibre.

Culebrina 9 a16 cm de calibre. Bombardeta 8 a 10 cm de calibre.

Falconete 5 a 7 cm de calibre.

Trabuquera 20 a 30 cm de calibre.

Sacre 7 a 9 cm de calibre. Cerbatana 5 a 7 cm de calibre.

Verso 4 a 5 cm de calibre. Ribadoquin 2 a 5 cm de calibre.

Sacabuche 2 a 6 cm de calibre. Esmeril 4 a 5 cm de calibre.

Artilleria: Modelos

Bombarda Siglo XIV Bombarda usada en las Carabelas

Falconete pedrero Falconete pedrero sobre borda

Pasavolante Verso

Media Culebrina

Cañon naval S-XV Cañon 36 l.Galera D. Juan de Austria

En la " Instrucción naútica para el buen uso y regimiento de las naos " se ofrecen las

siguientes curiosas noticias de la artillería a bordo:

" Todas las piezas abiertas que se sirven con cámaras ( se está refiriendo a los falconetes , bombardas y demás piezas de retrocarga) han de estar sobre cubierta, porque si están debajo, el humo que queda dentro ocupa la vista a los que sirven. Por manera que estas y los versos se han de poner sobre las toldas de proa a popa, y las cerradas que son de culata, que echan humo por la boca .... Terná sus portañuelas dos palmos en cuadra con sus bisagrones para cerrallas y abrillas cuando convenga, y en los lados de cada una dos argollones de hierro fuerte, y cerca del muñón un gancho, y dél á las argollas á la culata de cada una, sus retenidas tan largas cuanto es menester para recular la pieza, advirtiendo que una sea mas corta que otra, para que reculando la pieza, y teniendo la boca dentro, por la retenida dé media vuelta , y quede perlongada de popa á proa, para que el lombardero pueda tornalla a cargar, sin que por la portañuela le pueda hacer daño : y advierta también que, cargada la pieza o piezas, se haga puntería donde convenga, sin que ningún cañonazo se tire en duda si acertará o nó, y las que tuviere señaladas y apuntadas para tirar á los árboles , jarcia y velas los tirará con pelotas de cadena, y si para el cortado y echar la nao enemiga al fondo, con pelota rasa; y si para las obras muertas y altos, con pelotas de puyas; y si para dañar y estropear la gente que esté sobre la jareta y tolda, tirará con linternas de pedernal, cabezas de clavos y estoperoles... " La artillería que se ha usado es de diversas formas, pero diré lo que me paresce más conviniente para el uso de nuestra nao: piezas hay cerradas ded bronce é hierro, y otras abiertas; de las de hierro sólo a mi parecer se deben usar algunas coladas, que teniendo con ellas cuidado aprovechen, y son seguras, todas las demás son matahombres, y pudiendo haber otras, aún no deberían usarse éstas: las de bronce son así las cerradas como las abiertas, que tienen cámaras buenas cada una para sus efectos: y así convendrá que sean fornidas de metal , y más cortas de lo ordinario, y que como aghora se usan, fenezca la culata en forma piramidal, aguda donde ha de dar y cebar el fogón, porque siendo tales se mandan y menean mejor, ocupan menos lugar, y no se calientan tan presto, y no hacen mucha fuerza al retirar.........."

La tripulación y el armamento de los navíos a comienzo del siglo XV, según su tamaño, era así:

TAMAÑO de los BARCOS F 0 E 8 (^) De 100 a 170 toneladas De 170 a 200 tn De 250 a 320 tn Tripulación F 0 E A Capitán [1] [1] 1 Maestre 1 1 1 Piloto 1 1 1 Marineros 18 28 35 Lombarderos 2 4 6 Grumetes 8 12 15 Pajes 2 4 5 Armamento: Medias culebrinas , de 30 quintales

1 + 30 pelotas 1, de 30 ó 32 quintales (o cañón) + 30 pelotas Sacres de 20 quintales 1 + 30 pelotas 1, de 14 quintales + 30 pelotas

2 de 20 quintales + 1 de 14 ó 15 quintales + 60 pelotas Falconetes 1 + 50 pelotas 1 + 50 pelotas 1 + 50 pelotas Lombardas de hierro 8 10 (4 de ellas, de hierro) Piezas de hiero "gruesas"

6 + 120 pelotas? + 20 pelotas para cada una

? + 20 pelotas para cada una

Para la artillería de borda se utiliza el montaje de horquilla, que permite el movimiento vertical y horizontal (ver fig. de falconete sobre borda), y para las piezas de mayor porte, usan el montaje de carreta

El alcance medio de las lombardas era de unos 800 o 1000 metros, si bien su alcance efectivo no excederia de los 400 metros, y su alcance en combate no era superior a los 200 metros.

Hacia 1520 se generaliza la fundicion en bronce de las piezas en un solo bloque (desaparece el mascle ), apareciendo el cañón, la culebrina , el sacre y medio sacre , y usándose el proyectil de hierro macizo. Los muñones habían aparecido a finales del siglo XV con lo cuál la puntería y, por consiguiente el disparo, gana en rapidez y comodidad, ya que hasta ahora los ángulos positivos se lograban enterrando más o menos el mástil; las cureñas o encabalgamientos han sido provistos de ruedas con lo cual el transporte, la entrada y salida de posición han dejado de ser un trabajo lento y fatigoso. Carlos V , adelantándose a sus contemporáneos, implantó con éxito en 1552 un cierto orden en la multitud de calibres existentes —llegó a haber hasta 170 tipos de piezas—, reduciéndoles a un número manejable. Estableció 6 modelos de piezas : de cuarenta, veintiséis, doce, seis y tres libras, más un mortero. Este esfuerzo de simplificación se llevó a la práctica sólo en parte. En tiempos de Felipe II, continuando en la misma línea, se establecieron 7 modelos : cañones y medios cañones; culebrinas y medias culebrinas; sacres y medios sacres, y falconetes. A finales del XVI, existían seis: cañones (de cuarenta, treinta y cinco, treinta y dos y treinta libras); medios cañones (de veinte, die 0 0 1 Fciocho, dieciséis y quince); tercios de cañón (de diez, ocho y siete); culebrinas (de veinticuatro, veinte, dieciocho y dieciséis); medias culebrinas (de doce, diez, ocho y siete) y tercias culebrinas (de cinco, cuatro, tres y dos). En principio, las culebrinas se distinguían de los cañones por su mayor longitud, que imprimía a sus disparos más velocidad y alcance. A cambio, eran más pesadas y tenían un consumo mayor de pólvora El artillado de las naves se disponía situando a proa las piezas de mayor alcance y en las bandas las de mayor potencia. Con la aparición del galeón , la artillería se dispone en cada cubierta de manera que cubra todo el horizonte (a la redonda).Las piezas gruesas por razones de estabilidad se concentran en las secciones centrales, y distribuida en varias cubiertas. El artillado es potente y numeroso, pudiendo ser de 26 piezas en la primera cubierta,24 en la segunda 6 piezas ( 3 por banda) en los altos de la falconera de popa y cuatro por banda en el castillo de proa.. En la imagen siguiente vemos el armamento de un galeon , con 18 piezas bajo cubierta ( 8 por banda) y seis falconetes en la cubierta : dos en las banda de popa, dos en las de proa y dos centrales:

Durante los siglos XVI y XVII los funcionarios reales tenían a su cargo en todo momento los cañones,l a munición y las piezas, tanto a bordo como cuando se almacenaba en tierra. El armamento se situaba a bordo de las naves antes de emprender la travesía, y se retiraba en cuanto llegaba a puerto. Un funcionario titulado Mayordomo de la artillería de la Armada del Mar Océano ,

registraba e identificaba cada cañón, e igualmente registraba su salida. Los cañones podían también utilizarse para la defensa de puertos y ciudades amuralladas. Llevando un control exacto de las municiones disponibles, la Corona podía arreglarse con un número sorprendentemen-te pequeño de grandes piezas de artillería, lo que suponía un considerable ahorro. La reglamentación de 1.522 establecía la proporción de cañones y artilleros según el tamaño de los barcos, incluyendo el número de balas y la cantidad de pólvora para cada cañón.

De 1610 a 1624 la artilleria de hierro colado se importaba de Inglaterra, pero a partir de 1630 España producía el armamento que se necesitaba, gracias a las fundiciones establecidas en Liérganes (Santander) por Jean Curtius (artesano de Lieja).

  • En 1622 contrató con la Corona la provisión de artillería de hierro colado y balas de cañón a las armadas, galeras y fortalezas de la Monarquía.
  • En el año 1639 se fabricaron 370 cañones y 18.500 balas de cañón para los galeones que se estaban construyendo.
  • En 1640 la planta de Liérganes y la de Santa Bárbara habían suministrado en 12 años a la Corona 1.171 piezas de artillería y 233.360 balas de cañón.

Los proyectiles eran de hierro o de piedra. Los primeros se usaban para dañar el casco del navio enemigo y los segundos equivalían a granadas de fragmentación, ya que al chocar la piedra con algún objeto se partía en multitud de trozos que hacía la función de metralla entre el personal de cubierta.También se fabricaron de formas especiales y huecos, llamados de muy diversas maneras como " ángeles ", " enramados " y " encadenados ”, usándose estos últimos para abatir los aparejos del navío enemigo; una muestra de estos últimos es la que aquí aparece:

La artillería de hierro colado era más barata que la de bronce , pero los cañones de bronce duraban más y pesaban menos, por lo que era preferido por los artilleros navales. A pesar de que un nuevo diseño había reducido el peso de la artillería de hierro en una cuarta parte, estos últimos seguían pesando el doble que los de bronce, estos últimos preferidos por los hombres de mar, que advertían que los cañones de hierro que se desprendieran de sus retrancas al retroceder o por una tormenta podrían dañar el barco, independientemente de que hicieran falta más hombres para manejar un cañón tan pesado. El Proveedor General de la Armada advertía " que los cañones de hierro no deberían lanzar proyectiles superiores a dieciseis libras, ya que solo con su peso partirán un galeón , tal como pasó con el Magdalena " Pero dadas las dificultades para proveerse de cobre, la artillería española siguió siendo de hierro. La flota atlántica de 1646 disponía de 1.058 cañones de hierro y 275 de bronce. La cureña de la artillería naval hasta finales del XVI ( Armada Invencible) seguía siendo de dos ruedas, cuando ya para esas fechas la de los ingleses eran de cuatro ruedas, lo que facilitaban las maniobras de carga y puesta en posición.

En las dos siguientes imágenes se muestran dos tipos de armamento: una culebrina y un cañon naval, ambos con cureña de dos ruedas.

Podremos ver en la imagen la distribución de las piezas en la cubierta del navío Montañés , de 74 cañones (de 3ª clase). Se pueden observar 2 piezas apuntando en proa y 4 carronadas en el castillo de popa. A continuación mostramos un corte por la cuaderna central de un navío de tres puentes. Los cañones de 24 libras van situados en la primera cubierta (la de abajo) al ser mas pesados; a medida que subimos, baja el calibre y por consecuencia el peso de los cañones : en la segunda los de 18 libras, en la tercera los de 8 libras. Igualmente podemos apreciar a través de esta imagen la disposición de las distintas baterías del navío Santísima Trinidad, visto desde el exterior:

El armamento de dicho navío estaba compuesto por las siguientes piezas: Cañones de 8,18,24 y 32 libras. Mortero de 4 libras y Obús de 48 libras

8 lbs 18 lbs

24 lbs 32 lbs

Mortero Obús

Se suponía que una flota debería acercarse al enemigo desplegada en tres escuadras con la principal en el centro bajo el almirante. Una vez que la situación y el rumbo de la flota enemiga, hubieran sido establecidos por los navíos mas pequeños y rápidos (fragatas y sloops) le correspondía al almirante disponer sus escuadras de la forma mas ventajosa posible. Todo, a partir ed ese momento, dependía del viento y del tiempo disponible para prepararse para el combate

En ocasiones, ambas flotas navegaban en dos líneas paralelas o se aproximaban en bordadas convergentes con el almirante tratando de hacer todo lo posible para estar a barlovento en el momento del contacto. Estar a barlovento del enemigo representaba una doble ventaja: en primer lugar, los artilleros no serían estorbados por su propio humo que, además, se alejaría hacia sotavento y ayudaría a cegar al enemigo.

No era menos importante el que el navío enemigo hubiera perdido una verga, o rifado una vela, como resultado del primer intercambio de disparos, porque así abatiría a sotavento y expondría su desprotegida popa a una completa y mortífera andanada que, si había sido bien calculada, barrería sus cubiertas de popa a proa, causando grandes destrozos en el interior del navío.

Durante estos lentos y terribles encuentros cada flota podía sufrir espantosas pérdidas en hombres y navíos. Ocurría con frecuencia que las flotas, o las escuadras, victoriosas se encontraban tan destrozadas al finalizar una batalla, que eran incapaces de capturar las presas o perseguir a los rezagados y aún, en ocasiones, de disponer de hombres suficientes para navegar con seguridad.

En aquella época se pensaba, y era generalmente aceptado, que si un capitán

llevaba su navío junto al enemigo y se batía hasta rendirlo era suficiente para considerar ganada la batalla. Durante el siglo XVIII el cañón naval más popular, con diferencia, era el largo de 32 libras , el más pesado y más preciso de la flota. Solamente se montaba en navíos de línea de los que se esperaba que pudieran resistir las tremendas baterías de la línea de batalla donde las distancias eran, a menudo, de menos de 20 metros, aunque estos cañones podían, manejados diestramente, lanzar sus macizas bolas a mas de 250 metros : a tal distancia una bala de este calibre podía perforar una pieza de roble de tres pies de anchura.

Normalmente, un cañón de esta categoría disponía de una dotación de 15 hombres, algunos de los cuáles serían requeridos para manejar un cañón gemelo en la banda opuesta de la cubierta, aunque no era frecuente que un navío utilizara los cañones de sus dos bandas al mismo tiempo.El número de hombres al servicio del cañón va bajando con el calibre, y así, el más pequeño, el de 8 libras disponía de una dotación de cinco hombres.

El resto de la artillería del navío consistía en armas similares, pero más pequeñas, que disparaban una variedad de proyectiles entre la simple y sólida bala hasta los más complejos tipos de proyectil como la bala encadenada (dos bolas de hierro unidas por una cadena), barras o metralla , que se utilizaba, principalmente, para desarbolar al enemigo o desgarrar sus velas y jarcias hasta dejarlo indefenso.

Cuando, eventualmente, dos navíos se abarloaban durante el combate y los cañones de grueso calibre se veían forzados al silencio por miedo de ver a amigos y enemigos ardiendo en una misma y enorme pira, el combate aún llegaba a ser más terrible. Cuerpo a cuerpo, armados con alfanjes y picas de abordaje, con hachas y con porras, los combatientes de uno y otro navío se resistían, cubierta por cubierta, hasta que finalmente uno era obligado a rendirse.

Apenas sorprendía que las bajas fueran numerosas. En realidad, era casi tan malo prepararse para la batalla que participar en un combate real. Podía transcurrir todo un día antes de que dos flotas se acercaran lo suficiente como para abordarse. Desde el momento en que una fragata (los ojos de la flota), aparecía en el horizonte con la señal de enemigo a la vista izada en su verga más alta no existía nadie que no pensara en otra cosa que en la perspectiva de una inminente batalla.

A partir de ese momento la actividad a bordo se multiplicaba. Mientras unos trepaban a las jarcias para encadenar las vergas y prevenir que durante el combate pudieran caer sobre las dotaciones de los cañones situados más abajo, otros se ocupaban en extender unas redes sobre las cubiertas altas con objeto de proteger a los hombres de la caída de escombros y de asaltantes enemigos: todos ojeaban el horizonte desde el momento mismo de la aparición de una vela.

Las cubiertas debían ser rociadas de arena con objeto de que las dotaciones de los cañones no resbalaran; los coys arranchados en las redes de las batayolas para resguardarlos de las astillas de madera volantes y las balas de pistola y, bajo cubierta, los mamparos que separaban las distintas cámaras, se desmontaban con objeto de transformar el navío en una larga y doble batería de cañones.

La tensión de las dotaciones se va haciendo insoportable conforme las naves se van acercando. Los infantes de marina desfilan a popa y arriba, sobre las cofas, se sitúan y preparan los mejores tiradores para disparar sobre los oficiales enemigos cuando los buques estubieran lo suficientemente cerca como para poder apuntar sus mosquetes. El capitán paseaba de una a otra banda de la toldilla, aparentemente imperturbable, mientras su mente se enfrentaba a la vez con una docena de problemas e inquietudes.

Bajo las cubiertas, las dotaciones de los cañones esperan observando a través de sus portas abiertas la menor señal del blanco a batir. Allí, entre cubiertas, reina casi la oscuridad pero la luz que se filtra a través de la porta de cada cañón es suficiente para mostrar la pintura roja, sobre la madera y los mamparos, que se espera sirva para disimular el horror de una andanada enemiga si explota dentro de aquel exiguo lugar. Abajo, aún a más profundidad bajo cubierta, el cirujano medita con su asistente, el ayudante del cirujano, que espera su momento para arrastrar los heridos a su improvisada mesa de operaciones -un baúl- y comenzar su propio trabajo. Allí no habrá anestesia: una correa entre los dientes, un largo trago de ron o brandy y comenzará la horripilante tarea.

De repente, todo sucede en un santiamén. En todas partes, arriba y abajo, el desafinado rugido de los disparos de los cañones, los chirridos de las cureñas, a medida que los cañones entran y salen de batería, el sonido de las vergas que caen y de los proyectiles chocando violentamente contra el casco. Es un mundo de humo y ruido, de cuerpos ennegrecidos por la pólvora y de miradas sobresaltadas, de bocas que dan órdenes a oídos ensordecidos que no podrán escucharlas.

La suma de la primera medida, más los espacios de las portas multiplicado por el número de cañones y sumado al espacio a popa, dará entonces las medidas entre perpendiculares de la cubierta en que se montaba la artillería. Esta cubierta, hasta la construcción de los buques modernos se conocía como " batería " a lo que actualmente se llama entrepuente o sollado , o sea el espacio entre dos cubiertas y que a cada banda tenían las aperturas rectangulares llamadas portas. Si la batería principal estaba en cubierta,

las medidas eran similares, dejando espacio para la toldilla o alcázar que podía no llevar cañones.